He vuelto, pero no por mucho tiempo...

Más abajo os hago las aclaraciones, solo puedo decir lo de siempre, que necesito tiempo.

PD: El esquema de CB va en marcha.


Episodio 15: Venganzas, movimientos estúpidos y charlas en confianza, ¡con más Bourbon!

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El despacho estaba completamente vacío, se trataba de un loft de unos ochenta metros cuadrados compuesto solo por un gran escritorio y con paredes cubiertas de cristales espejo, a parte de todo eso el lugar estaba completamente vacío, a excepción de la presencia de una muchacha rubia con el cabello recogido en una coleta de caballo y vestida con un traje entubado de color chocolate.

La imagen de la perfección, de la belleza norteamericana. Todo sumido en un completo silencio, lo único que se escuchaba era el sonido de las teclas al ser pulsadas de forma frenética; como si tuviesen vida propia. La rubia se pasó una mano por su rostro y releyó lo que había escrito una vez más, no le convencía, no estaba como ella quería y tenía que estar perfecto, por lo que sin dudarlo borró los últimos tres párrafos y empezó a reescribirlos, casi sin darse cuenta lo estaba leyendo en voz alta, otra vez.

Sabía lo que estaba pasando, ¿no estaba quedando como ella quería?, podía ser, pero la posibilidad más cercana era que no estaba en donde tenía que estar, que su cabeza no estaba allí, sino a cientos de kilómetros de distancia, seguramente escondida en su cuarto, debajo de las almohadas o peor aún, en sus recuerdos llorando desconsoladamente como una niña pequeña. Frunció el ceño y cerró su laptop, ya tendría tiempo de revisar eso más tarde, todo podía esperar.

Necesitaba tiempo para pensar, para recapitular lo que había pasado en los últimos días y si había valido la pena o no, traer a Elena Gilbert a su vida, ni siquiera tenía claro para qué estaba ella allí, ¿no la iba a usar para desprestigiarla? ¿avergonzarla? ¿denigrar su cuerpo? si era así, ¿a qué estaba esperando? era tan sencillo como recoger sus cosas irse a casa y buscar a la chica Gilbert, usarla como un trozo de carne y después dejarla tirada, lloriqueando, si, era perfecto. Tomó su teléfono, pero entonces dudó, su mano tembló. Le había cortado a Damon en las narices cuando este le había abierto su corazón de par en par, sabiendo que ella le heriría de nuevo. Miró el fondo de pantalla, ahí estaba, esa imagen de la playa, con ambos abrazados, los cuerpos de ambos fundidos en uno, su brazo rodeando su cuello, su pierna enredada a la suya y esa maldita sonrisa de cien mil voltios. Hope y Damon, la pareja del año. La foto era un montaje, ambos lo habían preparado debido a que Mikael, su padre, necesitaba que el mundo viese que su herencia estaba en buenas manos, que los Mikaelson continuarán su legado, incluyendo aquí a Damon Salvatore. Cuando los paparazzi le mostraron el robado, Hope se negó a que eso saliese a la luz, pagó el doble que su padre para que las fotos desaparecieran de su vista y de la del mundo. Era demasiado real, por lo menos en su caso, estaba sonriendo como nunca y esa maldita sonrisa alcanzaba sus ojos, no podía dejar que esa imagen llegase a las manos de gente como Damon o Klaus, porque ahí sería cuando estaría perdida, cuando no había una oportunidad para que Hope Mikaelson triunfe.

Sería su fin, sería como ponerse una soga al cuello, como un suicidio, pasó el dedo por encima del rostro de su prometido, amaba esos profundos ojos azules, hacía un tiempo podía permitirse perderse en ellos, sumergirse en ese océano y alcanzar su alma, ahora, simplemente era incapaz de ver algo más que ira y oscuridad en ellos. Cerró sus ojos y soltó el teléfono de un golpe seco en el escritorio, ¿cómo había llegado tan lejos con esa locura? Damon tenía razón, tenía que dejarle ir, que se marchara, pero entonces sería como condenarse a sí misma, le necesitaba, era su apoyo, lo único que le quedaba para levantarse todas las mañanas y continuar con esa farsa.

Lo que seguía sin comprender era porque Damon continuaba allí, le había dicho que seguía estando enamorado de ella, cosa que no comprendía ni le entraba en la cabeza, Hope no era la misma Hope que él conoció, ¿cómo es posible amar a alguien que ya no es ese alguien? ni siquiera tenía sentido en su cabeza, nunca se había querido parar a pensar mucho en ello, Mikael chantajeaba a Damon para que permaneciera a su lado, eso estaba claro, pero no podía ser suficiente para que el se quedase a su vera, aguantando, viendo como todos sus seres queridos desaparecen de su lado, esta vez había sido Camille, pero, ¿quién iba a ser el siguiente?

Sería muy sencillo ignorar todo eso, llamar a Damon y decirle que estaba enamorada de él, que aún había una oportunidad para su relación, para hacer borrón y cuenta nueva, tomar un avión e ir a donde él quisiera, incluso al fin del mundo, pero es cuando ella tendría que enfrentarse a sus demonios, a Klaus Mikaelson y como le había jodido la existencia desde el primer momento que le conoció.

