(*) Las cartas sobre la mesa, es lo que hace referencia el título.


Episodio 24: Las cartas sobre el Bourbon.*

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Elena jugó con su teléfono un buen rato, estaba en la habitación de Klaus sentada en su cama esperando, ya que el rubio se había metido en la ducha media hora antes. Llevaban saliendo desde hacía unos días y Elena había intentado de todas las formas posibles convencer a su supuesto novio de que era ideal que compartieran un viaje juntos pero Klaus no había parado de darle largas, justificándose en que estaba muy ocupado con un viaje de negocios, Elena no perdió la oportunidad, obviamente, y le sugirió que ese mismo viaje sería ideal, no solo estarían en Europa, sino que encima irían con la excusa de negocios, así nadie tendría que saber todavía que estaban juntos oficialmente pues ella necesitaba hablar con Stefan más detenidamente del asunto.

Klaus se había negado rotundamente.

Elena sabía que no iba a ser fácil, que Klaus no podía arriesgarse a llevarla a un negocio negro como aquel, pero eso no quería decir que no supiera cómo convencerlo, por eso estaba allí, muerta de los nervios esperando para hacer su siguiente movimiento, el último, pues esa misma noche tomaba el avión para ir a Bulgaria.

— ¿Sigues aquí? Podríamos habernos duchado juntos, Lenita.

— ¿Cómo me has…? Da igual, no importa —Klaus soltó sus cosas encima de la cama, al lado de Elena, por lo menos había salido vestido de la ducha y no parecía querer hacer nada raro, todo lo contrario, por su forma de actuar, Elena estaba segura de lo que quería era librarse de ella, pues la llevaba clara.

— Elena, te compensaré, lo prometo. Pero hoy no es nuestro día, tengo que ir ahora a comprobar que el incompetente de mi cuñado no se ha equivocado con los números y después tengo que hacer unas llamadas a la embajada en Bulgaria.

— Klaus, ¿no te das cuenta que todo sería más fácil con tu novia a tu lado? Imagínate, los dos juntos, mezclando el trabajo con el placer, ¿no es ideal, corazón?

— ¿Corazón? No acabas de llamarme así —rió y negó con la cabeza, el plan era tentador pero no podía entretenerse con Elena, no cuando sólo llevaban unos días de novios, ¿cómo iba a fiarse de ella y contarle a lo que su familia se dedicaba? era una completa locura, Elena era demasiado buena e inocente para ese mundo, saldría espantada.

Se acercó a su escritorio y tomó sus cosas para seguir trabajando, pero Elena era demasiado pesada y caminó junto a él hasta el ascensor.

— Niklaus —le impidió entrar, Klaus puso los ojos en blanco y esperó, tampoco pasaba nada por escuchar una de sus maravillosas excusas—. Sé que lo de Bulgaria es algo similar a lo que sucedió aquí hace unos meses, una subasta para recaudar fondos, puedo ayudar.

— ¿Con qué dinero?

— Hasta hace menos de un año era multimillonaria, ¿cuándo vas a liberar mis cuentas? Stefan no le debe nada a Hope, ¡Damon me lo dijo nada más llegar a Nueva Orleans!

— Mira, los asuntos de mi hermana son suyos, no puedo interferir.

— No me vengas con esas —escupió cada palabra como si fuera veneno puro, el aludido abrió mucho los ojos casi sorprendido por su arrebato—. Quiero decir que, ¡estoy cansada de depender de la gente! ni siquiera sé para qué le sirvo a Hope aquí.

— Paga contigo sus desequilibrios mentales —se vio tentada de rodar los ojos, si Hope se comportaba así con ella era por su culpa, así que, que no viniera con que no sabía de qué estaba hablando.

— Sí, se supone que somos sus esclavos sexuales, pero aún no me he acostado con ella. Stefan sí —clavó sus ojos café en Klaus esperando una reacción, pero no pasó nada simplemente negó sutilmente con la cabeza, como un hermano preocupado, ¿es que se hacía el idiota? quiso vomitar allí mismo pero justo el ascensor apareció y Elena recordó lo que había venido a hacer, se puso en medio de las puertas y de Klaus. Le besó.

Fue un beso pasional y animal, Elena apretó todo su cuerpo al de Klaus ganándose un gemido de sus labios, podía notar las manos de Klaus tanteando en su espalda y eso ya fue más que suficiente, lo apartó bruscamente y sonrío, una sonrisa divertida y perversa.

— ¿Quieres más? Pues deja que te acompañe, y te besaré cuando menos te lo esperes, quizá en el avión, quizá en el aeropuerto, ¡o en nuestra habitación!

— No estaremos más que una noche, no habrá habitación.

— Pero si un baño en el avión, ¿no es privado?

