Y, ¿qué pasará con Damon y Elena? ¡Sigue leyendo para averiguarlo!
Episodio 19: Situaciones de estrés, momentos íntimos y desagradables, visitas inesperadas llenas de tensión con una pequeña dosis de Bourbon.
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Escapar de su propia habitación había sido un acto de cobardía muy poco propio de una persona tan fuerte como ella, pero en ese instante donde sólo podía sentir que si pasaba un minuto más en ese lugar iba a estallar, no estaba en su mente mantener su orgullo hasta el último segundo de su miserable vida.
Estaba atrapada o por lo menos así es como se sentía en los brazos de Damon, brazos que nunca serían suyos, brazos que siempre buscarían el contacto físico de otra persona y nunca el suyo propio.
En cuanto la palabra "Hope" escapó de los labios de Damon, Elena sintió que se ahogaba entre esas cuatro paredes, en una habitación que no era suya y en una cama que parecía más una prisión que un lugar de descanso, por primera vez, los brazos del ojiazul no eran un refugio sino su condena.
Quizá había sido un acto de cobardía como ella misma lo había definido antes, pero la alternativa era mucho peor, quedarse ahí, aunque sólo fuera un segundo más, era castigarse a sí misma, y no iba a llorar, no una tercera vez, no delante de gente que nunca la aceptaría en su mundo. Sabía que Davina era una chica especial, alguien que escondía algo muy importante detrás de esa mirada de inocencia y después estaba Damon, alguien totalmente inalcanzable, atado voluntariamente a un futuro incierto y miserable.
Elena no era una heroína ni mucho menos la heroína de nadie, y aunque torturar y vengarse de Hope era algo que necesitaba como el respirar, no se veía con las fuerzas necesarias de usar a Damon en el camino, el chico no se merecía que otra mujer lo manipulase, pero, ¿desde cuando eso le preocupaba a la menor de los Gilbert?
Con las prisas no había podido ducharse ni arreglarse en condiciones por eso, en mitad de la escalera, tuvo que comprobar que todo estuviese en su sitio, que la camiseta estuviese perfectamente planchada, que la falda entubada estuviera perfecta y que los zapatos que tenía en las manos fuesen iguales y no uno de una forma y otro de otra.
Cuando sintió que estaba lista para continuar con su rutina el olor corporal de Damon se coló en sus fosas nasales, por un momento se quedó quieta en el sitio, temiendo que el chico hubiese salido a buscarla, no estaba preparada para enfrentarse a él, sentía que si lo hacía acabaría derrumbándose, otra vez. Y ella era mucho más fuerte que eso, por eso se giró con lentitud, comprobando con sus propios ojos que no había ni rastro del muchacho en ninguna parte.
Tomó un mechón de su coleta y se lo acercó a la nariz, como temía, era ella la que olía a Damon, ¡natural! había estado durmiendo pegada completamente a él, lo raro sería no retener su olor.
No tenía tiempo de ducharse, por lo que tendría que hacer un poco de ejercicio físico antes de enfrentarse a Hope.
Estaba a punto de llegar a la planta baja, casi podía escuchar el bullicio de la gente trabajando, cuando alguien apareció detrás y tomó su muñeca con una delicadeza casi extrema, el corazón de la chica se encogió ante el contacto, temiendo que se tratara de la única persona que podía paralizar su mundo en menos de diez segundos.
Se giró muy lentamente sin romper el contacto físico, pero en cuanto sus ojos café se clavaron en la figura del chico que estaba a su lado, quiso abofetearse.
— ¿Klaus? —no quiso sonar tan sorprendida ni mucho menos tan eufórica pues se podía malinterpretar con facilidad, el chico sonrió ampliamente sin saber en qué estaba pensando la chica en ese momento.
— ¿Quién si no?
Elena sonrió de forma involuntaria, era la primera vez que se alegraba al encontrarse con Klaus y no con Damon.
El chico, ajeno completamente a lo que sucedía en la cabeza de su ex novia, le devolvió la sonrisa.
— Tengo que ir a trabajar, Klaus. No quiero oír a Hope.
— No te preocupes por ella —acarició sus nudillos con ternura, Elena se tensó ante ese movimiento tan natural y familiar, quería irse cuanto antes—. Le preocupa más que la subasta salga en condiciones. De eso y de su prometido
— Dudo que se acuerde de Damon —apartó la mano bruscamente, pero en cuanto el rubio clavó sus ojos en el rostro de la chica de forma inquisitiva se arrepintió de haber dicho eso, ¿había sonado tan mal como parecía? quiso quitarle hierro al asunto con una simple sonrisa—, quiero decir, estará más pendiente de dar órdenes que…
— Te he entendido, Elena. Pero sé que buscará a Damon, necesita tener todo controlado. Y a su novio lo primero —bromeó con picardía, dejándole claro que esa frase iba con doble sentido, a Elena se le revolvió el estómago al imaginarse a Damon y a Hope en la cama o en la lavandería, apretó los puños e intentó serenarse, llamar la atención de Klaus era un error.
— Klaus —le advirtió al ver lo que estaba intentando hacer con ella. Las cosas entre ellos no estaban bien, Elena lo tenía tan claro como el agua, pero se veía que Klaus no pensaba igual.
