Advertencia: Los personajes de Yuuri On Ice y el universo de Harry Potter no me pertenecen, yo únicamente los utilizo a manera de sutil entretenimiento.
Capítulo sujeto a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar!
Capítulo V
Gracias al cielo, Victor había logrado sobrevivir la semana completa sin mayores exabruptos.
Si bien todavía se comportaba como un verdadero paranoico sin cura ni remedio, todo porque los nervios difícilmente lo dejaban pensar con claridad, saber que Plisetsky no intentó acercarse más allá de lo estrictamente necesario lo hizo sentir a salvo en gran medida. Por supuesto, las constantes miradas hostiles continuaban llevándose a cabo en el gran comedor, o también cuando se encontraban entre corredores por mera infortunada casualidad. Sin embargo, mientras los días pasaban sin cambios mayores, Victor sólo estaba cada vez más seguro que este chico sólo albergaba grandes sospechas sin fundamento sólido para respaldarlas.
Por supuesto –para evitar preocuparlo mas–, le hizo saber a Yakov los acontecimientos y este, mostrándose tranquilo ante las buenas noticias, le pidió comportarse tal como venía haciéndolo hasta entonces: con total prudencia. Victor, obviamente, cumpliría a cabalidad la petición aferrándose al apellido Nikiforov con todas sus fuerzas pues, según sabía, no era tan inusual en Rusia y si alguien se aventuraba a buscar al respecto, terminaría perdiéndose entre líneas familiares diversas sin llegar a ningún lado en particular.
En realidad, pensándolo bien, le alegraba mucho saber que este sería el apellido que heredaría a sus posibles futuras generaciones. Aunque igual sería cosa un tanto difícil, pues a Victor no le iban del todo las chicas, aun cuando tenía un arrastre casi absurdo con ellas gracias a su apariencia. Empero, relacionarse con las mujeres no era exactamente el problema, resultaba demasiado fácil en realidad, pero básicamente prefería compañía masculina para ser más exactos. Jamás se avergonzó por su preferencia sexual, su abuela tampoco pues ella era de la firme creencia que las personas podían llegar a enamorarse del alma, no del cuerpo físico. Solía decir que eso, al final de cuentas con o sin magia, resultaba ser algo efímero y totalmente fugaz.
Victor nunca había tenido novio, tampoco se planteó dicha posibilidad gracias a que su experiencia en relaciones interpersonales era prácticamente nula. Debido a la antigua situación que pasó en Drumstrang, jamás propició un acercamiento lo bastante significativo con nadie, pero ahora, en Hogwarts, quizá tendría la oportunidad si nadie lo descubría.
Sin embargo, esa también era un arma de doble filo.
Ocultar la verdad respecto su origen a alguien importante para él, tarde o temprano le acarrearía muchos problemas a la larga, pues tal como sucedía con Plisetsky, nunca dejarían de perseguirlo sin cesar. Eso significaría poner en riesgo a su potencial pareja innecesariamente, al exponerla a graves peligros. Además, tampoco podía estar del todo seguro que la otra persona en cuestión guardaría el secreto si acaso se enteraba sobre su turbio pasado; era demasiado arriesgado. ¿Qué pasaría si Victor confiaba equivocadamente? ¿Y si lo traicionaban? Le horrorizaba siquiera plantearse tal posibilidad. A esas alturas había perdido demasiado en aquella obligada travesía: su familia, su identidad e inclusive su futuro como para también poner en juego su corazón.
Yakov se lo advirtió en más de una ocasión. Existían mil formas de buscar venganza, algunas menos violentas que otras, aunque igual de efectivas y dolorosas a largo plazo. Victor era joven, venía de una situación familiar difícil y todo cuanto quería era encontrar a alguien con quien contar incondicionalmente, una persona dispuesta a tomarle de la mano y así caminar juntos mirando únicamente al futuro, sin dudas o temores causados por factores ajenos a si mismos. Eso lo convertía en un blanco fácil, demasiado vulnerable a tretas o planes mal intencionados. Victor lo sabía demasiado bien, pero aun con todo se resistía a la simple pero aterradora idea de pasar toda una vida en soledad.
Y a veces fantaseaba con la idea de encontrar a su alma gemela, ese alguien que estaría dispuesto a amarlo por sobre cualquier cosa en el mundo entero. Le faltaba mucho camino por recorrer para encontrarlo, quizá. Empero no perdía la esperanza; jamás lo haría.
