Hola queridos lectores
Esta historia no me pertence, es de la autora msgrandchester, la comparto para que puedan deleitarse con sus palabras como yo lo he hecho leyendo su historia...
saludos...
Candy tarareaba una canción mientras se ataba las cintas de sus botas. Un llamado a su puerta hizo que levantara la mirada para encontrarse con su doncella personal. La sirvienta sonrió al notar como la luz del sol formaba un halo alrededor de la cabeza de su patrona dándole el aspecto de un ángel. La jovencita pecosa le devolvió la sonrisa mientras echaba su rizada cabellera sobre la espalda.
"¿Cómo estás Beth?"
"Muy bien, señora y ¿usted?"
"¡Estupendamente!" – dijo poniéndose de pie de un salto.
"Su desayuno está listo, señora Candy."
"Muchas gracias, Beth pero no tengo hambre. Tal vez coma algo dentro de un rato."
"¿Tomará su caminata por el bosque, señora?"
"Como todos los días" – repuso – "Es un hermoso día ¿no crees?"
"Muy lindo, señora, y muy soleado" – dijo sacando un sombrero del armario –
"Necesitará esto."
"Tienes razón" – dijo dándose una mirada en el espejo – "Creo que tengo un par de pecas nuevas."
Hacía más de un mes que estaban en Escocia y Candy disfrutaba mucho de explorar sus alrededores. La villa de los Grandchester colindaba con un bosque repleto de árboles frondosos, animales silvestres y flores. También había un lago en las cercanías, donde estaba segura podría darse una zambullida una vez que el verano llegara. Por primera vez en mucho tiempo Candy se sentía feliz a pesar de estar en un lugar nuevo y desconocido. Los encargados de la villa, los McGregor la había acogido como una hija a pesar de los desplantes que Terrence le hacía.
Los McGregor habían notado el extraño comportamiento de la pareja y no podían explicarse que sucedía. Ellos sabían que los matrimonios solían ser arreglados por los padres pero jamás habían visto tal animosidad. Beth sólo podía encogerse de hombros cuando le hacían alguna pregunta. Ella tampoco sabía que ocurría y no podía explicarse que el joven no buscara a su señora.
"¡Buenos días, Tim!" – dijo Candy regresando al jardín.
"¡Buenos días, señora! ¿Qué tal estuvo su caminata?" – preguntó el jardinero.
"¡Maravillosa! Podría quedarme aquí por siempre."
"Sería maravilloso tenerlos aquí, señora."
"¿Cómo están mis rosas?" – preguntó Candy acercándose a un arbusto que aún no florecía.
"Parece que tendremos muchísimas, señora. Desde que usted empezó a cuidarlo y podarlo, he notado que ha crecido el número de capullos. Me va a dejar sin trabajo, señora..."- bromeó él.
"No digas eso" – repuso halagada – "Lo que sucede es que tuve un magnifico maestro."
Anthony. Su recuerdo aún la hacía suspirar. Cerró los ojos y visualizó al creador de las Dulce Candy. El sonido de cascos la hizo abrir los ojos alarmada. Una veloz figura a caballo pasó a pocos metros de ellos a gran velocidad.
"Ahí va el joven Terrence" – dijo Tim – "Corriendo como siempre."
Un estremecimiento recorrió la figura de Candy antes de arrodillarse junto al rosal.
"¿No cabalga usted, señora?" – le preguntó Tim con curiosidad.
"No. No me gustan los caballos."
Candy descendía la escalinata con lentitud en dirección a la biblioteca. Se rió de si misma al pensar que la falta de sueño de Terrence empezaba a ser contagioso. Lo único que había descubierto sobre él durante el último mes era que sufría de insomnio. No era extraño verlo deambular por los pasillos a altas horas de la noche, caminando de un lado a otro, como león enjaulado, fumando cigarrillo tras cigarrillo y bebiendo hasta quedarse dormido. El ruido de una botella al romperse llamó su atención hacia la sala.
