19 de Julio de 2014 hasta el 23 de Agosto de 2015.

Como podéis comprobar, ha pasado más de un año desde que empecé la historia. Damon y Elena se conocieron en el verano de 2014, la historia está ambientada entre ese verano y el verano de 2015, este epílogo en cambio sucede en el verano de 2016, un año después.

Feliz lectura, mis lectores bourbons.


« CALLE BOURBON »

EPÍLOGO

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Un año había pasado desde ese trágico accidente que marcó la vida de muchísimas personas en Nueva Orleans, pero aún así, días como hoy Damon sentía que no había pasado ni un solo segundo desde que Klaus perdió el control del coche debido al disparo de Hope.

Damon aún sentía escalofríos al recordar ese momento, Hope le miró directamente a los ojos y disparó, no vaciló en ningún momento, fue un disparo directo a la cabeza de Klaus para matarlo, no la odiaba por ello, matar estaba mal, Damon lo sabía, pero él mismo conocía ese sentimiento de pérdida y desolación, Hope disparó a Klaus al igual que él le dio una paliza la noche anterior a Mikael, por miedo.

En ese instante Damon creyó que iban a morir todos, Klaus había cedido la velocidad límite en la carretera, había muchísimos coches a su alrededor y la policía estaba detrás de ellos, pisándole los talones, era imposible que pudieran sobrevivir al choque, la única persona que podía hacer algo era Hope, pero estaba paralizada con la pistola entre los dedos mirando a un punto invisible de la nada, no estaba en condiciones de tomar un volante con el cuerpo inerte de Klaus encima.

El choque fue brutal, se estrellaron contra un edificio, varios vehículos se vieron afectados y aunque Damon intentó proteger a Elena y a Hope fue imposible, no tuvo tiempo de elegir a quien proteger al igual que tampoco tuvo tiempo de evitar lo que pasó.

Hope salió airosa del accidente al llevar puesto el cinturón, Damon acabó dándose un buen golpe en la cabeza perdiendo la consciencia por un momento, pero Elena se llevó la peor parte, un cristal le atravesó la zona de las costillas y el golpe, también le dio directo en la cabeza, por un momento, los tres, Damon, Hope y Elena se miraron mutuamente, como si estuviesen en una especie de limbo pero entonces todo se volvió negro.

Damon supo, incluso ahora un año después, que no podía perder a Elena cuando ya era totalmente suya y viceversa, vivir un mundo sin ella no era algo que pudiese suceder, si ella moría, él no tendría nada por lo que seguir luchando. En ese momento no quiso darle muchas vueltas al tema, Elena entró directa a operación para extraerle los cristales, pero estaba a salvo, había perdido mucha sangre pero sobreviviría al accidente.

En cuanto estuvo seguro de que estaba bien fue a buscar a Hope, tenía que cerrar esa etapa de su vida de una forma u otra, la encontró en otra habitación del hospital, no había nadie con ella y estaba sentada en la cama mirando sus manos, totalmente limpias.

Hope alzó su cabeza, incluso un año después sigue sorprendido, estaba llorando, lágrimas silenciosas pero lo que captó toda su atención fue esa pequeña sonrisa que iluminó su rostro demacrado, era una sonrisa real, la misma sonrisa que le ofreció ese verano en Italia, cuando se conocieron.

Por un momento se vio transportado a esa época, caminó directamente hasta su lado y se sentó en la cama junto a ella, tenerla cerca seguía siendo extraño, quizá se debía a que sus sentimientos habían cambiado en ese último año o es que simplemente había abierto los ojos, de una forma u otra, siempre querría a Hope, no por ser su primer amor, sino por ser la primera mujer que cambió su mundo completamente hasta destrozarlo, estaba loco, sí, pues era incapaz de odiarla incluso sabiendo que había intentado matar a Elena.

— Lo siento mucho.

— Deja de lamentarlo.

— Elena tenía razón, esta no era yo, no podía hacer esto pero…—tragó duro al recordar el disparo y la imagen de Klaus, no iba a llorar más por ese psicópata— al final, sí que fui capaz de matar a alguien.

— Fue en defensa propia, Hope.

— Tal vez pero secuestré a Elena, soy cómplice de todo lo que pasó y podría haber pasado, Damon. Iré a la cárcel, no me importa.

