Hola queridos lectores

aqui les dejo otro capitulo de la maravillosa historia de la gran autora msgrandchester, disfrutenlo...por cierto magali hoy subire mas caps de la otra historia ;D para que puedas leerlos :D saludos...

Desde su balcón, Terrence la siguió con la mirada y no pudo evitar sonreír.

"Que linda es…" – pensó mientras seguía sus movimientos con atención.

Tuvo que reconocer que Candy poseía un extraño magnetismo que había cautivado su atención. Tal vez era su sencillez, el hecho de que ella era amable con todos o que siempre estaba sonriendo. Algo en ella hizo que él sintiera el deseo de disculparse con ella por su comportamiento y de contarle un aspecto de su vida que siempre guardaba con recelo.

"¿Por qué lo hice?" – se preguntó por enésima vez.

No podía explicárselo. Sólo sabía que algo en esos ojos verdes le inspiraban confianza. Ella tomó su relato con naturalidad y él supo en ese instante que podría hablar con ella como nunca lo había hecho con ninguna otra persona. Candy se arrodilló junto a los rosales vistiendo sus pantalones de mezclilla, camisa a cuadros y botas negras. Empezó a inspeccionar los capullos mientras tarareaba una melodía. Inadvertidamente, tomó una por el tallo y se clavó una espina.

"¡Ay!" – se quejó antes de llevarse el dedo índice hacia los labios.

"¿Está bien?" – preguntó Tim levantando la cabeza del arbusto que podaba.

"Sí. Sólo me clavé una espina. Siempre me pasaba lo mismo con Anthony."

"Otra vez ese nombre" – se dijo Terrence - "¿Quién será Anthony? ¿Y por qué Candy odia a los caballos?"

Era una pregunta que no dejaba de hacerse desde el día que en que ella había corrido despavorida al ver a Teodora. Hubiera querido preguntárselo pero Candy evitaba encontrarse con él. Sonriendo de medio lado, Terrence pensó en la ironía de la situación; antes era él el que eludía sus encuentros.

"¿Por qué le teme a los caballos?" – se volvió a preguntar.

Su comportamiento no era lógico. Candy había sido criada en el campo y había trabajado en los establos de los Leagan. Entonces ¿de dónde provenía su fobia?

Candy se pasó el dorso de la mano por la frente, dejando a su paso una estela de barro sobre la piel. Una suave risilla se escapó de los labios de Terrence al ver el maquillaje de la joven.

"Sería todo un éxito durante la temporada en Londres" – pensó divertido.

Algo pareció indicarle a Candy que se había ensuciado puesto que sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió el rostro antes de volver su atención a las rosas.

"¿Cómo están las rosas, señora?" – preguntó Tim.

"Muy pronto florecerán" – dijo sonriendo – "Sólo necesitan un poco más de agua."

"Está de suerte, señora" – dijo él mirando hacia el cielo – "Mire esos nubarrones."

"¡Perfecto! Es justo lo que necesitan."

"¿Cómo aprendió tanto sobre las rosas, señora?"

"Un amigo me enseñó."

"Quienquiera que le haya enseñado debía tener muchísimos años de experiencia."

"No, no tanta" – dijo pensativa – "Anthony es…"

"Era" se recordó a sí misma. Cerró los ojos unos instantes, evocando el rostro de su príncipe, sus ojos azules y su tierna sonrisa. Su mirada de ensoñación no pasó desapercibida por Terrence, que frunció el ceño.

"Anthony aprendió a cuidarlas desde muy pequeño. Su madre se ocupaba personalmente de los rosales en Lakewood."

"¿Lakewood?"

"Es donde está mi hogar, Tim" – le sonrió – "Anthony incluso creó su propia variedad. Una rosa blanca, muy fragante y muy hermosa."

"¿Cómo se llama esa rosa, señora?"

"Anthony la llamó Dulce Candy" – dijo sonrojándose.

"¿Dulce Candy? Ese joven debe apreciarla mucho, señora."

"Sí"- dijo Candy volviendo el rostro.

Terrence apretó los labios con fuerza al escuchar el tono de voz de Candy. Se sintió extrañamente molesto y más aún al notar las lágrimas que empezaban a formarse en los ojos de Candy. Una fina lluvia empezó a caer sobre ellos. Tim se apresuró a recoger sus herramientas mientras Candy permanecía impasible mirando sus rosas.

