(*) actos.


Episodio 25: Todos nuestros "bourbons" tienen consecuencias. *

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Stefan tiró de su hermana hasta su propia habitación, cerró la puerta de un portazo y se quedó aquí, respirando frenéticamente como si le faltara el aire. Elena no comentó nada, a fin de cuentas, era su hermano y comprendía su pánico, la policía estaba ahí abajo llevándose detenido a Klaus por malversación y otros delitos tan complejos como el trato de blancas, no era plato de buen gusto para nadie, casi se vio tentada de decirle que ella estaba al tanto de todo lo que estaba sucediendo, que incluso había intervenido para que sucediera, pero ver a Stefan de esa forma, tan frágil le rompía el alma.

— Tu has tenido algo que ver —no estaba muy segura de haberlo escuchado bien, pero no necesitó preguntárselo pues Stefan se lo repitió sin un atisbo de duda, incluso clavó sus ojos verdes en ella, siempre se había preguntado porque la naturaleza había sido tan cruel con ellos, Stefan era un dios griego, ella era guapa y atractiva pero muy normalita comparada con su hermano.

Sacudió la cabeza para borrar esos pensamientos de su cabeza, no era una persona celosa y menos en la situación en la que se encontraban, iba a abrir la boca para contarle todo cuando se vio así misma preguntándose si podía fiarse de Stefan, le lanzó una mirada vacilante, llevaba todo este tiempo siendo el perrito faldero de Hope en un principio tenía sentido, Stefan se sentía culpable por lo que había visto y encima estaba dolido porque ella no quisiera denunciarlo, ir tras Hope parecía casi natural, pero, ¿eso quería decir que podía fiarse de él?

— Stefan —empezó pero ese momento de duda fue suficiente para alterar a su hermano que se lanzó en su dirección en dos grandes zancadas, no llegó a tocarla pero el sentimiento fue el mismo, casi retrocedió.

— No me mientas, no me hagas darle la razón a Hope.

— ¿Perdón?

— Hope no es tan cruel como parece.

— No vamos a tener esta conversación irracional —le aclaró, tomar ese camino era no volver atrás, no iba a discutir con su hermano cuando este era el momento más feliz y con diferencia de su vida, se habían librado de Klaus, ¿y si era eso lo que le afectaba a Stefan? ¿seguía enamorado de Klaus? era la primera vez en mucho tiempo que Elena no sentía repulsión al hacerse esa pregunta, no sabía si era porque ella misma había vivido un enamoramiento estúpido o porque la vida ya no era lo mismo después de más de medio año allí metida.

Stefan escupió las siguientes palabras con veneno, le dejó claro que Hope no era tan mala como se hacía, que todo lo que ella decía o hacía era debido al daño que había sufrido a muy corta edad, su madre la había entregado a Mikael sin dudarlo ni un segundo sin saber donde la estaba metiendo, lo que Elena no entendía era porque Stefan intentaba mostrar una Hope humana ante sus ojos, ella sabía mejor que nadie que Hope había cambiado mucho desde que estaba en Estados Unidos, pero aunque no se nace malo, Hope había sobrepasado todos los límites morales existentes para ella.

— Stefan, no me has traído aquí para humanizar a Hope ante mis ojos, ¿cierto? —Stefan abrió la boca para protestar pero asintió conforme—. Bien, porque necesito contarte algo. Yo soy la culpable de que Klaus haya sido detenido, ¿me has oído bien?

— ¿Lo dices en serio? —escrutó su rostro para ver si estaba siendo sarcástico o solo curioso, si Stefan se ponía a defender a Klaus, Elena no tendría ningún control sobre sus manos, lo ahogaría allí mismo.

— Sí, lo digo en serio. Mi siguiente objetivo es Mikael.

— ¿Tu sola? —al ver que Elena no respondía llegó a una conclusión que no le gustó para nada y lo dejó entrever en su rostro—. No te fías de mí.

— Lo siento.

— Lo entiendo, no dejo de darte problemas, ¿no? estás en Nueva Orleans por mi culpa y por esa maldita deuda que nunca pagaremos.

— No hay ninguna deuda, tu nueva amiguita debería decirlo de una vez, ¿no crees? —Stefan no dijo más nada y Elena soltó una risa sarcástica— ¡Por supuesto que tu lo sabías! Estamos trabajando de gratis y aguantando sus desequilibrios porque ella quiere, ¡ni de coña!