— ¿Qué? —dijo inocente, tomó con delicadeza la cadera de la chica y la atrajo aún más cerca, Elena tomó varias bocanadas de aire para calmarse, porque no estaba bien pegarle un rodillazo en la entrepierna o jugar con sus huevos como si fueran canicas, pero, de nuevo, Klaus malinterpretó la situación—, ¿sabes qué, nena?
Lo iba a matar.
— ¡Klaus! —volvió a advertirle, e incluso puso ambas manos en su pecho, para alejarlo de ella y de la hostia que le iba a meter si se quedaba un segundo más en su campo visual, el chico sonrió gustoso y acercó su rostro aún más.
Ella no era la mala de la película, ella no se había acostado con el hermano de Klaus por puro placer, no, ella había sido la víctima de esa historia, por lo que no estaba mal rechazar a su ex, todo lo contrario, lo alejó lo máximo posible, dejándole claro que no iba a tolerar ese comportamiento infantil ni un segundo más.
Iba a marcharse cuando recordó el asunto de las finanzas, se giró con la intención de preguntarle si el trámite se había hecho correctamente, pero Klaus fue mucho más rápido y tomó su rostro para unir sus labios en un profundo beso.
Elena tuvo muchas oportunidades para romper el contacto, empujando, gritando o simplemente golpeando con todas sus fuerzas, pero lejos de hacer todo eso, sólo se quedó quieta, se dejó llevar por las manos expertas de Klaus, que apretaba su cuerpo como si temiera perderla para siempre, y tenía toda la razón, en otras circunstancias ese beso había acabado en algo sanguinario y doloroso, alguna costilla rota o simplemente un huevo menos, pero hoy, hoy la chica se veía sin fuerzas para pelear, pues lo único que quería era borrar los besos de alguien más, borrar el contacto de otras manos expertas de todo su cuerpo, lo que necesitaba como el aire para respirar era olvidar, olvidar a Damon para siempre.
Fue Klaus quien rompió el beso y comenzó a repartir pequeños por todo su rostro como cuando empezaron a salir juntos, tenía la fea costumbre de decir que cada beso era como una forma de marcar territorio, de dejar claro que ella era suya para siempre, en su momento le había parecido algo divertido, ahora simplemente era algo sin sentido, doloroso.
Le apartó con cuidado, no porque temiera hacerle daño sino porque no quería romperse otra vez, se estaba volviendo una costumbre echarse a llorar cada dos por tres como si aún fuese una niña pequeña que no comprendía porque sus padres y su hermano se habían marchado.
— Klaus, ¿has solucionado lo de mi dinero?
El chico parecía levemente decepcionado pero supo disimular muy bien, se recompuso y le dejó claro que estaba trabajando en ello, que esa misma tarde estaría todo solucionado, Elena asintió conforme y antes de largarse Klaus le plantó un pequeño beso en los labios, la castaña abrió la boca pero Klaus ya se largaba silbando, feliz.
Era costumbre fastidiar a la gente, romper sus ilusiones como habían hecho con ella un año atrás, pero estaba tan agotada, física y mentalmente hablando que no tenía ganas de pelear con Klaus por unos besos insignificantes, miró a su alrededor, comprobando que nadie los hubiese visto y por ende pudiera malinterpretar lo que había sucedido allí, pero como se imaginaba no había ni un sólo alma por esa zona, se encogió de hombros y bajó el tramo de escaleras que le quedaban para entrar en su jornada laboral.
Damon se había vuelto a colar bajo las sábanas de Elena, necesitaba pensar, y en ese maldito edificio no había un lugar mejor que la cama que había compartido con la chica. La cabeza de Damon no estaba donde debía estar, pero es que era incapaz de ponerse a trabajar o hacer algo productivo cuando la situación se le estaba escapando completamente de las manos.
Cuando decidió trabajar para los Mikaelson nunca se imaginó algo tan sucio y rastrero como eran los negocios ilegales de Mikael, pero en su momento no pudo negarse ni ahora, años después, podía hacer nada que no pusiera en peligro lo que era su familia, en su momento creyó que podría sobrevivir, continuar con esa farsa y evitar que las amenazas de Mikael hacia su gente se cumpliesen, pero ahora sabía que era inevitable, no podría proteger a todo el mundo, necesitaba que lo que Enzo hubiese descubierto unido con lo de Kol y Davina fuese suficiente para meter a esas ratas en la cárcel.
Elena. Elena estaba en medio, la chica sin saberlo estaba dentro de una red de mentiras, robos y dinero negro, ya había asimilado, tiempo atrás, que él quedaría marcado por la mierda de los Mikaelson, pero nunca pensó que le afectaría que alguien como Elena estuviese allí, en el centro de todo. Podría aceptar que Hope se viese afectada, no sólo lo aceptaría, incluso lo aplaudiría pero no podía dejar que Elena cayera con todo el equipo.
Ella no tenía nada que ver.
Intentaba encontrar una salida donde pudiese haber una oportunidad para ellos dos, quería acabar con Klaus y Mikael, terminar de una vez por todas con Hope y encontrar el modo de salir indemne de toda esa situación de locos, antes lo veía muy fácil, ahora ponía a muchísima gente en peligro, gente que se había convertido en su familia sin darse cuenta.
