Hola queridos lectores

esta historia no me pertenece, es de la autora msgrandchester, espero que lo disfruten...

saludos...

Varias canoas flotaban sobre el lago y en una de ellas iba Elisa Leagan que se mordía los labios llenos de rabia. Le daba rabia que su embarcación iba atrasada pero mucho más que Terrence, el futuro Duque de Grandchester, no le dirigiera ni una mirada. ¿Es qué no se daba cuenta de que ella era de una cuna mejor que la de Candy?

"¡Apresúrate Neil!"- le gritó a su hermano que intentaba controlar los remos con precisión.

"¿Por qué no me ayudas?" – dijo soltando uno de ellos – "¡Me duelen las manos!"

"¿Eres un hombre o una mujer?" – le preguntó Elisa iracunda.

"¡Soy un hombre con dinero!" – Le espetó – "¡Yo pago para que remen!"

"¡Pues Archi no tiene ningún problema! ¡Mira cómo va!"

En efecto, la canoa de Archi y Annie iba a la delantera del grupo, seguida por Stear y Candy.

"¡Dale Stear, dale!" – Gritaba Candy desde la proa – "¡No podemos dejar que Archi nos gane!"

"¡Hey! ¿De qué lado estás?" – le gritó Archi.

"¡Del que gane!" – Contestó Candy con una carcajada– "¡Y vamos a ser nosotros!"

"¡No lo harán!" – Respondió la tímida Annie – "¡Archi es el mejor!"

"¡Gracias cariño!" – contestó Archi brindándole una sonrisa cautivadora a su novia.

Desde la orilla, Terrence alternaba la mirada entre el libro que leía y la competencia que se llevaba cabo en el lago. Pretendía no interesarse en las actividades del grupo pero tenía que admitir que eran un grupo simpático, a excepción de los Leagan…particularmente, Elisa. En su opinión, ella era una descarada que no paraba de coquetear con él o buscar acaparar su atención.

"¡Oh, oh!" – pensó Terrence al ver lo que estaba ocurriendo.

Elisa furiosa con su hermano, se había puesto en pie sobre la canoa y se había encaminado hacia él para empujarlo. El muchacho molesto ante su comportamiento, la había empujado y esta había caído al agua.

"¡Idiota!" – dijo Elisa desde el agua, asiéndose del borde de la canoa y meciéndola.

"¡Detente!"

La advertencia llegó demasiado tarde. La canoa se volcó y Neil cayó estrepitosamente al agua mientras los remos golpeaban a Elisa en la cabeza.

"¡Dios mío!" – exclamó Annie asustada.

"No te preocupes" – dijo Archi con calma – "Elisa sabe nadar."

Stear y Candy cruzaron miradas preocupadas.

"¡Elisa, eres una idiota!" – gritó Neil apareciendo en la superficie.

El muchacho miró a su alrededor buscando a su hermana y abrió los ojos preocupado al no verla.

"¿Dónde está?" – le preguntó a sus primos.

"Por ahí debe estar" – respondió Archi sosegadamente.

"Algo está mal" – dijo Candy preocupada y antes que pudieran detenerla se lanzó al agua.

Terrence Grandchester ya se había percatado que algo andaba mal y estaba acercándose a la canoa de los Leagan cuando Candy llegó junto a él.

"¿Sabe nadar?" – preguntó Terrence a la rubia.

"Así dicen."

"Voy a buscarla" – dijo tomando una bocanada de aire antes de sumergirse.

"Esto está muy mal" – dijo Annie mirando al agua.

Instantes después apareció Terrence con Elisa en la superficie. Stear acercó su canoa y lo ayudó a subirla. Candy permaneció en el agua mientras Terry trepaba y examinaba a Elisa. Para sorpresa de todos, unió su boca a la de ella.

"¿Qué rayos haces?" – reclamó Neil halándolo del brazo.

"No seas ignorante" – increpó Stear – "Está empujando aire a sus pulmones."

"¡Qué asco!" – murmuró Archi por lo bajo mientras Annie le daba un codazo.

"¡No seas insensible!" – lo regañó.

Elisa empezó a toser y abrió los ojos.

"Estará bien" – dijo Terrence empezando a incorporarse.

Súbitamente los brazos de Elisa rodearon su cuello mientras ella lloraba.

"¡Gracias, me has salvado, Terrence!"

"No es para tanto" – dijo intentando soltarse de su abrazo.

"¡Claro que lo es! ¡Ni el inútil de mi hermano ni mis queridos primos intentaron ayudarme!" – les dirigió una mirada fulminante mientras ellos solo se encogían de hombros.

"No creíamos que era serio"– explicó Archi.

"¡Idiotas!" – Elisa se volvió hacia Terrence y le dio una sonrisa cautivante – "¡Eres mi héroe!"

"No exageremos" – contestó con frialdad.

"Creo que será mejor que regresemos" – dijo Annie – "Deben cambiarse antes que pesquen un resfriado."

"Tienes razón" – dijo Archi besando su mejilla – "Eres una mujercita muy sensata."

"¿Vienes Candy?" – preguntó Terrence mirando a la rubia que seguía en el agua.

"Iré con Stear" – y nadó hacia la otra canoa.

Una vez en la orilla, Terrence se despidió y partió hacia la villa. Candy se quedó con el grupo y regresó con ellos hacia el internado.

"¿Por qué no regresaste con Terrence, Candy?" – le preguntó Annie una vez dentro de su habitación.

"Quise acompañarte" – dijo secándose con la toalla que le ofrecía.

"Estás molesta" – dijo Annie con suspicacia mientras se cambiaba.

"¿Molesta? ¿Yo?"