— Entonces, ¿por qué no te has ido? y no me digas que soy yo quien te retengo, dejé de importante hace mucho tiempo.

— Me importas Stef, te quiero muchísimo, pero si, no es por ti. Es por otra persona que me importa muchísimo.

Stefan asintió en silencio y miró sus zapatos como si fuesen la cosa más importante del mundo, iba a abrir la boca para decir algo más o solo para llenar el silencio cuando la puerta de la habitación se abrió de un golpe seco, los dos miraron en la misma dirección y Damon entró en el cuarto, estaba sofocado como si acabara de dar una maratón, Stefan frunció el ceño y se acercó a su amigo mientras que Elena no despegaba sus ojos de los del chico que la rehuían en todo momento.

— Quería hablar contigo —no se dirigió a nadie en concreto pero teniendo en cuenta que estaba en el cuarto de Stefan no había que atar más cabos, Elena se cruzó de brazos y esperó impaciente, Damon clavó sus ojos azules en ella y sonrió levemente—. Lo hemos conseguido

No hizo falta más palabras. Damon dio un paso al frente al mismo tiempo que Elena, solo Stefan los separaba al estar inconscientemente en medio.

— ¿Dónde estabas? con todo el lío de la policía y del FBI te he perdido de vista —comentó Stefan como si no fuese consciente de lo que pasaba delante de sus narices, pero Elena lo conocía mucho mejor y sabía que tenía sus sospechas no de ahora sino de antes.

— Hope me quitó del medio —dijo con una mueca de disgusto que no pasó desapercibida para nadie.

— ¿Tanto es el asco que le tienes?

Damon se giró un momento para mirar a su amigo, sus ojos azules eran como dos témpanos de hielo.

— ¿Sabes el problema? que aún la sigo queriendo, más de lo que creí posible pero hay algo que ha cambiado, algo que ocupa todo mi mundo y me deja sin respiración.

"Algo que ha conseguido romper con todos mis esquemas, que ha hecho lo que yo creía totalmente imposible, darme una razón para seguir viviendo, algo que se ha convertido no solo en la razón de mi vida, sino en mi propia vida. Así que si, quiero a Hope, quiero a la Hope de cuando teníamos diecisiete años, para mi es la única que existe. Fue el amor de mi vida, pero no mi alma gemela".

Damon no dijo más nada porque esas palabras fueron más que suficientes para cambiar la perspectiva de los hermanos Gilbert, pues ninguno dijo nada ni se atrevió a llenar el silencio con algo sin valor o que quedase patético en comparación con las palabras que Damon había dicho, ¿podía alguien cambiar todo tu mundo en tan poco tiempo? ¿cuánto había pasado en realidad? ellos se conocieron en agosto y casi hacía un año de eso, ¿era tiempo suficiente para que un corazón que estaba encadenado a un amor de la infancia se abriese para dejar paso a un nuevo amor? Elena apretó los puños indecisa y con ojos llorosos miró a Damon con admiración, él mismo se había tachado de cobarde pero no lo era, no muchos se atreverían a decir lo que él había dicho, que tonta había sido por creer por un solo momento que merecía estar al lado de un hombre como él, nunca había sentido que la diferencia de edad (aunque fuese muy poca) se notaría tanto en la madurez y en la valentía de sus palabras.

Quería besarlo allí mismo, apartar a Stefan de su lado y correr hasta sus brazos y no soltarlo nunca, quizá sus vidas no habían sido un cuento de hadas pero ya era hora de cambiarlo.

— Todo esto… —dijo Stefan ligeramente afectado por la intensidad de las palabras de su amigo, estaba claro que lo mismo que había pensado Elena también lo había hecho Stef—, ¿se lo has dicho a Hope?

Damon sonrió y puso una mano sobre el cabello de su amigo para revolverlo, Stefan se apartó molesto.

— He rechazado a Hope.

Stefan estaba más que pálido, petrificado. Elena recordó lo que le había dicho su hermano antes, que Hope no era tan dura ni fría como aparentaba, que detrás de toda esa fachada estaba esa niña que se había visto obligada a cambiar para poder sobrevivir, no quería seguir escuchando esas patrañas en su propia cabeza pero era inútil, era demasiado buena para no comerse la cabeza, apartó es idea de su mente y se concentró en Damon, el cual estaba mirando a Stefan y viceversa, rodó los ojos.