Se pasó una mano por el rostro y miró a su alrededor, era una habitación como otra cualquiera en ese edificio infernal, no había nada personal, nada que pudiera decir algo de la persona que habitaba esas cuatro paredes, si se paraba a pensarlo no conocía lo suficiente a Elena, no sabía cuál era su color, estación, película, canción favorita. No lo sabía, ni eso ni un montón de cosas más sin sentido.
Llevaba meses viviendo con ella y no sabía ni siquiera cuál era su segundo apellido. Bueno, sí que lo sabía, pero porque sus padres eran famosos, dos héroes silenciosos que murieron en el atentado de las torres gemelas al mismo tiempo que él se despedía del amor de su vida pues ella se marchaba a Estados Unidos, era irónico, dos almas desconocidas unidas por un dolor indescriptible sin ni siquiera conocerse, tal vez sí que compartían cosas en común, puede que ninguno de los dos supiese el color favorito del otro o la comida que más odiaban en el mundo, pero tenían una conexión que Damon no estaba dispuesto a perder por nada.
Su teléfono empezó a sonar y se vio tentado de dejarlo así, pero ya era la cuarta vez que Mikael intentaba contactar con él, no quería seguir tentando a la suerte de esa forma.
— Mikael —lo saludó tranquilamente, se sentó con las piernas cruzadas y miró a su alrededor, los pequeños detalles le ayudaban a llevar mejor la conversación con ese hombre.
— Tengo todo listo para la subasta de esta semana. Hope no sabe nada, Klaus se ha encargado de mover los fondos.
— ¿Cuándo ha hecho eso? —se alteró, sus cuentas estaban intactas, tanto las legales como las cuentas negras, no se había movido ni un centavo, ni tampoco habían hecho algún acto para blanquear el dinero, no se fiaba para nada de Klaus, que el rubio hubiese movido dinero no era nada bueno.
— Tranquilo, Salvatore —comentó relajado, Damon ya podía verlo rascándose la barbilla en gesto pensativo, como si no estuviese haciendo nada malo—. El dinero proviene de la fundación Gilbert, la subasta de Hope es un acto benéfico en honor a dos almas perdidas. Un dos a dos.
— ¿Te estás aprovechando de las deudas de Stefan, verdad?
— Para nada, de lo que me estoy aprovechando es de la alianza que tenían ambas familias hasta hace un año. Nada más.
— Sucia rata.
— Damon, vigila tu lengua. Nadie te obliga a hacer esto, ya sabes, tienes otra alternativa, puedes abandonar y tu familia sufrirá las consecuencias, por no hablar de qué estás tan manchado como yo en esta historia.
— ¿Qué quieres que haga, Mikaelson? Si Klaus lo está haciendo todo, incluso Hope y Elena sin saberlo.
— Damon, tú no tienes que hacer nada aquí, sólo controlar que todo sale bien y que nadie ve la verdad en la subasta. Tu verdadero trabajo vendrá más tarde. —cerró los ojos y respiró hondo, necesitaba más información, algo jugoso de lo cual tirar para adelantar el proceso de pruebas, pero sabía que cualquier movimiento en falso podría ser su condena.
— Perfecto. Te dejo entonces.
— Ni se te ocurra colgarme, Damon. Todavía no he terminado contigo, necesito pedirte un último favor.
El chico rió, le había hecho gracia la forma de definir la palabra "orden" como si realmente fuese un favor, algo voluntario. Mikael lo ignoró completamente.
— Necesito que entretengas a Hope esta tarde. Hoy llegará uno de mis hombres con un cargamento especial, Hope estará tan pendiente de todo que seguro que la muy idiota ve algo fuera de lugar, no quiero que sepa lo que hay dentro.
— ¿Y qué hay?
— Detectores. Unas maquinitas que anulan la tecnología punta. No podemos jugarnos nada, eso debe estar repartido por todo el lugar, por si el FBI decide investigar esa pèqueña e insignificante subasta.
— ¿Qué más hay, Mikael?
— Eres listo muchacho, sino fuese porque te he cogido un asco casi que estaría agradecido de que mi hija aún te aguante a su lado.
— Mikael.
— Dinero, una especie de adelanto por parte de las familias que vendrán en la subasta. Ya sabes que esa subasta está amañada. Todo el dinero recaudado servirá para las ventas ilegales. Encárgate de que Hope esté fuera de mi vista.
Damon asintió y lanzó el teléfono lo más lejos posible, tras pasarse las manos por la cabeza se dejó caer en la cama, ¿cómo había sido tan idiota?
— ¿Qué?
— Me has oído muy bien, Elena. Quiero que vayas a limpiar la buhardilla —le repitió agotada, como si explicar eso fuese la cosa más aburrida del mundo.
Elena estaba alucinando. Si es cierto que se le había olvidado completamente que tenía que ir a buscarla, pero no había esperado que después de trabajar como una mula dando vueltas por el salón con caja para arriba, caja para abajo, fuese a venir la rubia tan campante a dejarle claro que su papel en toda esa historia consistía en ir a limpiar una buhardilla más grande que su antiguo apartamento sin ningún motivo aparente.
