TEEN TITANS
THE
SINNERS
Por
Wingzemon X
CAPITULO 17
"La Misma Persona"
El último día de exámenes parciales en la preparatoria Murakami, coincidió precisamente con el día de San Valentine. Normalmente en este día, los chicos y chicas acostumbran regalar chocolates, paletas o rosas a esa persona especial que les interesaba, o en su defecto a sus conocidos y amigos. Los exámenes, sin embargo, volvían un poco difícil esa tarea, por lo que la mayoría intentaba aprovechar lo más posible el tiempo entre un examen y otro para entregar sus regalos. Pero esto no era algo que ocupara mucho a Tamy Hawk. Aunque algunos chicos, e igual algunas amigas, le habían dado regalos, la joven rubia y de ojos azules sólo pensaba en pasar de manera satisfactoria su último examen, costara lo que costara.
La Historia Universal nunca había sido su mayor fuerte, aunque tampoco se consideraba principalmente mala en ello. Tres cuartos de las preguntas referentes a la Revolución Francesa, y los movimientos de independencia en América, no representaban un mayor problema para ella. El cuarto faltante, requería un poco más de atención. Una vez que terminó de responder todas, comenzó a hacer un segundo repaso, el cual le ayudó a identificar y corregir tres respuestas erróneas. Hizo un tercer repaso, el cual ya no derivó en ninguna corrección más, por lo que consideró que era el momento adecuado para entregarlo.
Luego de entregar, salió al pasillo y se quedó afuera del salón aguardando a que sus amigas salieran. Mary fue la primera en salir, cómo esperaba. Se quedaron platicando unos minutos, antes de que la campana sonara al fin, marcando el final de la hora y por lo tanto del tiempo estipulado para resolver el examen. Sarah salió un rato después, junto con todos los demás que aún quedaban con ella.
- Felicidades, chicas. – Les dijo con curioso entusiasmo en cuanto salió. – Oficialmente sobrevivimos los parciales. Paletas de regalo para ambas.
Le extendió entonces una paleta de chocolate blanco en forma de corazón a cada una.
- Ya nos diste tres, Sarah. – Señaló Tammy, tomando dudosa la paleta que le ofrecía.
- Pues les daré más. Me sobraron demasiadas…
- No debiste haber comprado tantas. – Comentó Sarah, incapaz de ocultar la gracia que ello le causaba.
Terminados los exámenes de una vez por todas, podían darse el lujo de suspirar aliviadas para variar; aunque claro, esa reconfortante calma no duraría para siempre.
Una vez que estuvieron las tres juntas, comenzaron a caminar hacia la salida. Desde el día anterior habían acordado ir a comer una hamburguesa para celebrar el fin de los exámenes. La idea original era un helado, pero supusieron que tendrían demasiadas cosas dulces para comer ese día, y en efecto tuvieron razón al respecto.
- ¿Y a ti como te fue, Tammy? – Le preguntó Sarah.
- Creo que bien. Mínimo creo que sacaré un ochenta y cinco, aunque espero un noventa.
- No, tontita. Me refiero a los regalos.
- Ah, eso… - Tammy giró sus ojos, restándole importancia al tema. – Me regalaron una rosa, dos chocolates y cinco paletas, además de las tuyas.
- Siempre tan popular, qué envidia. – Comentó Mary con un tono juguetón.
- No soy popular. Y son sólo dulces, y una flor; no es gran cosa.
- Debes ser la única chica en la escuela a la que no le emociona recibir dulces y una flor este día.
- De eso no estoy segura.
No era que no le gustara recibir regalos; ¿a quién no le gusta? Pero sentía que la gente le daba demasiada importancia y significado a los regalos de ese día en especial. ¿Qué significaba realmente que un chico cualquiera te diera una flor de todas formas? ¿Significaba algo siquiera? ¿Se suponía que debía sentirse emocionada por ello? Si eso era lo que se suponía debía pasar, entonces quizás había algo malo en ella, ya que en verdad no sintió nada fuera de lo común cuando ese chico se le acercó y se la dio. ¿Sería acaso diferente si la persona que lo hiciera fuera alguien en específico?, ¿alguien en especial…?
- Estaba casi segura de que ese Joven Titán que siempre te persigue se aparecería y te daría algún regalo. – Oyó de pronto que Sarah agregaba a la conversación. Esa sola mención pareció hacer que Tammy se sobresaltara, casi asustada.
- ¿Hablan acaso de… Chico Bestia?
- Sí, ese mismo. ¿Lo has vuelto a ver?
Tammy dudó en dar una respuesta.
- No… No he sabido nada de él en un rato…
- Aún no cantes victoria. – Mencionó Mary, al estar ya prácticamente frente a las puertas que daban al exterior. – Podría estarte esperando afuera como las otras veces.
A Tammy ese comentario le causó una mezcla de sentimientos. Normalmente la idea de encontrarse con ese chico que insistía en llamarla Terra, le era realmente incómoda. Sin embargo, luego de lo ocurrido con ese otro extraño que había entrado a su habitación a amenazarla, por alguna razón le hacía sentir un poco segura la idea de que Chico Bestia pudiera no estar muy lejos de ella…
- No digas tonterías. – Respondió Tammy con seriedad. – Estoy segura de que nadie…
Tammy colocó sus manos en las puertas y las empujó hacia afuera. Esperaba sentir la luz de exterior tocando la piel de su rostro y sus ojos, pero en su lugar… Sólo encontró sombras. Al alzar su mirada con más detenimiento al frente, se encontró cara a cara con la figura alta y fornida de un hombre que le cubría el paso, y la miraba fijamente hacia abajo con el único ojo visible que se asomaba de su máscara…
- Hola, Tammy. – Pronunció ese extraño con un tono profundo e intimidante. – Feliz Día de San Valentine.
Esa imagen, esa voz… Tammy se quedó casi petrificada; su única reacción posible fue dar un paso hacia atrás, inspirada por el miedo. Era ese hombre, el mismo que se había aparecido en su cuarto hace unos días atrás. Lo reconocía sin ningún problema. Su altura, su voz, esa máscara, la mitad negra, la mitad bronce; su armadura, la confianza y firmeza que mostraba en su postura… ¿Qué hacía ahí, en su escuela? Comenzó a sentir que su cuerpo comenzaba a temblar sin control…
- Tammy… ¿Quién es este hombre? – Preguntó Mary, algo nerviosa también por la extraña persona que había aparecido ante ellos.
El hombre enmascarado desvió su atención unos instantes de Tammy, hacia las otras dos chicas que la acompañaban.
- Supongo que ellas han de ser tus supuestas amigas, ¿o no?
El escuchar como mencionaba a sus dos compañeras, pareció hacer que Tammy saliera un poco de su estado de shock.
- ¡A ellas déjalas en paz! – Le gritó con fuerza, colocándose rápidamente frente a Mary y Sarah. – Lo que sea que quieras, es conmigo, ¡¿no?!