"Señora Candy ¿no entrará?"

"No, me quedaré un rato."

"Podría enfermarse. La lluvia es muy…"

"No se preocupe. No me pasará nada."

"Le diré a Grace que le tenga liso un té caliente" – dijo Tim antes de retirarse.

Terrence permaneció en el balcón, la lluvia empapándolo tanto como a Candy. Algo extraño le estaba ocurriendo a la chiquilla, que permanecía de pie, la mirada perdida en el cielo.

"Anthony…eras tan dulce" – pensó – "¿Por qué tuviste que irte?".

"¡Está llorando!" – se dijo Terrence asombrado al ver sus lágrimas.

"¿Estás enviando esta lluvia para que florezcan las rosas?"

Como respuesta, empezó a llover con mayor intensidad. Candy sonrió con tristeza y se dejó caer de rodillas sobre el suelo.

Sentada frente a la chimenea de su habitación, cabizbaja y arrepentida, Candy escuchaba los regaños de las dos mujeres a su servicio. Beth intentaba secarle el cabello con una toalla mientras Grace le servía una taza de té.

"¡Atchis!" – estornudó Candy muy a su pesar.

"¡Ha pescado un resfriado!" – dijo Grace en tono maternal.

"Permaneció demasiado tiempo bajo la lluvia" – le recriminó Beth – "Su ropa estaba completamente empapada."

"Lo sé" – dijo Candy apenada – "pero no se preocupen, estaré bien ¡atchis!"

"Sí, claro" – contestó Grace con seriedad – "Haga el favor de meterse en la cama, señora, necesita calentarse."

"Está bien" – dijo perdiéndose entre las sábanas y el edredón mientras la arropaban como una niña.

"Descanse, señora" – dijo Beth – "y llámenos si necesita algo."

"¿Llamarlas?" – Se preguntó la rubia – "¿Para qué me vuelvan a regañar? ¡No, gracias!"

La luna brillaba cuando Candy despertó. Se sentía muy acalorada y decidió desarroparse.

"Tengo sed" – se dijo poniéndose de pie.

Sigilosamente atravesó la casa hasta llegar a la cocina para buscar la jarra de agua y un vaso. Pudo observar por la ventana que la lluvia había cesado de caer y que una leve neblina cubría el campo. El sonido de un galopar la puso en alerta mientras un estremecimiento recorría su figura.

¡Candy! ¡Mi dulce Candy!

Abriendo los ojos de par en par, Candy pudo divisar la figura de un jinete en medio de la bruma.

"¿Anthony?" – preguntó en voz alta.

¡Ven a mí, Candy! – repitió la voz.

"¡Espérame Anthony!" – respondió, abriendo la puerta de la cocina que daba al jardín.

¡Anthony! Escuchó el relinchar del caballo mientras corría hacia el jinete. ¡Tenía que avisarle! ¡Tenía que prevenirlo! El caballo cabalgaba hacia ella a gran velocidad, cabalgaba como lo hacía el día en que…

"¡Anthony, detente!" – exclamó plantándose frente al caballo con los brazos extendidos en cruz.

"¿Qué rayos?" – pensó Terrence fugazmente al ver que alguien se atravesaba en su camino.

El caballo se detuvo abruptamente y asustado se levantó sobre sus dos patas traseras.

"¡Whoa!" – Gritó Terrence halando las riendas del caballo – "¡Calma Teodora!"

"¡Es peligroso! ¡Detente!" – gritó Candy sin retroceder.

"¡Sal de ahí!" – gritó Terrence pero era demasiado tarde.

En su nerviosismo, el animal giró sobre sus patas y golpeó a Candy con la grupa, haciéndola caer al suelo. La rubia cayó, lanzando un grito mientras Terry descendía de la montura y corría hacia ella.

"¡Candy!" – exclamó Terrence, más asustado que sorprendido.

"Anthony" – murmuró cerrando los ojos.

"¡Candy!" – llamó arrodillándose junto a ella.

"Anthony, volviste por mí…"

El muchacho se sintió incómodo ante sus palabras pero reaccionó asustado al verla cerrar los ojos y exhalar. Pasó un brazo bajo su espalda y la levantó hacia él.