Pero, siendo positivos, si dejaba a un lado su profunda crisis existencial, no todo fue tan catastrófico esos días. Si bien aún tenía por costumbre salir huyendo ante la presencia de cualquier Slytherin potencialmente peligroso, Yuuri al menos ya se atrevía a mirar a Victor durante las clases sin temblar aterrorizado. En realidad, desde que los dos se encontraron por mero accidente en la lechucería, ocurrió un cambio por demás significativo entre la interacción que ambos mantenían. Fue algo parecido a presionar un interruptor, pues Yuuri se mostraba menos esquivo, no tan al acecho. Igual todavía guardaba su respectiva distancia –mera precaución quizá–, empero era un pequeño avance. Incluso, para su total sorpresa, en Historia de la Magia había tenido la amabilidad de facilitarle algunos apuntes para que pudiera estudiar, pese a que Victor mismo jamás se los pidió.
A juicio del ruso, haber hecho esto debió significar un esfuerzo monumental por parte de Yuuri, sobre todo porque cuando se acercó a él por voluntad propia, era bastante obvio luchaba por no sucumbir ante las garras de un ataque nervioso inminente. Victor se portó amable, por supuesto, y si bien poco o nada le interesaba suspender dicha clase en particular, se sintió demasiado bien consigo mismo al conseguir tal progreso con el introvertido Gryffindor. Todo porque Victor realmente quería llegar a conocerlo mejor en el más honesto de los términos. Chris, bastante divertido, muchas veces le dijo era un tremendo acosador sin remedio porque gracias a eso había conseguido ganarse algunos gestos fugaces de reconocimiento mutuo durante las cenas o desayunos, cosa que Yuuri jamás hizo con otros estudiantes. Tal detalle, claro, disgustaba en sobremanera a Phichit Chulanont, quien le fruncía el ceño en un gesto matador, para después mantener a Yuuri dándole la espalda en todo momento.
Y tal peculiar detalle, lejos de ofenderle, no hacia otra cosa que seguir alimentando considerablemente su terrible curiosidad.
Los amigos de Yuuri –o al menos esos dos chicos que iban con él a todas partes–, solían ser muy aprensivos tratándose del nipón. Cuando se hallaban en sitios de convivencia común entre las cuatro casas, tendían a comportarse igual que guarda espaldas, cuyo único propósito consistía en protegerlo. Según Victor, eso sólo podía significar que ellos conocían bastante bien los detalles ocurridos entre Ethan y Yuuri el año anterior, motivo por el cual procuraban cuidarlo tanto como les fuera posible, sobre todo si JJ pululaba cerca. Para que Chulanont creyera conveniente amenazarlo con varita en ristre sin importarle las consecuencias, aumentaba su firme creencia de que las cosas fueron realmente graves. Demasiado tal vez. Y mientras más lo pensaba menos llegaba a alguna conclusión lógica.
Posiblemente las encontraría a su debido tiempo.
De hecho, esa mañana en particular, Victor caminaba entre los poco transitados pasillos del colegio disponiéndose a dirigirse a su clase de Pociones. Iba un poco atrasado porque Chris y él tuvieron algunos problemas con otra de sus asignaturas, motivo por el cual necesitaron quedarse algunos minutos extras, pero Victor salió primero porque quería llegar cuanto antes para encontrar un sitio de trabajo cercano al de Yuuri. Como Chris tenía más dudas al respecto que él, dijo podría irse adelantando y después le alcanzaría. Igual el profesor Slughorn toleraba los minutos de retraso si se le explicaban los motivos.
Llegar hasta las mazmorras todavía le costaba un poco de trabajo si el punto de partida era otro sitio del castillo, gracias a lo cual se animó a cortar camino por un atajo que Chris mismo le había recomendado; se trataba de otro extenso corredor con grandes ventanales sin vidrios, entre las cuales se asomaban unos cuantos setos y arbustos bastante crecidos.
A buen paso, Victor avanzó al menos diez metros y, justo estaba por virar a la derecha, cuando escuchó su nombre ser proferido con una tonalidad poco amigable. Por una fracción de segundo, Victor se congeló sin saber qué hacer o cómo actuar. Iba tan centrado en sus propios pensamientos que bajó la guardia deliberadamente, sin apenas darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Si acaso se trataba de Plisetsky, entonces lo atraparía totalmente indefenso así que, dejándose llevar por el pánico del momento, Victor obedeció al primer impulso que le acudió a la mente y creyó buena idea esconderse.