— ¡Eh! Dejad de ver quien tiene la polla más larga —empujó a Damon levemente para alejarlo del tercer grado de su hermano pero lo único que consiguió fue una sonrisa falsa de su hermano que salió de la habitación dando un portazo no sin antes lanzar una sutil advertencia.

— Tu Hope y la Hope del presente son la misma persona, tu eres el que ha cambiado y no puede ver más allá.

— ¡Stefan! Está haciendo contigo lo mismo que hizo conmigo, dándome esperanzas, en otras palabras, manipulación.

Damon se dejó arrastrar por Hope hasta el despacho de la planta baja, estaba temblando y no era para menos acababa de ser testigo de cómo se llevaban detenido a su propio hermano y si no andaba mal encaminado también había sido testigo de cómo la policía llegaba y rodeaba la zona esperando la vuelta de los Mikaelson, casi le dio pena y casi se vio tentado de abrazarla pero Hope, como siempre, metió la pata.

¡Me he librado de ellos! —rió desesperada y se abrazó con fuerza a Damon, este no le correspondió el abrazo en ningún momento—. ¡Por fin podemos estar juntos!

¡Hope! Ya te lo he dicho, no voy a estar más contigo.

Pues entonces no sé porque no lo haces oficial.

Lo sabes muy bien —le dijo con rudeza, los ojos de Hope lo examinaron con minucioso interés y dibujó una mueca de disgusto—. Siempre mantuve la esperanza de que algún día abriría los ojos y vería a mi Hope, pero ahora… solo espero el día de abrir los ojos y no verte nunca más.

El chantaje de Mikael me pone enferma por sí te lo preguntas, pero eso no es excusa, me has estado buscando Damon, me amas.

Te quiero, no lo niego, pero ya no estoy enamorado de ti. Dudo que fuera amor lo que procesaba hacia ti hace menos de un año.

¿Vas a romper el compromiso cuando acabes con Mikael? —Damon no dijo nada al respecto, la pregunta quedó suspendida en el aire al igual que la respuesta, no había que ser muy listo para saber la verdad.

Hope cerró los ojos y retuvo las lágrimas que amenazaban con destrozarla por completo, no se derrumbaría delante de Damon, nunca más, se apartó de él lo máximo posible y respiró hondo.

Hope, sé que aún sigues ahí, sé razonable. Si me quieres un poco, solo un poco me dejarás tranquilo.

No solo te quiero, estoy enamorada de ti como el primer día.

Entonces nunca me amaste como yo te amé —le dijo con calma y eso revolvió algo dentro de Hope que casi tuvo ganas de vomitar allí mismo, apretó los puños hasta clavarse las uñas en la piel y hacerla sangrar, no iba a consentir que Damon le hablara así con tanta calma y paz, como si ya no le afectara su presencia, le odiaba, le odiaba con todas sus fuerzas, no solo a él sino a todo el mundo especialmente a esa cría que rompía todo a su paso con esa carita de niña buena, se giró y le miró directamente a los ojos, conocía a Damon lo suficiente para saber que si le mentía se le vería reflejado en sus ojos.

Hay muchas formas de amar, Damon. Quizá la mía nunca fue la más sana, pero eras mi ancla, lo que me mantenía de una pieza todas las noches que pasé sola en el internado, cuando te encontré en el centro comercial mi corazón palpitó de nuevo. Estoy tan destruída Damon, que si te tomaras un segundo me podrías salvar.

No quiero salvarte si eso significa condenarme de nuevo.

Entonces no me amas como dices.

No te amo —le aclaró molesto porque no entendiera su situación—. Y voy a marcharme ahora, no cometas una locura, no quieres que gente inocente sufra porque tú vayas con el cuento a Mikael, ¿verdad?

Hope sonrió.

Damon, ¿esto tiene algo que ver con Elena?

No respondió simplemente apartó la mirada y murmuró una especie de despedida, Hope no le retuvo y Damon se marchó sin decir más nada, pero es que para Hope era más que suficiente, le había confirmado lo que más temía, que Elena le había quitado a Damon también.

Damon salió de su ensoñamiento cuando sintió que Elena tomaba el mismo camino que su hermano pero en vez de salir por la puerta y dejarlo tirado, solo se dejó caer contra ella como si quisiera impedir que alguien entrara, Damon la observó con detenimiento.