Se escuchó una ligera risilla burlona surgir de debajo de la máscara de ese hombre.
- De hecho, Tammy, creo que hay espacio para más en esta fiesta.
En ese momento, se volvió claro que no venía solo. Detrás él, se acercaban los que parecían ser decenas de robots, con formas humanoides, vestidos con atuendos y armaduras muy parecidas a las de él. Comenzaron a rodear la escuela, y a entrar por ella por las ventanas y las puertas. Todo aquel que seguía dentro del edificio, era imposibilitado para salir…
Tammy miró a todos lados, viendo con horror como el interior del edificio era rápidamente tomado por todos esos robots, todos ellos de una apariencia muy similar a la del hombre frente a ella. Dos de ellos tomaron a Sarah y Mary, y las apartaron de ella con cierta violencia.
- ¡No!, ¡suéltenme! – Exclamó Mary con fuerza, forcejeando pero siendo incapaz de liberarse del agarre de las manos mecánicas que la apresaban.
- ¡¿Qué es lo que está pasando, Tammy?! – Gritó Sarah, totalmente aterrada.
Tammy era incapaz de moverse, o de asimilar lo que estaba pasando ante ella…
Robin había tenido un entrenamiento extenuante desde pequeño para poder controlar sus emociones; en especial para desarrollar la habilidad de despejar su cabeza de ellas cuando lo requería. Así podía tener la mente clara, pensar y analizar las cosas con detenimiento, y encontrar la mejor salida a cualquier problema. No era una tarea fácil. Al final del día, eran seres humanos, incluso Batman lo era; pero siempre se había considerado hábil para lograrlo, al menos cuando era requerido. Sin embargo, esa ocasión en especial, en la que realmente necesitaba tener su mente clara y sus emociones en orden, el lograr tal tarea no le era ya tan sencillo… De hecho, se había vuelto algo que rozaba en lo imposible.
Él y los otros Jóvenes Titanes se dirigieron de inmediato a la ciudad, y luego se separaron en búsqueda de Raven. Ya llevaban algunas horas recorriendo las calles de punta a punta, pero hasta ahora ninguno le había reportado ningún hallazgo, y él mismo tampoco había encontrado nada. Raven se había ido de la Torre sin su comunicador, por lo que era imposible rastrearla. Les preocupaba sobre todo el estado en el que había salido, tan inestable que podría terminar siendo un peligro para alguien, o incluso para sí misma.
Lo ocurrido en la enfermería se repetía en su cabeza una y otra vez. Todo ello ciertamente lo había conmocionado. No era que hubiera tenido miedo o algo parecido, sino más bien se sentía sorprendido, confundido, incapaz de digerir lo que Raven había hecho y dicho. Desde hace unos días había presenciado diferentes momentos en los que las reacciones de su compañera distaban de ser las que él conocía; pero nada de lo que había visto, absolutamente nada, podría haberle ayudado a predecir qué pasaría lo que pasó. Sin embargo, por extraño que pareciera, no era la rareza del acto lo que más ocupaba y confundía su mente, sino… Preguntarse cuánto de lo que había escuchado era cierto.
Mientras pensaba en todo esto, se vio a sí mismo andando por una de las calles principales en su motocicleta. Había interrogado a un par de personas, pero nadie había visto nada útil; era bastante frustrante. Se detuvo unos momentos, estacionando su motocicleta a un lado de la banqueta. Se retiró su casco, pero no se bajó del vehículo, sino que se quedó sentado, mirando fijamente al frente. Nada en especial, sólo al vacío.
La caja de chocolates rota en el suelo fue lo primero que recordó en ese mismo instante. La conversación sobre chocolates en el vehículo aquella tarde luego de su encuentro con Red X, la vez que la encontró en la cocina al parecer cocinando, y por último el chocolate que le había comprado a Starfire. ¿Todo estaba conectado? ¿En verdad esos chocolates eran para él? ¿Desde cuándo tenía pensado hacerle ese regalo? Chico Bestia parecía saber algo al respecto, pero de seguro no le diría nada. ¿Qué significaba realmente todo eso?
Algo, o más alguien, cubrió el sol sobre él unos segundos. Cuando alzó su mirada, pudo ver sin problema la silueta delgada de Starfire, descendiendo lentamente desde los aires hacia él. El ver a su compañera pelirroja de repente, siempre le había causado diferentes reacciones y sensaciones. Sin embargo, la que sentía en esos momentos era de cierta forma, algo nueva…
- Starfire. – Murmuró en voz baja, intentando ocultar su asombro.
Star descendió hasta pararse en la banqueta a su lado; él se bajó de la moto incluso antes de que sus pies tocaran el pavimento. La Tamaraniana no lo volteó a ver fijamente. Tenía su rostro desviado hacia otro lado, y con su mano derecha se sujetaba su brazo izquierdo, como un pequeño tic de incomodidad, un sentimiento que ciertamente Robin lograba entender en esos momentos.
- ¿Tuviste suerte, Robin? – Le preguntó con quizás el tono más serio que le había escuchado en todo el tiempo que la conocía.
- No, parece que nadie la ha visto por aquí. ¿Y tú?
Starfire simplemente negó con su cabeza como respuesta. Luego de eso, sólo hubo silencio.
Ninguno volteaba a ver al otro. Y a pesar de que los dos parecían querer decir algo, ninguno se atrevía a abrir siquiera la boca. Cuando ya casi iba a pasar un minuto entero, Robin estaba a punto de intentar romper esa incómoda situación de algún modo, pero entonces su comunicador comenzó a sonar en ese mismo momento.
Salvado por la campana, Robin tomó el comunicador de su cinturón, y en la pantalla de éste se mostró la imagen de Chico Bestia.
- Aquí Chico Bestia.
- ¿Qué ocurre, Chico Bestia? ¿Encontraste algo?
- Sí, una pista. Todo es un desastre aquí en el centro, y la gente dice que fue causado por una chica muy parecida a Raven que cayó del cielo.
- ¿Del cielo?
- Eso es lo que dicen…
Le hubiera gustado poder decir que las opciones para "chica que cayó del cielo" eran reducidas, pero lo cierto es que no lo eran tanto en esa ciudad. Sin embargo, era su mejor pista hasta el momento, y era muy probable que fuera lo que estaban buscando.
- Vamos para allá. – Le indicó con firmeza, justo antes de cortar la comunicación. Se viró entonces a Starfire, que aguardaba paciente. – Chico Bestia tiene algo. ¿Vamos?
- Sí… - Le respondió la extraterrestre con un tono muy suave.
A Robin en verdad le molestaba verla así. Conocía a la Starfire feliz, a la Starfire preocupada, a la Starfire enojada, incluso a la Starfire triste. Pero la Starfire que en esos momentos estaba parada ante él, no encajaba en ninguna de ellas. Era como una completa extraña para él…
- Starfire… ¿Estás bien? – Se atrevió a preguntar, aunque podía intuir de antemano la respuesta.
