(*)Una propuesta manchada de sangre.


Episodio 27: Una propuesta manchada de Bourbon*

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— Bueno, ¿vas a decirme de una vez tu truco?

Damon sonrió dulcemente, un brillo especial se apreciaba en sus ojos azules a causa del alcohol y del amor que sentía por esa chica que estaba justo a unos centímetros de distancia. Hacía un buen rato que habían terminado con el postre, ahora estaban los dos acabándose la botella de bourbon y disfrutando de su libertad temporal porque si había algo que tenían claro ambos, es que esa pequeña libertad no duraría para siempre.

Elena le observó detenidamente, todo en él era imperfectamente perfecto, pero lo más importante, que desde el último cabello de esa cabeza hasta el dedo gordo del pie era suyo, pues su corazón tenía escrito su nombre, no había duda posible para ello y eso la hacía inmensamente feliz, porque daba igual lo que pasara después o en unos minutos ellos estarían juntos para siempre o hasta que uno de los dos se cansara del otro.

— Todo a su tiempo, Elena —tomó una campanita que había al lado de la botella y que Elena no había visto hasta ahora, frunció el ceño al ver que la utilizaba para llamar al camarero, Damon sonreía y si todo había sido perfecto hasta ahora dudaba que una campanita pudiese estropear nada.

El camarero llegó con una bandeja cubierta, Elena lo miró sin entender nada, pero en cuanto descubrió su interior se quedó blanca, casi se sentía que le faltaba el aire.

Rodeado de pétalos de rosa y velas eléctricas había una cajita de terciopelo azul, el camarero acercó la bandeja hasta su lado pero Elena fue incapaz de mover ni un sólo músculo, sentía una presión en la cabeza, en la zona de la nuca, por no hablar de que no era capaz de articular palabra sin sentirse expuesta totalmente.

Quería a Damon, estaba totalmente enamorada de él, no cabe duda posible, pero, ¿eso? ¿una caja con un…?

El chico soltó una carcajada seguida de otras más, estuvo por lo menos un minuto y medio riendo a carcajadas ganándose más de una mirada de advertencia por parte de Elena y alguna que otra mirada de incredulidad del camarero, sino fuese por el muchacho, Elena ya le hubiese abofeteado.

— ¡Oh vale! —se secó las lágrimas y tomó un poco de bourbon antes de centrarse en la mirada de su chica—, ¿no creerás…? ¡oh, vale! ¡un minuto!

— ¡Nada de un minuto! —le lanzó un trozo de pan en la cabeza fallando por poco, se cruzó de brazos enfadada pero sus ojos no dejaban de mirar de reojo la cajita de terciopelo que estaba a escasos centímetros de su mano, si se movía un poco lo tomaría sin ninguna dificultad.

— ¿Vas a coger la maldita caja? Este pobre chico no está aquí para ti, ¿sabes?

— ¿Qué hay en la caja? —estaba nerviosa, se le notaba en la voz y eso provocó la risa floja de Damon, de nuevo—. Voy a golpearte con la caja en la cabeza.

— Si con eso consigo que tomes la caja, ¡adelante!

— ¡Que gracioso!

Dudó de nuevo, Damon se estaba riendo de ella porque sabía lo que estaba pensando, eso quería decir que lo que se estaba imaginando no iba a pasar de ningún modo, ¿verdad? sino Damon se lo estaría tomando de otra forma, o por lo menos eso era lo que quería creer, no había otra forma de que tomara la caja sin sentirse expuesta de alguna forma.

Quiso disculparse con el camarero con una sonrisa pero no sabía cómo mandar una orden tan sencilla a su cerebro así que se concentró en tomar la cajita, era suave al tacto y se amoldaba perfectamente a su mano.

— Ahora solo tienes que abrirla —le susurró Damon al oído aunque estaba sentado al frente, bastante lejos de ella como para sentirlo tan cerca, con dedos temblorosos abrió la caja y no fue hasta que escuchó las protestas de Damon cuando se dio cuenta que había cerrado los ojos en el último segundo—. Elena, abre los ojos.