— Estás pensando en Hope.

— Ajá.

— ¿Qué ha pasado con ella? Te arrastró fuera de mi alcance.

— ¿Quieres la verdad o una sutil mentira?

— ¿Tu que crees?

— Que no quieres escuchar nada de esto —se acercó peligrosamente y se dejó caer enfrente de ella, acorralando su pequeño cuerpo entre sus piernas, Elena siguió mirándole como si quisiera matarlo—. Elena, ¿no me has escuchado antes? eres mi alma gemela.

— Y tu vida, ya sí, estaba justo a tu lado. ¡Gracias por la encerrona! —rodó los ojos y se concentró en la forma en que los pantalones de Damon se ajustaban a sus partes, abrió mucho los ojos al darse cuenta en lo que estaba pensando y miró en otra dirección.

— Elena, Hope y yo estamos, no oficialmente por lo que tu sabes, separados. Yo lo sé, tu también…

— ¿Lo sabe Hope?

— Se lo he dicho.

— ¿Lo nuestro? —Damon no respondió inmediatamente—. Lo suponía.

— No es que tu hayas corrido a decírselo a Stefan, ¡no me juzgues por mantener las cosas lo más calmadas posible!

— ¿Vamos a discutir de nuevo? Es para prepararme con un buen golpe.

— ¿Estás buscando la forma de hacerme daño? Elena, esto no es una relación si siempre estás pensando como atacarme si algo sale mal, ¡deja de intentar defenderte de mi!

— Bueno, ¡vaya novedad! no somos buenos el uno para el otro.

— Como me vuelvas con lo de somos tóxicos te hago que te comas tus palabras, y me dará igual que seas una chica.

— Machista —se le escapó una pequeña sonrisa, Damon negó con la cabeza notablemente más relajado y se quedaron ahí sin decir ni una palabra más, porque a veces una sola mirada vale más que mil palabras.

— Deberíamos llamar a Kai o le dará un infarto por la espera.

— Lo que me sorprende es que no esté en primera fila viendo su trabajo bien hecho.

— ¿Quién sabe? Quizá tiene cámaras por la zona.

— Eso me preocupa, bastante.

— ¿Te lo imaginas? sentado en su silla en una habitación oscura con un montón de comida basura y varias botellas de algún licor extraño.

— ¡Calla!

Tras una rápida llamada a Enzo, este le confirmó lo que más sospechaban, había sido Kai quien había liberado toda esa información por internet y hackeado el sistema del FBI para dispersar dicha información de forma más eficaz, tal vez no era legal pero a ninguno le importaba en absoluto, se habían librado de uno solo le quedaba el pez gordo, Kai no parecía preocupado en absoluto, era de ese tipo de personas que pensaban que con la paciencia las cosas llegan y se soluciona más rápido, "las cosas de palacio siempre van despacio" había dicho con una risita desde detrás de Enzo, Elena y Damon se miraron unos segundos y se encogieron de hombros, Kai tenía razón de una forma un poco perversa, pero tenían todo el derecho de disfrutar del momento, aunque no durase para siempre.

Damon y Elena estaban tumbados en la cama de la chica, no llevaban allí ni media hora pero ninguno de los dos se veía con las fuerzas para afrontar el exterior, no habían escuchado nada al respecto de la detención, todo parecía ir sobre ruedas pero aún así no querían volver tan pronto, estar allí, tumbados era una buena excusa, una alternativa.

— ¡Me aburro! —se sentó en el borde de la cama, Damon seguía tumbado con los ojos cerrados pero estaba más que despierto—. ¿Sabes? voy a ducharme, ¡estoy reventada del viaje! ¿me acompañas?

— Mmm —su tono pícaro no había pasado desapercibido pero al igual que Elena, Damon también estaba muy cansado y aunque una ducha era lo que más ganas tenía si iba con Elena no era para relajarse, una sonrisa pervertida decoró su rostro. Elena alineó dicha sonrisa con un dedo.

— Vamos, me gusto mucho eso de que me secaras, no sé como será que me laves.

— Elena, estás firmando tu sentencia a muerte.