Un rayo de luz atravesó la habitación completamente oscura, se fue extendiendo hasta alcanzar la figura encorvada escondida en una esquina, entre la mesilla de noche y las sábanas de la que era su cama, la muchacha, de cabellos dorados como el sol y de piel cristalina temblaba cual hoja de papel, estaba llorando, seguía llorando desde la noche anterior, no podía parar de llorar, era incapaz de hacer otra cosa que no fuese sumergirse en un mar de lágrimas, podía sentir cómo su cuerpo convulsionaba, se alejaba de ella, había perdido el control.

El sonido de unas pisadas captó su atención, se quedó quieta por primera vez en la noche, agudizó el oído, rogando al Cielo que no se dirigiese hasta donde se encontraba, sabía que en cualquier momento su ama de llaves vendría a despertarla, a decirle que "quien madruga, Dios le ayuda" con esa sonrisa suya tan falsa y arrogante, desde que estaba allí, encerrada no se había preocupado por el servicio o por lo que este pudiese pensar de una muchacha como ella, pero hoy, su aspecto demacrado, sus ojos rojizos e hinchados, no, no estaba preparada para enfrentarse a nada eso, quería quedarse allí, a llorar, a que la tierra decidiera recuperar su alma, no tenía ninguna obligación a primera hora de la mañana, podían dejarla ir, como si no existiese.

Pero por supuesto, para que eso pasase el destino tendría que estar de su parte.

Señorita Mikaelson, es hora de levantarse… se acercó hasta su cama, las sábanas estaban revueltas, pero Hope se encontraba en el suelo, envuelta en una y lo suficientemente oculta para no ser descubierta.Oh, santo Dios…

La mujer se llevó las manos a la boca, no fue ver a la chica tirada en el suelo, en una esquina lo que captó su atención, sino el color burdeos que decoraba las sábanas de color blanco crudo, Hope ni siquiera fue capaz de alzar la cabeza para disculparse o para defenderse, daba igual la edad que tuviese, se seguía sintiendo una niña indefensa que lo único que quería era correr y correr hasta llegar a su casa, junto a su mamá.

Pero era imposible, su mamá no estaba, ni tampoco su oportunidad de salir huyendo. El ama de llaves se acercó hasta ella, como si quisiera comprobar su estado, pero no fue así, simplemente se acercó para arrebatarle la sábana y comprobar por ella misma si lo que había en las sábanas era su sangre o no. Estaba casi desnuda, solo llevaba una camiseta blanca puesta, ni ropa interior ni nada que cubriera sus partes íntimas, cubiertas de sangre. No era algo exagerado, eran unas simples gotas las que decoraban sus ingles y las sábanas, pero es que había sido tan bestia la noche anterior, que solo de pensarlo, mandaba escalofríos por todo su cuerpo, empezó a balbucear pero las lágrimas le impidieron continuar, porque solo de recordar cómo había entrado, como la había cogido y tomado allí mismo, como si se tratase de un animal en celo, había llorado, suplicado por culpa del dolor, pero no se había detenido, había continuado hasta correrse en su interior; por su cuerpo aún podía verse las marcas o los restos de semén, pero esa mujer no parecía preocupada por su estado, sino por lo que eso significaba, porque no dudó en salir corriendo, en gritar a los cuatro vientos que la honra Mikaelson estaba por los suelos, como si aún estuviesen en la Edad Media.

Hope no se movió ni un ápice, solo tomó la sábana y se tapó con ella, estaba demasiada cansada como para preocuparse de las consecuencias.

Mikael, salió de su despacho al escuchar las voces del ama de llaves, la mujer encargada del bienestar de su hija, el sonido no solo alteró al dueño de la casa, sino también al menor de los Mikaelson que estaba desayunando en el salón medio dormido. Mikael le advirtió que no se moviese de allí, como si Kol tuviese otra intención.

¿Se puede saber qué le pasa, señora Flowers? la mujer no pronunció nada con sentido, pero no hizo falta, ya que le señaló la habitación de la señorita Hope. Mikael nunca se imaginó que el problema fuese a ser tan grave, esperaba cualquier cosa, que la chica estuviese aún dormida o incluso que no estuviese en la cama y hubiese salido la noche anterior, realmente no entendía el drama, por lo menos no hasta que cruzó la puerta y se encontró con las sábanas y con una muy cansada Hope.

Mikael atravesó la habitación espantado.

Pequeña… -se acercó hasta ella, la chica reaccionó por fin al descubrir quien estaba a su lado, se apartó asustada y avergonzadaCalma, estás a salvo.

Lo… lamento tanto… daba igual que llevase allí casi tres años, cuando la chica se ponía nerviosa mezclaba su idioma con el inglés, llegando a causar una gran confusión, Mikael la abrazó, no era una persona que demostrase públicamente sus sentimientos, muy pocos conocían esa faceta humana de él, pero le había prometido a la madre que siempre estaría a salvo, y esta vez, la había roto casi sin darse cuenta. Durante unos minutos la chica lloró sin parar, como si no hubiese un mañana.

¿Quién ha sido? susurró en su cabello, la muchacha se tensó— .Te protegeré, cariño. Solo dime un nombre y tendrá los días contados.