"¡Candy!" – La llamó palmeando su mejilla – "¡Está ardiendo en fiebre!".

"Anthony…"

"No te duermas, Candy" – dijo mientras la alzaba en brazos.

Presurosamente se dirigió hacia la casa y entró por donde Candy había salido. Atravesó el salón y empezó a subir las escaleras sin mayor esfuerzo, notando lo ligera que Candy era entre sus brazos. Abrió la puerta de su recamara con el pie y avanzó hacia su cama para depositarla sobre el lecho. Acomodó con delicadeza su cabeza sobre la almohada y ella gimió.

"No te muevas, Candy" - dijo con suavidad – "Llamaré a Grace para que te atienda."

Candy entreabrió los ojos mientras él la arropaba con una manta.

"No te vayas" – dijo ella tomando su mano entre la suya – "¿Has venido por mí?"

Terrence sintió que la sangre se congelaba en sus venas al escuchar sus palabras y notar que ella lloraba en medio de su delirio. El joven se sentó en el borde de la cama y le dio un apretón a la mano que Candy aún sostenía.

"Sí…claro"- dijo intentando apaciguarla.

"¡Oh Anthony!" – Dijo arrojándose a sus brazos – "¿Por qué tardaste tanto?"

Candy sepultó el rostro en el pecho del joven mientras sollozaba. Terrence se quedó inmóvil sintiendo como ella lo abrazaba con fuerzas.

"Ya no llores, Candy" – fue lo único que se le ocurrió decir.

"Anthony ¿por qué me dejaste?" – dijo levantando su rostro hacia él, buscando su mirada.

"Nunca…te dejaría…"- repuso lentamente mientras sus ojos azules observaban los verdes.

"¿Recuerdas aquella noche que salimos a pasear?"

"Sí…"

"Me hiciste muy feliz. No quería irme de tu lado."

"No llores más, Candy" – dijo apartando sus lágrimas con las yemas de sus dedos.

Ni en sus más locos sueños Terrence se imaginó lo que se dio a continuación. Los ojos de Candy se entrecerraron y la vio acercar su rostro hacia el suyo para juntar sus labios en un inocente beso. El muchacho cerró los ojos mientras su corazón dejaba de latir. ¡No podía creerlo! Esa niña tonta, esa señoritas pecas ¡lo estaba besando! Sintió que le faltaba el aire cuando la presión cesó y Candy se escurrió entre sus brazos, desmayada. Atónito aún, Terrence la recostó contra las almohadas y se levantó.

Una sonrisa cubría su rostro cuando salió de la habitación en busca de Grace.

"¡Por fin despierta!"

"¡Nos tenía muy preocupados!"

Candy enfocó la mirada y notó que Beth y Grace estaban de pie junto a su cama, un anciano con espejuelos a su lado.

"¿Cómo se siente?" – preguntó el hombre.

"¿Quién es usted?" – le preguntó Candy.

"Soy el Doctor Smith, señora" – dijo antes de posar el oído sobre su pecho.

La rubia miró a Beth, confundida.

"Estuvo enferma, señora."

"Nos dio un terrible susto" – dijo Grace.

"Todo parece estar bien" – dijo el médico levantándose.

"Me siento bien" – intervino Candy.

"La daré de alta pero necesito que continúe reposando…y nada de baños de lluvia"– dijo el hombre guiñando.

"Comprendo" – dijo Candy sonrojándose.

"Y tome mucho sol, señora" – agregó el médico – "Si vuelve a sentirse mal, no dejen de llamarme."

"No se preocupe" – dijo Beth.

"Lo acompañaré, doctor" – dijo Grace saliendo con él de la habitación.

"¿Por qué llamaron a un doctor? Sólo fue ayer que me mojé."

"Fue hace tres días, señora" – contestó Beth.

"¡Tres días!"

"Sí. ¿Cómo se le ocurrió salir al jardín, señora?"

"¿Al jardín?"

"Ahí fue donde la encontró el joven, señora. ¿No lo recuerda?"–preguntó con curiosidad.

"No."

"Bueno, el joven la encontró desmayada y la regresó a la habitación antes de despertarnos a gritos. Nos dio un susto, señora."

"Lo siento…"

"¿Quiere darse un baño, señora?"

"Esa es una buena idea"- dijo sonriendo.

