SUMMARY: Asesinos. Los dos. Unos asesinos. Ella se encarga de hechizarlos, él de matarlos. En tiempo de mortífagos, Rose, Scorpius y los demás simplemente se defienden.
En Tiempo de Mortífagos
2
Lily
Scorpius se remangó el suéter para observar el reloj de su muñeca: 02:07 am.
Increíblemente el tiempo había decidido alentar su paso. Su cabeza aún le daba vueltas a los recientes hechos que había tenido que vivir. Su cerebro no olvidaba las imágenes que había tenido que presenciar para su pesar. Su frente sudaba por la repentina acción que tuvo que hacer y tal vez por la adrenalina que había sentido al ser su primer ataque en un verdadero duelo. Aún se preguntaba qué es lo que hubiera sucedido si no se hubiese decidido a hacerle caso a su maldita curiosidad cuando quiso conocer la tumba de los hermanos Peverell de aquellos cuentos que leía. No le era posible aceptar que ese pequeño deseo de irresponsabilidad le hubiese llevado directamente con uno de los peores sucesos que haya podido vivir. Es decir, ¿por qué tuvo que haber ido a ese lugar a esas horas de la noche? ¿Es que acaso todavía era un niño como para pensar que eso era buena idea? Por Merlín, tenía ya veinte años, o bueno, estaba a punto de cumplirlos. Y tal vez sonara egoísta, pero tampoco se alegraba de ser el casi "héroe" de la situación.
Un jadeo lo sacó de sus cavilaciones y el giró la cabeza tan pronto como lo oyó. En unas horas, sus sentidos se habían desarrollado con más eficacia.
Sus ojos buscaron al origen, aunque su sentido ya lo había detectado.
Rose Weasley se encontraba tendida en el suelo, aún desmayada o tal vez dormida (¿cuál era la diferencia?). Cuando la encontró tenía una pierna herida por lo que decidió hacerle un torniquete simplemente para que dejar de desangrar; en realidad él no era un curandero.
Y entonces volvió a rememorar todo lo que sucedió desde que vio a Rose Weasley corriendo hacia él, más asustada de lo que la había visto en su vida. Ella, apenas llegó a él, se desmayó sobre la nieve, susurrando el nombre de su prima. De Lily Potter. Y entonces también recordó que esa pelirroja, la hermana de su mejor amigo estaba muerta. Había sido asesinada cruelmente. Los aurores jamás llegaron, o bueno, al menos cuando él estuvo presente (que fue cuando Scorpius más los necesitó). A los dos segundos, un carroñero (sí, un carroñero) apareció. Scorpius se dejó llevar por sus instintos, aunque por dentro un pánico se apoderó de sus sentidos, y lanzó cualquier hechizo confundidor y desarmador, con la intención de dejarlo inofensivo. Scorpius no quiso matarlo… y no porque no quisiera, sino porque no podía. Él jamás había matado a alguien.
Otro jadeo por parte de la prima de Albus Potter. Al parecer, estaba teniendo un mal sueño. Ante esto, Scorpius bufó. Suerte la de ella al poder quedarse dormida.
El rubio también recapituló en imágenes mentales el cómo intentó huir con Weasley cargándola sobre su espalda. No se sentía seguro de hacer una Aparición con ella lesionada. Se sintió momentáneamente mal por dejar el cuerpo de Lily Potter al abandono, pero era pensar con cabeza fría ¿no? Y entonces, en el trayecto, fue observando la cantidad innumerable de cuerpos cubiertos por la nieve, y sangre a su alrededor. Aquello no podía ser más traumático. Debía salvar su vida… y la de Weasley.
La pelirroja no pesaba mucho (pero tampoco era una pluma) y la tensión que se había apoderado de él le cobró todas sus fuerzas, así que decidió adentrarse a una casa que tenía las ventanas rotas y la puerta entreabierta. Ya no pudo sorprenderse más por ver el desorden y los cuerpos; sino que simplemente subió hasta el tercer piso y se encerró en la habitación casi vacía (de no ser por floreros y algunas plantas sobre el suelo). Echó a Weasley y le hizo el torniquete. Él se sentó, recuperándose.
Tal vez estuvieron así unos diez minutos, pero para Scorpius fue muy estresante ese tiempo. Y odiaba no saber qué hacer.
Pero para entonces, un nuevo ruido captaron sus oídos.
Maldita sea.
Pasos.
Eran pasos. Del piso de abajo.
Scorpius se puso alerta. Pegó la oreja al suelo, pero no escuchaba nada. Se levantó y se dirigió a la puerta. Dudo antes de girar el picaporte. Volteó la cabeza y miró a Weasley. Ella aún seguí respirando con armonía, inmersa en sus sueños. Tal vez era de locos salir y hacerse el héroe, tal vez debía huir de inmediato por la ventana con Weasley, pero de nuevo no irían muy lejos. Sería inteligente y atacaría cuando ellos no estuvieran viéndolo.