Nik…

Y el silencio se hizo. Nada de lo que vino después fue del agrado de Hope, la pequeña se había pasado toda la noche en vela, llorando desconsolada, temiendo las represalias de esa familia que aún desconocía, y cuando creía que estaba a salvo, que las palabras de su padre eran reales, Mikael rompió sus esperanzas. Klaus no había sido, decía, incluso lo llamó, el chico tenía coartada, e incluso se atrevió a decir que Hope no estaba bien de la cabeza, que se pasaba el día y la noche detrás de él, montándole escenitas, que seguramente se habría buscado a un tipo para que la follase.

Hope no daba crédito.

El viaje en coche fue tranquilo sin ningún tipo de contratiempo. Enzo había decidido irse con su propio vehículo por lo que no tendrían que dar ninguna explicación si tomaban el mismo ambos, pero aún así permanecieron en silencio la mayor parte del trayecto, solo conversaron debido a una canción que salió en la radio, mientras Elena opinaba que la canción era mejor en la versión original, Damon era de los que opinaba que las canciones grupales eran mucho mejor. Pero aparte de eso, no hubo ningún intercambio verbal más, simplemente se quedaron ahí, mirando a la carretera, o por lo menos en el caso de Damon, porque Elena era incapaz de mirar al frente sin que sus ojos se desviaran al perfil de Damon, el chico estaba muy serio, pero por lo menos esa aura de tensión no estaba allí, estropeando su belleza.

Elena estaba cansada de luchar consigo misma, Damon estaba bueno, era sexy y era un crack en la cama, eso no podía negarlo más, y cada vez que estaba cerca de él quería lanzarse a sus brazos, perderse entre sus labios y no salir nunca de su cama, pero claro, Damon seguía siendo un Salvatore -que eso no era un problema, el problema estaba en lo que significaba ser él- que iba detrás de Hope contradiciendo sus propios ideales.

— ¿En qué piensas? — la chica le lanzó una mirada extraña.— ¿Qué? puedo ver como sale humo de tus orejas, vas a fundir tu cerebro.

Damon aparcó en la calle principal, Elena aprovechando ese momento miró por la ventanilla, no estaba dispuesta a decirle en qué estaba pensando, una cosa era tener un entendimiento y otra muy distinta es ser tan estúpida como para contarle todo lo que pasase por su cabeza. Se concentró en el lugar, no necesitó darle muchas vueltas para saber de qué le sonaba, se encontraban en el apartamento, en ese donde había estado pasando la noche, donde el muchacho de recepción casi le da un infarto, ¿en serio iban a quedarse allí? ¿eso no pertenecía a Enzo? no iba a hablar con Damon con ese idiota de su abogado delante.

El chico pareció escuchar sus pensamientos, porque con el juego de llaves en la mano le sonrió de forma provocadora, ¿lo hacía apropósito?

— Enzo tiene que encargarse de unos informes en su bufete, esto… -— señaló el lugar.— Es tan mío como suyo…

— Si, bueno, me hago una idea. — dibujó una mueca de fastidio, no le agradaba la idea de que el chaval pudiese aparecer en cualquier momento, con lo sensible que estaba últimamente sabía lo que podía pasar si alguien se interponía en su camino. Podría haber sangre.

Subieron las escaleras, Elena no se quejaba, pero Damon sabía que su cuerpo estaba lleno de moretones y que algunos le dolían bastante, la cara que había puesto cuando los celadores la tomaron en brazos demostraba que estaba dolida pero que no iba a decir ni una sola palabra, estuvo a punto de ofrecerle tomar el ascensor, pero sabía lo que Elena le iba a responder, que se fuese a tomar por culo si quería.

Sonrió divertido.

— ¿Quiero saber de qué te estás riendo? — se dio la vuelta, pero Damon no se detuvo, dio un paso al frente, quedando ambos a la misma altura, pero eso no la frenó a seguir con su pose tipa dura.

— ¿Te funciona?— le preguntó con cuidado, no es que temiera su reacción, es que le gustaba hacerla dudar con su calma fingida, ella lo sabía y se cabreaba aún más.— Eso de ser… una hija de puta.

— No soy una hija de puta. — le aclaró amenazante, pero Damon estaba demasiado cerca, las escaleras demasiado empinadas, podían caerse pero eso no parecía importarle en absoluto.— Simplemente soy realista.

— No tiene ningún sentido, señorita Gilbert.

— Si que lo tiene, tu haces lo mismo.

— No hago lo mismo, nunca he sido un hijo de puta, no contigo.

— Pues entonces no quiero verte siéndolo — le sonrió en broma, quiso apartarse y continuar su camino, pero el chico la retuvo—. Damon, nos vamos a caer.

— Hemos llegado a un entendimiento — Elena asintió de forma automática —. Simplemente estoy haciendo uso de él. ¿Vamos por el ascensor?

— ¿Cómo…? — negó con la cabeza.— ¿Toda esta tontería para subir por el ascensor? Damon, solo dilo.

— ¿Tan fácil? — se acercó aún más, Elena no pudo seguir así y tropezó, pero el chico la mantuvo aferrada y tiró de ella hasta tenerla pegada a su cuerpo.— Wow, está empezando a acobardarse, me parece.