Candy se asoleaba en la veranda de la villa. El sol de mediodía hacía brillar su cabello rizado que caía suelto sobre su espalda. Estaba ataviada en un lindo vestido rosa pálido de algodón y zapatillas de seda, su juvenil belleza muy evidente.

"¡Vaya! Veo que resucitaste" – dijo una voz burlona a su espalda.

Candy volvió el rostro y vio que Terrence se acercaba a ella.

"¿Te sientes mejor?" – preguntó deteniéndose frente a ella.

"Sí, gracias. Lamento haberlos preocupado."

"No te imaginas el susto que me diste" – dijo sentándose a su lado.

"Lo siento."

"Esto es para ti" – dijo mostrándole un ramo de rosas que escondía tras de sí.

"¡Mis rosas!" – exclamó ella sonriendo.

"Los capullos se abrieron hace un par de días. Fue después de la lluvia. Yo mismo preparé este ramo para ti."

"Gracias" – dijo saliendo de su estupor y tomando el ramo entre las manos –"Están muy hermosas."

"Tim dice que es todo obra tuya, Candy" – dijo admirando las rosas color amarillo – "y la verdad es que nunca había visto rosas tan bellas."

Ella lo miró sorprendida. Terrence le devolvió la mirada, turbándola.

"Beth dice que tú me encontraste desmayada en el jardín."

"Así es…o al menos eso fue lo que les dije" – añadió con misterio.

"¿Qué quieres decir?"

"Yo estaba cabalgando después de la media noche…a veces hago eso cuando no puedo dormir…y tu apareciste de la nada frente a mí."

Candy sintió el rubor cubrir su rostro. Recordó el sonido de sonido de los cascos en medio de la noche y de la voz de Anthony llamándola. ¿Lo había confundido con Terrence?

"Te atravesaste en mi camino, pecosa. ¿No sabes que eso es muy peligroso?"

"Sí…lo sé."

"Gritabas que me detuviera, que era muy peligroso y llamabas a Anthony" – la miró con seriedad.

"No lo recuerdo"– mintió, el rubor de sus mejillas diciéndole a Terrence que lo recordaba perfectamente.

"¿No lo recuerdas? Lo llamabas en tu delirio."

"Me siento muy cansada"- dijo poniéndose de pie – "¿me disculpas? Quiero regresar a mi habitación."

"Por supuesto…pero recuerda que tenemos una conversación pendiente" - dijo con una sonrisa enigmática.

Candy no le respondió y se apresuró a entrar en su habitación. Avergonzada se dirigió al balcón y miró hacia los rosales.

"Han florecido ya…eso significa que ya tengo 16 años…los cumplí mientras dormía" – se dijo haciendo un mohín – "¡Vaya manera de celebrar!"

Suspiró con tristeza mientras se preguntaba si sus primos y amigas se acordarían aún de ella.

Los días continuaban su paso en la villa. El sol empezaba a calentar más y las flores llenaban con su fragancia el campo. Candy estaba en su habitación leyendo un libro cuando unos toques a la puerta la interrumpieron. Beth entró con una charola en las manos, un sobre ella.

"Señora Candy, esto ha llegado para usted."

"¿Para mí?" – Preguntó tomando el sobre – "¿Una carta?"

Emocionada, abrió el sobre y empezó a leer la nota.

"Querida Candy,

No tienes idea de cuánto te he buscado. Desde la última vez que nos vimos, cada hora se ha convertido en un siglo. No es justo lo que te han hecho y prometo que te rescataré.

Muy pronto nos volveremos a ver y te prometo que esta vez, nadie te llevará de mi lado. Volveremos a Lakewood y seremos muy felices. Y aunque esta carta llegue tarde, querida, quería desearte un Feliz Cumpleaños. Estoy seguro que las rosas están en flor en tu honor.

No he dejado de pensar en ti. No desesperes, Candy. Muy pronto estaremos juntos.

Un sollozo se escapó de la boca de Candy y salió corriendo de la habitación ante la mirada atónita de Beth tras ella. Las lágrimas nublaban su vista, impidiendo que viera a Terrence que también se dirigía hacia la escalera. Sus cuerpos colisionaron pero Candy continuó su trayectoria, sus sollozos resonando en el corredor.

"¡Señora Candy!" – llamó Beth que salía de su habitación.

"¿Qué le sucede?" – preguntó Terrence sorprendido.

