SUMMARY: Asesinos. Los dos. Unos asesinos. Ella se encarga de hechizarlos, él de matarlos. En tiempo de mortífagos, Rose, Scorpius y los demás simplemente se defienden.

En Tiempo de Mortífagos

3

DEMENCIA

Rose estornudó en cuanto el polvo se inmiscuyó en su nariz. Debía estar acostumbrada a estar en lugares polvorientos, pero a su organismo no parecía importarle. Ella siempre recurría a la casucha de madera a punto de caerse que estaba detrás de la casa de los Weasley. Era un buen lugar para guardar cosas viejas. Y era un buen lugar para llorar. Sí, para llorar sin ser el espectáculo.

Nadie la perseguía ni tenían preocupación por ella. O bueno, de eso se encargaron sus primos de hacerla sentir las últimas semanas.

A todo el mundo le pareció sorprendente que ella perdiera la memoria. A todo el mundo le asombró que Rose Weasley sobreviviera en la masacre del Valle de Godric. A todo el mundo le impactó que ella no tuviera ni idea de cómo llegó a estar viva.

Y claro, a ella le valió una mierda desde que empezaron a no creerle.

Estaba harta de sentirse culpable. Todos parecían preguntarle sin palabras: ¿por qué sobreviviste tú y no Lily? ¿Qué tienes de especial que ella no tuvo? Y claro, sus primos serían incapaces de verbalizarlo, pero Rose no dudaba que eso pasaba por sus mentes. Había sido un infierno vivir en la casa de sus abuelos paternos. La familia podía ser el mejor refugio, pero también la peor experiencia.

Rose no culpaba a James por ser más agresivo con ella.

No culpaba a Albus por ser más distante y sumirse en la depresión.

No culpaba a Lucy que la evitara cada vez que ella le intentó hablar.

No culpaba a Roxanne por querer saber sobre su repentina pérdida de memoria.

Hugo parecía ser el único que no había preguntado, el único que no necesitó nada más que verla viva para abrazarla y protegerla de los demás. Y para lástima de Rose, aún vivía con sus padres y debía hacerlo que ellos le ordenaban: vivir todos juntos en la Madriguera.

Las cosas viejas del abuelo (él ya había fallecido) la entretuvieron mientras se tranquilizaba y secaba su tristeza. A nadie le gusta ser señalado, y menos por su propia familia… pero es que Lily ahora parecía más relevante para todos que ella misma. ¡Ella se rompía la cabeza intentando recordar, descubrir qué detalles había perdido de su vida y de saber por qué ella sí pudo sobrevivir a todo! Todo era un maldito misterio que empezaba a hartarle. Su única pista: Malfoy.

Según su tío, Harry, él la "salvó" convocando un patronus para que acudieran a ellos. Él encontró a Lily muerta y nadie supo de cómo ocurrió el terrible suceso. Incluso el tío Harry evadía su presencia cuando ella aclamaba por respuestas, y tía Ginny no quería ni verla. ¡Buena manera de hacerla sentir mejor!

—¡Maldita sea! —chilló de exasperación empujando una mesa y consiguiendo que unos papeles cayeran al suelo.

A ella también le dolía que su prima estuviera… ¡Ella no era de piedra! ¿Por qué nadie confiaba en ella? ¿Por qué la trataban como la peor…? Rose quería a Lily… ¡mucho! ¿Por qué nadie le daba respuestas? ¿Por qué nadie le decía que todo iba a estar bien, pero con el corazón en la mano? Ya que todos parecían haber cogido el hábito de mentir con maestría…

—¿Interrumpo algo?

Rose se volvió con brusquedad y agradeció que la amargura se hubiese tragado las lágrimas.

—¿Qué haces aquí?

El chico rubio que estaba apoyado en el marco de la puerta avanzó un paso y otro. Rose retrocedió, a la defensiva.

—Tranquila, no voy a abrazarte o algo por el estilo —dijo Lorcan Scamander alzando las manos.

