Advertencia: Los personajes de Yuuri On Ice y el universo de Harry Potter no me pertenecen, yo únicamente los utilizo a manera de sutil entretenimiento.
Capítulo sujeto a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar! En este cap comienzan las teorías.
Capítulo VII
En quella ocasión en particular, Victor se sentía optimista.
Habían transcurrido dos días desde el infortunado accidente con JJ e Isabella cerca del lago negro, motivo por el cual Victor creyó prudente vigilar a Yuuri con la suficiente discreción para evitar así que sus amigos o él mismo se dieran cuenta. Reto descomunal ya que pese a ser Hogwarts un colegio inmenso, los chismes volaban como lechuzas cuando intentaban entregar la correspondencia.
Chris, quien mantuvo una opinión neutral hasta entonces, alegaba que terminó por convertirse en un acosador en toda la extensión de la palabra, pero le importaba poco.
De hecho le sorprendía que nadie estuviera hablando todavía del poco sutil encontronazo que dos miembros de una misma casa protagonizaron, todo por evitar el abuso hacia cierto Gryffindor del cual todos a esas alturas seguro ya tenían algún nivel de conocimiento. Y Victor iba a mantener tal postura de ahora en adelante. Si bien las clases que compartían juntos diferían en gran medida, en más de una ocasión le dio a entender a su homólogo Slytherin que no toleraría bajo ninguna circunstancia otra falta de respeto dirigida a Yuuri. JJ, por supuesto, no era tonto. Si bien ignoraba tal repentina actitud protectora de parte suya, supo al instante que corría grandes probabilidades de iniciar una pelea real con él y, por consiguiente, hacer enfadar también a Chris o cierto grupo de chicos Gryffindor que tampoco se quedarían con los brazos cruzados. Gracias a ello redujo esos días su nivel de hostilidad a simples insultos u referencias poco amigables.
A si mismo, en los dormitorios u sala común, Victor y JJ pasaban a ignorarse aun si compartían un mismo espacio por mera casualidad. Aunque las miradas poco amigables fueran prácticamente una nueva costumbre recién adquirida.
Yuuri, a su vez, tratando de mantener perfil bajo tal como siempre solía hacer, creyó prudente hacer caso omiso la mayor parte del tiempo. Además Phichit, quien seguro se enteró de todo el problema por boca del propio Yuuri, se dedicaba a seguirlo cual sombra a todas partes impidiéndole a cualquiera que le provocara cierto grado de desconfianza acercarse demasiado. Victor incluido. No obstante, para su total fortuna y regocijo, los dos ya habían logrado un avance significativo en cuanto a la frágil relación que recién comenzaban a formar. Yuuri ya le reconocía si acaso coincidían en el mismo salón de clases, pasillos u gran comedor, atreviéndose incluso a intercambiar algunas palabras amigables con él de vez en cuando.
No era gran cosa, pero si más de lo que Victor tenía antes y muchos magos fantásticos solían decir que los grandes eventos daban inicio con detalles simples, ¿cierto?
Y es que bien podría sonar un poco ridículo dadas las circunstancias tan peculiares, sin embargo centrarse en Yuuri le ayudaba a mantener su mente lejos de asuntos delicados, como Yuri Plisetsky cuya amenaza seguía latente. Después de discutir con él en la biblioteca, este no hizo ningún otro intento por volver a acercársele. Quizá Victor logró comprar algo de tiempo tras decirle que formaba parte de la última línea familiar perteneciente a los Nikiforov; cosa cierta a medias. Y tal como siempre solía hacer, informó a Yakov con lujo de detalles acerca del desafortunado encuentro entre ellos, y este le aseguró tenía ya un excelente plan de respaldo por si las cosas terminaban poniéndose feas. Aunque de igual forma le pidió encarecidamente no buscarse más problemas.
