SUMMARY: Asesinos. Los dos. Unos asesinos. Ella se encarga de hechizarlos, él de degollarlos. En tiempo de mortífagos, Rose, Scorpius y los demás simplemente se defienden.


En Tiempo de Mortífagos

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VORÁGINE

Un trocito muy pequeñito, casi invisible, casi imperceptible, pareció caer lentamente desde el cielo, desde aquella bóveda de estrellas. El primer símbolo del invierno. Este trocito muy pequeñito flotó, siguiendo un camino levemente zigzagueante, hasta ser seguido por los demás. Ese copo de nieve continuó su descenso, muy bajo, muy bajo… hasta reposar suavemente sobre el ojo azul del rostro pálido del cuerpo de una mujer de cabellos rojos.

Y entonces empezó a nevar, suavemente, al compás de una melodía melancólica. Cada copo terminaba por reposar sobre aquel cuerpo tendido en el suelo, cubriéndolo a cada segundo que pasaba. Aquel cuerpo que contenía una expresión serena, casi de ángel, con aquellos ojos abiertos, tan abiertos que resaltaba el azul, tanto que no parpadeaban, tanto que no daba señales de vida. Y ese pelo lacio que contrastaba con el blanco, que lucían como lazos alrededor de su cara.

Sí, aquella mujer estaba estática, inmutable… sin respiración.

Era así como comenzaba el invierno.

Una fuerte ventisca obligó a un transeúnte caminar mucho más rápido, tanto que le llamó la atención el bulto en reposo sobre el suelo. Se acercó con cautela, muy extrañado y con un mal presentimiento cerniéndose en su cerebro. No tardó en sentirse horrorizado, atareado, estremecido. Un grito de sorpresa. Balbuceos. Alzó la mirada y buscó a un posible sospechoso. ¡Ésa muchacha estaba muerta! Nadie. Ni un solo fantasma. Descubrió por completo su rostro, limpiándole de la nieve aquellas mejillas congeladas. Otro jadeo de sorpresa. Conocía ese rostro. ¡Todo el mundo lo conocía! El hombre quiso observarla con minuciosidad… debía equivocarse. Extrajo la varita de su bolsillo e invocó un encantamiento. El extremo se prendió y entonces miró.

Sí, era ella.

Envió un patronus de inmediato con el mensaje. Por suerte, Harry Potter, el más grande auror de aquellos tiempos, era el padre de su mejor amigo.

Un águila apareció, extendiendo sus alas y alzando el vuelo hacia el cielo. Desprendía luz alrededor de su figura y contrastó con el negro cielo. Y no se detuvo hasta llegar a su paradero, hasta posarse sobre el pasto húmedo y pegar las alas. El ave observó al hombre de anteojos, que pasaba más de los cuarenta años. Éste se mantuvo en silencio, aguardando.

Lily Potter está muerta. La encontré en el Valle de Godric junto a la tumba de sus padres, señor —informó la voz de Scorpius Malfoy.

Pero en la oculta nieve no se encontraba solamente Lily Potter. A unos metros había otro bulto, y uno más… y cientos. Todos allí, al parecer, habían sido asesinados.


Rose Weasley tenía miedo. Nunca había sentido tanto miedo en su vida. Podía oír su corazón latiéndole cerca de los oídos. Las manos le sudaban y las piernas le flaqueaban. Se estremecía al pensar que tal vez, si tuviera que correr, sus piernas no le funcionarían. Con la mano izquierda tenía bien cubierta su boca para no emitir sonido alguno si es que se le escapaba siquiera algún jadeo. Se arrimó más contra el armario y cerró los ojos. Ya no se oía nada más, ni siquiera el sonido de los animales nocturnos… Nada, en absoluto. Como dicen, después de la tormenta viene la calma, y esa calma fue tortuosa para Rose porque no sabía si salir de su escondite a arriesgarse. Debía buscar ayuda, una varita al menos que le diera valor para protegerse.

Sus mejillas estaban brillantes por las lágrimas y por la luz que entraba por la rendija de la puerta agrietada. Era ahora o nunca… Morir o vivir. ¡Debía salir! Así que con la decisión en la garganta, se levantó y vaciló un poco. Tragó saliva con dureza y empujó la puerta. Observó el desorden de un duelo: mesas rotas, sillas al revés, floreros hecho pedazos, cuadros reventados, ventanas estalladas… y sangre. Intentó ser valiente cuando vio uno, dos, tres cuerpos sobre el suelo, y claro, sin vida. Así que atravesó el salón con una pierna adolorida, casi cojeando porque no podía mantenerse en pie.

Se apoyó del marco de la entrada y observó la luna, la única fuente de luz para ver el desastre que había delante. Buscó alguien que pudiese ayudarla, pero era inútil. Ellos habían arrasado con todo. Ellos habían asesinado a todos. Volvió a tragar saliva y ahora buscó una varita, cualquiera… Lástima, todas estaban partidas. Avanzó un paso con dificultad… Necesitaba ayuda… Pero ¿y Lily? ¿Dónde estaba Lily? ¿A dónde se la habían llevado? Sabía que ellos ya se habían ido, y seguramente Lily se habría escapado y escondido.