Y lo hizo. Abrió los ojos y lo primero que vio fueron pequeñas lucecitas a causa del esfuerzo que había sometido a sus ojos para después ver un anillo enorme con una piedra aún más enorme en el centro, una "d" en plata decoraba el centro del anillo, era pesado en su mano pero lo que más le llamó la atención fue la decepción que sintió al darse cuenta que no era un anillo de pedida, ¿por qué se sentía así? el anillo le sonaba y claro que lo hacía, Damon lo llevaba siempre en la mano, era parte de él como sus ojos azules o su cabello negro, ¿por qué se lo había dado?

Cuando quiso darse cuenta tenía a Damon a su lado, agachado con una rodilla hincada en el suelo y el camarero se había ido como el aire, sin hacer ruido alguno.

— Damon —se medio disculpó mientras metía el anillo en la caja y se la entregaba o lo intentaba pues el chico se lo impidió en el último segundo.

— No te estoy pidiendo nada. Esto no es una forma de atarte a nada que no quieras, estás comprometida con Klaus y yo con Hope, aunque sea temporal —le explicó, Elena notó como le fallaba la voz un tono y se sintió fatal por su reacción, tenía las manos atrapadas entre las suyas por lo que fue incapaz de tocarle el rostro o el cabello para demostrarle que estaba allí, que no necesitaba un anillo ni nada para decirle que era totalmente suya, en cuerpo y alma—. No soy tuyo ni tu eres mía a los ojos de nadie, esto era...

— Damon…

— ¡No me interrumpas! —un atisbo de sonrisa apareció en su rostro—. Te quiero, Elena. Ya lo sabes, este anillo es muy importante para mi, es la única joya real que he tenido nunca, la heredó mi padre y se la dió a mi madre, con su muerte, ni mi padre ni yo hemos sido capaz de venderla para conseguir algo de dinero.

"Es una herencia familiar, seguramente la única que valga algo, y quiero que sea tuya, porque tu lo eres todo para mi, si está en tus manos es como si aún estuviese en las mías, nunca pensé en dárselo a nadie, hasta que te conocí a ti".

Liberó sus manos y tomó la cajita personalmente para sacar el anillo, Elena tenía la vista borrosa a causa de las lágrimas, pero ahora veía el anillo desde otra perspectiva, no solo era de la familia de Damon sino una especie de tradición, ese pequeño gesto valía mucho más que los te quieros y los te amo que ambos pudieran decirse, en cuanto el anillo quedó en su dedo, como si hubiese sido siempre su lugar, Elena no pudo resistirse más y se lanzó a sus brazos, hundiendo el rostro en su cuello.

— No sé qué decir —fue lo único que fue capaz de decir cuando el chico tiró de ella para ver su rostro humedecido por las lágrimas—. Siento como que… hemos corrido tanto…

— No, yo no lo siento así. Elena, llevo enamorado de ti desde hace meses, pero es hace un año y pico cuando cambiaste mi vida, ese día en el bar lo supe, supe que quería pasar el resto de mi vida junto a ti, pase que justifiqué mis sentimientos en que estaba enfadado y cansado con la vida, pero no es así, el universo me estaba dando una segunda oportunidad y casi la pierdo—acarició sus mejillas con ternura—. Hace unos meses quisiste que fuéramos solo amigos, ahora yo te pido que arriesgues todo por estar conmigo, ¿lo harás?

Elena miró el anillo y asintió frenéticamente.

— Contigo, a donde sea.

— Lo imaginaba —sonrió victorioso. Se puso de pie y le ofreció la mano a la chica para que se levantara con él.

Esta vez Elena no tuvo ninguna duda, le siguió sin miedo porque pasara lo que pasara no sería tan maravilloso como esa muestra de amor que llevaba en su mano izquierda.

Damon y Elena estaban recostados en uno de los reservados del local que estaba preparado para cenas de parejas o cualquier reunión o acto privado, pero Damon había conseguido convencer al dueño del local para que lo preparase como un rincón solo para ellos dos, repleto de cojines y mantas, Damon no había llevado ahí a la chica para tener una sesión de sexo, ni siquiera se lo había pasado por la cabeza, si querían tener alguna especie de contacto físico podían volver perfectamente a casa o ir a un hotel.

Damon había buscado con eso evadirse de la realidad el máximo posible de horas, sabía que Mikael no tardaría en hacer su movimiento y Damon estaba cada vez más convencido de rendirse, de dejar todo ese asunto en las autoridades y mandar a tomar por culo las amenazas de Mikael, pero sabía que con eso pondría en peligro no solo la vida de su padre sino también la de sus amigos, y ninguno de ellos merecía poner su vida en riesgo sin conseguir nada a cambio.

