La caperuza roja
Tsuna frunció el ceño y torció su pequeña boca, no quería ponerse esa fea capa. No solo tenía que aguantarse las burlas de todos por su muy afeminado cuerpo y aniñado rostro, ¡ahora tenía que verse como chica!
¿Y cuál era la excusa de su madre para vestirlo con tal nefasta vestimenta? Fácil, Halloween.
¡Ah y porque un disfraz de Drácula le queda ridículo pero el de Caperucita Roja XXX le queda perfecto! A veces no entendía a su madre, después se quejaba de que no traía a ninguna chica a la casa. Tsuna siempre tuvo la firme sospecha de que su madre hubiera preferido una chica.
Pero le toco a Tsuna… y bueno es lo que hay. Trece años tarde para arrepentirse…
"Tsu-kun" lo llamo su madre. Cuando Tsuna llego a su lado, la mujer le entrego una bolsa de mimbre, con varios bentos adentro "le tienes que llevar esto a tu padre y abuelito" dijo la mujer con una sonrisa.
Tsuna miro afuera, a su muy cuidado patio; ya estaba anocheciendo "Pero ya es tarde" replico el chico. No tenía ganas de salir y mucho menos con ese tipo de ropa.
"no te preocupes Tsu-kun, no va a pasarte nada… mientras no hables con desconocidos y no le hagas caso a nadie"
Tsuna bufo y puso sus ojos en blanco… ya se sabía todo eso y no quitaba el hecho de que igualmente podría ser peligroso. Su madre le dio un ligero empujoncito "Tsu-kun vas a quedarte con tu padre y tu abuelito, no quiero que vuelvas cuando ya sea de noche"
Tsuna, como todo hijo obediente, se puso sus chatitas y salió de la casa, cubriendo con la capa el vestido que traía puesto. Todo eso era tan vergonzoso y lo iba a ser mucho más cuando los dos hombres de la familia lo vieran. Bueno de su abuelito Tim no se preocupaba tanto, ya que sabía cómo era Nana, pero Iemitsu era otro canto. El hombre era tan asfixiante… siempre estaba al pendiente de él y su madre y cuando otra persona miraba a alguno de los dos, cual fuere el motivo, Iemitsu se ponía como loco… Como un León protegiendo a su hembra y a su cachorro. Tsuna rio ante la comparación, pero sino recordaba mal, el abuelito Tim le había mencionado algo así cuando era más pequeño.
Camino un poco, aún con esa sonrisa boba en su rostro.
"¿Tsuna-kun?" escucho la vos de su amigo Enma. Enfoco su mirada en la cabeza pelirroja de su amigo y sintió pena. Después de todo la hermana mayor de Enma era muy amiga de su madre, lo que termina en dos pobres chicos vestidos como princesas de Disney.
Enma tenía un largo y abombado vestido amarillo, junto con una peluca castaña recogida en un moño. Sino fuera porque había visto desnudo a Enma y sabía lo que le colgaba de su entrepierna, hubiera pensado que era una chica.
"Eh Sawada te ves bien feo" comento su otro amigo, Longchamp Naito que estaba metido en lo que parecía una muy mala réplica del señor Cara de Papa.
"No es cierto, Tsuna-kun se ve genial" replico Enma, dándole un codazo a Naito.
"Hola chicos" saludo Tsuna un poco apenado y tratando de que no se le habrá la caperuza.
"¿A dónde vas Tsuna-kun?"
"A llevarle comida a mi padre y a mi abuelito" respondió Tsuna con una sonrisa. Enma lo miro un poco preocupado.
"Pero ya es muy tarde" Naito parecía inconforme, miro hacia el cielo. Ya el sol estaba ocultándose.
"Lo sé, por eso me voy a quedar en la empresa con mi abuelito" trato de sonreír, por alguna razón tenía un mal presentimiento. Sin más charla se despidieron y quedaron en verse al día siguiente.
Tsuna siguió caminando, al poco tiempo se metió en la zona comercial. Trato de pasar desapercibido de la mirada de muchos, choco con otros tanto ya que, al tener la capucha sobre su cabeza, no veía muy bien. Insulto a otros por imbéciles y ya cuando estaba muy cerca de su destino, no pudo evitar maldecir en vos alta cuando un idiota se le arrimo desde atrás. Como si no fuera a darse cuenta que lo hacía apropósito.