— Que tonto eres…— se deshizo de su agarre, pero sostuvo su mano, como una forma de aclararle que ella no era la cobarde en esa historia, pero Damon no estaba para analizar sus movimientos, estaba demasiado perdido en esa sonrisa, en cómo sus ojos brillaban con luz propia, le gustaba verla sonreír, le recordaba a esa noche en el bar, a esa noche donde Damon estuvo a punto de cometer una locura: huir.

Esa noche había querido huir a cualquier lugar del mundo y eligió ese bar para pensar, nunca se imaginó que allí, en medio de la nada, encontraría una nueva luz, en cuanto sus ojos se cruzaron con ella quiso salir huyendo, porque ver luz es como adentrarse en la oscuridad a ciegas, sin un salvavidas, pero ahora que estaba allí, caminando como un idiota hasta el ascensor, no lo tenía todo tan claro como en su momento pensó.

Entraron en el elevador, estaba repleto de espejos, para hacer el viaje menos pesado, pero Elena no pensaba lo mismo, estar encerrada en un par de metros cuadrados con cuatro reflejos del señor del Bourbon era como meterse un chute de heroína, un suicidio.

Y él lo sabía, porque ahí estaba esa sonrisa arrogante pintada en su rostro, no quiso darle más importancia, pasar desapercibida, pero estaba tan cansada de hacerlo, que le sonrió a su reflejo en el cristal y se lanzó contra él.

Contra el verdadero Damon por si cabía alguna duda.

Sus labios se encontraron con rapidez, sus manos se enredaron en su cabello y ambos, totalmente sincronizados, se lanzaron de boca al vacío, porque eso era besar a Damon, lanzarse a la nada, a la plena oscuridad sin saber si había alguna salida o no. Damon no estaba dispuesto a darle más vueltas al asunto, porque besar a Elena era como beber del elixir eterno, como perderse en una espiral de autodestrucción.

Sus lenguas batallaban sin misericordia, la ropa empezó a sobrar, Damon pegó a Elena contra los cristales, mientras le abría la camisa de un golpe seco, la chica ahogó un gemido y sus piernas se enredaron en la cadera de Damon, mientras este, sin dudarlo ni un segundo, regaba con sus labios un camino de besos húmedos, desde su cuello hasta el comienzo de su pecho, atrapó uno por encima del sujetador y lo apretó con fuerza, mientras ambos descendían en una espiral de pasión y de tentación.

La chica se mordió el labio en un intento patético de ahogar una exclamación, Damon era tan salvaje, tan… animal. Como pudo buscó a tientas la hebilla del cinturón del pantalón de Damon, realmente era incapaz de hacer un movimiento correcto, pero el señor del Bourbon se encontraba en la misma situación. Sumidos en su burbuja, el sonido del ascensor fue como una jarra de agua fría recorriendo el cuerpo de ambos. Se miraron a los ojos, hielo contra fuego, Damon fue el primero en dar un movimiento, la apartó de un empujón seco, Elena totalmente pegada a la pared, sonrió de forma lasciva.

Un grupo de personas, una familia y dos muchachos entraron en el cubículo en ese momento, varias personas se quedaron atrás al ver la escena, o lo que quedaba de ella, de la pareja. Tanto Damon como Elena se apartaron el uno del otro, totalmente avergonzados.

Los dos chicos, de unos quince o dieciséis años, se lanzaron miradas divertidas y poco respetuosas, pero Elena no estaba dispuesta a dejarse llevar por eso, por lo que decidió concentrarse en otra cosa, que no fuesen esos críos o la mujer que intentaba que su marido y su hija miraran en su dirección o la de Damon, fue en ese momento cuando le lanzó un rápido vistazo, el muy desvergonzado sonreía cual cabrón, tenía la camisa arrugada, los pantalones medio caídos de una forma muy sexy, y podía verse perfectamente el tamaño de su erección, por unos segundos se permitió imaginarse la escena, los dos encerrados en el elevador, enredados y follando duro contra el cristal, se mordió el labio con fuerza, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los de Damon quiso morir. El chico se relamió los labios, y con gesto sugerente la señaló.

Elena frunció el ceño y estuvo a punto de soltar una bordería cuando Damon comenzó a reír a carcajadas, quiso golpearle, no entendía a qué venía esas risitas, no cuando estaban rodeados de completos desconocidos, pero entonces sus ojos recayeron en su aspecto, camisa desabrochada, dejando al descubierto su sujetador de encaje, su falda medio subida y el cabello hecho un desastre. Por no hablar de su rostro, no necesitaba mirarse al espejo para saber que estaba rojo como el tomate.

Definitivo, odiaba a Damon Salvatore.

En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en la planta donde se encontraba el loft de Enzo, Elena salió disparada del lugar, había sido el viaje más largo de toda su vida, los dos peores minutos de su existencia efímera. Roja como un tomate, dio esquinazo a una pareja que intentaba entrar y a las dos personas que aún quedaban dentro, podía sentir la mirada de Damon en su espalda, en su cuerpo entero, estaba cansada de parecer un trozo de carne con piernas, iba a golpear a Damon, en cuanto los dos estuvieran solos y sin público lo mataría con sus propias manos, o tal vez haría uso de sus tacones, los cuales estaban en sus manos en esos mismos momentos.