Buscó con la mirada a alguien que le pudiese librar del problema, pero estaba claro que la entrada de Hope en la sala era suficiente para que todos se convirtieran en robots, rodó los ojos y se concentró en la rubia nuevamente.
Estaba claro que no iba a librarse de esa con tanta facilidad.
— ¿Tengo que repetírtelo?
— No, me ha quedado clarísimo —golpeó el suelo con la planta de su zapato y miró en dirección a la gran puerta esperando que apareciera su príncipe azul, ¡ah, espera! que no tenía ninguno, rodó los ojos y se centró de nuevo en Hope que seguía dándole instrucciones de lo que tenía que hacer.
— Necesito que esté perfecta —sonrió divertida, no le gustó para nada esa sonrisa, iba a soltar algo para fastidiar por lo que intentó prepararse—. ¿Te cuento un secreto?
"No"
— Damon y yo vamos a celebrar nuestro aniversario, nos reencontramos por este tiempo y necesitaba un lugar cómodo, acogedor e íntimo. ¿No te parece ideal preparar nuestro nidito de amor?
"¿Te parece ideal que me tire a tu novio allí mientras recojo o después, contigo delante?"
— Por supuesto. ¿Algo más?
— Sí. Toma —sacó de su bolsillo un billete de cien dólares, la castaña dudó en tomarlo, no estaba entendiendo para qué quería ese dinero si los materiales de limpieza y todo lo demás estaba allí—, no creo que pueda salir con todo este jaleo, ¿te importa comprarme preservativos?
"¿Importarme? Claro que no, si quieres te dejo los que… ¡MIERDA!"
— Estás pálida, querida.
— No me importa lo más mínimo —dijo y le arrancó el billete de las manos, salió de allí a la carrera ante la atenta y divertida mirada de Hope, le encantaba fastidiar y a lo grande.
Elena tenía la cabeza hecha un bombo, ayer con las prisas no se tomó la píldora a la hora, por lo que llevaba un día de falta, ¡y se había acostado con Damon sin protección! nada podía ir a peor, ¡ah sí! sí que podía ir a peor, ahora le tocaba limpiar y acondicionar el nido de amor de esa panda de hijos de puta.
No estaba celosa. Sino cabreada.
Ella no estaba para preparar fiestas sorpresa de aniversario ni nada por el estilo, le hubiese encantado restregarle en la cara que se había acostado con Damon, no una sino dos veces, bueno o varias más si se contaba los jueguecitos de entre medias, sonrió satisfactoriamente, era una pena no poder escupir todo eso cual veneno en su cara.
Con ayuda de dos persona más, Diego y Tim, pudo traer todo lo que necesitaba para limpiar la estancia, no acababa de poner un pie allí cuando ya se estaba acordando de toda la familia de Hope y de Stefan, por culpa de ellos estaba aguantando toda esa mierda, sólo por ellos.
— Te odio, te odio, te odio —murmuró al comprobar que no estaba equivocada, la estancia era enorme y la suciedad le llegaba hasta los tobillos, ¿cómo iba a limpiar ella todo eso sola? y encima para Damon y Hope, ¡ella no era su maldita criada personal!
— Elena —llamó su atención Diego, la chica se giró de mala gana—. Si quieres me encargo yo de comprar los preservativos, no sería la primera vez.
— Gracias porque si los compro yo, los agujereó todos.
No hablaba en serio, aguantar a una Hope preñada era mucho peor y no estaba dispuesta a encontrarse en cada esquina a un niño idéntico a Damon y mucho menos a una mocosa desagradecida como Hope. Enfadada como estaba no iba a conseguir hacer nada en condiciones por lo que se dejó caer en una caja repleta de polvo, cerró los ojos y respiró hondo, le quedaba un par de horas bastante bonitas allí encerrada.
Había conseguido despejar el suelo, aunque le había costado tres horas de su vida, cuando sintió que alguien subía, suspiró resignada y se giró para enfrentarse a Diego, ¡era imposible que necesiatara tres malditas horas para comprar condones!
— ¡Ya era hora! —le gritó, pero se quedó blanca al ver que no se trataba de Diego, sino de Damon, el chico la miraba entre divertido y extrañado al no entender que mierda estaba haciendo ahí arriba con ese aspecto tan fuera de lugar.
Esa mañana se había vestido con una falda entubada y una camisa blanca, ahora simplemente llevaba unos pantalones cortos de chándal y una camiseta blanca que le había pedido a Stefan prestada, todo eso y un poco de polvo repartido por todo su cuerpo. Elena quiso fingir que la entrada de Damon no le afectase en absoluto, pero el chico no parecía tener las mismas intenciones, pues sacó su teléfono y lo señaló de forma acusadora sin perder esa sonrisa que le sacaba de sus casillas.
— ¿Le pasa algo a tu móvil?
— Un psicópata me lo rompió en los jardínes de un hospital.
— Y recuerdo, que ese mismo psicópata, te regaló otro casi nuevo.
— Ese psicópata se le olvidó contratar el internet.
— ¡No! El psicópata te dió el mejor móvil con una velocidad increíble.
