En su cama, Candy daba vueltas sin poder conciliar el sueño. Se sentía muy inquieta. No podía explicar la sensación tan extraña que la invadía cuando estaba cerca de Stear. Tampoco podía explicarse el sentimiento que la había impulsado a tocar su mejilla y a decirle que era apuesto.

"¡Tonta!" – se recriminó, avergonzada y trató de pensar en otras cosas.

Frunció el ceño al recordar el incidente de Archi con Terrence Grandchester. Se había encontrado con su primo en el pasillo del colegio y había dejado escapar un grito ahogado al notar el moretón que presentaba en el pómulo. Muy en contra de las reglas de los pasillos, Candy le preguntó que le había sucedido y el joven

Cornwall le había contado acerca de su encuentro con el "truhan" del colegio.

"¡Es un grosero!" – Pensó molesta – "¿Cómo pude pensar que se parecía a

Anthony?".

Candy lo había conocido en el Mauritania la noche de Año Nuevo cuando había salido a la cubierta para disipar el mareo del champaña. En medio de la bruma divisó a un joven recostado en la baranda e impulsado por la curiosidad avanzó hacia él para darse cuenta que él lloraba. La madera crujió bajo sus pies y el joven

Se percató de su presencia. Ella intentó ofrecerle consuelo pero él empezó a burlarse llamándola "señorita pecas". Estaban teniendo una agitada discusión cuando George apareció y el muchacho desapareció.

Lo volvió a ver en el colegio durante el rezo de la mañana. Terrence había llegado causando un estruendo, interrumpiendo a los estudiantes y burlándose de ellos. La

Madre Superiora parecía a punto de tener un ataque cardiaco mientras que el Padre elevaba una plegaria al cielo para que Terrence desapareciera de la iglesia. Candy lo miraba asombrada mientras las demás jóvenes cuchicheaban entre ellas cautivadas por el joven. Por un instante pensó que Terrence la había reconocido pero él no hizo ningún gesto.

Días después mientras Candy caminaba por el jardín, Neil empezó a acosarla junto a sus secuaces. Normalmente, ella se podía defender sola pero Neil ya no era el muchachito flacucho que ella podía derribar con un golpe, había crecido y estaba acompañado. La habían hecho caer al suelo y Candy se preparó para defenderse cuando Terrence había aparecido entre los árboles.

"¡Basta ya ¡Déjenla o se las tendrán que ver conmigo!"

"¡Terrence!" - pensó Candy sorprendida.

"¡Que orgullosos estarían sus padres de ver como atormentan a una chiquilla ¡Cobardes!"

Terrence arremetió contra ellos con su fusta en la mano. Neil y sus amigos

Emprendieron la carrera. Candy estaba tan sorprendida que no encontraba las palabras para agradecérselo y lo miraba alucinada. El muchacho la miraba con curiosidad y después de un rato dejó escapar una sonrisa.

"¿Por qué me miras así ¿Te me vas a declarar, señorita pecas?"

La boca de Candy se había abierto de sorpresa. ¡El muchacho se acordaba de ella!

"¿Por qué no vamos a los establos?" – dijo Terrence tomando su barbilla entre los dedos – "Nadie nos molestará allá."

El color había desaparecido del rostro de Candy al sentirse insultada. Apartó sus dedos de un manotón y dio un paso hacia atrás.

"¿Cómo te atreves?" – Había gritado iracunda – "¡Eres un grosero! Yo sólo quería darte las gracias."

Terrence sólo había reído y se había alejado hacia los establos.

El sueño había empezado a envolver a Candy cuando un estruendo la hizo sentarse de golpe en la cama.

"¿Qué fue eso?" – se preguntó despertando abruptamente del sueño.

Su mirada se posó en las puertas de su balcón que estaban abiertas de par en par.

"¿Me olvidé de cerrarlas?" – se preguntó adormilada.

Se puso de pie para cerrarlas pero no había dado ni un paso cuando notó una figura que yacía en el suelo. Estaba a punto de gritar asustada cuando la luz de la luna le permitió reconocer a quien yacía a sus pies.

"Terrence…"- dijo en voz baja.

El muchacho no respondió pero si se movió para recostarse de espalda en el suelo.

"Al menos no está muerto" – pensó Candy aliviada – "Terrence" – llamó con mayor energía.

"¿Mmmm?" – contestó posando el brazo sobre sus ojos.

"Terrence" – dijo mientras lo intentaba mover con el pie.

"Déjenme dormir" - musitó.

