TEEN TITANS
THE
SINNERS
Por
Wingzemon X
CAPITULO 07
Nuevo Truco
Raven pasó toda esa noche y el día siguiente revisando una y otra vez el recetario, obviamente encerrada en su cuarto para que ninguno de sus compañeros la viera. Para ellos no era nada extraño, pues de hecho era una práctica común en ella el encerrarse en su cuarto y no salir por algún tiempo, en especial cuando tenía un buen libro que leer; curiosamente, ese también era el caso en esa ocasión de cierta forma. Esos últimos días habían sido muy calmados. Desde el intento de robo de Red X, no habían tenido que salir a alguna misión, lo que le facilitó concentrare en su investigación secreta. Sin embargo, tuvo problemas para llegar a un buen resultado.
Revisó receta por receta, y cada vez que pensaba que había dado con la adecuada, viéndola con más cuidado le parecía que era muy difícil de hacer, o que tenía algún ingrediente que ni siquiera sabía qué era, o le parecía muy cursi, exagerado o predecible, o simplemente se arrepentía y buscaba otra de inmediato. ¿Qué era lo que le pasaba? Tal vez inconscientemente se resistía a elegir una, ya que el hacerlo significaría que de hecho la haría, y aún una parte de ella no estaba convencida. Necesitó mucha fuerza de voluntad, decisión, meditación, y discusiones consigo misma para al fin decidir. Su elección fue hacer algo convencional: una artesanía de chocolate. Sí, no muy original, pero esperaba al menos encontrar un molde con una figura algo más especial; chocolate era chocolate después de todo.
Para comprar los moldes, fue a la misma Dulcería en la que Starfire se había estrellado hace algunos días durante la pelea con Red X; para entonces ya habían reparado la puerta. Fue una suerte ir, porque además también se enteró por parte de una muy animada, sonriente, y ligeramente terrorífica empleada, que no se puede usar cualquier chocolate para derretirlo y hacer figuras, sino que se usaba uno especial que ahí mismo vendían. Era más caro que el común, pero eso era de esperarse. Pasó casi una hora viendo los moldes, uno por uno, buscando el adecuado. En parte tardó tanto por la extensa variedad que había, y porque no lograba decidirse por ninguno. Había de las formas comunes, corazones, besos, ángeles, rosas, y otros de formas exóticas como animales, personajes animados, carros, e incluso algunos con formas un poco más… "Atrevidas", incluyendo un molde en forma de pantaletas, y otros más que hicieron apenarse a la hechicera.
Luego de un rato, dio con uno que le llamó la atención. Era un molde en forma de un ave, con las alas alzadas, que Raven identificó como un cuervo. Era extraño, ¿Quién querría hacer un chocolate en forma de cuervo? Tal vez para Halloween o algo así, ¿pero para San Valentine? Era un poco pequeño. La empleada le explicó que era para hacer varios, que con dos cajas del chocolate para derretir, podía hacer entre cuatro y cinco cuervos de chocolate de ese tamaño. Sonaba bien; quedaba más con ella, y pensó que era buena elección, en especial si lo decoraba y demás. Sonó bien en un inicio, pero fue hasta que caminaba de regreso a la Torre, ya con los moldes, el chocolate, y otros ingredientes comprados, que se preguntó a sí misma porqué había comprado un molde de una forma que "quedaba más con ella", si se suponía que lo enviaría como Admiradora Secreta. La idea hizo que se parara a media calle, fría y pasmada. Si le entregaban cuatro cuervos de chocolate a Robin, ¿no adivinaría que eran de su parte? ¿Qué otra persona le haría cuervos de chocolate para San Valentine? ¿En qué estaba pensando al elegir ese molde? Todo el camino de regreso a casa se estuvo repitiendo las mismas palabras una y otra vez: "Enamorarse es un asco".
Fuera como fuera, ya no había vuelta atrás. Tenía todo comprado y no le había salido barato. Qué pasara lo que tuviera que pasar.
La oportunidad de hacer el primer intentó surgió justo esa tarde. El cielo estuvo nublado desde la mañana, pero se comenzó a oscurecer mucho más después del medio día. Robin y Starfire habían salido a patrullar desde la mañana… juntos, y ellos dos solos. Últimamente acostumbraban hacerlo, ¿por qué? No había ningún motivo en especial, o más bien ninguna explicación en especial. Robin sólo avisaba: "Starfire y yo saldremos a patrullar" y se iban, sin más y sin menos. Antes no le importaba, pero ahora no le era para nada agradable; bien, en realidad nada en esa situación le parecía agradable. Cyborg y Chico Bestia acababan de bajar al garaje. Al parecer Cyborg iba a hacer algunos ajustes al Auto T, y Chico Bestia iba a "ayudarlo", o más bien a estorbarle.
Raven no había vuelto a hablar con su "Compañero de Amores" desde la conversación que tuvieron el otro día. No sabía cómo le iba a él con su regalo, y tampoco le había querido pedir consejo para elegir el suyo. No era que no confiara en su amigo, pero prefería que supiera lo menos posible, pues no era precisamente bueno guardando secretos. Viéndolo de nuevo, tal vez en verdad no confiaba mucho en él.
