¡He vuelto! (Temporalmente...)


Episodio 12: Preguntas sin respuesta. Bourbon y visitas inesperadas.

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¿Quién es Camille?

El silencio se vio interrumpido por una pequeña y simple pregunta como esa, Damon necesitó de todo su autocontrol para procesar toda la información, tan pérdido estaba en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta que Elena había vuelto abrir la boca. La chica seguía entre sus brazos, su voz se amortiguó en su pecho, por lo que necesitó que repitiera la pregunta una segunda vez.

- ¿Quién es ella, Camille? -repitió con voz pausada, aún estaba muy afectada por ese momento de debilidad, como Damon no la había entendido la primera vez, se separó unos centímetros de su pecho para que el chico pudiese escuchar mejor su pregunta. Aún permanecían abrazados, se sentía demasiado bien como para romper ese momento, el cuerpo de Elena se encontraba literalmente enterrado en el de Damon, sus brazos rodeaban su cuello, su pecho reposaba sobre el del chico, mientras que él mantenía sus brazos alrededor de su cadera y su cabez apoyada en la de la chica, ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el primer paso, se sentían como en casa, como hacía mucho tiempo.

Las palabras "como en casa" retumbaron con fuerza en la cabeza de Elena, dando el poder suficiente a sus recuerdos para que la acecharan en todo momento, necesitaba con urgencia encontrar la llave, y cerrar cada momento doloroso en un cajón.

Damon asintió al comprender la pregunta. Dudó unos segundos antes de responder y mantuvo a la chica agarrada con fuerza, no quería que se soltara y clavara sus ojos café en los suyos para analizar cada movimiento buscando una sutil mentira.

Elena deseaba tener bajo vigilancia constante a Damon, pero prefería no estar expuesta a una mirada reprobatoria de un completo desconocido, ella no iba derrumbándose en los brazos de cualquiera y menos del señor del Bourbon.

- ¿Damon? -le preguntó, creyendo que el chico no la había escuchado o pasaba de su pregunta.

- Ah, eso. -apretó aún más su agarre como si temiera que la chica se fuese a escapar de sus brazos. Que equivocado estaba.- ¿Vamos a seguir hablando así?

- ¿Así como? -se incomodó.- Prefiero que sigamos abrazados, todo lo que hagamos o digamos quedará en el olvido después.

- Oh, chica lista. -negó con la cabeza pero no estaba disgustado ni mucho menos, le agradaba esa idea de hablar y de hacer borrón y cuenta nueva, podían hacerlo de nuevo, les había salido bastante bien la primera vez, la segunda no podía ser muy complicada.

Elena tomó consciencia del calor que el cuerpo de Damon emanaba, absorbió su aroma y cerró los ojos para deleitarse unos minutos más antes de que Salvatore cambiase de opinión o se cansara de su juego.

- La conocí en mi primer año en la universidad. -comenzó captando la total atención de Elena.- Yo era un desastre ese año, no quería entrar en la universidad, lo único que quería era…

- No vayas a venirme con que eso es terreno intocable. -le advirtió al ver como su cuerpo se tensaba, alzó la cabeza con cuidado para encontrarse con los ojos más azules y brillantes que hubiese visto en toda su vida, tragó saliva y ocultó su rostro en su pecho rezando internamente para que Damon no hubiese visto el rubor de sus mejillas.

¿Qué le pasaba? Guardó silencio.

- Quería largarme a Estados Unidos, buscar a Hope, rescatarla de su padre si era necesario y estar juntos, donde ella quisiera.

Eso la pilló desprevenida, para nada esperaba que Damon, voluntariamente le hablase de Hope, de esa Hope que le cautivó, que lo enamoró. Casi sintió pena por Damon, casi se apiadó de él, pero entonces recordó porqué estaba allí en primer lugar, no en ese edificio, no en sus brazos sino en Nueva Orleans, por culpa de ese amor enfermizo que tenían Damon y Hope, ella había tenido que dirigirle la palabra a su hermano y había tenido que abandonar toda su vida, todo ese progreso para encontrarse en una nueva prisión de cristal, no, no podía sentirse culpable, no cuando su vida pendía de un hilo, manteniendo la compostura como pudo, se removió para llamar su atención.

- Pero, por supuesto, no tenía los recursos económicos para adentrarme en esa locura, economía media decían, ¡una mierda! -bromeó pero Elena no lo sintió como una broma, ella siempre había tenido todo lo que quisiera y saber que Damon, era de esa gente, que no había tenido una parte de lo que ella tuvo, la hizo sentir menos humana.- ¿No vas a decir nada? ¿Ni siquiera vas a decirme "en serio"?