— ¡Que radical! —bromeó, en cuanto el chico se levantó empezó a dar saltos de alegría, vale que no lo hizo literalmente pero en su cabeza tenía una imagen muy clara de ella dando saltos de felicidad—. Te enjabonaré…

— Mmm —gruñó mientras se arrastraba hasta su lado, tomó a la chica de la cintura y se abrazó dejando su cabeza descansando en el regazo de la chica. Elena no protestó y acarició con ternura su cabello—. He cambiado de opinión, vamos a la ducha.

— Ni diez minutos, Salvatore. Todo un milagro.

— Voy mejorando —se levantó con soltura y tiró de Elena hasta tenerla encerrada entre sus brazos, compartieron un profundo y delicioso beso antes de que Damon decidiera tomar el control de la situación y arrastrara a Elena hasta el cuarto de baño.

Su relación todavía no estaba definida, Elena prefería no darle muchas vueltas pero seguía teniendo la duda en la punta de la lengua, era irónico teniendo en cuenta que era Damon quien tenía la misma duda desde hacía muchísimo tiempo, el karma era una zorra de eso no cabía duda, era por eso por lo que Elena no se atrevía a decir más nada, simplemente se dejaba llevar mientras el agua y el jabón recorrían sus cuerpos desnudos.

Damon se tomaba muy en serio su trabajo que consistía en pasar la esponja por toda la espalda de la chica con un mimo envidiable, pero aunque procuraba concentrarse en su tarea, en más de una ocasión se había dejado llevar a propósito, su cuerpo se pegó peligrosamente a la espalda de la chica cuando Damon pasó la esponja desde el hombro hasta sus pechos que recibieron las caricias de una forma muy llamativa.

Elena se pegó aún más al cuerpo de Damon sintiendo la erección de este palpitar contra su cuerpo, pero Damon no hizo más nada que limitarse a enjabonar su pecho y su estómago, colocó el brazo de Elena por encima de su cabeza, pegado a la fría y húmeda pared, la chica gimió en voz alta cuando el chico acarició su pecho de forma animal y acercó su boca para tomar el pezón con los dientes.

— ¡Oh! ¡Damon! —haciendo acopio de su propia cordura pegó su espalda contra las baldosas que decoraban las paredes del baño y buscó a tientas el bote de champú, dejando que Damon hiciera un magnífico trabajo con la lengua y su pezón. Dejó que el líquido corriera por sus manos, soltó el bote como pudo y enredó sus dedos en el cabello azabache de Damon y comenzó su propia tortura.

Nunca en la vida habría imaginado que un acto tan natural como lavarle la cabeza a alguien pudiese ser tan erótico, pero ahí estaban los dos, perdiendo completamente el control de sus actos, en cuanto Damon abandonó su juego, Elena se desplomó en la bañera, el agua seguía cayendo con naturalidad, mientras Damon rompía las distancias e introducía su lengua en la boca de la chica, se besaron durante un buen rato, jugando con las reacciones del otro, acariciando y tocando todo a su paso.

— Te quiero —susurró contra sus labios y se apoyó en su frente, Elena asintió frenéticamente como si con eso estuviese diciéndole que ella también le quería—. Solo necesito decirlo una vez y tu debes escucharlo.

Elena abrió los ojos y se enfrentó a su mirada, la más azul que había visto.

— No te merezco, lo sé, pero necesito decirlo, ¿quieres ser mi novia?

Elena tardó un minuto en procesar sus palabras y soltó una carcajada, tomó un poco de espuma y le dio con ella en la cara ganándose otro golpe igual de cruel, durante unos segundos jugaron a enjabonar al otro por todos lados, especialmente en la cara.

— ¡Vale ya! —se rindió Damon al sentir a Elena encima suya, no fue eso lo que le hizo rendirse sino el sabor de la esponja por tercera vez consecutiva en su boca, por más que el gel fuese de frutas no sabía a frutas.

— ¡Claro que quiero ser tu novia, tonto! ¡Eso no se pregunta! —seguía con la esponja en alto, dejándole claro que la amenaza está en pie.

— Me estoy clavando el tapón de la bañera y los grifos. Es la última vez que me meto en la bañera, ¿por qué no fuimos al plato de ducha?

— Mmm, esto es mucho más cómodo para lo que tengo planeado —susurró sugerente mientras pasaba sus manos por su pecho desnudo hasta llegar a la "v" que se formaba por su vello hasta alcanzar su polla, la cual vibró entre sus dedos, Damon cerró los ojos y se mordió el labio ligeramente afectado. Elena se fue recostando encima suya, dejando que el agua cubriera parte de su cuerpo—. Ahora soy yo quien tiene el control, Salvatore.