"No lo sé, señor" – dijo la doncella – "Sólo le entregué una carta y..."

"¿Cuál carta?" – dijo avanzando hacia la doncella.

"Esta, señor" – dijo Beth mostrándole la carta que Candy había dejado caer sobre la alfombra.

Terrence prácticamente se la arrebató de las manos. Su ceño se fruncía a medida que leía la carta.

"¿A dónde fue Candy?" – le preguntó con seriedad.

"No lo sé, señor. Tal vez haya ido hacia el bosque."

No esperó más y empezó a descender los escalones de dos en dos en persecución de Candy.

"Esto no se lo voy a permitir" – pensó Terrence lleno de furia corriendo hacia los establos – "No le voy a permitir que me deshonre".

Candy corría hacia el lago, llorando. La carta había estremecido su alma. Hacía tanto tiempo que no sabía de Alister o de Archi que pensaba que ellos ya se habían olvidado de ella. No estaba segura de quien había sido el autor de la carta pero sabía que era uno de los hermanos Cornwall. Sólo ellos podían quererla y prometerle llevarla de regreso a Lakewood.

"¡Vendrán por mí! ¡Alister o Archi, ellos vendrán por mí!"

"¡Candy!"

La rubia se detuvo en seco al escuchar una voz llamarla. Giró sobre sus talones y vio a Terrence, a caballo, acercándose a ella. Abrió los ojos desmesuradamente, pensando que él la arrollaría por la velocidad que traía pero el joven detuvo al animal, descendió y avanzó a grandes zancadas hacia ella.

"¿Qué rayos significa esto?" – le reclamó Terrence asiéndola por un brazo.

"¡Me lastimas!" – gimió ella.

"¿Qué significa esto?" – repitió mostrándole la carta.

"¡Mi carta! ¿Qué haces con ella?"

"¿Qué estas planeando? ¿Te vas a fugar con tu pretendiente?"

"¿Mi pretendiente?"

"¿Tu novio, tal vez? Sólo tu pareja te escribiría de una manera tan íntima, Candy. Es Anthony ¿verdad?" – sus ojos azules se veían casi negros debido a su enojo.

"¡No sabes lo que dices!"

"¿Acaso hay otro, Candy? Hace un par de días sollozabas llamando a Anthony. Es obvio que él significa mucho para ti al igual que sus paseos a media noche" – dijo estrujando sus hombros.

"¿Cómo es posible que sepa?" – se preguntó ella atónita.

"Tú y yo tenemos un trato, Candy. No voy a permitir que te fugues con él y me hagas quedar en ridículo."

"¡No sabes lo que dices!"

"Eres mi esposa aunque solo sea de nombre, Candy" – dijo atrayéndola a sus brazos – "pero tal vez deba exigirte mis derechos."

Los labios de Terrence, rápidos y furiosos, cayeron sobre los suyos. Candy se debatió en sus brazos pero él la sujetó con fuerza. El joven la besaba con violencia, lastimándola, su lengua invasora buscando la suya. Desesperada, la muchacha lo mordió y él reaccionó soltándola de inmediato.

"¿Cómo te atreves?" – gritó Candy iracunda mientras lo abofeteaba con fuerza.

Terrence la miró furioso y levantó la mano en el aire. Candy no tuvo tiempo de reaccionar, el bofetón haciendo arder su piel. Candy

"¿Cómo has podido?" – ella "se llevó la mano a la mejilla.

No te hagas la mojigata conmigo, Candy. No después de lo que pasó aquella noche" – cruzó los brazos sobre el pecho.

"¿De qué hablas?"

"La noche en la que saliste al jardín, te llevé de regreso a tu habitación y me besaste Candy. ¡Me besaste pensando que era Anthony!"

Candy lo miró atónita, los recuerdos agolpándose en su mente. Ella creía que había sido un sueño y era una realidad.

"¡No permitiré que huyas con él! ¡No mientras lleves mi apellido, Candy! ¡No seré el hazme reír de todos!"

"¡No sabes de lo que hablas! ¡Anthony jamás…!"

"¡Y ahora viene por ti! ¿Eh? "

"¡No sabes de lo que hablas!" – Dijo Candy – "¡Anthony está muerto!"

En silencio se miraron.

"¿Qué dices?" – preguntó estupefacto.