— Sí, sí que lo es —lo estaba consiguiendo, Klaus estaba a punto de caer sólo necesitaba un empujón más, se acercó a él y tomó sus manos para guiarlas directamente a la cinturilla de sus pantalones.

— Te quiero dentro de mi… — "Damon"— Pero no ahora, quizá en Bulgaria, ¿no te dije que mi madre tenía sangre búlgara? su mamá era de Sofía.

Klaus abrió la boca pero al final se calló, se pasó la mano por el pelo y miró en todas direcciones totalmente indeciso, ¿qué hacía? ¿la dejaba venir? la miró un segundo, llevaba deseando irse a la cama con ella desde que empezaron a salir, otra vez, ¿cómo iba a perder la única oportunidad que tenía? no podía obligarla, ni tampoco hacer nada que pudiera asustarla, aunque ella no le hubiese dicho nada, sabía que estaba en un periodo de prueba.

— Vale, pero con un condición —Elena empezó a dar saltos de alegría e incluso se lanzó a sus brazos como si aún fueran un par de críos enamorados, Klaus sonrió, una sonrisa totalmente real y sincera—, no te involucraras en el negocio, no harás pregunta y lo más importante quiero que estés en silencio en el momento de la subasta ¿prometido?

"¡Vete a la mierda!", pensó Elena, más que pensar se gritó a sí misma esas palabras, realmente quería golpearlo y dejarlo inconsciente por creer que tenía algún poder sobre ella.

— ¡Por supuesto! ¡Voy a buscar el mejor traje de la ciudad! —le dio un sonoro beso en los labios— ¡Oh! ¡Que tonta! casi se me olvida, ¿me das dinero en efectivo? Unos veinte mil dólares estará genial.

— ¿Cuánto…?

— ¡Que es broma! dos mil dólares y queda fantástico.

— Espero que el vestido valga la pena.

— Y otros dos mil dólares para los zapatos y la ropa interior, ¿o no quieres un modelito exclusivo para ti? —ronroneó muy cerca de su oído, provocando una descarga de cien mil voltios en Klaus, sonrió satisfecha y estiró la mano para tomar los cuatro mil dólares en efectivo.

Salió de allí con un contoneo y en cuanto supo que estaba lejos del alcance de Klaus empezó a dar saltos de alegría pero esta vez eran totalmente sinceros, ¡había conseguido entrar! buscó su teléfono en sus bolsillos y tecleó el contacto de Damon para mandarle el mensaje, pero en el último momento se arrepintió, ¿cómo iba a llamarlo? llevaban días sin hablarse, lo último que se habían dicho no había sido nada agradable, ni ella hizo lo que debía hacer, ni Damon reaccionó de la mejor forma, apretó el teléfono entre sus dedos y miró la pantalla donde estaba el contacto de Damon con su foto de perfil.

Era torturarse inútilmente, se dijo, no iba a cambiar nada que ella mirase la foto de su perfil si después no se atrevía a dirigirle la palabra, pero tal y como acabaron las cosas entre ellos, ¿qué iba a hacer? ¿llorar en su cama cual niña pequeña? no, él había sido quien había sobrepasado la línea, él se había pasado, él debía disculparse, pero claro, ¿quién tenía la culpa en primer lugar? era Elena quien había empezado primero, por más que intentara echarle todas las culpas al ojiazul, ella también se llevaba su parte, dependía de ellos si quieren comportarse como unos adolescentes hormonados o como unos adultos hechos y derechos que no tienen ningún problema en aceptar su parte de las culpas.

Quitó el contacto de Damon de la pantalla y buscó el de Enzo, quizá era un acto de cobardía, pero por encima de sus problemas con Damon estaba la misión Bulgaria, ya tenían un pasaje directo a desenmascarar a los Mikaelson no podían perder el tiempo.

Habló con Enzo largo y tendido, el chico le confirmó lo que más temía que si ella era descubierta o Mikael sospechaba algo no valdría la pena el riesgo, Elena quiso parecer indiferente como si eso ya lo tuviera más que asimilado y le dejó claro que quería reunirse con todo el equipo dentro de tres cuartos de hora ya que quería comprar la ropa interior.

El vestido lo había comprado Enzo gracias a su amiga Camille, el vestido estaba confeccionado y preparado para la misión al igual que los zapatos por lo que Elena no necesitaba comprar más nada, pedirle el dinero a Klaus había sido un acto de rebeldía, si alguien la pillaba dejaría claro que estar con Klaus, aguantarlo costaba lo suyo.

Ella no aguantaba a su lado sino era por un módico precio, calló la vocecita de su interior que no dejaba de repetirle que aceptar dinero por fingir una relación tenía un nombre.

— Nos vemos allí, hasta luego —colgó antes de entrar en una de las tiendas más caras de la ciudad.