Victor, por supuesto, seguía teniendo muchísimo miedo. Yakov era la única persona que se interesaba en él de forma sincera, mas el hombre ya estaba bien entrado en sus casi setenta años y no viviría para siempre. Si el fiel amigo de su abuela lo abandonaba, quedaría totalmente desprotegido. El futuro, por obvias razones, bajo tal desalentadora perspectiva le preocupaba; sobre todo al verse obligado a esconderse debido a una serie de crímenes imperdonables que sus padres tuvieron el mal tino de cometer.
Pero en el mundo mágico, por desgracia, el linaje de dónde provenías parecía darle a los demás derecho casi divino para emitir un juicio determinado, capaz de hacer tanto bien como mal. Quizá por eso se sentía tan a gusto en compañía de Yuuri. Al ser hijo de muggles –algo que no podía importarle menos– seguidamente creció sin mayores prejuicios ni conocimientos referentes al entorno donde se desenvolvían todos los días. Estando con Yuuri, Victor sentía que podía ser él mismo sin preocuparse por ser juzgado u señalado, ni fingir con tal de sobrevivir. No debía mentir ni ser elocuente a propósito, tampoco necesitaba en gran medida estudiar hasta el cansancio las posibilidades a favor o en contra de cada paso que daba. Antes bien solo debía ser Victor: un chico común y corriente que buscaba ser normal a ojos del resto.
Además, pese a la todavía presente y muy marcada reticencia del Gryffindor a ceder del todo en su presencia, Victor se sentía feliz por haber logrado aunque fuera un pequeño avance del extenso camino que todavía le quedaba por recorrer. Porque en esos días, aun a distancia, logró identificar incontables retazos de color a través del gris que Yuuri tanto se esforzaba por mostrarles a todos. Era cálido y amable con quienes le importaban en verdad, tenía una sonrisa preciosa que le brindaba serenidad aunque ni siquiera lo supiera e incluso su perspicaz inteligencia resultaba muy atrayente. Si ambos lograban meterse de lleno en una conversación, seguro se la pasarían hablando durante horas. ¿Le gustaría el Quidditch? ¿Apoyaría a algún equipo famoso? ¿Sabría jugar? Esas eran respuestas que esperaba le fuesen respondidas algún día.
Su abuela siempre le dijo que la paciencia era una virtud muy valiosa si realmente buscaba obtener buenos resultados a todo cuanto se propusiera; y Victor estaba dispuesto a hacer uso de ella todo cuanto hiciera falta. Por ello, tras tomar su desayuno en el gran comedor junto a Chris esa mañana cuyo cálido clima los recibió con suavidad, le pidió a su amigo adelantarse con la excusa de que había olvidado algo en los dormitorios. Esto, por supuesto, era una mentira tan grande como Hogwarts mismo. Sin embargo, Aquel día en particular Gryffindor y Slytherin compartirían aula de Defensa contra las artes oscuras y necesitaba perder algunos minutos; si deducía bien, seguramente Yuuri terminaría sentado a solas justo al frente muy cerca del profesor. No llegaría tarde, pero si apenas con el tiempo suficiente para encontrar un asiento disponible entre todos los ya ocupados. No podía salir mal. Quizá el único punto en contra de su ingenioso plan, fue que prácticamente tuvo que correr entre los pasillos esquivando las bromas pesadas de Peeves, quien creyó sumamente divertido perseguirle y canturrear con su irritante vocesilla a todo pulmón que iba a meterse en grandes problemas por llegar tarde a todos lados.
¡Detestaba a ese entrometido poltergeist!
Una vez sano y salvo en el aula, se dio cuenta que afortunadamente el profesor aún no hacia acto de presencia y Victor se dirigió cual rayo hasta la parte frontal donde, justo como predijo, Yuuri se hallaba sentado sin alguien más que la misma chica de cabello rubio que solía hacerle compañía en ese horario justo a su lado derecho. Pasando a ignorar a Chris, quien movió la cabeza resignado ante su actitud poco discreta, Victor se dispuso a tomar asiento junto a ellos sin mayor vergüenza. Ambos "leones" le miraron con extrañeza total, mas ninguno se atrevió a emitir ningún comentario pues demasiados alumnos de Slytherin y Gryffindor compartían un mismo espacio, y elegir las palabras incorrectas sería como detonar algún artefacto explosivo sin adoptar ninguna medida de precaución.