"Oye, estás en el lugar equivocado" – dijo Candy.

"De-deja de patearme o te golpearé…" - dijo abriendo los ojos pesadamente.

El muchacho parpadeó confundido, sus ojos enfocándose en la persona de pie sobre él.

"¡Tú!" – Exclamó – "¿Qué haces en mi habitación señorita pecas?"

"Esta es mi habitación, Terrence."

"No…puede ser" - dijo intentando sentarse.

Candy se arrodilló junto a él y lo haló de la camisa. El muchacho quedó sentado frente a ella y su aliento llegó al rostro de ella. Candy se pellizcó la punta de la nariz muy ofendida.

"¡Estás ebrio!" – exclamó disgustada.

"¿Y qué?" – y sonrió antes de exhalar en su rostro.

"¡Mal educado!" – le dijo batiendo la mano como un abanico para ahuyentar el olor.

"Señorita pecas…si querías estar sola conmigo debiste aprovechar...hip… aquella ocasión"- dijo pasándose la mano por la frente para apartar los mechones oscuros que caían en desorden.

"¡Deja de hablar tonterías y vete de aquí!"

"¿De qué hablas?" – El muchacho parpadeó – "Esta es mi habitación."

"No" – ella negó con la cabeza – "Esta es mi habitación…estás tan ebrio que no te has dado cuenta."

"¡No estoy ebrio!" – Se molestó – "¡Este es mi cuarto!"

"¡Que necio eres!" –dijo ella poniéndose de pie.

Terrence parpadeó y miró a su alrededor. La sorpresa le ayudó a despejar la mente de su mareo.

"¡Rayos!" – Exclamó furioso – "¡No…no puede ser!"

"Te lo dije" - ella cruzó los brazos sobre el pecho.

"Deja de sermonear y ayúdame ¿quieres? Estoy un poco maltrecho."

"Te han dado una paliza" – dijo Candy notando su ropa maltratada y la hinchazón de su mejilla.

"Calla…"

"Y encima mojado. Pareces un gato callejero."

El joven la miró con verdadero fastidio y empezó a levantarse mientras murmuraba palabras que Candy prefería no entender. Ella lo vio tambalear y lo sujetó por el brazo para ayudarlo a incorporarse. Terrence apartó su brazo con violencia y al hacerlo, perdió el equilibrio.

Un instante estaban de pie y al siguiente estaban sobre la cama de Candy. El cuerpo de Terrence oprimía el de Candy contra el colchón, su ropa mojada empapando la bata de la rubia. Sus rostros estaban muy juntos y cruzaron miradas fugaces mientras sus respiraciones se detenían.

Todo había sucedido con tanta rapidez. Y antes de que pudieran reaccionar, la puerta de la habitación se abrió de golpe y al menos media docena de monjas entraron.

"¿Qué está ocurriendo aquí?" – rugió la voz de la Madre Superiora Grey.

Ambos volvieron los rostros estupefactos hacia la puerta.

"¡Pecadores!" – gritó la Hermana Margaret.

La primera en reaccionar fue Candy que inútilmente trataba de empujar a

Terrence.

"No…no es lo que creen" – empezó a decir Candy mientras un par de monjas apartaban a Terrence del lecho.

"Esto…es un mal entendido" – dijo Terrence librándose de las monjas con violencia.

"¡Sujétenlo!" – gritó la Madre Superiora – "¡Esto es el colmo ¿Cómo se han atrevido a enlodar el buen nombre de este colegio?"

"¡No exagere!" – Repuso Terrence – "Ya le dije que es un mal entendido."

La rectora abofeteó a Terrence mientras tres monjas volvían a sujetarlo. El muchacho la miró con verdadera rabia.

"¿Cómo se atreve ¡Le aseguro que mi padre se enterará de esto!"

"¡Claro que lo hará!" – Y avanzó hacia Candy que estaba sentada al borde de la cama, estupefacta aún - "¡Descarada ¡Golfa!"

"Permítame explicarle"- empezó a decir antes que una mano se estrellara en su mejilla.

"¡No haga eso!" – dijo Terry intentando liberarse.

"¡Inmoral!" – Gritó la religiosa – "¡Ramera!"

"¡Está equivocada!" – Dijo poniéndose de pie – "¡No he hecho nada de lo cual deba avergonzarme!"

"¡Silencio!" – y volvió a abofetearla, enviándola al suelo.

Los gritos de la Madre Superiora habían despertado a todas las muchachas del piso que se agolpaban a la entrada de la puerta con Elisa a la cabeza del grupo. Ella no pudo menos que sonreír ante el espectáculo que estaba ocurriendo en la habitación de Candy.