Ella lo volteó a ver de reojo, y le sonrió muy levemente
- Aún me siento un poco débil. Pero dime, Robin, ¿tú estás bien?
- ¿Yo? – Fue lo primero que respondió, confundido por la extraña pregunta. – ¿Por qué lo preguntas?
- Es sólo que Raven parecía estar un poco… Agresiva contigo hace un rato…
Robin se sintió un poco avergonzado por la mención. ¿Agresiva?, ¿esa era la forma de describirla? En efecto, estaba algo "agresiva", en más de una forma.
- No me lastimó ni nada parecido. No te preocupes.
- Eso me alegra. Pero creo que me preocupa más lo que te dijo que lo que hizo…
Robin se sorprendió un poco al escucharla decir eso.
- ¿Qué tanto escuchaste… de eso?
- Creo que desde la parte en que Raven dijo que era más bonita, inteligente y poderosa que yo…
El tono que había usado para decirlo, era ligeramente burlón; sin embargo, no se percibía para nada que la intención hubiera sido transmitir alegría o diversión en sus palabras.
- No debes de tomar enserio lo que dijo. Es obvio que esa no era la Raven que conocemos; ella no estaba bien, algo raro le ha estado pasando. No sé qué es con seguridad, pero ha estado así desde que el tal Jared apareció.
- ¿Jared? – Repitió, parpadeando un par de veces. – ¿Su hermano?
- Si es que en verdad es su hermano. Estoy casi seguro de que él tiene algo que ver con esto. – Apretó con fuerza sus puños en señal de frustración. – Jamás debí de haberle dicho que fuera a hablar con él. Fui tan tonto. Debí de haber previsto que podría tratarse de una trampa de algún tipo. Si tan sólo la hubiera detenido…
- No debes de sentirte culpable, Robin. – Le interrumpió de pronto. – En especial porque creo que tal vez ya estaba así, un poco… desde antes de eso.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a que…
Las palabras de Starfire fueron cortadas aún antes de terminar de ser pronunciadas. La Tamaraniana bajó un poco su mirada al suelo, y entonces se volteó hacia otro lado, casi dándole la espalda a su compañero.
- Robin… - Murmuró en voz baja sin mirarle. – ¿Qué sientes tú por Raven?
- ¿Qué? – Exclamó el Chico Maravilla, confundido. – ¿Por qué me preguntas eso en un momento así?
- Porqué estoy segura que tú nunca te lo has preguntado claramente, ¿o sí?
¿Qué clase de respuesta era esa? Robin no sabía que pensar de esas preguntas, o de la actitud que Starfire estaba tomando en esos momentos. ¿Qué significaba todo eso?, ¿a dónde quería llegar?
- No creo que sea el momento adecuado de hablar de esto…
- ¡Es el momento más adecuado! – Escuchó Starfire pronunciaba con fuerza de golpe. – Por favor…
Robin no podía ver su rostro, pero notó que sus hombros temblaban un poco, y también su voz se había quebrado ligeramente tras ese último "por favor".
- Yo… Creo que Raven es para mí como la hermana que nunca tuve. Concordamos en algunas opiniones, y puedo hablarle de varias cosas… Bueno, en general creo que puedo confiar en ella para todo, y creo que ella también confía mucho en mí. Desde que entró en mi mente en la ocasión que alucinaba con Slade, siento que me entiende mejor de lo que yo me entiendo en ocasiones.
- ¿Te preocupas por ella?
- ¿Qué dices? Por supuesto que sí.
- A pesar del frío y duro exterior que siempre tiene consigo, ¿cuándo estás con ella sientes que puedes atravesar esa barrera con gran facilidad, y que lo que ves del otro lado es algo que sólo ha sido hecho para tus ojos?
- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Starfire volvió a guardar silencio por unos segundos, en los cuales la mente de Robin no dejaba de andar al mil por hora, saltando de una idea a otra. De pronto, la extraterrestre comenzó a girarse lentamente hacia él otra vez, y, para su sorpresa, al mirar de nuevo su rostro pudo ver que ella sonreía… ampliamente. No parecía una sonrisa forzada, o una que disfrazara tristeza, pero tampoco parecía ser de felicidad… Era algo diferente…
- Yo sé lo que es tener una hermana y un hermano, y no creo que lo que tengas con Raven encaje en esa descripción. Yo creo que Raven es más importante para ti de lo que crees. Tal vez ninguno lo sabe con seguridad aún, pero yo noté que desde aquella ocasión en la que Raven entró a tu mente para ver lo que tú veías, ella y tú crearon un vínculo muy especial como acabas de decir hace un momento. Y no me refiero a un vínculo mágico, sino a algo más profundo que eso. Ella comenzó a confiar más en ti, y tú en ella. Era como si se comenzaran a entender mutuamente de una manera perfecta.
- Starfire… - Fue lo único que logró salir de los labios de Robin, que se encontraba preso del asombro.
- Todos piensan que soy algo tonta, distraída o inocente con esas cosas, y tal vez sea cierto. Pero sí pude notar que Raven comenzó a actuar diferente contigo desde entonces. Sólo en ti confió ampliamente con el asunto de su padre al inicio, y tú te preocupaste realmente por ella. Bajaste hasta ese sitio aterrador para rescatarla, y darle esperanza, y aún ahora sigues cuidando de ella…
- ¡Pero eso no significa nada! – Pronunció el Titán con fuerza, extendiendo su brazo hacia un lado. – ¡Yo hubiera hecho eso por cualquiera de mis amigos! Por Raven, por Cyborg, por Chico Bestia… Por ti.
- Yo lo sé, porque Robin es esa clase de chico. Pero pienso que con Raven es algo diferente. ¿Tú no lo crees igual?
- No, ¡no es así! – De la nada, Robin se le acercó y la tomó de los brazos; no con fuerza, sólo con un pequeño agarre. Y la miró fijamente a los ojos a través de su antifaz. – Starfire, lo que pasó en la enfermería no significa nada. Todo esto es sólo un malentendido. Tú sabes lo que siento por…
No fue capaz de terminar su oración. Enserio deseaba decirlo, enserio deseaba poder terminar… Pero no pudo. Nada surgió de su boca, casi como si alguien se la hubiera tapado con una mano para que no hablara. Starfire lo miraba sin dejar de sonreír. Esperó unos instantes, pero cuando se volvió obvio que no diría nada más, ella pareció dar un paso adelante por él.
- ¿Por mí? – Murmuró despacio, tomando por sorpresa a Robin. – Eso ibas a decir, ¿verdad? Pero, ¿exactamente qué sientes por mí, Robin? ¿Tus sentimientos por mí son más claros que los que tienes por Raven?
Y de nuevo, tuvo deseos, enormes deseos, de decir algo. Su boca se abrió, convencido de responder un "¡por supuesto que sí!". Pero una vez más, nada se escuchó. No pudo decir nada, nada como respuesta a su pregunta. Se quedó totalmente en blanco… Lentamente retiró sus manos de los brazos de su compañera, y retrocedió un par de pasos. Se sentía extrañamente mareado. Rápidamente intentó cada ejercicio mental que le habían enseñado para serenar sus pensamientos, pero apenas y lograban tener algún efecto en él.
