¡NO ME HE RETRASADO!
Episodio 17: Derroche de sensualidad, voz melosa y angelical; siendo tu sabor, superior al del Bourbon pero igual de poderoso.
.
.
.
Tenía que encontrar a Elena cuanto antes, no podía seguir así, ni un minuto más de su vida o acabaría haciendo una locura de dimensiones enormes, desde ir a buscar a Klaus y matarlo con sus propias manos o incluso acabar con Hope, literalmente.
Había estado a punto de hacerlo, se dijo mientras atravesaba los pasillos repletos de personas desconocidas, cuando Hope salió en defensa de Klaus, Damon estuvo dispuesto a abrir la boca para decirle que no necesitaba defender a nadie, que lo que tenían se había acabado, pero una vez más se calló, no porque temiera las consecuencias si no porque no entendía de dónde había venido ese arrebato de mandar todo por la borda.
Por eso estaba allí, atravesando los pasillos y buscando la melena castaña de Elena entre la gente, no sabía dónde estaba, si le tocaba ayudar en cocina, imagen o si estaba haciendo alguno de esos trabajos extraños de Hope, pero tenía que encontrarla. Apretó los puños cuando recordó porque estaba Elena en primer lugar en la casa, esa sola idea le revolvía el estómago.
— ¡Monique! —llamó la atención de la chica cuando la reconoció dando órdenes entre los nuevos empleados de turno, frunció el ceño pues en un principio había creído que llamaba su atención por algo malo que había hecho.
Odiaba cuando sus jefes hacían eso.
— ¿Elena? —le extrañó su pregunta pero enseguida rectificó no tenía ningún derecho a cuestionar las órdenes de los dueños—. Está en lavandería, peleándose con las lavadoras.
— Gracias, prosiga con su trabajo.
Damon tomó el camino de servicio para llegar más rápido a la lavandería, cuando decidieron comprar el edificio no esperaba que Hope quisiera hacer en él su propia mansión personal en la Calle Bourbon, pero a día de hoy, no era un edificio de apartamentos, no se parecía en absoluto, sino más bien un hotel de lujo con la entrada exclusiva.
Llegó a la lavandería antes de lo previsto, iba a entrar cuando escuchó su voz, se quedó quieto embobado ante la melodía que sus labios desprendían, era pura belleza, tardó un rato en darse cuenta de lo que estaba cantando, casi se rió de ese acento tan marcado que tenía cuando intentaba imitar el acento español.
— "Uno más uno son siete, ¿quién me lo iba a decir…? —se vio así mismo caminando de forma pausada para sentir a la chica mucho más cerca, si antes había dudado de por qué necesitaba a Elena ahora lo tenía más que claro, su mera cercanía estabiliza su mundo descarriado. La chica se dio la vuelta para encontrarse con esos intensos ojos azules.
— ¿Español?
— ¿Qué quieres? —llevaba en las manos una botella medio vacía de detergente, líquido blanco manchaba el suelo de su alrededor, alzó una ceja suspicaz— Yo no lo haría.
— ¿Hacer qué? —comentó inocente mientras se acercaba de forma muy calmada hacia ella, la chica frunció el ceño al ver sus intenciones pero no se movió ni un centímetro.
— Lo que sea que estés pensando. No lo harás.
— No sabes en qué estoy pensando, tal vez te guste. Muchísimo.
— Lo dudo —tragó saliva y retrocedió, fue instintivo pero también fue un error, pues Damon aprovechó esa ventaja para dar otro paso y otro más.
Estaban muy cerca en un espacio demasiado pequeño repleto de lavadoras y secadoras, el olor a detergente y a ropa sucia recorría la estancia pero a ninguno de los parecía afectado en lo más mínimo. Damon la miró de forma lasciva mientras daba otro paso que rompía aún más las distancias, esta vez Elena no se movió.
Inmóvil como estaba pudo apreciar al chico en su totalidad, como la camiseta que llevaba se le ceñía al cuerpo marcando su tonificado cuerpo, el cabello, totalmente desordenado era demasiado apetecible, sentía la necesidad de romper las distancias ella misma para poder jugar con él, enredar sus dedos o incluso reposar la mejilla como si se tratase de su propia almohada, pero se mantuvo quieta y tragó saliva cuando Damon dio otro paso más, la distancia cada vez era más inexistente.
— Dime Elena, ¿dónde aprendiste esa canción?
— ¿Qué? —el ojiazul sonrió, sus labios se curvaron en un media sonrisa encantadora, Elena ya no podía ver más nada que no fuese esos carnosos labios sobre los suyos, lo deseaba tanto que hasta dolía, quería golpearse con el detergente en la cabeza, recordarse que todo esto se debía a las hormonas que estaban revolucionadas, pero, ¿a quién pretendía engañar? hormonas o no quería lanzarse contra Damon, empotrarlo contra una lavadora y no soltarlo nunca, ya podía verse a sí misma, clavando su perfecta manicura en su espalda desnuda mientras follaban duro contra la pared o en la lavadora.