"Tenías razón, Elisa. Candy es una golfa" – murmuró Luisa.

"Se los dije"- replicó llena de satisfacción.

"Miren a la huerfanita. Nada más y nada menos que amante del duquecito"- añadió otra.

"Esto es una equivocación" – intervino Annie – "Candy sería incapaz."

"¿Por qué la defiendes Annie?" – Preguntó Elisa con interés – "¿Es que acaso tú y Candy comparten algún lazo que desconocemos?"

Annie sintió que el color se desvanecía de su rostro ante la voz intrigante de Elisa.

"¿Cómo es que te llevas tan bien con una huérfana y ladrona?"

"Candy no es ladrona"– atinó a responder.

"¡Dios mío!" – Dijo Patty preocupada – "La van a expulsar."

"¡Así sea! No necesitamos una cualquiera entre nosotros" – dijo Elisa.

"Hay que reconocer que tiene buen gusto" – dijo Luisa riendo.

La mirada de la rectora cayó sobre ellas con furia.

"¿Qué hacen aquí?" – Les espetó – "¡Cualquier necedad les atrae!"

"¡A dormir!" – intervino la Hermana Margaret – "O su castigo será mayor que el de ellos."

Las jovencitas no necesitaron más para correr a sus habitaciones mientras Candy era levantada del piso por un par de religiosas.

"¡Esto es un error!" – Repitió Terry – "¡Me equivoqué de habitación!"

"¡Silencio!" – Gritó la Madre Superiora – "¡No me interesa escuchar tus mentiras!"

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"¡Es verdad!" – Dijo Candy – "¡Está ebrio y se metió por el balcón creyendo que era su cuarto!"

"¡Basta de mentiras, Candice! Había escuchado los rumores acerca de sus visitas a los dormitorios de los varones y no quise creerlos…y ahora esto… ¡esto es el colmo!"

"Si me dejara hablar"- suplicó Candy.

"¡Enciérrenlos en los cuartos de meditación!" – dijo llevándose la mano hacia la frente – "¡No soporto verlos más!"

"¡Suéltenme!" – Gritaba Terrence – "¡Suéltenme!"

Las monjas caminaban apresuradamente por los pasillos del colegio mientras se dirigían hacia las torres cerca de la capilla. Candy observó cómo utilizaban una gran llave de hierro para abrir la cerradura de la puerta.

"¡Te quedarás aquí hasta que se te expulse, Candice!" – dijo la Hermana Margaret empujándola dentro.

"¿Expulsión?" – repitió Candy afligida.

"¡Arrepiéntete de tu mal comportamiento!" – añadió otra.

Candy escuchó la puerta cerrarse tras ella con un estruendo. Se volvió y empezó a golpear la puerta con los puños.

"¡No ¡Por favor déjenme salir!"

"¡Silencio ¡Te quedarás ahí pensando en tu pecado hasta que tu familia venga por ti!"

"¡No, no!" – Gritó – "¡No es justo!"

"¡Silencio!" – fueron las últimas palabras que escuchó antes que las pisadas desaparecieran por el pasillo.

"Expulsión" – repitió en voz alta – "¡Dios mío, como se va a enojar la Tía Elroy ¡Que desilusión se va a llevar el Tío William ¡Archi…Stear…al menos ustedes me creerán!"

En el pabellón de los varones, Terrence continuaba vociferando, esta vez con tres religiosos.

"¡Que me suelten les digo ¡Esa vieja cascarrabias no sabe lo que está haciendo!"

"¡Más respeto!" – le dijeron, propinándole un azote.

"¡Silencio gamberro!" – le espetó otro percibiendo su olor a licor.

"¡Suélteme o lo lamentará ¡Mi padre…!" – empezó a decir.

"¡Su padre será informado, Terrence ¡Y usted estaba advertido!"

"¡Fue un error ¡Me equivoqué de habitación!"

"¡Vaya que lo fue!" – Dijeron empujándolo dentro de la celda – "¡Se quedará ahí ¡Arrepiéntase de sus pecados, Terrence!"

"¡No!" – Gritó lanzándose contra la puerta antes que se cerrara – "¡Abran la puerta!"

Mientras las pisadas se alejaban, el muchacho se dejó caer de espaldas a la puerta lleno de rabia y frustración.

La noticia se esparció como reguero de pólvora en el internado y no tardó en llegar a los oídos de los hermanos Cornwall, gracias a Neil.