Así que, con el campo libre, se dirigió discretamente a la cocina de la Torre, con todo el material necesario. Dio un largo vistazo a la sala de estar para asegurarse de que realmente no hubiera ningún moro en la costa. Toda la habitación se encontraba sola, a excepción de Sedita, la larva mascota de Starfire, que dormía plácidamente en el sillón. Esa era su oportunidad. Haría un primer experimento de intentar derretir chocolate, sólo para verificar que realmente había entendido bien el procedimiento que explicaba el libro. Rápidamente puso todo sobre la barra: los moldes, el chocolate, el libro, el dulce, la azúcar, y demás. ¿Y ahora?
- "Azarath, dame fuerzas…" – Pensó para sí misma con pesar, soltando inmediatamente después de un largo suspiro.
Tomó el recetario y comenzó a hojearlo hasta llegar a la receta que intentaría. Según las instrucciones, tenía que derretir la barra de chocolate en baño maría por veinticinco minutos.
- "¿Baño María?" – Se preguntó confundida al no reconocer el término.
El recetario tenía al final un glosario con algunos términos generales, así que se dirigió a él. Literalmente decía: "Baño María, coloqué una hoya grande llena de agua en el fuego, y dentro de ésta un recipiente más pequeño con el ingrediente a derretir." En otras palabras, tenía que llenar una hoya de agua, poner un recipiente con el chocolate dentro de ésta y poner las dos cosas en el fuego.
- "Suena fácil…" – Pensó un poco más optimista.
Colocó una hoya grande en la estufa, la llenó de agua hasta la mitad, puso otra más pequeña adentro de ésta, luego cortó en cuadros el chocolate dentro del segundo recipiente, y entonces le prendió fuego. Veinticinco minutos. Ese era un largo rato, y temía que alguien llegara en ese tiempo. No había mucho que hacer, así que simplemente se cruzó de brazos, viendo fijamente el agua y el chocolate, esperando que éste último se derritiera. Sólo aguantó un par de minutos, antes de comenzara a aburrirse. Veinticinco minutos era demasiado tiempo. Para matarlo, haría algo que no acostumbraba mucho: ver televisión. Se dirigió al sillón, se sentó a lado de Sedita y encendió el televisor, comenzando a navegar por los canales, intentando encontrar algo interesante.
Un rato después aprendería de mala gana que la cocina era como la hechicería: siempre se tenía que leer bien las instrucciones antes de hacer algo…
Afuera el cielo se había nublado por completo, y el aire estaba cubierto por una ligera neblina que se hacía más y más cargada conforme uno se adentrara al mar. Justo enfrente de la Torre Titán, suspendida sobre las aguas azules, se encontraba una construcción de metal de apariencia vieja y oxidada. Se sostenía de algunos pilares que se perdían debajo de la superficie, y especialmente un tubo principal de acero reforzado justo en el centro. Era una plataforma petrolera, abandonada cabía decir. Ahora lo estaba, pero antes había tenido mucho trabajo, e incluso luego de eso. Luego de que el petróleo que sacaba se terminó, volvió a tener movimiento un tiempo después, pero ahora no por el petróleo, sino por las locas intenciones de un villano llamado Demente Mod. Era de los enemigos más exenticos que los Titanes habían enfrentado. Los secuestró de alguna manera que todavía ninguno entendía, y los llevó a ese sitio que era su guarida, en donde había construido una versión bizarra de una escuela con la intención de lavarles el cerebro. Fue una experiencia un tanto desagradable, pero habían podido salir de esa como de muchas otras, incluso peores.
Luego de atrapar al Demente Mod, su guarida quedó abandonada, pese a que lo volvieron a ver un par de veces más luego de aquello. Ahora, la Plataforma Petrolera tenía un inquilino nuevamente, y una vez más no era uno con buenas intenciones.
Slade, considerado como un genio del crimen, que estuvo a punto de tener Jump City y toda esa región en su poder, había pasado por muchas cosas en los últimos meses, empezando con su abrupta muerte a manos de su aprendiz Terra, quien lo traicionó y arrojó a la ardiente lava. Ese debió de haber sido su fin, pero no lo fue. Trigon, el padre de Raven, lo resucitó para que trabajara para él y lo ayudara a llegar a la Tierra por medio de su hija, a cambio de devolverle su vida, trato que obviamente Trigon no respetó. Luego de eso, tuvo que emprender un viaje a las profundidades de un verdadero infierno, a lado de su peor enemigo, con tal de recuperar lo que deseaba. No conforme con eso, tuvo que pelear a lado de él y los otros para salvar al mundo. Sí, definitivamente su vida era todo menos aburrida.
¿Qué había hecho luego de eso? No mucho en realidad. Morir y resucitar hacía que uno sintiera la necesidad de recobrar el tiempo perdido, y darse cuenta de que sin importar cuantas cosas planees, en un parpadeo todo puede cambiar. No tenía pensado quitar el dedo del reglón; aún seguía firme en sus planes. Pero ahora se veía forzado a gatear antes de caminar o correr, pero era difícil gatear luego de haber caminado tan bien. Por lo pronto, había tres temas que lo concentraban casi por completo: Recobrar fuerzas poco a poco, armas, dinero, hombres, etc. Mantener bien vigilados a sus enemigos principales, los Jóvenes Titanes; por eso mismo se había mudado justo enfrente de su Torre, y ellos ni siquiera lo habían notado. Y el tercer tema era el que tal vez más le obsesionaba: la venganza en contra de la chiquilla que se atrevió a traicionarlo y que en parte ocasionó todo ese desastre.
