Un "lo siento mucho, intentaré que no vuelva a pasar" ¿servirá de algo? Mejor os dejo con el episodio.


Episodio 11: Un poco de luz para apaciguar el dolor; ¿o un vaso de bourbon?

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Elena Gilbert era una chica segura, desde muy temprana edad había tenido claro su futuro debido a que había vivido rodeada de cámaras y de gente que adulaba y veneraba a sus padres siempre supo lo que quería en la vida, lo que quería era ser como sus padres, como esa gente que salvaba vidas por todo el mundo, que llevaba amor y esperanzas a los lugares más recónditos del planeta. Elena quería ser así. Aunque hubo un tiempo donde odió a cada una de esas personas incluídos ahí a sus padres ella sabía muy bien lo que significaba ese trabajo, estaban siempre ahí, donde hubiese un problema, los señores Gilbert estaban para solucionarlo, porque eran los héroes de la vida real o por lo menos así es como Elena solía llamarlos, los héroes de la Tierra.

Tanto Stefan como Elena había vivido rodeados de todo eso, de ese mundo tan oscuro protegidos por el amor y la luz que desprendían sus padres, aunque nunca lo dijeron en voz alta, los Gilbert eran más que sus padres, eran los salvadores, gente inalcanzable, Elena llegó a envidiar al mundo entero por tener que compartir su amor con ellos pero a medida que pasaba el tiempo la pequeña Gilbert aceptaba su futuro con una sonrisa en los labios, ella algún día sería como ellos, unos héroes.

A medida que Elena crecía, esas ideas de futuro se acentuaban con fuerza, desde querer ser médico, policía hasta profesora, cualquier cosa que sirviera para ayudar, para tener la misma sonrisa de satisfacción de sus padres, todo parecía estar pintado de color de rosa, aunque no eran la familia perfecta ningún miembro de ésta tenía alguna queja al respecto por lo que el futuro de los Gilbert estaban más que trazado o eso pensaba Elena, porque cuando esa explosión sucedió, cuando la vida de sus padres como la de mucha gente quedó en manos del destino todo cambió de color, esas ideas de futuro, ese amor, esas sonrisas, ese olor a familia desapareció de un plumazo. Los hermanos Gilbert lo perdieron todo, solo podían pensar en que todo estaba perdido, que no había nada en ese mundo para ellos, porque, si la crueldad de esa gente había acabado con sus padres, ¿qué esperanza quedaba?

Elena dejó de pensar igual, era muy pequeña cuando todo sucedió, ¿qué podía pensar una pequeña niña que había perdido a sus padres en un atentado cuando ellos estaban salvando vidas? no podía pensar nada, porque simplemente no podía entender la gravedad del asunto lo único que esa niña podía comprender era que le habían arrebatado a su familia.

Pero ella no fue la que peor lo pasó. Desde muy pequeña había aprendido a refugiarse en su hermano para no sufrir las ausencias constantes de sus padres, él había sido su ancla durante toda su infancia, siempre había estado ahí, en las buenas y en las malas, era su alma gemela, su equilibrio, lo era todo para ella, por eso, cuando todo el mundo evitaba nombrar el atentado que había acabado con la vida de los Gilbert, Elena seguía de una pieza, había llorado más de lo que una persona normal lo hacía pero seguía ahí, incluso con una sonrisa cuando las cámaras se acercaban a su casa o cuando alguien preguntaba por las fundaciones y las donaciones, siempre de una pieza, pero, ¿y Stefan?

En ese momento Elena no tomó conciencia de lo que pasaba en la mente de su hermano, en esa época él estaba estudiando, comenzando su carrera como futuro abogado, cuando el chico anunció que iría a estudiar fuera un balde de agua fría cayó sobre Elena, es cuando de verdad vio el problema, mientras ella se sostenía en él, Stefan iba cayendo poco a poco en una espiral de autodestrucción, queriendo evitar un caos decidió abandonar la ciudad, irse lo más lejos posible y estudiar, formarse como persona, recuperar su alma.

No entendía porque estaba recordando eso en ese preciso momento donde Damon la besaba con pasión y necesidad, no entendía porque su mente había viajado a kilómetros de distancia para recordar el día más doloroso de su vida pero ahí estaba, abriendo su alma sin ni siquiera haber abierto la boca, ¿cómo era eso posible? ¿cómo era Damon capaz de sacar lo peor de su alma con un simple beso?

Dejó que el beso continuara no necesitaba darle más explicaciones de las necesarias, él quería conocerla un poco más y ella obtendría información sobre la vida de Damon y Hope, no tendría porqué necesitar información sobre el pasado de esa pareja tan dispar pero es que realmente tenía curiosidad sobre esa relación, Hope no era una mujer capacitada para amar con toda su alma, pero Damon le había demostrado, con sus actos que era todo lo contrario, que lo que tuvo con esa pequeña loca había sido lo más hermoso del mundo, algo casi milagroso, no es que hubiese pronunciado todo eso con palabras es que Elena lo había visto en sus ojos, en como había hablado de ella, solo había durado unos segundos pero alguien tan destruido como ella pudo darse cuenta de esa diferencia, quería saberlo todo, el porqué de ese odio cuando la amaba con locura, el porqué de esas ansias de venganza, de acabar con una persona que lo había significado todo en su vida. No lo entendía, pero, ¿qué podía entender alguien como Elena que ni siquiera entendía su propia vida?

