Capítulo breve e introductorio, se avecina las consecuencias.


Episodio 21: ¡ENAMORADO Y ENAMORADA! ¿Un chupito de Bourbon, para ahogar las penas?

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"...enamorado de ti"

Nunca esas palabras tuvieron tanto poder como en ese pequeño instante, en cuanto sus labios se separaron ambos sintieron una pérdida inimaginable, un vacío profundo. Damon tomó una bocanada de aire, pues sentía que estaba a punto de ahogarse si los labios de la chica no volvían a colisionar contra los suyos, su cabeza daba vueltas, a punto de estallar.

Se alejó de Elena todo lo que su cuerpo le permitió, sus manos siguieron unidas, impidiendo que esa separación fuese aún más definitiva, temía que si la soltaba, ella saldría huyendo y nunca más volverían a ser sólo ellos dos.

La chica le miraba con esos profundos y suplicantes ojos café, esperando un movimiento que nunca llegaría, una respuesta a su silenciosa pregunta, una cuestión que bailaba entre ellos, haciendo más densa la tensión.

Elena podía sentirlo todo en ese instante, el pánico recorriendo de punta a punta todo su cuerpo, las palabras no dichas estancadas en su garganta, su cuerpo vibrando por los miles de sentimientos y sensaciones que la recorrían, desde la punta de sus dedos, aquellos que seguían conectados con Damon, hasta el último cabello de su cabeza.

— Damon… —susurró con voz ronca, el chico alzó la cabeza, sus ojos tomaron un tono azul claro y brillante, Elena podía verse reflejada en ellos, como cuando miras el agua cristalina de un lago en plena noche de luna llena, te ves, con una claridad innegable. Tragó saliva y dio un paso al frente, queriendo romper las distancias que ellos solos habían impuesto—. Damon.

El ojiazul se mordió el interior de la mejilla, no sabía qué hacer para salir de ese callejón sin salida, donde él solo se había metido por no pensar en las consecuencias de sus palabras, no había querido decir lo que había estado a punto de decir, sabía que aunque podría inventarse una excusa, nada sonaría creíble, pues en los ojos café podía ver a la perfección que Elena había entendido absolutamente todo.

Soltó una de sus manos y acarició con dedos temblorosos la mejilla rosada de la chica, ninguno de los dos dijo ni hizo nada más, como si esa pequeña caricia necesitase la atención total de ambos.

— Elena, yo…

Lo supo, mucho antes de que él pronunciase su nombre lo supo, Damon iba a negar aquello que había estado a punto de decir, Elena no sabía que le molestaba más, si era comprobar que el chico quería borrar sus últimas palabras o que ella misma se hubiese encargado de romper la frase en primer lugar.

— Tengo que irme.

Se zafó de su agarre y el dolor de la pérdida fue mayor, esta vez. Tomó la caja del suelo y se dirigió directamente a las escaleras.

— No te vayas así, por favor.

— ¿Y cómo quieres que me vaya? —no le enfrentó, permaneció impasible mirando al frente, alejándose de esos ojos azules que rompían todos sus esquemas—. Debo ir arriba, Hope me buscará en cualquier momento.

Como si pronunciar el nombre de Hope, la bomba estalló entre ellos.

— ¡Elena! No seas infantil —dio dos largas zancadas y tomó el brazo de la chica, para obligarla a que se girara, en cuanto sus miradas coincidieron, Damon se arrepintió de haber hecho eso, los ojos café de la chica brillaban con una luz especial, ocultando las lágrimas que querían escapar, todo por culpa suya.

La mano que rodeaba el brazo de Elena tembló ligeramente, Damon tragó saliva y como un cobarde soltó a la chica y le dio la espalda, arrepintiéndose de todo, de estar allí, de haber retenido a Elena y principalmente de haber dejado que todo corriese tanto, ¿cómo había sido tan egoísta?

Si ellos dos no se hubiesen dejado llevar de esa forma, no habría otro corazón roto a sus pies.

— No quise decir lo de antes… yo.

— No, cálmate, sé lo que vas a decirme —la voz le tembló, podía notar una ligera capa de humedad en sus mejillas, pero no tenía fuerzas ni manos (llevaba una caja pesada) para limpiarse las lágrimas—. "Quiero a Hope, siempre será Hope"

Y ahí estaba la confirmación que necesitaba para saber que ella había entendido su silencio, esas palabras no dichas.