- ¿Qué quieres que te diga, Damon? -se separó por fin su pecho, ambos sintieron la pérdida, como si le hubiesen arrancado una parte que ni conocían de su cuerpo.- ¿Que, lo siento?

- No. Solo… -se arrascó la cabeza, rompiendo por completo ese abrazo que los mantenía unidos.

- O mejor, ¿prefieres que te diga, qué pasó Damon, que le pasó a esa hija de la mismísima puta? -escupió cada palabra con dureza, si el problema era que Hope se tuvo que ir a vivir con su padre y sus hermanos, entonces estaba más que equivocado, si Hope era una hija de puta por mudarse no quería saber lo que ella era, al perder a sus padres en ese atentado.- Mira Damon, no sé si sabes donde murieron mis padres, pero eso no me da el derecho de ser una puta de cuidado.

- ¿De verdad crees que eso fue lo que la transformó?

- No, ¿sabes lo que creo? -dio un paso al frente, sintiendo de nuevo que estaba a un solo paso de perderse de nuevo entre sus brazos, pero había algo diferente, una sensación extraña, Damon no estaba buscando una excusa para tener a Elena de su lado, sino para poder excusar a su perfecta Hope. No podía contar con él para una venganza, no del todo.- Que eres igual o peor que ella. Pero por lo menos, Hope sabe lo que quiere, ¿adivina? no eres tú.

- No te atrevas. -levantó un dedo amenazador.- No te atreves a hablar por ella, no la conoces, no como yo.

- No, aquí nadie la conoce, salvo ella misma. -bufó cansada de, que al final, Hope siempre lo joda todo, independientemente de que esté o no delante.- Mira, Damon no vamos a llegar a ninguna parte así. Tengo una pregunta.

- Aún no he respondido a la primera. -sonrió descaradamente, pero Elena vio algo más que su chulería, vio miedo, eso rompió aún más su coraza.- Estaba en el campus, cuando ella apareció corriendo de la nada, se lanzó a mis brazos y me besó.

- ¿Seguimos hablando de Camille? -dijo con retintín, no le hacía gracia saber que hubo algo entre esos dos.

- Sí. Me besó, se sintió fatal.

- No es fea, dudo que lo haya sido alguna vez. -dijo más para sí misma que para Damon, apretó los puños al sentir, lo que le parecía una locura, rodando en su cabeza, ¿estaba celosa? lo sonaba por lo menos, miró a Damon de reojo, seguía mirando al techo como buscando un hilo de donde tirar.

- Era la chica más guapa y loca que había conocido en toda mi vida. Era francesa, pero estaba allí para estudiar psicología. Me había besado, me enteré horas después, para evitar que su novio, el pesado, le rondara. Por lo que veo, había huido de Francia para poner distancia entre ellos, pero el novio era un pesado. No cogió el mensaje.

- Wow, tendría que quererla mucho para atravesar el océano.

- Elena, soy italiano. -le dijo en tono cortante, la chica se sintió morir, ¿cómo era tan torpe? claro que era italiano, su apellido se lo gritaba y encima antes había dicho algo de largarse a Estados Unidos a por su adorada Hope.

- Bueno, bueno. Un error lo tiene cualquiera. -se cruzó de brazos e hincha los mofletes, porque realmente no quería volver a bufar o poner los ojos en blanco, Damon no perdió de vista ninguno de sus movimientos, le resultaba divertido ver esas pequeñas muestras de humanidad en Elena, le recordaba a esa chica que conoció en el bar. Sonrió.

Damon buscó con la mirada una silla, la tomó y se sentó delante de Elena, quedando por debajo de la chica.

- Esa misma tarde, me encontré a Camille en una de mis asignaturas, ambos cursamos lengua inglesa, por distintos motivos claramente. No me reconoció. -sonrió embelesado al recordar la mueca de disgusto que puso al ver como se sentaba a su lado en esa materia.- Tardó toda la hora para caer en que me conocía. Me pidió disculpas avergonzada y me dijo que no quería nada romántico conmigo, que estaba intentando ser una lesviana más en ese mundo de hombres.

- ¿Es lesviana?

- ¿Qué? No. -río divertido.- Pero lo intentó, se enrolló con dos chicas, una de la clase de inglés y otra de su clase de matemáticas avanzada. No funcionó. No duró ni dos meses diciendo que era lesviana.

- ¿Qué pasó con el que era su novio?

- No mucho, dio mucho por culo al principio pero daría por hecho que estábamos juntos. Pasamos todo el día el uno al lado del otro, ninguno de los dos quería hacer más nada que no fuese sacarse su carrera, ahorrar el suficiente dinero y largarse de Europa. Solo queríamos eso. Así de sencillo.