Temió que Damon hubiese visto sus intenciones en sus ojos castaños, que estuviese demasiado excitada para poder ocultarlo con una ocurrencia, pero en vez de aprovecharse de ello volvió a repetirle la pregunta, esta vez si la entendió pero tardó en darse cuenta de lo que le estaba preguntando.
— En la facultad —pasó saliva, sentía que la garganta le ardía y que los labios estaban demasiado secos, Damon sonrió más ampliamente y casi sin darse cuenta rompió las distancias completamente, sus cuerpos no se tocaban, pero podía sentir el corazón del ojiazul latiendo al compás que el suyo—, conocí a una chica… española, estaba de intercambio y nos obligó a ver una serie totalmente en español. Los Serrano.
— Tus labios se vuelven muy sexy cuando hablas en español… —acercó su rostro al suyo, Elena retrocedió completamente hasta sentir la lavadora a sus espaldas, quiso sentarse encima, romper esa burbuja que se había formado a su alrededor, pero no se fiaba de su lívido, ¿y si se dejaba llevar por sus hormonas? ¿y si al sentarse encima de la lavadora tomaba la camiseta de Damon, tiraba de él y se comía sus labios en un profundo y rompedor beso? ¿y si al tirar de él sus cuerpo se tocaban, y si su pene erecto se clavaba en su bajo vientre haciéndola estallar? ¿y si por culpa de eso se desnudan mutuamente para estar unidos en carne?
Era por eso por lo que prefería estar pegada a él, alzó la cabeza despacio, temiendo perder el control, tragó saliva cuando vio el deseo pintado en los ojos azules de Damon, los cuales estaban más oscuros de lo normal, no quería dejarse llevar, bueno si que quería, pero no debía, no sin antes descubrir que mierda quería.
— Damon...
— ¡Shh! No digas nada —posó su dedo en sus finos y húmedos labios para callarla, pero en ningún momento los apartó todo lo contrario, dibujó sus labios con el dedo para después acercarlo a su boca y lamerlo, fue en ese momento cuando Elena gimió en voz alta, acompañada de Damon—, las palabras sobran.
Intentó retroceder, una mueca de dolor se instaló en su rostro al golpearse con el filo de la lavadora, Damon no se rió a su costa, todo lo contrario, enredó una mano en la cadera de la chica y la empujó contra su cuerpo, Elena ahogó una exclamación, la calidez del cuerpo del ojiazul mezclada con el aroma que desprendía la habitación creaba una atmósfera de lo más excitante, quería golpearse por pensar en eso, pero ya era demasiado tarde para rectificar, sus manos se movieron solas, su cuerpo se pegó aún más al del chico, como queriendo fusionarse con él, Damon gimió bajito al sentir su polla presionando contra sus pantalones, pidiendo contacto físico, apoyó su cabeza en la de la chica, totalmente agotado.
— Me matas… Elena —suspiró acariciando de forma constante la parte baja de la espalda, acercándose peligrosamente al interior de sus pantalones, esos que le quedaban tan justos y que le hacían un cuerpo de escándalo, se imaginó esas mismas piernas enredadas en su cadera, montándolo y gimió con más fuerza —. Juro que me correré, tienes ese poder…
— Damon… —clavó sus uñas en la piel expuesta de su cuello, tiró de su cabello con fuerza y se quedaron así, observándose hasta que Elena rompió las distancias y besó esos labios que llevaban gritando desde hacía una eternidad, el beso al principio fue una lucha de poder, de control, pero enseguida tomó forma, Damon entreabrió la boca para dejar paso a la lengua de la chica, mientras sus manos hacían el trabajo extra.
En algún momento Elena se vio sentada encima de la lavadora, con sus piernas enredadas en las caderas del chico y sus manos jugando con su cabello mientras luchaba por tomar el control del beso, pero Damon era demasiado astuto, había conseguido romper todas sus barreras con esa lengua que hacía locuras, no solo con su boca si no también con su cuello y su escote, cuando quiso darse cuenta tenía la cabeza del chico entre sus pechos y sus manos en sus caderas tirando con más fuerza de ella, para pegar sus cuerpos aún más.
Quería apartarlo y recordarle que no tenía ningún poder sobre ella pero sería totalmente inútil por lo que lo dejó hacer, en cuanto sintió la necesidad de probarle tiró con fuerza de su cabello, alejándolo de sus tetas e introduciendo su lengua en su boca, se acercó voluntariamente a él, apretó su cuerpo contra la erección del chico ganándose un quejido de deseo de entre sus labios, se vio sonriendo mientras sus manos descendían por su pecho, gruñó frustrada cuando se dio cuenta que no podía arrancarle la camiseta, pero el chico, que parecía que podía escuchar sus deseos, se apartó un poco para admirar su obra y deshacerse de su camiseta que estorbaba demasiado.