Su única vía de escape, sin embargo, era una de las ventanas cuya altura del otro lado le era imposible determinar. Aun con dicho desconocimiento, Victor no se lo planteó dos veces antes de saltar a través de ella rezando para que los setos y arbustos pudieran hacer menos dolorosa su caída.
Gracias a los cielos así fue, pues apenas un metro le separaba del suelo firme, pero las ramas puntiagudas hicieron un desastre con la túnica reglamentaria del colegio y su cabello, enredándose en todas partes. Avergonzado ante tal comportamiento infantil, Victor se movió a disgusto dándose cuenta demasiado tarde ningún sentido lógico tenía haber hecho algo así, por lo tanto, se dispuso a salir con los últimos vestigios de orgullo que todavía le quedaban, ganándose un corte superficial en la mejilla derecha que comenzó a sangrarle. Maldijo entre dientes, pero no tuvo tiempo a nada más pues su entera atención se vio atraída hasta las personas que, convenientemente, creyeron buena idea detenerse justo dónde él se encontraba para comenzar a discutir. No le podían ver, empero Victor los escuchaba fuerte y claro desde dónde estaba.
—Te digo que esto no termina de convencerme —exclamó un chico, el tono su voz denotaba disgusto por todos lados, y al ruso le pareció ligeramente familiar.
—Y yo te reitero Phichit-kun, que las cosas no son como te las estás imaginando —Victor contuvo la respiración durante un minuto completo. ¡El otro muchacho era Yuuri! Lo reconocería dónde fuera.
—¿Entonces cómo? —exigió saber—. Éste tipo no me da absolutamente nada de confianza. Te ha observado sin cesar durante días completos Yuuri, eso ya me da una idea bastante clara sobre cuán loco está —Victor creyó que se ruborizaba gracias a semejante revelación.
Sí, bueno, no había sido especialmente discreto en cuanto a eso respectaba.
—Sólo quiere adaptarse lo mejor posible —lo defendió—. Sí, es un poco extraño, pero no parece tener malas intenciones —oyó a Phichit lanzar un bufido exasperado—. ¿Recuerdas la carta que perdí? Era mi correspondencia personal con Minako, pero no encontré alteraciones en ella cuando él me la entregó. ¿Entiendes eso? Tú mejor que nadie conoces cuál tema solemos tratar cuando nos escribimos mutuamente.
—¡Pudo utilizar magia para engañarte! —contraatacó Phichit reacio a ceder—. Esa posibilidad es muy factible y lo sabes.
Ahora, quien suspiró en total resignación fue Yuuri.
—¿Y en verdad crees que, de ser otras sus intenciones, mantendría la boca cerrada aún teniendo semejante información tan útil para terminar de hacerme pedazos? Yo creo que no; nadie llega tan lejos sin alguna razón justificada —el corazón de Victor dio un vuelco al escucharlo hablar así—. Nikiforov sólo intenta ser amable, o al menos ésa impresión me dio cuando nos encontramos en la lechucería.
—¡¿Es que acaso te volviste loco?! —dijo Phichit sin ponérselo creer—. ¿No has aprendido nada? Ethan también se acercó a ti fingiendo amabilidad, confiaste en él ciegamente y mira cómo terminaron las cosas —un pesado silencio se hizo presente; uno tan helado y cortante que Victor sintió escalofríos—. Yuuri, yo...lo siento tanto, jamás quise...
—Por supuesto que no —agregó Yuuri dolido—. Escucha, en verdad aprecio tu sincera preocupación, pero no puedes hacer de mi niñera todo el tiempo. Minako me ha dicho que necesito seguir adelante con mi vida o éste asunto terminará consumiéndome. Te lo suplico, Phichit-kun —dijo con un nudo en la garganta—. ¿En qué forma puedo siquiera dejarlo atrás si a cada momento vienes y me lo recuerdas? Ya tengo suficiente de lidiar con ello durante la noche yo solo.
—Perdóname —Phichit en verdad sonaba muy arrepentido—. Eres mi mejor amigo y aborrezco verte sufrir, más aún si es a manos de un Slytherin que te culpa por algo totalmente injustificado.
—Ethan era Gryffindor —lo cortó sin ganas de seguir con aquel tema —. ¿Podemos parar? No quiero seguir discutiendo contigo y ya voy tarde a mi clase de pociones.
—¡Yuuri! —objetó el otro con notable culpa.
—Te veré después en la sala común.
