Advertencia: Los personajes de Yuuri On Ice y el universo de Harry Potter no me pertenecen, yo únicamente los utilizo a manera de sutil entretenimiento.

Capítulo sujeto a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar! ¡Feliz 2018!


Capítulo VI

Con un gesto cansado, Victor miró a través de una ventana que se encontraba cerca del sitio donde había decidido esperar a que Yuuri llegara, pues tal como los dos acordaron esa mañana, comenzarían sus deberes para Posiones lo más pronto posible. Puntual, Victor acudió a la biblioteca y eligió una mesa amplia donde podrían trabajar sin mayor problema respetando los deseos y voluntad del otro respecto a no romper límites infranqueables, motivo por el cual Yuuri se sentiría cómodo en su presencia.

Sin lugar a dudas, pese a los factores en contra, a Victor le emocionaba en gran medida pasar tiempo con Yuuri, pues además de Chris, sería el primer chico a quien podría acercarse de forma honesta para cimentar una posible amistad a futuro. No obstante, conforme seguían pasando los minutos y la impaciencia le jugaba en contra, comenzó a preguntarse si acaso Yuuri habría decidido retractarse y no asistir a la biblioteca. ¿Victor le causó algún tipo de desconfianza otra vez? ¿Acaso creía que era una trampa? ¿Phichit Chulanont terminó convenciéndolo de dejarle plantado? ¿O bien le pidió a Slughorn hacer el proyecto solo?

Eran muchas posibilidades, a decir verdad.

Emitiendo un suspiro repleto de total decepción, Victor se dijo a si mismo que si en quince minutos seguía sin aparecer, tomaría la opción de ir directamente a buscarlo. Quizá lo asustaría debido a su comportamiento inapropiado, pues tal como Yuuri mismo había dicho, Victor tendía a actuar de forma extraña cuando tenían oportunidad de encontrarse ya fuera entre los pasillos, aulas o la lechucería.

Y quizá tuviera razón, sin embargo era algo que no lograba controlar tras descubrir más y más pequeños detalles o gestos del joven Griffyndor conforme pasaban las semanas. Además, los dos se dieron cuenta que podían congeniar bien en Posiones. Slughorn quedó encantado con el excelente desempeño de ambos y, como si fuera alguna especie de señal, por un efímero instante Yuuri se mostró lo suficientemente relajado en su presencia, tanto para bajar la guardia y sonreírle.

Y eso, al final, le maravilló en sobremanera.

Por consejo de su abuela y debido a la situación tan difícil que sobrellevaron cuando era niño, Victor se había visto en la necesidad de aprender a catalogar a las personas por mera seguridad. Trataba en gran medida de determinar si contribuirían cosas buenas o malas a su vida, o si acaso valía o no la pena intentar conocerlas, relacionarse o bien guardar distancia. Y Victor sabía que Yuuri sería confiable si llegaba a ganárselo como amigo. En verdad quería intentar, pues en él veía reflejado mucho de si mismo. El no ser aceptado, vivir con miedo cada día, a todas horas. Sonrió casi sin darse cuenta. Por más que sus compañeros Slytherin dijeran lo contrario, Yuuri era, alguien cuya compañía valía mil galeones de oro. Victor podía llegar a ser terco hasta rayar en lo absurdo, y Yovana solía decir que la volvía loca cuando una idea se le metía en la cabeza pues no existía poder humano –ni mágico– capaz de hacerlo desistir.

Un rasgo familiar bastante notable, cabía destacar.

Divertido ante la idea, negó repetidas veces convenciéndose a si mismo que ya era momento de emprender la búsqueda del escurridizo Gryffindor. Sin mayor dilación, Victor reunió todas sus cosas e inmediatamente procedió a marcharse, cuando de pronto una pila de libros fue colocada de forma no muy amable sobre la mesa que antes ocupaba. Extrañado y sorprendido en partes iguales, Victor observó los volúmenes encontrándose con ejemplares gastados, de cubiertas oscuras y letras doradas que hablaban sobre defensa contra las artes oscuras y magos a través de la historia del mundo mágico.

Alerta, dirigió sus ojos azules hasta la persona responsable de aquel exabrupto, encontrándose cara a cara con Yuri Plisetsky, quien con un gesto altanero y poco amigable parecía evaluarlo como si se tratara de un juez del infierno. Mudo debido al pánico que repentinamente lo invadió cual veneno en el sistema sanguíneo, Victor se quedó totalmente quieto, solo observando, a la espera de cualquier movimiento inesperado.