Damon apretó los puños, las uñas se le clavaron con fuerza en la fina piel de sus manos, pero no le importó en absoluto, el cabreo que sentía aumentaba por momentos, cada una de las palabras que salía de la boca de Elena, era como una puñalada directa al pecho, al lugar donde debería estar su corazón.

Los hombros de la castaña se sacudieron y al instante comenzó a andar, tomó las escaleras de servicio y desesperadamente intentó huir en la oscuridad que le ofrecía el lugar.

— ¡Elena! ¡Maldita sea, para! —corrió tras ella, la chica caminaba con un paso ligero, pero en cuanto sus oídos captaron las voces de Damon y su cercanía, perdió el poco control que tenía sobre sí misma, apretó el paso huyendo de su contacto, pero entre el traje tan ajustado que llevaba y la caja que pesaba demasiado y era muy frágil, el chico la acabó alcanzando en uno de los cruces.

Sus miradas coincidieron, no había necesidad de decir más nada, pues sus ojos lo decían absolutamente todo, era como una puerta directa a su alma, el ojiazul vaciló en el último momento pero ya no podía echarse atrás, ya no podía dejarla ir.

Quizá el amor no era lo que brillaba entre ellos, lo que los mantenía unidos de forma una inhumana, la conexión que tenían era mucho más poderosa que cualquier palabra o sentimiento existente, quizá no se amaban, quizá nunca lo harían, pero lo que sí estaba claro, que lo que había entre ellos era algo más potente, más simple y al mismo tiempo más complejo que lo que era el amor.

Damon tragó saliva, no sabiendo qué decir para retenerla, soltó lo primero que se le vino a la cabeza: la verdad.

— Elena, me importas, muchísimo.

La castaña negó rotundamente, no era lo que quería escuchar, aunque tampoco creía saber lo que quería oír.

— Déjame ir, Damon. Ya me siento lo suficiente patética.

— Yo si que soy patético —tomó una de sus lágrimas con la yema de los dedos, ambos observaron ese gota cristalina que el chico se llevó a la boca—, mírame, ni siquiera tengo control sobre mi vida.

— Sí, sí que lo tienes, mírate —le devolvió el golpe— estás aquí, jugando conmigo como si fuese tu puta esclava, es divertido ver como al final no es Hope quien me manipula, sino tú.

Sus acusaciones fueron como una bofetada.

— ¿Eso… crees? ¿Crees que te estoy usando?

— Sí, es lo que creo —consiguió apartarlo casi sin ejercer fuerza, el chico estaba espantado, como si acabara de decir que por su culpa nunca más llovería o saldría el sol, una clase de verdad poco creíble. Elena estuvo a punto de rectificar, sus labios entreabiertos y la duda que se veía reflejado en sus ojos lo decía todo, pero era incapaz de aclararle que no creía en lo que acababa de decir, que lo había dicho como una forma de auto defensa, pero que en realidad ella sabía muy bien que nunca podría usarla, que ella era más importante que eso, pero no estaba dispuesta a rebajarse de esa forma.

Quería hacerle daño, y esas palabras eran la estocada perfecta.

Con los ojos rojos por la fuerza que había ejercidos en ellos, se alejó de Damon, hasta pegar su espalda contra la pared, se observaron unos segundos más, como si esperase un milagro, pero esta vez, la castaña no estaba dispuesta a dejar que su corazón tomara el control de su vida, aferró con fuerza la caja y siguió su camino, sin correr, pues necesitaba su mirada dolida pegada en su espalda, como una forma de recordarse a sí misma que nadie tenía el poder para romperle el corazón.

— Damon —estaba lo suficientemente lejos para que el chico no pudiese escucharla, pero aún así, no podía largarse sin dejar salir esa última pregunta—, ¿sigues enamorado de ella?

Qué equivocada estaba. Todo era una maldita mentira.

La subasta estaba en su máximo apogeo cuando Elena, Davina y Diego salieron a repartir bebidas y dulces minúsculos, había treinta y tres camareros contratados, pero Hope les había dejado claro que quería a su gente de confianza por toda la zona, para que si algo salía mal, ellos pudieran solucionarlo antes de que algún invitado se diese cuenta.