La Plataforma petrolera por dentro había sido prácticamente rediseñada para Slade. Oscura, con luces rojizas, trampas y armas ocultas, escudos con la enorme "S" típica que usaba, y una gran súper computadora que era el centro de todas sus operaciones por el momento. Tenía cámaras discretamente colocadas en la parte de afuera que enfocaban directamente a la torre, con el alcance suficiente para tenerlos bien vigilados a cualquier momento. Pero igual, no había mucho que pudiera ver que no supiera ya. La visita de Súper Chica hace un par de semanas había sido lo más interesante en todos esos meses posteriores a la derrota de la Hermandad del Mal. Aún así seguía vigilando. Ese día se encontraba de hecho sentado frente a los monitores de su computadora, mirado la Torre desde afuera, y también enfocándose en sus ventanas. Ahí podía ver claramente a Raven viendo la televisión, mientras su chocolate seguía en la estufa. Nada interesante.
- Mis pequeños Titanes se la han pasado muy tranquilo últimamente. – Pensó en voz alta para sí mismo. – Ni saben lo que les espera. Mi muerte ha retrasado mis planes un poco más de lo planeado, pero eso se solucionará pronto.
En ese momento estiró su mano hacia la consola, presionando un par de botones. Entonces, el monitor principal cambió, de enfocar a Raven, a enfocar una casa… Una casa normal de los suburbios, de color blanco, con tejas rojas en el techo, de dos pisos, con un bonito jardín frontal. Los Titanes no eran los únicos a los que había tenido vigilados en ese tiempo. Cambió luego a otra cámara, que enfoca la parte posterior de la casa, y moviendo los controles, hizo un acercamiento a una de las ventanas, logrando ver el interior de esa habitación en particular.
Ahí estaba, la supuesta Tammy Hawk, sentada en su escritorio quemándose la cabeza de tanto estudiar. Se veía muy normal, incluso después de haber recibido su visita unos días atrás. ¿Acaso lo había bloqueado como muy de seguro bloqueó todo lo que le disgustaba de su vida anterior?
- Por lo pronto, me encargaré de mi antigua y linda aprendiz antes que nada. – Murmuró sin quitar sus ojos de la chica rubia en la pantalla.
Por más que insistiera, Slade estaba seguro de que era Terra, tanto que no necesitaba hacer las pruebas de ADN con las que la había amenazado. Pero igual tenía pensado hacerlas, en ese momento de hecho, sólo para estar complemente seguro. De uno de los bolsillos de su cinturón, extrajo dos cosas: un tubo de ensayo con una aguja en su interior, y un sobre que contenía varios cabellos de color rubio. La primera la había tomado de Tammy, la segunda era de Terra, del tiempo en que fue su aprendiz. Esa era la prueba que necesitaba.
Sacó con cuidado la aguja del tubo y los cabellos del sobre, colocándolos sobre una superficie metálica. Luego, un láser se posicionó sobre ésta, y una luz azul los recorrió de un lado a otro repetidas veces, escaneándolos. Mientras en el monitor principal seguía viendo a Tammy estudiar, en otro comenzaban a aparecer algunos datos del escaneo de las muestras, y como una barra de estado comenzaba a marcar el progreso de la operación. Era lento, pero una vez terminado el perfil de ADN, podría lograr la comparación, y demostrar de una vez por todas que esa chica era Terra, y entonces desearía jamás haberlo conocido.
Slade se recargó contra su silla, juntando la yema de sus dedos, y posando sus ojos en la figura de la joven rubia a través de la ventana. Su éxito estaba próximo.
- Muy pronto me vas a pagar todas las que me debes, Terra… - Murmuró en voz baja, mientras debajo de su máscara una sonrisa triunfante se dibujaba.
- ¿Por qué no ahora mismo, Slade? – Escuchó de pronto que una voz ajena al eco de sus propias palabras pronunciaba justo detrás de él.
El villano se sobresaltó sorprendido, y rápidamente se paró de la silla y se dio media vuelta, con la agilidad y destreza que ya lo definían. Entre las sombras del otro lado de la habitación, logró divisar la silueta de alguien, de pie, mirándolo oculto, ¿Desde hace cuanto tiempo ese intruso había estado ahí viéndolo y escuchándolo? ¿Cómo pudo entrar sin que se diera cuenta?
- ¡¿Quién está ahí? – Exclamó con fuerza, apretando sus puños con fuerza.
Escuchó en ese momento como una risa maliciosa resonaba en todo el cuarto gracias al eco de éste, una risa que casi lo hizo sentir escalofríos, a él que no le temía ni a la propia muerte.
- ¿Así que ahora aprovechas la ratoneras de otros? – Agregó el extraño, mientras comenzaba a caminar hacia él, saliendo poco a poco de su escondite, y dejando que las luces rojizas lo tocaran. – Qué bajo has caído, maestro.