Llevaba la varita dentro de su túnica, por supuesto, mas si a Plisetsky se le ocurría atacarlo entonces le dificultaría defenderse, pues lo había tomado con la guardia totalmente baja. ¿Qué hacer en casos así? Obligándose a pensar con claridad, Victor recordó que Yakov le aconsejó mantener la calma, hacerse el desentendido y tratar de sobrellevar el mal momento con toda la naturalidad del mundo pese a los nervios e histeria que lo invadían en ese instante. Así que, apelando a sus excelentes dotes de actor, las cuales desafortunadamente no eran muchas, miró de frente al Hufflepuff que lo escudriñaba con sospecha, convenciéndose a si mismo que no podía seguir teniendo miedo para siempre, ni tampoco era buena idea escapar ante la primera señal de amenaza.

¿Eso en qué demonios lo convertiría? ¿En un vil cobarde? Negándose a ceder, Victor alzó la barbilla con orgullo mal disimulado, dándole a entender al otro que no se sentía amenazado en lo más mínimo, mientras esperaba cualquier posible explicación respecto a tal acción poco educada. Yuri, a su vez, le soltó una sonrisa cínica; quizá esperaba cualquier otra reacción, quizá creyó que encontraría un ratón asustado dispuesto a huir ante la presencia de un gato aparentemente amenazador.

Pues no le daría esa horrible satisfacción.

—¿Buscas algún libro en específico? —quiso saber casual, brindándole una tonalidad por demás extraña a la pregunta a oídos de Victor, pues cualquier cosa que pudiera haberle dicho, sin lugar a dudas aquella fue una de las últimas en su extenso repertorio.

—No —dijo en tono frío e impersonal. Sin ganas de brindarle mayores explicaciones, procedió entonces a largarse cuanto antes de la biblioteca. Sin embargo siguió insistiendo—. Disculpa...

—¿Conoces a Nikolay Plisetsky? —habló por tercera ocasión, ante lo cual Victor detuvo sus pasos abruptamente—. Fue legendario en su época como auror —girándose, el de ojos azules pudo ver como Yuri sostenía entre sus manos uno de los libros que antes se encontraban sobre la mesa, cuya portada tenía inscritas las palabras "Grandes Cazadores de Europa"—. Toda una leyenda.

—No estoy interesado —Victor trataba de ser educado dentro de lo posible, pero Yuri le dejaba la tarea muy complicada—. Ahora, si me permites...—aliviado por salir de ahí, recién dio tres pasos cuando el último comentario de Plisetsky le hizo prácticamente quedar paralizado en su lugar.

—Tienes un color de cabello bastante peculiar —dijo sin andarse ya con rodeos. Este chico en verdad era un terrible dolor de cabeza—. ¿Algún parentesco con los Mendeléiev? —Victor apretó las manos hasta volverlas puños controlando su mal temperamento, conforme repetía hasta el cansancio "no lo vale"—. Esos cabrones hijos de puta tenían ese rasgo tan particular.

Victor tomó una inmensa bocanada de aire mostrándose firme, sin miedo, con total y palpable orgullo una vez se atrevió a darle la cara y contestar.

—Mi apellido es Nikiforov —espetó con tal grado de seguridad que incluso se asombró a si mismo—; el último que queda —dijo—. Y aunque no tengo por que darte ninguna explicación, si vas por doquier alardeando acerca de Nikolay Plisetsky y su inigualable grandeza, solo me da a entender eres familiar suyo. ¿Sabes? No es bien visto escudarse en los logros ajenos —hecho una furia ante la provocación, Yuri soltó un improperio bastante vulgar que retumbó entre las estanterías.

Para su total desgracia, justo en ese momento la bibliotecaria pululaba cerca y, tras escucharlo, no dudó en acercarse a ellos dispuesta a brindarle un gran sermón al Hufflepuff gracias a su mal comportamiento, quejándose acerca de los malos modales. Aprovechando tal oportunidad, Victor giró en redondo dispuesto a emprender la retirada. Conforme abandonaba el área perteneciente a la biblioteca, sintió que el corazón le bombeaba acelerado dentro del pecho, tenía la respiración entrecortada y en verdad creyó que acabaría desmayándose en cualquier segundo. Pero lo había logrado en cierta medida. Contra todo pronóstico pudo enfrentar uno de sus más grandes temores, aún cuando sabía bien esto no tendría ningún fin inmediato. Quizá con aquella confrontación inicial solo consiguió aumentar la insana curiosidad por parte de Plisetsky, pero le interesaba poco. Victor se encargó de poner muy en claro que era orgullosamente un Nikiforov. Así estaba estipulado bajo el total amparo de la ley sin importar que un maldito árbol genealógico dictara lo contrario.