— Y me encanta —gruñó de placer, hundió el rostro en el agua y lo sacó a los segundos para atrapar el labio inferior de Elena y besarla con la misma intensidad que minutos atrás, durante un buen rato se dejaron llevar de una forma muy natural al mismo tiempo que terminaban de asearse.

— Damon —gimió contra sus labios al sentir los dedos del chico haciendo maravilla en su intimidad, el chico soltó una carcajada al mismo tiempo que tomaba fuerzas para darle la vuelta, quedando él suspendido encima de ella, con sus brazos en el hondo de la bañera, sosteniendo su cuerpo para que el peso no cayese en su totalidad encima de Elena. La chica se veía tan perfecta ahí, bajo el agua, sus ojos brillantes por el deseo, sus labios hinchados del placer y su cabello hecho un desastre flotando en el agua, Damon se mordió el labio con fuerza sintiendo un hilo de sangre—. Te quiero dentro de mi, ahora mismo.

Y sus deseos eran órdenes para él, ¿no?

Media hora después estaban enfrente del gran espejo que decoraba el cuarto de baño, Damon abrazaba a Elena de forma protectora y se apoyaba en su hombro cual niño pequeño que planea una travesura de las malas.

— Intento cepillarme el pelo, Damon. No ayudas —el chico ronroneó y la abrazó más fuerte mientras se balanceaban al compás de una música invisible, Elena soltó una carcajada y se dejó llevar y casi sin darse cuenta estaban bailando por todo el baño con una toalla minúscula que acabó desprendiéndose por el esfuerzo.

— Me gustas mucho más desnuda, si no fuera porque no quiero que nadie te vea así te pediría que estuvieras así siempre —le dio una vuelta sobre sí misma y la volvió a abrazar—. Dime que no estás pensando en dar señales de vida.

— Tenemos que hacerlo, Damon. Y lo sabes.

— Quiero pasarme todo lo que queda de día con mi novia encerrada en esta habitación, ¿qué tiene de malo? nuestros problemas seguirán ahí, no van a desaparecer.

Elena rodó los ojos entre sus brazos y le apartó mientras le daba un pequeño pico en los labios, el chico cerró los ojos y gruñó cuando la chica se quitó de en medio y se concentró en su reflejo en el espejo, no tomó la toalla para taparse y eso le puso aún más loco.

Incapaz de quedarse quieto empezó a masajear los hombros desnudos de la chica mientras esta intentaba echarse un poco de maquillaje, sonrió y se removió cuando sintió cómo descendía la mano juguetona de Damon, en más de una ocasión le riñó visiblemente enfadada pero el chico continuó con su jueguecito hasta que captó toda la atención de Elena, en cuanto la chica se giró para enfrentarlo él alzó las manos y negó con una sonrisita como si no acabara de hacer nada malo.

— Eres un crío.

— ¿Quién yo? —se señaló sin una pizca de vergüenza— Que va, un crío no haría esto.

Elena alzó una ceja interrogante al mismo tiempo que Damon dejaba caer la toalla que colgaba de sus caderas al suelo, el rostro de la chica se tiñó de rojo al ver que sus ojos iban directamente a su pene.

— ¡No eres un crío! ¡Eres un cerdo!

— Tu cerdo, hay que aclarar eso.

— ¡Sal de aquí!

— ¿Del cuarto baño o de la habitación? —Elena le empujó como toda respuesta—. No sé porque te pones así, antes en la bañera tu boca estaba…

— ¡Fuera! —le empujó hasta la puerta, Damon se agarró del marco y la miró divertido— ¿Ahora qué?

— ¿Salgo desnudo o así, tal y como mi madre me trajo al mundo?

— ¡Argh! ¡No puedo contigo! —le cerró la puerta en las narices y se dejó caer en ella, unos golpecitos le llamaron la atención.

— ¡Otra cosa! —le gritó desde el otro lado, incluso desde ahí podía imaginarse su cara, el muy idiota se estaba divirtiendo con la situación, estuvo tentada de abrirle la puerta y darle en las narices pero sabía que eso no era lo más inteligente, soltó una risita antes de proseguir— ¿¡también te avergonzabas cuando te hice eso con la lengua…!?

