Dedicado a Nel ;)
Episodio 18: Sueños de sabores, chica bourbon, descubrimientos sorprendentes y mucho, muchísimo Bourbon.
Estados Unidos, 2012.
Su cabello cortado a capas caía elegantemente sobre sus hombros, junto a su nueva adquisición, un vestido sencillo pero espectacular traído directamente desde una pequeña boutique francesa muy importante, hacía de la pequeña y bella Hope, un ángel llegado literalmente desde el mismísimo infierno o por lo menos así es como se sentía cada vez que sus amigas posaban sus ojos en ella, y es que esa mañana, cuando Mikael le obligó a salir a divertirse, no estaba de humor ni para usar un poco de pintalabios, pero la otra alternativa era menos llamativa aún, tampoco quería quedarse en casa todo el sábado sin hacer nada completamente sola, no quería estar allí, en un lugar que consideraba territorio enemigo, tierra hostil; por lo que cogió y llamó a las únicas amigas que tenía en la ciudad, Victoria y Annabelle, eran dos chicas muy peculiares, la primera la conoció gracias a Mikael, era la hija de un empresario muy importante y tuvieron la maravillosa idea de que las dos tenían que conocerse, la otra Ana como ella la llamaba de vez en cuando, era la prometida de un ex compañero de Klaus, se conocieron en la fiesta de compromiso y congeniaron bastante bien, Anna hablaba hasta por los codos y era lo que Hope necesitaba para conocer muy bien su entorno en la familia.
En cuanto las dos chicas llegaron y posaron sus ojos en el atuendo de la rubia, toda esa mierda que llevaba tragando desde que estaba en casa valió la pena.
Durante su viaje al centro comercial, las chicas no pararon de hablar en ningún momento, pero Hope no les prestaba atención, sabía muy bien de lo que hablaban y ella no tenía ganas de meterse en la piel de una chica superficial sin sentimientos, no hoy, sabía muy bien que tendría que haberse quedado en casa o mejor, no haber vuelto por lo que sumergirse en su mundo era la única alternativa que le quedaba.
Justo en ese momento era cuando recordaba por qué se sentía fuera de lugar, todo eso, todo lo relacionado con los Mikaelson era un castigo divino, muchos pensarían que los lujos, el prestigio y el poder era suficiente para dar saltos de alegría, pero cuando vives en un mundo donde siempre tienes que mirar detrás tuya, toda esa parafernalia deja de valer la pena completamente.
Necesitaba salir corriendo, su piel le vibraba cuando salieron de la última tienda que Victoria había elegido, estaban discutiendo, cuando Hope alzó la cabeza al cielo, sonrió tontamente, pues cada vez que miraba el cielo azul recordaba esos ojos que cambiaron su mundo años atrás, alzó la mano con delicadeza, como si alcanzar ese azul fuese alcanzar su antiguo yo.
Echaba muchísimo de menos lo que el chico de cabellos rizados y ojos azules reflejaba; cuando ese chico apareció de la nada, cuando esa sonrisa pintó su menudo rostro, su mundo dejó de tener importancia, porque lo único que valía la pena era mantener esa sonrisa en su rostro. Le necesitaba, si, pero ahora que miraba su reflejo en los cristales de la cafetería que tenía a su lado, se daba cuenta que no quedaba nada de la antigua Hope, de esa chica que buscaba el contacto físico en Damon, que buscaba desesperada el calor que transmitía sus brazos cuando se enredaban en sus caderas para abrazarla, de esa chica que unía sus labios dulcemente a los de su príncipe azul, no quedaba más que una mera sombra, un vacío sin sentido, un agujero negro dispuesto a absorber todo a su antojo.
Una sombra de lo que una vez fue y nunca más sería.
Se secó una lágrima suicida y comprobó que el maquillaje seguía en su sitio antes de enfrentarse a sus amigas que esperaban impacientes al otro lado de la calle, mirando un escaparate de perfumes, ni siquiera se había dado cuenta de que se habían movido, pero queriendo fingir que no había pasado nada se dispuso a cruzar la calle.
Nadie pudo advertirle de lo que significaba darse la vuelta, nadie pudo decirle a tiempo como su vida iba a cambiar otra vez en un abrir y cerrar de ojos, en cuanto se dio la vuelta, una sonrisa falsa y plástica se dibujó en su rostro inmaculado, borrando de un plumazo aquellos dulces y amargos recuerdos, pero en cuanto sus ojos verdes se clavaron en la figura de un muchacho alto y guapísimo su mundo se paralizó una vez más.