A continuación, Victor escuchó pasos alejándose y al fin pudo respirar aliviado. Sin saber qué más hacer o cómo actuar, se quedó justo dónde estaba pues sintió la necesidad de asimilar todo cuanto recién acababa de escuchar, lo cual implicaba un mundo de información. Resultaba ser que la carta que mantuvo en su poder durante casi una semana completa, tenía la solución al misterio que giraba torno a Yuuri Katsuki. ¡Por Merlin! Tan cerca pero a la vez tan lejos. Aquella resolución le hizo estremecerse porque, en honor a la verdad, jamás se sintió tan aliviado por no haber leído el contenido, pues eso hubiera significado ganarse la animadversión del Gryffindor para siempre.
Tras asegurarse que no sería descubierto in fraganti, volvió de nuevo a la seguridad del pasillo mientras se sacudía ramas y hojas, sintiéndose demasiado aturdido para pensar con suficiente claridad. Había escuchado una conversación privada, y sabía perfectamente bien fue algo incorrecto quedarse pues nada tenía que ver con dicho asunto, pero las ganas de saber más acerca del chico Katsuki le ganaron a su siempre lógico sentido común.
Obligándose a dirigir sus pasos hacia las mazmorras una vez más, pues ya podría decirse iba con al menos veinte minutos tarde, continúo repasando aquellas palabras una y otra vez, conforme miles de preguntas lo invadían sin parar, formulando así posibilidades infinitas respecto al gran secreto que Yuuri Katsuki tan celosamente guardaba.
¿Hacerlo pedazos, dijo? ¿Cómo? ¿Esa tal Minako quién demonios era? ¿Por qué tratar un tema tan delicado a través de cartas? ¿Tan urgente era mantener contacto con esa mujer para arriesgarse a tal nivel? No le encontraba sentido.
Para cuando finalmente arribó a la clase, Victor apenas lograba concentrarse en alguna otra cosa que no fuera esa extraña plática, una donde el mismo Yuuri había terminado por contar demasiado para su propio bienestar. Luego, nada más puso un pie dentro del aula, todos le miraron entre sorprendidos y burlones, pues no cualquiera se atrevía a presentarse casi media hora tarde a ninguna asignatura tal como Victor lo estaba haciendo.
—Oh vaya, parece ser que al final si decidió honrarnos con el privilegio de su presencia —Slughorn dijo con tono sarcástico, encarándole. La mayoría, incluido Chris y Yuuri, se encontraban ya en una mesa realizando mezclas, los calderos humeaban en distintas tonalidades gracias al contenido bien o mal preparado del interior—. ¿Puede saberse, por las barbas de Merlín, qué le ha sucedido? —quiso saber al reparar en su aspecto desalineado—. ¿No me diga y tuvo un encuentro cercano con el sauce boxeador?
Victor negó sonriéndole con amabilidad.
—Para nada señor; sólo son las consecuencias de utilizar un atajo inapropiadamente —aclaró de manera inocente–. Como podrá haberse dado cuenta por si mismo, todavía me resulta muy difícil acostumbrarme a la magnificencia del castillo —Slughorn movió la cabeza demostrando así su descontento—. Pero le aseguro que haré mi mejor esfuerzo para cambiar eso. ¿Aún puedo entrar? Sería una pena terrible que por un tonto descuido pierda tan importante asignatura pues, si soy sincero, resulta ser una de mis favoritas —estaba siendo condescendiente y adulador, aunque igual daba.
Y al parecer funcionó, pues Slughorn hizo un gesto complacido antes de carraspear, como si le restara importancia al asunto.
—Bien, pero a la próxima procure llegar a tiempo; no pretendo que esto se mal interprete como favoritismo —alegó, mas todos los ahí presentes conocían bien era una mentira terrible—. Hoy trabajamos en antídotos para venenos comunes, pero necesitará un compañero —girándose, miró en derredor hasta toparse con el único sitio disponible—. Usted y Katsuki pueden hacer buen equipo, supongo.
Agradecido, Victor se dirigió hasta dónde el recién mencionado se encontraba, topándose con Chris, quien sólo le guiñó un ojo en aceptación. Mientras Slughorn continuaba profiriendo indicaciones respecto a los ingredientes que constituían la poción, Victor se colocó junto a Yuuri, el cual verificaba sus libros para dar inicio a la dichosa preparación. Según parecía, recién comenzaba porque tenía un bezoar en el mortero ya completamente triturado, cosa natural pues debió llegar sólo apenas cinco minutos antes que Victor, motivo por el cual podrían hacer esto juntos desde cero, cosa que lograba ponerlo muy nervioso.