La venganza era la moneda que todos querían obtener y Damon no iba a quitársela por un capricho, aunque ese capricho sea el amor de Elena.

Le dio un tierno beso en la sien y dejó que la chica se acomode en su pecho, así, tumbados observando la nada era como quería estar Damon el resto de su vida, pero entonces, en contra de todos sus planes su teléfono empezó a sonar.

Horas atrás se había encargado de silenciarlo, por eso sabía que se trataba del teléfono desechable que se compró para mantener un contacto directo con Kai, después de la casi amenaza de Mikael, Damon no había querido arriesgarse más de lo normal.

Sacó su teléfono del bolsillo y se disculpó con una mirada antes de descolgar, la castaña no se movió de su sitio, continúo abrazada a Damon mientras escuchaba la conversación que tenía Damon con otra persona.

¡Le tenemos, Salvatore! —dijo con voz cantarina en el otro lado de la línea, Elena frunció el ceño pues le sonaba la voz pero no sabía de quién era— ¿Podéis pasaros esta misma noche? Necesito contar las novedades y llevar a cabo mi última parte del plan.

— No sé… —no quería marcharse aún para volver a la rutina, no eran ni las diez de la noche, esas pocas horas no era bastante para ninguno de los dos, quería estar más rato así, junto a Elena sin hacer ni pensar absolutamente nada.

Me da igual lo que hagas, creo que las noticias te van a encantar pero si quieres esperar a que el señor "M" haga lo que le saca de la punta…

— ¿Es Kai? —le había costado reconocer su voz al principio pero sin duda era el hacker amigo de Enzo y de Kol. Damon asintió y apartó el teléfono para hablar con la chica un segundo. Sus miradas coincidieron y no hizo falta ninguna palabra para saber que ya era hora de volver a la vida real, fue Elena quien se levantó primero dejándole claro a Damon su posición.

— Joder, Kai. Me debes una cita romántica.

¡Cuando quieras! ¿también quieres un beso bajo la lluvia y una promesa de amor eterno?

— Tus bromas me dan miedo, siempre parece que vas en serio.

Es que voy en serio, un beso estaría muy bien y si es bajo la lluvia es aún mejor. Siempre he querido un beso así. Como el de las películas.

— Eres un puto desastre Kai. Vamos para allá, avisa a los demás.

No soy tu secretaria.

Colgó y guardó el teléfono en el bolsillo. Elena ya estaba en la puerta con su bolso y una sonrisa en los labios. Damon le dio un pequeño beso y le pasó el brazo por encima de los hombros antes de salir y despedirse de los camareros. Damon le explicó mientras tanto que había alquilado todo el local para ellos dos solos y que todos esos pequeños detalles, como la berenjena o su dulce favorito se lo había dicho Diego y Davina, fue a hablar con la chica en realidad, pero Diego estaba allí y no dudó en ayudar, pues había escuchado a Elena babear por unos dulces que una vez Stefan le trajo hace unos meses.

Lo de la berenjena, fue casualidad, pero eso no se lo dijo a la chica, le gustaba hacerle creer que había pasado horas y horas investigando para que todo fuese perfecto.

Llegaron al apartamento de Enzo en veinte minutos, aún así consiguieron ser los últimos en llegar incluso sabiendo que de la calle bourbon hasta allí había unos cuarenta minutos en coche, pero a nadie parecía importarle, todos estaban metidos en su propia mierda.

Kol abrazaba a Davina por detrás, descansando su cabeza en su hombro mientras la chica se mordía las uñas de la mano derecha. Bonnie estaba sentada con las piernas cruzadas en el suelo y un ordenador en el regazo y Enzo estaba justo al lado de los recién llegados, igual o más nervioso que los demás.

Kai tenía algo gordo, eso estaba claro pero quizá era más que eso, era lo que necesitaban para acabar con toda esa historia de locos y largarse lo más lejos posible de esa maldita ciudad que todos habían conseguido odiar con el tiempo.