Slade se quedó atónito ante la imagen que se presentaba frente a él. Su primera reacción fue de no poder creer lo que miraba. El intruso era una intrusa, una chica joven, delgada, de largo cabello rubio y lacio que le llegaba hasta la cintura. Usaba una máscara de color negro, que le cubría los ojos, la nariz, y toda la parte superior de su cabeza. Vestía además una camiseta negra, de mangas largas y cuello alto que le cubrían por completo el torso y los brazos. En las manos, dos guantes de piel, color café, del mismo tono y material que sus pantalones largos. Por último, en los pies, tenía dos botas negras altas, y el pantalón metido debajo de éstas. Su piel era blanca, al menos lo que lograba ver de su rostro gracias a la luz del lugar, y tenía una larga sonrisa de oreja a oreja, que no reflejaba felicidad: sino puro cinismo.
Ese cabello, esa expresión en sus labios, ese estilo de ropa, su modo de hablar y como lo había llamado "maestro". No podía verle por completo el rostro por esa máscara, pero había algo en su interior que le gritaba quien era, aunque era imposible creerlo.
- ¡¿Terra? – Exclamó sorprendido dando un paso hacia atrás. Rápidamente miró por encima de su hombro hacia el monitor principal, que seguía enfocando a Tammy en su cuarto. – ¿Pero cómo?
La imagen era en vivo; Tammy estaba en su cuarto, no podía ser la persona que tenía frente a él. Entonces, ¿quién era esa intrusa? ¿Una impostora? ¿O tal vez en verdad se había equivocado? No, no podía ser. Intentó aclarar sus pensamientos a una velocidad increíble, intentando repasar todas las posibilidades de nuevo. No tenía que dejarse llevar por la primera impresión: eso bien podría ser un truco. Ahora no importaba si esa persona era Terra o no, lo importante era que de seguro no estaba ahí para saludar y comer galletas.
- Escuché que me estabas buscando, Slade. – Comentó la supuesta Terra, caminando hacia él con tranquilidad. – Enserio que eres una peste. Pensé que te había eliminado, pero veo que no. No importa, porque ahora he vuelto a atar todos los cabos que dejé sueltos atrás, y tú eres el más importante, maestro.
Slade se mantuvo sereno y calmado mientras se le acercaba. Mostrar aunque sea el menor signo de temor podría ponerlo en desventaja. Además, no tenía porque ponerse así, sin importar quien fuera esa persona.
- No sé quien seas, pero si realmente eres Terra, cometiste un grave error en atreverte a venir aquí. – Le explicó el villano, riendo ligeramente. – ¿Por qué crees que elegí este sitio como mi nueva guarida? No hay ni un gramo de tierra o piedra que puedas usar en esta construcción de metal. La tierra más cercana se encuentra a kilómetros bajo el nivel del mar, y ni siquiera tú eres capaz de llegar a ella desde esta altura y con toneladas de agua encima.
Terra se detuvo a medio camino, quedando aproximadamente a tres metros de Slade, mirándolo fijamente. Su sonrisa se acrecentó de golpe, y volvió a reír del mismo modo que antes. De nuevo, esa risa le causó incomodidad a Slade. ¿Por qué se reía? ¿Qué tenía planeado?
- Me parece muy bien. – Explicó una vez que terminó de reír. – ¡Así podre enseñarte el nuevo truco que aprendí por mi cuenta!
Dicho eso, alzó sus manos al aire, y comenzó a apretar sus dedos con fuerza entre ellos. Se le notó algo de esfuerzo en el rostro, al tiempo que su cuerpo parecía cubrirse de una energía rojiza y brillante. Slade no entendía lo que hacía, hasta que sintió como todo el lugar temblaba ligeramente sin razón.
- ¡¿Qué? – Exclamó sorprendido y se sostuvo de la consola para no caer. Terra reía triunfante.
Dos vigas de acero reforzado de encima de ellos, se desprendieron de la construcción y se dirigieron de golpe hacia ella, quedándose flotando en círculos. No podía ser posible lo que veía.
- ¿Controlas el metal? – Murmuró Slade, incrédulo.
- ¿Qué es el metal sino minerales pulidos y tratados? – Le contestó con energía. – En otras palabras, ¡Piedras!
Rápidamente alzó sus manos hacia el frente, y las dos vigas de metal se dirigieron en su contra de golpe. Slade reaccionó, tomando las muestras de cabello y sangre de la superficie metálica, y lanzándose hacia un lado, justo antes de que las dos vigas se estrellaran contra la computadora, destruyéndola.
- ¿Qué ocurre Slade? Pensé que te pagaría todas las que te debo. Anda, ¡Aquí estoy!
Las manos de Terra se cubrieron de nuevo de la misma energía, y las dos vigas, acompañadas de varios pedazos metálicos de la computadora rota, se alzaron en el aire y se dirigieron contra Slade. Éste se levantó de un salto, y comenzó a moverse con velocidad hacia el otro lado del cuarto, escuchando a sus espaldas como los objetos chocaban contra el suelo y paredes, como otras columnas y vigas de metal se desprendían también, y se unían al armamento de su contrincante. Rápidamente se dirigió a la puerta, no sin antes sacar de su cinturón una granada de mano, y arrojarla hacia adentro. La granada explotó justo cuando Slade salió al pasillo, cubriéndolo todo de fuego y humo. No esperó a ver si había surtido algún efecto; de seguro no. En su lugar, se dispuso a alejarse por el pasillo. Estar en una construcción de metal con un enemigo que controlaba el metal, era algo realmente desventajoso.