Pero ahí estaba, luchando con su corazón, con sus recuerdos y con esas increíbles ganas de abofetear a Damon Salvatore solo para conseguir esa estúpida venganza. ¿Es eso lo que quería Elena? ¿vengarse por arrebatarle su libertad? ¿O solo era una excusa para seguir de una pieza? ese último año, cuando estuvo completamente sola, se había dado cuenta de muchas cosas, había tenido que superar el aniversario de la muerte de sus padres en soledad, alejada de sus seres queridos que podían protegerla y encima había sido el primer año de la nueva Elena Gilbert, porque si hubo algo que la transformó en el ser manipulador que era ahora fue eso, pasar ese aniversario sin el traidor de Stefan.

Tomó su rostro con delicadeza antes de romper el beso. Cuando Damon separó su rostro del de Elena pudo comprobar como este beso había afectado a su compañera, que aún con los ojos cerrados seguía perdida en alguna parte, Damon no dijo nada, acarició su mejilla para llamar su atención e intentó que la intensidad del beso no le afectase en absoluto, lo había hecho como una forma de demostrarse así mismo y a la chica que estaba de una pieza, que Hope ya no le importaba y que mucho menos le importaba lo que sucediera con Elena en el pasado, pero estaba equivocado, el beso si le afectó y demasiado por un momento olvidó su nombre, sus ideas, su futuro, su pasado, todo, olvidó completamente todo lo que le rodeaba y por unos instantes se sintió querido, amado, protegido pero claro todo esto era obra del calor de Elena y de su cercanía, era el producto de una mentira.

- ¿Y bien? -sonrió Damon con esa típica sonrisa suya ladeada, Elena abrió la boca para responderle con un comentario hiriente pero la fuerza de los recuerdos la paralizaron por lo que optó por devolverle la sonrisa.- ¿Por dónde empezamos?

Tras recuperarse recordó una serie de cosas que había estado pensando durante el viaje en coche con Enzo, no pensaba pasarse por alto esas ideas, así que, intentando parecer lo más neutral posible clavó sus ojos café en la mirada suspicaz de Damon.

- Primero vamos a dejar claro unas reglas, lo que se conoce como preguntas prohibidas. ¿Sabes lo que eso significa? -le miró con una ceja alzada, retándolo.

Damon aceptó el reto antes siquiera de que abriese la boca para decir algo.

- Por supuesto y eso último se vuelve una pregunta prohibida. -sonrió descaradamente.- No me tomes por idiota.

- No te tomaré por idiota si tu no me haces preguntas retóricas, no estoy para perder mi tiempo en payasadas. -le sonrió con maldad, una sonrisa que helaría la sangre de cualquier persona pero no a Damon que estaba más que acostumbrado a esos gestos.- Nada de preguntar sobre esa noche.

No hizo ninguna broma al respecto, sabía muy bien de qué noche estaba hablando y él tampoco quería sacar a colación ese tema, ellos mismos lo dejaron claro ese día, por lo que por su parte no pensaba romper esa promesa.

- Perfecto. Nada de preguntas sobre mi pasado con Hope. -Elena iba a aceptar cuando se dio cuenta que eso era ridículo, ¿no era para eso para lo que estaban ahí? ¿para hablar del porqué de su venganza? le miró con mala cara, no es que quisiera parecer una entrometida pero no pensaba jugarse su cuello por alguien que dudara en el último minuto, seguía sin fiarse de él ni lo más mínimo por lo que no iba a dejarle pasar esa estupidez.

- Vamos a ver Damon, no me fío de ti, hay cosas que sí que vas a responder sinceramente. -se cruzó de brazos.

- Mmm. -dudó. El trabajaba con mucha gente, Enzo y Camille no eran los únicos que estaban al tanto de sus planes pero sí de las pocas personas que sabían los verdaderos motivos, los demás debían conformarse con la libertad que tendrían al librarse de Hope, ¿por qué iba a ser diferente con Elena? ¿por qué dudaba al respecto? con los demás había sido muy claro desde el principio, con lo justo de información debían conformarse o largarse, lo que mejor les viniera pero nunca llegaría a un pacto diferente, él ponía las reglas, nadie más.

Esto demostraba lo manipuladora que era la señorita Gilbert, con tan solo unas palabras, unas sonrisas y unos pocos movimientos había conseguido poner su mundo patas arriba, había encontrado la forma de alterarle incluso cuando ya estaba acostumbrado a todos esos intentos suicidas por parte de una gran multitud.

No iba a salirse con la suya.

- Tu también deberás responder a unas preguntas. -le devolvió la pelota con un movimiento muy sutil que Elena captó enseguida, asintió no muy convencida pero no queriendo ser ella la primera en echarse hacía atrás.