- ¿Por qué quería irse? -pasó el peso de un pie a otro, empezaba a estar cansada de estar de pie todo el día pero sabía que si se sentaba acabaría durmiéndose o algo peor, por lo que prefirió mantenerse en esa posición privilegiada, tenía a Damon por debajo suya, era como si ella dominara la situación.

- Nunca lo supe.

- ¿Os fuisteis juntos? De Italia digo.

- No. -negó débilmente con la cabeza.- Ella es un año mayor que yo, su carrera era más breve que la mía. Yo cursaba un doble grado. Y encima, a ella le dieron la oportunidad de una beca en una zona de Estados Unidos, en Boston. No la desaprovechó.

- Entonces, perdistéis el contacto.

- Exacto. ¿Eso es todo, no?

- Damon no tiene sentido, ahora estáis juntos. -frunció el ceño.- Es obvio que después coincidisteis, ¿cómo?

- ¿Y de que te sirve esta información? No tiene nada que ver conmigo y con Hope, no te entiendo.

- Lo que no entiendo, es que por qué narices te pones tan tiquismiquis. Solo quiero conocerte un poco más. Camille es importante para ti. Quería…

- No me importa lo que querías. -se levantó, provocando que la chica diese un paso hacia atrás al ver que Damon se acercaba.- No sé si te quedo claro antes, pero no eres nadie para mi, no tienes ningún derecho en hacerme preguntas con respecto a mi familia. Camille lo es todo para mi, al igual que Enzo o Davina.

"¿Davina?"

- Lo siento. Pero compréndeme, necesito saber si puedo confiar en ti. Quiero destruir a Hope, pero, ¿y tú? con lo enamorado que estás, ¿serás capaz?

- Aún no te has dado cuenta. -se pasó una mano por el cabello, estaba ligeramente desordenado pero aún así, ese atractivo que le caracterizaba no desaparecía aunque estuviese hecho mierda con un saco de patatas por ropa.- Elena, el amor es veneno, cuando estamos enamorados hacemos locuras para mantener a salvo a la otra persona, solo quiero salvar a Hope.

- ¿De qué, Damon?

- De sí misma. Solo tengo que destruirla, es la única forma de salvar lo que queda de ella. -se mordió el labio inferior y apartó la mirada; era la primera vez que se sinceraba con alguien, la primera vez que dejaba que su corazón estuviera al descubierto, un poco más y se lo habría puesto en bandeja a la muchacha de ojos café.

- Uff. -se pasó una mano por la falda, para acomodarla. Era extraño sentir lo que Damon sentía por Hope, era contradictorio, decía amarla con todas sus fuerzas pero a los dos minutos estaba dispuesto a destrozar todo lo que ella representaba, ¿eso era el amor? cuando ella estaba con Klaus, lo único que sentía eran mariposas en su estómago, un amor rozando lo mágico. Pero para Damon era algo más profundo, más doloroso, incluso estaba dispuesto a sacrificar su vida por alguien que no le merecía sólo para salvar a una persona que no quería ser salvada. Estaba claro que o bien, había muchas clases de amor o lo que ella sintió una vez por Klaus no se podría definir como amor.

Hope no quería ser salvada, ni mucho menos amada. Podía verlo en sus ojos, en su comportamiento o en sus ideas, ella lo sabía muy bien, porque cada vez que se miraba en el espejo veía la misma mirada perdida que en Hope, ninguna de las dos quería ser salvada, pero mientras Elena vivía cada día rozando la locura, Hope había decidido hacer de su vida un infierno para aquellos que la rodeaban. Y Damon no parecía darse cuenta.

- Te ayudaré. Lo prometo.

Damon levantó la cabeza esperanzado. Elena le sonreía, alzó su mano para acariciar su rostro, realmente parecía un niño pequeño, como si en vez de haberle dicho que si a una venganza le hubiese permitido quedarse hasta tarde despierto en una fecha especial o le hubiese comprado su juguete favorito. Le gustó verlo así, tan feliz, efusivo, casi hizo que se olvidara por un momento de su plan inicial.

- Gracias. -susurró.

Enzo tenía mucha razón, necesitaban ayuda de alguien que estuviese más cerca de Hope. Elena era perfecta, la rubia tenía un interés casi enfermizo por la pequeña de los Gilbert, ahora tenían la oportunidad perfecta de romper todo en lo que creía con su propio juguete sexual. Casi sin pensarlo se lanzó a sus brazos, como cuando era un niño pequeño y su padre aparecía con dinero extra o con un plato de su comida favorita.