—¿No está ocupado, verdad? —preguntó inocentemente, tras colocar sus pertenencias sobre la mesa con descuidada naturalidad. Yuuri se removió incómodo porque sabía demasiado bien que varios pares de ojos les prestaban desmedida atención, y solo se atrevió a murmurar un "no" apenas audible—. ¡Hogwarts es enorme; cualquier vuelta equivocada y te pierdes sin remedio! ¿Me preguntaba si luego podrías darme algunos consejos acerca de cómo evitar esto? Me servirían de mucho.
Yuuri no dijo nada, simplemente se limitó a asentir al tiempo que movía las manos con evidente aprehensión. Victor frunció el ceño. Yuuri actuaba extraño, además se veía más pálido de lo normal y apenas se atrevió a mantener contacto visual. Bueno, tal vez aún lo ponía nervioso, no obstante Victor seguiría firme en sus intenciones de seguir avanzando paso a paso sin presiones. Y justo se había animado a añadir algo más, cuando el profesor irrumpió en el sitio pidiendo silencio inmediato al emplear un tono firme que no admitía pie a replica alguna.
—Buenos días, jóvenes —les saludó estoicamente, luego de situarse en un punto estratégico en el cual pudieran mirarle sin mayor problema—. El día de hoy vamos a olvidar los libros y tendremos una clase práctica —emocionados, cada uno de los presentes cuchichearon acerca de ello—. ¡Silencio! —les amonestó—. Bien. Esta mañana intentaré instruirlos en magia muy avanzada. Quienes conozcan a cabalidad los hechos ocurridos en la última gran guerra que se llevó a cabo aquí mismo en Hogwarts, sabrán que este tipo de encantamientos solían ser impartidos únicamente a estudiantes de último año —luego se apresuró a añadir—. Pero, desafortunadamente nuestros errores pasados nos han permitido aprender que incontables vidas inocentes pueden ser salvadas con la preparación y estudio adecuados, motivo por ello hacemos lo posible para permitirles aprenderlo desde quinto grado. Aunque un resultado exitoso depende en gran medida de la habilidad del mago si consigue llevarlo a termino o no.
Yuuri de pronto se tensó, y Victor sospechaba que seguramente había descubierto a qué se refería el profesor.
—¿Señor? —Chris se atrevió a interrumpir la perorata del hombre al levantar su mano—. ¿Habla del encantamiento Patronus?
—Exactamente, Giacometti —otro murmullo de total emoción rompió el silencio parcial—. ¿Alguno de ustedes podría darme información detallada al respecto? —las voces fueron apagándose cada vez más, porque igual ninguno sabía cómo explicarse sin hacer un completo desastre de si mismos. Al final, fue Yuuri quien se atrevió a levantar su mano con evidente inseguridad—. Katsuki...
—Bueno —dudó un segundo, y su voz sonó ligeramente nasal—, según he leído en los libros el Patronus es un encantamiento difícil de realizar. Incluso magos con gran experiencia y potencial presentan algunas dificultades para ejecutarlo, pues teóricamente se trata de una fuerza cuya energía positiva es considerada parcialmente tangible.
El profesor asintió satisfecho, pese a los gestos altaneros de ciertos Slytherin. Victor, entre tanto, le guiñó un ojo ante su gran conocimiento y Yuuri se ruborizó gracias a la vergüenza.
—¿Sería tan amable Katsuki, de ilustrar a muchos de sus compañeros que seguramente no tienen ni la más remota idea del por qué fue creado? —pidió sin disimular su notable sarcasmo.