- Deberé tener acceso a mi dinero, como y cuando quiera, no pienso permitir que a la gente de las fundaciones le falta un solo dólar.

- Me parece justo. Mi abogado estará delante en cada transición por si te sirve de consuelo. -acordó, no le importaba a fin de cuentas él era el primero en donar y ayudar a distintas fundaciones, sabía de antemano que la fundación Gilbert era una de las más importantes del país, no pensaba ser testigo de cómo se hundía por culpa de un capricho de Hope.

- Tengo abogados. -le atacó.

- No bonita, ¿que hemos dicho de tomarme por idiota? -sonrió.- ¿De verdad crees que soy tan estúpido como para pagarte un abogado que te puede sacar de este lugar?

- Stefan es abogado.

- No ejerce. Y no me vengas con tonterías, tu intención no era llamarle a él.

Era cierto. Ni siquiera sabía porque había usado una excusa tan mala para librarse del problema era obvio que una persona como Damon no iba a creer ni una palabra suya, pero es que le resultaba imposible pensar con claridad con la cercanía del chico, invadiendo su espacio personal, tener tan cerca al único hombre que había conseguido sacar lo mejor y lo peor de ella al mismo tiempo era algo insoportable, su piel, su cuerpo, todo en ella estaba como en carne viva, totalmente expuesta y desnuda a su mirada desafiante.

Es como si los ojos azules de Damon pudiesen ver más allá de esa máscara de indiferencia, como si pudiese atravesar esa coraza que protegía su alma y su corazón y pudiera acceder directamente a él para poder jugar y manipularlo a su antojo. Tenía el poder de eso y mucho más. Eran muy pocas las personas que habían visto el cambio de Elena en ese último año por eso se sentía tan protegida porque nadie podía ver ni divisar su lucha interna que habitaba en su interior, pero Damon, con solo una mierda podía alterar cada centímetro de su cuerpo y replantearse si era capaz de ver más allá de toda esa mentira, si podía divisar un poco de lo que era la verdadera Elena, esa chica sola, devastada y destruida que luchaba a cada minuto para mantenerse a flote.

Damon había ganado. No estaban luchando, no oficialmente pero ambos lo sintieron así, Elena porque ya no podía más, si no apartaba la mirada de esos penetrantes ojos azules se derrumbaría, Damon porque por un prolongado minuto había sido testigo de esa lucha interna con la que se enfrentaba Elena, no era la primera vez que tenía acceso a eso, lo tuvo esa noche que se encontraron en el bar, cuando sus ojos se cruzaron con los café de la chica, ella no se había dado cuenta de su presencia y eso había sido su oportunidad, olvidando de porqué se encontraba en ese bar tan lejos de casa, se concentró para poder buscar un hilo de donde tirar y conocer un poco más de esa chica que le había hecho girar la cabeza cuando entró en el recinto, esa conexión que por un momento le paralizó le estaba llamando a gritos en ese momento, por eso cuando Elena se disponía a cortar la conversación y a salir corriendo del sitio, la tomó de la mano, no hizo ninguna fuerza, no hizo nada, solo sostuvo su mano con delicadeza, pidiendo silenciosamente que se quedara, que no huyera más.

No le miró cuando tomó su mano, simplemente se quedó ahí mirando al frente esperando que Damon le hiciera el favor de soltarla, ella no lloraba en público y menos delante de la persona a la que intentaba engañar y manipular a su beneficio, pero es que habían sido las peores venticuatro horas de su vida, no había tenido ni un minuto para pensar en su estado mental ni en sus emociones ni siquiera cuando golpeó a Damon se permitió relajarse, pero ahora, después de ese beso que le había pillado desprevenida todo su mundo se derrumbó y como dice el refrán, todo lo que sube…

- Puedo hacer dos cosas, soltarte y te marchas fingiendo que aquí no ha pasado nada para después volver con esos aires de grandeza o podemos pedirnos un prórroga, tiro de ti, te abrazo, te consuelo y después si quieres podemos fingir que no ha pasado nada.

- ¿No hay tercera opción? No me parece justo si no la hay. -Damon soltó una carcajada y asintió aún sabiendo que Elena no podía ver ese gesto.

- ¿Quieres otra opción? Terapia conjunta. ¿Sabes qué quiere decir eso?

"Terapia conjunta" había oído esas dos palabras en diversas ocasiones en su adolescencia, siempre había estado en alguna, ya fuese por insistencia de su tía o de sus amigos y siempre había salido con las mismas ideas, sin ninguna novedad, porque, una terapia conjunta sirve solo para la gente que está afectada, dolida o trastornada no para gente como Elena, que sabe ocultar sus emociones en capas y capas de superficialidad, si ya en el pasado no creía que la terapia fuese útil ahora lo creía aún menos, porque su capacidad de ocultar sus emociones, de ser indiferente al que dirán, todo eso se había intensificado en ese último año convirtiendo a Elena Gilbert en la perfecta manipuladora.