— Ya estamos aquí, ¿alguien me puede decir dónde está el idiota más grande del mundo? —era cierto, Kai no estaba por ningún lado y tal vez era eso lo que más cabreaba a los presentes que no tenían ni cuerpo para estar aguantando todo eso.

Kai no tardó en hacer acto de presencia desde la otra habitación, solo vestía unos pantalones de chándal, literalmente.

En cualquier otro momento, más de uno hubiese preguntado qué hacía Kai medio desnudo en el apartamento de Enzo pero ahora todos estaban muy pendientes de la gran noticia. Elena la primera, que temía que cualquier cosa que pudiese hacer Kai, podría poner en peligro a todos los demás.

Las palabras de Mikael se clavaban en su espina dorsal como dagas y sintió que mano, entrelazada con la de Damon, estaba sudando, el chico le miró preocupado y ella se forzó en dibujar una sonrisa para calmarlo.

— Tenemos a Mikael y gracias a Hope.

Todos se miraron sin entender de qué estaba hablando. Damon se tensó a su lado y Elena no tuvo fuerzas ni ganas para consolar a su novio, es decir, ¿cómo consolar a su novio cuando la zorra de su prometida se metía donde no la llamaban? fue Davina quien dio un paso al frente pidiendo explicaciones, estaba claro que Elena no era la única que no se tragaba toda esa mierda de que Hope había intervenido a su favor.

— ¡Espero que tengas una buena explicación si valoras tu asquerosa polla!

— ¡Explícate ahora mismo, Parker! —el grito de Davina se vio acompañado del de Kol, y Elena hubiese intervenido si no fuera por Damon, no quería hacerle más daño del que ya sentía ahora mismo, así que se mantuvo a su lado, en silencio.

— ¡Dejad que me explique, por favor!

Estar en la misma habitación que Bonnie Bennet era un dolor de cabeza, la chica se mantenía concentrada en la pantalla de su ordenador sin prestarle el más mínimo de atención y él se sentía impotente, no por no tener la atención de la chica, ahora que la había recuperado no la iba a dejar escapar, sino por el hecho de no tener nada bueno para acabar con Mikael.

Habían conseguido deshacerse de Klaus, pero nada de lo que tenían era suficiente para acabar con la peste completamente, necesitaban a la cabeza de todo y aún no sabía cómo.

Su teléfono empezó a sonar justo en ese momento y Kai lo agradeció en silencio, una llamada era el entretenimiento que necesitaba en ese momento, pero en cuanto el nombre de Hope apareció en pantalla casi estuvo tentado de dejar que sonara.

Seguía trabajando para ella, pero nada grande, era más mantenerla entretenida que sacar algún provecho de toda esa historia, pero tuvo curiosidad, ¿para qué llamaría después de tanto tiempo?

Hola.

Hola tú —tecleó con avidez en su ordenador localizando ahora mismo la dirección en la que se encontraba Hope, frunció el ceño al darse cuenta que estaba en la empresa de los Mikaelson, eso no le gustaba nada—, ¿para qué me llamas?

Creo que te gustará saber que mi padre me ofreció un puesto de trabajo.

No somos amigos, Hope, no tienes que darme una charla de tu rutina diaria —Bonnie alzó la cabeza del ordenador y le miró con una ceja levantada, Kai puso los ojos en blanco y le dio al manos libres.

Escucha y verás. Convencí a mi papá de que era bueno tenerme en el negocio familiar ahora que Klaus estaba entre rejas, le dije que era más inteligente, tan inteligente que sabía de sus negocios sucios.

"Conseguí meterme dentro, llevo días recopilando información como una loca, sabiendo que en cualquier momento me pillaría, pero me daba igual, hace mucho tiempo que me dije que me vengaría y sé que has tenido algo que ver en la detención de Klaus…"

No sé a dónde quieres llegar, Hope querida.

Kai, quiero que me ayudes a detener a Mikael y acabar con sus negocios sucios. Esta mañana he conseguido acceder información de uno de sus hombres de confianza aquí en Estados Unidos, Marcel, ya sabes de quien te hablo, ¿vas ayudarme o no?

¿De qué clase de información hablamos?

De la jugosa, Parker. El idiota de mi padre grababa sus reuniones por si algún día tenía que usarla contra algún subnormal que viniese a reclamarle a su hija o mujer.

Sí, sí que es idiota.