—Para repeler Dementores y Lethifolds, señor —explicó a grueso modo—. Contra ellos no existe ningún tipo de protección mágica además de esta.
—Excelente. Diez puntos para Gryffindor —los de túnica escarlata celebraron la puntuación extra en beneficio de su casa, pues eso les colocaba más cerca de ganar la copa de la casa a final del año escolar—. Del latín "Especto", que significa esperar, y "Patronum" cuya traducción literal podemos tomarla como protector, es uno de los encantamientos defensivos más poderosos que existen —comenzó a decir—. Se trata de un hechizo sumamente complicado cuyo efecto genera una fuerza de energía positiva conocida como Patronus o espíritu protector. Este medio despliega una barrera de luz entre el mago y su atacante, protegiéndolo del peligro. En si, representa lo que está oculto, lo desconocido y abarca aspectos básicos de nuestra personalidad —agregó mientras se paseaba de un lado a otro del recinto—. Tal como Katsuki ha mencionado ya, es altamente complejo debido a dos motivos: hace falta tener un alto grado de concentración al momento de conjurarlo y, a si mismo, es necesario recordar bajo presión el momento más feliz que han experimentado jamás. Entre más intenso sea el recuerdo, mayores resultados obtendrán.
—¿Es cierto que hay quienes logran realizar un Patronus corpóreo? —preguntó Isabella sumamente interesada.
—Como dije antes, eso depende en gran medida de las habilidades del mago —le aclaró—. ¿Qué formas puede tomar? Lo ignoro. Cada uno de ustedes es distinto y quizá ni la mitad conseguirá siquiera alcanzar ese nivel todavía —JJ, entusiasmado, comenzó a contarles a los demás acerca de cómo su hermano pudo hacerlo sin mayor problema, y eso denotaba cierto poder mágico superior—. Por ahora vamos a enfocarnos en los movimientos básicos para realizar el encantamiento. Saquen sus varitas —pidió tras tomar la propia—. ¿Alguna pregunta antes de comenzar?
Nadie pareció tener dudas, y Victor sujetó la varita con firmeza bastante ansioso ante el tema a tratar aquella ocasión. Jamás había intentado hacer ese tipo de magia que, según tenía entendido sobrepasaba incluso el nivel de EXTASIS. Victor era bueno en Pociones y Encantamientos; solo esperaba no hacer el ridículo si fallaba la primera vez. Así mismo, a su lado Yuuri parecía por demás ensimismado en prestar la atención suficiente a las indicaciones, y el gesto le pareció muy adorable. Tras diez minutos de práctica inicial, el profesor se dispuso a llamar al frente a varios estudiantes con la intención de fungir como apoyo adicional mientras se realizaba el encantamiento. Los resultados, por supuesto, fueron muy diversos. Algunos no pudieron ni siquiera emitir algún vestigio de la luz plateada tan característica del Patronus, pues les resultaba imposible concentrarse en su recuerdo feliz intenso u bien erraban con el movimiento de la varita. Otros en cambio, apenas habían logrado emitir un suave resplandor que se apagaba al segundo siguiente dejándolos decepcionados.
—No se desanimen, chicos. Es completamente natural fallar las primeras veces, pero la práctica hace al maestro —añadió conciliadoramente—. Ahora bien…Morton, ven aquí —un jovencito larguirucho de aspecto enfermizo se puso en pie como si estuvieran solicitando su presencia para obligarlo a cumplir una condena especialmente horrorosa—. Tranquilo muchacho; nadie te va a morder —algunos soltaron risillas ante el comentario, mas el profesor los mandó a callar con gesto reprobatorio.
—¿En verdad es buena idea hacer esto? —tartamudeó apenas con voz audible—. Ni siquiera tenemos equipos de seguridad.
El profesor emitió un largo suspiro resignado. Morton era bien conocido por su apatía a las actividades que implicaran menos teoría y mayoría práctica en campo. Mas eso se debía mayoritariamente al extenso historial repleto de incidentes que parecían perseguirlo a dónde quiera que iba.