O por lo menos, eso era lo que Davina les había dicho cuando entró a la cocina y los vió a ambos, Diego y ella, sentados en el suelo, casi escondidos con dos botellines de cerveza helada, recién sacados del congelador.

Davina no los enfrentó, simplemente le relató la cantinela de siempre y los hizo levantarse con un pequeño movimiento de cabeza.

Elena no tenía ganas de salir, de sonreír como una muñeca y moverse como una modelo entre la multitud, Diego le había preguntado al principio que si le había pasado algo, pues esa misma mañana era más feliz que una perdiz y ahora parecía una viuda borracha, Elena se había encogido de hombros como toda respuesta, Diego no era nadie para meterse en su vida, una cosa era que se llevaran bien y otra muy distinta es que fueran mejores amigos.

Davina no les quitó el ojo de encima hasta que se perdieron por el gran salón, por una vez eran ellos los supervisores y no la zorra de Hope. Cada uno con sus dos bandejas, una de bebidas y otra de dulces, dieron la bienvenida a una noche que se tornaba larguísima.

Elena no llevaba ni diez minutos dando vueltas, cuando escuchó la voz de Klaus, al principio pensó que era su mente enfermiza que no había tenido suficiente con Damon que ahora también necesitaba torturarse con Klaus, pero enseguida se dio cuenta que no era así.

— Una copa, por favor —el marcado acento de Klaus le hizo girarse, el chico estaba a unos escasos metros de distancia, al lado de una pelirroja, llevaba un traje negro y el cabello estaba ligeramente desordenado, como si acabara de tener el sexo de su vida, por unos instantes, sus miradas coincidieron y lo único que Elena sintió fue una oleada de asco y repulsión, casi se vio así misma vomitando en ese perfecto y caro traje, sonrió divertida, confundiendo a Klaus, que creyó que la sonrisa iba dirigida a él, ¡que tonto era!

Le dio la espalda con un sugerente movimiento de cadera y continúo haciendo su trabajo, justo cuando escuchó al presentador anunciando el comienzo de la subasta.

Varios chicos, vestidos elegantemente subieron al improvisado escenario que a Hope le había tenido que costar un buen dinerito. La mayoría de esos chicos tendrán su edad, tal vez un poco más mayores, de la edad de su hermano, seguramente.

Había algo en ellos que te obligaba a quedarse mirándolos embobada, algunos eran muy guapos, otros tenían algo que te hacía admirarlos, y otros, eran como Klaus, que su apellido ya te atraía antes de mirarle a los ojos.

Un momento...

Boquiabierta, parpadeó para comprobar que no estaba alucinando y que la cerveza que antes se había tomado no se le había subido a la cabeza. Klaus estaba allí, subiéndose al escenario, era uno de los chicos subastados. El rubio le guiñó un ojo, y ella sintió la enorme necesidad de lanzarle la bandeja desde donde estaba.

Sabía que todo el dinero que se recaude irá directamente a los más necesitados, pero Elena es incapaz de quitarse de la cabeza la conversación que tuvo con Damon, las amenazas y el dinero negro, ¿y si todo era un truco para blanquear capital? miró por todas partes, Hope no estaba a la vista, una sonrisa macabra se dibujó en su rostro.

No estaban subastando personas realmente, las mujeres o incluso los hombres pujaban para llevarse al chico más guapo, pero normalmente no se hacía nada que uno no quisiera, por lo que los subastados estaban allí voluntariamente, sabiendo los que le tocaba vivir al ser vendidos, temporalmente.

Elena se deshizo de la chaqueta morada y de la pajarita que llevaba, se soltó el cabello y lo dejó caer, miró por todas partes hasta que localizó un fular rojo, se lo puso por encima de los hombros, y miró su reflejo en una copa de cristal que estaba abandonada en una de las mesas, podía pasar desapercibida y apostaría hasta el último dólar de sus cuentas si era necesario.

Quizá se le había ido la cabeza, que lo que había vivido con Damon, lo frágil que se había sentido había acabado con la última neurona de su cabeza, pero de una forma u otra, nadie podía pararla a estas alturas.