—¡Lily! —gritó con la poca fuerza que tenía. Las lágrimas surgían con más violencia—. ¡Lily! —volvió a llamar. Necesitaba saber si estaba bien. Miró a todos lados, pero la negrura de la noche absorbía todo—. ¡Lil…!

—¿Dónde te habías escondido, bonita? —Un agarre fuerte a sus dos brazos y una mano ajena que tapaba su boca. El pánico se acrecentó dentro de ella. No tuvo tiempo para reprenderse por ser idiota al gritar—. Así que te me habías escapado, linda… ¿Dónde te escondiste? —preguntó el hombre que la sostenía, mientras pegaba su rostro más cerca al de ella. Rose sintió asco, odio y angustia. Ya estaba muerta… debía rendirse allí. Hasta ahí estaba su vida. Lloriqueó hasta que la respiración se le dificultó. Volvió a buscar con la mirada alguien que pudiese auxiliarla…—. Estás tan linda que no me da ganas de matarte —dijo éste muy cerca de su oído para luego propinarle un beso en la mejilla. Rose arrugó la frente con repulsión—. Tal vez si te escondo de los otros, luego me dé un festín contigo ¿no crees? —y pegó su nariz al cuello de Rose, inhalando profundamente el aroma que desprendía la chica de su piel. Rose se desesperó aún más. Aún peor que ellos, podían ser los carroñeros—. Exquisito.

La pelirroja forcejeó con el vago intento de deshacerse. Un codazo en su estómago no logró mucho pero flexionar la rodilla con la intención de golpearle en la entrepierna consiguió que éste le soltara. Entonces Rose comenzó a huir cojeando y restándole importancia a la herida abierta de su pierna. Prefería mil veces morir a causa de un hechizo que en manos de un carroñero. Echó un vistazo hacia atrás y lo vio persiguiéndole con el rostro de dolor. Ella tal vez podría correr más rápido, pero es que esa maldita lesión reducía sus fuerzas. Sí, ella podría tropezarse y quedar en bandeja de plata, pero se dio una última motivación y dobló la esquina. La nieve había empezado a caer y ella tenía la ligera esperanza de que fuese más fuerte para cubrir sus pasos y su silueta de su rastreador. Alguien tuvo que oír sus súplicas porque a los minutos ocurrieron ventiscas que le permitieron sacar ventaja. Estaba horrorizada al denotar algunos bultos cubiertos por la nieve, pero decidió ignorarlos para buscar a Lily. Lily… ¿dónde estaba?

Y que de pronto… una esperanza. Allí, a lo lejos, una persona… Pero ¿y si era uno de ellos? Redujo la velocidad y avanzó con miedo. Quería comprobarlo primero, aún si se estuviera arriesgando mucho más. Y gracias a la nieve, no podía distinguirlo bien. Pero… ¿qué era eso? ¡Un patronus! ¡Estaba invocando un patronus! ¡Debía ser alguien bueno, alguien que pudiese ayudarla! Un animal borroso apareció. Un ave, ¡era un ave! Esta alzó el vuelo y se perdió, pero Rose seguía avanzando, con más decisión.

—Ayuda… —susurró para empezar. La corrida le había absorbido la respiración—. Ayuda —pidió con más decisión hasta obtener la atención de la persona—. Por favor… —caminó más veloz por miedo a que el carroñero ya estuviese por atraparla. Sin pensarlo más, extendió los brazos y éste la recibió. Rose agradeció que no fuese uno de ellos—. Ayúdeme, por favor… Me están persiguiendo —dijo con voz cansina. La visión se le iba, todo se volvía más turbio, más confuso… ya no podía distinguir entre lo blanco, rubio o negro. La pierna afectada no aguantó más y le hizo caer sobre la suave nieve.

—Weasley… Cielos… —dijo esa persona. Era hombre. Pero no era uno de ellos. ¡No era uno de ellos! Debía repetírselo muchas veces para convencerse que ya no estaba en peligro—. Está bien, tranquila, Weasley… Yo me encargo de todo. Tranquila…

Eso surtió efecto. El dolor de su lesión tal vez era muy grande que casi no lo sentía, que la estaba haciendo desmayarse. Su cuerpo se abandonó hasta tenderse en el suelo. Rose ya no tenía de qué preocuparse. Y antes de cerrar los ojos escuchó unas lejanas voces, gritos de hombres y unos hechizos lanzados. Y antes de cerrar sus ojos observó otros muy cerca de ella. Parecía verse en un espejo. Como ya saben, ella ya no distinguía muy bien los colores, pero sí alcanzó (con un sobreesfuerzo) denotar sus propios ojos azules y cabello rojo, solo que lacio, no ondulado. Y antes de cerrar sus ojos supo que no era ella misma.

—Lily —susurró.

La vorágine había comenzado.


¡Chan Chan! Hihihi... Primera vez que escribo acerca de aventura y un poco de misterioooo...

¡Hasta la próxima actualización! :)