Pero ¿y si fallaba? Weasley quedaría desprotegida porque ni siquiera intentaría protegerse. Scorpius miró con más atención a Weasley y vio en ella a Lily Potter, de no ser por el cabello ondulado y la piel con más pecas. Scorpius siempre apreció mucho a la hermana menor de su amigo. Lily fue una chica llena de vida… y a él le agradaba.
No, la vida de Lily sería vengada. En nombre de ella y de su amigo, Albus.
Se atrevió a sonreír de lado antes de abrir la puerta y enfrentarse a su destino.
—Señor Potter, puede pasar.
El hombre de ojos verdes y anteojos alzó la mirada. Se levantó automáticamente mientras tragaba saliva con dureza. La mujer que le había anunciado que ya podía entrar, le entregó una expresión de condolencia, de amabilidad. Pero el corazón de Harry Potter siguió latiendo con velocidad, porque ya sabía qué vería pero que tuviera la ligera esperanza de que hubiera un error. Un grandioso error.
Recordó el patronus de Scorpius Malfoy que lo había informado del terrible suceso. Al instante le comunicó a su departamento y estos le dijeron que no se le ocurriera ir al lugar de los hechos, que ellos se encargarían de todo. De un modo u otro, sabía que Malfoy no mentía y que su responsabilidad era ir, y cuando estuvo decidido a investigarlo, porque ¿desde cuándo él obedecía esas órdenes?, Hermione llegó a él y le informó que lo sabía todo (y claro, trabajan en el Ministerio), así que le prohibió ir y Harry odió en ese instante a Hermione. La pena le hacía un nudo en la garganta.
Y ahora, en ese instante, sus piernas avanzaban con duda, pero él casi no las sentía. Una extraña fuerza lo impulsaba hacia la puerta del final del pasillo de lo que podía llamarse una morgue. Un pasillo blanquísimo, que lucía como el de los hospitales muggles.
Y no supo cuánto tiempo le llevó llegar hasta allí, hasta la puerta entrecerrada. Él extendió el brazo y la empujó. Sus ojos, por instinto, buscaron de inmediato el único objeto que se hallaba allí. Una camilla cubierta con una sábana blanca, y entre los dos, un cuerpo. Tal vez aún sentía miedo, pero la melancolía venció sus fuerzas. Su expresión era muy desoladora y agradeció que Ginny no estuviera presente.
Y sin saber cómo, llegó a estar frente a la camilla. Alzó las manos y sostuvo la sábana blanca, sin aún moverla de su sitio. Todavía estaba a tiempo de alejarse de allí y decirle a aquella mujer que creía en su palabra sobre la confirmación de la persona y que debía irse con su esposa. Pero ese no era el asunto. La situación era que él si le creía a esa mujer, sino simplemente quería verlo con sus propios ojos.
Por lo tanto, cerró los ojos con fuerza antes de inspirar profundamente y soltar el aire.
Entonces, quitó la sábana por completo y miró.
Él se había enfrentado a cientos de obstáculos. A innumerables mortífagos, al hecho de ver personas muy cercanas a él morir frente a sus ojos, a aprender a vivir sin quienes amaba, a tragarse todo lo que tenía que confrontar, a ciertas traiciones y a los hechos de sentirse despreciado ante todo el mundo, e incluso a luchar contra el mismísimo Lord Voldemort.
A todo.
Y había salido ileso.
Una lágrima se escapó y rodeó su mejilla.
Nadie le había preparado para ver a su hija así.
Sus manos, temblorosas, las colocó sobre las mejillas de su pequeña niña y acarició sus pómulos, sus ojos cerrados. Su rostro estaba limpio, sin ninguna lesión perceptible.
Los ojos de Harry Potter buscaron algún indicio de herida por el cuerpo de su hija, pero todo estaba normal, intacto como si ella estuviera dormida y en algún momento se decidiera a despertar.
Su mano derecha alcanzó la de su hija y la apretó suavemente (si fuera posible). Estaba helada, como la nieve. Él cerró los ojos e invocó una imagen mental de ella con su rostro sonriente, feliz… llena de vida. Él se dio cuenta recién de su propio rostro húmedo.
Su varita comenzó a emitir una luz propia. Era una señal. Lo necesitaban en el departamento de Aurores.
Salió de toda esa burbuja y se agachó para recoger la sábana que había caído al suelo. La extendió sobre el cuerpo de Lily Potter y fue cubriéndola poco a poco hasta detenerse en la cara. La vio por última vez ya antes de taparla por completo se acercó a su frente y le plantó un beso.
—Adiós, mi pequeña.
Y terminó por colocar la tela.
Se limpió el rostro y salió de la habitación.
De acuerdo. Había sido una mala idea intentar ser el héroe.