— ¡Y el señor Donovan fue vendido por cinco mil quinientos cincuenta dólares! ¡Enhorabuena!

Todos aplaudieron, mientras una chica menuda y rubia tomaba el brazo del muchacho, Elena los observó y por un segundo creyó que eran pareja, negó con la cabeza y miró quien era el siguiente subastado: Klaus.

La puja comenzó bastante alta, Elena no tenía ni un centavo en el bolsillo, pero como todo era por cheque podría pasar desapercibida.

— ¡Dos mil dólares! —se hizo notar, sin darse cuenta que un par de ojos se clavaban en su nuca. Mikael Mikaelson estaba en la sala.

Lo que pasó después fue una pelea entre dos chicas, la pelirroja que antes había estado al lado de Klaus y Elena, ninguna de las dos dejó de pujar en ningún momento, Elena no quería llamar la atención, pero tampoco iba a perder ante esa tipa, con tetas de silicona.

Cabreada y agotada, no midió sus palabras.

— ¡Un millón de dólares!

El silencio se extendió como la pólvora, Elena jadeó y miró por todas partes localizando la mirada alucinada de Diego, la cara de Davina y la de Kol, que estaban en una esquina, él con un teléfono en la mano y ella con la bandeja entre los dedos, podía sentir el odio en sus ojos caramelo, nunca había entendido el porqué, pero sabía perfectamente que esos dos estaban metidos en algo sucio, tal vez no en los negocios de los Mikaelson pero si en algo importante.

— ¡Vendido por un millón de dólares!

Elena volvió a la realidad cuando sintió la mano de Klaus rodeando su cintura, pegando todo su cuerpo al suyo, el chico acercó sus labios a su oído y lo que susurró la dejó completamente helada.

Sí, su neurona perdida saludó.

Damon llevaba un buen rato deambulando en su habitación. Había llegado allí por casualidad, todo estaba como la última vez que estuvo allí, cuando discutió con Hope, bueno, no discutió se dejó machacar por la mujer que una vez había sido el amor de su vida.

No sabía cuándo ni porqué, pero había dejado de amarla, por lo menos ya no sentía que se ahogaba cada vez que pensaba en ella o en uno de esos momentos únicos que habían vivido cuando eran jóvenes, en Italia, o cuando empezaron a salir en EEUU hacía un par de años, ya nada de eso le hacía sentir como un idiota o como un inconsciente.

Se acercó a la mesilla, donde reposaba un porta fotos digital, observó todas, cada una de ellas con un gesto de indiferencia, le dolía saber que ya no le afectaba nada de eso, ¿cómo puede alguien dejar de amar de la noche a la mañana? ¿cómo puede uno enamorarse de otra persona en tan poco tiempo?

¿Estaba hablando de Elena o de Hope?

Hope, era el amor de su vida, ese milagro que había aparecido de la nada para cambiar su mundo, pero tan rápido como vino desapareció. Cuando se reencontró con ella creyó en el destino, pero que idiota fue, si el destino existía, estaba allí para joderlo. La Hope con la que estaba prometido era una zorra de cuidado, con iras de venganza y totalmente desquiciada, pero la había amado, porque en eso consistía el amor, en amar a la otra persona sin preguntar primero.

Pero ahora estaba Elena, esa dulce chica que había perdido a sus padres, que había sido traicionada por el que creyó el amor de su vida, que estaba allí, atada a una maldita deuda que ni siquiera tenía nada que ver con ella, luchando por sobrevivir, cambiando su mundo con una sola de sus sonrisas o con una simple mirada. Elena era su salvavidas, una droga que necesitaba urgentemente, la vía de escape de sus problemas, pero también era el peligro, enamorarse de ella, era atar lo que quedaba de su alma en una persona que podría manipularlo y destrozarlo, enamorarse de alguien más, no sólo significa condenarse a sí mismo, sino también condenar a la otra persona, a una vida de desgracias.