Davina le abrió la puerta, todos estaban allí dentro desde hacía por lo menos unos minutos pero a Elena no le importó llegar tarde, ella le había dejado claro a Enzo hace cuarenta y cinco minutos el tiempo que tardaría en llegar, así que si los demás estaban impacientes que no hubiesen llegado antes.

Lo primero que Elena vio al entrar fue un vestido, era de color verde aceituna con largas capas de tonos más oscuros, casi se le cayó la mandíbula de la sorpresa, no esperaba para nada un vestido tan hermoso y menos aún esperaba que el vestido pegara con el conjunto de ropa interior que se había comprado en la boutique, no es que pensara usarlo pero estaba claro que sería un delito no hacerlo cuando era todo tan hermoso.

— Por tu expresión supongo que he acertado —conjeturó Enzo tomando el vestido del borde de la silla que había puesto a propósito ahí, Elena asintió sin saber que decir, no es que la moda fuese su tema favorito en el mundo pues llevaba mucho tiempo sin ir de compras en serio, pero le encantaba, es decir, si las cosas no estuviesen como estaba podría pasarse horas y horas encerrada en una tienda o en varias, lo tomó con dedos temblorosos y pasó la mano por el suave tejido—, ¿y bien?

— Que me casaría contigo si no fueses gay.

— ¿Qué? ¿¡Gay!? ¿estás loca?

— No se me había ocurrido —se metió Kai, Elena se giró al escucharlo detrás suya, venía de la calle así que la chica se imaginó que no era la única que llegaba con retraso—, eso explicaría muchas cosas.

— ¡Que no soy gay!

— Lo que tu digas —Kai pasó entre ellos y se dejó caer en la misma silla donde había estado el vestido minutos atrás, se cruzó de brazos y miró a todos los presentes— ¿Novedades?

Elena les contó que lo había conseguido que esa misma noche tomaría un avión junto a Damon y los Mikaelson siendo una invitada de honor, Enzo ni Kai perdieron el tiempo, mientras Elena les contaba todo, ellos se dispusieron a preparar los aparatos que la chica llevaría camuflados tanto en el traje como en los complementos.

Damon estuvo apartado durante toda la conversación no intervino en ningún momento aunque más de una vez tuvo que morderse la lengua y repetirse varias veces que lo primero de todo era la misión ya después vendría lo de romperle la cara a Klaus por manosear a Elena durante todos estos días, así estuvo un buen rato, como si fuese su mantra, tan concentrado estaba que no se dio cuenta que alguien le había hecho una pregunta.

— Damon —repitió pero esta vez no Elena sino Bonnie, el chico alzó la cabeza lo justo para ver la mirada dolida de Elena, frunció el ceño sin comprender qué estaba pasando—, Elena te ha hecho una pregunta, ¿has escuchado algo?

— ¿Habrá cámaras en el jet privado? —se adelantó Kai que ya estaba más que harto de las tonterías que se traían esos dos, Damon negó con la cabeza, Mikael adoraba la privacidad y la seguridad pero más lo primero que lo segundo, por eso evitaba las cámaras de vigilancia—. ¡Pues perfecto!

— ¿Y el tono irónico?

— Quería hackearlas para tener todo bajo control. Ahora solo dependeré de los micros y las mini cámaras que lleve Elena.

— ¿Dónde estaréis vosotros?

— Contigo, Damon. Iremos a Bulgaria con un avión privado, no preguntes —le cortó Enzo rápidamente—. Estaremos contigo en los alrededores, si tenemos que intervenir estaremos a un paso. Elena no estará sola, como no seas que consigas convencer a Mikael de estar dentro.

— Ya lo he intentado de todas las formas posibles, me da largas. No me quiere allí, no sé si es porque no se fía de mí o porque me ve venir.

— Esperemos que sea lo primero.

Damon asintió de acuerdo. Kai y Enzo siguieron charlando sobre las mejores formas de colocar los aparatitos sin llamar la atención. Bonnie seguía allí tecleando concentrada en lo que sea que estuviese haciendo con el ordenador, mientras que Davina hacía un par de llamadas a los contactos que Enzo había mencionado antes, junto a Kol.

Sus ojos fueron a parar en Elena, que estaba apartada del resto observando todo con minuciosa atención, especialmente a él, ya que cuando se dio cuenta que estaba siendo vigilada no hizo nada para impedirlo, todo lo contrario, se mantuvo firme, observando.

Damon llevaba días con una pregunta atascada en la garganta, robándole el sueño y las ganas de seguir viviendo, quizá era una estupidez, celos sin sentido pues ellos dos no tenían nada para tener un poder sobre el otro, pero eso no ayudaba con la ansiedad ni con la desesperación que se instalaba en su corazón cada vez con más fuerza. Casi pudo ver en sus ojos café el mismo sentimiento, pero si estaba o no, desapareció tan rápido como vino.