Casi no le dio tiempo de acabar con la frase cuando Elena salía del cuarto de baño totalmente desnuda para patearle el trasero, recorrieron el cuarto totalmente desnudos y riendo, bueno, Damon reía, Elena estaba ligeramente molesta y se lo demostraba con esa caza de brujas hasta que los dos cayeron rendidos, uno en ese sofá incómodo y la otra en la cama, estaban jadeantes e incluso sudosos.

— Me has hecho sudar… te odio.

— También…

— ¡Ni se te ocurra! ¡Me agotas señor del Bourbon! No sabes cuanto —se levantó de la cama y se introdujo en el cuarto baño y no salió hasta estar totalmente arreglada, para cuando salió Damon estaba pulcramente vestido como si no hubiera recorrido media habitación un rato atrás.

Le odio un poco más.

Salieron de la habitación entre bromas y besos robados, debían andar con cuidado porque aunque se habían librado de Klaus aún quedaba el sujeto más peligroso, el que era capaz de destruir todo a su paso, Damon y Elena se jugaban mucho en sus siguientes movimientos, pero eso no quitaba que se sumergieran en su propia burbuja un rato más.

— ¡Idiota! —le golpeó en el pecho, pero Damon tomó su mano antes de que la apartara y tiró de ella para robarle otro beso, pero esta vez uno mucho más pasional que los anteriores que habían compartido por los pasillos y las escaleras, en cuanto se separaron tomaron el aire suficiente para seguir caminando y bromeando.

Estaban a punto de darse otro beso cuando escucharon un carraspeo, el rostro de Damon perdió todo el color y el brillo que lo caracterizaba al reconocer a la persona que los había interrumpido, no podía haber visto mucho pues acababan de llegar a la planta baja, lo máximo que podía haber visto era complicidad, nada más, ¿verdad?

— Os estaba buscando —sonrió Mikael con una calma exasperante—. Damon, necesito que hagas unos llamados, y Elena, ¿me permites unos minutos de tu valioso tiempo?

Damon tragó saliva ruidosamente, de forma protectora dio un paso al frente en un intento de concentrar toda la atención de Mikael en él.

— ¿Las llamadas tienen que ser ahora mismo?

— Damon —dijo con calma, como si en cualquier momento fuese a perder el poco control que le quedaba— mi hijo ha sido detenido injustamente, perdona que quiera que llames a nuestros abogados cuanto antes.

Damon asintió poco convencido, ¿qué podía hacer para impedirle a Mikael quedarse a solas con Elena? sincerarse, decirle que no pensaba volver a trabajar para él nunca más, que si Klaus estaba en la cárcel era porque no habían conseguido las suficientes pruebas para que él, Mikael, también cayera.

Pero no pudo decir ni hacer más nada, pues Elena se adelantó a sus movimientos y se puso delante de sus narices.

— Tengo prisa así que, ¿de qué quería hablar, señor Mikaelson?

— Puedes llamarme Mikael, a fin de cuentas somos casi familia.

Elena le sonrió para nada convencida de lo que acababa de hacer, se despidió de Damon con una simple mirada y caminó junto a Mikael hasta el antiguo despacho de los Mikaelson que ahora era propiedad de Damon y de Hope en su mayor medida.

Mikael no cerró la puerta al entrar, cosa que le dio la confianza que necesitaba para atravesar la estancia y sentarse en una de las sillas. Mikael la acompañó enseguida, no se sentó enfrente, detrás del escritorio sino a su misma altura, parecía hecho polvo, y era natural, pensó Elena, de una forma u otra, acaba de ver como a su hijo se lo llevaban detenido.

— Estáis saliendo juntos —Elena se quedó boquiabierta sin haber entendido que quería decir, ¿sabía lo de Damon? no podía, ¿verdad?—. No pongas esa cara, mi hijo me lo contó es por eso por lo que accedí que nos acompañaras.

— Perdón, es que le pedí que no dijera nada a nadie.

— Soy su padre y os conozco criaturitas, ¡claro que sabía que estáis juntos! —le dio un pellizco cariño en la mejilla, un gesto demasiado cariño e íntimo para alguien como Mikael, casi sintió ganas de salir corriendo de allí, ese hombre, ese mismo hombre que amenazaba y chantajeaba a Damon, ese mismo hombre que jugaba con vidas inocentes para llenarse los bolsillos estaba allí, actuando con naturalidad, las ganas de vomitar aumentaban.