- No debes de avergonzarte, creo que es algo normal. – Escuchó que Starfire le decía, aunque él tenía su mirada y atención en otro lado. – Yo también me siento un poco así en estos momentos. Fue algo muy extraño realmente. En todo este tiempo me estuve poniendo celosa y furiosa con cuanta chica se acercaba a Robin, y creía que era porque, tal vez, Robin me gustaba. Pero el verte con Raven está mañana, fue algo diferente. Al verlos, no sentí los mismos celos que antes. De hecho, no me sentí celosa en lo absoluto, sino al contrario. Por alguna razón, entre todo mi asombro y confusión… - Alzó su mano derecha, colocándola sobre su pecho. – Sentí un calor agradable justo aquí, algo parecido a cuando brota de mí una gran felicidad, aunque era un poco diferente. Fue realmente extraño. Lo he estado pensando todas estas últimas horas, y creo que sólo puede deberse a que Robin y Raven son dos de mis personas más importantes para mí… Quizás, me atrevería a decir, son mis dos amigos más preciados en este planeta. Pero si en estos momentos exactos intento decidir cuál de los dos es más importante… No logró hacerlo. Si Robin me gustara como siempre lo he pensado, ¿no debería de ser fácil decir que lo siento por él es mayor? Eso me hace pensar que tal vez yo tampoco tengo muy claro mis sentimientos hacia ti. – Una sonrisita divertida se dibujó unos momentos en su rostro, como si se acabar de acordar de un viejo chiste. – Creo que a eso es a lo que aquí llaman ser… ¿joven?
- Pero… Yo… Tú… - Comenzó a balbucear el chico de antifaz, sin lograr decir nada realmente.
Lo que escuchaba le parecía tan irreal, tan ajeno; lo mismo hubiera dado que lo hubiera dicho en su idioma natal.
Starfire alzó su mirada, y volteó a ver alrededor. No muy lejos de donde estaban parados, había un área cercada para ahuyentar a los curiosos. Del otro lado de dicha cerca, se encontraba algo a medio construir, o más bien reconstruir. Starfire sabía claramente qué sitio era ese. Era, y ciertamente "era", su pizzería favorita. Hace ya tal vez mes, durante la visita de Súper Chica, terminó siendo destruida por Adonis cuando comían con ella. Se veía que apenas habían comenzado con las construcciones, y aún faltaba mucho para que terminaran; de hecho, ni siquiera estaban seguros de que volvería a ser la misma pizzería…
- Robin, ¿recuerdas este lugar? – Le cuestionó de pronto.
- ¿Qué cosa?
- Este lugar, ¿lo recuerdas?
Aún confundido, Robin volteó a ver hacia donde ella miraba.
- Claro que lo recuerdo. Es la pizzería, siempre estamos por aquí.
Robin no entendía el porqué de su pregunta, y mucho menos porque la hacía en un momento como ese. Sin embargo, Starfire no tardó en aclarar mejor lo que quería decir realmente.
- Pero también fue aquí donde nos conocimos hace ya mucho tiempo por primera vez.
- ¿Dónde nos…?
La mente de Robin comenzó a aclararse un poco. Claro, en efecto había sido ahí, o muy cerca de ahí. El primer día que llegó a Jump City, el mismo día que Starfire, literalmente, cayó del cielo hasta ese lugar.
- ¿Recuerdas el contacto labial que usé para aprender tu idioma aquella noche? – Escuchó que la pelirroja decía de pronto, tomándolo por sorpresa. – Lo que tú llamas beso. En aquel entonces yo no conocía el significado que ese acto tenía para los terrícolas; eso lo fui aprendiendo en mi vivencia en la Tierra, contigo y los otros, en la televisión, y sus vistosos libros con imágenes para chicas. Ahora entiendo que ese acto tiene más significado del que yo pensaba. – Volteó en ese momento a mirarlo sobre su hombro. – ¿Lo tuvo para ti?
Robin fue incapaz de ocultar su sonrojo, así como su pena por lo que le acababa de decir. ¿Qué si lo recordaba?, ¡por supuesto que lo recordaba! No era precisamente un primer encuentro fácil de olvidar. Aunque sólo había sido en efecto para aprender su idioma, aun así había sido un beso… ¿no?
- ¿Nunca has pensado que tal vez fue la emoción de ese acto lo que te hizo creer que tal vez yo te gustaba?
- ¡Claro que no fue así! – Le respondió de inmediato con fuerza.
- ¿Estás seguro? Nunca nos hemos dado otro beso luego de eso. En aquel entonces te tomé por sorpresa, por lo que no puede considerarse un beso de verdad, ¿o sí? No con ese significado tan importante que ustedes le dan…
De pronto, elevó sus pies sólo unos centímetros del suelo, y se le acercó, hasta colocarse justo frente a él, cara a cara a una distancia considerablemente reducida. Robin se sintió un poco intimidado por esa aproximación, e hizo su cuerpo hacia atrás un poco, aunque no retrocedió ni un paso. Starfire lo miró atentamente con sus grandes ojos verdes, y le volvió a sonreír, justo como lo había hecho hace unos momentos.
- Dime, si me diera un segundo beso ahora, con más calma y conscientes de lo que hacemos, y en este mismo sitio… ¿crees que podrías darte cuenta si realmente te gusto o no?
- ¡¿Qué?! – Exclamó el Chico Maravilla, casi espantado por lo que acababa de oír.
Satarfire rio ligeramente por su reacción.
- Creo que lo vi hace tiempo en un programa de televisión. ¿Qué dices?
El rostro de Robin se puso totalmente rojo. Se volteó hacia otro lado apenado, en un intento de que ella no lo notara, pero era algo difícil de no ver.
- No digas tonterías, Star. No… Creo que sea buena idea en estos momentos…
Antes de que pudiera terminar de hablar, sintió como las manos de la Tamaraniana tomaban su rostro, y lo giraban lentamente hacia ella de nuevo. Pensó en oponer resistencia, pero su cuerpo simplemente no lo obedeció. Al virarse de nuevo al frente, se encontró con que Starfire ya tenía su rostro considerablemente cerca del suyo, a sólo algunos centímetros, tan cerca que era capaz de percibir por completo el aroma de su piel,
- No creo que sea una tontería. ¿No me has dicho siempre que en una misión es importante tener la mente clara y enfocada en nuestro objetivo? Creo que ninguno de los dos puede decir que está haciendo eso justamente en este momento. Yo creo que es la única forma de solucionar este problema y poder enfocarnos en ayudar a nuestra amiga Raven.