—Todos necesitan aprender, Morton —le animó lo mejor posible—. Vamos, colócate en posición. Eso es —el adolescente obedeció situándose frente al profesor con varita en mano. Los demás, expectantes, guardaron silencio mientras esperaban lo que vendría a continuación. Pero Victor realmente creyó que algo no saldría muy bien debido al poco autocontrol del Slytherin—. Cuando te sientas listo.
Morton tomó aire y lo demás ocurrió muy rápido.
—¡Especto Patronum! —casi gritó el chico a todo pulmón, sin embargo cometió el gravísimo error de agitar la varita como si blandiera una espada invisible, ocasionando en consecuencia que un potente estallido resonara violentamente dentro del aula arrancándoles gritos de horror a los presentes.
La gran mayoría, dejándose guiar ante sus propios instintos de supervivencia, procedieron a atrincherarse a toda velocidad bajo las mesas buscando así protegerse del impacto subsecuente, arrojando libros, plumas y pergaminos al suelo importándoles poco dónde pudieran aterrizar. Otros, entre tanto, creyeron buena idea levantarse despavoridos e intentar huir sin mirar atrás; algo inteligente si tomaban en consideración eran los que en ubicación se hallaban más cerca de a la salida. Victor en cambio, ignoró cualquier otra cosa a su alrededor y sin detenerse a pensar si era o no correcto, se abalanzó sobre Yuuri para ponerlo a salvo pues ellos fueron testigos desde primera fila cómo el profesor apenas tuvo tiempo suficiente de repeler el encantamiento mal ejecutado. Gracias al brusco embate, ambos perdieron equilibrio y cayeron irremediablemente en una fuerte colisión que les dejó sin aliento.
El ambiente se tornó caótico durante algunos segundos pues, a diferencia de ellos, Morton sí resultó herido. Debido a la brutal fuerza del impacto, el pobre chico había salido volado varios metros cual frágil muñeco de papel hasta impactarse contra un mueble que conformaba parte de la decoración del aula, cuyo contenido se le fue encima con un angustiante ruido de madera y cristales rotos. El único adulto presente corrió en su auxilio de inmediato, al mismo tiempo que varias cabezas se asomaban lentamente bajo los pupitres tratando de averiguar si era seguro abandonar el improvisado escondite.
—¡Vuelvan a sus lugares! —ordenó el profesor que, preocupado, ya se encargaba del desastre.
Pero Victor apenas logró escuchar la orden proferida.
Por la manera en que los dos habían aterrizado tras la repentina detonación, sin querer Victor terminó en una privilegiada posición dominante, pues Yuuri casi yacía recostado debajo de él. No lo hizo a propósito, aun así Victor le estaba imponiendo su altura y peso de tal forma al otro muchacho que lo dejaba en cierta medida vulnerable en sentidos poco éticos. Quizá tal hecho hubiera sido insignificante si aquella hubiese sido cualquier otra circunstancia o bien si se tratara de alguien más que no fuera Yuuri, sin embargo el Gryffindor, aterrado hasta los huesos, no dudó al apuntarle con la varita directo al estómago casi como si esperara cualquier tipo de comportamiento hostil para atacarlo. Confundido pues la amenaza implícita del acto era demasiado evidente, Victor comenzó a pensar a toda velocidad sin atreverse a mover un solo músculo por temor a cometer alguna estupidez que alterara todavía más a Yuuri, dándole pie a otro accidente de mayor proporción.
El chico de gafas parecía realmente determinado a lanzarle alguna maldición imperdonable si cometía un pequeño error de cálculo.