"¿Se han enterado?" – les preguntó con una gran sonrisa.

"¿De qué?" – preguntó Archi levantando la mirada hacia él.

"Del comportamiento escandaloso de su adorada Candy" – añadió con malicia.

"¿De qué rayos estás hablando?" – preguntó Stear molesto.

"Encontraron a Candy con un hombre en su habitación."

"¿Qué dices?" – preguntó Stear incrédulo.

"¡Estas mintiendo!" – gritó Archi, soltando un puño sobre la mesa.

"Todo el colegio lo sabe" – continuó Neil – "Estaban en…posición comprometedora, si entiendes lo que quieres decir, con Terrence Grandchester."

"¡Es imposible!" – dijo Archi.

"¡Estas mintiendo!"– dijo Stear abalanzándose sobre él.

"¡Suéltame!" – dijo liberándose de las garras de su primo.

"¡Retráctate de tus palabras!"

"¿No me crees? Pregúntale a la Madre Superiora o a Annie…todas las chicas lo vieron."

"¡Eso es mentira!" – se agitó Archi.

"¡No defiendas a esa vagabunda!" – Le dijo Neil – "Todos sabemos que ella y

Anthony…"

"¡Calla!" – le gritó Archi tomándolo por el cuello.

"¡No la defiendas que no es nuestra sangre!" – Gritó Neil – "¡Ella ha deshonrado nuestro nombre!"

"¡Basta!" – dijo Archi empujándolo al suelo.

"Vamos a buscarla" – dijo Stear tomando a su hermano por la manga de la camisa.

Los dos muchachos empezaron a correr por los pasillos y salieron al jardín en busca de Candy. Estaban cerca de los dormitorios femeninos cuando vieron a Annie y Patty corriendo hacia ellos.

"¿Es cierto?" – preguntó Archi deteniéndose frente a ellas.

Annie asintió con la cabeza antes de romper en llanto, sin poder decir palabra.

"Encontraron a Terrence en su habitación" – dijo Patty en voz baja.

"¿Cómo? No entiendo" – dijo Archi.

"No es posible" – añadió Stear.

"Nosotras tampoco lo entendemos" – dijo Annie - "Candy…Candy no tendría una relación con ese chico."

"Algo extraño pasa aquí" – dijo Patty.

"¿Dónde está?" – preguntó Stear.

"En el cuarto de meditación" – contestó Patty – "Escuché que la tendrían ahí hasta…"

"¿Hasta qué, Patty?" – urgió Archi.

"Hasta que la expulsen"- completó Annie.

"¿Qué haremos ahora?" – le preguntó Archi a su hermano.

"Esto es un desastre. Tía Elroy se va a desmayar" – dijo Stear llevándose la mano hacia el cabello.

"Tenemos que hablar con el Tío William" – propuso Archi.

"¿Y cómo rayos sabremos dónde está?" – contestó Stear

Estaba dando brincos en su habitación. Su plan había resultado mejor de lo que esperaba. Ella había alertado a la rectora acerca de la posible escapada de Candy esa noche y se había puesto en guardia para escuchar cualquier ruido desde su cuarto. El que hubieran encontrado a Terrence dentro de la habitación de Candy había sido un golpe de suerte. Ahora estaba segura que expulsarían a Candy y que

Tía Elroy la echaría de la familia.

"¡La van a expulsar ¡Tienen que hacerlo!" – pensó llena de alegría.

Tía Elroy y el Duque de Grandchester miraban a la Madre Superiora incrédulos.

"¿Se dan cuenta de la gravedad del asunto?" – preguntó la rectora con severidad –

"Esos dos no sólo han arruinado la reputación del Colegio Real San Pablo sino la de sus familias."

"¡Dios mío!" – dijo Tía Elroy llevándose un pañuelo a la boca.

"¿Está segura de lo que vio?" – preguntó el duque con altivez a la Madre

- 26 -

Superiora.

"Los encontramos en la cama" – respondió molesta – "su hijo sobre la muchacha."

"¡Es una vergüenza!" – dijo Tía Elroy palideciendo.

"Lo que me preocupa sobre todo" – añadió – "es que no sabemos hace cuánto han estado…juntos. Candice podría estar…"

"¡No lo diga!" – Interrumpió la dama – "¡Sabía que era un error enviarla a este colegio!"

Tía Elroy empezó a abanicarse con fuerza, el color drenando su rostro. El Duque de Grandchester encendió un habanillo mientras miraba a la anciana con curiosidad.