Elena negó con la cabeza y decidió que lo mejor era ignorarlo, tal vez así se cansara y se marchara con más rapidez, darle conversación era lo peor que podía hacer en ese momento, aún seguía cabreada por lo de esa mañana, no es que le fastidiara que hubiese mencionado a Hope mientras dormía con ella, lo que le jodía de verdad era que le hubiese molestado, ¡Damon y ella no eran nada! tomó una caja con demasiada fuerza por lo que todo el contenido se volcó en el suelo, se llevó ambas manos a la cabeza asustada pero la sorpresa desapareció enseguida al darse cuenta que lo que había allí no era tan frágil como ponía.
Bufó al darse cuenta que todo lo que había en esas cajas negras era ropa antigua o pasada de moda de Hope, empezó a recoger todo sin ningún cuidado.
— ¿Qué demonios haces aquí, Elena?
— ¡Joder! —se sobresaltó al sentirlo tan cerca, no quiso girarse pero lo hizo, quedando su rostro a escasos centímetros del de Damon.
— ¿Por qué estás ordenando esto? —se puso de cuclillas a su lado y la ayudó a recoger el desastre que había formado con la ropa de la primavera pasada de su novia, tomó una camiseta que él mismo le había regalado, tardó unos segundos más de lo normal en soltarla en la caja y eso no pasó desapercibido para Elena, que si ya estaba enfadada antes, ahora era mucho peor.
— Hope decidió que era una perfecta idea —le comentó sin darle más detalles mientras cerraba la caja y la colocaba en la esquina con las demás. No sabía que tenía que hacer con ellas, por lo que amontonar las en un lugar donde no molestara era la mejor idea que tenía.
Damon continúo en esa posición un rato más. Elena intentó seguir con su trabajo sin prestarle atención, pero cada paso que daba se sentía más observada, se dijo así misma que podía aguantar eso, siempre y cuando el chico no abriese la boca o intentase algo.
— Elena, ¿qué he hecho ahora?
Iba a matarlo.
— ¡Vamos, Elena! ¡Suéltalo! —lo miró un segundo más de la cuenta, sus ojos azules parecían preocupados, pero ese sentimiento era otra mentira más, le apartó la mirada y tomó la aspiradora, el ruido que hacía esa máquina era ideal, se puso a buscar un enchufe—, Elena…
Estuve un par de minutos buscando una toma de luz hasta que el chico se cansó de ser ignorado y se levantó para marcharse o eso creía la morena, pues en realidad se había levantado para ponerse en medio de la chica y preguntarle directamente qué mierda le pasaba.
— Damon, déjame trabajar —siseó enfadada al ver que cada vez que intentaba apartarse él volvía a ponerse en medio con esa sonrisa ladeada que le sacaba de sus casillas, odiaba que se tomara a cachondeo todo lo que ella hacía, como si en vez de trabajar estuviese allí para hacer bromas— ¡Que te apartes!
— No me voy a apartar hasta que me digas que te pasa —le aclaró cual niño pequeño, la chica bufó exasperada y se dio la vuelta para hacer otra cosa, pero no acababa de dar un paso cuando ya el chico estaba de nuevo en medio, retrasando su trabajo, lo hizo un par de veces más.
— ¡Damon! —empezó a patalear como una niña pequeña y llevó la mirada al techo de la buhardilla, buscó entre las telarañas y el polvo una salida, algo con lo que espantar a Damon, el chico seguía sonriendo divertido, quería borrarle esa sonrisa de una vez—. Te odio.
— No me odias Elena —le aclaró acercándose un poquito más, pegando su pecho con el de la chica, Elena le miró a los ojos y Damon vio algo en ellos que le hizo retroceder, no sabía que había visto en su mirada café para asustarse tanto, no supo si era ese brillo que le volvía loco o esa tristeza, pero algo le echó para atrás completamente—. Confía en mi, Elena, ¿qué sucede?
— No lo sé.
— Elena…
— Solo marchate —le dio la espalda y empezó a jugar con la aspiradora, esperando que Damon tomara el camino fácil y se quitara del medio.
— Cuando mi mamá murió las cosas se pusieron muy complicadas en casa, había meses que no teníamos ni un céntimo y otros meses que el poco dinero que teníamos no nos llegaba ni para comprar un poco de pasta para comer.
"Yo era un crío que tuvo que hacerse cargo de muchos gastos, todas las mañana madrugaba para repartir periódicos a la gente mayor que no podía permitirse ir a comprarlos, después volvía a casa para saludar a mi papá y marcharme a clase. No era un niño normal, porque un niño normal puede ir después de las clases a jugar a la pelota o a los videojuegos en casa, yo no me podía permitir ese lujo. Tenía que traer dinero a casa, normalmente trabajaba en un supermercado un par de horas o incluso de repartidor, pero había meses que no había para trabajar y me dedicaba a ganar dinero extra, si mi padre lo hubiese sabido me habría matado, no quería que robase…"
Elena se giró muy lentamente, no tenía sentido alguno pero ahí estaba Damon, contándole su pasado, su niñez, se veía tan pequeño y tan frágil que casi estuvo a punto de olvidar todo lo que le había hecho pasar en tan poco tiempo, casi estuvo a punto de tomarlo entre sus brazos y no soltarlo nunca, pero en cambio, yendo contra su instinto, le dio la espalda y comenzó a limpiar, como si el chico no estuviera ahí, abriendo su corazón a bocajarro.