—¿Qué haces aquí? —repitió desconfiada.

—Vine a ofrecerte un hombro en qué llorar.

—Qué gracioso. Es mejor que te largues —dijo Rose caminando hacia la puerta, dando zancadas.

Lorcan la detuvo jalándola del brazo.

—¿Qué quieres? ¿Tú también me preguntarás por qué Lily…? —Lorcan puso un dedo en los labios de Rose. Ella la retiró de un manotazo. Intentó zafarse de su agarre pero él se mantenía firme—. Déjame —dijo más exasperada que nunca—. ¡¿Qué diablos haces?! —quiso saber en cuanto Lorcan hizo lo que ella más odiaba en el mundo. El rubio la rodeó con los brazos y la estrechó contra él—. ¡Suéltame…! —ella siguió con su lucha interna y externa… No había descargado su furia en más que cosas materiales sin vida, y ahora que tenía la oportunidad para pasar su cólera a otra persona, quiso hacerlo. Tal vez el veneno de la culpa se había apoderado de ella que la había convertido en una maldita desgraciada. Pero para su infortunio, Lorcan la conocía demasiado bien como para desistir—. ¡Déjame, estúpido…! —chilló forcejeando de la manera más ridícula que logró su objetivo. El rubio se alejó y ella aprovechó para largarse corriendo por el prado, muy lejos de allí. Corrió como si su vida dependiera de ello, y tal vez fuese así.


—Harry.

Harry alzó la mirada y vio a su investigadora asomarse por la puerta.

—¿Qué pasa, Gia? —preguntó volviendo a su investigación. Había fotos, papeles, testimonios y noticias en la mesa de su escritorio.

Gianelle Di Siero hizo ruido con sus tacos y se aproximó a la mesa.

—Otro ataque, Harry —informó soltando un periódico que tenía fotografías estáticas. Harry frunció el ceño—. Es un diario muggle. La familia fue asesinada pero según la noticia no se determinaron las causas de la muerte. No hay ningún tipo de lesión o traumatismo que pudo perjudicar a las cuatro personas. Simplemente se detuvieron sus corazones —explicó señalando las partes resaltadas de la noticia.

—¿Mortífagos? —preguntó Harry cogiendo el boletín.

—Sí —respondió con seguridad.

—Presiento que ahora viene la peor parte, Gia —dijo Harry mirándola.

La chica de cabello negro apretó los labios.

—La policía muggle tuvo una sola prueba en la escena del crimen —hizo una pausa en la que Harry aprovechó para seguir leyendo—. Encontraron una varita.

Harry puso toda su atención a Gia.

—No está en la noticia. En cuanto la leí, fui a investigar. Averigüé que encontraron un objeto de madera delgado cubierto de sangre. Por lo mucho que sé, ellos piensan que es un artilugio antiguo de madera tallada. Sin embargo, la sangre no es de la familia, ni de sus amigos. Probablemente es…

—Del mortífago —completó Harry. Él se levantó de su silla y se dirigió a la salida. Gia lo persiguió—. Hasta ahora es la única pista que tenemos, Gia. Sabemos que son mortífagos por la descripción que Scorpius Malfoy nos dio, pero creo que debemos preguntarle aún más. Quiero que lo llames y lo cites en la tarde. Necesito interrogarlo y…

—¿Por qué no interrogas a tu sobrina? —inquirió Gia. Trabajaban juntos tantos años que se tuteaban.

—Mi sobrina perdió la memoria. Creo que ya te lo dije.

—¿Y tú crees firmemente en su palabra?

Harry se detuvo y la encaró.

—¿A dónde quieres llegar?

—Solo dos personas estuvieron esa noche en el Valle de Godric, Harry. Rose Weasley y Scorpius Malfoy. Alguien tuvo que encargarse de que perdiera la memoria ¿no crees, Harry? —manifestó cruzándose de brazos. Gia, quien tenía treinta y dos años, aún mantenía su estatura y actitud firme—. Sé que no quieres involucrar a tu sobrina y…

—Oíste lo que el Hospital San Mungo dijo, Gia. Ella sufrió de una conmoción excesiva que consiguió que reprimiera el recuerdo.