- Wow… -susurró al sentir el peso de Damon, el chico la había abrazado como si se tratase de un salvavidas, eso la hizo poderosa, única. Correspondió el abrazo con la misma ferocidad, sabiendo que al final, habían conseguido llegar a un pacto.

Hacía una calor pegajosa, pero eso no impidió que un chico de unos treinta años corriera por un inmenso jardín esquivando las cámaras de seguridad que se sabía de memoria, con una carpeta repleta de papeles tapándole el rostro y con los zapatos en la mano, sudando y jadeando llegó hasta la entrada, se desabrochó la corbata y empezó a golpear como un poseso la puerta de madera maciza

- ¡Maggie! ¡Abre la puerta de una puta vez! -el acento inglés se mezclaba con ese aire francés que lo había caracterizado durante muchos años, quien no lo conociera muy bien podría decir, perfectamente, que el chico se había criado en ambos países o que manejaba una de las dos lenguas como si fuese su lengua madre.

Pero luego estaban las personas que realmente conocían a Enzo y sabían que el muchacho tenía las agallas necesarias para cruzarse medio continente -si era necesario- para estar junto a la persona que más amaba o luchar por alguien que no quería ni siquiera saber de su existencia, todo eso y el simple hecho de ser el mismo en todo momento, lo habían convertido en una persona justa, manipuladora y elegante. Aunque eso último no pudiese aplicarse en esos momentos.

- ¡Maggie!

La puerta cedió con demasiada facilidad, Enzo se apartó con cuidado sin dejar de mirar a la persona que se asomaba con el mismo odio que miraría uno a la persona que le ha arruinado la vida. Esa persona era una muchacha joven, de cabello negro y ojos azules, casi rozando el gris pero con un aire refrescante, como de playa, pero aunque eso le cautivó en el pasado ahora mismo lo único que podía sentir era un asco irremediable, pero intentó mantener la compostura.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Dónde está tu hermana?

- ¿Perdona? -dijo alucinada, no se podía creer que su ex viniera aquí solo para preguntar donde se encontraba Camille, como si ella supiera.

- No estoy para juegos, Maggie. ¿Sabes algo o no?

Maggie permaneció en silencio, no supo que le hizo sentirse mal si el tono exigente y preocupado de Enzo o el simple hecho de que su hermana se hubiese metido en otro lío más, pero se mordió la lengua y le dejó pasar.

Todo estaba igual a como estaba la última vez que pisó esa casa, los muebles seguían siendo exactamente los mismos, el color de la pared incluso el olor permanecían intactos, es como si las cosas fueran como antes, como si ellos dos fueran los mismos adolescentes enamorados y con planes de futuro.

- No sé nada de mi hermana. -comenzó cuando habían llegado a la cocina.- Pero la llamaré si así te tranquilizas.

- Estoy tranquilo. -frunció el ceño, estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no empezar una discusión como la de esa mañana por el teléfono.

Solo con recordar esa pelea estúpida se puso en tensión, el siempre daba su brazo a torser incluso cuando estaban juntos, queriendo conseguir el mejor ambiente para ambos, ahora que estaban a punto de divorciarse, que Maggie había dejado claro sus intenciones, Enzo se había prometido que nunca más buscaría hacer las cosas más fáciles, maldita sea, él era uno de los mejores abogados de la zona, dirigía un bufete que era nombrado en muchos ciudades, no podía dejarse manipular por esa mujer.

Su mujer.

Mierda.

Maggie, sirvió dos tazas de café, receloso tomó la suya descubriendo que se trataba de su café favorito, alzó la cabeza para encontrarse con una sonrisa tímida y encantadora, ¿a qué estaba jugando?

- Llama a Camille. -soltó la taza, varias gotas de café italiano resbalaron por la taza de porcelana, Maggie no dijo nada, simplemente se encogió de hombros y tomó el teléfono.- Rápido, por favor.

Tomó la taza, olvidando por un segundo su anterior jugada de rebeldía, no llegó a probar el líquido pero si se quedó observando con detalle, como si esa pequeña taza estuviese la explicación del porqué de todos sus problemas, como a su edad sentía que la vida se le escapaba de las manos. Había venido hasta aquí por un impulso, él mismo había llamado al teléfono de la chica, desde el suyo y desde el de Damon, pero la rubia no había respondido a ninguna, su hermana, ¿iba a ser una excepción?

Cuando la oyó suspirar, supo que no. Que ni siquiera a su adorada Maggie iba a responderle.