Por eso negó con la cabeza pero no se soltó del agarre de Damon cuando tendría que haber sido su movimiento inicial, porque si negaba lo de la terapia y se mantenía ahí, parada y sujeta estaba demostrando que lo que realmente necesitaba era un abrazo, tal vez sea así pero eso era demostrar a Damon Salvatore que tenía razón.

Damon tiró con fuerza de su brazo, la chica cedió a regañadientes y se dejó abrazar por el que era su mayor enemigo en esos momentos, no porque fuese el novio de Hope ni porque quisiera destruirlo en cuanto todo saliera a la luz sino porque había sido capaz de tomar su corazón y aplastarlo con sus propias manos, si, era por eso por lo que se había convertido en su mayor enemigo.

En cuanto el cuerpo de Elena hizo contacto con la calidez del de Damon se derrumbó completamente, volvió a ser esa niña asustada que buscaba cualquier excusa para esconderse en los baños del instituto y llorar a moco tendido, esa niña que necesitaba el consuelo de su madre y de su padre. La niña que perdió su vida ese día de septiembre.

Se aferró a su camisa con fuerza llegando a rozar con sus uñas la piel cálida de Damon pero no le importó, ahora mismo no era capaz de pensar con claridad, esos últimos años había aprendido a ocultar sus lágrimas, a no armar un escándalo cada vez que se ocultaba de la gente pero hoy, por más raro que parecía, Elena no se veía con fuerza suficiente para llorar en silencio, por lo que durante un rato dejó de ser la perfecta Elena Gilbert para convertirse en una niña pequeña que necesitaba un abrazo, la calidez de un ser humano.

- Elena… -susurró perfilando cada palabra con sumo cuidado, dejando al descubierto ese acento italiano que tan bien sabía ocultar, pero aunque en otras circunstancias le hubiera gustado tirar de ese hilo, la pequeña y dulce Elena no estaba en condiciones para fingir nada, por lo que, queriendo dejarle claro a Damon que no quería hablar, se pegó con más fuerza a su cuerpo, perdiéndose en su olor, captando el mensaje a la primera, Damon Salvatore se mordió la lengua y pasó sus brazos alrededor de su cuerpo, para poder acunar mejor a la muchacha, no es que no estuviera acostumbrado a abrazar a las personas, es que llevaba mucho tiempo sin esas muestras de cariño espontáneo, ahí, consolando a una completa desconocida, Damon se demostraba así mismo que no estaba curado del dolor humano.

Stefan llevaba toda la mañana intentando contactar con su hermana pequeña, los nervios le estaban jugando una mala pasada, desde la noche anterior cuando la vio conectada y le envió todos esos mensajes y comprobó que pasaba olímpicamente de él, supo que algo iba mal, no sabía en qué grado, pero había pasado algo grave, estaba seguro de ello, porque en toda su vida, daba igual lo que pasara entre ellos siempre que uno de los dos intentaba contactar con el otro, fuese por mensaje o por llamada el otro respondía sin dudarlo, incluso cuando sucedió lo de Klaus, Stefan se hizo prometer que no intentaría contactar a Elena porque ella siempre le respondería y no quería hacerle más daño, Stefan decidió cortar toda comunicación con su hermana porque sabía muy bien que pasase lo que pasase ella siempre le respondería, estaría ahí para él.

Por eso conducía alarmado por toda la ciudad para llegar lo más rápido posible a la Calle Bourbon donde se encontraba uno de los edificios más lujosos de la zona, no iba allí para los mismos motivos de siempre, ni iba a ver a su amigo, ni a pelear con Hope ni mucho menos para asuntos de trabajo, necesitaba comprobar que su hermana estaba allí, sana y salva, o por lo menos que estuviese allí, le daba igual en qué estado, él sabía mejor que nadie, que su hermana era de las personas que peleaban duro, nada podría destrozarla, nada ni nadie tenía el poder suficiente para acabar con ella.

Pero eso no hacía las cosas más fáciles, cuando llegó al edificio saltó fuera del coche casi sin mirar lo que estaba haciendo, cerró la puerta de un portazo y corrió escaleras arriba, pasando por delante de un grupo de gente a la cual ni siquiera miró, pero estaba seguro, esa parte de su cabeza que aún razonaba, que conocía a uno de ellos, si no se equivocaba, ¿se trataba de Marcel? Imposible, tenía la cara más… magullada.

"Mierda"

Se pasó una mano por su cabello despeinado y sudado, necesitaba una ducha urgentemente, en otras circunstancias correría en busca de un espejo, peine y laca, pero ahora mismo le preocupaba más el bienestar de su hermana que estar presentable, por eso retrocedió hasta donde se encontraba el grupo de personas, no reconoció a Hope en ninguna parte pero si a Marcel -el magullado- y a una serie de personas que trabajaban para la familia Mikaelson, aunque nunca llegó a tratar realmente a Marcel, no podía ser tan problemático, era familia de Camille suficiente para darle una oportunidad.