Elena era una obra de arte, su camisa totalmente arrugada, sus pechos turgentes asomando pidiendo ser atendidos por su lengua, su cabello era un desorden total pero aún así necesitaba enredar sus manos en él y oler cada hebra; y sus ojos brillaban por pura lujuria, gracias a él, se mordió el labio inferior cuando Damon se deshizo de la camiseta y la lanzó lejos, sin mirar donde caía, solo pendiente de estar con ella.
Juntos.
En cuanto se acercó a la chica, Elena alzó los brazos para enredarlos en su cuello, pero el chico la detuvo, tomó ambas manos y les dio un sonoro beso que mandó una descarga eléctrica por todo su cuerpo, se estremeció y cerró los ojos, cuando quiso abrirlos sintió las manos del ojiazul acariciando de forma suave su rostro húmedo por el sudor, lejos de sentirse incómoda apoyó su mejilla en su mano.
— Eres malditamente hermosa —susurró contra su oído, se sobresaltó al sentirlo tan cerca, el chico descendió con un reguero de besos y mordisquitos, desde su oído hasta el comienzo de su escote y volvió atrás, repitió el proceso un par de veces, hasta que sintió que la chica no podía más y buscaba, anhelante, un contacto más profundo.
Damon sonrió contra su cuerpo y empezó a descender hasta alcanzar su ombligo, la chica se estremeció y enredó sus dedos en su cabello azabache para ejercer una fuerza superior, pero eso no iba a parar a Damon, él tenía muy claro lo que quería hacer.
Tomó sus piernas, acariciandolas con delicadeza, acercándose peligrosamente a la zona de las ingles, la chica lo miró fijamente, mordiéndose el labio inferior, cuando Damon intentó quitarle los pantalones la chica soltó una carcajada al ver que no podía, el ojiazul enseguida se unió a sus risas mientras la chica le ayudaba a deshacerse del estorbo, en cuanto Elena estuvo desnuda de cintura para abajo, el chico se deshizo de sus propios pantalones y de la camisa de la chica, se besaron, era lo que ambos necesitaban en ese momento.
Damon se agachó a su lado pero mantuvo sus labios pegados a los de la chica mientras, que con las manos, tanteaba el terreno, en cuanto uno de sus dedos se introdujo en sus braguitas la chica se retorció en sus brazos, pegándose en la pared fría y dura, el contacto con la calidez de su piel mandó un calambre por su espina dorsal.
Damon sonrió satisfactoriamente, se incorporó y la besó, pegando su pecho al suyo, sus corazones bombeaba con fuerza, siguiendo un compás que ellos solo conocían. No solo introdujo un dedo, si no otro más, marcando un compás para humedecer aún más a la chica y prepararla para su intromisión.
El chico sentía que no podía aguantar más, ahora que su miembro estaba liberado lo único que quería era perderse en el interior de Elena y correrse como nunca antes, por eso gruñó frustrado y se acercó mucho más a la chica, casi recostándola.
Elena soltó un gritito de placer cuando sintió que estaba llegando al límite, agarró con más fuerza a Damon, movió las caderas para que aumentara las embestidas de sus dedos, clavó sus uñas en la espalda del chico y gritó con más fuerza cuando alcanzó el clímax.
Cayó rendida en sus brazos, y aunque Damon también estaba cansado continuó repartiendo besos por su cabeza y sus hombros, la chica soltó una risita entre el hueco que había en su cuello, descendió la mano como pudo hasta alcanzar el miembro duro y erecto del chico, el cual se estremeció de placer entre sus dedos finos y sudados.
— Elena…
— Shh, solo relájate —le murmuró contra el oído, fue lo que necesitó para dejarse caer en sus brazos, la postura era un tanto incómoda, pero Elena consiguió masajear el miembro de Damon de forma suave y constante, rozó la base del pene de forma delicada pero enseguida aumentó el ritmo mientras lo tomaba entre sus manos, completamente.
El chico se incorpora para darle mejor acceso a su miembro, clavó las dos manos en la pared, acorralandola a la chica entre sus brazos, pero a Elena no pareció molestarle, todo lo contrario le encantaba tenerlo así, tan frágil por su culpa, a su total merced, se mordió el labio inferior y se removió sintiendo que la humedad entre sus piernas aumentaba peligrosamente, el chico totalmente ajeno a sus delirios, continuó con los ojos cerrados, con el rostro en tensión, sintiendo cada uno de los movimientos de la mano de Elena en su miembro.
No quería correrse en sus manos, sino en su interior, pero estaba tan cómodo y sabía que el placer que iba a sentir lo dejaría totalmente noqueado que era incapaz de pronunciar palabra o de moverse, temía que cualquier movimiento pudiese hacer que ambos despertasen y la realidad volviera a golpearlos.