- Lo siento… no me lo coge. -justo cuando iba a soltar el teléfono empezó a sonar con fuerza, ambos se miraron unos segundos, como cuando eran unos adolescentes y tenían conversaciones silenciosas, los dos supieron que se trataba de Camille.- Es un número desconocido…

Maggie descolgó. Y aquí comenzaron para Enzo los peores cinco minutos de su vida, Maggie estaba rígida y pálida, solo asentí y murmuraba un "si" o un "no lo sé", nada más salió de su boca, por primera vez en mucho tiempo, Enzo quería levantarse y abrazarla para poder tener acceso a esa información que estaba poniendo de los nervios a su futura ex mujer, pero no hizo nada parecido, porque lo único que su cabeza procesaba era que la cabeza hueca de Camille estaba en problemas. Otra vez.

- Gracias. -musitó antes de soltar el teléfono, o más bien, dejarlo caer contra la ecimera, Enzo no perdió de vista el camino que tomaba su cabeza en esos momentos, Maggie nunca se había mostrado tan vulnerable, no sino buscaba, manipularle con más fuerza, pero una parte de él, pequeñita sabía que iba a meterse en un lío con sus siguientes movimientos. Se levantó, rodeó la encimera y se puso a su lado, la abrazó con delicadeza, no porque temiera que se rompiera sino porque tenía miedo, miedo a las consecuencias. Pero lo único que Maggie hizo fue derrumbarse en sus brazos y llorar en silencio.

Si antes había sentido que su corazón se rompía ahora estaba seguro de ello. Si a esa rubia descerebrada le había pasado algo, esperaba que fuese grave porque sino, el mismo se encargaría de complicar aún más su estado, nadie jugaba con los sentimientos de Enzo, y mucho menos, otra O'Connell's.

- Está… -se separó, Enzo la miró con ternura y vio a esa chica que conoció en la cafetería de una universidad.- Lorenzo, está… en el hospital…. mi rebelde… está…

Se abrazó con más fuerza, como si Enzo fuese el único pilar sobre la tierra, se deshizo en sus brazos, olvidando completamente los papeles del divorcio, los años de gritos y de peleas, incluso olvidó el porqué de su relación, lo único que su cabeza procesaba es que había una posibilidad entre un millón de no volver a ver la sonrisa socarrona de Camille, de oír su risa o sus comentarios ofensivos típicos de un loquero. Ambos lo pensaron y se aferraron con fuerza a cada momento vivido como si fuese el último.

Pulsó uno de los botones de colores esperando que esta vez se conectara el aire acondicionado o la calefacción pero lo que sucedió en cambio es que se apagaron todas las luces y una bola, como de discoteca, salió justo por encima de sus cabezas, iluminando con destellos de colores todo el lugar. Elena y Damon se miraron por unos segundos y fue la chica la que se rompió a reír como una niña pequeña que acaba de descubrir el mejor chiste del universo.

- Se acabó. -se incorporó y le arrebató el mando de la consola con fuerza, Elena que seguía sumida en un ataque de risa no tuvo la resistencia suficiente para mantener el mando entre sus dedos.

- ¡Espera! ¡Espera! ¡Jo! -pataleó como una niña pequeña cuando Damon apagó toda la consola al completo y se dejó caer, de nuevo, en la silla, guardando el aparato en sus bolsillos. Elena le fulminó con la mirada y se cruzó de piernas.

Aún permanecían en el despacho de Enzo. Tampoco tenían nada mejor que hacer, Damon seguía esperando señales de su amigo o de Camille, podría perfectamente volver a su casa, pero no tenía muchas ganas de aguantar a Hope o de fingir que todo iba perfectamente, conocía a su prometida y en cuanto pusiera un pie en el edificio tendría que aguantar su discurso sobre no salir huyendo o de estar allí cuando se le necesite. Pero realmente no había una excusa convincente de porqué seguía allí, reteniendo a Elena a su lado, no sabía si era porque le gustaba estar allí, fingiendo ser un adolescente de nuevo, pasando el rato con la chica más dulce e inocente del lugar, pero entonces recordaba que ni tenía diecisiete años ni mucho menos estaba pasando el rato con una cría, bueno, cría mental si, pero inocente y dulce ni de broma. Elena era una manipuladora profesional, lo podía sentir solo con mirarla a los ojos.

Ese era el problema, analizar a una persona tan parecida a él y tan mal era ser un masoquista, porque veía en ella a un igual, a un hombro donde apoyarse o a una mano donde sostenerse y no era así. Para nada.

- No es para jugar. -gruñó tocando el lugar donde había guardado el mando y notando un bulto diferente.- Oh.