En ese momento retiró sus manos de él, y cerró lentamente sus ojos, quedándose en la misma posición y distancia. Robin sabía qué era lo que ella esperaba que hiciera. Se tomó unos segundos para debatir si era lo correcto o no. Había imaginado muchas veces ese momento en su cabeza, pero por alguna razón se sentía paralizado y renuente a hacerlo. ¿Por qué? La lógica le decía que la situación y los motivos por lo que lo hacían, no eran los correctos ni los que él deseaba. Pero esa era una resolución muy emocional, y su negación parecía más cognitiva. ¿Había algún motivo más lógico que pudiera causarle ese malestar?, ¿algún razonamiento? Si tuviera que elegir uno, quizás sería que sabía, o intuía, qué pasaría si lo hacía, y resultado posible era lo que lo alejaba…
Robin respiró con fuerza, y se convenció a sí mismo de tomar valor. Alzó sus manos colocándolas en sus hombros, y cerró también sus ojos. Rompió la corta distancia que había entre ambos, y entonces unió sus labios a los de Star, creando de esa forma ese segundo beso con tanto tiempo de distancia del primero. Los labios de Starfire eran cómo creía recordarlos: cálidos y suaves. Los sintió temblar un poco contra los suyos. Se quedaron unidos por varios segundos, antes de que Robin tomara la iniciativa de separarse. Alejó su rostro del de ella unos centímetros, y entonces volvió a abrir sus ojos; Star hizo lo mismo un instante después.
Ninguno dijo nada de inmediato. Sólo se quedaron viendo el uno al otro, con expresiones neutras en sus rostros.
- ¿Y? – Murmuró Starfire en voz baja, esperando algún tipo de respuesta, pero Robin siguió sin responder.
El Chico Maravilla desvió la mirada hacia su izquierda, y retiró con cuidado sus manos de los hombros de su amiga. Separó sus labios con la intención de decir algo, pero antes de que media palabra surgiera de estos, su comunicador comenzó a sonar por segunda vez. Ambos miraron el comunicador parpadear en el cinturón de Robin, pero ambos parecían con sus mentes tan distantes, que ninguno entendió de inmediato que debían responder.
Robin, luego de algún rato, logró reaccionar, y tomar el comunicador; en la pantalla surgió la imagen de Cyborg.
- Aquí Robin.
- Robin, tienes que venir. – Le indicó Cyborg, algo alarmado desde el otro lado de la comunicación. – Está pasando algo grave en la preparatoria Murakami.
- ¿Murakami?
El nombre fue más que reconocible para Robin; era la escuela en la que estudiaba Tammy Hawk, quien Chico Bestia estaba seguro que era Terra.
- Y no me creas mucho, pero creo que Slade está involucrado.
Cyborg desapareció de la pantalla, y un rato después Robin pudo ver que había extendido su comunicador hacia la escuela para que pudiera ver. Había una multitud de gente reunida frente al edificio, pero más allá de eso, logró ver que había varias figuras paradas en los techos y patio frontal, figuras que no le eran nada extrañas al Chico Maravilla. Todos humanoides, con el mismo tipo de armadura que Slade usaba, con cabezas redondas negras, y con un circulo color cobre al frente. Eran los robots del ejército de Slade.
Si Slade estaba en ese lugar, sólo podía ser porque iba tras Tammy Hawk. Pero eso implicaría que también sospechaba que ella era Terra. Sin embargo, Slade no era ningún tonto; de hecho era uno de los hombres más listos que había conocido. No iría tras ella de esa forma, al menos que estuviera complemente seguro de que fuera ella a quien buscaba. Además, si su intención fuera matarla, ¿por qué hacer un despliegue tan público? Había algo que no encajaba.
- Vamos para allá. – Le indicó Robin con firmeza, antes de cortar la comunicación.
- ¿Qué pasará con Raven? – Cuestionó Starfire quien había escuchado con detenimiento toda la conversación.
- Tendremos que esperar, esto puede ser una situación más que grave. Esperemos que Raven esté bien.
Robin se montó de nuevo a su motocicleta, pero antes de colocarse su casco, se detuvo. La llamada abrupta de Cyborg quizás había interrumpido el momento, pero no por eso había hecho que olvidara lo que acababa de pasar.
- Starfire... – Comenzó a decir teniendo su mirada puesta en el casco entre sus manos. Si tenía intención de decir algo más, estas palabras al parecer se quedaron a medio camino.
La pelirroja volvió a sonreír, de esa misma forma: no forzada, no fingida, pero tampoco feliz.
- Descuida, lo sé...
Decirlo con palabras era más un mero formalismo. En realidad, no era necesario que ninguno dijera nada. Ambos sabían muy bien lo que el otro pensaba. Starfire había tenido más razón de la que Robin hubiera intuido: ese beso había sido demasiado revelador…
La Tamaraniana comenzó a elevarse del suelo de pronto.
- Me adelantaré, ¿de acuerdo?
Sin esperar una respuesta, se elevó con más velocidad y se alejó volando en dirección a la escuela. Robin la siguió con la vista hasta que la perdió en el cielo. Con algo de frustración, golpeó el manubrio de su moto con su puño derecho. Starfire sí se había equivocado en algo. Se suponía que ese beso debía de ayudar a aclarar su mente y enfocarse en la misión, pero había tenido todo el efecto contrario.
Se colocó su casco, y arrancó, dirigiéndose a gran velocidad hacia el mismo destino.
Los alrededor de cincuenta robots que Slade había llevado consigo, rodearon rápidamente toda la Preparatoria Murakami, y la sellaron por completo. Veinte estaban afuera del edificio, en su fachada, patios y techos. Otros veinte rondaban y vigilaban los pasillos y salones en el interior, buscando cualquier irregularidad. La noticia se había esparcido rápido, pues de hecho no se había hecho ningún intento por ser discretos. El ataque había sido a la luz del día, y en plena hora de salida. Un cerco policiaco ya se había colocado alrededor de la escuela para alejar a toda la enorme multitud de gente que comenzó a reunirse justo frente a la escuela, la mayoría personas que sólo pasaba por ahí, algunos alumnos que sí habían alcanzado a salir, y también familiares de los que mo habían tenido tanta suerte.
Adentro de la escuela, Slade se encontraba en la cafetería, elegida especialmente por ser un punto céntrico del terreno. Todas las mesas y sillas habían sido retiradas, y amontonadas frente a las puertas a forma de barricadas. Los diez robots restantes estaban parados alrededor de esa área abierta, firmes como si fueran los guardias de un castillo. Slade había reunido ahí a toda aquella persona que seguía adentro cuando llegaron, y ahora eran sus rehenes; incluyendo al director, maestros, trabajadores, alumnos… Todos estaban reunidos ahí, amarrados con sogas, y sentados en el suelo. Todos eran en esos momentos presas del pánico, sin saber qué era lo que les iba a pasar, o qué tenía pensado ese sujeto hacer con ellos; algunos incluso habían comenzado a llorar sin lograr controlarse.