— Elena… Elena… —susurró dejando caer la cabeza encima de la de la chica, sus piernas le temblaban sinónimo de que ya no le quedaba mucho tiempo, Elena sonrió, sintiéndose poderosa, por eso, sin parar en ese ritmo pausado, se bajó de la lavadora para tomar el pene en su boca, eso fue demasiado para Damon, que no necesitó mucho más para irse.
No había sido su intención que la chica se tragara su semén, pero realmente le gustó esa sensación y no tardó mucho en arrastrarse para encontrar sus labios y probar su propio sabor de ellos. Fue un beso dulce, pausado pero tan maravilloso como esos besos pasionales y robados que se habían dado durante toda la velada, la chica sonreía de forma estúpida pero Damon tampoco se quedaba atrás, que tras el beso se apartó de sus labios para llenar su rostro de pequeños besos sonoros, como si de dos enamorados se tratase, una risita aguda se escapó de sus labios cuando Damon la rodeó con sus brazos para descansar en ella.
La situación era totalmente surrealista, estaban allí, tumbados en el suelo de la lavandería donde el olor a detergente y otros productos de limpieza decoraba la estancia, pero a Damon le encantaba, pues le recordaba al incidente en su cuarto meses atrás o mejor aún, le hacía recordar a esa noche salvaje donde ambos, desconocidos, se dejaron llevar por la lujuria y el deseo.
Elena, de forma inconsciente se acurrucó en su pecho para poder sentir los latidos del corazón del chico.
Bonnie estaba monitorizando la actividad del dueño del correo electrónico, no había nada en el ordenador que pudiese darle alguna pista de su identidad, no había documentos, ni aplicaciones ni nada que pudiese definir el perfil de una persona pero eso no hacía las cosas más fáciles para Bonnie pues veía en eso un grave problema, llevaba con el corazón en un puño desde hacía un buen rato temiendo que lo que estaba pasando por su cabeza fuese cierto, por eso, cada minuto que pasaba y la información que robaba de ese ordenador se descargaba, no podía dejar de pensar en una persona que llevaba años sin ver.
Noventa y nueve por ciento; suspiró aliviada al darse cuenta que lo iba a conseguir, que en cualquier momento la información que Hope había enviado a esa persona iba a estar en sus manos.
Se recostó en la cama con el portátil entre sus piernas y esperó que la descarga se hiciese oficial, pensó en localizar el ordenador del hacker e incluso dejarle un regalito de su parte, pero el miedo seguía recorriendo su cuerpo, lanzándole sutiles advertencias, tan ensimismada estaba que no notó como su ordenador vibró diciéndole que alguien había conectado su skype.
Una habitación completamente oscura apareció ante sus ojos, Bonnie estaba boquiabierta, porque si en algún momento había albergado la posibilidad de que no se tratase de la misma persona estaba completamente equivocada, el chico salió en pantalla, su rostro la ocupó en su totalidad como si aún fuese un niño chico que pretendía observar mejor desde la webcam, Bonnie podría haberse reído de eso si no fuese porque no le hacía ni puta gracia.
Podía desconectarlo todo, darle a una tecla, todo se apagaría y su sistema volvería a ser tan seguro como siempre, pero si el chico sabía que estaba controlando su ordenador, que estaba a punto de descargarse la misma información y aún así no hacía nada para impedirlo, ella no iba a desaprovechar esa oportunidad aunque sintiese que se estaba ahogando, que el aire escapaba de sus pulmones.
— Hola, Bonster...
Un sudor frío recorrió su espalda en ese instante, podía sentir cómo todo su cuerpo se ponía en tensión, preparándose para una pelea, pero era científicamente imposible, no estaba cerca de él, desde esa distancia no podía hacer nada contra ella, solamente estar ahí, detrás de la pantalla, controlando su ordenador, acechando.
Justo en ese instante una pantalla emergente salió avisando de que los datos habían sido descodificados y obtenidos sin contratiempos, sonrió aliviada, no por tener algo que darle a Kol si no porque con eso no necesitaba aguantar la presencia del hacker.
— Vamos Bon, no vas a hacerlo —comentó divertido viendo desde lejos sus intenciones, la chica dudó unos segundos y por primera vez, clavó sus ojos marrones en los azules del chico, hacía mucho tiempo que no le veía, parecía igual, como si los años no hubiesen pasado para él y aún fuese ese crío que le destrozó la vida, su rostro se endureció al recordarlo—. Oh Bonnie, no pienses, olvídate de la mierda y dime, ¿qué crees que vas a hacer?
— Míralo tu mismo animal —sonrió victoriosa cuando desconectó su sistema, su ordenador no parecía afectado por el virus que acababa de enviarle directo en los archivos, no sabía si el chico era capaz de recuperarlos, siempre había sido mejor que ella en lo que respecta a la tecnología, pero con los años había aprendido un par de trucos que estaba dispuesta a usar si ese engendro del mal daba la cara otra vez.