Cuando la gente dice que nuestros destinos están escritos, no quieres creerlo, al igual que no quieres creer que el destino sea caprichoso, no te crees nada de eso hasta que tus ojos te dicen la verdad. Hope reconoció al muchacho que estaba delante suya, iba vestido con un traje negro y una camisa roja, su cabello, totalmente desordenado había perdido los rizos que una vez le caracterizaron, incluso su rostro se había amoldado, perdiendo la suavidad de la del chaval de sus recuerdos, podía entrever los restos de una barba que había sido pulcramente afeitada, pero lo que sí que no había cambiado eran sus ojos, completamente azules, brillando con la misma fuerza que cuando le conoció, ¿quién le iba a decir a Hope que ella sería la culpable de que ese brillo desapareciera de un plumazo? ¿quién?
Damon.
Damon estaba otra vez en su vida. Damon estaba en Estados Unidos. Damon había cumplido su promesa, se llevó ambas manos al pecho, un hermano sentimiento se instaló donde debería estar ese músculo llamado corazón, que por primera vez en años, latía de nuevo, latía al compás que el mundo lo hacía, sonrió, una sonrisa que transmitía toda esa alegría que sentía en cada centímetro de su cuerpo.
Pero esa sonrisa se rompió en cuanto los ojos de Damon buscaron en la multitud, por un momento pensó que la había reconocido, pero no, no era a ella a quien estaba buscando, no era ella a quien necesitaba más que el aire para respirar, era otro Mikaelson.
Podía sentir como los trozos de su corazón se clavaban en su pecho y como el resto caía al vacío, podía sentir como su rostro se humedece pero no tenía fuerzas ni ganas para limpiarse ni para salir corriendo, Damon no estaba allí porque el destino hubiese querido unirlos otra vez, ni mucho menos estaba allí porque existía el lazo rojo del destino. No supo qué le dolió más en ese instante, si fue reconocerle entre la multitud o fue verle saludando efusivamente a su hermano Klaus, por irónico que suene, ahí estaban las dos personas que habían marcado su mundo, un ángel y un demonio, su cielo y su infierno en el mismo lugar.
No, otra vez se había equivocado, lo que más le dolía era ver como ambos dirigían su mirada a ella.
Hope necesitaba salir de allí, alejarse todo lo posible de ese despacho y de esa vida que le había tocado, no podía entender cómo había estado tan ciega, como no había visto que Damon estaba de vuelta en su vida no porque ambos estuviesen enamorados, ni porque el destino lo hubiese escrito en algún sitio, sino porque el dinero era capaz de hacer cualquier cosa, y Damon estaba dispuesto a aguantarla para conseguirlo.
Se limpió las lágrimas que caían libremente por sus mejillas e intentó pensar con claridad, pero lo único que su cabeza procesaba era la conversación que Damon había tenido con el sucio y rastrero de su padre y con el cerdo de Klaus, por más que quisiera buscarle una explicación no la tenía en absoluto, no estaba malinterpretando nada, todo lo contrario, era la primera vez en toda su vida que tenía algo claro, Damon estaba tan jodido como su propia familia y eso sólo podía significar una cosa: que él también iba a pagar.
— ¡Davina! —gritó desesperada, la aludida no tardó mucho en aparecer, tenía un aspecto de lo más horrendo, con el cabello recogido en un moño improvisado y ni siquiera llevaba el jodido uniforme, pero aunque todo eso era suficiente para alterar a Hope, esta no estaba para echar sermones a nadie, ambas se miraron fijamente, Davina esperaba impaciente mientras Hope simplemente buscaba la forma de controlarse y no derrumbarse delante de su cuñada—. Busca a Elena, la quiero aquí.
La aludida asintió sin titubear y se quitó del medio con la misma rapidez con la que había aparecido. Era demasiado temprano aún por lo que Elena seguiría durmiendo, así que se dirigió directamente a las escaleras del servicio cuando vio a Kol metiéndose en el cuarto de limpieza, Davina dudó un segundo y miró a su alrededor, no quería que nadie los pillase a ambos en un lugar tan comprometido.