¿Quieres o no la información? Haz lo mismo que hiciste la otra vez, o mándala a la televisión pero ten cuidado, Mikael está muy pendiente de todo, quizá haya pinchado mi teléfono.

Acabo de recibir un correo tuyo directo, no has usado wetransfer para enviar estos datos tan frágiles.

Hope soltó una risita aguda y colgó.

Sí, había usado wetransfer y también había dicho la verdad, había mucha información, demasiada.

— Voy a decir lo que todo el mundo está pensando pero nadie se atreve.

Elena rompió el contacto con Damon para poder hablar sin tener el corazón en un puño pero nada más lo hizo sintió un gran vacío en el pecho donde debería estar su corazón pero si quería continuar con toda esa historia debía ser sincera, aunque la verdad fuese dolorosa. No podía permitir que hicieran una tontería, ella ya estaba pagando por lo que pasó la última vez, no quería que todo empeorara.

— Es una trampa. No hay forma de explicar que Hope quiera trabajar para Mikael para traicionarlo y que este se lo permita sin hacer nada.

— Lo sé, Elena voy por delante de ellos. Nunca mejor dicho.

— No, no vas por delante ¡eso es lo que quiere que creamos! ¡pero vamos muy por detrás! ¡estamos a años luz de ellos!

— ¿De qué estás hablando?

— Kai, Mikael ha sabido todo este tiempo que eras el causante de que su hijo esté en la cárcel, ¡sabe que Damon y yo hemos tenido algo que ver! ¡lo sabe todo!

— Lo sé.

— ¡No, no lo sabes! —se agarró parte del pelo, estaba desesperada, aún sentía con la misma fuerza las amenazas de Mikael, no quería poner a más nadie en riesgo pero estaba claro que Kai sí y le importaba bien poco—. Mikael me amenazó, está esperando a que cometamos un error.

Mikael me amenazó, está esperando a que cometamos un error.

Mikael me amenazó, está esperando…

Mikael me amenazó…

Mikael.

Damon necesitó de todo su autocontrol para no ir a por Elena y tomarla del brazo con fuerza y sacarle la verdad a base de gritos, no era lo correcto, era un acto violento que solo acabaría en una pelea sin sentido, pero aún así le era imposible pensar con la cabeza, porque solo de imaginarse a Mikael cerca de Elena en cientos de escenarios diferentes amenazando a su chica le ponía enfermo.

Apretó los puños con fuerza, podía sentir la piel desgarrándose a causa de la fuerza que ejercía con sus propias uñas, pero nada de eso servía para calmar esa ira que crecía de su interior amenazando con perder el control.

Elena siguió hablando sin ser consciente de lo que había hecho soltando todo eso sin pensar en las consecuencias, porque no solo le había ocultado información a Damon sino que encima le había mentido en la cara, atacando a la confianza que había nacido y crecido entre ellos durante todo ese tiempo, un acto duro y radical que iba a dar lugar a más de un problema con el tiempo, ¿y para qué? ¿de qué había servido decirlo todo ahora?

— ¡Elena! ¡Que ya lo sabía! Lo hice a propósito, difundí la información de la manera que, si Mikael quería, podía descubrir de dónde había salido.

Elena abrió la boca para decir algo pero se quedó muda, no había esperado para nada que Kai dijera eso, fueron esos segundos de completo silencio cuando Elena recuperó la lucidez y recordó todo lo que había dicho en un momento de histeria. No quería girarse para enfrentarse a la mirada de Damon pero podía sentir, en cada célula de su cuerpo, su intensa mirada fulminante detrás suya.

Damon no estaba cabreado, estaba a punto de matarla.

Mientras todos hablaban de lo que iba a pasar a partir de ahora y Kai dejaba claro que las primeras doce horas eran cruciales si querían acabar con Mikael sin contratiempos, Elena no dejaba de pensar en la forma de defenderse de lo que vendría a continuación, Damon seguía detrás, a unos metros de distancia pero bien podría haber estado pegado a su cara con gesto amenazante que podría haber sentido lo mismo: miedo, no miedo de él, Damon nunca le levantaría la mano, Damon no era Klaus, el único miedo que sentía era el que podría provocar ese sentimiento de pérdida, se aferró con fuerza al anillo de los Salvatore y se giró muy lentamente.