Habían dejado solamente una mesa de pie, colocada justo frente al área en la que servían la comida. En ella se encontraba sentado Slade, en una silla ligeramente inclinada hacia atrás, y con sus pies subidos a la mesa de forma aparentemente cómoda. Del lado contrario, justo frente a él, se encontraba Tammy, también sentada en una silla. No estaba amarrada, ni nada parecido; sólo estaba ahí, mirándolo fijamente con expresión dura, pero también nerviosa. Tenía sus dedos aferrados a su falda, y éstos temblaban ligeramente. Sobre la mesa, Slade había vaciado el contenido de su mochila: sus libros, sus cuadernos, y también los chocolates y paletas que había recibido ese día. Quizás buscaba algo fuera de lo normal, pero al parecer su búsqueda no había dado muchos frutos.
- Pareces tensa, pequeña Tammy. – Comentó el hombre de máscara frente a ella de pronto, y entonces extendió su mano, tomando uno de los chocolates que había sacado de su mochila, y lo deslizó sobre la mesa, hasta que éste quedara justo frente a ella. – ¿Por qué no comes un chocolate? El chocolate tiene un curioso efecto en el cerebro humano. Estimula las endorfinas, y produce una gran sensación de bienestar general. Ayuda a aliviar la tensión, sirve de analgésico al dolor, e incluso tiene funciones afrodisiacas.
- ¿Por qué no comes entonces tú uno? – Pronunció de pronto con el tono más firme que le fue posible. – Tal vez eso calme tu enojo.
- No es mala idea, pero tendré que pasar. Cuando llegas a cierta edad, debes moderar tu consumo de azúcar.
Esa supuesta charla casual, no hacía más que molestar aún más a Tammy, y estaba segura de que esa era la intención final.
- ¿Qué es lo que quieres con todo esto? ¿Por qué me sigues persiguiendo? Ya te dije que yo no soy esa persona que buscas.
- ¿Enserio?
- ¡Por supuesto que sí! ¿Cuántas veces tengo que decírselos? Yo soy Tammy Hawk, y no conozco a ninguna Terra…
Slade no respondió nada de inmediato; ni siquiera movió un músculo. Sólo se quedó mirándola fijamente a través de su máscara. A pesar de ello, Tammy podía sentir su mirada como agujas, atravesándole la piel. Pasaron unos cuantos segundos, hasta que Slade al fin reaccionó. Acercó su mano a los compartimientos de su cinturón, y de estos sacó tres bolsas de plástico, y colocó una a lado de la otra frente a ella.
- ¿Te es familiar alguna de estas cosas?
Tammy, algo temerosa, bajó su mirada para ver lo que había colocado sobre la mesa. Cada bolsa tenía algo distinto. En la primera tuvo problemas para identificar qué era, pero luego se dio cuenta de que era un mechón de cabello, rubio. En la segunda, había una pequeña aguja punzante, y en la tercera un pedazo de tela, negra.
- Déjame te refresco la memoria. – Indicó Slade, y entonces bajó sus pies y se sentó derecho en su silla. Dirigió su mano derecha a los tres objetos, señalándolos mientras describía cada uno. –Este mechón de cabello le pertenece a Terra, a la Terra que fue en su momento mi aprendiz y la persona que estoy buscando. Esta aguja con sangre, de seguro ésta sí la recuerdas; es con la que te pinché aquel día en tu habitación, por lo que es lo mismo decir que ésta es tu sangre.
Tammy sintió un pequeño escalofrío al recordar aquel momento, e incluso le pareció volver a sentir por unos momentos el pinchazo en su pierna.
- Por último, éste pedazo de tela pertenece a un guante que se manchó con la sangre de la tercera supuesta Terra, aquella que me atacó y destruyó mi guarida hace sólo unos días atrás.
- ¿Por qué me dices todo esto?
- A eso voy. Mandé analizar y comparar las tres muestras entre ellas. ¿Y sabes cuál fue el resultado?
Tammy se encogió de hombros. Slade entonces inclinó su cuerpo un poco sobre la mesa, como queriendo estar lo más cerca posible de ella cuando le respondiera. El que estuviera aunque fuera unos cuantos centímetros más cerca, fue suficiente para que el miedo que Tammy sentía se acrecentara. Sin embargo, miedo era lo último que sentiría al escuchar lo que Slade tenía para decirle…
- El resultado fue que las tres, el cabello y las dos muestras de sangre… Pertenecen a la misma persona…
Los ojos de Tammy se abrieron tanto que casi se desorbitaban. Se quedó hecha piedra en su lugar por largo rato, incapaz de mover un dedo.
- La conclusión obvia, sería decir que en efecto, las tres muestras pertenecen a Tara Markov, alias Terra. – Mencionó Slade como dato final a su explicación, que no hizo más que arremeter contra la lluvia de confusión que abordaba su cabeza en esos momentos.
Volteó a ver cómo le fue posible los objetos en la mesa, como si esperara que echándoles un segundo vistazo pudiera encontrarle algo más de sentido, pero no era así.
- No… puede… ser...
- ¿Sorprendida? Me pregunto qué tanta de esa sorpresa será real.
- Debe haber un error, o estás mintiendo. Es imposible...
No se oía nada forzado, fingido o actuado en su tono; realmente parecía estar estupefacta, confundida, e incapaz de entender lo que acababa de escuchar. Sin embargo, no sonaba con un completo desconocimiento del tema. Su reacción no parecía ser la de alguien que acusaban de algo y podía negarlo con seguridad. Su reacción parecía más la de alguien que acusaban de algo, pero que se queda debatiendo consigo qué tan cierta podía ser esa acusación…
- Yo también pensé que era imposible en un inicio. La lógica me decía que sólo una de las muestras de sangre debía de concordar con el cabello de Terra. En lo personal, yo apostaba por ti. ¿Pero las dos? Si me inclinara hacia esta evidencia, significaría que tú, y la chica que me atacó en mi guarida, deberían ser la misma persona. Pero ella sólo ha hecho dos actos públicos en esta ciudad: la noche que me atacó, y justamente el día de ayer cuando peleó con los Titanes. Y en estas dos veces, he logrado verificar que tú te encontrabas prácticamente al otro lado de la ciudad al mismo tiempo.
Tammy no parecía reaccionar. Sus ojos seguían centrados en los objetos sobre la mesa. Uno pensaría que su atención estaba puesta en la aguja con su sangre, pero de hecho lo que más le llama la atención… eran los mechones de cabello rubio.
- ¿Entiendes el dilema en el que me encuentro? No sé con seguridad qué seas tú, y qué sea esa otra chica. Pero sí sé algo: de alguna forma, ambas son Terra.
- ¡No! – Exclamó Tammy con fuerza, parándose de golpe de su silla. – ¡Eso no es cierto! ¡Yo me llamo Tammy! ¡Tammy Hawk! ¡Yo no conozco a nadie llamada Terra!
Sus ojos comenzaron a temblar un poco y su voz a quebrarse. Era una clara señal de desesperación.
- ¿Cuantas veces crees que tienes que repetirlo para que al fin se vuelva verdad?
- ¡Déjala en paz, lunático! – Se escuchó que una tercera voz pronunciaba, y resonaba en el eco de la cafetería.