No llevaban ni una hora juntos y ya estaba buscando una manera de ocultar el cadáver, ¿cómo iban a llegar a un entendimiento si no podían estar ni dos minutos juntos sin intentar matarse, o peor aún, dejándose llevar por la lujuria? porque eso era lo que había sucedido, se habían dejado llevar por el sexo, ese sexo tan fantástico que tuvieron hacía meses, si, ese maldita sensación estaba ahí, tirando de ambos, convirtiendo a la pareja en dos animales lascivos, no pensaba dejarse llevar nunca más, aunque le costase la misma vida.

Ni de broma.

Damon se mantuvo en una distancia prudencial, podía notar como la chica estaba tensa, parecía una bomba apunto de estallar y no pensaba quemarse, no por estar demasiado cerca. El pasillo en donde se encontraban no era muy extenso, pero si lo suficiente como para que ambos tuvieran que caminar un buen trozo. Elena se quedó quieta en la puerta y se dio la vuelta, dispuesta a enfrentarse a su acosador.

— ¿Qué? No me mires así. Me necesitas —le señaló la llave que pendía de sus dedos, Elena clavó la mirada en el llavero, como si pudiera atraparlo sin levantar un dedo—. Anda, déjame sitio.

— Te odio.

— Diría que es mutuo — comentó mientras abría la puerta, se tomó su tiempo, cosa que irritó aún más a la chica—. Pero no es verdad.

— Oh qué considerado — graznó cuando le dejó pasar primero. Ya había estado allí antes, horas atrás, pero aún así su impresión fue exactamente la misma, un lugar hostil, desconocido. Damon la siguió de cerca, y eso empezaba a sacarla de quicio, no le gustaba tenerle tan pegado a su espalda, era ridículo y peligroso, no por ella, sino por él, en cualquier momento podría girarse y pegarle una paliza, sonrió al pensar en esa posibilidad y se quedó parada en lo que sería el centro del piso, miró el sofá donde había descansado y recordó la noche anterior—. Gracias.

— Wow, te ha costado… — susurró, pero al estar tan cerca el uno del otro fue como si le hubiese hablado en el oído, se estremeció— Elena, siento lo de Marcel… seguramente Hope…

— No voy hablar de eso. Me da igual —se dirigió al sofá, realmente necesitaba sentarse, aunque sabía perfectamente que si se sentaba no iba a poder levantarse—. Hemos venido aquí… no sé ya ni para qué.

— Se supone —se sentó con ella, pero dejando un buen espacio de diferencia, Elena le miró un momento, sus ojos azules brillaban con fuerza y aunque dolía se sentía segura a su lado, como nunca antes se había sentido, sonrió, una sonrisa apagada y dolida—. Que hemos venido a hablar, de ti… de Klaus, de todo esto.

— ¿Qué es todo esto, Damon? —musitó recostando la cabeza, con cuidado, entre los cojines, cerró los ojos al sentir la suavidad y como esta mandaba descargas eléctricas por todo su cuerpo, frunció el ceño, ¿cómo podía doler eso más que pegarse contra el ascensor o salir corriendo escaleras abajo? no tenía ningún sentido, tal vez era eso lo que llaman adrenalina.

Damon la miró como nunca antes lo había hecho, parecía tan pequeña y frágil ahí, tumbada en su sofá, que realmente quería protegerla, abrazarla y apoyarla para que nunca más estuviese sola, alzó una mano para acariciar su rostro y apartar su cabello, pero el gesto quedó en el aire, porque en cuanto los ojos café de Elena se posaron en él, recordó el porqué estaban allí y porqué no debía estar haciendo lo que quería hacer.

Se removió incómodo, pero mantuvo la compostura.

— Dime, Elena, ¿cómo conociste a Klaus?

— ¿De verdad? —rió cansada— ¿Vamos a hablar de eso?

— ¿No íbamos a fingir que nunca nos abandonamos? ¿Qué después de esa noche de sexo salvaje, no fuimos a desayunar juntos y a conocernos? Vamos, será divertido —puso su mano sobre su rodilla, el contacto con su piel fue abrasador pero al mismo tiempo le dio la energía para arriesgarse, como pudo se incorporó, hasta cruzar las piernas.

— Ok. Señor del Bourbon… mi nombre es Elena, y mi historia no es la de un cuento de hada, ¿sabe? todavía tiene la oportunidad de salir corriendo por donde ha venido— comentó alegre, el chico soltó una carcajada sincera, ¿acababa de llamarle…? ¿en serio?—. No te rías, ¡aún no he dicho nada gracioso! ¿Sabes? soy graciosa, muchísimo.

— Ya lo veo… —se limpió una lagrimita— Bien, chica…

— No lo intentes, no eres bueno con los apodos —le picó al ver que se había quedado pillado en mitad de la frase, Elena había creído por un momento que lo que le pasaba a Damon es que no sabía inventarse un seudónimo, pero lo que pasaba, era lo que realmente significaba hacer eso, jugar, reír y fingir que no existe el mañana, era lo que había hecho con Hope durante ese verano que marcó su vida— ¿Señor del Bourbon?

— Princesa, tengo un nombre… y es Damon.