Sacó su teléfono con cuidado. Después de la discursión con Mikaelson había decidido ponerlo en vibración y guardarlo ahí, le había extrañado muchísimo que en ningún momento sonara pero en cuanto desbloqueó la pantalla supo porqué. Lo había silenciado y ahora se daba cuenta que tenía diversas llamadas de Hope, de Stefan e incluso de Mikaelson. Si Mikael se había tomado la libertad de contactarlo en varias ocasiones es que el problema era más grave de lo que pensaba.

- ¿Problemas?

Desconcertado apagó la pantalla y miró a Elena, seguía en la misma posición y no parecía tener ninguna intención oculta, simplemente lo observaba con esas impenetrables orbes café, como si pudiera ver más allá de él.

- Solo… trabajo.

- Trabajo. -repitió, asintiendo con la cabeza se levantó de un saltito.- Creo que es hora de volver a la realidad.

- Wow, señorita Gilbert, usted si sabe como cortar el rollo. -bromeó con su hermosa y perfecta sonrisa ladeada. Durante un breve instante, vio en los ojos café un destello de deseo y rebeldía, por unos segundos ambos creyeron que iba a besarle, pero nada de eso pasó, porque ya había desaparecido la niña pequeña Gilbert y ahora estaban presenciando la reaparición de la astuta y manipuladora señorita Gilbert.

- Señor del Bourbon, será mejor que levante su perfecto trasero y nos vayamos de este lugar, ¿le parece? -ladeó la cabeza, una sonrisa socarrona apareció en su perfecto e impecable rostro, se mordió el labio inferior mientras le devoraba con la mirada que pondría un depredador antes de lanzarse a cazar.

Damon se levantó de forma automática, aquella distancia que los separaba se vio peligrosamente reducida, el ojiazul se relamió los labios viendo como la morena se acercaba lentamente hasta posar una mano en su nuca y tiraba de él con fuerza.

- Y dime, ¿qué es lo que quiero? -susurró muy cerca de sus labios.- Di, ¿qué quiero ahora mismo?

- Ni lo sé. Ni me importa. -vocalizó cada palabra con odio y con deseo, pero a Elena le importó bien poco, un atisbo de sonrisa apareció en sus finos labios rosados y sin pensarlo mucho, rompió la distancia por completo, y devoró sus labios como llevaba deseando desde que se despertó al lado de Damon Salvatore.

No fue un beso, sino un enfrentamiento para ver quien tomaba el control de quien, las manos de la chica se enredaron con firmeza en su cabello azabache, tiró de él, para tenerlo aún más cerca, Damon introdujo su pierna entre las de la chica, empujando su pequeño cuerpo contra el escritorio de madera, ambos se besaron, sus lenguas se enfrentaron pero en ningún momento pensaron en otra cosa que no fuese en ellos encima de ese escritorio con las vistas de Nueva Orleans.

Pero, por supuesto, Damon había conectado el sonido de su teléfono.

- Mierda. -farfulló en mitad de un beso, sus manos estaban por debajo de la blusa negra de la chica.

- Quítate de encima. -se quejó, más bien gimió esas palabras como pudo.- ¡He ganado!

- No sabía que estuviéramos compitiendo. -puso los ojos en blanco, con su erección más que notable, tomó el teléfono sin mirar quien era.- Damon Salvatore.

- Tío, Camille está en el hospital.

Elena le miró sin comprender. Damon estaba pálido, sin casi prestarle atención recogió sus cosas, aún con el teléfono en la mano y se encaminó hacia la puerta.

- ¡Damon!

Fue lo último que el chico escuchó antes de que las puertas del ascensor se cerraran completamente.

Hay momentos de la vida que uno se replantea como ha sido capaz de sobrevivir todos esos años y seguir cuerdo, Stefan prefería no pensar mucho en el porqué de las cosas, pero después de todo lo que había vivido en tan poco tiempo, no podía dejar de pensar qué hubiese pasado si las cosas hubiesen sucedido de otra forma, si él sería más feliz o menos feliz. Cuando conoció a Klaus, nunca pensó que se enamoraría de la forma en que lo hizo, el rubio era diferente, atrevido, directo, egocéntrico pero si escarbas un poco podías encontrar a un inglés muy tierno, dispuesto a darlo todo por su familia y por quien le importa, era inevitable amarle, acabar enamorado completamente, cuestionarle la sexualidad a uno, pero si por un segundo hubiese adivinado, que Klaus estaba con su hermana, solo pensarlo nunca hubiese dado ese paso tan enorme con él.