"¡Anthony murió! Anthony se cayó de un caballo durante una cacería de zorros celebrada en mi honor" – su voz se quebró.

"¿Cayó del caballo?"

"La pata de su yegua…pisó una trampa y Anthony cayó por mi culpa."

"¿Por tu culpa?"

"Iba tras un zorro…quería hacerme una estola" – continuó ella llorando.

"No es poco común que haya accidentes durante las cacerías" – dijo con frialdad.

"Es mi culpa. Por eso Tía Elroy me detesta."

"¡Deja de llorar, Candy! ¡Estás sufriendo por un recuerdo! ¡Estás soñando con un recuerdo!"

"¿Cómo puedes ser tan insensible?" – lo miró molesta.

"Era tu primer amor ¿eh?" – le preguntó socarrón – "El primer amor siempre duele, Candy pero nadie se muere."

"¿Qué puedes saber tú?" – le preguntó irritada ante su tono de voz.

"Has estado llorando y suspirando por un muerto. ¿Qué tan tonta puedes ser?" – dijo burlonamente.

"¡Al menos yo no me lamento de mi suerte!" – le espetó – "¡Y ahogo mis penas en licor!"

"¿Cómo te atreves?"

"Es la verdad y lo sabes, duquecito" – dijo con sarcasmo – "que nació con cuchara de plata en la boca y se lamenta por ello."

Terrence la miró furioso y avanzó hasta ella pero Candy dio media vuelta y corrió.

El tardó un par de segundos en reaccionar y subirse a la montura para alcanzarla. La joven escuchaba los cascos tras de sí e intentó alejarse pero súbitamente se sintió elevada en el aire y sentada frente a Terrence.

"¡Déjame bajar!"– gritó atemorizada.

"¡Basta! ¿Cuál es tu ridículo miedo a los caballos? Eres del campo ¿no?" – dijo pasando un brazo por su cintura para sujetarla.

"¡No! ¡No!"– se debatió

"¡Deja de luchar o nos caeremos los dos!" – dijo apretándola contra su pecho.

"¡Detente!" – gritó Candy llorando – "¡Es peligroso!"

"¡Mira a tu alrededor!" – Dijo Terrence – "¡Nada nos sucederá, niña tonta!"

Por cada ruego y por cada súplica de Candy, Terrence fustigaba el caballo. Ella sentía que se iba a caer y lo abrazó por la cintura, escondiendo el rostro lloroso en su pecho.

"¡Llora todo lo que quieras, Candy pero eso no te devolverá a Anthony!" – le dijo con insensibilidad.

Terrence podía sentir el cuerpo tembloroso de Candy, podía escuchar sus sollozos pero se negaba a detenerse. Candy tenía que olvidarse de Anthony y de ese recuerdo que la lastimaba. Tenía que dejar de llamarlo y suspirar por él.

"Eres más linda cuando sonríes que cuando lloras" – las palabras dichas por Anthony tiempo atrás volvieron a su mente.

"Anthony querría que continuaras viviendo feliz" – las palabras de Albert – "Debes estar feliz de haberlo conocido y no llorar por él toda la vida".

"Abre los ojos, Candy" – dijo Terrence – "Mira a tu alrededor. No debes desperdiciar tu vida llorando. Estás aquí, ahora, y debes sonreír."

Curiosamente, las palabras de Terrence la fueron calmando, y Terrence disminuyó la cabalgata hasta quedar en un trote ligero - "¿No es hermoso el atardecer?" – le preguntó Candy antes de besar ligeramente su frente.

"Sí…lo es" – dijo mirando el cielo rojizo frente a ellos que se reflejaba sobre el lago.

"No creo que a tu amigo le gustaría verte llorar, Candy."

"Lo sé" - dijo suspirando.

El muchacho aclaró su garganta antes de detener el caballo y mirarla a los ojos.

"Lo siento, Candy" – se disculpó – "No sabía que Anthony había fallecido."

"No podrías saberlo" – dijo intentando secar sus lágrimas.

"Pensé que él te había escrito la carta y que no cumplirías nuestro trato" – dijo entregándole un pañuelo.

"Como dijiste, hicimos un pacto. No lo rompería sin consultarte."

"¿Quién vendrá por ti, Candy?" – le preguntó con curiosidad.