Damon salió del despacho más cabreado de lo que estaba cuando entró, no sabía que le molestaba más, si Klaus llamando por teléfono a las cuatro de la mañana para charlar o la maldita charla, sabía que todo el asunto de los negocios corruptos de Mikael los iba a meter a todos en un buen lío, no se creía para nada esa idea de que todo iba a salir de perlas y nadie más se iba a ver involucrado, pero Damon ya estaba harto, no supo cuando empezó todo, pero lo que si sabía era que necesitaba que terminase de una maldita vez.
Todo el mundo estaba trabajando ya y eso lo mosqueó muchísimo más, ni siquiera eran las seis de la mañana, la jornada de la mayoría de los trabajadores de ese edificio empezaba a las siete y media, pero la mierda subasta necesitaba toda la atención del personal y aunque a Damon eso casi nunca le molestaba, ahora si.
No encontró a Hope en ninguna parte -tampoco buscó muy en serio- por lo que decidió perderse escaleras arriba, al principio no tuvo muy claro lo que estaba haciendo, pero en cuanto sus dedos tocaron el pomo de su puerta nada tenía valor alguno.
Una pequeña media sonrisa se extendió por su rostro mientras abría la puerta con calma, estaba haciendo algo que no era correcto, lo que pasó ayer tarde entre ellos no iba a volver a repetirse, ambos lo dejaron claro cuando se despidieron entre besos y risas, vale que esta vez las cosas no habían acabado en gritos y peleas, pero aún así lo que estaba haciendo Damon no era algo bueno, pero, ¿qué hacía de todos modos? ¿colarse en el cuarto del personal? ¿era eso un delito? el ojiazul sólo necesitaba verla dormir, ver cómo su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración, quería ver su rostro aniñado sin sentirse mal, quería ver en Elena lo que no veía cuando ella estaba despierta y moviéndose de un lado a otro, necesitaba ver a la chica del bar, a la chica de la lavandería, necesitaba verla a ella, totalmente desnuda.
Se deshizo de los zapatos nada más entrar y también de la chaqueta, no quería hacer ningún ruido pero tampoco quería pasar desapercibido, era un tanto extraño, pero necesitaba todo cuando se trataba de ella y es por eso por lo que la sonrisa nunca abandonó su rostro. La habitación estaba en penumbra, por lo que podía divisar la silueta de la chica tumbada de lado, dándole la espalda a la puerta.
Miró el reloj que estaba en la mesilla, era temprano, podría estar a su lado un rato más y desaparecer antes de que pudiese darse cuenta de su presencia.
Se sentó en el suelo, en uno de los laterales de la cama para poder ver su rostro y memorizar cada detalle. Era muy pocas las veces que podía permitirse ser tan vulnerable, poder perderse en cada detalle de su rostro, en sus mejillas rosadas, en sus ojos afilados de color café, en la caída de su cabello, en esa nariz tan respingona. Sonrió con tristeza, por más veces que se lo repitiera era incapaz de alejarse de la chica bourbon, si le gustaba cómo sonaba: la chica bourbon, le hubiese gustado despertarla y decirle que tenía un apodo para ella, uno a su altura, pero sabía que si lo hacía podían pasar dos cosas que se lo tomase a broma y le dejara claro que era un copión o que se lo tomase a mal y lo echara de allí a patadas y realmente no quería pelear más y menos con ella.
Porque después de lo que pasó ayer sabía que nunca más podría intentar alejarse de nuevo, no cuando sus cuerpos se unieron en uno sólo, no cuando ambos hicieron el amor, porque no se podía definir de otra forma, no había simplemente follado no como cuando se conocieron en un bar, no así.
Y ella tuvo que darse cuenta, estaba seguro de ello. La forma en que sus miradas conectaron, como si pudiesen ver más allá de la realidad rozaba el milagro, Damon juraría haber visto el alma de Elena y haber dejado al descubierto la suya propia, lejos de sentirse mal por ello, se sentía agusto, como si se hubiese deshecho de una carga extra.
Cerró los ojos por puro cansancio y sin importarle la postura que había tomado se dejó llevar por los brazos de Morfeo, ¿o eran de Elena?
— Te vas a hacer daño —su voz le hizo dar un salto en el sitio, la chica rió bajito, Damon tardó en acostumbrarse a la poca luz que entraba por la ventana, pero enseguida el rostro de la chica apareció en su campo visual—. ¿Qué haces ahí?
— Dormir —se encogió de hombros, como si esa pregunta hubiese sido una ofensa, la chica se mordió el labio inferior y negó con la cabeza de forma sutil—, ¿y tú?