Dio un paso en su dirección pero dudó en el último momento, Elena alzó una ceja suspicaz y ambos soltaron una carcajada al darse cuenta lo infantil que era la situación, ¿seguir cabreados era inteligente cuando en escasas horas iban a jugarse el pellejo por acabar con los Mikaelson? no, no era para nada inteligente, tal vez si fuesen una pareja normal, el enfado durase más, pero en esta situación era una tontería.

Damon atravesó la habitación al mismo tiempo que Elena abría la puerta de la calle y desaparecía escaleras abajo, hacía media hora eso podría haber mandado un mensaje totalmente diferente, ahora, Damon tenía muy claro lo que quería decir y era, tan sencillo, como una última oportunidad.

En cuanto la alcanzó en el pasillo de la cuarta planta supo que algo andaba mal, estaba muy quieta y con la mirada clavada en sus zapatos, parecía más pequeño de lo que era cuando la conoció y eso provocó un cambio en el ambiente.

— Elena…

— ¿Me odias?

— Elena, el dicho del odio al amor no es cierto. No puedo pasar de quererte a odiarte en un par de días.

— No me refiero a eso, sino a todo esto. ¿Me odias por arriesgarme tanto en una batalla, que según tú, no me pertenece?

— Por supuesto que no. Odias a Klaus con la misma fuerza que yo, te ha hecho daño, a ti y a tu hermano, tienes todo el derecho de exponer tus cartas.

— Así que no me odias —sonrió tímidamente y dio un paso al frente al mismo tiempo que Damon bajaba el último escalón—, ¿puedo darte un beso? echo de menos tus besos.

— ¿Eso quiere decir que tampoco me odias?

— Me hiciste daño, usé tus palabras en tu contra, creo que me lo merecía.

— Te dije que te quería y tu me dijiste que ese era el problema, si que te lo merecías.

— No te pases —le advirtió medio en broma medio en serio, una sonrisa torcida apareció en el rostro demacrado de Damon.

— Vale, entonces ahí está el límite, perdona pero es que necesitaba buscarlo. Demasiado sumisa.

— ¿Sumisa dices? No sabes las ganas que tengo de romperle los huevos a alguien, sumisa no entra en mi diccionario.

— ¿Te ha hecho algo, Klaus?

— No, solo cree que tiene un control sobre mi totalmente falso, le odio con toda mi alma, cada vez que me dice algo "bonito" o me toca me pone de los nervios —bufó agotada, más cansada que enfadada, Damon tragó saliva, no quería romper esa atmósfera de complicidad que se había formado entre ellos pero tenía la pregunta en la punta de la lengua, Elena clavó sus ojos café en Damon como si pudiese escuchar sus palabras—. No hemos hecho nada, ¡ni de coña! ahora…

— No sé si me gusta esa sonrisa pervertida.

— Te gusta, te gusta y mucho —rodeó su cuello con sus manos y se alzó sobre sus pies para alcanzar sus labios, no llegó a besarle—, Klaus nos ha comprado lencería.

— Me acabas de cortar todo el rollo.

Elena soltó una carcajada y se abrazó a Damon con más fuerza, el chico seguía quieto y negando con la cabeza pero no estaba para nada cabreado ni mucho menos fuera de lugar, sabía que sea lo que sea que quisiera decir Elena con eso no era nada malo o por lo menos algo negativo hacia él, ella no era Hope tan simple como eso, debía disculparse cuanto antes.

Tomó a la chica y la apartó ligeramente de su cuerpo, seguía riendo, varias lágrimas recorrían su rostro pero por más que Damon la observa no podía ver con claridad si era a causa de la risa o de algo más.

— Elena, siento lo del otro día, no quise compararte con Hope. No te pareces a ella, en nada de nada, ¿me crees?

— Sí, ahora sí.

— Una cosa que no me ha quedado claro —rompió el silencio con una sonrisa pícara, Elena le miró entre extrañada y curiosa—, ¿somos amigos o…?

— ¿Podemos esperar a que termine este asunto de una vez por todas? Damon, tengo miedo más que nunca, no sabes las ganas que tengo de correr y decirle a Stefan la verdad, cada vez que me cruzo con él, ¡me mira con odio!

— Sé que es duro pero contarle algo a él… sabiendo el control que tiene Klaus, no es que no me fíe de mi amigo Stefan estuvo conmigo en los peores momentos de mi relación con Hope, sabe más de lo que creo, pero aún así.

— Es mejor prevenir, si algo sale mal…

— Ya arriesgo suficiente contigo y con los demás, incluir a Stefan no es algo que pueda soportar.

— Bueno, no pensemos en esto, ¿quieres o no ver la lencería de ochocientos veintidós dólares?

— ¿Cuánto…?

— Te haré un striptesse.

— ¡No me lo digas dos veces!

Tomó a la chica de la cintura y la echó sobre sus hombros, corrieron escaleras abajo, Elena no sabía que estaba planeando y donde iba a llevarla, aunque tuviera la bolsa de la tienda en las manos no tenían un lugar donde pudieran estar solos, ¿o sí?