Soltó el ordenador en la cama y cerró los ojos unos segundos, fue en ese instante cuando notó cosas que antes habían pasado desapercibidas, el tembleque de los dedos, el sudor frío que recorrió todo su cuerpo, la respiración acelerada y los ojos llorosos, ¿había estado a punto de llorar delante de él? no, no podía permitirse eso, pero era inevitable, ambos compartían un pasado oscuro pero con hermosos momentos que seguían ahí, en el borde, a punto de hacerla caer al precipicio.
Estaba lloviendo y hacía muchísimo frío, eran dos elementos muy típicos de Vancouver, donde la probabilidad de precipitaciones superaba el cien por cien, pero ese día, por algún motivo en especial a Bonnie se le había pasado tomar el paraguas cuando salió de su apartamento esa mañana temprano y por otra casualidad, tampoco había tomado su coche para ir a la facultad, por eso estaba allí, observando el paisaje y esperando que hubiese algún despistado como ella en el campus.
No había nadie, ni un solo compañero ni tampoco algún profesor que pudiera acercarla a su casa, podría ir andando pero tardaría una hora como poco y acabaría con una media pulmonía y en época de exámenes no era algo recomendable, alzó la cabeza para mirar el estado del cielo y casi le dio algo, estaba muy oscuro, nubes grises decoraban el entorno, ocultando los últimos vestigios de Sol.
— Jeremy, por favor… —suplicó tiritando. Jeremy era un par de años mayor que ella, había terminado la carrera y ahora estaba haciendo prácticas en una empresa no muy lejos de su facultad por lo que tendría que pasar por la zona para volver a casa, si tenía suerte le daría por comprobar si estaba allí, esperando.
Pero eso nunca pasaría, si había algo que caracterizaba la relación de Jeremy y Bonnie es que cada uno vivía su vida a su ritmo, como si en vez de ser pareja fuesen compañeros de piso que lo único que comparten eran gastos y misma universidad, esto último por muy poco tiempo, ya que Jeremy, si conseguía los créditos suficientes estos meses acabaría graduándose antes de tiempo, mientras que Bonnie se quedaría allí, muerta del asco. No se estaba quejando, para nada, ella estaba enamorada de Jeremy, de todo lo que él representaba y mucho más, cuando se conocieron aquel verano de hacía tres años lo supo, él estaba hecho para ella y viceversa, fue como amor a primera vista, un amor lleno de flores, bombones y sexo que se fue consolidando cuando comprobaron que estaban en la misma universidad.
Sonrío al recordar lo hermoso que había sido coincidir con él, no tardaron en mudarse juntos aunque tal vez eso fue el error, creer que la vida iba a ser más fácil compartiendo un hogar juntos.
Se recostó contra la fría pared y cerró los ojos, creyendo que de esa forma el frío desaparecerá y también el agua, pero no pasó. Una sombra pasó por delante de sus ojos, arriba y abajo, abrió los ojos asustada para encontrarse con unos guantes negros llenos de lunares rojos, frunció el ceño al ver ese motivo tan infantil, pero en cuanto la mano desapareció y fue sustituida por un rostro supo de quién se trataba.
Le conocía, compartían un par de clases juntos, no sabía si estudiaba la misma carrera que ella o la misma especialidad, pero ahí estaba siempre, sentado en una esquina sonriente, como si fuese un niño pequeño en la mañana de navidad, quizá por eso se fijó en él la primera vez, porque destacaba por encima de la multitud, con ese descaro y esa alegría que desprendía a cada dos segundos, dudó en preguntarle qué estaba haciendo allí, pues no le había parecido verlo en la clase de informática avanzada hacía dos horas y media, pero se abstuvo a hacer el idiota, si le decía algo podría pensar que estaba pendiente de él.
El chico retrocedió un paso, tenía dos paraguas en la mano izquierda, pero eso no fue lo más extraño, lo más raro era lo que llevaba puesto, un abrigo de plumas demasiado grande para alguien tan menudo como él, totalmente negro pero con el mismo motivo de lunares rojos, abrió la boca para preguntarle, pero la cerró tan rápido en cuanto se dio cuenta de que la pregunta era una tontería, también llevaba una bufanda roja que le tapaba parte de la boca y un gorro de lana, parecía que nunca había vivido el mal tiempo de Vancouver por ese aspecto tan invernal cuando acababan de empezar el otoño.
El chico se deshizo del nudo de la bufanda y buscó algo en la mochila que había dejado en el suelo, sacó un termo con olor a café y dos chocolatinas y se dejó caer en el suelo, apoyando el cuerpo en una de las columnas resguardándose del frío y la lluvia.
— ¿Quieres? —le ofreció el termo después de haber bebido un largo trago, amaba el café, su obsesión con él era inimaginable, pero su orgullo era más fuerte y hasta que no averiguase qué mierda quería ese tipo no pensaba darle el gusto, negó con la cabeza, el chico, para su sorpresa se encogió de hombros—. Mejor, más para mi.