— ¿Ahora mismo? Observar a un acosador o tal vez pervertido —bromeó dejándose caer de nuevo en la cama—. ¿Cómo te definirías en este momento?
— No soy el Sol pervertido del whatsapp eso seguro —dijo con total seguridad, Elena captando la broma comenzó a reírse. Damon cerró los ojos pero esta vez no por cansancio sino porque necesitaba dormir con ese sonido en la cabeza, dios, necesitaba grabar su risa para poder reproducirla cada vez que tuviese un momento malo—. Elena, ¿puedo pedirte una cosa?
El silencio reinó entre ambos. La risa de la chica había quedado relegado a un segundo lugar y Damon se sintió fatal por ser la causa de ello, pero necesitaba pedirle ese favor antes de que la realidad le golpease de nuevo y se diera cuenta que ya no eran dos niños pequeños haciendo locuras típicas de la edad, eran dos adultos con problemas, con problemas que debían afrontar cuanto antes.
— Damon, ven aquí —el chico alzó una ceja suspicaz sin creerse todavía lo que la chica había dicho, dándose cuenta de ello, Elena repitió su petición y golpeó un lado del colchón para dejarle claro que se estaba cansando de esperar.
Damon no dudó ni un segundo y corrió a su lado pero sin llegar a rozarla, sería mucho más cómodo si se deshacía de los pantalones y de la camisa pero como no quería tentar su suerte se metió tal y como estaba, con calcetines incluídos. Un minuto después ya estaba asado y se quitó la sábana de encima, ganándose una carcajada de Elena: música para sus oídos.
— Dime, ¿cual es el favor?
— Tengo la corazonada que me has metido en tu cama para poder hacerme daño si el favor no te gustaba, ¿me equivoco?
— ¡Qué tonto eres! —le dio un codazo y se acurrucó a su lado, no llegó a pasar los brazos a su alrededor, pero el poco contacto que tenía su cuerpo con el suyo era más que suficiente para sentirse a gusto, cerró los ojos para seguir durmiendo cuando la pregunta de Damon la devolvió a la realidad.
— ¿Puedo grabar tu risa?
No sabía porque respondió como lo hizo, no sabía si se debía a sus hormonas que estaban completamente revolucionadas, el cansancio o el aroma propio de Damon, a madera y cuero, no sabía como lo hacía, pero siempre olía de la misma forma y era agradable.
— ¿Puedo yo grabarte? —alzó su cabeza para poder ver la reacción del chico a la pregunta que había utilizado para responderle, no quería que pensara que no quería responder o que no se atrevía porque no era el caso, pero es lo único que le había salido cuando le escuchó hablar, si él quería su risa ella le quería a él.
— Hagamos un trato —dijo más animado, incluso se movió para quedar de cara a ella, Elena protestó ante el brusco movimiento, aún estaba muy cansada para tanto ajetreo, se atrevió a mirar a su derecha donde descansaba su despertador y frunció el ceño al comprobar la hora, estaba a punto de decirle al chico que se marchara cuando notó que un brazo tiraba de ella— Yo te dejo que me grabes si tu siempre me sonríes, incluso en los peores momentos.
— No se yo —se removió, la tenía atrapada entre sus brazos y estaba empezando a sudar la gota gorda, entre las sábanas, el calor corporal del chico unido a la temperatura de la habitación le estaba pasando factura y aunque quería ducharse no quería oler a queso podrido.
— Vamos, no es tan malo…
— Lo que es malo es que no me sueltes, Damon.
— Vale, te suelto. Pero si hacemos ese trato.
— ¡No me beneficia en absoluto!
— ¡Consigues inmortalizar mi belleza en un vídeo! ¡Claro que te beneficia!
— ¿¡Para qué te quiero en un vídeo!? —protestó empujándolo lejos, pero el chico seguía aferrado a su cuerpo y si se caía, se caerían ambos— Damon, por favor…
— Ni un día, oye. Se intenta pero se ve chica bourbon que hay que pelear duro con usted —bufó en broma, Elena se incorporó de golpe, como cuando te acuerdas que tienes una cita muy importante y vas con el tiempo justo para salir corriendo, pero Elena no tenía ninguna prisa, no había un sitio donde realmente tenía que ir, pero la sorpresa que se había llevado tras oír cómo la había llamado era monumental, no sabía si reír a carcajadas o echarse a llorar pero de la emoción.