— Pues Damon, quería decirle que como me llame de nuevo "princesa" le partiré la cara, o mejor, le cortaré el miembro y no podrá procrear nunca más.

— Igualmente no puedo… — la cortó, aunque no era su primera intención hacerlo, pero Elena no supo cómo reaccionar a eso, ¿hablaba en serio?

— ¿Qué? —se quedó pasmada, no esperaba para nada esa revelación— No es una cosa que se diga en una cita… yo… no sé qué decir.

— No importa. Me gusta intentarlo, ¿sabes? es divertido.—se mordió una de las uñas de los dedos, Elena no le quitó ojo de encima.

— Pero, ¿has ido al médico? quiero decir, ¿estás seguro que eres tu el que tiene el problema? —Damon clavó sus ojos azules en los de la chica, estuvo a punto de soltar una tontería cuando vio la sinceridad en su mirada, no intentaba insultar a Hope, sino ayudarle.— Normalmente el problema es del hombre, Hope y yo… dios, tendría que explicarte quién es Hope, y tu me tendrías que decir que la conoces de antes y…

— Es verdad, estamos jugando —se recordó—. Bueno, Damon, ¿qué pasó? ¿cómo supiste que tenías ese problema?

— Con mi… novia fuimos al médico, nos hicieron unas pruebas, descartaron las más evidentes, hasta que me diagnosticaron que soy estéril. No totalmente, pero lo suficiente como para… ya sabes…

— Es una pena. Digo para que fueseis al médico, tuvisteis que querer tener un hijo, ¿lo andabais buscando? —ambos se quedaron mirándose, fijamente. Estaban superando una línea y Elena no iba a echarse atrás.

— No hagas como que estás interesada, Elena. Solo quieres saber cómo atacar a Hope.

— Ni siquiera la conozco, Damon — le devolvió el golpe— ¿No se supone que íbamos a llegar a un entendimiento? me estoy tragando mi veneno por esto.

Damon negó con la cabeza pero le contó la historia, por encima. Hope y él no andaban buscando a un niño, pero quedaría bien como una forma de afianzar los lazos familiares, una imagen perfecta para los negocios, no estaban casados aún, pero ya habían anunciado su compromiso, un embarazo sería el salto que ambos necesitaban para consolidar toda esa locura, no le contó que para ese momento, Damon se creyó que Hope le amaba y que tenían una oportunidad para ser felices, pero tampoco había que ser muy listos para darse cuenta de la realidad.

Elena le habló de Klaus, cómo apareció como un príncipe de la nada una mañana terrible en la biblioteca, como fue tan dulce y encantador.

— Tuve un terrible día. El peor con diferencia, y él apareció, ya le había visto antes por la zona, pero ahí estaba, con esa sonrisa y con sus ideas revolucionarias, fuimos amigos durante mucho tiempo, no lo veía de otra forma, hasta que me besó. No se disculpó, me puse furiosa, porque por una vez había conseguido a alguien que estuviese a mi lado, a un buen amigo, y él lo estropeó. Que equivocada estaba. Aún no había estropeado nada.

— A veces no terminamos de conocer bien a las personas, Elena —le comentó, la chica le miró y le sonrió, tenía toda la razón, nunca terminamos de conocernos a nosotros mismos, ¿cómo conocer a los demás?—. Cuando conocí a Klaus, supe que algo andaba mal con él, es una larga y compleja historia, pero te puedo asegura que le odio con todas mis fuerzas. Ahora, más que nunca.

— Que lindo… —se mordió el labio y apartó la mirada, eran demasiadas emociones juntas, hablar de Klaus, de cuanto estaban juntos dolía como el infierno, era como hurgar en una herida que necesita cicatrizar, no era humano— ¿No vas a decirme que te hizo, no?

— ¿Klaus? No me creerías, ni siquiera yo lo tengo claro.

Se giró.— ¿En serio? ¿No sabes porque le odias?

— No tengo pruebas, eso es todo.

— Oh. Vale —se intentó levantar, pero Damon la retuvo—. Solo voy a buscar algo para beber, señor Bourbon, ¿no cree que es un poco impaciente?

— No, pero, ¿sabes lo que sí creo? —ronroneó mientras acariciaba su muñeca, la chica no apartó su mano en ningún momento pero tampoco dejó de luchar— Que vas a besarme ahora mismo.

— Que creído se lo tiene, a ver, ¿por qué iba a besarle? ¿no cree que he tenido suficiente de usted por hoy?

— Lo dudo, es científicamente imposible— tiró de su muñeca, provocando que la chica cayera, de nuevo, en el sofá—. Dime, Elena, ¿no hemos llegado ya, al maldito entendimiento?

La chica le miró un segundo antes de sonreír y negar con la cabeza.

— Lo dudo —intentó zafarse de su agarre, pero aunque el chico no estaba usando una presión desagradable, estaba demasiado exhausta para ejercer ella más fuerza.

— No me imites, es de mala educación.

— Lo que es de mala educación es que me interrumpas mientras hablo… o mientras voy a buscar un vaso de agua —le riñó como haría una madre a su pequeño—. Bien, Damon, ¿quiere saber porqué soy una perra mala?