Intentó apartarse sin parecer asqueada, pero fue Mikael quien soltó su mejilla ligeramente colorada.

— Mi hijo me pidió permiso para casarse contigo.

— ¿Qué?

— Y se lo concedí. Nunca pensé que me vendría como anillo al dedo toda esta historia, pero eres lo que los Mikaelson necesitamos para limpiar nuestro apellido.

— No puede estar hablando en serio —se levantó de un salto alejando la silla, Mikael seguía en la misma postura, como si ese gesto de desprecio no hubiese sucedido nunca—. No voy a casarme con su hijo, una cosa es intentar estar juntos de nuevo y otra caer en el mismo truco dos veces. Ni de broma.

— Creo que no me he explicado bien, Elena —se desprendió de las gafas y miró fijamente a la chica que tenía delante suya—. Ya eres mayorcita para entender todo a la primera, así que, seré claro.

"A partir de ahora estás comprometida con mi hijo, vas a acompañarme a todo acto comunitario en defensa de los derechos de Klaus, tu apellido limpiará el nuestro, ¿o me vas a decir que no tienes nada que ver con lo sucedido? Elena, no me chupo el dedo, no me fío de ti, ni tampoco de Damon".

Continúo exponiendo sus teorías que no era tan descabelladas, sospechaba de Damon desde el primer día, era normal, estaba allí contra su voluntad, tener un ojo puesto en Damon era algo rutinario, pero esta vez Mikael había sido testigo de cosas que se salían de lo normal, como la constante insistencia de Damon en estar dentro del evento de Bulgaria cuando siempre había evitado estar en medio, cuando no protestó porque Elena fuese con ellos o cuando los vio juntos, no solo ahora, sino también en el jet, no estaba acusando a nadie, solo estaba dejando en claro sus sospechas y Elena no se atrevía a contradecirlo cuando sería lo más natural.

Estaba bloqueada, había creído que iban no solo un paso por delante, sino varios por encima de Mikael que no se habían dado cuenta de detalles tan insignificantes como que si Mikael estaba donde estaba era por ser precavido, por tener todo bien atado y ellos habían caído en la trampa. Apretó los puños y se mordió la lengua, quería gritar, salir corriendo y abrazar a Damon estuviese donde estuviese.

— ¿Tengo que tomar tu silencio como una respuesta afirmativa a todo lo que te he dicho?

— Yo…

— No me digas nada pequeña —esta vez sí se puso de pie, quedando a un palmo de distancia pero esta vez Elena no tenía la necesidad de salir huyendo sino de solucionar todo ese lío pues su cabeza no dejaba de recordarle que Mikael podría destrozar a Damon y a los demás con un chasquido de dedo como hizo con el padre de Damon tiempo atrás para demostrar su poder—. Voy a hacer como que estas teorías son descabelladas, que ni Damon me ha intentado traicionar por su propio bien y el de su familia, y que tu estás aquí tomándome por loco por todas estas tonterías conspiratorias que he soltado, ¿me entiendes? esta conversación no ha tenido lugar.

— Pero…

— Pero harás lo que te he pedido, por tu propio bien y el de Damon —le aclaró con una calma insufrible—. Y ni se te ocurra pedirle ayuda a ese hacker tuyo, Malachai Parker porque no va a servir de nada. Estoy en todas partes, Elena. Soy intocable.

Viendo que Mikael no iba a decir más nada salió del despacho totalmente destrozada. Mikael lo sabía todo, quizá no tenía pruebas suficientes pero su no confesión le había servido para darse cuenta que había tenido razón y Elena estaba pagando las consecuencias. Tenía que ser una prometida obediente si no quería que ninguno de sus amigos y especialmente Damon cargara con las consecuencias, nunca se perdonaría si le pasaba algo a la familia del chico o a uno de ellos.

Su teléfono vibró en sus pantalones.

"¿Todo bien con Mikael? Te llamaré en cuanto pueda, ¡un beso!"-D

Apretó el teléfono entre sus dedos y se derrumbó allí mismo. ¿Cómo había sido tan ingenua de creer que podían ganarle? no solo estaban en las mismas, habían perdido completamente.