Esperando que ser ignorado fuese suficiente para que se fuese, Elena continúo con su trabajo de quitar cajas pero Damon, ajeno a las intenciones de la chica, se dejó caer en el suelo y siguió hablando de su pasado.
— Un día, en plenas fiestas decidí que me merecía un descanso, así que me colé y tomé prestada una chaqueta de cuero, quería divertirme sin pensar que era Damon Salvatore y que Damon no puede bajar la guardia nunca —miraba al suelo, a sus zapatos de marca como si ellos fuese su público y no Elena—. Y ahí estaba ella, como un ángel… era hermosa, mágica, era el amor de mi vida.
Ya no podía más, miró al techo una vez más y tomó aire antes de enfrentarse a Damon, podía tolerar que quisiera dar por culo pero no iba a tolerar ni un segundo más que hablase de Hope como si fuese un milagro del cielo.
— ¿Por qué sigues con ella, Damon? ¿No te das cuenta? ¡Sigues pensando que esa Hope es la misma Hope que todos tenemos que aguantar!
El chico clavó sus ojos azules en Elena, esta vez no pudo identificar lo que veía en ellos, esas orbes azules se habían convertido en dos mares impenetrables en una noche de tormenta, la chica tragó saliva, pero se mantuvo firme en sus palabras, Damon ya no podía hacerle más daño, no más de lo que le había hecho con sólo una palabra.
— No eres nadie para juzgarme.
— Damon, ¿no ves que no tiene ningún sentido? —señaló a su alrededor— Hope me ha pedido que organice este lugar para vosotros dos, ¡como si aún fuese una pareja normal! ¿lo habéis sido alguna vez, siquiera?
— La quiero.
— A veces el amor no es suficiente, Damon.
— Aún mantengo la esperanza —mintió, esta vez Elena si que vio algo diferente en su expresión, como si se estuviese mintiendo así mismo, como si le diese igual lo que ella pensara de toda esa historia, no estaba intentando convencerla a ella, sino a él mismo y eso le partió el alma en dos. Dejó lo que estaba haciendo y se sentó a su lado, entre sus piernas y tomó su rostro con cuidado, temiendo que un movimiento equivocado pudiera romperse en miles de pedazos.
— Damon.
El chico movió la cabeza de izquierda a derecha, negando algo no dicho en palabras, Elena se mordió el labio inferior y respiró hondo sin soltar a Damon, sin romper las distancias, como si ambos necesitasen el contacto del otro para continuar de una pieza.
— Mis padres eran mis héroes. Stefan y yo vivíamos como si fuésemos dos huérfanos enamorados de una familia irreal. Eran muy pocas las veces que estábamos con nuestros padres, pero aún así los dos queríamos ser como ellos en el futuro —continúo, el chico clavó sus ojos azules en Elena, que ahora tenía la mirada perdida en el suelo—. Cuando murieron no lo sentí realmente, pero lo que sí sentí fue como Stefan se iba alejando de mi lado… él era mi vida, mi pilar, lo que necesitaba para seguir adelante, pero se fue.
"En ese momento creí que me moría, que la vida no merecía la pena ¡era una maldita niña pequeña! al final me acabé acostumbrando a su distancia, hasta que el año pasado me rompió el corazón en mil pedazos. No sé si te lo había dicho antes, pero me dolió más la traición de Stefan que la de Klaus, ahora estoy sola de nuevo. Y esta soledad me está matando poco a poco, no creo que lo mío con Stefan se cure jamás, pues siempre veré en sus ojos mi corazón roto y no estoy dispuesta a curarme de esa forma"
Durante lo que pareció una eternidad, Damon y Elena no pararon de hablar ni un sólo minuto, nunca interrumpiendo el otro, siempre esperando su turno, como si en vez de estar desnudando su alma a una persona estuviesen hablando con el reflejo del espejo, sin darse cuenta, habían dado un paso crucial para que sus corazones se curasen, tal vez el tiempo lo aclarase todo, pero en ese mismo momento, en esa buhardilla de un edificio de la Calle Bourbon era testigo de los mayores secretos de esa joven pareja totalmente desequilibrada.
Damon le habló de su madre, una mujer dulce y tierna, que parecía sacada de un cuento de hadas, mientras que Elena le habló de esos momentos donde Stefan y ella eran un todo, dos almas unidas por un lazo superior a cualquier otro, durante ese tiempo, sus cuerpos se pegaron completamente y cada vez que hablaban o pronunciaban palabras sus labios se rozaban de forma inconsciente.
— Me reencontré con Hope hace dos años y pico, acababa de firmar un contrato con los Mikaelson —era la primera vez que mencionaba eso, y aunque Elena no quería saber nada de Hope no tenía las fuerzas suficientes para romper ese contacto tan íntimo. El chico hablaba y acariciaba su espalda con ternura como si fuese ella la que estuviese a punto de romperse en vez de él—. En ese momento no me di cuenta, pero acababa de condenarme. No sólo había firmado un contrato con la entidad Mikaelson, sino también un contrato donde dejaba claro que estaría con Hope hasta que ella decidiese romper nuestra relación. Fui un idiota, ¿verdad?