— No voy a permitirlo Hope, ese no es tu lugar —se pasó una mano por el cabello y sintió un dolor punzante en la cabeza, en la zona donde le habían puesto los puntos—. Necesitas ayuda profesional, la cárcel no soluciona nada. Ese lugar no es para ti, es para gente como Mikael y Klaus.

"Has vivido atada a los Mikaelson demasiado tiempo, cierto que eso no es suficiente para justificar tus delitos, nunca te perdonaré por lo sucedido, pero sé lo que es vivir atado al amor de alguien y creer que con eso todo es posible. Klaus te manipuló, te usó y te destrozó la vida, no voy a ser yo quien termine contigo, Hope, nunca. No soy Klaus, no soy tu y muchísimo menos soy un monstruo, ¿me has entendido?"

— Eres increíble, Damon. Te he arrancado tantos años de tu vida y aún así quieres salvarme, ¿cuándo te darás cuenta que hay gente que no puede ser salvada?

— Hasta hace un año te daría la razón pero Elena me ha enseñado que hasta yo merezco una segunda oportunidad.

— Sí, quizá Elena sea la persona indicada para salvarte y quizá tengas razón, gracias por todo, Damon. No te merezco.

— Te quiero, Hope.

— Yo también te quiero —se acercó a él, Damon le apartó el rostro y Hope depositó un pequeño beso en la mejilla y sonrió, su intención nunca fue besarle en la boca pero si Damon quería creer lo contrario no iba a ser ella la que lo sacara de su engaño.

— Una cosa es cierta, si te consigo librar de la cárcel tienes que alejarte de Elena, te quiero a kilometros de ella.

— Tu también debes alejarte, tu eres la razón por la que odio a Elena.

Damon sonrió, Hope nunca iba a cambiar, pero esta vez no la odió por sus palabras, nadie elegía sus sentimientos pero sabía que Hope nunca más intentaría herir a nadie, no después de lo sucedido en la carretera de Nueva Orleans.

Damon miró el cielo azul despejado y sonrió tiernamente al recordar esa conversación, ahí fue la última vez que habló a solas con Hope, ahora estaba bien, recuperándose de toda esa mierda que marcó su vida, tal vez se equivocó al ser tan benévolo con ella pero por ahora no se estaba arrepintiendo y ya había pasado un año de eso, un año donde todo había ido sobre ruedas.

Se dejó caer en la hierba húmeda y miró al frente, el panteón familiar de los Salvatore se alzaba delante de él, a unos metros de distancia, no es que no tuviera fuerzas para entrar en el interior, hacía mucho tiempo que había aceptado la muerte de su madre, estar allí, era como estar entre sus brazos algo natural y lleno de vida.

Cerró los ojos y se imaginó a sí mismo corriendo en busca de los abrazos de su madre, esos abrazos amorosos que te dejaban sin aire, su cabello negro y rizado bailando al compás de esa agradable brisa que corría en ese instante, si se concentraba un poco no estaría en ese cementerio sino en su casa, con un olor a masa de galleta recién hecho y con la risa de sus padres en la habitación contigua.

Tan perdido estaba entre sus recuerdos que no se dio cuenta que la luz a su alrededor se apagó momentáneamente por la presencia de otra persona a su lado, la chica se tapó la boca para ahogar una risita y se dejó caer a su lado, admirando las vistas.

Era un cementerio si, pero no se sentía como uno, podía pasarse el día allí tumbada o caminando que en ningún momento notaría nada raro en el ambiente, es como si fuese capaz de conectar con cada una de las personas que descansaba allí y vivir sus vidas durante unos míseros segundos.

— ¿Quieres conocer a mi madre, chica bourbon?

Damon seguía tumbado en el suelo pero sus ojos estaban abiertos, dos orbes azules la observaban con amor y añoranza, Elena asintió, porque a fin de cuentas estaban en Italia por eso, unos meses atrás estuvieron en Francia, conociendo a los padres de Elena; tras el atentado de las Torres Gemelas, la familia de Elena y Stefan decidió trasladar todos los recuerdos de sus padres en distintos puntos del mundo, en un intento de humanizar la imagen de los Gilbert, que no fueran solo dos víctimas más de los abusos del mundo.

Estuvieron en Francia, España, Japón y otros lugares más, donde Elena mantenía una conexión especial con sus padres y ahora era el turno de Damon, por más que Elena se sintiese cerca de sus padres en todos esos lugares no era ni de lejos igual que Damon con su madre, Damon sí que tenía un lazo a la imagen de su madre, estaba allí, enterrada a unos metros de distancia mientras que sus padres murieron carbonizados.