Ya no tenía sueño, ni tampoco sentía que su cuerpo estuviese gobernado y controlado por las hormonas, si estaba allí aguantando a Damon era porque quería, tan simple como eso, porque quería tenerlo a su lado, porque necesitaba sentirse querida por alguien que no fuese Stefan o lo que quedaba de su familia, es decir, absolutamente nadie.
Quizá eso era motivo suficiente para salir corriendo o para echarle a patadas, pero no podía, era incapaz de alejarle, no después de haberle abierto las puertas de par en par.
— Oye, Elena —se incorporó junto a ella y tomó su rostro con ambas manos, su contacto era tan agradable, que era incapaz de resistirse ni un minuto más, cerró los ojos y se dejó llevar, no fue hasta que notó los dedos del chico sobre sus mejillas cuando se dio cuenta que estaba llorando, era la primera que no sabía por qué lloraba, no sabía si se trataba de haber pensado en su familia, familia que nunca más tendría, familia que le fue arrebatada cuando tan sólo era una niña o si había sido por darse cuenta, que ahora que de nuevo le importaba alguien, ese alguien estaba a kilómetros de distancia de ella.
— Elena, tranquilízate, estoy contigo —era la segunda vez que se derrumba delante de él, la primera había sido en el apartamento de Enzo, semanas atrás, cuando se había puesto a hablar de Klaus, esa vez Damon no la consoló, no le dijo absolutamente nada ni siquiera intentó abrazarla, pero ahora era diferente y eso era lo que la preocupaba, ¿por qué era diferente? ¿qué había cambiado en tan poco tiempo?
No supo cómo pasó, pero ambos quedaron tumbados en la cama, Elena abrazada a su cuerpo, totalmente inmóvil y Damon susurrando palabras de aliento en italiano en su oído, no entendió nada pero le bastó para que Morfeo los atrapase a ambos en sus redes.
Davina salió del cuarto de limpieza con un humor de perros, Kol la había retenido más de lo debido, casi llevaban allí encerrados una maldita hora y todo para decirle cuatro cosas, pero por supuesto, el señorito necesitaba su dosis de besos de buenos días antes de continuar con la jornada, una jornada que para él se había convertido en el mejor día de su vida vista las novedades. Como si para ella ese día fuese bueno, no lo era para nada, pero aún así se quedó ahí, porque también necesitaba perderse en los brazos de Kol el tiempo suficiente para olvidar lo que le esperaba nada más saliera de ese cuarto.
El día había empezado como el culo y terminaría mucho peor si se cruzaba con Hope sin tener a Elena a su lado, al final se acabaría ganando el sermón que antes no había recibido por cosas de la vida.
Después de buscar a Elena, se dijo mientras cruzaba la sala repleta de trabajadores que no conocía de nada, tendría que buscar a Damon para contarle las novedades de su hacker. Bonnies les había llamado esa mañana temprano para decirles que tenía los datos que habían encontrado en el archivo del contacto de Hope, los datos eran suficientes para confirmar los trapicheos de los Mikaelson, pero no suficientes para llevarlos a la cárcel; lo que no acababan de entender era porque Hope estaba investigando lo mismo que ellos, cuando ella estaba dentro como Mikael y Klaus. Davina no había dejado de darle vueltas al asunto, ¿estaría o no involucrada Hope en el asunto?
Kol no le había dado mucha importancia y le había dicho que lo mejor era comunicarle las novedades a Damon cuanto antes, también le había dicho a Bonnie que averiguase más sobre el hacker de Hope, tal vez le resultase útil.
De una forma u otra, esa información era muy jugosa, un dato crucial para desenmascarar a la familia Mikaelson de una vez.
El sonido del teléfono consiguió despertar a Elena completamente, se removió incómoda al no recordar de quién era el cuerpo que descansa debajo del suyo, en cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz que entraba por la ventana consiguió identificar al dueño del cuerpo, negó con la cabeza al descubrir que el chico no se despertaba ni siquiera con el sonido de su propio teléfono, porque estaba segurísima que el teléfono que sonaba no era el inalámbrico que tenía en el cuarto sino el móvil de Damon; intentó cubrirse la cabeza con la almohada y así amortiguar el sonido, pero ni dos segundos después lanzó la almohada lejos y miró en todas partes intentando averiguar donde estaba el teléfono.