Irónico, pensó, a las dos chicas las había conocido en un momento trágico de su vida, cuando Hope apareció en su vida, las cosas en su casa no estaban bien, su padre no tenía dinero suficiente para llegar a fin de mes, por lo que muchas veces tenían que sobrevivir con un trozo de pan seco y un plato de pasta que no sabía a nada, eso si tenían suerte. Si la rubia no hubiese aparecido, Damon habría acabado haciendo una locura, como robar o abandonar sus estudios, por eso considera a Hope su salvavidas, la razón por la que luchó, no sólo por su padre, sino también por él mismo, por tener algo para reclamar el corazón de su amada.

Elena, la conoció justo cuando decidió que nada valía la pena para que él se condenara de la forma en que estaba condenado, la conoció justo cuando huyó de los Mikaelson, del dinero negro, de Hope -esa zorra sin sentimientos, que lo manipulaba y lo manejaba a su manera- y de todo aquello que había acabado con su esperanza de una vida mejor.

La encontró cuando decidió que ni su familia valía le pena.

De una forma u otra, ya estaba condenado.

Soltó el cuadro digital en el instante en que una foto de ellos dos, totalmente abrazados y acaramelados apareció en pantalla, ni siquiera se acordaba de ella, acarició con una ternura que ya no existía el rostro de Hope, ahí fueron felices o eso creyó el ojiazul en ese momento.

Sonrió débilmente y salió del cuarto con la intención de no volver nunca más y con un solo pensamiento en mente: Elena.

Cincuenta y cinco minutos con treinta y dos segundos había pasado desde que Stefan se marchó con una Hope totalmente destrozada de la sala de las bebidas, cincuenta y cinco minutos con treinta y seis segundos desde que entró en esa sala y descubrió a Klaus, al amor de su vida, encima de Hope, tocando todo su cuerpo, cincuenta y cinco minutos con cuarenta y dos segundos desde que vio con sus propios ojos el verdadero rostro de Klaus, el de un enfermo y desequilibrado, cincuenta y cinco minutos con cincuenta y dos segundos desde que abrazó a la chica para sacarla de ese cuarto, cincuenta y cinco segundos con cincuenta y cinco segundos desde que se arrepintió de no haber vuelto para matar a ese hijo de puta.

Cincuenta y seis minutos desde que su mundo se paró como cuando un reloj se queda pillado en una hora determinada, aún podía sentir como su corazón se rompía en mil pedazos recordando la escena de antes, cuando los ojos de Klaus se clavaron en los suyos, suplicando por su perdón, no podía sacarlo de su cabeza, simplemente no era capaz de borrar ese sucio pensamiento, donde ese hijo de puta forzaba a otra hija de puta.

Por un momento se vio así mismo junto a su hermana en el lugar de Klaus y Hope, unas ganas de vomitar se apoderaron de su cuerpo, casi podía sentir las náuseas y la bilis en su garganta, pero no podía vomitar, pues tenía el cuerpo de Hope echado encima del suyo, lloriqueando como una niña pequeña en su cuarto, ¿cómo habían llegado hasta ahí? no hasta la habitación, tampoco estaba tan tono, sino, ¿cómo habían llegado a esa situación, donde él rescataría a su carcelera de las manos de su ex amante?

Se le iba a ir la cabeza, se estaba volviendo loco, pues todo daba vueltas a su alrededor, rompiendo todos sus esquemas, necesitaba encontrar una explicación para toda esa historia o no habría marcha atrás.

Quiso levantarse, o por lo menos incorporarse, pero Hope no se lo permitió, se aferró a su camisa con una fuerza sobrehumana y hundió el rostro en su pecho, llorando casi sin emitir ni un simple sonido.

— Hope, tenemos que hablar, lo que ha pasado…

La chica negó contra su pecho, pegándose con más fuerza aún, es como si le estuviese pidiendo silenciosamente que la dejara desahogarse, que después de soltar hasta la última lágrima volvería a ser esa zorra inalterable, pero es que Stefan no estaba dispuesto a consentirlo, no quería encontrarse, dentro de diez minutos o media hora, con una tipa que lo mataría con un simple movimiento de mano, él quería hablar ahora, sacarle toda la información posible para poder ir a matar a Klaus sin sentir remordimientos.