Y si, pudiera ser que huir hasta entonces le funcionó bastante bien, sin embargo en algún momento debería enfrentar la realidad y ser fuerte. Él nunca fue débil, Yovana se encargó de enseñarle a pelear por lo que creía correcto, y defender la única oportunidad que ella le había dado valía absolutamente cualquier esfuerzo.

Aún alterado debido al encuentro inesperado con Yuri, Victor se dio a la tarea de ocupar su mente y energías en buscar a su irresponsable compañero de Posiones. Mientras transitaba por un pasillo, se topó con algunas chicas Gryffindor con quienes solía tomar Defensa Contra Las Artes Oscuras, que caminaban en grupo en dirección contraria. Arriesgándose a recibir alguna negativa como respuesta, se arriesgó a preguntarles si acaso habían visto a Yuuri, pero tal como imaginó ellas lo mandaron al demonio en cuanto abrió la boca. Algo natural porque creyeron que intentaría hacerle a su compañero una maldad, pues los miembros de Slytherin tenían esa horrorosa costumbre. De poco o nada sirvió que Victor intentara explicarles lo contrario, pues ellas le dieron la espalda conforme se alejaban con marcado desdén mal disimulado.

Sin darse por vencido, Victor trató de rememorar ciertos rostros que en alguna ocasión hubiese visto cerca de Yuuri.

Desafortunadamente no llegaron a él demasiados, porque este solía ser muy receloso sobre con quiénes se relacionaba. Así que siguió su búsqueda infructuosa en el gran comedor, las escaleras móviles o los patios. Casi media hora después estaba por rendirse, cuando por pura curiosidad preguntó también a un Ravenclaw que cursaba "Historia de la Magia" con ellos. El joven, sin mostrarse muy interesado, le informó que la última vez que creyó verlo fue cerca del lago negro. Dándole las gracias, Victor se apresuró a dirigirse al sitio. Se hallaba justo al otro lado y para llegar necesitaría seguir un atajo fuera de las inmediaciones del castillo, caminar un buen trecho y finalmente alcanzar el pequeño muelle que había sido reconstruido junto a muchas otras cosas del colegio tras la última gran guerra mágica contra Voldemort.

A esas horas, el sol ya comenzaba a ocultarse y las antorchas que brindaban iluminación al recinto se encendían lentamente. Si no se daba prisa, la cena le obligaría a esperar otra oportunidad propicia para mantener un acercamiento natural y amistoso con Yuuri. Sobre todo porque Chulanont parecía reacio a dejarle solo durante más de cinco minutos.

Conforme seguía avanzando, Victor alcanzó a distinguir su objetivo. El lago negro se extendía imponente a lo largo y ancho, abarcando una generosa extensión de los terrenos pertenecientes a Howarts. Una vista impresionante, más aun si tomaba en consideración que la sala común de Slytherin se encontraba justo debajo. Tener oportunidad de ver al calamar gigante todos los días era un privilegio que pocos lograban tener.
Empero, tal pensamiento se esfumó de su mente cuando a la distancia logró distinguir una túnica con tonos en escarlata, y otras cuatro en verde olivo.

Yuuri, por supuesto, se encontraba ahí; no obstante, JJ y otros tres chicos más pertenecientes a Slytherin les acompañaban. Leroy, imponiendo su privilegiada estatura, sostenía a Yuuri sin micha delicadeza conforme hablaba acerca de algo que, gracias a la distancia difícilmente hubiera logrado escuchar. Los otros espectadores, entre tanto, no hacían otra cosa que observar tal aberrante muestra de acoso, despertando en Victor un espantoso sentimiento de total impotencia. Yuuri se veía asustado, claramente no lograría superar ese problema solo y JJ lo abatiría si mayor dificultad si acaso terminaban en alguna pelea física sin magia de por medio.