Él debió pensarlo dos veces antes de salir y bajar las escaleras cuidadosamente. En realidad, todo había salido a la perfección si no hubiera sido por un estúpido gato que se le ocurrió asustarse de él en la oscuridad. El chillido del felino le hizo soltar la varita y que esta rodara por las gradas hasta caer cerca de uno de los mortífagos. Para su mala suerte, eran dos. Uno de ellos sonrió (pudo verlo gracias a que por la ventana se filtraba la luz de la luna) y se encaminó hacia él. Lo cogió del cuello y lo llevó a la luz para que pudieran reconocerlo. Ambos intercambiaron miradas y rieron, mientras que Scorpius hacía esfuerzos por deshacerse del agarre.
—Tenía que ser un Malfoy —dijo el que lo tenía sostenido.
—Malfoy, apellido de deshonor y cobardía —correspondió el otro.
Ambos tenían máscaras plateadas y sus voces sonaban amortiguadas.
—¿Qué hace el joven Malfoy a estas horas por el Valle de Godric?
—Creo que no debiste salir de tu Mansión, Malfoy. Pero de un modo u otro, nos facilitaste el trabajo. Íbamos a ir por ti y por tus padres tarde o temprano —comentó a lo que Scorpius le aterrorizó. Claro que todo estaba planeado, pero no sabía que su familia estuviese en la mira—. Pero antes, quisiera saber ¿qué se siente tener al más cobarde de cobardes como padre, Malfoy?
Scorpius estaba al tanto de la historia de sus padres, y no sentía vergüenza. Él supo lo que Draco Malfoy vivió.
—¿Qué se siente ser un asesino de mierda? —dijo Scorpius, para su propia sorpresa.
El que no lo sostenía le dio una bofetada que le hizo girar la cara.
—Ellos manchan la sangre pura de todo el Mundo Mágico. Hijos de Muggles viviendo en una residencia para magos… ¡eso es una asquerosidad! —objetó. Scorpius no sintió más repugnancia por ese comentario—. ¿Y sabes qué? Yo pude darle en donde más le duele a Harry Potter —El joven Malfoy miró al mortífago quien emitió una risita—. Tú serías un excelente mortífago porque a diferencia de tu padre, yo veo astucia e inteligencia en ti, muchacho. Y te hubiera ofrecido ser parte de nosotros si no hubiese mostrado tu verdadera lealtad cuando salvaste a la chica Weasley, quien, sino me equivoco, está en el piso de arriba ¿verdad?
Scorpius sabía ser inexpresivo, y lo consiguió. Ni una muestra de sorpresa. Quizá lograría convencerlos.
—No sé de qué hablas…
—No te hagas el idiota. Ella está arriba. Ve a buscarla y mátala —le ordenó a su compañero y este asintió con la cabeza, soltando al rubio. Scorpius lo vio desaparecer por la negrura de la noche, subiendo por las escaleras—. ¿Algún otro mestizo que hayas escondido, Malfoy?
—Ella no es mestiza —dijo el chico de veinte años, buscando una solución.
—Bueno, veo que perdemos el tiempo. De todas formas, despídete de esta vida.
Scorpius no iba a quedarse sin hacer nada. Caminó hacia escaleras arriba, siendo la oscuridad una oportunidad para camuflarse. El mortífago lo persiguió con hechizos, mientras él los esquivaba. Buscó a Rose o algún rastro del otro mortífago, pero entonces la noche no parecía favorecerle en eso. La casa le era ajena que no recordaba en qué habitación podría estar ella. Además, no había oído ningún grito.
—¡Ven, maldito traidor! —gritó su perseguidor. Scorpius comenzó a abrir todas las puertas a su paso pero ninguna era. Y entonces, había llegado al final del pasillo.
Mierda. Eres un idiota, Scorpius, se maldijo.
—Bonito tu jueguito, niñato estúpido —dijo el mortífago avanzando con elegancia y por la máscara, parecía levitar debido a su traje oscuro—. Avada Ked…
Scorpius siempre supo que no moriría así, de forma tan estúpida. Escuchó al mortífago emitir un quejido de dolor antes de derrumbarse sobre el suelo, dando vista a Rose Weasley, sosteniendo lo que parecía un martillo. El rubio observó a la pelirroja respirar agitadamente, apoyando su peso en la pierna sana.
—Desperté allí —señaló la puerta que estaba hacia el otro lado del pasillo—. Oí pasos y pensé en defenderme —levantó el martillo—. Solo encontré esto.
Scorpius se sintió ligeramente asustado por ver actuar así a Rose, quien a la vez lucía como Lily Potter, quien no dejaba de rondar en su cabeza. Sacudió su mente y le arrebató el mazo para luego propinarle más golpes en la cabeza.
Afuera, la noche, se había tornado más tranquila.
¡Gracias por sus comentarios! La verdad es que los aprecio ;) ¡Y claro que actualizaré! Ahora sí seré responsable :3 hihihi
En realidad quería que este capítulo mostrara una situación con Harry respecto a su hija. Y claro, Rose & Scorpius.
¡Hasta la siguiente actualización!
PD: Y claro, prometo quitarles el sueño ;)