Lo supo porque los ojos ajenos lo miraban con tal repugnancia y horror, que a Victor le resultó imposible no resentir la hostil actitud pues seguía sin entender qué demonios gatillo tal actitud defensiva. Era muy consciente acerca de cuanta reticencia Yuuri solía tener en cuanto al trato interpersonal respectaba, pero esto ya era sobrepasar demasiados límites. El muchacho frente a él actuaba justo como cualquier animal asustado lo haría en una situación de peligro inminente: luchando para protegerse a si mismo e intentar sobrevivir. Anonadado, Victor se dispuso a ofrecerle disculpas y quitarse de encima, sin embargo Yuuri respiraba con tanta irregularidad que creyó se hallaba al borde de un ataque de pánico.
—Hey, solnyshko[1] —susurró modulando su tono con tal de infundirle tranquilidad. Yuuri se agitó alterado al oírle y ejerció un agarre casi doloroso sobre su varita—…solo soy yo —el Gryffindor parpadeó varias veces, como si de pronto saliera de una pesadilla espantosamente larga.
—¡Aléjate de mí! —gruñó entre dientes casi al borde de la histeria, dejándole muy en claro que lo decía en serio.
—Lo haré —discretamente, Victor elevó las manos mostrándole que no tenía malas intenciones—. ¿Ves? No hay nada que temer —pese a ello, Yuuri retrocedió a trompicones alejándose todo cuanto le fue posible—. ¿Te hiciste daño? —el aludido evitó responder tras levantarse y ocupar su lugar notablemente alterado—. Puedes hablar conmigo…
—Déjame tranquilo —pidió hastiado al girarse en dirección contraria, dispuesto a ignorarle justo igual a como solía hacerlo durante las primeras veces que mantuvieron interacción directa por mera casualidad.
Frustrado, Victor procedió a colocarse un largo mechón de cabello tras la oreja sintiéndose abatido, inseguro y sin ánimos para seguir insistiendo en un tema perdido porque sabía bien que difícilmente lograría obtener buenos resultados de continuar por ese rumbo. Yuuri era experto en esconderse tras gruesas murallas impenetrables si así se lo proponía. ¿Por qué pasó esto? ¿Qué hizo mal? ¡Si apenas se habían tocado, por Merlín!
—¡Escuchen! —el profesor volvió a captar la atención luego del improvisado rescate de Morton, quien sangraba profusamente de un corte en su frente—. Necesito llevar al señor Morton a la enfermería. En mi ausencia ustedes deberán seguir practicando el giro básico del encantamiento. No quiero más incidentes hoy, ¿queda claro? Uno ya ha sido más que suficiente.
Luego sujeto del brazo al magullado Slytherin y se retiraron.
De pronto un sepulcral silencio recayó dándole al ambiente cierta sensación poco agradable tras lo sucedido. Victor, aferrándose a las pocas esperanzas que todavía le quedaban intactas en cuanto a Yuuri respectaba, creyó prudente dejarlo en paz por un buen rato permitiéndole aclarar a solas sus ideas e intentar fomentar algún otro acercamiento después, una vez los dos se calmaran. Empero, su precaria resolución se fue a la basura pues JJ, ante la ausencia del profesor, creyó buena idea comenzar a lanzarle borlas de papel a Yuuri, las cuales seguro contenían mensajes ofensivos. El joven de gafas, demasiado afectado para atreverse a levantar la cabeza de entre sus brazos los ignoró categóricamente, mas Victor interceptó unos cuantos creyendo que había tenido suficiente.
Y una profunda indignación le recorrió cual hiel al darse cuenta que dentro del arrugado pergamino JJ se atrevió a dibujar una burda parodia de Yuuri, mientras este conjuraba un Patronus corporeo con forma de cerdo. Además, el trozo de papel amarillento estaba encantado porque se movía repitiendo un mismo patrón varias veces.
Bien, Victor ya no lo soportaba más.
—¿Cuál es tu maldito problema? —en cuanto se puso a la defensiva, Chris inmediatamente se puso alerta pese a la distancia entre ambos—. ¡Creí haber sido muy claro contigo, Leroy! Si te metes con Yuuri también tendrás que vértelas conmigo —amenazó al hacer pedazos la broma pesada del Slytherin.