Tsuna se giró, para decirle unos cuantos insultos a ese tipo ¿Qué más daba que tuviera prohibido hablar con extraños? Ya después hablaría con su madre y le diría porque es una muy mala idea mandar a hacer recados a su hijo, solo y casi de noche.
"¡Hola!" lo saludo un hombre alto y de cabello oscuro cuando estuvieron frente a frente. Tsuna se tambaleo un poco, de pronto sintió como un cosquilleo se formó en su parte íntima y como su cuerpo empezó a acalorarse. "Hey ¿estás bien?" Tsuna volvió a tambalearse, el hombre lo sostuvo de sus brazos, acariciando más de la cuenta la piel desnuda. En ese momento el extraño olor del hombre entro por sus fosas nasales, no sabía porque, pero de pronto se sintió mucho más acalorado y con una necesidad de algo que todavía no tiene idea de que es.
"No te preocupes" volvió a hablar el hombre, con una gran sonrisa en su rostro "voy a ayudarte"
Por alguna razón Tsuna no se negó a acompañar al desconocido. Todo era tan extraño, estuvo tanto tiempo en el mundo de sus pensamientos que no se dio cuenta cuando fue llevado a través de un bosque ¿Había un bosque en Namimori? Él nunca lo había visto…
"Su-suéltame" trato de soltarse del fuerte agarre que tenía el hombre en su muñeca. Pero el hombre se aferró aún más que antes, al punto que empezó a dolerle mucho más. Siguieron caminando por el bosque, Tsuna estaba muy confundido; por un lado, quería correr, escapar, sabía que algo malo le iba a pasar, pero por otro lado estaba eufórico y no tenía la menor idea del por qué. Se le paso por la mente la idea de que talvez ese hombre lo drogo.
¿Pero cuando?
Al poco tiempo llegaron a una pequeña cabaña. De adentro se veía el fuego en una chimenea, podía alumbrar todo el lugar y Tsuna tuvo una buena vista. La cabaña solo tenía una cama.
Tsuna fue empujado bruscamente, rebotando sobre la cama. Sintió como su corazón se aceleró. El hombre se sentó sobre sus caderas y muy hábilmente le saco su caperuza, que quedo regada por el piso. Le siguió el largo vestido blanco que, con toda brutalidad que caracterizaba a ese hombre, lo rompió, abriéndolo desde el cuello hasta el inicio de la pelvis de Tsuna. El hombre rio tan fuerte que retumbo en toda la cabaña. Termino de romper el vestido y prosiguió con el bóxer. Ese que le había comprado su madre, el que tenía el tan bochornoso fondo blanco con estampado de camaleones verdes. Tsuna todavía no sabía en que estaba pensando su madre cuando se lo compro.
No es como si importara ahora…
El hombre se lo bajo con una extraña dulzura, tanto que lo asusto. Pero no podía hacer nada, solo gemir como un jodido animal en celo… como odiaba todo eso, solo quería que termine de una vez. Pero, por la sonrisa libidinosa que mostro su captor al ver su pequeño miembro erecto, sabía que no iba a acabar pronto.
El hombre agarro su pequeño miembro y lo apretó, Tsuna gimió tan fuerte que lo sorprendió. Tendría que haber gritado, llorado, pero no… solo se quedó mirándolo, tratando de buscar más de ese brusco y forzado contacto.
No entendía lo que estaba pasando…
"Me pregunto qué es lo que hacía un cachorro de León deambulando solo por la calle, sino fuera por esa caperuza, nunca habrías llamado mi atención" le dijo, mientras pasaba su húmeda lengua por las blancas piernas de Tsuna, muy cerca de su miembro.
Tsuna solo gimió en respuesta y el hombre rio de la satisfacción que le daba su presa al ser tan predispuesto. Y al segundo de dar una suave lamida lo mordió de forma tan bestial, que Tsuna pego un alarido tan fuerte que lo hizo dar marcha atrás.
Eso no era bueno, pensó el hombre, no se supone que fuera consiente del dolor, cuando vio que ya no emitía sonido alguno, se tranquilizó. Se relamió los labios y suspiro de satisfacción al sentir el dulce sabor de la sangre del pequeño.