"Debe ser Terrence" – pensó volviendo el rostro hacia la sala – "Siempre bebiendo."
Lo escuchó hablar y llena de curiosidad se acercó a la sala. La luz de la luna le permitió verlo joven recostado sobre el sofá moviéndose inquieto.
"¡No quiero ir! ¡No quiero ir!" – Decía lleno de angustia - "¡No puedes obligarme!"
Avanzó hacia él y se detuvo a su lado para observarlo, acongojada.
"Terrence" – llamó con suavidad.
"¡¿A dónde me llevan?! ¡Mamá!" – Continuaba – "¿Dónde está mamá?"
"Despierta, Terrence" – repitió Candy inclinándose sobre él.
La voz del joven se quebró y Candy notó que lágrimas corrían por su apuesto rostro.
"Terry" – volvió a llamar mientras limpiaba las lágrimas con las yemas de sus dedos – "Despierta Terry."
El joven abrió los ojos y permaneció muy quieto mirando con asombro a la muchacha junto a él. Se incorporó apoyándose en los codos.
"¿Qué haces aquí?" – preguntó con frialdad.
"Vine a despertarte."
El sabor salado de las lágrimas llegó a labios de Terrence y sintió el rubor invadir sus mejillas.
"Si querías mi compañía, señorita pecas, me lo hubieras dicho" – dijo con petulancia.
Esta vez el rubor subió a las mejillas de Candy.
"¿Cómo te atreves?" – Dijo indignada – "Vine porque estabas gritando. Tenías una pesadilla. Te escuché gritar y..."
"Creo que estabas soñando. Debería darte pena buscarme a estas horas. Te sientes muy sola ¿verdad?" – dijo encendiendo la lámpara junto al sillón.
"Quise despertarte, Terrence, nada más" – replicó enfadada.
"¡Si cómo no!" – dijo colocando un cigarrillo entre sus labios.
"¡Eres un mal agradecido!" – dijo Candy avanzando hacia él.
El joven abrió los ojos atónito cuando Candy le arrebató el cigarrillo de la boca y lo apagó en un cenicero.
"Haces que la casa huela a tabaco" – dijo arrugando la nariz.
"¿Cómo te atreves?" – reclamó iracundo.
"Lo menos que podrías hacer es dejar de fumar en mi presencia."
"¡Haré lo que me venga en gana! ¡Esta es mi casa!"
"¡Como quieras!" – dijo dando media vuelta y encaminándose hacia la puerta.
Algo crujió bajo los pies de Candy y detuvo su andar. Se inclinó y tomó entre las manos un portarretratos. Era la foto de una hermosa dama.
"Para mi hijo Terrence, con todo mi amor. Tu madre, Eleonor Baker" – leyó en voz baja.
Tras ella, Terrence sintió que la sangre se congelaba en sus venas y avanzó a grandes zancadas hacia ella.
"¡Eleonor Baker! ¿La famosa actriz? ¿Ella es tu madre?"
Terrence le arrebató el retrato de las manos. Enseguida tomó a Candy fuertemente por los hombros y la miró colérico.
"Si se lo dices a alguien ¡lo lamentarás!" – la amenazó estrujando sus hombros.
"Yo...no se lo diré a nadie" – repuso sorprendida ante la actitud del joven.
"¿Por qué te entrometes? ¡Nadie te pidió que vinieras!"
"Lo siento. No era mi intención."
"¡Promete que no se lo dirás a nadie! ¡Promételo o lo lamentarás!"
"Te lo prometo"- dijo mirando sus furiosos ojos.
"¡Vete de aquí!" – dijo soltándola antes de darle la espalda.
Candy corrió hasta llegar a su habitación. Entró apresuradamente y puso el cerrojo antes de introducirse en el lecho.
"¿Por qué se habrá puesto tan furioso?" – se preguntó con el corazón latiendo fuertemente – "No entiendo."
Y en su habitación, Terrence se dejó caer pesadamente sobre su cama. Dejó escapar un suspiro mientras se llevaba la mano al rostro. Aún podía sentir el trazo de sus lágrimas…y de los dedos de Candy sobre su piel.