Había veces que dudaba en si conocía o no a Damon, lo poco que sabía de él era abrumador, había nacido en Italia, con la muerte de su madre se había visto a cargo de su padre y de él, vivía para ganar dinero siendo su educación el único recurso que tenía para sacar a su padre de la ruina, y lo consiguió, con la beca que le ofrecieron estudió en una universidad italiana muy conocida y un par de años después le dieron la oportunidad de trabajar a EEUU, el dinero que consiguió fue lo mejor para su padre, sino fuese por los chantajes y las amenazas constantes de Mikael, Damon estaría en cualquier lugar, junto a su padre, viviendo.

Pero ahí estaba, atado a Nueva Orleans y una familia que estaba mal de la cabeza, aunque debería sentirse mal por ser tan egoísta, agradece al cielo o lo que hubiese ahí arriba por haberle dado la oportunidad de conocer a ese tío, que estaba como una cabra montesa pero era lo mejor que le había pasado en años, ¿estaba enamorada? sí, más de lo humanamente posible, ¿iba a permitirse perderlo? no, nunca más.

Esa misma madrugada tomarían un vuelo de once horas, llegarían por la tarde a Bulgaria listos para la subasta, si todo salía bien, esa misma noche sería la última noche en la que estarían atados a un mundo donde no pertenecen, y al día siguiente Elena y Damon serían libres, ¿qué más podían pedir?

Que durase para siempre.

— Damon, ¿a dónde vamos?

El chico soltó una carcajada al mismo tiempo que soltaba a Elena delante de una puerta varias plantas más por debajo que la de Enzo.

— ¿Te acuerdas que te dije que el apartamento de Enzo era más mío que suyo? Pues este es más suyo que mío.

Elena miró dudosa la puerta del apartamento. Damon la tomó de la mano y le dio un delicado beso en cada nudillo.

— Te quiero, ¿vale? me conformo con pasar un rato abrazado a ti.

— Tu te conformas con nada —suspiró Elena—. Yo necesito más.

Damon negó divertido, Elena si que era incorregible. Entraron en el apartamento, esta vez Elena no se paró a ver el estado de este, salió corriendo en dirección al cuarto de baño para cambiarse y Damon se dejó caer en el sofá y cerró los ojos.

— Damon… —le llamó con voz angelical, el chico abrió un ojo y lo único que vio fue el rostro de Elena, su cabello antes recogido en una coleta improvisada ahora estaba totalmente suelto.

— ¿Elena? Llevo sin dormir un par de días —se incorporó lo suficiente para ver que la chica seguía vestida pero esta vez no llevaba puesto los zapatos—, ¿lo del striptesse iba en serio?

La chica asintió cual niña pequeña y se alejó con pasos lentos de él pero sin apartar en ningún momento la mirada, había despejado la sala, dejando solo la alfombra burdeos que decoraba el suelo, con un pequeño mando encendió el reproductor de música y todo quedó completamente perfecto.

Elena no era una bailarina, tenía dos pies izquierdos y su sentido del equilibrio ni existía pero aún así se tomó muy a pecho el concepto de baile erótico.

Diez minutos de baile hizo falta para que Elena se deshiciera de la última prenda para dejar al descubierto su conjunto de lencería que consistía en un sujetador negro de encaje y un tanga del mismo color, todo atado por unos pequeños lazos, el conjunto en sí era muy sencillo, si no fuese porque la tela con la que estaba confeccionado era una tela muy suave y resistente, casi parecida a la seda, mientras que los lazos estaban hechos con otro material un poco más barato, ideal para tirar de ellos sin que nada saltara de su lugar, y eso es lo que hizo Damon, en cuanto Elena se montó a horcajadas, el chico tomó los lazos y tiró de ellos para acercar su boca a la suya, Elena se dejó hacer.

Se estuvieron besando durante lo que pareció una eternidad, la música seguía sonando detrás de ellos, pero a ninguno de los dos le importó lo más mínimo, ver a Elena bailando para él era divertido y excitante, y lo último tenía mucha más fuerza que lo primero era por eso por lo que no podía mantener las manos lejos de su cuerpo, se deshizo del sujetador, besó y mordió sus pezones con gran ferocidad ganándose varios gemidos, jugó con su botón del placer por debajo del minúsculo tanga y dejó que la chica alcanzara el clímax en un tiempo récord.

— ¿Cómo he sobrevivido este tiempo sin ti?

— Mmm —ronroneó Damon como respuesta. Elena tomó fuerzas y volvió a besarle con pasión y deseo—, ¿esto quiere decir que me toca a mi?

— Oh, mi señor del Bourbon, claro que le toca a usted.