Preocupado ante semejante posibilidad, apretó el paso rogándole a los cielos no terminase resbalando gracias al terreno irregular, mientras pensaba con velocidad vertiginosa. ¿Qué hacer? Volver por un profesor quedaba totalmente descartado; necesitarían arreglárselas por cuenta propia.

Yuuri necesitaba apoyo y él se lo iba a dar.

Obrando según el instinto le dictaba, metió la mano entre sus ropas buscando rápidamente la varita; Victor no solía ser un busca pleitos consumado, pero detestaba los abusos y ahí, frente a sus ojos, se llevaba a cabo uno con todas las letras. Y eso era algo que no permitiría. Al diablo también con sus modales.

—...verdad —JJ gruñó mortificado. La discusión entre ambos era totalmente desconocida para él, pero nada más dijo aquello, el rostro de Yuuri se descompuso de manera automática en una mueca de terror puro que hablaba por si misma. Lo estaba amenazando.

—No te atreverías —espetó Yuuri con un hilo de voz, ahora si amedrentado en verdad—. ¡No pueden hacerlo! McGonagall jamás lo va a permitir.

—Me importa un bledo —le sacudió sin gentileza varias veces—. ¡Quizá solo así podremos terminar con todo este jodido desastre!

Yuuri luchó entre las manos del otro joven en vano.

—Cualquier cosa menos eso...—bien, ya había tenido suficiente.

—¡Déjalo tranquilo, Leroy! —explotó Victor sin poderlo evitar. Su voz sonó alterada, poco amable y bastante amenazadora. Todos los presentes, sorprendidos ante la abrupta interrupción, se quedaron quietos durante lo que le pareció un segundo eterno. A su vez Yuuri, confundido hasta límites insospechados, evitó siquiera respirar—. ¿Me harás repetirlo de nuevo? —siseó—. Sueltalo. Ahora.

—Largate Nikiforov —JJ, reacio a ceder, afianzó con mayor fuerza el agarre que mantenía sobre Yuuri, arrancándole un quejido por demás angustiante al chico de gafas—. No es asunto tuyo.

—¿Quieres apostar? —le retó adelantándose otro poco, a lo cual los otros dos Slytherin respondieron imitándolo. Tensión pura podía respirarse en el húmedo ambiente y las cosas, apostaba, no terminarían bien.

—Escucha Nikiforov, tienes las de perder si te quedas —le hizo saber de mala gana—; así que mejor déjanos concluir este asunto pendiente a Katsuki y a mí.

Victor esbozó una sonrisa cínica que dejó poco a la imaginación.

—Difícilmente suelo pedir las cosas dos veces —dijo con notable desdén al hacer caso omiso del discurso anterior—. ¿Por qué tú y tus amigos matones no se marchan?

—¿O si no qué? —quiso saber creyéndose con todas las de ganar.

Sin perder el tiempo en bromas, con un movimiento rápido y fluido Victor apuntó la varita directamente a Isabella. La joven, situada a solo un metro de distancia, dejó escapar un jadeo de total sorpresa ante las obvias malas intenciones. Esto les tomó desprevenidos, pues ninguno tuvo tiempo ni la rapidez suficientes para reaccionar como era debido, tomar sus propias varitas e intentar defenderse. JJ, ofuscado ante el inesperado giro en los acontecimientos, pareció dudar acerca de qué hacer a continuación, porque claramente se le notaba a leguas estaba dispuesto a írsele encima con tal de proteger a Isabella.

—Quien se atreva a hacer cualquier movimiento en falso pagará las consecuencias —amenazó implacable.

—Jean —el aludido apretó tanto la mandíbula que sus dientes chirriaron, y dejó de prestarle atención real a Yuuri centrándose en ellos.

—Dudo que te atrevas —se burló—. Te meterías en grandes problemas con los profesores por atacar a otro estudiante —Victor dejó escapar una risa cargada de sarcasmo—. ¿Qué es tan gracioso?

—¿No es precisamente lo que haces justo ahora? Que doble moral tan grande, Leroy —se jactó —. Sin embargo, debo reconocer que tienes buen gusto; tu novia posee un rostro particularmente hermoso —hizo la observación mal intencionada con un simple gesto de cabeza—. Sería una pena que terminara arruinado por una estupidez—luego prosiguió—. ¿En verdad piensas que no lo voy a intentar? A diferencia de ti, yo no tengo absolutamente nada que perder. Así que decide a la de tres. Uno...