Tragó saliva y se acercó al grupo de personas, los dos gorilas que acompañaban a Marcel se giraron y se pusieron a la defensiva como si se tratase del mismísimo presidente de Estados Unidos, pero en cuanto Marcel miró al intruso supo que la velada iba a acabar de la mejor manera posible, con un gesto apartó a sus guardaespaldas recién estrenados para saludar al hermano de la responsable de su malestar.

- Señor Gilbert. -sonrió como pudo ya que la herida del pómulo estaba muy hinchada, Stefan rezó internamente de que su hermana no tuviera nada que ver con eso.

- Buenos días. -comentó nervioso, alzó la mano para estrecharla pero se dio cuenta que estaba sudada por lo que la bajó inmediatamente.- ¿Ya se va?

- Si tengo que estar en Nueva York en unas horas, ¿busca a Hope?

- No realmente, busco a mi hermana pero no tiene importancia, solo pasaba a saludar. -sonrió cortés después de haber lanzado la indirecta, si Elena tenía algo que ver con la cara destrozada de Marcel lo sabría enseguida.

Sus hombres se pusieron a la defensiva nada más oír el nombre de su hermana y Stefan no necesitó para saber que estaba involucrada, se dio una bofetada mental al pensar lo contrario, ya había habido problemas violentos en su adolescencia, ¿por qué iba a cambiar eso ahora? a veces era tan inocente que realmente creía en la inocencia de su hermana, cuando ya iba a disculparse una figura delgada, vestida completamente de blanco crudo apareció por su espalda, le pasó una mano sobre los hombros y sonrió como toda una diva.

Stefan quiso vomitar, ya sentía como algo subía desde su estómago amenazando al exterior, como la garganta empezaba a arder con fuerza y la vista se le nublaba. Hope, desde hacía mucho tiempo, tenía ese efecto sobre él, cuando se la presentó Klaus nunca pensó, ni por asomo, que la odiaría con tanta intensidad, es decir, ¿cómo es posible que un ser humano albergue tanto odio hacia el mundo?

- Marcel… -casi sollozó, solo Stefan parecía darse cuenta de la falsedad de su voz.- ¿Qué te ha pasado, querido?

- No tiene importancia, todos tenemos un mal día. -sonrió con la misma falsedad en la voz que Hope, cosa que le extrañó muchísimo a Stefan, ¿a qué venía ese tono?- ¿Verdad Stefan? Puedo llamarte Stefan, ¿cierto?

- Por supuesto. -Hope le lanzó una mirada asesina, cuando Stefan notó el significado de dicha mirada empezó a negar con la cabeza, ¿es qué tenía cara de ser un boxeador descontrolado? ¿o un violento sin escrúpulos?

- Sabes que puedes confiar en mi, Marcellus, ¿quién? -tuvo el ademán de rozarla la cara con los nudillos de su mano, pero uno de los gorilas dio un paso al frente para retroceder a los pocos segundos.

- Tu prometido tiene muy mal genio con su propiedad.

Casi pudo escucharse el suspiro de alivio que escapó de los labios de Stefan pero nadie le prestó la suficiente atención para avergonzarse, Hope tenía mejores cosas que hacer para pensar siquiera con claridad, es como si su cabeza estuviese a punto de estallar por segunda vez consecutiva, no podía haber escuchado, ¿su prometido le había golpeado cuando le prometió que nunca haría nada para ensuciar su reputación? ¿había roto su promesa de esa forma tan ruin solo para hacerle daño? apretó los puños con fuerza e intentó mantener la compostura, Marcel estaba disfrutando de eso, no era estúpida, muy bien sabía de qué pie cojeaba sus amistades y sabía que tenerla a ella, a Hope Mikaelson, entre la espada y la pared era un lujo inalcanzable.

Iba a matar a Damon en cuanto apareciese por casa, ¿qué motivo había para romper una promesa tan fuerte como esa? ¿es que no valoraba su vida? Davina había salido de casa a salvo la otra noche, ¿qué más problemas vio el imbécil de su novio? no tenía ninguna excusa convincente para protegerse de las represalias.

No tenía sentido alguno, ¿por qué lo había hecho? una falta tan grave como esa le iba a costar muy cara, ¿de verdad estaba tan cansado de ella y de su familia?

Su propiedad.

Esas palabras la golpearon con fuerza, más que la traición de Damon, ¿de qué propiedad estaba hablando? ¿hablaba de ella? no es como si Hope fuese tan estúpida para tener un rollo con ese mierda de Marcel que solo le importaba el sexo y el dinero, a cualquier coste, ella no era una puta, sabía muy bien a quien le pertenecía su corazón y su cuerpo.

- ¿De qué mierda estás hablando Marcel? -siseó con asco, dio un paso al frente para encararlo sin temer a ninguno de los dos gorilas que la vigilaban.- No juegues conmigo, te saldrá caro.

- ¿No crees que esto es suficiente? -señaló su rostro magullado.- ¡Casi salgo corriendo al hospital, Hope! Nunca lo he visto tan descontrolado.

Ignorando su miedo fingido volvió a preguntar de forma mucho más calmada.

- Bien, ¿qué le has hecho?