Tsuna trato de recuperar el aliento, todo el cuerpo le dolía, pero de alguna forma era soportable, así que mientras su captor estaba deambulando entre sus pensamientos, trato de incorporarse y al menor movimiento el otro reacciono.
No lo vio venir, fue solo un segundo, un puño lo golpeo directamente en el ojo. Pego otro grito, otro puño lo golpeo en su estómago. Tsuna se enrosco del dolor y se mantuvo en forma fetal por un tiempo. De pronto volvió a sentir esa jodida y desgarradora sensación de excitación que él aún no comprendía. El hombre se le subió encima y lo olfateo.
"Así está mejor" y para el horror de Tsuna los ojos se le habían vuelto amarillos. Grito y trato de sacárselo de arriba suyo, pero fue en vano. Su captor le dio una cachetada tan fuerte que lo dejo casi en la inconciencia.
Para su desgracia, y a pesar que no podía abrir uno de sus ojos, percibió como el otro se sacaba la ropa. Más temprano que tarde le dio la vuelta, quedando en cuatro, por el brusco movimiento Tsuna gimió del dolor y para su horror escupió una gran cantidad de sangre.
"¡Como voy a disfrutar esto!" y rio en su loca y maniática forma.
"T-Tu nom…bre" susurro Tsuna. Si iba a ser violado, por lo menos quería saber quién era el desgraciado, aunque dudaba que saliera vivo de esa, no costaba nada perder las esperanzas.
"Mochida Kensuke" dijo en un frustrado suspiro, este chico era malditamente diferente al resto. Pero a pesar de estar semi consiente, él no era su pareja. ¿Cómo lo sabía? Porque él mismo la mato. Su hiena quedo satisfecha con tal acción. Entonces solo quedaba la opción de que ya tenía pareja, pero no estaba marcado, Mochida se quedó meditando unos minutos. De todas formas, no importaba, iba a matarlo una vez termine con él. "Espero que disfrutes al máximo tu última noche vivo" dijo con gozo.
Tsuna tembló del miedo y espero lo peor.
Pero entonces todo sucedió muy rápido, un aullido que se escuchó demasiado cerca, seguido del sonido de madera rota. Mochida salto de la cama transformándose rápidamente en una Hiena.
Un lobo enorme y con grandes ojos rojos entro a la cabaña, su enorme y peludo cuerpo estaba tenso, listo para atacar. Le mostro los afilados dientes a la hiena y esta llamo a alguien de su manada, dando esa macabra risa característica de los de su especie.
Y entonces para Tsuna fue como despertar de un sueño, de pronto ya no estaba excitado. Solo surgió una enorme necesidad de llorar. Sus lágrimas caían por su rostro, el dolor lo golpeo tan fuerte que apenas pudo siquiera moverse.
El lobo lo miro, y sus ojos brillaron de rabia. Le gruño a la hiena, que esta seguía llamando a sus congéneres. Pero al estar muy lejos de su familia, nadie podía escucharlo. Así que opto por lo más sencillo, huir.
Trato de atravesar la ventana más cercana que tenía, pero el lobo fue más rápido.
Con su grande mandíbula lo atrapo del pescuezo, zarandeo el cuerpo más pequeño hasta estamparlo con una de las paredes. La hiena largo un alarido y lloriqueo, trato de hacerse el muerto, pero su destino ya estaba marcado.
El lobo lo arrincono en una de las esquinas y Tsuna vio maravillado como el enorme lobo negro despedazaba a la hiena. Los pedazos del animal volaban por toda la estancia, hasta que un tiempo después no quedo nada del animal. El lobo se dio la vuelta y la luz de la leña lo hizo ver aún más mortífero y seductor a la vez que Tsuna se quedó asombrado. El lobo se acercó muy lentamente hasta la cama. Tsuna no tenía miedo.
Gateo hasta la punta de la cama donde el lobo lo esperaba. Muy lentamente y con mucho cuidado se bajó de esta, la sangre inundo sus pies, pero no le importo agarro su manto rojo y se lo coloco.
Vio fascinado como el lobo se recostaba y le mostraba el lomo, de alguna forma Tsuna identifico la indirecta. Se subió sobre el lobo, como si fuera un caballo. Este simplemente se levantó y así los dos salieron de esa cabaña bañada en sangre.