Un par de lágrimas escaparon de su control marcando sus rosadas mejillas, se dijo así misma que no era momento de ponerse así, llorar no era la solución, Damon no estaba llorando por estar al lado de su madre, todo lo contrario, estaba relajado y feliz, si ella se ponía a llorar delante de él lo único que conseguiría es que todo se fuese al traste.

Se pasó las manos por la cara pero Damon se lo impidió, sus miradas coincidieron y dolía, dolía muchísimo ver como en dos años su vida había cambiado tanto, se conocieron en el verano de 2014, y ahora dos años después, las cosas seguían tan intensas como en ese bar o peor.

Recordó el incidente del año pasado y las lágrimas tomaron su camino sin obstáculos.

— Elena…

— Estoy bien, es solo que, ha pasado un año y…

— Elena, nadie más nos hará daño, ¿me oyes? todo está bien, chica bourbon, estamos juntos en esto, ¿recuerdas?

— Te quiero, Damon Salvatore.

— Y yo te quiero a ti, Elena Salvatore-Gilbert.

Le dio un ataque de risa en ese instante gracias a sus últimas palabras, Damon seguía sosteniendo sus muñecas por lo que no podía hacer más nada que dejarse llevar y ocultar su rostro en el hueco que había entre su cuello y su hombro, su lugar favorito en el mundo.

— Suena mejor, Elena Gilbert-Salvatore.

— Quizá.

— No, quizá no. Suena muchísimo más elegante, más bonito.

— Tener un apellido italiano es mucho mejor, significa salvador.

— ¿Y?

— Que eres mi salvadora —la chica se quedó boquiabierta, no era la primera vez que le insinuaba algo parecido pero esta vez estaba demasiado sensible para encajar bien sus palabras por lo que empezó a llorar de nuevo, desconsoladamente—, ¡mi amor!

Se abrazaron durante lo que pareció una eternidad pero ambos sabían que no era así porque el sol seguía en todo lo alto y el teléfono de ninguno de los dos había sonado, habían quedado con Stefan y su nuevo novio en una cafetería muy importante en un rato pero si aún no había señales quería decir que no había pasado tanto tiempo.

Elena no lo sabía con claridad pero estaba segura que se trataba de la misma cafetería donde se conocieron oficialmente Hope y Damon, lejos de sentirse mal, se sentía bastante bien, ella no había tratado a Hope en este último año, pero sí que sabía de la boca de Stefan que Damon si había hablado con ella por teléfono o con Stefan delante y estaba bastante estable, según Stefan tenía un rollo raro con uno de los psicólogos -no el que la trataba a ella, por supuesto- llamado Trevor, un chico muy majo y un par de años más joven que ella.

— Tierra llamando a Elena, ¿sigues aquí? —acarició su mejilla rosada y húmeda, la chica asintió divertida—, quiero presentarte a mi madre pero… si quieres esperar.

— ¡No! Si tu madre es tan agradable como tu padre no quiero esperar más —Damon soltó una carcajada y la tomó de la mano para dirigirse directamente al interior del panteón.

El lugar estaba iluminado por una serie de velas perfectamente colocadas. No estuvieron allí dentro mucho tiempo, Damon se pasó gran parte de ese rato charlando sobre su madre, lo que más le gustaba hacer, sus manías, sus objetivos, sus cosas buenas y aquello que odiaba con locura, Elena no le interrumpió en ningún momento pues le encantaba ver a Damon así, tan efusivo y con tanta energía, lleno de vida.

Damon se despidió de su madre después de media hora donde no solo habló de ella sino que también le habló de ella, de Elena.

— Me hubiese gustado conocerla.

— Ella también querría conocerte, Elena, eres mi alma gemela, la mujer que ha sido capaz de salvarme de mi propia autodestrucción.

— Damon, si alguien ha salvado a alguien aquí, ese eres tú, que te quede claro.

— ¿Y de qué te he salvado yo si se puede saber? —estaban atravesando el claro, Elena no dijo nada los primeros minutos, no porque no supiese responder a la pregunta es que todos los recuerdos la estaban golpeando nuevamente.

— De mi.

— Elena —se paró en seco y tomó las manos de la chica entre las suyas—. Tu eres la razón de que mi vida sea tan hermosa como lo es ahora, no te quites mérito.