Terra se había hecho un escudo de metal alrededor para cubrirse de la explosión. Luego de que todo pasara, comenzó a caminar entre las llamas, dirigiéndose totalmente serena a la puerta, mientras todos esos escombros de acero flotaban a su alrededor, siguiéndola.
- ¿No estás muy viejo para jugar a las escondidas, Slade? – Dijo divertida mientras salía también.
La rubia comenzó a caminar por el sitio sin soltar sus armas ni un sólo segundo. Slade era un ratón escurridizo; ¿dónde se había metido? Miró por el rabillo del ojo como una silueta pasaba rápidamente frente a ella. Su reacción inmediata fue lanzar todo el metal que traía consigo hacia esa parte, pero sólo terminó chocando contra la pared. Algo molesta, se dirigió corriendo en esa dirección. Slade parecía dirigirse al centro de la plataforma, donde pasaba el tubo principal por el que se extraía el petróleo con anterioridad,
Terra penetró en esa área, oscura y húmeda, mirando en todas direcciones, intentando ver a dónde se había ido, pero nada; de nuevo no había rastro de él.
- ¿No estás muy joven para jugar a la novia despechada? – Escuchó de pronto que la voz de Slade pronunciaba sobre ella.
Rápidamente alzó su mirada, sólo para ver como su presa bajaba desde el techo hacia ella, con su pie derecho extendido a su rostro. La reacción de Terra fue alzar el metal del suelo bajo ella para cubrirse con él como un escudo. La patada de Slade, fue repelida, pero inmediatamente después éste hizo una maroma hacia atrás, cayendo a sus espaldas, y golpeándola con una patada más, lanzándola con fuerza hacia el frente por el impacto y derribándola.
Antes de que pudiera recuperarse por completo, se le lanzó al ataque de nuevo. Terra rodó por el suelo para esquivarlo, y luego se puso de pie, todo en el mismo movimiento. El plan de Slade era no darle el tiempo suficiente como para concentrarse y manipular el metal, que aparentemente requería de mayor concentración que la tierra. Comenzó a lanzarle varios golpes y patadas consecutivamente, mismos que ésta intentaba cubrir, pero Slade era realmente bueno en el combate cuerpo a cuerpo, y no pudo evitar recibir algunos de los golpes, incluyendo un puñetazo con fuerza en su rostro, que la sacó volando contra la pared e incluso le hizo sangrar del labio.
Slade miró su guante; algo de la sangre de su contrincante había quedado en la tela negra de éste. No pensó mucho en eso, pues sin espera corrió con velocidad hacia donde Terra había caído, con la intención de someterla por fin. Sin embargo, ésta alzó su mirada hacia él, y en ese momento el villano pudo notar como sus ojos brillaban de un extraño tono rojizo. Ella alzó sus manos hacia él de golpe, y el cuerpo de Slade se detuvo en seco, en contra de su voluntad. Antes de pudiera saber que pasaba, sintió como era empujado por los aires con mucha fuerza, hasta chocar su espalda contra el tubo principal, y quedarse pegado a él prácticamente colgado sin poder moverse.
- Parece que ese traje metálico será tu perdición, Slade. – Murmuró divertida, mientras se ponía de pie y se limpiaba la sangre con una mano y la otra la dejaba extendida a él.
Tenía razón, el metal de su traje había hecho que su cuerpo fuera manipulado por ella; debió haberlo previsto. Ahora no podía moverse, por más esfuerzo que aplicaba; parecía que lo tenía a su merced.
Terra se paró justo enfrente del tubo, levantando la cabeza hacia él, riendo ligeramente de lo indefenso que se veía. Luego, alzó con su poder otra viga de metal, elevándola hasta colocarla justo frente de su contrincante, con la obvia disposición de clavársela, o aplastarlo con ella; la verdad eso daba lo mismo.
- ¿Unas últimas palabras, maestro? – Murmuró con malicia.
- Sí. – Fue su respuesta, mientras la miraba de reojo. – Definitivamente tú no eres Tera.
- ¿Ah? ¿Por qué dices eso?
- Es sencillo… - De pronto, moviendo los dedos de su mano derecha, logró sacar de adentro de su muñequera un pequeño dispositivo con un botón rojo parpadeante. – Ningún aprendiz mío sería tan estúpido...
Terra se sobresaltó sorprendida al ver lo que hacía. Volteó rápidamente hacia los alrededores. Pegados en el techo, en las paredes, incluso en la parte superior del tubo principal, se encontraban ocultos entre las sombras, varios dispositivos circulares, cada uno con una pequeña luz roja parpadeado. No tardó mucho en adivinar qué eran: explosivos. Slade la había guiado hasta ese sitio apropósito.
- ¡No!