Porque si no lo había matado antes, era porque, primero seguía enamorado de él y segundo porque Hope le necesitaba como nadie en ese maldito mundo le había necesitado alguna vez, eso le hacía sentirse aún peor, porque cuando tuvo la oportunidad de ser un buen hermano no lo hizo, y ahora lo estaba haciendo con una mujer, que aunque no se mereciera lo que Klaus había estado a punto de hacer, tampoco se merecía su consuelo, ¿o sí?

— ¡Hope! ¿ha pasado otras veces? ¿se ha propasado contigo más de una vez? ¿te ha… violado? ¡joder! dime algo, cualquier cosa… ¡ese tío salió con mi hermana y conmigo! ¡mierda!

Hope no reaccionó, ni tenía ninguna intención de hacerlo, Stefan no era nadie para hacer ni una pregunta, ahora mismo lo único para lo que servía era para mantenerla cuerda, porque si algo tenía claro Hope, es que si se quedaba sola, perdería la cabeza, se volvería a hundir en esa mierda de la cual le costó mucho salir, aún recordaba la mañana que se despertó en el internado y su mejor amigo ya no quería saber más nada de ella, pues Klaus le había dado una paliza por respirar su mismo aire, esa mañana dejó de ser la alegre Hope que había conseguido olvidar esa fatídica noche para convertirse en lo que era actualmente, una zorra vengativa, marcando territorio.

No podía permitirse ser tan frágil, nunca más.

Era incapaz de moverse, porque sabía que si lo hacía acabaría derrumbándose.

Klaus y Elena desaparecieron por los pasillos, Elena no dejaba de darle vueltas a todo lo que había sucedido, y en cómo se había metido en ese lío, lo único que sacaba en claro, que si alguien era culpable, ese era Damon, cada vez que pensaba en él le hervía la sangre y sentía la necesidad de romper algo, y si era posible en la cabeza de alguien.

Y ese alguien, era Klaus.

— Klaus, Klaus… —le advirtió cuando tiró con más fuerza de su brazo, una mueca de dolor se dibujó en su rostro, ya se estaba cansando de tanta mierda, era hora de empezar con la acción—. ¡NIKLAUS!

Tiró de su brazo hasta deshacerse del agarre, se sobó la zona dolorida con cuidado, el muy cabrón le había dejado una buena marca en el brazo, podía distinguir con claridad cada uno de los dedos.

Iba, no sólo a romperle algo en la cabeza, lo iba a matar.

— No te atrevas a tocarme así en tu vida.

El chico soltó una carcajada que le heló la sangre.

— Elena, ¿tienes un millón de dólares? —alzó una ceja sin entender a qué mierda venía esa pregunta—. Lo suponía. Por lo que, sí quiero tocarte lo haré, ¿entendido?

Tomó su brazo de vuelta, esta vez con mucha más fuerza, gimió al sentir las uñas clavándose en su piel y supo que se había metido en un problema.

Las intenciones de Klaus no eran nada buenas, Elena lo sabía pero tampoco podía hacer algo para impedirlo, ¿de qué le serviría gritar si estaba todo el mundo en la planta baja? y aunque pudiese gritar, ella necesitaba hablar con Klaus a solas, preguntarle directamente lo que estaba pasando con Damon, con Hope, con su dinero y con toda esa casa de locos, por lo que al final estaba en las mismas, tenía que fingir que el chaval tenía el control para pillarlo desprevenido.

Klaus, desesperado, no esperó mucho más, tomó a Elena de la cintura y la atrajo contra su cuerpo, ambos se miraron unos segundos y lo que la castaña vio en sus ojos la dejó totalmente paralizada, cuando quiso reaccionar, ya tenía todo el cuerpo de Klaus pegado al suyo, y su boca devorando la suya propia.

— ¡No…! —lo empujó lejos—. Tenemos que hablar.

El chico sonrió y se relamió los labios, como un lobo antes de cazar a su presa, la chica tragó saliva.

— Sé lo de vuestros negocios sucios, sé lo que le hacéis a Damon… —como parecía que eso no le afectaba tiró de su última carta, suplicando a la nada que todo fuese una mentira, que sus siguientes palabras resultasen un malentendido—. Y sé lo que le hiciste a Hope.