Damon permaneció en silencio, en algún momento de la conversación le había echado en cara sus cambios de humor, no era la primera vez, pero ahora que estaban sumergidos en eso que llamaban "entendimiento" no iba a perder la oportunidad de preguntárselo, de averiguar por qué las mujeres eran tan bipolares, si podía entender a Elena, tal vez habría una oportunidad para comprender a su prometida.

Elena tuvo que ver por dónde iban sus pensamientos pero no dijo nada al respecto, simplemente se acomodó y se tomó su tiempo para prepararse.

— Desde la muerte de mis padres he luchado por sobrevivir, solo necesitaba a mi hermano por más idiota que suene —se acurrucó porque sabía lo que venía a continuación, abrirse a alguien y eso siempre dolía como mil demonios —. Mis padres murieron en el atentado del 11-S, estaban allí para cerrar un trato, un negocio que salvaría miles de vidas, irónico, ¿no te parece? fueron allí a ayudar y acabaron muertos… cuando nos enteramos, yo solo tenía doce años, solo quería a mi hermano para salir adelante, pero Stef se fue alejando, encerrándose en sí mismo, se largó a estudiar al extranjero, su propia terapia.

"Por primera vez, Stefan pensaba en sí mismo antes que en mi, pero el problema sigue siendo el mismo, si no le tenía a él, no me quedaba nada, estuve a base de terapias, cientos de ellas, hasta que me empecé a estabilizar, cuando Stefan volvía, todo era rosa, éramos… almas gemelas, la gente llegó a pensar mal de nosotros, muy mal, pero no me importaba, Stefan era mi todo, era… mi vida. ¿Y qué pasa cuando una parte tan importante de ti te traiciona? pues que todo deja de tener sentido, cuando los vi juntos, a Klaus y a Stef, supe que algo se había muerto en mi, que equivocada estaba, odié a Stefan, muchísimo… pero no tanto como ahora"

— ¿Le odias? Odiar es una palabra muy fea…

— Si, le odio, pero he tenido un año, más o menos, para perdonarlo. No es su culpa, ni la de Klaus, es mía. Por confiar, por abrir mi corazón a una persona nueva —se mordió el labio y se secó las lágrimas con el puño de la camisa—. La traición de Stefan, la doble traición fue como revivir mis peores pesadillas. Damon… —se ahogó con sus propias lágrimas, el chico se sintió la peor persona del mundo, pero fue incapaz de moverse, de mover un dedo para consolarla, no se sentía digno de ello—. Estoy… sola, completamente sola… no me queda nadie.

Las lágrimas se apoderaron de su pequeño y menudo cuerpo, no queriendo mostrar a Damon cuán afectaba estaba, ocultó su rostro entre sus manos, como si fuese la única salida a todo ese dolor, cada lágrima, era una puñalada trapera a su destrozado orgullo; a lo que quedaba de él, porque casi sin darse cuenta lo había vuelto a hacer, confiar en alguien a tal extremo de querer contarle su mayor miedo desde que era pequeña: la soledad, porque realmente es así como se sentía, como llevaba sintiendo desde hacía mucho tiempo, estaba sola, completamente sola.

Hope se había pasado todo el tiempo necesario encerrada en su despacho, pensando y planeando su siguiente movimiento. Ya había sufrido bastante, ya había llorado y pataleado lo suficiente, ya era hora de poner todo en su tiempo y de recuperar su puesto inicial, nada ni nadie tenía el poder suficiente como para desestabilizarla, no importaba si Klaus había vuelto a su vida, o si Damon rozaba el infierno por su culpa, nadie importaba excepto ella, había tenido que aprender a las malas, dudaría más de una vez, pero siempre tendría que recordarse, que por encima de todos ellos, se encontraba ella. Ella debía sobrevivir, los demás, eran daños colaterales.

Llegó a su casa bien entrada la tarde, las calles estaban abarrotadas de gente, daba igual en qué día del año se encontrasen, Nueva Orleans, especialmente el barrio francés, era una zona de festividades, no importaba el día, el mes, la hora o el lugar donde se encontrasen. Esa sensación de estar rodeada completamente de gente era agradable, nada malo podría pasar si había mucho alboroto.

En cuanto entró en su casa lo supo, venía el momento de resurgir de sus cenizas como el ave fénix, de vengarse de todas aquellas personas que habían marcado un antes y un después en su vida ¿y qué mejor manera de hacerlo que yendo a por el peón más insignificante, el que marcaría un antes y un después? sonrió de solo pensarlo, esta vez iba a ser más astuta, ir directamente a por Stefan no era buena idea o podría descubrir su punto débil y encima si iba a por él, ¿qué gracia tendría la cosa? iba a vengarse de todos y cada uno de ellos, simplemente necesitaba tiempo, porque un buen trauma se crea desde los pequeños golpes, iba a marcar sus vidas para siempre.

Comenzó a subir las escaleras cuando un ruido captó su atención, parecía el sonido que hace una vajilla al caer contra el suelo, no lo tenía muy claro, pero estaba segura que era eso y que provenía del ala del servicio, iba a continuar su camino, dejar que el idiota que había tirado su vajilla se pusiese nervioso y lo recogiese todo a la velocidad de la luz, pero el grito desgarrador de una muchacha la paralizó, podría reconocer esa voz en cualquier parte, era Davina.