—Estás demente...—gritó ya no tan convencido.

—Dos...—la chica lanzó una exclamación nerviosa al darse cuenta que Victor hablaba muy en serio.

—¡Bien! ¿Quieres que lo suelte? ¡Pues eso voy a hacer! —Yuuri abrió los ojos desmesuradamente porque, de un instante a otro, JJ lo empujó sin consideración ni modales al lago. Al no tener nada sólido para aferrarse, Yuuri cayó sin remedio empapándose de pies a cabeza con un chapoteo poco elegante. Todos, menos Isabella y Victor comenzaron a reír ante la acción tan inesperada—. Ahí lo tienes.

—Eres un jodido imbécil —Victor gruñó todavía con la varita en ristre—. Ahora fuera de mi vista antes de que decida cobrarme esto, Leroy.

Jean elevó su barbilla demostrando un orgullo demasiado grande para alguien tan joven y, acercándose a su novia, procedió a tomarla por el brazo instándole a moverse.

—¡Tú no entiendes nada! —ella soltó de pronto, importándole poco que JJ tratara de impedir siguiera hablando—. Esto es muchísimo más serio de lo que puedas llegar a imaginarte. La familia de Jean se está desmoronando en pedazos por culpa suya —acusó a Yuuri, quien se había puesto en pie con algunas dificultades—. ¡¿Por qué no dices la verdad?! ¡¿Tienes idea del daño que estás causando?! ¡Eres un mentiroso!

—¡Ya basta! —JJ le censuró. Isabella, con lágrimas en los ojos, finalmente creyó buena idea mantener su imprudente boca cerrada—. Vámonos.

En cuanto ellos se dieron la vuelta dispuestos a emprender el rumbo al castillo, Victor dejó escapar el aire que hasta ese entonces se dio cuenta estaba reteniendo. Ignoraba que fuerza lo había dominado para hacer algo tan extremista pero, afortunadamente funcionó bien. Tras asegurarse que ninguno causaría más problemas o representara un peligro inminente para Yuuri, finalmente bajó la varita dispuesto a dirigirse al joven Gryffindor, cuyo aspecto le partió literalmente el corazón.

Sus ropas destilaban agua por todas partes, tenía el cabello revuelto y pegado a la frente, y sus gafas torcidas necesitarían una buena limpieza cuando tuviera oportunidad. Yuuri parecía a punto de quebrarse en miles de pedazos, mientras se abrazaba a si mismo tratando de retener el poco calor corporal que la humedad le permitía. Así que, acercándose a Yuuri a toda prisa sin importarle en absoluto que él también terminara de mojarse los zapatos, le tendió la mano dispuesto a brindarle ayuda para salir del lago.

Yuuri dudó antes de aceptar y permitirle guiarlo hasta una zona donde lograría mantenerse erguido sin correr riesgos de sufrir algún resbalón accidental. Estaba tenso y temblaba. Algo comprensible debido al encontronazo que recién habían tenido.

—Lamento todo esto —Yuuri lo miró con sus ojos castaños, y en ellos Victor pudo notar nerviosismo y también duda—. No tienen derecho a tratarte como lo hacen. Son unos...

—¿No quieres saber por qué Isabella dijo todo eso? —le interrumpió en apenas un murmullo.

Era comprensible que preguntara, Victor concluyó. Cualquiera desearía meterse en un asunto claramente espinoso por pura curiosidad o morbo, mas Victor no era como la mayoría y, si acaso pretendía ganarse la amistad de Yuuri, hacer las cosas bien desde un inicio era elementalmente vital.

—¿Por qué debería? —agregó tras quitarle las gafas, sin atreverse a tocarlo—. La gente que va por la vida regalándole odio al mundo no merecen ni un minuto de mi atención —Yuuri desvió la mirada en otra dirección, incapaz de rebatir tal comentario—. Ahora, si me permites, no puedo dejar que regreses al castillo en estas condiciones. ¿Me permitirías secar tu ropa al menos? —el aludido apenas iba a contestar negándose cuando Victor, elevando por segunda vez su varita en un giro complicado, propició que una ventisca de aire caliente emergiera desde la punta. Las prendas entonces desprendieron vapor hasta que se secaron por completo—. Listo.

—Muchas gracias —hizo un amago de sonrisa cuyo sentimiento no le llegó del todo al rostro. Aún así, se notaba que todavía tenía frío debido a la diferencia entre las bruscas sensaciones térmicas que experimentó.