Terrence permaneció oculto por algunos días, saliendo de su habitación sólo por las noches. Los McGregor ya estaban acostumbrados a sus rabietas así que no le hicieron mayor caso y le recomendaron a Candy permanecer lejos de él. La chiquilla decidió hacerles caso. La verdad era que no quería verlo tan enfadado como aquella noche.
Sin embargo Terrence los sorprendió a todos al aparecer una mañana en la cocina. La conversación era amena entre Candy y la servidumbre pero todos callaron al percatarse que el joven duque los miraba desde la puerta. Grace, Tim y Beth se pusieron de pie y lo saludaron respetuosamente mientras los hijos de los McGregor, Peter y David se apresuraban a imitarlos. Candy permaneció impasible, mirándolo con curiosidad.
"Buenos días" – saludó él.
"Buenos días, mí lord" – dijeron sorprendidos.
"Continúen con lo que estaban haciendo" – dijo Terrence avanzando hacia la tetera sobre la estufa – "Venía por una taza de té."
"Podría habérsela llevado, mí lord" - dijo Grace adelantándose a Terrence – "Yo se la serviré, joven."
"Gracias" – dijo tomando asiento frente a Candy – "lo tomaré aquí."
"Con su permiso, mi lord, mis obligaciones me llaman. Que tenga buen día" – dijo Tim.
"Niños, acompañen a su padre" – ordenó Grace mientras servía una taza de té a Terrence y colocaba unas tostadas con mermelada frente a él.
Beth se apresuró a recoger los platos de la mesa antes de hacer una venia respetuosa e indicarle a Candy que iría a arreglar su habitación. Grace se disculpó también y salió hacia el jardín a recoger hortalizas.
"¡Vaya! Los he espantado" – dijo Terrence.
"Pareces tener ese efecto en la gente" – le contestó Candy poniéndose de pie – "Buen provecho."
"¡No te vayas!"
Candy lo miró sorprendida ante la urgencia de su voz. El muchacho bajó la mirada un poco avergonzado.
"Por favor...no te vayas...quisiera hablar contigo..."
"¿Qué dices? No te escuchó" – dijo ella para mortificarlo.
Él sabía lo que ella estaba haciendo y contuvo una sonrisa.
"Dije...por favor no te marches. Quiero hablar contigo."
La rubia contempló por unos segundos desairarlo y decirle que habían tenido muchas oportunidades de platicar pero su buen corazón la hizo tomar asiento de nuevo. Terrence dio una mordida a su tostada y miró a Candy. La rubia le devolvió la mirada mientras él masticaba.
"¿Desayunas siempre a esta hora, Candy?" – preguntó después de tomar un sorbo de su taza.
"Estoy acostumbrada a levantarme temprano."
"¿Y comes con la servidumbre? Eso es muy extraño."
"No veo el porqué. Son buena compañía…al contrario de otros. Pero dime ¿a qué debemos el honor de tu presencia tan temprano en la mañana? ¿O tal vez deba decir…en este día?"
Terrence tragó con dificultad al escuchar el sarcasmo en su voz.
"A nada. Sólo quise levantarme temprano…y disculparme por mi comportamiento contigo la otra noche."
Candy lo miró llena de incredulidad.
"Y quería invitarte a dar un paseo conmigo ¿me acompañarías?"
Ella lo miró con los ojos entrecerrados.
"No me mires así" – dijo riendo – "No te haré nada…a menos que me lo pidas."
"Eres irremediable" – dijo Candy moviendo la cabeza.
"Discúlpame" – dijo con una mirada arrepentida – "¿Me harías el honor de pasear conmigo?"
"Está bien. Será un honor acompañarte."
Caminaron en silencio por el jardín y salieron hacia el bosque en dirección al lago.