Entre las personas atadas en suelo, se encontraban Sarah y Mary. Ambas miraban fijamente a Slade con enojo, a pesar de su situación.
- ¿Que le es tan difícil de entender a todos ustedes que ella no es la chica que buscan?
- Ella no es ninguna Terra o Tara. Ella es Tammy, nuestra amiga y compañera.
- ¡Entiendan que se están equivocando de persona!
- Chicas, no... Por favor... – Murmuró Tammy en voz baja, claramente preocupada por lo que sus palabras podrían provocar si hacían enojar a ese hombre. – Dime qué es lo que quieres de mí y lo haré, lo juro. Pero no lastimes a nadie, por favor.
Slade parecía realmente indiferente a las palabras de las chicas; sin embargo, su reacción no era igual para la clara preocupación que Tammy parecía sentir cuando se trataba de ellas.
- Lo único que quiero es resolver este enigma. Y para eso, necesito que tu amiguita gemela aparezca y ver si realmente son dos personas.
- ¿Quieres que ella venga? – Murmuró despacio, y entonces miró de reojo hacia el fragmento de tela negra en la mesa. – ¿Pero qué te hace pensar que aparecerá?
Se escuchó una pequeña risilla surgir de detrás de su máscara. Se paró entonces de su lugar y comenzó a rodear la mesa.
- Te hago una pequeña visita a tu casa, y al día siguiente ella aparece en mi guarida. ¿Coincidencia?, no lo creo.
De pronto, Slade ya se encontraba justo frente a ella. Tammy dio un paso hacia atrás, intimidada por su cercanía, pero fue lo único que logró avanzar. Extendió entonces su mano hacia ella. Tammy cerró sus ojos con fuerza, paralizada ante la sola idea de lo que le haría. Sin embargo, para su sorpresa, sólo la tomó de su barbilla con su mano, obligándola a alzar su rostro hacia él, mas ella ni siquiera era capaz de abrir los ojos.
- Es casi como si te estuviera cuidando, ¿no es así? Ella aparecerá. He hecho demasiado ruido como para que no me escuché.
- ¿Y si no…?
Una vez más lo escuchó reír. Soltó su rostro, y sólo hasta que lo escuchó alejarse unos cuantos pasos se atrevió a abrir de nuevo los ojos; parecía dirigirse a las ventanas que daban al patio.
- Si no, creo que tendré que conformarme con desquitar mi venganza contra Terra, sólo en ti... – Se detuvo a medio camino, y entonces miró sobre su hombro a las demás rehenes. – Y quizás en ellos... Así que reza porque sí aparezca.
Siguió entonces su camino sin importarle el crudo efecto que su comentario había provocado en todos los presentes. Tammy se dejó caer de sentón en su silla. Miró unos momentos al suelo, y luego miró de nuevo hacia las tres muestras que Slade había dejado en la mesa.
Todo eso era su culpa. Ese hombre estaba ahí por ella, y ahora Sarah, Mary, y todos los demás ahí estaban en grave peligro. Tenía que hacer algo, pero… ¿Había algo que pudiera hacer?, ¿había alguna forma en la que podría salvar a sus amigas? Si fuera realmente esa tal Terra a la que él buscaba, si realmente tuviera esos poderes que describía Chico Bestia…
Por alguna razón, el sólo pensar en eso le provocó un fuerte golpe de ansiedad. Llevó su mano a su pecho, y pudo sentir como su corazón se había acelerado. ¿Por qué le causaba tanta incomodidad el pensar en ello? No importaba; debía enfocarse. No era momento de sentir pánico, o distraerse. Tenía que pensar, pensar en algo rápido. Lo cierto era que sólo tenía dos opciones: la primera, era esperar a que esa chica volviera a aparecer… ¿Pero realmente lo haría? Slade parecía muy seguro de ello. Sin embargo, ella no estaba convencida de querer verla en esos momentos, cuando aún ni siquiera digería por completo lo que Slade le había dicho. ¿Qué significaba todo eso?, ¿qué relación había entre ellas dos en realidad?
Tenía aún una segunda opción. Miró sobre su hombro, notando que Slade seguía volteado hacia la ventana. Discretamente introdujo su mano derecha en el bolsillo interno de su saco, extrayendo lo que tenía ahí oculto. No sabía por qué había preferido llevarlo ahí, pero al parecer había sido acertado; de haberlo tenido en su mochila, no sabía lo que ese hombre habría hecho de haberlo encontrado. Se trataba del comunicador amarillo y redondo que Chico Bestia le había dado aquel día. Dijo que si ocupaba ayuda algún día, o si ese hombre volvía a acercársele, le llamara. ¿Pero sería seguro hacerlo?, ¿valdría la pena arriesgarse…?
Para cuando Robin arribó a la escena, la cantidad de personas reunidas frente a la escuela Murakami se había multiplicado, así como la cantidad de policías. Satarfire y Cyborg se encontraban detrás de todas las personas; Starfire se mantenía elevada en el aire para ver mejor, aunque en realidad no había mucho de utilidad que se pudiera ver. Robin estacionó la motocicleta a un lado de la calle y se aproximó a sus compañeros con apuro.
- ¡Cyborg!, ¿cuál es la situación?
El chico androide lo miró sobre su hombro al oírlo, y luego se giró de nuevo al frente.
- Los robots de Slade resguardan todas las entradas posibles. Al parecer han colocado dispositivos explosivos por toda la escuela y tiene como rehenes a varios alumnos y profesores. Si alguien pone un pie dentro, amenaza con volarlos a todos.
Robin se sintió intrigado por la información que le acababan de compartir. Entrar a una escuela, tomar alumnos y maestros como rehenes, y colocar explosivos como amenaza; ese definitivamente no era el estilo de Slade. Él siempre había sido mucho más sutil y cuidadoso con sus movimientos. ¿Por qué hacer un despliegue como ese que llamara tanto la atención?
Una silueta comenzó a descender hacia ellos desde el cielo. Los tres alzaron su mirada al mismo tiempo, y vieron a un gran halcón verde bajar y convertirse en su compañero Chico Bestia a unos centímetros del suelo. Fue evidente de inmediato su consternación. Cyborg de seguro le había avisado de lo que ocurría, y al escuchar que era justamente en esa escuela, un fuerte sentimiento de preocupación debió de haberse apoderado de él.
- ¡Terra! – Exclamó con fuerza, al tiempo que se les acercaba. – ¿Dónde está Terra? ¿Está dentro?
- Aún no han determinado qué alumnos siguen adentro. – Le informó Cyborg.
- ¿Creen que Slade haya hecho todo eso por ir tras esa chica? – Cuestionó Starfire, no del todo convencida, aunque Chico Bestia no compartía su duda.
- ¡Claro que sí! Ella me dijo que Slade fue y la amenazó en su casa hace unas semanas atrás.