— Cuando te conocí en el bar pensé en lo atractivo y sexy que te veías y me dije, ¿por qué no? una noche de sexo contigo no podía ser mi final, ¿sabes por qué pensaba así? porque tenía miedo, miedo de volver a empezar algo con alguien y que me lo arrebataran. Damon, me dabas miedo.

Respiró hondo y tomó aire.

— Conocerte ha sido lo peor que me ha pasado en la vida pero también lo mejor —tragó duro, quiso secarse las lágrimas pero tenía las manos atrapadas—, me has dado todo lo que he siempre he querido. Un amor que me consumiera, aventura, pasión, ¡incluso un poco, bastante de peligro! —rió bajito—. No podía haber pedido más, ¿sabes porqué? porque me había resignado a no tener nada, a no ser amada y por lo tanto a no sufrir, tu me has salvado de mi propia mierda, ¡eres mi héroe señor del Bourbon!

— Elena…

— Pero no sabes lo mejor, no solo me has salvado en ese aspecto, sino también en otros, ahora soy mucho más egoísta y solo pido una cosa: que dure para siempre.

— Los dos pedimos lo mismo.

— Prometeme que esto es para siempre.

Era adorable, pensó Damon, en ese momento no tenía ante sus ojos a Elena Gilbert-Salvatore o a Elena Salvatore-Gilbert ni tampoco a su chica bourbon, sino a su vida, tenía ante sus ojos su mundo, su hogar; soltó sus manos y tomó su rostro con cuidado.

— Te lo prometo.

Damon atrapó sus labios en un profundo y dulce beso, ¿o fue Elena? no importa quien iniciara el beso, lo que verdaderamente importaba es que los dos estaban allí, dándolo todo para que su relación siguiera adelante, con o sin obstáculos en el medio, porque cuando quieres a una persona lo suficiente te da igual el camino que debas tomar o lo duro que debas actuar, porque estarás ahí, luchando por sus labios, por su risa o su sonrisa, estarás ahí para convertirte en la razón de que su corazón lata con fuerza contra su pecho, la razón por lo que daría su vida por verte feliz.

Eso es lo que todos en este mundo definirían como amor pero ellos se conforman con decir que eso es algo mucho más complejo, algo que cuesta entender sino lo estás viviendo en tus propias carnes, algo tan simple como decir "mi alma gemela" o tan complejo como un beso donde sus almas quedan al descubierto para el otro.

Podemos seguir en esa línea mucho tiempo, pero ni Damon ni Elena quieren darle tantas vueltas, sus labios se separan para tomar aire pero sus ojos siguen conectados, como un hilo que ata sus corazones para siempre, latiendo al unísono desde ese día en mitad de la carretera cuando Damon creyó que perdería a Elena para siempre o cuando Elena abrió los ojos y se dio cuenta que Damon era su amor verdadero.

Tan simple como un cuento de hadas y tan complejo como la vida real, eso eran ellos dos, una montaña rusa llena de emociones y sentimientos contradictorios pero con un único detalle en claro: que estaban enamorados y lucharán por su para siempre sin importar nada más.

— Te amaré hasta mi último aliento en esta tierra.

FIN.


N/A:

Buenas tardes, no pensaba hacer ninguna nota especial pero creo que vale la pena intentarlo, por lo menos para aquellas personas que han estado aquí desde el principio aguantando mis meteduras de pata, mis tardanzas o mis actualizaciones que no estaban a la altura de vuestras expectativas, gracias, es por vosotros por lo que sigo aquí, resistiendo hasta el último segundo.

Esta historia es parte de mi, al igual que todas las demás necesitan una buena edición, que haré con el tiempo, quizá si un día intento publicarla le de una edición en condiciones pero por ahora se queda en una idea futura, no quiero darle más vueltas, esta nota es solo para daros las gracias, porque este fanfic es muy importante para mi, es un pedazo de mi, tanto Damon como Elena y Hope, han sido muy importantes para mi en este último año, pero ya va siendo hora de decir adiós y darle una oportunidad a otras ideas que rondan mi cabeza desde hace mucho.

Con esto me despido, espero que el final esté a la altura de vuestras expectativas y sino, por lo menos es lo que Damon y Elena me han dado a mi, y soy feliz con ello.

Gracias por vuestros comentarios, lecturas, favoritos y seguidos, ¡habéis sido parte de mi, lectores bourbon!

Gracias.

Un beso, Noelia.