Marcel sonrió, una sonrisa maquiavélica que hubiese tenido el efecto deseado sino fuese por las heridas de su rostro.

- No le he tocado. Es tuyo. ¿No?

Un atisbo de sonrisa apareció en los labios rosados de Hope, pero ni por asomo era una sonrisa como otra cualquiera, si tenías ojos en la cara eras capaz de darte cuenta de la diferencia, Hope no estaba de muy buen humor, ese día había sido y con diferencia, el peor de su vida, no pensaba añadirle más problemas al asunto, por eso, lamiéndose el labio inferior se pegó a Marcel hasta poder sentir como temblaba cuán hoja de papel.

- ¿Me tienes miedo? -susurró deleitándose con la sensación de saber que aún no había perdido las riendas.- No vuelves a mancillar el nombre de mi prometido, ¿entendido?

Marcel se apartó de malhumorado. Hope era una zorra manipuladora, eso era lo que le gustaba de ella pero no cuando eso le podía afectar a él personalmente, no le había venido con el cuento para recibir tal reprimenda, siempre había creído que Damon era un juguete más en sus manos, no su prometido, pero estaba claro que estaba equivocado, que esa chica realmente quería a Damon y que nada le haría cambiar de opinión.

Stefan había estado escuchando en todo momento, guardando silencio, queriendo pasar desapercibido pero sin poder marcharse como le gustaría al no saber donde estaba su hermana, por eso cuando vio con sus propios ojos como Hope defendía con uñas y dientes a Damon se quedó patidifuso, o era muy buena actriz o, por dentro, le importaba un poco Damon.

Ver para creer.

Marcel, acompañado de sus gorilas, se adentró en el coche que le esperaba pero no se fue sin antes lanzar su última carta.

- La señorita de anoche. -Hope frunció el ceño durante unos breves segundos, justo cuando el auto ya se marchaba comprendió a qué se estaba refiriendo.

Cabreada como nunca había estado en su vida, una nueva sensación de odio la embriagó completamente si no estuviese tan segura de ella misma diría que se trataban de celos, pero no estaba celosa, no, simplemente estaba cabreada, un cabreo monumental que la llevaría a hacer una infinidad de locuras que no estaba dispuesta a cometer, porque una venganza como siempre se repetía a sí misma, es mejor cuando está fría.

- Stefan. -se giró sobre sus talones con una nueva sonrisa resplandeciente en su inmaculado rostro, solo una persona que conociera muy bien a Hope sabría que estaba planeando algo y no era algo bueno, tragó saliva y se maldijo así mismo por no haber salido huyendo cuando pudo.- ¿Dónde está tu hermana?

- Es gracioso. -rió sin ganas.- Yo iba a preguntarte lo mismo. Después de lo de Marcel necesito saberlo con urgencia.

- No tendrías que haberte ido ayer, nada de esto tendría importancia si hubieses hecho tu trabajo, una pena. ¿Verdad? -se encogió de hombros y continúo con su camino sabiendo perfectamente que Stefan iba a morder el anzuelo.

- ¡Espera!

- Me aburres, Stefan. Tengo asuntos que necesitan mi supervisión constante. -se cruzó de brazos.- Sé rápido y directo.

- Sabes lo que quiero, Hope.

- No, no lo sé. -sonrió descaradamente.- Pero puede que lo sepa, si cumples un pedido extraordinario.

Stefan tragó saliva ruidosamente. No tuvo mucho tiempo para pensar, presenciar la escena de Marcel con Hope era suficiente aliciente para aceptar cualquier cosa que le propusiera esa psicópata.

- Acepto.

Hope guió a Stefan por los pasillos del edificio, todo estaba sumido en un constante silencio, la gente del servicio iba y venía sin dirigirse ni una mirada, como si en vez de empleados se tratasen de robots controlados por un ordenador, no llevaba mucho tiempo allí, encerrado entre esas paredes, para saber como funcionaban las cosas, había estado ahí antes, con Damon o incluso con Camille pero nunca había tenido el interés de observar detalladamente el lugar si lo hubiese hecho le habría sorprendido el miedo y la tensión que corría por el aire.

Cuando el sonido de los tacones de Hope sobre el pulcro suelo cesaron, Stefan se permitió volver al presente para encontrarse con la sonrisa de la futura señora Salvatore.

- ¿Y bien…?

- Llámame "amor"

- ¿Perdón? -se sorprendió, no esperaba para nada la propuesta de la chica.- ¿Me hablas en serio?

- Muy en serio, Stefan. Vas a hacer todo lo que te diga a partir de este momento hasta que te diga que te largues, ¿entendido?

- ¿Qué saco a cambio?

- Saber dónde está tu hermana.

- Dime que está a salvo.

- Poco a poco, Stefan. -le rozó con los nudillos su mandíbula.- Toca relajarse. Llamame "amor", ahora.