Klaus Mikaelson fue su mayor error. Pero se arriesgó sabiendo que iba a acabar quemándose, él sabía muy bien que Klaus estaba con alguien, le había hablado de esa chica, dulce y traviesa, pero nunca había prestado la atención suficiente, es decir, solo eran amigos, pero para Stefan era algo más, escuchar como hablaba de su perfecta novia no era algo saludable, pero hoy, se hubiese dicho así mismo que prestara más atención, que escuchara esos detalles de la novia misteriosa, tal vez así no estarían ahí, rotos por dentro y fingiendo indiferencia por fuera. Tomó un trago de esa botella que había tomado prestada del mini bar. Si, si había algún culpable de que los Gilbert estuviesen rotos por dentro, no era de Klaus, sino suya. Por no prestar atención, por enamorarse de la persona equivocada.

Estaba sentado en la barra cuando oyó el sonido típico de las campanitas, cerró los ojos y se bebió de un trago lo que le quedaba de vaso, podía ser cualquier persona, pero él sabía que solo una persona provocaba que su cuerpo se tensara de forma inmediata, alzó la mano y pidió que le rellenaran la copa, justo cuando un muchacho vestido elegantemente se sentó a su lado. No comentó ni hizo nada, simplemente se quedó ahí, con su típica sonrisa sabelotodo y con ese brillo en los ojos que sólo aparecía cuando estaban juntos. Bueno, eso es lo que Stefan se decía para calmar los celos.

- ¿Hola? -canturreó el inglés cuando vio que lo ignoraba por durante demasiado tiempo.- ¿Estás de humor de perros?

- Hola Nik, no sabes cuanto te he echado de menos, sin ti mi vida no tendría sentido. -comentó irónico, dramatizando tal vez demasiado. Klaus tardó unos segundos en reaccionar.- Y bien, ¿qué estás haciendo en Nueva Orleans?

- Lena está con sus amigas. No llevamos ni un mes juntos.

- La conoces desde hace mucho más. -dijo tranquilo, pero no lo estaba en absoluto, era la primera vez que prestaba atención a lo que se refería a la novia de Klaus, sabía muy pocas cosas de ella, que la conoció en 2010 y hasta hace un mes y pico no eran novios oficiales, parecían un par de idiotas, pero no era eso lo que le molestaba, en absoluto, lo que le fastidiaba es que quisiera hablar de ella delante suya, ¿es que no se daba cuenta de que estaba celoso?

- Ya, quiero llevarla a conocer a mi familia.

- ¿No la conoce? -se extrañó, la camarera le rellenó la copa, Klaus no perdió de vista la cantidad de alcohol que el chico llevaba en el cuerpo.- Tío estamos en 2012, tu eso lo sabes, ¿verdad? Dos años, tío.

- Ya, llevo con ella un mes y veinticinco días.

- Ya, yo tampoco conozco a tu familia, ¿es qué necesito enrollarme contigo para eso? -saboreó el alcohol antes de meterse el vaso entero, ¿acababa de insinuar? ¿es que era idiota?.- Tengo que irme.

- ¡Stef!

- ¿Qué?

- Conociste a mi hermana hace un tiempo.

- Klaus, no la conocí, simplemente me la presentaste y te largaste de allí, no querías verla y yo te ayudé. Se acabó. Pero de eso ha pasado mucho tiempo. Estoy aquí en Nueva Orleans por ti. -le confesó, preso del alcohol o no, no fue capaz de retener más esa información, estaba ya cansado de ser su perrito faldero, ese hombro donde llorar o ese amigo que tenía para cuando se acordaba. Se acabó, se repitió así mismo, era aquí y ahora, no había más oportunidades, casi sin mirar la cara destrozada de Klaus, sus ojos vidriosos y su mano, lo soltó.- Klaus, me largo a Europa, nada me retiene aquí.

- No puedes dejarme. -le rogó, o por lo menos sonó como una súplica, Stefan no le prestó atención, soltó un billete y tomó sus cosas.- ¡Stef, por dios! No montes un escándalo, no eres mi novia.

- No. -se paró, todos los presentes giraron sus cabezas para ver que estaba pasando. Klaus era alguien importante en la zona, pero tuvieron suerte de que no hubiese allí nadie para poder reconocerlo.- Ese es nuestro problema. -sorbió con fuerza, no quería llorar delante de Klaus, tenía que ser fuerte.- Que tu tienes una novia perfecta y estás jugando conmigo, Nik.

- ¿Qué?

- Basta, no te has dado cuenta, pues perfecto, pero me harté de sufrir en soledad. -se limpió con el puño de la camisa las lágrimas traicioneras.- Estoy enamorado de ti, Nik. Tu eres tan egoísta que no te das cuenta.

Salió de allí, el sonido de las campanitas fue lo último que escuchó, tomó un taxi y desapareció por las calles, creyendo por un momento que ese sería el final de su historia con Mikaelson. Nadie le preparó para lo que pasó esa misma noche cuando se disponía a desaparecer de la ciudad.