Elena se apartó como si el contacto con el cuerpo de Damon le quemara hasta las entrañas, el chico no se inmuta ante su reacción, por lo que se encogió de hombros para dejarle claro que no le importaba lo que pensara en ese momento pero sí que le importaba, le importaba y muchísimo.
Agachó la cabeza y se miró las manos en busca de una salida, de un agujero para esconderse y no tener que enfrentarse a la mirada de Elena.
— Damon, ¿qué te han hecho? —se acercó de nuevo, acarició su cabello negro y repartió un par de pequeños besos por su mejilla, queriendo que el chico volviera a recuperar esa luz que la cegaba cada dos por tres, pero Damon no se movía, no reaccionaba con su contacto, no hacía nada para evitarlo, se quedó quieta y dejó caer su cabeza en su hombro y respiró hondo— ¿me ayudas a recoger?
Damon sonrió muy levemente y asintió convencido, le vendría bien despejar su mente, y una limpieza podría ser el agujero que estaba buscando para esconderse.
Elena le ofreció la mano y por primera vez, Damon no dudó ni un segundo en confiar en alguien más que no fuese su propia sombra. Durante un par de horas no volvieron a tocar el tema, simplemente se dejaron llevar por la tranquilidad y la atmósfera de paz que los rodeaba, tal vez estaban sumidos en una burbuja surrealista y que pronto tendrían que enfrentarse a la realidad, a sus problemas, pero es que ninguno de los dos estaba dispuesto a hacerlo, a permitir que la vida volviera a fastidiar un momento tan íntimo y perfecto como aquel.
Entre bromas y roces casuales la pareja consiguió que ese sitio pareciera un lugar habitable, se dejaron caer, espalda contra espalda, en mitad de la guardilla y miraron a su alrededor, admirando su trabajo bien hecho, estaban sudando, descalzos y hechos un desastre pero a ninguno de los dos parecía molestarle en absoluto.
— ¿Y ahora qué? —preguntó agotado al ver que la chica se levantaba y se dirigía directamente a la puerta—. No tengo fuerzas para hacer más nada.
— ¡Oh! Pobechito…
— ¡No te rías de mí! —protestó y le sacó la lengua al ver que la chica le hacía un corte de manga, entre risas siguieron con el trabajo, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo realmente: derribando las últimas barreras que separaba sus corazones.
Era tarde cuando Elena y Damon se tuvieron que despedir, ninguno dijo nada al respecto, pero ambos sabían que las cosas nunca más serían iguales después de esa charla, el chico sabía que tenía que enfrentarse a las consecuencias de lo que le había dicho a la chica tarde o temprano, pero no quería estropearlo justo en ese momento.
No quería ir a su antigua habitación, no quería dormir bajo esas sábanas nunca más, sentía que las heridas estaban muy recientes, enfrentarse a Hope no era lo adecuado, por lo que decidió recoger un par de cosas y marcharse a otra habitación o mejor aún, del edificio aunque sólo fuese por un par de noches.
Era muy temprano aún por lo que Hope seguiría abajo, trabajando en la subasta, por lo que cuando entró a su cuarto se llevó una muy mala sorpresa, la chica estaba allí, sentada en la cama y mirando en su dirección, parecía más pequeña de lo normal con ese moño alto y ese pijama que le quedaba un poco grande, por un momento se vio transportado a esos primeros meses cuando se volvieron a encontrar y fingían que nada malo iba a pasar, que nada podría separarlos nunca más, que de verdad había sido el destino lo que los había unido y no una maldita mentira.
— Hope.
La rubia apartó la mirada, como si mirar al chico fuese una tortura, Damon no comprendía qué estaba pasando, a que estaba jugando, pero tampoco iba a perder su tiempo averiguando cuál era el nuevo juego de su prometida, por lo que, ignorando su presencia, se acercó al armario para tomar algo de ropa limpia, olía a sucio y a sudor y no pensaba salir de casa con esas pintas.
No le molestaba cambiarse delante de Hope, la chica ya le había visto desnudo demasiadas veces para que su mirada no tuviera ningún efecto en él, pero esta vez había algo diferente entre ellos, como si algo nuevo se hubiese roto y Damon no tuviera ni idea de lo que era. No acababa de quitarse los pantalones cuando decidió enfrentarse a su novia.
En cuanto sus miradas coincidieron Damon se dio cuenta del poder que aún conservaba la chica sobre él, porque sólo había necesitado mirarlo de esa forma para romperse en cientos de pedazos.
— ¿Por qué me haces esto, Damon? —no estaba acusando a nadie, simplemente sonaba decepcionada, dolida—, ¿creías que no iba a darme cuenta? ¿qué tenías un verdadero poder sobre mi? Ni tu ni nadie puede destrozarme, ¿me oyes?
"No sé si te está quedando claro, me da igual que seas un corrupto de mierda, que por dinero ha decidido quedarse a mi lado para poder tener mejor acceso a los negocios ilegales de mi padre, ¡me da igual ser un medio para un fin, maldito cerdo! pero que te quede una cosa clara, guapo de cara, ¡no eres nadie para mi! ¡eres escoria! ¡una maldita mierda que se creía que podría ser alguien camelándose a la hija de Mikael Mikaelson!"