Durante media hora estuvieron sumidos en un completo silencio que se rompía de vez en cuando por una pregunta estúpida que escapaba de sus labios o por algún gruñidito de placer, en todo ese tiempo, Bonnie no dejo de pensar en ese muchacho totalmente extraño que había aparecido en el salón de sus clases meses atrás, tan distante y al misma tiempo tan diferente, casi sin darse cuenta se vio sonriendo por alguna tontería que decía el muchacho o por alguna cosa que hacía mientras disfrutaba de su propia merienda personal.
Tan ensimismada estaba en analizar su comportamiento que no escuchó el sonido de un coche, ni tampoco vio que hacía un buen rato que había parado de llover, sintiéndose mal por ser tan patética se incorporó para marcharse pero en el último momento una mano tomó su brazo dulcemente, la morena se tensó, pues una descarga eléctrica traspasó su piel.
— Me llamo Malachai —le confesó bajito, cerró los ojos instintivamente, pues su voz fue como una melodía celestial—, Kai Parker.
Ese día Bonnie no le dio las gracias por haber esperado con ella a que alguien viniese a buscarla, tampoco le dio las gracias al día siguiente ni al otro cuando coincidieron en la biblioteca, nunca llegó a agradecerle por lo que hizo por ella, pero con el tiempo, todo se puso en su lugar, Bonnie conoció al verdadero Kai y ya no hubo vuelta atrás.
Todo está en un completo silencio, Damon sigue tumbado en el frío suelo de la lavandería pero no le importa ni lo más mínimo porque tiene a su lado, tumbada en su pecho, a la chica que ha cambiado su vida por completo, sigue sonriendo embobado, no sabe cuánto va a durar este momento de intimidad y tranquilidad, pero le da igual, porque piensa aprovecharlo todo el tiempo que dure, el pecho de Elena sube y baja al compás de su respiración, está en calma, en paz consigo misma y con el mundo.
— Hace frío —susurró contra su pecho al darse la vuelta para clavar sus ojos café en los azules del muchacho, Damon no dice nada al principio, solo puede admirar la belleza que tiene ante sus ojos, su cabello sigue igual de desordenado, sus labios están ligeramente hinchados y sus ojos brillan con una luz espectacular, alzó la mano para acariciar su mejilla sonrosada—, Damon…
— Shh, no digas nada. Disfruta.
— ¿Qué te pasó en la cara? —por supuesto que su descanso iba a acabar de esa forma, llevaba deseando hacer esa pregunta desde que entró por la puerta, tenía la zona del pómulo ligeramente rojiza y no era debido a lo que acababan de hacer si no a lo sucedido con Klaus y Hope, recordar a esa panda de subnormales le hizo dibujar una mueca de disgusto que no pasó desapercibida por Elena— ¿Ha sido Klaus…?
— ¿Puedo hacerte una pregunta? —interrumpió, la chica rodó los ojos pero asintió, tampoco quería discutir, Damon se entretuvo con su pelo unos segundos más antes de soltar su pregunta, como si temiese que sus palabras pudiesen hacerle algún tipo de daño—, ¿qué hacías con Klaus en mi despacho?
— Y ahí va una forma de mandar este momento por el retrete —se dejó caer a su lado, tomó su brazo y se cubrió con él—, estaba yendo a buscar a la zorra de tu novia para dejarle claro que a mi nadie me engaña por la cara.
— Y ahí va otra forma de mandarlo todo a la mierda —le devolvió el golpe divertido, la chica soltó una risita pero le acabó contando lo que estaba pasando, Hope le había dado un recibo con todas las transferencias pero en cuanto había comprobado que ninguna se había efectuado se había ido directa a quejarse encontrando a Klaus en lugar de a Hope o incluso de Damon. Damon escuchó todo con atención, se sintió mucho mejor después de oír su versión de los hechos. La sola idea de que Elena y Klaus estuviesen juntos de nuevo le ponía enfermo, podía sentir como incluso unas arcadas se formaban en el inicio de su garganta, sonrió como un idiota al haber actuado como un niño pequeño.
— ¿Puedo hacerte una pregunta?
— Quizá —la chica le dio un codazo en broma—. Si me das un besito antes de la pregunta, la responderé.
Elena gruñó algo por lo bajito antes de darse la vuelta y darle un beso fugaz, después volvió a su postura anterior, aplastando a Damon.
— ¿Por qué no me ayudaste con los pagos? Me lo prometiste.
— Lo siento de veras, no he tenido tiempo. No me dejan respirar, Elena. No sabes lo mal que me he sentido al no poder golpear a Klaus antes, pero es que ahora me siento mucho peor. Porque si no me equivoco Klaus tiene algo que ver —dijo atropelladamente, la chica frunció el ceño al no entender que tenía que ver todo eso, como si dependiera de los Mikaelson todo lo que Damon tuviera que hacer, en ese momento una bombilla se encendió ante sus ojos.
Se volvió a girar y unió sus labios una vez más.