Intentó reaccionar y atacarlo con la viga, pero Slade fue más rápido. Presionó en ese momento el botón del dispositivo que había sacado de su muñequera y todos los explosivos del cuarto estallaron con fuerza al mismo tiempo, haciendo que las siluetas de ambos se perdieran entre una oleada de fuego. Estos a su vez activaron otros que se encontraban en diferentes sitios de la plataforma, y de un segundo a otro todo el lugar se cubrió de llamas y humo. Las explosiones se suscitaron incluso en la parte de afuera, una tras otra, creando un fuerte incendio.
Sedita corría de un lado a otro por toda la sala, llorando y gritando, mientras Raven se movía sigilosamente por la enorme nube de humo que había cubierto el área de la cocina. Luego de un par de intentos a ciegas y de dos ataques fuertes de tos, logó apagar la estufa. Al principio el humo le impidió ver qué había pasado, pero una vez aclarado… en realidad tampoco le fue de mucha ayuda. En el recipiente pequeño, sólo había una masa carbonizada, negra y humeante, que tal vez en algún momento fue un chocolate.
- Esto no se ve bien. – Murmuró en voz baja, mirando en silencio la hoya. ¿El chocolate puede quemarse? ¿Por qué nadie le había dicho eso? Algo molesta, tomó el recetario con sus dos manos, y lo encaró como si fuera una persona. – ¡Hice todo lo que me dijiste libro mentiroso! ¡¿Qué hice mal?
Volvió a hojearlo rápidamente hasta llegar de nuevo a la receta que había intentado hacer. ¿Había hecho algo mal o no había entendido algo? ¿Tal vez sólo era su pésima suerte en la cocina? Raven prefería pensar que se debía al hecho de que pareciera que el libro lo había escrito un niño de siete años. Lo que sí había sido una buena suerte era que la alarma anti incendios no se hubiera activado, pero igual eso no evitó que alguien la sorprendiera con las manos en la masa… Y quién menos deseaba.
- ¿Raven? – Escuchó como alguien pronunciaba a sus espaldas, y esa voz la dejó helada. No podía ser quien pensaba que era.
- ¡Robin! – Exclamó con fuerza la hechicera, dándose media vuelta y ocultando rápidamente el recetario detrás de ella.
En efecto, el Líder de los Titanes acababa de entrar en el cuarto, tosiendo un poco por todo el humo que aún quedaba ahí, y teniendo a Sedita en sus brazos, pues ésta se le había lanzado encima desde que abrió la puerta. Robin miraba extrañado el cuarto llenó de humo, y especialmente la cocina que era el origen de todo eso.
- Creí que habían salido a patrullar… - Murmuró Raven nerviosa. Seguía escondiendo el recetario, aferrándolo a su espalda con desesperación.
- Regresamos antes; parece que va a empezar a llover. – Le contestó él mientras se le acercaba unos cuantos pasos, al tiempo que ella retrocedía, hasta colocarse frente a la estufa, intentando esconderla también. – ¿Estás… cocinando?
Ambos guardaron silencio, mirándose fijamente sin decir nada por casi un minuto. Robin esperando una respuesta, y Raven intentando pensar qué contestar.
- No… - Murmuró en voz baja, mirando de reojo hacia otro lado.
- ¿Entonces qué es eso?
- ¿Qué es qué?
- La hoya en la estufa. – Dijo mientras alzaba su dedo y señalaba hacia lo que Raven ocultaba.
- Ah, eso. Es… - De nuevo se calló, pensando rápidamente en alguna explicación creíble. Antes de ese momento no se había dado cuenta de lo realmente mala que era para mentir. – Es una poción mágica que tiene que calentarse a fuego lento. Es para… La vida.
Robin parpadeó confundido al escuchar eso. ¿Una poción mágica para la vida que tiene que calentarse a fuego lento? Bien, la magia no era lo suyo, así que no tendría por qué pensar que le mentía. Lo que sí era evidente era que, poción mágica o no, no parecía que le había salido como ella quería.
- Bueno, tu poción mágica para la vida huele un poco… quemada…
- Ah… Gracias… - Susurró ella, sonriendo ligeramente de manera forzada.
- ¿Todo está bien…?
Las palabras de Robin se cortaron de golpe, pues su atención pareció cambiar hacia el gran ventanal de la sala. Algo del otro lado pareció llamarlo, lo que provocó que se olvidara por un segundo del asunto de la poción para la vida, y se dirigiera al ventanal, luego de dejar a Sedita sobre la barra para comer. Raven no supo si sentirse aliviada o desconcertada por la reacción tan repentina de su líder.
- ¿Qué es eso? – Murmuró Robin mirando por la ventana, más para sí mismo que para su compañera.
Raven rápidamente escondió el recetario dentro de su capa, y entonces se acercó flotando hacia ponerse a lado de Robin e intentar ver a qué se refería. El mar se encontraba nublado a lo lejos, y con una neblina ligera en el horizonte. No se podría ver mucho en ese escenario, sólo blanco, gris… y un extraño resplandor anaranjado que sobresalía.
- Fuego. – Murmuró al reconocer de qué se trataba.
- Esa es la Plataforma Petrolera. – Señaló el chico de antifaz con seriedad. Raven asintió afirmativamente con su cabeza.
- La antigua guarida del Demente Mod. Pero desde que desmantelamos su escuela ha estado abandonada.