—¿Y no pensaste que Malfoy pudo hacerlo?

—¿Scorpius Malfoy? —preguntó con una sonrisa irónica—. Lo conozco. Fue el mejor amigo de mi hijo en todo Hogwarts.

—¿Fue? ¿Es que ya no lo son?

—Se han distanciado un poco, ya sabes. Además, él me dijo que quiere estar con sus padres.

Gia adoptó una pose pensativa, como suele hacer antes de decir algo crucial.

—Pensé que los amigos eran para siempre, Harry.

—De acuerdo, eso es todo —dijo Harry hastiado del tema. Sí le creía a Rose, y por su bien le había dejado en paz cuando ya no preguntó más sobre si recordaba. Y también confiaba en Scorpius Malfoy porque simplemente tenía conocimiento de cómo era. Y que Gia insistiera en que Rose bebiera Veritaserum lo ofendía y la ofendería a ella. La pelinegra podía ser un poco fría al respecto.

Cuando el hombre de anteojos arribó al ascensor y se adentró, vio a Gia apoyar su peso en una pierna, con aires de suficiencia.

—Draco y Astoria Malfoy están muertos —anunció.

—Uh…uh… ¿Q-qué? —preguntó Harry en cuanto las rejas se cerraron. Hechizó de inmediato el ascensor para que volviera al departamento de Aurores. Los demás protestaron un segundo antes de ver a quién se quejaban. Harry Potter regresó y Gia estaba yéndose. La alcanzó jalándola del brazo—. Explícame eso.

Gia miró a los demás aurores y le incomodó que algunos estuviesen mirándolos.

—Mejor vamos a tu oficina —propuso. En cuanto llegaron, Gia se encargó de encantar el lugar a prueba de sonido—. Draco y Astoria están muertos, Harry. Astoria Malfoy murió de una enfermedad hace un mes y Draco Malfoy se suicidó hace tres semanas. Creí que lo sabías, suponiendo que confías tanto en su hijo —dijo con ganas de reprochárselo. A Gia le daba igual no quedar bien ante su jefe, porque ella sabía que era imprescindible para ese departamento. No era ego, era conocer exactamente su buen trabajo.

Harry se sintió más estúpido que nunca. Una vez más Gia estaba a un paso delante de él. Pero agradeció que fuese ella la que trabajara para los aurores y no en otro lugar.

—¿Cómo es que no es público?

—Malfoy Junior se encargó de que no se supiera. Les dijo a todos que estaban de viaje, y bueno, a ti te dijo otra historia. Sus tumbas están donde Lily —esta frase lo dijo con delicadeza porque sabía su límite—, pero no tienen sus nombres. El enterrador me lo informó. Harry, te lo digo en serio, ese chico no es de fiar. Tráele de inmediato y haz que cante de una vez —Gia, de cabellos negros, se encaminó a la puerta y dijo una cosa más: —. Y por supuesto que respeto a Rose.

Harry la detuvo, saliendo de sus ensoñaciones.

—¿Visitaste a mi hija, Gia? —quiso saber, ligeramente conmovido.

Gia le dedicó una mirada inexpresiva y salió de su oficina.


Rose se había detenido hacía algunos minutos bajo un árbol a descansar. Sentía como si hubiese trotado muchos kilómetros porque las piernas comenzaban a dolerle. Y cuando se le ocurrió mirar hacia atrás, divisiva la casa Weasley como un pequeñito dibujo en el horizonte. El suéter azul de lana holgado que llevaba puesto le fue incómodo y se deshizo de él. Una hora más y se decidió seguir adelante. No soportaría otro momento familiar. Esta vez caminó con más paciencia y agradeció que los campos aún existiesen. Eran largos y "desierto de personas". La pelirroja pudo seguir avanzando aún mucho más, hasta el fin del mundo, si la mente no le hubiese puesto a pensar en el lugar al que se dirigía. Desaceleró el paso en cuanto razonó la residencia más cercana a la casa de su abuela.