La hora D había llegado antes de lo previsto para todo el mundo, por suerte todos estaban listos para lo que se avecinaba. Damon había sido testigo de la pelea de Mikael y Klaus sobre la maravillosa idea de este último de llevar a Elena con ellos, Damon agradeció en silencio que nadie le hubiese pedido opinión pues no sabía qué responder sin parecer sospechoso.

En cuanto Elena llegó, el ambiente se relajó un poco pero no lo suficiente, todo el viaje al aeropuerto se caracterizó por una pelea silenciosa entre Mikael y su hijo, ni Elena ni Damon se quejaron al respecto pues tenían la oportunidad de hablar por medio de mensajes hasta que llegase el avión.

El aeropuerto de Bulgaria estaba completamente vacío pero claro, se trataba de una pista privada por lo que era natural que no hubiese nadie excepto la limusina que los esperaba en la entrada.

"¿Habéis llegado ya?" -DC.

"¡ES OBVIO QUE HAN LLEGADO DAV!"-KM

Damon y Elena se miraron al mismo tiempo, Kai había tenido la maravillosa idea de crear un grupo de whatsapp para estar todos conectados, aún sabiendo que Kai tenía una vista espectacular de todo lo que sucedía gracias a unas lentillas que llevaba puestas Elena.

Damon no había estado muy conforme con eso pero era un todo o nada.

"Escuchadme bien: esta noche quiero que estés muy pendiente de todo, Elena, mira en todas direcciones pero retén algo, no simplemente mires a la velocidad de la luz, ¿entendido?"- KP.

Kai siguió explicándolo todo lo que ella ya sabía de antemano, Damon se había pasado gran parte de la mañana hablando de lo mismo, no necesitaba escuchar o leer eso otra vez.

"Elena, te quiero"-D

Una sonrisa sincera apareció en su rostro cuando la pantalla de su teléfono le mostró un mensaje privado de Damon, seguido de muchos emoticonos de corazones y besos, casi estuvo a punto de responderle en voz alta, pero entonces otro mensaje apareció, esta vez de Kai.

"Damon es muy cursi, ¿no crees? :P"-K.

Apagó su teléfono nada más recordar que todo lo que ella viese lo veía también Kai. Damon le miró extrañado y preocupado pero ella le hizo un gesto con la cabeza como diciéndole que todo estaba bien.

Elena y Klaus, acompañados de Mikael entraron en el gran salón donde se celebraría la subasta, no habían tenido casi tiempo para descansar, pues Klaus se había pasado toda la mañana mostrándole la ciudad donde se encontraban y aunque a Elena no le disgustaba la idea, no le agradaba para nada que Damon se quedara con Mikael y ella tuviera que ir junto al psicópata de su novio.

Pero ahora que estaban en la subasta, Elena casi quiso volver a esa tarde de turismo pues era mucho más agradable que estar dentro de un lugar tan oscuro repleto de mujeres casi desnudas, encerradas en jaula o bailando en pequeños escenarios, si Klaus creía que podía conseguir que Elena viese eso como algo normal es que no la conocía lo suficiente, pero como no podía decir nada, simplemente sonrió y se aferró aún más al brazo protector de Klaus.

Esta subasta era similar a la anterior pero con algunas diferencias, algunas más llamativas que otras, como que la otra era para menores de dieciocho y esta era para mayores.

— ¿No hay mujeres? —todo estaba rodeado de hombres trajeados, Klaus se encogió de hombros como toda respuesta y se deshizo de su agarre.

— Tómate algo en mi honor, ¡el deber me llama!

Quiso retenerlo a su lado pero como necesitaba conversar con Damon o con Kai y comprobar así que la conexión seguía intacta lo dejó estar, no podía pasarle nada allí yendo con los Mikaelson, ¿verdad? se movió incómoda entre la multitud, nadie parecía reparar en su presencia aún siendo la única mujer que no estaba atada o en un escenario pavoneándose.

Tomó una copa y vació parte de su contenido en una esquina, no pensaba beber nada de ese sitio, miró a los presentes lo suficiente para que Kai pudiese quedarse con sus rostros o buscar información.

— ¿Damon? —susurró tapándose la boca para que nadie pudiera leerle los labios, era un acto típico de una paranoica pero estando donde estaba toda precaución era poca.

Estoy aquí, imagina que estoy allí contigo, sosteniendo tu mano —quiso reír, una risa sarcástica, pero se mantuvo en silencio.

— Esto no es mi modelo de cita ideal, como no sea que te guste lo… —no encontró una definición acorde con lo que estaba viendo—. El estilo puticlub barato.

¡Dios! Eres increíble —estaba riéndose en su cara, rodó los ojos y miró el líquido dorado de su copa, fue justo en ese momento cuando sintió la voz de Kai— ¡No bebas eso!

— ¿Veneno? ¿Droga?

No, viagra líquida.