No le agradaba la relación que tenía con su hermano pequeño, no porque estuviese en contra de que Kol retase a Mikael, sino porque odiaba que todo el mundo pudiese hacer y deshacer sin recibir un castigo, Davina y Kol eran la prueba, y los odiaba por ello. Pero eso no quería decir que consentiría un peligro en su propia casa.

Sin dudarlo ni un solo segundo se dirigió hasta el ala del servicio para comprobar con sus propios ojos de dónde venía tanto alboroto.

—[...] ¡Te dije que no quería salmón! [...] ¿¡Necesitas que te lo repita dos veces, bruja!? —en cuanto Hope entró en la cocina, por más mentalizada que estuviese al escuchar la voz de Klaus desde la distancia, nadie la preparó para la imagen que se reproducía ante sus ojos, se quedó blanca, paralizada completamente, ahí estaba el Klaus Mikaelson que ella conocía, el hijo de puta, el demonio sin sentimientos, no el que fingía ser delante de todo el mundo.

— ¡Señorita Mikaelson! —gritó desesperada Davina, Klaus giró su rostro hasta la entrada, fue en ese momento cuando Hope recuperó la compostura y comenzó a caminar— Yo, siento… muchísimo…

— No importa, Davina. Yo me encargo. Klaus no sabe lo que es tener modales. —dijo fríamente— Recoge el estropicio y márchate.

— Sí, señorita.

— ¿Te has visto en un espejo últimamente, Hope? Parece que tienes un palo en el culo —bromeó—. En serio, no te sienta ser tan fría y calculadora.

— Ni a ti… bueno, a ti no te sienta nada —le comentó cortante, no pensaba permitirle ver más allá de esa coraza— ¿Por qué no te vas a tu habitación y dejas a mis niñas en paz, Nik?

— "Tus niñas" trabajan para los Mikaelson, así que, no pienso dejarlas en paz. Enséñales modales a ellas, no a mi —se acercó, había tomado una manzana de la mesa mientras conversaban—. Dime, Hope, ¿cómo puedo entretenerme hoy…?

Estaba a escasos centímetros suya, su cuerpo se tensó completamente pero fue incapaz de retroceder o decir algo con coherencia, sino fuese por el sonido de unas palmadas no podría asegurar que podría haber pasado.

— Hola chicos —sonrió un Stefan muy divertido por la escena, tanto Hope como Klaus se quedaron quietos como estatuas, pero en cuanto vieron que el rubio no podía con su cuerpo se tranquilizaron.

Estaba borracho. Seguramente al día siguiente no recordaría nada de nada, pero el problema seguía ahí, oculto. Davina se había quedado allí recogiendo los platos que Klaus muy amablemente le había tirado casi en la cara, aunque se había quedado allí, en silencio, había sido lo suficientemente inteligente como para escuchar y observar hasta el más mínimo detalle, porque si quería acabar con Hope, debía ser su sombra.

Y maldita sea, valía la pena.


¡HOLA!

Antes de nada, ¿os habéis dado cuenta de que los guiones que hay, son largos? pues esa es una de las novedades que va a traer Calle Bourbon y Su Reflejo, ¡guiones largos! he intentado también la sangría, pero aquí, Fanfiction, no lo acepta, no sabéis lo que eso me jode, porque me he pasado media hora pasando mi documento por un procesado de sangría y ¡para nada! pero bueno, me conformaré con que los guiones largos se vean (como no se vean, mato a alguien)

Ahora me centraré en lo más importante.

Voy a tardar en volver con Calle Bourbon, seguramente mucho más tiempo que antes.

No estoy abandonado. Quietos parados, no toméis ideas a la ligera. Como dije en una actualización de Su Reflejo, necesito organizar las ideas y tenerlas claras antes de continuar escribiendo, tengo un esquema hecho hasta el episodio 25, pero eso no quiere decir que me vaya a poner a escribir ya, no, voy a esperar hasta tener las ideas del final, final para hacerlo. No sé cuanto tardaré, puede que para Julio ya tenga el esquema hecho y por ende, pueda empezar a escribir como siempre, pero como no lo sé, no voy a dar una fecha aproximada, sed pacientes, es lo único que os pido. Mañana tengo mis tres primeros exámenes de la PAU* por lo que estará desconectada, tanto por la mañana como por la tarde que tendré que seguir estudiando, por lo que seguramente no podré empezar con los esquemas.

Os juro que toda novedad que tenga, la publicaré en wattpad, facebook o en una actualización de mis historias. Así que, toca esperar.

Prometo que volveré, con las pilas cargadas.

Mientras tanto podéis leer Su Reflejo, tengo el esquema, varios capítulos escritos y la idea de una secuela, ¿no os parece suficiente? *cruce de dedos*

Sobre SCOM. Asunto delicado (para nada), no hemos abandonada esta historia, cierto es que andamos MUY DESCONECTADAS CON ELLA, pero prometo que eso va a cambiar, cuando termine mis exámenes de PAU (Martes-Miércoles-Jueves) contactaré con Luna y nos pondremos a ello. Lo prometemos, cualquier novedad, buena o mala, os la diré.


*PAU: Prueba de Acceso a la Universidad (España)