— Wow, ¿y esto por qué?
— Damon, ¿estás aquí voluntariamente? —el chico se quedó callado un segundo, como si estuviera sopesando las respuestas posibles a esa pregunta, la chica acarició su mejilla con delicadeza, queriendo transmitirle su apoyo—, lo que quiero decir, a veces me parece que estás en esta casa obligado, si estás tan cansado, ¿por qué no te marchas? olvídate de lo que sientes por Hope, solo piensa en tu felicidad.
— No puedo, Elena. Mi felicidad es lo último que me importa si mis amigos y familiares no están a salvo. Y ahora estás tú aquí, más motivos para quedarme —acercó sus labios a los de la chica y se dieron un pequeño y dulce beso, parecía más un roce de sus labios que otra cosa, Elena no supo qué decir al respecto, sonaba todo tan profundo, como si Damon estuviese aquí, aguantando todas esas mierdas por la gente que le importaba, como si estuviera amenazado.
¿Lo estaba? ¿estaba Damon, al igual que ella, chantajeado pero con algo más grave? no quería darle más vueltas, ni hacer preguntas directas que pudieran romper la magia que había entre ambos, pero una cosa no pudo quitarse de la cabeza en ningún momento.
"Y ahora estás tú aquí, más motivos para quedarme."
— ¿Sabes? —habló Elena, minutos más tarde, sacando a Damon de sus propios pensamientos, el chico intentó moverse, pero la castaña estaba casi encima de él, fue justo en ese momento cuando notó que la chica estaba jugando con los dedos de su mano, una sonrisa volvió a pintarse en sus labios, le dolía la mandíbula de tanto sonreír, hacía muchísimo tiempo que no le pasaba—, me gusta esto, estar así…
— Lo sé, soy irresistible —la chica le golpeó con la mano en el pecho desnudo, Damon se contrajo por el dolor en broma, ganándose otro golpe más seguido de unas risitas.
— Me refería que me gusta estar así, siento solo tu y yo, sin complicaciones. Es agradable para variar.
— Si me dejaras terminar hubiese dicho lo mismo… —la chica se giró sobre su pecho, quedando sus ojos café interrogantes clavados en su rostro, alzó una ceja suspicaz— ¡Vale! No iba a decir eso, pero parecido…
— Ya, ya… te creo.
— Es cierto, y deja de moverte que me estoy clavando todo lo que hay en el suelo —sacó su brazo de entre su cuerpo y el de la chica, estaba adormecido pero aún así lo usó para tocar el polvo blanco que los rodeaba, una mueca de asco apareció en su rostro al darse cuenta que se trataba de algún producto de limpieza, Elena observó cada uno de sus movimientos mientras se cubría la boca con su mano para no reír—. Esto explica por qué me estás aplastando, ¡eres una asquerosa!
La tomó de la cadera y tiró de ella para tirarla al suelo, junto a él, al principio protestó, pero como Damon era mucho más fuerte que ella acabó rindiéndose y dejando que el chico se posicionase encima de ella.
Hizo un mohín.
Infló los mofletes como forma de protesta consiguiendo que Damon afloja su agarre y le diera un pequeño pico en los labios.
— Mi gustar —dijo con voz melosa y angelical, ganándose otro pequeño y casto beso, continuaron así un rato más, hasta que el ambiente se caldeó y esos pequeños e inocentes besos se convirtieron en besos más pasionales, los dos se volvieron a sumergir en esa burbuja donde dejaban atrás quiénes eran para ser un solo ser.
Damon besó y mordisqueó su cuello hasta el comienzo de su escote, mientras la chica se arqueaba al sentir las manos de Damon por todo su cuerpo, la sensación era maravillosa, como si con un solo toque algo se encendiera en su interior, el chico sonrió, apoyándose en su propio cuerpo dejó caer parte de su peso en Elena, para estar aún más unidos, su pene reaccionó de forma instintiva, cuando la chica le rodeó las caderas con sus piernas, continuaron besándose un rato más, hasta que la chica gruñó agotada y Damon decidió jugar con su botoncito del placer, cuando Elena sintió los dedos del ojiazul en su interior estuvo a punto de caer rendida, pero el chico sabía cómo mantener su cuerpo en tensión el tiempo suficiente para caer juntos.
Esta vez todo era diferente, como si ninguno de los dos tuviese prisa, como si el tiempo se hubiese parado en ese instante, jugaron con las reacciones del otro, tocaron, mordisquearon y besaron cada parte del cuerpo que creyeron conveniente hasta rozar el límite, por primera vez, no follaron como dos almas desesperadas, si no que hicieron el amor, como una pareja que lleva años juntos y siguen igual o más enamorados que el principio, como dos niños inocentes que prueban el cuerpo del otro, por primera vez, hicieron el amor, rompiendo una nueva barrera más en esa relación tan compleja que tenían.