— ¿¡Qué!? —la copa resbaló de sus dedos y se chocó contra el suelo derramando el líquido que quedaba y formando un círculo casi perfecto. Kai seguía riéndose a carcajadas y negando en voz alta, se acababa de reír de ella, el muy capullo. Iba a responderle algo cuando sintió una mano en su espalda, se sobresaltó y se puso a la defensiva.

Un hombre de entre treinta y cuarenta años le sonreía de una forma un tanto perversa y extraña. Elena tragó saliva y se repitió varias veces hasta la saciedad que nadie podía tocarla allí, que no había venido a ser subastada sino que venía acompañando a los dueños de todo ese negocio turbio pero el tío no parecía muy listo que digamos, pues la tomó de la cintura y olisqueó su escote.

Iba a soltarle un par de barbaridades cuando vio a lo lejos a Kai, llevaba un traje negro y unas gafas, pero lo más importante, se estaba dirigiendo hasta donde estaba ella, para rescatarla, ella no era una chica que necesitase ayuda pero ahora mismo le importaba bien poco, si Kai la sacaba de ese aprieto más que mejor.

— Apártate de mi novia —dijo Klaus apareciendo de la nada y hablando con un perfecto acento búlgaro, Elena no había entendido ni una palabra de lo que le había dicho pero Bonnie, que estaba al otro lado del micro le tradujo todo con claridad, el chico, si es que se le podía llamar chico a ese animal se disculpó y salió espantado al reconocer a Klaus—. Una bebida nena, no un problema.

Miró a Kai en la distancia y le agradeció en silencio que se hubiese atrevido a entrar para ayudarla.

— Lo siento, corazón.

— ¿Te das cuenta? —Elena lo miró sin comprender el chiste—. Eres mía, todos aquí lo saben o lo van a saber pronto.

— Klaus, no soy un objeto.

— Hombre no eres una de esas mujeres que serán vendidas al mejor postor, pero técnicamente me debes una pequeña fortuna, mi zorrita —le dio un tierno beso pero es como si le hubiese marcado como un animal, sintió la bilis recorriendo su garganta.

— ¿Cómo vendidas?

— Te contaré un secreto —fingió que miraba en todas partes como para evitar que nadie escuchara lo que no debía cuando todos allí sabían lo que estaba pasando—. Dinero negro, nena. Vamos a ganar una pasta aquí y seremos intocables, las mafias más importantes nos tendrán en estima, ¡una recaudación de fondos que blanqueara sus cuentas!

— Klaus, te quiero —y lo decía en serio, acababa de darle lo que necesitaba para meterlo entre rejas, ahora mismo, si no le tuviera un asco atroz le daría un beso como Dios manda, el chico ajeno a sus pensamientos soltó una carcajada y la estrechó contra su cuerpo.

— Será mejor que te saque, Damon te llevará a un lugar seguro.

¿Irse? No quería irse sin tener el suficiente material para meter también a Mikael, no quería que él se librase de toda esa mierda, pero tampoco podía pedirle a Klaus que la dejara quedarse, sería raro.

Mientras se dejaba arrastrar hacia fuera intentó mirar por todas partes, guardando imágenes en ese pequeño aparatito y fue justo en ese momento cuando sus ojos coincidieron con Mikael, este le sonrió y alzó su copa en su dirección.

Perfecto.

El viaje de vuelta si se hizo mucho más pesado. Kai les había informado que tenía algo gordo entre manos pero se había negado a soltar prenda y Elena no dejaba de sentir la mirada de Mikael sobre ella, ya se había deshecho de las lentillas como Kai le aclaró, incluso del vestido cosa que le había dado bastante pena, pero tenían que tener cuidado, Mikael no estaba donde estaba por ser un idiota, tenía ojos puestos en todas partes y si sospechaba algo lo mejor es que no hubiese ni una sola pista.

— Voy un momento al baño —les informó cuando el avión se estabilizó. Klaus y Mikael estaban muy concentrados en los papeles que tenían entre manos así que no dijeron nada cuando Elena se quitó del medio y Damon la siguió minutos después.

— Padre —habló Klaus soltando los papeles. Mikael estaba observando el camino que habían tomado Elena y después Damon con ojo crítico— ¡Padre, quiero casarme con Elena!

Mikael apartó la mirada del camino que conducía el cuarto de baño y se concentró en su hijo, tal y como lo miró parecía que le había salido otra cabeza.

— No sirves para comprometerte, no me hagas recordarte lo que hiciste la última vez. Elena no se ha recuperado de eso, es por lo que no entiendo que hace contigo…

Klaus asintió cabreado, esta vez se estaba tomando muy en serio su relación con Elena, no solo porque la deseaba y la veía inalcanzable, sino también porque era un medio para un fin y no dudó en contárselo, si tenían a Elena en la familia, tendría vía libre a la fortuna de los Gilbert, ¿y no era eso la mejor forma de blanquear beneficios?