En otras clases, los dos ocupaban asientos muy alejados entre si, solían llevar a cabo la práctica por separado, motivo por el cual temía arruinar aquella infrecuente oportunidad.
Casi por inercia, Victor miró todas las cosas esparcidas sobre la gastada superficie de madera, su cerebro negándose a procesar la información sobre cómo debería mezclar cada una, pese a conocer la metodología de memoria porque no mintió al decir Pociones era su asignatura predilecta. Yuuri, por supuesto, notó de inmediato su latente conflicto y, tras mirarle dos veces conforme agitaba la varita removiendo la mezcla, suspiró con pesar.
—Si te incomoda trabajar conmigo, puedo pedirle al profesor que te integre con alguien más —ofreció, su voz sonó queda, procurando así ser escuchado sólo por él, tomándole desprevenido.
—¡No! —exclamó quizá demasiado fuerte. Por segunda ocasión, todos los presentes lo miraron sin comprender su repentino exabrupto—. Perdonen, es que casi colocamos demasiado bezoar —ignorándoles procedió a regresar toda posible atención a Yuuri—. No me incomoda en absoluto, al contrario; creo que no pude haber encontrado mejor compañero para la ocasión.
Yuuri se removió inquieto ante la declaración tan honesta, una profunda vergüenza era notoria en su rostro, aún cuando intentó esconder tal sentimiento tras la seguridad de las fieles gafas que siempre llevaba puestas. Y a Victor tal comportamiento le pareció sumamente dulce y natural. Tal como se lo había imaginado desde que se interesó en él, Yuuri era una amalgama increíble de facetas por demás cautivadoras, las cuales quizá nadie conocía, salvo sus amigos o compañeros de casa pues con ellos interactuaba a diario. Y sin poderlo evitar, sin ganas de resistirse, Victor se sintió atraído ante la idea de conocerlas absolutamente todas, importándole un cuerno si los miembros de Slytherin terminaban odiándolo también gracias a ello.
Victor decidió asistir a Hogwarts porque ansiaba comenzar de nuevo, rodearse de gente tóxica no era válido pues sería como deshonrar la memoria de su abuela. Ella dio su vida entera con tal de verlo feliz, entonces él necesitaba corresponderle siguiendo un camino propio, sin influencias negativas que obviamente no necesitaba. Con secretos o no de por medio –todos los tenían a fin de cuentas–, Victor se propuso volverse un amigo fiable para el chico Katsuki.
—Oh —escuchó a Yuuri decir de pronto, sacándolo de sus turbulentos pensamientos—. Estás sangrando —el ruso explicó sin revelar demasiado le había ocurrido un pequeño contratiempo y, planeaba utilizar su túnica para solucionar dicho percance, pero Yuuri fue más rápido al tenderle un pañuelo—. Puedes usarlo si quieres —asegurándose no tocarlo durante la simple acción, Victor emitió un "gracias" repleto de total sorpresa—. También tengo esto —le hizo entrega de una pequeña bandita azul—, te ayudará con el dolor.
El ruso se limpió dónde se hizo el corte y procedió a colocarse la bandita, cuyo olor le pareció bastante peculiar. Una vez el material hizo contacto con su piel, sintió un ardor tremendo, sin embargo, después la sensación se disipó dándole paso al alivio.
—¡Increíble!—lo siguiente que ocurrió jamás lo vio venir.
Tomándole desprevenido, Yuuri esbozó una pequeña sonrisa tímida que no era producto de su alocada imaginación.
¡Yuuri le había sonreído directamente a él! No debió contemplar este infrecuente gesto desde la distancia, podía verlo de cerca en su total esplendor. Esto era un paso gigantesco, sin dudas. Él parecía cómodo en su presencia, quizá no totalmente relajado como a Victor le gustaría, pero al menos procuraba evitar darse la vuelta y huir como si su vida dependiera de ello.
—Son un remedio que la señora Pomfrey me dio el año pasado, suelen servir de mucho tratándose de raspones leves —Victor sintió algo parecido a una punzada casi dolorosa aguijonearle el pecho, apartando de súbito su repentino júbilo.