- Parece que ya no. – Robin sacó en ese momento su comunicador y lo acercó al rostro. – Titanes, reúnanse de inmediato. Hay trabajo que hacer…
Los Titanes se pusieron en marcha a la plataforma en el Auto T con dos misiones por cumplir. La primera, apagar el incendio, y la segunda, una vez apagado averiguar qué o quién lo había ocasionado, pues estaban seguros que no había sido simple accidente. Cyborg y Robin aparcaron el Auto T, suspendido con sus turbinas, a lado de la Plataforma, y activaron una pistola extintora que soltaba espuma anti fuego, y comenzó a darle la vuelta a la construcción para cubrir la mayor área posible. Por otro lado, Chico Bestia se había transformado en un elefante, y Starfire se había encargado de cargarlo, acercarlo al agua para que tomara agua con su trompa y luego elevarlo para la rociara sobre las llamas. Por último, Raven había atravesado las llamas, protegida con un campo de fuerza creado por su magia, para introducirse en el interior del complejo y buscar si había alguna persona atrapada. Recorrió el sitio de un lado a otro, pero no encontró rastro de presencia humana. Sólo fuego, humo, y metal. Tendrían que esperar a que el fuego se apagara para poder inspeccionar con más cuidado.
Luego de un rato salió atravesando una de las paredes y se quedó de pie en la parte de afuera, donde ahí no había fuego, al menos no todavía.
- Raven a Robin. – Pronunció la hechicera en su comunicador. – No encontré a nadie ni dentro ni fuera.
- 'Correcto, no te preocupes.' – Se escuchó la voz de Robin del otro lado. – 'Creo que la ayuda viene en camino.'
Raven no entendió a que se refería, hasta que sintió como una gota de agua le tocaba el rostro. Al principio pensó que había sido Chico Bestia, pero no era él; esa gota había caído del cielo, seguida de otra y otra y otra más. De la nada, el agua comenzó a caer con fuerza moderada, dando lugar a la lluvia que Robin había predicho.
- Bien, la lluvia nos dará la mano. – Murmuró contento Chico Bestia, volviendo a la normalidad y cayendo en los brazos de Starfire.
- Parece que es nuestro día de suerte. – Agregó su compañera, sonriendo con el mismo optimismo.
La lluvia comenzó a ayudar, pero de todos modos Cyborg y Robin no dejaron de arrojar la espuma desde el Auto T. El incendio no duraría mucho más. Raven permaneció en una de las plataformas de afuera, cubriéndose del agua con su magia. Lluvia, oportuna e inoportuna al mismo tiempo, como siempre.
De pronto, le pareció ver algo que se movía de reojo a su diestra. Rápidamente se giró con la guardia arriba por mero reflejo. El humo cubría su vista, pero logró ver la silueta de alguien entre toda esa nube oscura.
- ¿Quién está ahí? – Preguntó en voz baja, acercándose con pasos lentos hacía ese sitio. – ¿Te encuentras bien?
El humo se fue disipando poco a poco mientras avanzaba, y esa persona ni siquiera se movía; permanecía de pie, esperándola. Poco a poco su imagen fue totalmente visible para Raven, la imagen de esa chica de cabellos rubios y largos, que eran movidos por la ligera brisa del mar, mientras la miraba totalmente tranquila, sin importarle el fuego, el humo o la lluvia.
- ¿Qué? – Exclamó sorprendida la chica de capa azul, deteniéndose de golpe. Esa persona usaba una máscara negra que le cubría los ojos y la nariz, pero aún así, aún a pesar del humo y la neblina, le pareció reconocerla. – ¿Terra? ¿Eres tú?
¿Terra?, ¿Qué le hacía pensar eso de repente? No podía ver su rostro, no la había visto de cerca siquiera, ¿sólo por su cabello y ropas sentía que era Terra? No, era algo más. No tenía ni idea de qué era, pero realmente algo en su interior se lo decía. Pero no podía ser ella, ¿o sí? Antes de que diera otro paso, la extraña saltó hacia el barandal, y luego se echó de un clavado al mar, todo sin pronunciar ni media palabra.
- ¡Espera! – Gritó con fuerza, pero no logró alcanzarla. Sólo pudo ver cómo caía al agua y se perdía debajo de ésta.
- '¿Qué ocurre, Raven?' – Escuchó en ese momento que la voz Robin le hablaba desde su comunicador.
- Vi a alguien, pero saltó al agua.
- '¡¿Qué?'
- ¡La seguiré!
- 'Raven, ¡espera!'
Ni siquiera lo pensó dos veces. De inmediato se paró en el barandal y saltó al agua. Mientras descendía, cubrió su cuerpo de nuevo con un campo de energía y así pudo penetrar al interior del agua y desplazarse en ésta con completa libertad, igual como si estuviera volando por los aires. Sin embargo, no encontró ni rastro de su objetivo. No podía verla en ninguna dirección, casi como si se la hubiera… tragado la tierra. Se movió un poco alrededor de la plataforma intentando buscarla y luego se movió en dirección a donde la extraña había saltado; en esa dirección se encontraba el puerto. Los puntos de tierra más cercanos eran ese sitio y la isla de la Torre T, así que podía apostar que hacia allá se dirigiría. De inmediato se lanzó como torpedo hacia el puerto. En todo el trayecto siguió sin encontrar rastro de la persona que buscaba. No pudo haber simplemente desaparecido, ¿o sí?