—Mierda —dijo sintiéndose la más idiota del planeta. Había escapado de Lorcan Scamander e inconscientemente había corrido hacia su guarida, hacia su hogar. A la antigua casa de los Lovegood y ahora hogar de los Scamander. La vida no podía jugarle tan mal. Decidida, se giró sobre sus talones y fue en dirección contraria.

—¡Rosie! —Mierda, mierda, mierda, mierda. El destino no podía ser tan cruel. La voz era de Luna Scamander, que seguramente estaba en uno de sus paseos. La señora rubia siempre se había portado de la mejor manera con ella, y aún en esos momentos, no podía hacerle tal desplante como ignorarla y seguir caminando. Trago su saliva y su orgullo y a fuerzas por sí misma fue en dirección a Luna. Rose, al ver a la madre de Lorcan, no podía creer que tal ángel de señora tuviese por hijo a un maldito idiota. Sus piernas iban con inercia y su corazón se conmovió al verla ir hacia ella con los brazos abiertos—. Linda, no te veo hace tiempo —Rose se dejó abrazar a pesar de su terror por los abrazos. Y la verdad es que sí se habían visto: en el funeral de Lily, hace más de dos semanas—. ¿Cómo has estado? —Se separó para mirarla a los ojos.

De la patada, señora Scamander. Recibo más amor de usted que de mi familia (excepto por mi familia nuclear).

—Lo siento, fue una pregunta tonta —dijo dándose un golpecito en la cabeza. La señora Scamander le pasó un brazo por los hombros y la dirigió a su casa—. Ven, te invito una taza de té. Nada como el té para aliviar la pena.

No, gracias, señora Scamander. La verdad es que no quiero encontrarme con el miserable de su hijo en cuanto llegue, usted me entiende.

—Lorcan salió, así que podremos estar las dos solas —comentó a modo de respuesta del silencio de Rose.

¿O sea, cómo? ¿Luna podía leer sus pensamientos? ¿Sabía de oclumancia?

Rose, al adentrarse a la casa, se sintió una intrusa. Jamás había entrado ese lugar excepto cuando era pequeña y tenía unos diez años. Por inercia, también, se dejó caer sobre el sofá y se sentó a esperar a que Luna hiciera el té. Mientras tanto, ella sin querer se puso a fisgonear los retratos familiares. Y en cada uno de ellos, distinguía a Lorcan por sobre Lyssander. Podían ser gemelos, pero Lyssander era más "inocente" que su hermano.

Un chillido pequeño sonó dentro de la casa, muy parecido al de los timbres en el mundo muggle.

—Linda ¿podrías abrir la puerta? Estoy ocupada —pidió Luna.

Oh, maldición. Es él. Es él. Es Lorcan. ¡Cielos!

Cuando tuvo la mano en el pomo de la puerta, lo giró y se enfrentó a la persona.

Rubio, sí. Alto, sí. De ojos castaños… no.

Eran grises.

—¿M-Malfoy? ¿Qué haces aquí? —preguntó pero se sintió estúpida cuando la sangre que tenía en la nariz y en el labio era lo que en realidad importaba. Malfoy estaba en el umbral de la casa de los Scamander, herido.

El rubio dijo algo inentendible y después se desplomó en el suelo.


Lo siento, gente... me retrasé un poco, hihi. Estaré estudiando para la U, así que no me verán tan seguido. Sin embargo, ya adelanté algunos capítulos. Contestaré a sus reviews en el siguiente capítulo. Ahora estoy bajo amenaza de "o te vas a dormir o te quito la laptop para siempre". Hihu.

¡Gracias por leer y hasta la siguiente actualización!