"Señora, todos los hijos hacen travesuras. No se ponga así."

"¿Travesuras?" – Preguntó la dama incrédula – "¿Le parece una travesura?"

"Terrence me ha hecho tantas que…"

"¡Demasiadas!" – Lo interrumpió la Madre Superiora – "Esta vez sobrepasó el límite, Duque de Grandchester. Terrence está expulsado."

"Por favor, Madre Superiora."

"Los dos serán expulsados" – lo volvió a interrumpir – "Todos los estudiantes se han enterado del escándalo y no podemos arriesgar que sus padres los retiren del

Colegio."

"Mi hijo será castigado apropiadamente, Madre Superiora. Y a usted, señora, le pido disculpas por el comportamiento de mi hijo. Estoy seguro que él es el único culpable de lo sucedido."

"¿De qué me sirven sus disculpas, señor duque?" – le preguntó Tía Elroy indignada

– "Su hijo es hombre, él será disculpado por su travesura pero ¿qué hay del buen nombre de mi familia? La falta de Candice la acompañará donde vaya. El buen nombre de los Andrey ha sido manchado por siempre."

La puerta de la celda se abrió, la luz del sol cegando a Terrence por unos instantes. El Duque de Grandchester lo miró con severidad mientras entraba a la celda acompañado por dos sacerdotes.

"¡Ya era hora, padre ¡Tengo dos días encerrado!" - levantó la mirada con el ceño fruncido.

"¡No seas insolente ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Has cometido una falta imperdonable, Terrence."

"He tratado de explicarles que fue una equivocación. Verás, padre, salí a tomar unos tragos y al regresar…"

"Al regresar decidiste visitar a tu amante" – concluyó Richard.

"¡Candy no es mi amante!"

"¿Tu novia, entonces?" – preguntó alzando una ceja.

"¡No me estás escuchando, padre ¡Te he dicho que me equivoqué de pabellón y por eso entré a su habitación!"

"¡Basta Terrence ¡Estoy harto de tus mentiras!"

"¿Por qué no me crees?"

"¿Acaso me has dado motivos para creerte alguna vez?"

Terrence guardó silencio y miró a su padre lleno de furia.

"¡Levántate!" – Ordenó Richard – "¡Tienes un deber que cumplir!"

"¿Cuál?" – preguntó sin moverse.

El muchacho parpadeó confundido ante las palabras de su padre.

"Debes estar bromeando, padre" – repuso con frialdad.

"No discutas más. Está decidido."

"¡No lo haré!" – gritó encarando a su padre.

Richard Grandchester levantó la mano y la dejó caer pesadamente sobre el rostro de su hijo.

"¡Eres una vergüenza ¡Me has deshonrado, Terrence!"

"No es la primera vez que lo hago, padre" – dijo altanero.

"¡Esta vez fuiste demasiado lejos, Terrence ¡Aunque esa chiquilla te haya aceptado como amante, como un caballero de la casa Grandchester, debiste pensar en las consecuencias!"

"¿Tal como lo hiciste con mi madre, señor duque?" – repuso con rabia

"¡Silencio!"

"¡No he hecho nada indebido!"

"¡Me vas a obedecer!" – volvió a abofetearlo

Terrence escupió sangre al suelo y miró a su padre con verdadera furia.

"¡Estás loco!" – Dijo retrocediendo – "¡Completamente desquiciado!"

"¡Me obedecerás, Terrence!" – Volvió a ordenar – "Aunque tenga que golpearte."

"No será la primera vez" – dijo desafiando a su padre.

Richard miró a los sacerdotes. Estos dieron dos pasos al frente para sostener al muchacho por los brazos.

"¡No me toquen!" – gritó.

Lo obligaron a ponerse de rodillas en el suelo mientras el duque miraba con rabia ciega a su hijo. Terrence sintió un azote caer sobre su espalda y la sorpresa lo paralizó. El duque continuó su castigo con verdadera saña mientras el joven se mordía los labios, lleno de dolor e impotencia.

Candy estaba contando una hilera de ladrillos que conformaban la pared por

Enésima vez. Llevaba dos días encerrada, sin agua ni alimentos. El sonido del llavín sobre la puerta llamó su atención y se puso de pie.

"¡Tía Elroy!" – exclamó llena de sorpresa y esperanza.

La anciana avanzó a grandes pasos hacia ella y la tomó por el brazo para sacudirla

Con violencia.