Durante una media hora, Stefan pasó de ser un esclavo sexual a un mero loro que repetía todo l que su ama quería, era estúpido por supuesto pero por lo menos no era tan degradante como lo que sucedió la primera vez, en ningún momento le pidió que la tocara, ni que se desnudara ni nada parecido, simplemente que repitiese palabras sin sentido o frases sueltas. Y aunque una parte de él quería permanecer callado y no hacer ninguna pregunta, su parte más masoquista quería saber el porqué de ese juego tan estúpido, ¿la excitaba? ¿o solo estaba jugando con su mente?

- Bésame.

Stefan tomó su rostro y acercó sus labios a los suyos, sabía que esto era lo más difícil del mundo, pero no le quedaba otra que aceptar y hacerlo. Cuando sus labios iban a atrapar los de Hope, ésta se separó de golpe.

- Bésame como besarías a un hombre.

- Tienes que estar bromeando. -se cansó.- Beso a todo el mundo igual, pasa que falta una cosita: que quiera besarte.

- No te he pedido explicaciones. Quiero que me tomes con fuerza y me beses como si no hubiese un mañana. Si es posible olvida que puedes hacerme daño.

Abrió los ojos como platos. Pero aceptó. Tomó su rostro con fuerza, la pegó contra la puerta y la besó como si en vez de una persona se tratase de un trozo de carne, introdujo su lengua hasta al fondo, provocando que una arcada se escapara de su garganta, pero eso no le frenó, si ella quería que le hiciera daño él pensaba hacerlo gustoso, saboreó cada centímetro de su boca, mordió, succiona y chupó sus labios, llegando a sentir el sabor de la sangre correr por su boca.

- ¿Contenta? -se limpió los labios con el dorso de su camisa, Hope tardó unos segundos en reaccionar, estaba destrozada, jadeaba con fuerza y tenía la vista nublada, pero en general no estaba contenta.

- No. Llámame amor, varias veces mientras repites el beso. De forma descarada. Como si fuese tu primer y único beso con la persona que más amas en este mundo.

Stefan repitió el proceso, acercó su rostro al suyo, susurró contra sus labios esa maldita y estúpida palabra y la besó con fuerza, pidiendo hacerle un daño irreparable, pegó su cuerpo al suyo, la encerró entre sus brazos y siguió besando sus labios y su rostro durante unos diez minutos, Hope estaba como extasiada, sumergida en su propia burbuja sexual, por lo que Stefan se dejó guiar por sus instintos más animales, levantó su blusa, copó y apretó sus senos llegando incluso a hacerle daño de verdad, pero en ningún momento Hope se quejó o se cansó, todo lo contrario, tiró de la hebilla de sus pantalones y sacó su miembro, sabía que no estaba excitado, pero Hope tenía sus trucos, apartó de un manotazo a Stefan y se agachó para tomar entre sus labios el miembro viril del chico.

Stefan ahogó una exclamación, pero continuó repitiendo las mismas palabras todo el rato hasta que se corrió en la boca de Hope, si antes se sentía sucio ahora mucho más, con los ojos aún cerrados intentó pensar en cualquier cosa menos en Elena y en Damon.

- Klaus…-susurró extasiada, se incorporó y hundió su lengua en el interior de su boca, pero es que Stefan estaba atontado, en una nube, ¿acababa de llamarlo Klaus? ¿había dicho Klaus? - Hazme tuyo, ahora mismo.

"Tuyo"

Se quedó paralizado, pero eso no pareció perturbar para nada la fantasía erótica que Hope se estaba montando con su esclavo sexual, ella misma, con todas sus fuerzas, empujó el cuerpo de Stefan contra la pared, siendo ella la que metiera la polla en su vagina, no fue para nada placentero, ni para ella ni mucho menos para Stefan, por eso cuando la rubia se cansó de hacer el idiota se alejó de él para que no pudiese ver el horror pintado en su pequeño rostro.

- Eres asqueroso, Stefan. -siseó con maldad cuando por fin se recuperó de su inútil intento, el chico clavó sus ojos verdes en Hope.- Ni un poco de placer quieres darte.

- La asquerosa eres tú. -se incorporó.- Me has llamado Klaus.

Por un momento el pánico se dibujó en el rostro de la muchacha, pero solo fue un segundo, porque una máscara de indiferencia se dibujó en su rostro.

- ¿En serio, Stef? -rió.- Que obsesionado estás, cariño. Deberías llamarle, ay no, que no puedes.-soltó una carcajada.

Con su risa como único sonido perceptible, Stefan cerró los ojos y se pasó las manos por el cabello ligeramente húmedo, una pequeña sonrisa se percibió en sus labios, ¿lo había imaginado? otra explicación no había, Klaus y Hope eran familia, ¿por qué iba pensar Hope en Klaus mientras se lo montaba con él?

- Dime dónde está mi hermana.

- No cariño, te dije que te diría donde se supone que debe estar. -se cerró la blusa.- Y es aquí, haciendo que me corra con fuerza.

- Zorra hija de puta. -se levantó y tiró de su brazo hasta empotrarla contra la pared.- ¿¡No quieres correrte!? Van a temblarte las piernas.