Sintiéndose la persona más torpe del mundo decidió que la mejor manera de acabar con esa tortura era despertando al culpable, no tuvo piedad alguna, empezó a zarandear su brazo con fuerza, viendo que ni con esas se despertaba decidió tomar en cuenta otro método más efectivo; se acercó a su oído.
— Damon, es tarde, levántate —no se movió ni un ápice, porque estaba respirando, se dijo así misma mientras tiraba de su brazo, o sino pensaría que estaba muerto—. ¡Damon! ¡Te llaman! ¡Damon!
El chico por fin dio señales de vida, pero estaba tan dormido que lo único que hizo fue cambiar de postura para alejarse de las quejas de Elena, murmuró algo inaudible y se acurrucó a su lado, acercándose lo máximo posible. Parecía un niño pequeño buscando el calor de su madre y ese gesto le rompió el alma a Elena que por un segundo se olvidó del incesante sonido del teléfono móvil y de que el despertador en cualquier momento daría también señales de vida.
— Damon, es hora de levantarse —susurró mucho más calmada en su oído, incluso se atrevió a darle un pequeño beso en el cuello, el chico sonrió medio dormido medio despierto mientras se acurrucaba mucho más cerca, haciéndose el remolón— ¡Vamos, Damon!
— Un ratito más… —gruñó con los ojos cerrados, a tientas buscó el contacto de su pecho para dormirse ahí, pero Elena se lo impidió con una sonrisita de niña pequeña, realmente le gustaba esto, estar así con Damon era un lujo que necesitaba con toda su alma, sonrió más ampliamente cuando vio que el chico seguía intentando abrazarse a ella— ¡Hope, por favor!
En ese momento toda la alegría que le había provocado estar con Damon se esfumó de un plumazo, era increíble la fuerza que puede tener una palabra que incluso puede romper todos esos buenos momentos vividos en una velocidad inimaginable.
Elena se dejó caer rendida contra la cama, si antes se sentía atrapada, ahora podía ver los barrotes a su alrededor, unas cadenas invisibles atadas por todo su cuerpo y lo que era peor, podía ver a Hope, sentada enfrente de ambos, riéndose a carcajadas de su estupidez, una lágrima solitaria recorrió su mejilla izquierda, sintiéndose la persona más patética de todo el planeta.
Tan absorta estaba en su propia miseria que no escuchó la puerta abrirse de golpe, tardó bastante en darse cuenta que tenía un intruso en el cuarto hasta que sus ojos se cruzaron con la mirada de asombro de Davina.
La imagen que se formó ante sus ojos no era para nada una ilusión, Davina estuvo tentada de marcharse de allí sin dar ni una señal pero no podía hacer tal cosa, ver a Damon en la cama de Elena era de todo menos sencillo, ira creció en su interior al sentirse totalmente inútil, no podía hacer ni decir nada con Elena delante, pero acabaría matando a Damon tarde o temprano, lo primero era sacar a Elena y llevarla ante Hope.
En ese instante el despertador de la chica empezó a sonar, Damon pegó un bote y miró desconcertado en todas las direcciones, primero sus ojos se clavaron en una muy tensa Elena para después pasar, de forma automática, a Davina, que los miraba a ambos con una tranquilidad muy falsa.
— Elena. Hope solicita tus servicios con urgencia —los saludó a ambos de forma fría y calculadora, Elena se tensó mucho más al escuchar el nombre de Hope como si en vez de haber salido de los labios de Davina hubiese sido Damon el que la había mencionado, por segunda vez—. Si no vas ahora, subirá a buscarte.
Dudaba que Hope fuese a perder su valioso tiempo en buscar a Elena en su propio cuarto, pero necesitaba sacar a Elena de allí e interrogar a Damon con tranquilidad, mientras le relataba a Elena lo que Hope le había pedido, no había quitado los ojos de Damon, como si la información fuese para él y no para la chica que salía de la cama a toda velocidad para vestirse y desaparecer escaleras abajo.
En cuanto Elena desaparece de la habitación, Davina da un paso al frente, el teléfono de Damon hacía un buen rato que había dejado de sonar pero el chico no parecía preocupado por la persona que solicitaba su atención, sino que estaba más pendiente de lo que podría pasar a continuación.
— ¿En serio, Damon? —sonó como una madre molesta y eso provocó en Damon una risita suave— ¿el juguete nuevo de Hope? Muy sana vuestra relación, ¿eh?