—Y yo recuerdo haberte dicho que no es de tu incumbencia, Nikiforov —refutó, e inmediatamente algo pareció causarle mucha gracia puesto que le regaló una sonrisa cínica poco elocuente—. A menos que mi actitud te moleste tanto porque tu novio ya fue a hacerse la víctima contigo —se burló. Yuuri, a su vez, se tensó pues escuchaba cada palabra fuerte y claro.
Indignado ante la maliciosa insinuación, Chris también se inmiscuyó en el asunto más que dispuesto a ponerle un alto a JJ. Victor agradeció en silencio tal muestra de apoyo incondicional, porque consideraba a Christophe como al primer y único amigo con el cual podía contar a ojos cerrados en Hogwarts.
—Eres un…—comenzó, mas Victor lo interrumpió al segundo siguiente.
—¿Qué si fuera así? —le retó con total desfachatez—. ¿Acaso crees que me ofendes al poner en tela de juicio mi sexualidad? No me subestimes, Leroy —le recomendó de buena gana—. Y aquí entre nosotros, sería el chico más feliz del planeta entero si Yuuri decidiera considerarme de tal modo. Él vale mil veces más de lo que tú podrás soñar jamás.
Ofendido, JJ estrelló los puños sobre la butaca de madera produciendo un sonido seco que asusto a varios. Decidido a hacerle frente sin importar que pudiera ganarse un castigo después por fomentar un conflicto directo intencional con otro estudiante, Victor elevó la barbilla orgullosamente sin dejarse amedrentar. ¿Qué más podía perder? Nada, concluyó. Sin embargo, ninguno se movió porque Isabella, enfadada ante las provocaciones, decidió meterse en la conversación tal como la última vez, pues no dejaría que humillaran a su novio de tal forma.
—Si supieras lo que le ha hecho a la familia de Jean, no afirmarías eso con tanta convicción —ella le recriminó, y Victor notó cómo Yuuri se estremecía ante la idea de que aquella pieza de información se convirtiera en algo de dominio público—. Yuuri Katsuki no es más que un vil mentiroso, un embustero sin vergüenza y alguien debería desenmascararlo. ¿Por qué sigues empeñado en aferrarte a tus horribles artimañas, ah? —ella siguió contraatacando—. ¿Qué pasaría si decidiera contarle nuestra versión a tu nuevo guardaespaldas?
—¡No puedes hacer eso! —para todos fue una inmensa sorpresa cuando Yuuri se atrevió a enfrentarlos—. ¿Qué les da derecho a ser tan crueles? —quiso saber ya sin fuerzas. Estaba hecho un desastre de emociones reprimidas, y la culpa aguijoneó a Victor ya que era enteramente su responsabilidad.
—Eso sin dudas sería muy interesante —la voz de Chris se elevó fuerte y clara pues creyó preciso intervenir, e Isabella se percató al fin del error cometido—. ¿Qué pasa? No te quedes callada y dilo —ahora Chris se empecinaba en presionar a Isabella, puesto que Leroy parecía sumamente mortificado ante su total falta de prudencia—. Si lo haces quizá de ése modo vamos a poder terminar por fin con toda esta basura. Pero te recomiendo meditarlo bien, Bella —agregó sarcástico—. Si decides abrir la boca, pase lo que pase deberás atenerte a las consecuencias porque tu flamante novio también se verá afectado. ¿Es realmente lo que quieres? —le dio la opción a elegir—. Apuesto que todos los presentes amarán escucharte y no dudarán en esparcir por todo el colegio la gran noticia.
Ella se mordió el labio inferior mostrándose insegura.
—¡No! —desesperado, Yuuri casi se tropezó en su frenético afán por evitar a cualquier precio que Isabella contara la verdad, cultivando más dudas no solo en Victor, si no también en los demás ahí presentes—. Por favor…—suplicó al borde de las lágrimas.