Hope se despertó, a la mañana siguiente, con un gran dolor de cuello. Se masajeó la zona afectada como pudo antes de buscar con la mirada a Damon, la estancia aún estaba oscura, excepto por la luz que entraba por la rendija de la ventana, pero no había ni rastro de su novio, ni tampoco parecía que hubiese pasado la noche allí en primer lugar, frunció el ceño, pero enseguida se recompuso, después de lo sucedido ayer por la mañana, era natural que el chico desapareciera, era lo que siempre hacía, se perdía por la ciudad o por algún bar, incluso por la casa de ese amigo suyo y abogado Enzo.
Todo por no enfrentarse a la realidad, Hope sabía que había obrado mal, apoyando a Klaus por encima de Damon sin saber siquiera porque se estaban peleando en primer lugar, Damon era el que peor había salido, con la zona del ojo bastante afectada, pero la rubia había hecho bien en ese momento porque sabía de lo que era capaz Klaus si se le cruzaban los cables; se intentó repetir eso varias veces en su camino a la ducha.
Tras una ducha más larga de lo normal se dirigió a comprobar que el trabajo hubiese comenzado sin su supervisión, en cuanto llegó a la planta baja se encontró con Davina, que no dudó en darle un informe detallado sobre las últimas compras, los nuevos trabajadores temporales y otra serie de datos más que, aunque no era de gran relevancia, le ayudaba a ver que todo iba bien, miró al frente, justo en el momento en que Enzo entró por la puerta, frunció el ceño al verlo solo y sonriendo como si le hubiese tocado la lotería, Davina parecía pensar lo mismo pues se retiró con la promesa de ir a buscar a Kol para ver si tenían señales de Bonnie.
Kai, su hacker personal, le había mandado un escueto mensaje mientras se duchaba donde le dejaba claro que se había deshecho de la persona que estaba investigando a su padre de forma cruel y sangrienta, Hope no le respondió, pues el mensaje también venía acompañado de que los datos estaban incompletos, y que necesitaba más información.
Con ese supuesto cliente muerto y con Kai de su lado nada malo podía pasar, pero había algo que la tenía mosqueada. Se dirigía a su despacho cuando escuchó algo que captó su atención, se asomó con cuidado, pues le había parecido oír la voz de su padre dentro.
— Tienes que encargarte de esto, Damon —le comentó Mikael de forma pausada mientras le entregaba una serie de documentos, el ojiazul no dudó en tomarlos no sin antes lanzarle una mirada reprobatoria al otro sujeto de la sala, que Hope no consiguió identificar al principio. Todo ese asunto le parecía extraño, ¿cómo es que no sabía que su padre estaba allí?
— ¿Y qué pretendes que haga con esto? No puedo obligar a esa gente invertir en algo que ha salido de la nada. Lo verán como lo que es, una estafa.
— Necesitamos el dinero, Damon. Eres el mejor en esto —le recordó el sujeto desconocido, que por la voz, Hope no tardó en saber que era Klaus, no supo qué es lo que le sorprendió más si Klaus elogiando a Damon, o Damon en medio de un negocio sucio, apretó el puño contra su pecho y respiró hondo, no le estaba pasando esto, Damon no era como su padre o Klaus, no era una mala persona, pero a medida que la conversación continuaba, que el chico parecía tan involucrado o más que el mismísimo Mikael, algo se revolvió en su interior, sintió que nada valía la pena, que todo por lo que había luchado no tenía ningún sentido.
Se apartó asqueada sin terminar de escuchar la conversación, porque sabía muy bien lo que venía ahora, con Mikael siempre era lo mismo, era el intermediario en un negocio superior, ayudaba a empresas corruptas a beneficiarse mientras él ganaba prestigio y poder sin que nada ni nadie pudiera tocarlo, se ganaba el favor de mafiosos y gente peligrosa, con la única promesa de que su familia siempre estaría a salvo, lejos del punto de mira de la justicia.
Pero, aunque eso no le sorprendía, su cabeza no paraba de darle vueltas al mismo asunto: Damon estaba en medio, su Damon, ese pequeño muchacho que le prometió el cielo y la tierra para que ella fuese feliz, era la misma persona que la había condenado a un infierno mucho peor que el de los cuentos.
Vale, creo que estoy dando saltos de alegría, por primera vez, en mucho tiempo solo me he retrasado una semana con esta historia, y eso es casi un milagro, podría haber guardado el capítulo hasta que tuviera el siguiente más avanzado, pero he sido incapaz de resistirme, ¿qué más da? lo que importa es que está aquí, hay una nueva actualización repleta de mucho, muchísimo Delena.
Y aquí la pregunta del millón de dólares, ¿qué os ha parecido el episodio? ¿seguís leyendo con las mismas ganas que al principio o mi retraso monumental os ha quitado las ganas de todo?
En serio, este proyecto sigue siendo igual de importante que al principio, pero mi tiempo era y es muy limitado y aunque me duele esto no va a mejorar.
Un beso.