Damon estaba boquiabierto, pálido era incapaz de moverse o de decir algo para defenderse, no estaba a su lado por placer, ni mucho menos para conseguir poder y dinero, estaba a su lado porque un idiota masoquista que aún seguía manteniendo la esperanza de ver en Hope a la chica de la cual se enamoró profundamente, pero no sólo por eso. Elena tenía razón, estaba con Hope por algo mucho más profundo, algo que lo acabaría matando un día de estos.
Retrocedió acojonado, cada palabra, cada amenaza que salía de la boca de la que una vez fue el amor de su vida lo estaba matando muy lentamente, ¿cómo es posible que siempre acabase siendo el malo de la película? ¿por qué?
— ¡Voy a acabar contigo, Salvatore! ¡No eres nadie para mi! ¡Nunca lo has sido! Así que no te atrevas a creer que tienes un control sobre mi vida, ¡no puedes manipularme! —gritó histérica rompiendo las distancias y dándole un sonoro golpe en el pecho— ¡Soy yo la que te utiliza! ¡Soy yo la que te manipulo a mi antojo! ¡Soy yo la hija de puta más grande que hayas conocido en tu puta vida! Así que, sólo lo diré una vez más: eres mío.
Hope sonrió satisfecha consigo misma y le dio la espalda para prepararse e irse a la cama, como si no acabara de romperle el corazón a Damon, como si no acabase de destrozar el alma de ese chico que lo único que había hecho todo ese tiempo era intentar ser feliz.
Damon cerró los ojos, lágrimas caían por su rostro sin ningún tipo de control, no tenía fuerzas para moverse, ni tampoco para permanecer en esa habitación ni un segundo más, pues sentía que si se quedaba aunque sólo fuese un momento acabaría ahogándose allí mismo, así que, tirando de su alma, salió de allí sabiendo que nada volvería a estar en su sitio nunca más.
Los expertos dicen que cuando una persona está tan destrozada lo único que busca es aferrarse a un clavo ardiendo con tal de seguir adelante, porque sabe que lo contrario acabaría con él para siempre. Por eso, de forma casi involuntaria, Damon recorrió los pasillos de lo que una vez creyó que era su hogar hasta que encontró ese clavo ardiendo que andaba buscando, miró con miedo la puerta que lo separaba de la paz y la calma que más necesitaba en ese momento, la mano le temblaba pero pudo aferrarse al pomo de la puerta a tiempo.
Pero no la abrió.
— ¿Damon? —no se movió ni un ápice cuando escuchó la voz de Elena a sus espaldas, la chica venía de la cocina, de cenar junto a Davina y a los demás, por eso cuando había subido y había visto al chico parado en frente de su puerta no había dudado ni un segundo, puso una mano en su hombro y le obligó a que la mirase— Damon, ¿qué te ha hecho?
Sólo necesito esas pocas palabras para tener el control absoluto de su cuerpo, el chico se derrumbó en el suelo, cayó de rodillas y tembló cual hoja de papel, nunca había llorado tanto como ese día, nunca se había dejado llevar de esa forma tan patética e irracional como si aún fuese un niño pequeño que temía levantarse una vez más y no tener ni un trozo de pan para llevarse a la boca.
Elena dejó caer sus cosas al suelo y se arrodilló junto a Damon, no sabía qué era lo que le pasaba pero lo que sí sabía es que no iba a dejarle solo, no en ese estado tan lamentable, por eso tomó su rostro entre sus manos y se abrazó a él, intentando que el chico encontrara consuelo en la calidez de su cuerpo.
— Elena —se aferró con más fuerza a su cuerpo al decir su nombre, la chica le acarició con ternura el cabello—, te necesito.
— Shh, no digas nada más. Sólo descansa…
— No puedo más —se mordió el labio inferior y ocultó su rostro en el pecho de la chica, necesitando seguridad, una seguridad que nunca más tendría, una seguridad que se le había escapado de las manos sin darse cuenta.
— Estoy contigo, no te voy a dejar. Sobrevivirás —le susurró queriendo alcanzar su corazón para transmitirle su apoyo pero sintiéndose inútil, completamente—, sobreviviremos a esto, Damon. Siempre lo hacemos.
Y no era una mentira.
No sé cuando subiré el siguiente capítulo, aún no lo he empezado, pero lo que si puedo adelantaros es que en el siguiente nos encontraremos con la subasta, donde podremos ver la verdad de porqué Damon sigue trabajando con Mikael y sigue al lado de Hope cuando está más que claro que no debe estar ahí, ¿y sabéis a quién le contará todo, absolutamente todo? a Elena, por supuesto.
Damon se abrirá a Elena, sin dejar ni un secreto dentro, tal vez parezca que es Damon quien está dando todo en lo que se está formando entre ellos, pero será Elena la que abra los ojos mucho antes, ¿no me entendéis? pronto lo haréis.
No solo veremos un Delena más intenso, sino que también nos encontraremos con una Hope más frágil, completamente rota.
¡Gracias por vuestros comentarios! Sois las mejores, tanto ustedes que tomáis parte de vuestro tiempo para escribirme como a todos aquellos lectores fantasmas, me he propuesto terminar esta historia cuanto antes o por lo menos llegar a la parte crucial, así que, ¡sed pacientes!
¡Os quiero!