Todo se volvió negro en ese momento, Elena gritó hasta desgarrarse la garganta, y Klaus ejerció toda la fuerza de la disponible para inmovilizar a Elena, no la besó, ni tampoco la tocó de la forma en que lo haría un amante, la trató como trataría un animal a su presa, la devoró, besó y mordisqueó hasta conseguir que la piel de la chica tomara un tono rojizo casi morado, marcando territorio.

Los gritos de la chica no fueron en vano, porque alguien salió de una de las habitaciones, quedándose pálido, el grito de otra chica fue lo que captó la atención de Klaus y Elena, el primero no se llegó a separar de Elena, dejando claro que no se arrepentía de lo que había estado a punto de hacer, pero ese momento de desconcierto fue lo que Elena necesitó para reconocer al muchacho.

Sonrió agotada y se desplomó contra la pared al reconocer a su hermano.

Cuando Elena volvió a abrir los ojos estaba en el cuarto de su hermano, en sus brazos, lo primero que vio fue a Hope, que estaba sentada en el borde de la cama mirándose las manos, las cuales temblaban como hojas de papel mecidas por el viento, por primera vez desde que la conocía, no sintió asco ni odio, sino pena, el aspecto que tenía la rubia le dejaba claro lo que había sucedido, no necesitaba preguntar para saber lo que le pasaba, pero si que tenía que hacer algo.

Hope estaba destrozada, física y mentalmente, al igual que ella, pues acababa de vivir una de las peores experiencias del mundo, al igual que ella necesitaba los brazos y los besos de una persona, Hope también.

— Stefan… —susurró, el chico se puso a la defensiva, era muy mono, pensó Elena, el pobre estaba preocupado por ella, de tal forma que creía que iba a romperse en pedazos—. Estoy bien, pero ella… no.

Y era cierto, sólo necesitó una mirada de Stefan para saber que Hope había pasado por lo mismo que ella minutos u horas atrás, eso reforzó aún más su idea inicial, con el corazón en un puño se acercó lentamente a Hope, la cual parecía una niña pequeña, se odiaba a sí misma por lo que estaba a punto de sugerir, de hacer, con esto, atravesaría una línea invisible, una línea que lo separaría de su corazón y de Damon.

— Ven conmigo…

Hope tomó su mano dudosa y se dejó arrastrar por una silenciosa Elena, que se debatía en su interior, luchando con sus sentimientos.

Llegaron antes de lo previsto a su cuarto, no sabía si Damon estaría allí como todas las noches, después de la discusión que habían tenido dudaba que el chico quisiera estar allí, abrazarla y besarla hasta quedarse dormido, pero por probar no perdía nada.

No fue hasta que abrió la puerta de su cuarto, cuando sus ojos coincidieron con los azules de Damon, cuando se dio cuenta de las ganas que tenía que el chico no estuviese ahí en ese momento, cerró los ojos con fuerza, dejando que las lágrimas escaparan y atrajo a Hope hacia el interior, rompiendo su única oportunidad de echarse atrás.

Había perdido a Damon, para siempre.

El ojiazul se levantó de golpe, sin apartar los ojos de Elena dejó que Hope cayese en sus brazos, hasta romperse en mil pedazos, desesperado rogó que la chica volviera a abrir los ojos para así poder decirle con una mirada que no quería estar aquí, que la quería a ella, por encima de todo eso.

Pero Elena no iba a mirarle, porque si lo hacía, correría hasta alejar a Hope, para estar con él, para no soltarlo nunca, por lo que sin mirar atrás, salió de la habitación y se dejó caer contra la puerta. Lloró como nunca antes había llorado, no lloraba por lo sucedido con Klaus, por Hope, por su hermano, ni siquiera por Damon, lloraba por la verdad que había ante sus ojos, una verdad que ella había intentado ocultar con demasiada fuerza.

Estaba enamorada de Damon.


Elena y Damon han aceptado lo que sienten por el otro, pero sus vidas están llenas de demasiada mierda para que puedan decirse lo que sienten sin temer las consecuencias. Me ha costado un par de días escribir este capítulo, y hoy casi, lo he reescrito entero pues seguía sin convencerme pues para mi, aunque había material interesante, no era lo que quería escribir.

Se entenderá en los siguientes capítulos, puede pasar muchas cosas, pero la pregunta interesante es, ¿Damon y Elena podrán estar juntos después de esto?

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