El muchacho caminaba a grandes zancadas. Sus piernas largas le daban ventaja sobre Candy y ella redobló sus pasos para no quedarse atrás. Llegaron hasta el lago y Terrence se detuvo junto a un frondoso árbol y miró hacia la copa del mismo.
"¿Sabes trepar?" – le preguntó a Candy.
"¿Qué si sé trepar?" – una sonrisa se dibujó en su rostro mientras daba un pequeño salto para agarrar la rama más baja y sentarse sobre ella.
"Eres toda una experta" – sonrió Terrence subiendo junto a ella.
El muchacho trepó un poco más alto y le ofreció su mano a Candy pero ella la esquivó y continuó el ascenso sola. Terrence sonrió de lado antes de detener su ascenso sobre una rama gruesa y Candy lo imitó.
"Este es el árbol de mis padres, Candy" – dijo señalando un tallado en el tronco.
Candy se percató del grabado. Era un corazón atravesado por una flecha, las iniciales R.G y E. B dentro del mismo.
"Mis padres se amaron en su juventud...o al menos eso es lo que creo" – dijo dejando escapar un suspiro – "Yo soy el resultado. El único recuerdo que mi padre tiene de sus amores con Eleonor Baker."
"La famosa actriz."
"Y plebeya. "Su sangre no es azul como la del duque" – dijo con sarcasmo – " y mi abuelo amenazó con desheredarlo si lo hacía y le recordó que como duque tenía deberes que cumplir."
"¿Deberes?"
"El de casarse con alguien con un linaje tan importante como el suyo. El amor no es importante para la sociedad, sólo la conveniencia."
Terrence tomó asiento en la rama.
"Mi padre permaneció junto a mi madre por unos años más hasta que mi abuelo enfermó y le exigió casarse para heredarle el ducado. Mi padre contrajo nupcias a escondidas de mi madre y ella decidió huir a América conmigo."
Una triste sonrisa se dibujó en los labios sensuales del joven.
"No tengo casi recuerdos de mi madre. No la he visto en años y esa foto la encontré en un cesto de la oficina de mi padre. Al principio no la reconocí pero entonces empecé a soñar…y la veía a ella corriendo por el muelle y llamándome."
Candy levantó la mirada hacia el joven al escuchar el temblor de su voz.
"Siempre creí que era producto de mi imaginación pero ella existía. Y recordé a mi padre sosteniéndome en brazos y diciéndome que ella ya no era mi madre y que tendría una madre nueva."
Una risa sarcástica escapó de los labios de Terrence.
"Mi nueva madre me despreció desde el momento en que me vio. Las amistades de mi padre y su esposa me ignoraban. Nadie quería relacionarse con el hijo bastardo del duque y la plebeya americana."
Candy dejó escapar una exclamación ante la amargura de su voz.
"No uses más esa palabra, Terrence" – le pidió.
"¿Te ofende? ¿O es que te escandaliza estar casada con un bastardo?"
"¡Por supuesto que no! Las condiciones de tu nacimiento no determinan la clase de persona que eres" – dijo posando su mano sobre la de él.
La mirada azul de Terrence se posó con rabia sobre la mano de Candy. Avergonzada, retiró la mano con rapidez.
"No quiero tu lástima, Candy."
"No te tengo lástima. ¿No te das cuenta que tal vez yo sea hija natural también? Tal vez esa sea la razón por la cual me dejaron en el Hogar de Pony."
"¿El Hogar de Pony?" – preguntó enarcando una ceja.
"Es el nombre del orfanato donde me crie" – dijo sonriendo.
"Que buen enlace hizo mi padre" – dijo Terrence en voz baja.
Candy lo miró ofendida al escuchar sus palabras.
"Realmente eres un grosero cuando te lo propones" – dijo poniéndose de pie en la rama.
"No me malinterpretes. Lo que sucede es que el duque creyó casarme con una señorita de buena familia y..."
Terrence sabía que no se había expresado con claridad pero era demasiado tarde para retractarse.
"¡Espera Candy!" – le pidió al verla descender del árbol.