— ¿Te importa? —le señaló la puerta con el mentón, dejándole claro que no quería escuchar ninguna de sus tonterías, Davina no tenía ningún poder sobre él, por lo que no iba a aguantar sus tonterías ni un minuto más.
— Damon, Kol ha encontrado algo interesante —captó su atención, tomó su teléfono para comprobar que tenía un mensaje de texto de Enzo, lo revisó y la situación le hizo gracia.
"Mi hacker ha encontrado algo interesante, Damon"-E
Estuvo a punto de decirle a Davina que él también tenía algo interesante, pero prefería no tener que involucrar a la chica y a Kol más de lo que ya estaban, por lo que se salió de la cama y tomó sus cosas para marcharse, no sin antes decirle a la chica que quedarían más tarde para aclarar las novedades, Davina abrió la boca para protestar pero se calló.
Damon salió de la habitación totalmente arreglado, nadie pensaría si lo viesen que acababa de salir de la cama con esa misma ropa, tal vez era su encanto natural o su irresistible belleza, pero nadie miraba su ropa si tenían su rostro cerca. Estaba de muy buen humor y mira que la situación era bastante fea, por mas que tuviesen datos con lo que fastidiar a Mikael, este seguía teniendo la sartén cogida por el mango y eso no iban a solucionarlo de la noche a la mañana, pero por primera vez eso no era lo más importante, su felicidad no quedaría eclipsada por la mierda de todos los días, vale que era imposible negar la existencia de los problemas de los Mikaelson, de que Hope seguía en su vida y complicando su existencia cada día con más fuerza, que las amenazas de Mikael, estaban ahí, reteniéndole a su lado, pero todo eso perdía valor si se paraba a pensar en la sonrisa de Elena, había sido la única vez en mucho tiempo que se había permitido descansar en los brazos de alguien sin sentir que ese alguien iba a desaparecer o hacerle más daño.
Estar con Elena, sentir su piel suave contra la suya, sus labios rosados y finos dejando un rastro de besos, su risa, que era como un canto angelical retumbando en su oído, adormilándolo. Era un regalo del cielo, de eso Damon estaba completamente seguro y no pensaba permitir que se lo arrebataran, nunca más.
Con ese pensamiento en mente y sabiendo que ese estado de paz y calma iba a desaparecer completamente, tomó su teléfono para mandarle un mensaje a la chica.
"Te estoy echando de menos, muchísimo de menos ;)"- D.
Cerró el teléfono sin comprobar si a la chica le había llegado el mensaje y se marchó directamente a trabajar, esperando no cruzarse con Hope en todo el día.
Sí, a mi también me sorprende publicar un día después de la última publicación, nunca pensé que terminaría este capítulo tan pronto, pero está claro que cuando el Delena está, todo es posible y necesitamos muchas más historias y necesito avanzar con esta cuanto antes.
¿Por qué mis prisas? porque quiero escribir más historias Delena, como la secuela de Su Reflejo que está en mi cabecita molestándome cada dos por tres, más otras ideas que van y vienen torturándome.
Siguiendo la línea de Su Reflejo, quería daros las gracias por vuestra paciencia, pues SR es una historia introuductoria a lo que será Su Mirada, no sé si me estoy explicando, es como si SR fuese una introducción a lo que será Su Mirada, os prometo que si os gusta SR os encantará Su Mirada, pero claro, depende de si sois o no fans Delena y Bonkai, porque eso es lo que más encontraréis en la secuela de Su Reflejo, una dosis extra de ambos. Y un poco de Koraline (o como se diga)
Me gustaría también hablaros de SCOM, pero no tengo muchas novedades y no quiero que nos odiéis mucho más, no sé como pedir disculpas a estas alturas sin sentirme repetitiva, pero os prometemos que nada más podamos ponernos escribiremos. Lo sentimos de veras.
En resumen:
1, CB: Se viene lo bueno, se empezarán a desvelar misterios, el pasado de los personajes saldrá a la luz y mucho más Delena.
2, SR: Falta poco para que termine, los misterios irán resolviéndose y otros nuevos aparecerán. Como he dicho, es una especie de introducción a la siguiente historia.
2.5, SM: la secuela aparecerá en línea entre diciembre-enero y será, lo que se puede decir, la verdadera historia de SR, donde los misterios se resolverán completamente y tendréis DELENA Y BONKAI por todos lados.
3, SCOM: no hay mucho más que decir, que seáis pacientes.
¡Espero vuestros comentarios!