Iba a perder a Damon, para siempre.

— Yo liberaré la información —habló Bonnie en voz alta, captando la atención de todos los presentes—. Crearé un virus, la información estará en todas partes cuando yo quiera.

Todos estuvieron de acuerdo. Elena suspiró aliviada, iban a librarse de Mikael y con él de todo lo demás, pero a costa de su relación con Damon, ¿valía le pena, entonces? claro que si, Damon nunca más estaría atado a nadie, eso era bueno, era lo único que quería.

— ¿No vas a gritarme? —susurró, el chico la miraba fijamente, sus ojos azules habían perdido ese brillo luminoso y ahora eran más que dos témpanos de hielo gélido, más que una persona parecía un estatua de esas tenebrosas—. Lo hice… no creo que te siente bien la frase de "lo hice para protegerte", ¿verdad?

No, no lo hacía. Damon no reaccionó a las palabras de Elena, no porque no tuviese nada que decir, tenía una larga lista de insultos en la punta de la lengua, pero no serviría de nada, no podía cabrearse con Elena cuando él habría hecho exactamente lo mismo, pero aún así no tenía cuerpo para perdonarla ni tampoco para abrir la boca porque sabía lo que pasaría, así que se dio la vuelta y salió del apartamento para el asombro y el desconcierto de todos los presentes.

Elena estaba boquiabierta.

Oficialmente había perdido a Damon Salvatore.

Damon llegó a casa en un tiempo récord, si antes había dicho que se tardaba unos cuarenta minutos de la calle bourbon hasta la zona de apartamentos del centro, ahora había conseguido reducir la distancia a media hora.

No estaba pensando con la cabeza, no era racional lo que estaba a punto de hacer, se arriesgaba a perderlo todo pero no iba a permitir que Mikael se fuera a la cárcel sin saber que no tenía ningún poder sobre su vida ni sobre Elena.

Se cruzó con Diego en el vestíbulo y este iba a saludar cuando vio la mirada en Damon, se apartó de su campo visual tan rápido que parecía que nunca había estado en medio. Damon no le hizo caso y se dirigió directamente al despacho donde sabía que estaría Mikael.

Esa misma madrugada todo el mundo sabría la verdad sobre los Mikaelson, Mikael sería detenido y llevado directo a prisión, lo que pasaría con Damon como cómplice aún estaba por ver, ni siquiera se había quedado con los demás para averiguar qué iba a pasar con él después de toda esa historia, por eso necesitaba liberar toda la tensión que tenía encima con Mikael y volver corriendo junto a Elena, no era tonto, no podía desperdiciar ni un segundo a su lado.

Ella era su vida, ella podía vivir por los dos.

Abrió la puerta de un golpe seco haciendo retumbar toda la sala, bien podría haber descolgado la puerta pero poco le importó, Mikael estaba allí con teléfono en mano y una mueca de disgusto al ver todos sus papeles repartidos por el suelo y la mirada de odio que tenía Damon dibujada en su rostro.

— Espero que tengas una buena explicación para…

— Y la tengo: Elena.

Eso fue suficiente para que la comprensión decorase el rostro de Mikael, este soltó una carcajada y murmuró algo sobre lo tontas que eran las mujeres, que no tardaban nada en salir corriendo con el cuento pero Damon ya no escuchó más nada, no iba a permitir que ese cerdo pronunciase el nombre de Elena o pensase en ella ni un solo segundo más porque antes lo mataría con sus propias manos, por haberle engañado cuando era joven, por haberle arrebatado a su Hope, por haberle ocasionado un daño irreparable, por haber amenazado a su familia, por haberle obligado a servirle con los ojos cerrados y principalmente por haber atacado a Elena, nadie en ese maldito mundo llamado tierra sobreviviría si se atrevían a tocar o decir algo malo de Elena, de la chica que le había dado una oportunidad cuando no era más que una sombra de lo que una vez fue.

Atravesó la sala a grandes zancadas y derribó a Mikael de un solo puñetazo, sus dedos crujieron por el esfuerzo y podía sentir que en cualquier momento se le iba a hinchar la mano, pero le importaba bien poco, preparó otro golpe y continúo así hasta que no sintió ninguna defensa por parte de Mikael.