La chiquilla lo ignoró mientras él la seguía a corta distancia. Decidida a escaparse, Candy se colgó de una rama y se lanzó al vacío. Terrence contuvo la respiración al ver la gran distancia entre ella y el suelo pero se sorprendió al verla caer con la gracia de una gimnasta sobre el pasto.
"Eres un Tarzan pecoso" – dijo burlón.
El muchacho sonrió de oreja a oreja y dio un salto para caer junto a ella. Candy volvió el rostro para mirarlo con rabia.
"¿Qué dijiste?"
"Te dije Tarzan pecoso, señorita pecas. Eres toda una acróbata. Seguro haríamos mucho dinero contigo en el circo."
"¡Tonto!" – fue lo único que se le ocurrió decirle.
"¡No te enfades!" – Continuó burlándose – "¡Se te ven más las pecas!"
"¡Ya verás!" – dijo lanzándose hacia él.
Terrence abrió los ojos extrañado al verla corriendo hacia él.
"¿Es que ella quiere jugar?" - se preguntó asombrado y empezó a correr al verla cerca – "¡Alcánzame si puedes, Tarzan pecoso!"
"¡Ya verás cuando te atrape!" – dijo corriendo tras él.
"¡Tarzan pecoso!"
"¡No me llames así!"
"¡Definitivamente es americana y nada aburrida como las inglesas!" – pensó divertido".
El joven soltó una carcajada.
"¡Ya te dije que no te enfadaras, Candy, se te notan más las pecas!"
El muchacho estaba bordeando el lago con Candy tras él. Volvió el rostro un instante para hacerle una mueca y sin darse cuenta que había una madriguera en el suelo y cayó estrepitosamente al suelo. Candy que estaba muy cerca, no tuvo tiempo de detenerse y tropezó con las piernas de Terrence.
"¿Estás bien?" – preguntó él sentándose en el suelo.
"¡Auch!" – Se quejó ella, sentándose también – "¿Por qué no me avisaste que te detendrías?"
"Ah, discúlpame" – dijo con sarcasmo – "Voy a hablar con los topos para que me den un mapa con la localización de cada una de sus madrigueras ¿vale?"
Los dos se miraron un instante. Tenían la cara polvorienta y estaban despeinados.
"¿Te imaginas si nos viera la Hermana Grey?" – preguntó Terrence con un brillo travieso en los ojos.
Empezaron a reír a carcajadas. Terry intentaba apartar el cabello de su rostro mientras Candy lo observaba con atención y se daba cuenta que él muchacho era particularmente atractivo cuando reía.
"¿Te ayudo?" – preguntó poniéndose de pie.
"Gracias" – dijo Candy tomando la mano que él le ofrecía – "¡Que lejos estamos de casa! Será tremenda caminata."
"Yo no pienso caminar" – dijo Terrence.
"¿Qué harás entonces?" – preguntó ella con curiosidad.
El joven sonrió enigmáticamente antes de silbar un par de veces. Candy sintió que su corazón dejaba de latir al escuchar cascos y el relinchar de un caballo. El animal se detuvo junto a Terrence, frotando su nariz en el brazo de él mientras Candy los miraba con los ojos muy abiertos.
"¿Qué te pasa?" – preguntó Terrence al notar la palidez en el rostro de Candy.
"El caballo" - musitó apuntando con su dedo índice – "¡El caballo de Anthony!"
"¿Anthony? ¿Quién es Anthony?"
"¡Es el caballo de Anthony!" – repitió.
"Ella es una yegua y se llama Teodora. ¿No es hermosa?"
"No..." – dijo Candy retrocediendo unos pasos.
"¿Qué te pasa?" – dijo Terrence avanzando hacia ella con Teodora a su costado – "Parece que te vas a desmayar. Sube te llevaré a casa."
"¡No!" – Dio moviendo la cabeza casi con histeria – "¡Odio a los caballos!"
"¿Qué dices?"
"¡No puedo…no puedo!" – y salió corriendo con la perpleja mirada de Terrence tras ella.