"¡Tía Elroy! Deje que le explique…fue un error…"

"¡El error fue dejarte entrar en nuestra familia ¿Cómo pudiste avergonzarnos de esa manera?"

"¡Tía Elroy ¡Le aseguro que no he hecho nada de lo que deba avergonzarme!" – dijo

Intentando soltarse de la anciana.

"¡Callejera!" – gritó Tía Elroy antes de abofetear a Candy.

Candy se llevó la mano hacia la mejilla ardiente, un par de lágrimas rodando por

Su rostro.

"Esto es una injusticia. Hablaré con Tío William, sé que él me creerá."

"¿Eso crees?" – Le sonrió con burla –"Después de hoy, William no tendrá más

Autoridad sobre ti."

Candy la miró sin entender. Tía Elroy golpeó la puerta con los nudillos y la

Hermana Margaret entró con una muda de ropa limpia.

"¡Vístete!" – le ordenó la anciana.

"¿Qué sucede?" – preguntó Candy.

"¡Silencio y date prisa!"

Candy entró a la capilla sujeta del brazo por la Tía Elroy y la Hermana Margaret.

"¿Qué hacemos aquí?" – preguntó sorprendida al notar que al pie del altar estaba

Terrence y un hombre mayor.

"Silencio" – le ordenó la tía.

La obligaron a arrodillarse frente al capellán y notó como Terrence era obligado a

Hacer lo mismo. Fue entonces que escuchó al padre decir las palabras más

Inesperadas de su vida.

"Nos encontramos aquí para unir en sagrado matrimonio a Terrence Greum con

Candice White…"

"¿Qué?" – preguntó ella e intentó ponerse de pie pero la retuvieron.

"¡Silencio!" – ordenó la Madre Superiora.

"¡No pueden ¡Tío William no lo permitirá!" – continuó Candy.

"Pero yo sí lo haré" – repuso la tía – "En su ausencia, yo tengo el poder."

"¡No!" – volvió a gritar antes que la Madre Superiora la obligara a callarse de un

Bofetón.

Se quedó sentada, inmóvil y perpleja mirando al frente, tal como lo hacía Terrence

Y llorando en Grandchester se volvió hacia la anciana y notó que

Sonreía. Tía Elroy no cabía en sí misma de felicidad. Había logrado deshacerse de la

Huérfana gracias a la proposición del duque…un enlace tan honroso que ni el propio

William podría objetar.

El Duque de Grandchester miró largamente a Tía Elroy. La anciana estaba

Visiblemente afectada, sus manos temblorosas en el regazo. Richard dejó escapar

Una bocanada de aire antes de responder.

"Le haré una proposición, señora."

"Espero no esté pensando en dinero" - lo interrumpió.

"No" – la miró a los ojos – "pensaba en matrimonio."

Tía Elroy se quedó estupefacta, como si un balde de agua fría hubiera caído sobre

Ella.

"¿Matrimonio?" – repitió incrédula.

"Es verdad lo que usted dice. Terrence ha cometido una falta que sólo corregirá

Retribuyendo el honor a su hija."

"Matrimonio" – repitió esta vez la Madre Superiora.

"Sí, matrimonio. Los Grandchester sabemos cumplir con nuestro deber y Terrence

Hará lo correcto."

La anciana guardó silencio y contempló la proposición con seriedad. Si Candy se

Casaba con ese joven, su pecado sería olvidado, salvando el buen nombre de las

Mujeres Andrey y además, estarían emparentados con la nobleza.

"¿Qué le parece mi proposición, señora? Le aseguro que trataremos a Candice con

Propiedad. Terrence aún no cumple 18 años pero le aseguro que hasta que él tome

La mayoría de edad, yo velaré por ella."

Tía Elroy no pudo reprimir una sonrisa. ¡Candy pasaría a ser responsabilidad de

Otro ¡Ya no sería una responsabilidad de los Andrey!

"Acepto su propuesta. Se casarán" – consintió la tía.

"Entre más pronto, mejor" – dijo la Madre Superiora – "es necesario detener el

Escándalo".

"Los enviaremos a Escocia" – dijo Richard Grandchester – "Tengo una villa donde

Podrán quedarse hasta que las habladurías cesen."

"Me parece muy buena idea" – dijo Tía Elroy.

"Hablaré con mis abogados para preparar los papeles" – dijo Richard antes de

Volverse – "Madre Superiora ¿nos prestará su capilla para la boda?"

Hola queridos lectores

se borro el primer capitulo pues estaba erroneamente, ahora si estan bien ;D disfruten la obra de msgrandchester :D

saludos