Por un segundo se permitió olvidar que Yuuri pasaba por una situación complicada. Nadie debería acostumbrarse a lidiar con ése tipo de situaciones, menos alguien tan amable como lo era Yuuri. Luego buscó en la sala a JJ sin molestarse en disimular, quien, apartado dos o tres mesas, tenía un gesto inconforme mientras su compañera, una joven preciosa de corto cabello negro cual carbón, luchaba en vano contra una masa grumosa de color dudoso. El ambiente ahí dentro comenzaba a caldearse, pero no precisamente gracias al vapor de las pociones terriblemente elaboradas.
—Yuuri —lo llamó—, ¿qué te parece si dejamos a Slughorn con la boca abierta? —planteó Victor despejándose los antebrazos para que la túnica no le estorbara, olvidándose de Leroy. Yuuri hizo un gesto confuso—. Tú y yo preparáremos el mejor antídoto de todos, ya lo verás.
Y lo hicieron. Resultó ser que los dos se coordinaban muy bien y, para cuando las dos horas de clase dieron fin, el caldero dónde ambos realizaron la cocción contenía una sustancia limpia, uniforme, del color y olor adecuado según fue descrita por Slughorn para los demás, en cuanto pasó a verificarla.
—Excelente caballeros, excelente—les felicitó—. Espero ver más resultados satisfactorios de ustedes —luego se paseó por el aula conforme seguía evaluando cada resultado—. Esta poción tiene un grado de dificultad mínimo, a estas alturas de su educación ya deberían saber elaborarla perfectamente bien. Recuerden que algo tan sencillo podría salvarles la vida no sólo a ustedes, sino también a un ser querido si llegasen a necesitarlo. ¡No lo lancen en saco roto!
Victor le sonrió a Yuuri, bastante orgulloso. Ellos eran uno de los tres grupos que lograron hacerla sin complicaciones mayores.
—Ahora bien, dado que el principal problema aquí fue la participación o falta de ella por ambas partes, voy a cambiar un poco mi usual dinámica de evaluación —los estudiantes murmuraron entre si ante tal noticia—. ¡Silencio! Hago esto con el único afán de fomentar el trabajo en equipo, así que la persona con quien se encuentran en sus respectivas mesas, será de ahora en más su compañero permanente por todo lo que resta del ciclo escolar —les dio la espalda permitiéndoles entender no aceptaría réplicas —. Siendo así, para la próxima clase quiero un informe completo sobre todos los antídotos conocidos y sus usos. ¡Nos veremos la siguiente semana!
Conforme sus compañeros se retiraban murmurando distintas inconformidades, Victor esperó a que Yuuri terminara de reunir las pocas pertenencias que había llevado consigo para acompañarle hasta la salida. Una vez ahí, hablaron durante algunos minutos respecto a cuándo comenzarían aquel proyecto, ante lo cual Yuuri sugirió hacerlo ésa misma tarde luego de concluir toda actividad, pues la biblioteca tenía mayor fluctuación de gente a ésa hora en particular. Victor aceptó sin oponer ninguna resistencia, después de todo sabía perfectamente bien que Yuuri no aceptaría reunirse con él en ningún otro sitio, menos aún dónde pudieran quedarse los dos solos.
Y mientras lo veía marcharse, Victor emitió un profundo suspiro antes de sentir cómo le propinaban una palmada amistosa en el hombro; no podía ser nadie más que Chris. El muchacho de ojos verdes le regaló una sonrisa repleta de complicidad, y elevó sus cejas en un gesto por demás coqueto, algo que consiguió hacer reír a Victor.
—Tú obviamente no pierdes el tiempo, ¿verdad? —dijo alegremente—.Todo eso del atajo fue un plan muy astuto, si me permites opinar.
—No fue ningún plan —se defendió—. En verdad me perdí —no planeaba decirle a Chris lo que le había ocurrido durante el camino, bajo ninguna circunstancia.
—Claro —le restó importancia mostrándose divertido—. Anda galán, todavía tenemos clases a las cuales asistir —lo instó al comenzar a caminar en dirección contraria.
Procediendo a seguirle, Victor guardó en su bolsillo el pañuelo que Yuuri le facilitó minutos atrás, totalmente seguro de que Yuuri Katsuki merecía todo menos el trato tan hostil con el cual lidiaba todos los días.
Pero ahora Victor estaba decidido a que, si se hallaba entre sus manos marcar un poco la diferencia, entonces, sin dudar, lo haría.
¡Se los debía y ahí lo tienen! Lamento la demora, pero tuve un bloqueo mental terrible, aunque parece que ya salí de ahí con satisfacción. Entonces ahora si procedo a desaparecer hasta agosto :3