Le había destrozado la cara, pero Damon no tenía suficiente con eso, necesitaba mucho más, cada vez que el rostro de Elena, ese pequeño rostro lleno de luz aparecía en su cabeza confesando lo que había vivido en unos minutos por culpa de Mikael, su mente se volvía un agujero negro y lo único que veía era sangre.

Necesitaba que Mikael sufriese, tanto como Elena y los demás habían sufrido en sus manos, tiró de la solapa de la camisa de Mikael y le obligó a que se mantuviera consciente.

— ¡Eres un puto saco de mierda, cobarde! —lo zarandeó para evitar que cerrase los ojos, un reguero de sangre decoraba su nariz hasta su cuello, le había partido la nariz y puede que incluso el pómulo derecho ya que lo tenía ligeramente hinchado aunque Damon estaba seguro que era más la imagen de la sangre que lo que él había hecho, apretó los dientes hasta hacerse daño, no quería llorar delante de Mikael, no quería que viese lo mal que lo estaba pasando por su culpa.

Pero lo hizo y se rió.

— ¡Hijo de puta! —lo empujó contra el suelo ganándose una mueca de dolor, se incorporó para empezar a darle patadas como un poseso, ya no razonaba, hacía un buen rato que el interruptor de su humanidad había sido pulsado, lo único que sentía era un gran dolor en el corazón—. ¡Esto es por mi familia, por mi padre, por Hope, por mis amigos! ¡Y por Elena!

Continúo dándole una paliza hasta que sintió unos brazos sobre los suyos, tirando lejos de Mikael, este aún respiraba y parecía consciente, cosa que le sacó aún más de sus casillas, ¿tan patético era hasta para dar una paliza? tiró con fuerza de la persona que le impedía deshacerse de toda esa rabia contenida, de todo ese dolor y tensión, pero llegó un momento que algo hizo clic en su cabeza y se dio cuenta de la locura que había estado a punto de hacer.

Diego, que era la persona que había entrado al oír los ruidos empezó a soltarlo justo cuando el sonido de una ambulancia llamó su atención.

Damon miró el resultado de su tontería, tenías las manos hinchadas y llenas de sangre, la mayoría pertenecía a Mikael pero otra parte era suya, su rostro también estaba hinchado pero eso era a causa de las lágrimas y no tenía importancia, Diego intentó impedirle que saliera por la puerta en ese estado y que mucho menos tomara un coche pero fue inútil, Damon no estaba pensando en su salud, sino en la de Elena.

Mientras conducía a casa de Enzo no dejaba de pensar en que tal vez había sido un gilipollas en salir de allí sin decirle nada a Elena, ¿y si creía que la odiaba? no, no podía permitirse eso, Damon se daría de cabezazos ahora mismo si veía un rastro de lágrima y dolor en el rostro de Elena, no era con ella con quien quería pagar toda la mierda acumulada, sino con Mikael y casi no había servido para nada.

Una sonrisa de superioridad se dibujó en su rostro y empezó a reír, así, al volante a las doce de la noche empezó a perder el control de sus acciones, rió a carcajadas mientras que se derrumbaba por completo.

Buscó a tientas su teléfono pero no llevaba la chaqueta puesta pues se le había dejado a Elena para ir a lo de Enzo.

Mierda.

En cuanto llegó al apartamento se dio cuenta que todos seguían allí pero solo Kai y Bonnie estaban despiertos con sus ordenadores encendidos, fue Kai quien le señaló el sofá, Elena estaba allí acurrucada, su rostro estaba manchado en lágrimas, Damon sintió una puñalada en el corazón, no quería despertarla por lo que empezó a acariciar su cabello con ternura en un intento patético de transmitirle su amor.

La chica se removió por el contacto, Damon apartó la mano para evitar que se despertara pero fue inútil, sus ojos café estaban clavados en él un segundo después. Damon abrió la boca pero no pudo decir nada porque Elena se lanzó a sus brazos y lloró a moco tendido, temblando cual hoja de papel, parecía más frágil de lo que una vez fue y todo por su culpa.

Le abrazó de vuelta y empezó a disculparse al mismo tiempo que Elena lo hacía, el chico negó rotundamente, ella no tenía ninguna culpa, la culpa era absolutamente suya, en cuanto la chica se despegó de su abrazo y vió sus nudillos se quedó pálida.

— ¿Qué has hecho, Damon?