"No estoy segura. Debió ser Archi o Alister, mis primos. Ellos deben estar muy preocupados por mí."

"Claro, te casaron con un patán."

"Algo así" – dijo ella sonriendo levemente – "con muy mal carácter."

"Lo siento" – dijo bajando la mirada – "y lamento haberte forzado a montar a Teodora."

"Al menos he recordado cuanto me gustaba galopar. Gracias."

"¿Tal vez podríamos hacerlo juntos?"

"Tal vez"- asintió ella con la cabeza – "si prometes no beber hasta perder el sentido."

"¿Qué dices?" – preguntó avergonzado.

"Y si prometes no fumar. No es bueno para la salud."

"¿Por qué siento que me estás chantajeando?"

"Es sólo una sugerencia, Terry."

"Terry…nadie me llama de esa manera" – pensó él con agrado.

"¿Prometes que lo intentarás, Terry?"

"Creo que es hora de volver a casa" – dijo evitando contestar la pregunta.

Los McGregor y Beth no salían de su asombro al verlos regresar juntos, a caballo. Terrence se detuvo cerca de la casa, descendió y se volvió para ayudar a Candy, asiéndola de la cintura. La joven pisó en falso y tuvo que asirse de los hombros de Terrence para no caer. Los McGregor y Beth no pudieron dejar de sonreír ante la escena que presenciaban.

"Estaba tan furioso cuando salió" – dijo Grace.

"Es obvio que la señora pudo calmarlo" – dijo Beth.

"Creo que ha encontrado a la horma de sus zapatos" – añadió Tim con una sonrisa.

"Ojalá…"

Esa noche la cena fue servida en el comedor principal en honor a Candy. Grace se había encargado de hornear un pastel de fresas y crema para la homenajeada, Beth de decorar junto a los niños McGregor el salón, y Tim de proporcionar el entretenimiento con música de acordeón. Candy estaba muy conmovida ante la pequeña celebración en su honor y no dejaba de sonreír.

"Fue idea del joven" – le dijo Beth en voz muy baja.

Candy lo buscó con la mirada. Desde su asiento, él observaba toda la escena un tanto indiferente. Ella le brindó una sonrisa y él se la devolvió. El niño de los McGregor llamó su atención para invitarla a bailar y ella accedió. Terrence la observaba en silencio y ella podía sentir su intensa mirada e hizo todo lo posible por no sonrojarse.

Era más de media noche cuando se retiraron a dormir. Candy subía la escalera seguida de Terrence y se volvió hacia él al llegar al descanso del segundo piso.

"Muchas gracias" – le dijo ella.

"No tienes que agradecérmelo. Era tu cumpleaños y como buen esposo tenía que celebrarlo."

"Terry…"

"Además, tenía que disculparme por mi comportamiento de esta tarde, Candy" – dijo buscando su mirada.

"Ya no tiene importancia."

"¿Me has perdonado?"

"No tengo nada que perdonarte."

Terrence avanzó hacia ella y se detuvo a milímetros de su cuerpo.

"Eres demasiado buena, Candy. Demasiado bella" – dijo tomando su barbilla entre los dedos.

Candy sintió un cosquilleo nervioso en su vientre mientras el aliento de Terrence acariciaba su mejilla. Dio un paso hacia atrás pero él retuvo su mano.

"No me rechaces"- murmuró Terrence.

Ella lo miró sin realmente entender a qué se refería. ¿Tal vez al hecho que estaba rodeando su cintura con un brazo?

"Perdóname"– dijo él en voz muy baja acercando sus labios a los de ella.

Esta vez los labios de Terrence fueron gentiles. Candy sintió su rodillas flaquear y tuvo que asirse de los hombros del joven. Él la estrecho contra si mientras su boca jugueteaba con los labios de la joven para morderlos suavemente.

Terrence continuaba besándola, presionando sus labios contra los suyos, pidiéndolo entrada. La lengua de Terrence, traviesa, se deslizó entre los de ella.

Candy, sumisa y asombrada, le permitió el acceso que buscaba. Se iba a desmayar.

"Feliz cumpleaños, Candy" – le dijo soltándola repentinamente.

"Gr-gracias" – contestó sonrojándose.

Terrence le dio un beso fugaz sobre la frente y se dirigió a su recámara mientras ella lo observaba confundida.