Miró su reflejo en el espejo de su cuarto, una sonrisa apareció en sus labios al darse cuenta de que nada podría fastidiar su cumpleaños, llevaba días convencida de no hacerse ilusiones al respecto pero ahora que estaba allí, sola con Klaus supo que nada malo podría pasar, toda una tarde para celebrar su cumpleaños a lo grande, sin ningún inconveniente.

Se puso su vestido favorito, ese de volante y lazos de colores que se había comprado el otro día en una tienda cuando paseaba con sus amigas, era sencillo pero hermoso, suficiente para llamar la atención de cierto rubia con mirada penetrante. No quería pensar mucho al respecto, ella y Klaus eran perfectos juntos, cómplices, aliados, inseparables. Un todo. Juntos podían con cualquier cosa. Siempre había estado a su lado, en las buenas y en las no tan buenas desde que estaba en América. Era tan sencillo como eso.

El problema venía cuando Klaus le prestaba atención a otras personas, fuesen o no sus hermanos ahí es cuando se daba cuenta de que para ella eran más que aliados, eran algo mucho más poderoso.

- ¿Princesita? ¿Hope? -dejó de pensar en cuanto oyó ese acento inglés que rompía todos sus esquemas, tras ponerse sus zapatos bajó las escaleras a toda pastilla, pero en cuanto puso el pie en el último escalón toda dicha desapareció tan rápido como vino.- Hey, princesa.

- ¿Vas a algún lado? -preguntó preocupada al ver a un muchacho de cabello castaño y ojos verdes a su lado, le sonreía, pero ella sentía que se estaba riendo de ella.

- Te presento a Stefan Gilbert, es… -dudó, pero para Hope no hubo ninguna duda posible, en cuanto los ojos de Klaus se cruzaron con los ojos de ese chico, Hope lo tuvo claro, una vez más había sido una estúpida por creer que Klaus la elegiría a ella.- Un amigo.

- Por supuesto. Hope Mikaelson. -le tendió la mano. Stefan Gilbert como se hacía llamar, no dudó en tomar su pequeña mano entre las suyas y depositar un sutil beso, lo que el chico no imaginaba ni de lejos es que la rubia no iba a olvidar nunca ese error de haber aparecido en el momento y en el lugar equivocado.

Stefan desapareció en cuanto Hope le echó de la habitación. La chica no estaba para aguantar más estúpideces ni faltas graves, se pasó un cepillo entre los cabellos enredados buscando la forma de desahogarse, había creído que con sexo salvaje todo se solucionaría pero estaba muy equivocada, si antes su mente era un cacao ahora todo había empeorado. Primero se había permitido sentir algo de nuevo por Damon Salvatore, su mayor debilidad, después había permitido que Marcel se riera de ella en su cara, algo intolerable y por último, una vez más, su corazón había quedado desnudo completamente y en las manos equivocadas. ¿Cómo podía ser tan estúpida?

Soltó el cepillo y se miró en el espejo, aún parecía esa niña pequeña e inocente que se dejó manipular por su hermanastro, tomó la barra de labios, la primera que encontró y se pintó con cuidado, de forma compulsiva durante unos minutos, las lágrimas corrían por sus mejillas mientras el tono rojo decoraba sus labios y parte de su rostro. No podía hacer más nada que caer en ese vacío donde lo que quedaba de su corazón latía por sobrevivir para así poder remontar con fuerzas renovadas y romper todo cuanto existía a su alrededor.

Soltó la barra de labios, se atusó el cabello y sonrió a la imagen destrozada que le devolvía el espejo.

- Disfrutad de esta pequeña victoria, porque a partir de ahora, Hope Mikaelson vuelve del Infierno como nunca antes la habéis visto. -sonrió, se mordió el labio inferior y no dudó cuando tomó fuerzas para romper en mil pedazos el espejo, los cristales cayeron a su alrededor mezclándose con la sangre. Sí, Hope Mikaelson había vuelto a nacer.

De nuevo.


Iba a publicar antes, lo prometo. Pero he estado en unas semanas horribles, sigo así, este mes de marzo se ha vuelto una pesadilla. No ando en marzo, la verdad, pero teniendo en cuenta como he pasado estas últimas semanas y que lo que viene ahora es peor, mejor me anticipo a la tormenta.

Intentaré subir antes, tengo otro episodio sin editar y uno en mitad. Para los que se preguntan, ¿Y SCOM? puedo decir que está ahí, en marcha, pero si yo ando ocupada, imaginaros como estará Luna. De verdad vendrán tiempos mejores donde podremos subir más a menudo, os recuerdo que no vamos a abandonar el proyecto.

Ahora en serio. ¿Qué os ha parecido el episodio? ¿Una ronda de spoilers, si?

Dos verdades, dos mentiras. (o futuras verdades, según como me de)

1: Escena Klefanlena. Actualidad.

2: Recuerdos de Damon, Enzo y Camille.

3: Pasado de Damon y Hope. Perspectiva Hope.

4: Recuerdo Klefan.

Ya sabéis que si tenéis alguna duda de mis historias, en mi perfil encontraréis un enlace para ASK, siempre podéis dejar en vuestros comentarios también, vuestras dudas.

Un Beso.