— Hacerle pagar, nunca tuvo ningún poder sobre ti, ¿me oyes? —quiso soltarse del contacto de Elena, no le gustaba que mirara sus heridas—. Es peor de lo que parece, mi amor.

— Damon, de verdad que no quise mentirte.

— No te disculpes más, a estas alturas es inútil perder el tiempo.

— ¿De qué estás hablando?

— Solo descansemos, quiero abrazarte toda la noche.

— Damon, ¿qué pasa?

— Elena, ¿no es obvio? mi nombre también sale en los negocios sucios de Mikael y aunque no sea así, no tardará nada en señalarme.

— ¿Es solo eso lo que te preocupa? —suspiró aliviada y se abrazó un poco más fuerte a Damon, el chico no le devolvió el abrazo ya que no entendía su reacción, esperaba algo más, exagerado. Frunció el ceño.

— No sé cómo sentirme al respecto, ¿ya quieres librarte de mi? —la chica soltó una carcajada que fue amortiguada por el pecho del chico y negó con la cabeza.

— Damon, Kai se encarga de todo. No te pasará nada, aunque Mikael quiera, nadie te culpará de nada.

Damon no quería creerse eso, pero cosas más raras se habían visto y la verdad es que estaba bastante cansado de todo y lo único que quería era un halo de esperanza y ahora lo tenía, lo habían conseguido, de una forma u otra, al día siguiente serían libres, pero entonces, ¿por qué se sentía incorrecto?

Hope observa su teléfono en silencio en lo que una vez fue el cuarto de Damon y de ella, sabe que ha hecho lo correcto, por fin se ha vengado de las personas que destrozaron su vida cuando solo tenía diecisiete años, su madre la vendió cruelmente a Mikael, alegando que necesitaba el dinero y que su padre era la única persona que podía mantenerla a salvo, una sonrisa vacía decora su rostro al recordarlo, qué equivocada estaba su madre, nunca estuvo a salvo con los Mikaelson, la única persona que merecía la pena era ese Damon de diecisiete años que le prometió amor eterno y ahora, simplemente ya no la amaba más, ¿cómo era posible?

Pero lo aceptaba, era doloroso pero aceptaba que Damon hubiese abierto los ojos de una vez por todas, ellos dos estaban tan rotos que él se merecía algo mucho mejor, pero, ¿tenía que ser la zorra de Elena?

Soltó el teléfono y salió de la habitación. Necesitaba tomar un poco de aire fresco y pensar con calma, mañana mismo sería libre, Mikael estaría entre rejas y con suerte, Damon también. Sonrió, después de encargarse de Damon iría a por Elena, quizá no tendría que mover ni un dedo, tal vez solo necesitaba separar a la parejita para destrozarlos a ambos.

Con ese pensamiento en mente salió al exterior, estaba descalza y llevaba puesto solamente una bata que no le cubría casi nada, pero no le molestaba, porque en menos de ocho horas, Mikael, Klaus y Damon pagarían por destrozarle el alma sin pestañear, sí, los tres estaban cortados por el mismo patrón.

Hope no está bien de la cabeza, ¡es una desequilibrada! fue lo que Elena le gritó a Stefan al principio, cuando llegaron a Nueva Orleans un año atrás y cuanta razón tenía, pensó Hope, no estaba para nada equivocada, Hope no solo estaba mal de la cabeza, estaba aún peor, porque en un momento aceptaba los sentimientos de Damon y en otro quería destrozarlo con sus propias manos junto a Elena, una sonrisa cínica se dibujó en su rostro al mismo tiempo que una sombra pasó por su lado, llamando su atención.

Alguien cubrió su boca y tiró de ella hasta paralizarla, intentó mover los brazos inmovilizados pero falló, estaba a punto de gritar o morder la mano de su agresor cuando un olor familiar recorrió sus fosas nasales.

Soy yo, hermanita.


Quedan dos capítulos y un epílogo, me voy a llorar a un rincón, ¡espero vuestros comentarios!

He escrito este capítulo más rápido de lo que creía, empecé hace unas tres horas y no he parado de escribir hasta ahora, espero que valga la pena porque mi cabeza está en otra parte ahora mismo :P

Si hay algún error de dedo o una falta grave no dudéis en comunicármelo ;)