- ¿Eso quiere decir que él también piensa que esa chica llamada Tammy es Terra? – Señaló Cyborg, y entonces pareció darse el tiempo para meditar dicha idea. Robin intuyó que su línea de pensamiento era la misma que él había tenido: si Slade iba tras ella, lo suyo iba más allá de una simple teoría; de alguna forma debía estar seguro de que ella era su objetivo. – Si es así, ¿porque armar todo este espectáculo? ¿Por qué no sólo matar a la chica o llevársela con él...?
Eso era justamente lo que Robin se estaba preguntando. Pero por más que lo pensaba, todo eso parecía tener una única explicación posible.
- Porqué eso es justamente lo quiere, un "espectáculo". – Comentó de pronto con un tono serio. – Lo que Cyborg dice es verdad. Si su objetivo final fuera Tammy Hawk, no hubiera hecho todo esto. Simplemente hubiera ido tras ella directamente. Lo único que tiene sentido es que quiere llamar la atención de alguien.
- ¿De nosotros? – Señaló Starfire, a lo que Robin respondió negando su cabeza.
- Esto nunca se ha tratado de nosotros. Esto siempre ha sido entre Slade y Terra.
- ¿Entonces su verdadero objetivo… Es la otra Terra? – Comentó ahora Cyborg.
- Es lo más probable. De alguna forma Slade cree… No, más bien está seguro de que existe una relación entre la Terra con la que peleamos y la chica que estudia en esta escuela. Y no sólo eso, sino que de seguro piensa que tomándola prisionera, y haciendo todo este alboroto, llamará su atención y hará que se aparezca. Es obvio que Slade sabe algo de todo este asunto que nosotros ignoramos…
Las palabras de Robin fueron interrumpidas abruptamente, pues su comunicador comenzó a sonar. Sin embargo, no tardó mucho en darse cuenta de que no era sólo el suyo, sino también los de sus otros tres compañeros. Cada uno tomó su respectivo comunicador con una mano, y vieron como los cuatro brillaba parpadeante con luces rojas. Era una alerta general.
- ¿Creen que sea Raven? – Comentó Starfire, igual de confundida que el resto.
Robin no estaba muy convencido de ello, pero era una opción. Activó la llamada entrante para ver de qué se trataba. En la pantalla se mostró un rostro, rodeado de casi pura oscuridad. Se podía distinguir unos grandes ojos azules, y cabellos rubios que caían al frente.
- Chico Bestia... Chico Bestia, ¿estás ahí? – Se escuchó que una voz susurraba despacio del otro lado de la comunicación. Todos se sorprendieron al oír esa voz… Que todos pudieron reconocer.
De inmediato, Cyborg y Starfire se colocaron detrás de Robin para poder ver la pantalla. Escuchar la voz y ver fotografías era una cosa, pero verla directamente…
- No puede ser. – Murmuró Cyborg, incrédulo.
- Es ella. – Señaló Starfire, pronunciando en voz baja lo que pasaba por la cabeza de todos.
- ¿Chico Bestia? ¿Eres tú?
- ¡¿Terra?!
Chico Bestia activó su propio comunicador, para que en éste se reflejara justo la misma imagen que ellos miraban. En efecto, aunque no estaba bien iluminado, era claro que se trataba de ella: Tammy Hawk. Activó la cámara para que ella también lo pudiera ver.
- Ter... Digo, Tammy. ¿Estás bien? ¿Estás dentro de la escuela?
- Chico Bestia, gracias a Dios. – Murmuró la chica al otro lado, un poco aliviada. – Sí, estoy bien, todos estamos bien... Por ahora. Chico Bestia, tengo miedo... Este hombre está loco... Me matará a mí y a mis compañeros si esa chica Terra no viene...
- ¿Dónde estás, Tammy?
- Estamos todos atrapados en la cafetería. Me escabullí a la cocina unos momentos, pero no tardará en ver que no estoy. Por favor…
De pronto la imagen en el comunicador se movió y agitó abruptamente. En un abrir y cerrar de ojos, Tammy ya no aparecía en la imagen, y sólo se alcanzaba a ver sombras.
- ¿Tammy?, ¡Tammy! – Exclamó Chico Bestia con fuerza, esperando recibir algún tipo de respuesta. Pero no fue lo que esperaba…
- Eres una chica bastante traviesa, Tammy. – Escucharon surgir de pronto la voz profunda y reconocible de su más conocido archienemigo.
- ¡Slade! – Masculló el chico de piel verde con furia en su tono.
Slade tomó el comunicador y lo colocó frente a su rostro. Su máscara de un sólo ojo se mostró con claridad en la pantalla.
- Éste es un asunto personal, Titanes. Ninguno de ustedes debe de intervenir. O de lo contrario...
Lo último que se escuchó fue un crujido, y justo después la señal se cortó por completo.
- ¡Terra!, ¡no!
Ni siquiera necesitó pensarlo dos veces. Literalmente tiró su comunicador a un lado, y de inmediato tomó la forma de un pequeño ratón.
- ¡Chico Bestia!, ¡espera! – Intentó indicarle Robin, pero no escuchó para nada.
Usando su reducida forma, comenzó a moverse con gran agilidad entre los pies de las personas paradas frente a la escuela, para abrirse camino hasta ese lugar…
FIN DEL CAPITULO 17
Notas del Autor:
Vaya, no tienen idea de lo complicada que se me hizo escribir este capítulo, más específicamente la escena de Robin y Starfire. Y antes de que alguien quiera señalarme que Robin y Starfire ya se habían dado otro beso en la película de Teen Titans: Trouble in Tokyo, sólo quiero recordarles que en las Notas Iniciales del Capítulo 01, justamente mencioné:
- En este Fanfic se omite lo ocurrido en la película Teen Titans: Trouble in Tokyo.
Así que no pueden decir que no se los advertí. Y si es que se dieron otro beso durante la serie previo a esa película, la verdad no lo recuerdo, pero ya estoy viejo y mi memoria es poco confiable. Pero bueno, quizás lo ocurrido aquí pueda llegar a molestar o incomodar a algunos. Sin embargo, aunque esta historia toca muchos temas diferentes, al final del día es un Fanfic de Robin y Raven. Aun así, he procurado a lo largo de sus capítulos no omitir que en la serie se dejó muy claro que había algo entre Robin y Starfire, como he visto que algunas historias prefieren hacer. Lo que sí puedo aceptar es que alguno me quiera señalar que en la escena en cuestión, haya sentido a Starfire un poco fuera del personaje. Ciertamente intenté evitarlo, pero era una situación en la que no estaba muy seguro de cómo reaccionaría. Todo lo que puse, lo coloqué a cómo yo en lo personal sentía que sería su reacción, pero tal vez mi manera de explorar el tema no fue la mejor por completo, aunque en lo personal me pareciera adecuada para el tipo de historia que deseaba realizar. El qué tan en lo correcto estaba, eso dependerá de ustedes.
A paso lento, pero cada vez estamos más cerca del final. Recuerden por favor dejarme todos sus comentarios y opiniones. Nos leemos luego.