—Espera un segundo —sin detenerse a pensar en sus acciones, Victor rápidamente se quitó su propia túnica para envolverla sobre los hombros de Yuuri. Este se tensó, mas logró relajarse cuando dejo de sentir que invadía su zona vital de espacio personal—. Vamos, te acompañaré de regreso.

—No te molestes...

—Insisto —le restó importancia conforme comenzaban a caminar juntos por el sendero que guiaba directamente al castillo.

—¿Me estabas buscando? —Yuuri se atrevió a preguntarle, sin a mirarlo a los ojos. Parecía más interesado en las piedrecillas bajo sus pies.

—Teníamos pendiente tarea de Posiones, ¿recuerdas?

—Me dirigía a la biblioteca cuando ellos llegaron —Victor asintió en comprensión sin atreverse a decir nada más.

No quería presionarlo a contarle lo sucedido, antes bien le gustaría que si Yuuri buscaba conversar al respecto lo hiciera porque realmente quisiera hacerlo, no porque se sintiera obligado.

El resto del trayecto ambos lo realizaron en total silencio, únicamente disfrutando de la compañía del otro. Curiosamente ya no se sentían incómodos al compartir un mismo espacio y Victor encontró ese detalle algo sumamente alentador. Una vez llegaron al poco discreto retrato de la señora Gorda ubicado en el séptimo piso, los dos se detuvieron ahí.

—¿Seguro que vas a estar bien? —quiso saber al entregarle las gafas de nuevo. Yuuri las tomó con cierta inseguridad, al tiempo que intentaba regresarle su túnica—. Quédatela si quieres, ya me la puedes regresar después.

—Victor —lo llamó. Parecía realmente interesado en saber el motivo de su repentina actitud—. ¿Por qué decidiste ayudarme? —el aludido se colocó un dedo sobre su boca, como si meditara la respuesta que tenía planeada desde hacia semanas por si acaso Yuuri se animaba a realizarla. Luego le volvió a sonreír como si fuesen amigos de toda la vida, ocasionándole un notable temblor al otro.

—Porque me agradas —soltó con la ligereza tan propia en su carácter. Yuuri entonces parpadeó, como si de pronto una babosa carnívora le hubiera salido por la cabeza.

—¿Qué? —Victor enfatizó la oración con un leve asentimiento.

—Bueno, aunque quizá todavía no lo creas, me gustaría conocerte mejor. Soy nuevo en Howarts, y se lo duro que pude llegar a ser no contar con alguien cuando es necesario —luego añadió—. Además se nota que eres doscientos veces mejor persona que cualquiera de esos idiotas que creen que hacerte la vida miserable es divertido.

Yuuri frunció el ceño; parecía como si meditara muy detenidamente una respuesta. Inclusive la señora Gorda, de forma no muy disimulada esperaba oír también lo que diría.

—¿Y si luego te arrepientes? —planteó la opción, más Victor estaba muy seguro qué sería lo contrario.

—No creo que eso suceda —le aseguró sin ápice de duda. Yuuri entonces le sonrió por segunda ocasión, pero ahora con mayor sinceridad y el corazón de Victor dio un vuelco que nada tenía que ver ya con el desagradable encuentro que tuvo con Yuri Plisetsky horas atrás.

—¿Te veo en clases mañana?

—Dalo por hecho —dijo Victor sin poder ocultar su regocijo. Yuuri, girándose, estuvo a punto de decir la contraseña para que la señora Gorda se apartara y le permitiera paso libre, pero esta, histérica le advirtió se encontraba frente a un Slytherin y de ninguna manera un miembro de otra casa mancillaría sus territorios en cuanto ella pudiera evitarlo—. Una disculpa, madame; yo ya me iba.

Dándose la vuelta, Victor se retiró tras agitar su mano a manera de despedida y, tras recibir el mismo gesto por parte del otro muchacho, siguió en dirección contraria con paso firme. Lleno de una dicha que apenas lograba controlar, prácticamente flotó entre los pasillos disponiéndose a dirigirse al gran comedor para tener una cena tranquila y finalmente irse a dormir con aquel agradable sentimiento en el pecho.

Porque ya tenía una oportunidad con Yuuri Katsuki, y bajo ninguna circunstancia planeaba desperdiciarla por nada del mundo.