Victor siempre se consideró un chico inteligente, desde temprana edad habían enseñado a través del tiempo cómo se suponía que debería actuar bajo presión y tomar las mejores decisiones en pos a salvaguardar su propia seguridad o la de quienes le rodeaban, pero justo en ese instante su sentido común parecía haberse atrofiado. Ya comenzaba a sospechar que la información que le fue dada por Chris días atrás apenas rozaba la precaria superficie del verdadero problema entre JJ y Yuuri, cuyo trasfondo le olía a podrido. Por obvias razones el asunto iba más allá de una tonta rivalidad entre casas u alguna ofensa deliberada personal. Yuuri estaba aterrado. Temblaba incontrolablemente y apenas lograba mantenerse en pie ante la amenaza de revelar un secreto de tal envergadura. ¿Qué rayos le había hecho Ethan Leroy a Yuuri para infundirle miedo a tal grado?
Sin saber qué otra cosa podía hacer, Victor se arriesgó a sufrir un rechazo quizá el doble de violento y sujetó a Yuuri impidiéndole avanzar, porque si por algún motivo se le ocurría tocar a Isabella los dos ternarían metidos en una pelea cuyas consecuencias Victor no quería ni comenzar a cuantificar. Sin embargo, Yuuri difícilmente se quedó quieto; antes bien luchó contra él en cuestión de segundos con la evidente intención de liberarse, sorprendiéndolo ya que jamás imaginó que poseyera tal fuerza física engañosa.
Y de pronto a nadie le importó a cuál casa pertenecían; ya no aguantaban seguir presencia tal injusticia.
—Ya basta, Isabella —reprendió un chico de Slytherin—. No es divertido.
—¡Cállate y déjame pensar! —Victor le deseó buena suerte; dudaba que pudiera lograrlo. .
—¡Suéltame! —gritó Yuuri casi desgarrándose la garganta—. Debo ir con McGonagall...
—Anda —Chris siguió insistiendo con marcada frialdad—. Termina lo que iniciaste —JJ le envió un gesto de total urgencia a la chica, la cual poco después se resignó y bajó la cabeza echándose atrás en el último segundo—. Eso creí.
En cierta medida, a Victor le alivió que Isabella mantuviera la boca cerrada, aun así Yuuri resintió los altos niveles de ansiedad a los que fue sometido pues lentamente perdió noción sobre si mismo. El cuerpo del Gryffindor se tambaleó inestable, y si Victor no lo estuviera sosteniendo la caída hubiese sido muy dura.
—¡Yuuri! —preocupado, Chris corrió siguiendo el pequeño pasillo aledaño a cada hilera de butacas hasta darle alcance a su compañero y amigo—. Yuuri —volvió a llamarlo sin éxito—...vamos, reacciona.
—Está ardiendo en fiebre —dijo Chris tras tocarle el rostro percibiendo la notable diferencia entre temperaturas—. Hay que ir a la enfermería —el ruso apenas se movió—. ¡Apresúrate! —sin perder tiempo, Christophe ayudó a colocar a Yuuri sobre la espalda de Victor facilitándoles el transporte de un sitio a otro lo más pronto posible.
Y sin detenerse a brindar explicaciones, abandonaron el aula.
A Victor se le partió el corazón por verlo en ese estado tan deplorable, sobre todo porque aun en medio de la fiebre Yuuri siguió reticente a permitir que aquel oscuro capítulo de su historia saliera a la luz, porque balbuceaba débiles ruegos mezclados con llanto. Y mientras caminaban a toda prisa entre los pasillos del colegio, el de ojos azules no pudo evitar que su mente trabajara dos veces más rápido. Algo andaba mal ahí, este asunto parecía esconder algo en extremo delicado si alcanzaba tales consecuencias. Angustiado, Victor sostuvo a Yuuri con firmeza, casi como si temiera que en cualquier segundo pudiera desaparecer.
¿Qué rayos estaba sucediendo, maldita sea?