Elena estaba encerrada en el cuarto de baño que consistía en un espacio minúsculo con un lavabo y un váter, tenía la tapadera bajada y estaba sentada sobre él respirando con dificultad, los nervios le estaban jugando una mala pasada, pues cuando sintió que alguien llamaba a la puerta casi le da algo.

— Elena, soy yo —susurró Damon contra la puerta, la chica le dijo que pasara y que cerrara la puerta para que nadie los viera.

— ¿Crees que saldrá todo bien?

— Creo que pase lo que pase, estaremos juntos en esto —se arrodilló a su lado y tomó su rostro para darle un pequeño beso esperanzador—. Sobreviviremos, siempre lo hacemos.

— ¿Lo hacemos?

Una sonrisa pervertida se mostró ante sus ojos.

— Wow, ¿aquí? —Elena le dio un golpe directo en el hombro y el chico se agarró con fuerza a lo primero que vio para no caerse.

— ¡Suéltame! me haces cosquillas —el chico siguió agarrado un buen rato más, lo único que Elena podía ver era su cabello negro y puso las manos en él, le relajaba, era un gesto un tanto estúpido pero surtía el efecto que deseaba—. Te quiero, Damon.

— Yo también te quiero —le dio un sonoro beso en la barriga, encima de la camiseta ganándose una carcajada—. Necesitaba esto, verte sonreír.

Elena sonrió.

— ¿Te das cuenta que pasamos del amor al odio cada dos por tres?

— Somos tóxicos.

— Puede —sentenció divertido.

— ¿Cómo lo haces? ¿cómo consigues que me olvide de todo y de todos?

El chico la miró a los ojos. La mirada azulada de Damon era hipnótica, podía ver más allá de él, alcanzar su alma, había dudado tantas veces en él, que casi no podía llevar la cuenta pero siempre que miraba sus ojos, se perdía en ese océano y alcanzaba lo que muy pocos conseguían: la verdad.

— Elena, me has salvado la vida, ayudarte es lo mínimo que puedo hacer.

— No quiero tu gratitud.

— ¿Y qué es lo que quieres?

— Tu corazón —susurró sin mirarle directamente a los ojos, Damon tomó su barbilla y la obligó a mirarlo, una lágrima silenciosa caía entre sus dedos.

— Eso ya es totalmente tuyo, chica bourbon.

Elena se acercó a sus labios, esta vez no fue un beso desesperado ni pasional, sino un beso tierno lleno de promesas silenciosas, promesas que nunca serían dicha en voz alta pero que tendrían el mismo poder, se quedaron allí encerrados un rato más, pero ya sabían que daba igual el tiempo que faltara para alcanzar la libertad pues estaban juntos y eso era lo único que importaba.

Cuando llegaron a la pista una horda de gente los rodeó, todos eran periodistas y no dejaban de sacar fotografías y hacer preguntas incoherentes sobre un artículo difundido por internet, Elena y Damon se lanzaron una fugaz mirada sin entender qué estaba pasando, el auto de los Mikaelson aparcó justo a su lado para sacarlos de allí sin tener que aguantar el gentío.

Todos se estaban haciendo la misma pregunta y más de uno tenía la respuesta en la punta de la lengua, era por eso por lo que Damon estaba desesperado para alcanzar a Elena y sacarla de allí cuanto antes.

En cuanto llegaron a casa todo quedó completamente claro, Hope y Stefan corrieron a recibirlos, Stefan abrazó a su hermana de forma posesiva, alejándose de Klaus y del problema que se avecinaba, Damon no tuvo tiempo de decir nada cuando sintió que Hope hacía exactamente lo mismo, antes de poder rechazarla la policía y el FBI llegó.

— ¡Niklaus Mikaelson queda detenido…!

Y todo quedó completamente en silencio. Elena y Damon ya no escucharon más nada, solo las últimas palabras de Kai antes de subir al avión: "Tengo mis trucos, ¿no os he dicho que internet es mi vida? esta información es dinamita".

Lo habían conseguido, quizá no habían acabado con Mikael pero habían empezado a mover sus cartas, si Klaus había caído, ¿qué les impedía tirar de Mikael hasta dejarlo al descubierto?


Hoy he terminado la lluvia de ideas, ¿y sabéis qué? cinco actualizaciones más y se acabará la historia, podría haber sido más larga, pero cada capítulo da para mucho y seis actualizaciones es lo único que necesito para darle un final en condiciones o el final que creo correspondiente, puede que cuando me ponga a escribir salga algo más largo pero lo dudo y mucho, quedan seis capítulos y uno de ellos es el epílogo; no hay más. Me he propuesto terminar la historia antes de empezar las clases (21 de septiembre), nada más tenga uno escrito y editado, lo subo, como hasta ahora.

¡Un beso muy grande!

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