Un auto negro cruzó la avenida hasta alcanzar un edificio imponente, aparcó justo al lado del letrero de la calle, la persona que estaba en su interior esperó pacientemente unos segundos, no tenía prisa para volver a ese lugar pero tenía que hacerlo, miró una vez más al shoffer antes de sonreírle y darle las gracias, justo cuando se disponía a volver a su mundo, la figura de una muchacha que conocía muy bien pasó por su lado, casi sin percatarse del auto. El chico se quedó totalmente paralizado al reconocerla, ¿y cómo no hacerlo? era una diosa, aquella muchacha de ojos café que había roto todos sus esquemas, estaba ahí, diferente, perdida pero era ella. Un atisbo de sonrisa se dibujó en sus labios, tal vez el destino le había dado una nueva oportunidad para enmendar sus errores.

Pero, por supuesto, el destino nunca está de tu parte, porque justo cuando iba a abrir la puerta, la figura de un muchacho de su edad salió del interior del edificio, quedó paralizado, completamente en el momento en que sus ojos se cruzaron con los orbes verdes del chico, a él no le vio, pero para el muchacho eso fue un golpe bajo.

Elena y Stefan se abrazaron con fuerza. Stefan apoyó su cabeza en su hombro y le dio un pequeño beso en la mejilla, desconcertando aún más al chico del auto.

- Me tenías preocupado. -suspiró tomando de las manos a su hermana, era la primera vez que mostraban cuanto se echaban de menos.- ¿Dónde has estado? No importa, no importa.

- Stef, tranquilo. -sonrió, acarició su mejilla con la mano.- ¿A dónde ibas tu, con esas prisas?

- Enzo, un antiguo amigo me ha llamado. Camille, ¿la chica rubia? -Elena asintió porque era lo único que podía hacer en esos momentos.- Está en el hospital, me tengo que ir.

- Te acompaño.

Stefan no respondió ni tampoco dio su brazo a torcer, porque justo sus ojos coincidieron con el momento en que el muchacho salió del auto negro, el rostro de Stefan palideció, Elena que se había dado cuenta que algo había cambiado, queriendo centrarse en algo que no fuese en matar a Damon Salvatore, se dio la vuelta, manteniendo su mano entrelazada con la de Stefan, para ver con sus propios ojos su mayor pesadilla.

- Klaus.

Klaus Mikaelson clavó sus ojos en la pareja que estaba a unos escasos metros de distancia, los miró de hito en hito y preparándose mentalmente dio un paso hacia adelante, tal vez esto era una nueva oportunidad, el tiempo lo diría.


Iba a disculparme, a soltar el mismo discurso de porqué he tardado tanto en actualizar, pero todos sabéis o deberíais saber el porqué de mi retraso. Para el que aún no lo sepa, es debido a los exámenes que me han tenido atacada por todos lados, ¿he terminado con ellos? si, pero temporalmente, más o menos a mitad de Abril, un poco antes, vuelven, así que tengo desde ahora hasta la segunda semana de Abril para poder descansar, escribir y dormir. Si, habéis oído bien, dormir. No sabéis cuanto lo necesito.

Sobre mis otras historias, dejaré un breve resumen de como va la cosa.

1- Su Reflejo: Es una historia corta y limitada, por lo que debo crear un esquema antes de continuar escribiendo, esta semana intentaré ponerme a escribir el siguiente episodio pero no prometo nada.

2- Sweet Child Of Mine: Creo que todos, todos, deberíais saber que no vamos a abandonar esta historia, solo pido tiempo y mucha paciencia.

Creo que puedo centrarme en esta historia. Calle Bourbon va a ser un fic intenso, que seguramente avanzaré más en verano, no digo terminarlo, pero si que lo avanzaré mucho más en esos tres meses de libertad que ahora, pero puedo deciros que el esquema está hecho en mi cabeza, que los puntos principales son: Delena, Klaus y Hope. Jugaré con todo lo que esté en mi mano, quiero hacer de esta historia un proyecto, así que, dadme paciencia. ;)

¿Qué os ha parecido el episodio? ¿Os esperabais la vuelta de Klaus? Llevamos doce episodios creo que ya iba siendo hora que apareciera, veremos si su entrada va a traer más problemas de los que ya había.

¿Qué queréis ver en los siguientes episodios?

Me gustaría que respondierais a esa pregunta, para mi es muy importante saber si el ritmo que lleva la historia es bueno o necesita un giro de 360º.

¡OS QUIERO!

PD: ¿Habéis visto el episodio de TVD? ¿Queréis matar a JP por el "regalo" de Bonnie? Por todo en general, vamos ;)