Cerca del final, salió del agua, elevándose muy alto y retirando su campo; ya no le importaba que el agua la tocara. Miró en todas direcciones, esperando verla salir, o tal vez corriendo por el puerto, pero nada; se había esfumado. Descendió hacia el puerto, parándose justo en la orilla en donde los barcos aparcaban. Con esa lluvia sería difícil encontrar algún rastro de que alguien hubiera salido del agua en ese lugar.
Se sintió realmente frustrada. No podía ser que hubiera alucinado, eso había sido real. No podía decir con completa seguridad si era Terra o no, aunque realmente era una coincidencia tener un encuentro así cuando acababa de ver a aquella chica dos días antes en la librería. Pero estaba segura de que había alguien ahí, alguien que saltó al agua y huyó de ella en cuanto la vio. ¿Por qué estaba en ese lugar? ¿Por qué huyó de esa forma?
Sus pensamientos fueron cortados de tajo al sentir unos pasos resonar sobre el suelo mojado detrás de ella. De inmediato pensó que se trataba de esa chica, por lo que rápidamente se giró, cubriendo sus manos con su energía oscura, lista para atacar. Sin embargo, no se trataba de la persona que esperaba, sino alguien más.
- Ah, espera, ¡no! – Exclamó rápidamente el extraño, dando unos pasos hacia atrás, alzando sus manos hacia ella. – No soy ningún criminal, tranquila.
En efecto no era quien buscaba. Se trataba de un chico unos cuantos centímetros más alto que ella, vestido con una chamarra negra abultada, con el gorro cubriéndole la cabeza, pantalones rojos anchos, zapatos negros, y usaba guantes sin dedos en cada mano, también negros. Raven se tranquilizó al inspeccionarlo con la mirada un par de segundo, y entonces disipó su magia y recuperó la compostura.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó con algo de dureza; las gotas de lluvia empapaban a ambos. – ¿Viste a una chica de cabellos rubios salir del agua?
- No, no vi a nadie. – Respondió el chico en voz baja, casi con timidez. – Yo sólo estaba, viendo hacia tu Torre.
El chico miró hacia un lado, en dirección a dónde estaba la Torre T. Raven miró también por un segundo en esa dirección y luego volteó a verlo, confundida.
- ¿En medio de la lluvia? – Le preguntó alzando su ceja izquierda.
- Si, yo sólo… - Intentó explicarse, aunque parecía que su lengua se trababa un poco. – Intentaba ver la forma de ir hacia allá… Y verte.
¿A ella? ¿De qué estaba hablando? ¿Era algún tipo de broma? Raven no pudo hacer ningún tipo de pregunta, pues el extraño prosiguió con su explicación sin espera, y las palabras que le siguieron la dejaron totalmente pasmada.
- Tú eres Raven Roth, ¿no es así? – Pronunció en voz baja, dando un paso hacia ella. – La hija de Angela Roth.
Raven se sobresaltó sorprendida al escuchar esas palabras, y por simple reflejo retrocedió rápidamente, casi cinco metros de donde estaba parada, cargando de nuevo sus manos con su magia, lista para atacar si acaso esa persona se atrevía a dar aunque fuera un paso hacia ella. Parecía que acababa de tocar una llaga que no debía tocarse.
- ¿Cómo sabes el nombre de mi madre? – Preguntó con fuerza, con notoria exigencia en su voz. – ¡¿Quién eres?
El chico guardó silencio, sin moverse ni un centímetro; las palabras de Raven no parecían intimidarlo. De pronto, tomó la capucha de su chamarra con la mano derecha, y se la retiró lentamente hacia atrás, dejando al descubierto su cabello rojizo, con peinado de pico al frente y una pequeña cola hacia atrás, ojos rojizos y serios que adornaban un rostro joven… de piel gris y pálida.
Raven se sorprendió en cuanto pudo ver por completo su cara, su piel, su mirada. No, no podía ser lo que estaba viendo.
- Lo sé porque te estuve buscando por mucho tiempo, y el nombre de tu madre fue mi única pista desde un principio. – Explicó el muchacho en voz baja y calmada. – Mi nombre es Jared. Soy tu hermano, Raven…
Los ojos de Raven se abrieron de par en par ante el asombro, y su magia se esfumó de sus manos sin siquiera quererlo… Para una persona que se supone debía que tener dominados sus sentimientos, esa no había sido su mejor semana…
FIN DEL CAPITULO 07
NOTAS DEL AUTOR:
- En este capítulo, Jared (el chico que aparece al final) llama a Raven como "Raven Roth", haciendo referencia también al nombre real de su madre, "Angela Roth". Este dato es basado en los cómics originales de Teen Titans, pese a que en la serie nunca se mencionó el nombre real de Arella.
- Jared, el chico que apareció al final de este capítulo, NO es 100% un personaje de mi creación. Se encuentra ligeramente basado en un personaje de los Cómics de Titans. Su nombre, su parentesco con Raven, y parte de sus poderes, se encuentran basados en éste. Sin embargo, su apariencia física, personalidad y algunos poderes agregados, son de mi creación.