"No me mientas, Candy. Vi la cara que pusiste cuando Terrence besó a Elisa."

"¡No la besó!" – Exclamó con fuerza – "¡Sólo le dio aire!"

"¡Aja!" – Se rió Annie – "¡Estás celosa!"

"¡Estás equivocada!" – se ruborizó Candy.

"No tienes que mentirme" – dijo Annie conciliadora – "Comprendo tus sentimientos."

"¿Qué dices?"

"Hubo un tiempo en que tenía celos de ti, Candy. Sé que eres muy especial para Archi."

"Pero Annie…"

"Ahora sé que Archi te quiere pero de una manera muy diferente de cómo me quiere a mí…dime ¿te ha besado el duquecito?"

El rubor en las mejillas de Candy respondió la pregunta de Annie.

"¿Sentiste mariposas?"

"Un millón de ellas"- dijo avergonzada.

"¡Eso es estupendo!" – le sonrió su amiga – "Y debe quererte mucho para venir con nosotros todos los días. Es muy obvio que no le simpatizamos."

"Lo que pasa es que es…solitario"– lo disculpó ella.

"Si claro…pero es obvio que le agrada tu compañía y es inmune a las coqueterías de Elisa."

"¡Es una descarada!" – dijo Candy con enojo.

"No te preocupes" – dijo Annie abrazándola – "Él sólo tiene ojos para ti. Ahora, cámbiate o pescarás un resfriado."

Ataviado en un hermoso vestido veraniego color lila y el cabello suelto al viento, Candy caminaba hacia la villa. Estaba cerca del portón cuando escuchó voces que discutían.

"¡Terrence! ¡Por el amor de Dios, déjame entrar!" – decía una voz femenina, angustiada.

"¡Lárgate, vete de aquí! ¡No te quiero ver!" – gritaba Terrence iracundo.

"¡Hijo mío!" – suplicaba.

"¡No me llames así! ¡No tienes el menor derecho!"

Aturdida, Candy los escuchaba a poca distancia. Podía ver el rostro de Terrence, la rabia latente en los ojos. No podía ver el rostro de la mujer pero sí escuchaba la desesperación en su voz.

"¡Déjame explicarte!"

"¡¿Explicarme?! ¡¿Que vas a explicarme Eleonor Baker?! ¿Que no podías verme cuando te fui a buscar a Nueva York? ¡Que me dejaste esperándote afuera del teatro!"

"¡Si me dejaras explicarte!"

"¡Vete! ¡Vete! ¡Te odio, no te quiero ver!"

¡Basta!"

La voz de Candy tras ellos los sobresaltó. Ambos rostros, con ojos azules idénticos se posaron en el rostro lloroso de la rubia.

"¿Cómo puedes hablarle así a tu madre?" – preguntó con voz quebrada.

¡No te entrometas!" – le gritó Terrence cruzando los brazos sobre el pecho.

"¡Es tu madre!" – le contestó.

"Sólo porque me parió" – contestó con desdén – "¡Y ahora quiero que se largue!"

Eleonor dejó escapar un sollozo y cayó de rodillas al suelo. Candy corrió a su lado y se inclinó junto a ella.

"¡La estás lastimando, Terrence!"

"¡Que sufra! ¡Que sufra como lo hice yo!" – gritó Terrence y dio media vuelta para alejarse.

Candy lo vio dirigirse a los establos y casi enseguida salir a todo galope hacia el bosque. Tim y Grace que se habían mantenido al margen de la situación corrieron hacia el portón y lo abrieron. Eleonor visiblemente afectada, se puso de pie temblorosa.

"¡Eleonor!" – exclamó Grace acercándose a ella.

"Grace…"

"Señora Candy" – dijo Grace mirándola – "¿le parece bien si hacemos pasar a la señora?"

La rubia asintió mientras tomaba a Eleonor del brazo.

Sentadas en silencio en el salón principal, Candy se preguntaba qué podría decirle a la madre de Terrence.

"¿Quién…quién eres?" – preguntó Eleonor mirando a la chiquilla frente a ella.

"Soy Candy" – contestó ella sonriendo.

"Pero… ¿Quién eres?"

"Soy…soy la esposa de Terrence" – contestó apenada.

Eleonor se dejó caer en el respaldar del sofá y por un instante, Candy creyó que se había desmayado.

"Estoy bien" – dijo Eleonor mirando a Candy – "no puedo creer que mi hijo esté casado."

"Es una larga historia."

"Eres casi una niña" – dijo Eleonor acariciando su mejilla – "¿Cuánto años tienes?"

"Dieciséis."

"La misma edad que tenía cuando conocía a Richard" – suspiró Eleonor – "¿Son encantadores los Grandchester, no es así?"

"Pueden serlo…cuando están de humor."

"Y mi hijo tiene un carácter terrible…pero todo es mi culpa."

"No conozco toda la historia, señora, pero no creo que usted sea la única culpable…hay muchas circunstancias."

"Me dejé llevar por el amor. Me enamoré locamente de Richard, a sabiendas que éramos de diferentes mundos y mi Terry ha sufrido las consecuencias. Ahora, él me odia y me desprecia" – concluyó llorando.

"Él la quiere, estoy segura. Es sólo que está muy lastimado."

"¿Cómo puedes saber eso?"

"El ama el teatro" – sonrió – "es obvio que lo lleva en la sangre."

Los ojos de Eleonor se iluminaron ante las palabras de Candy. Estaba a punto de decir algo cuando Grace apareció con la bandeja de té.

"No has cambiado mucho en estos años, Grace" – dijo Eleonor más relajada.

"Usted está igual de radiante, señora."

"¿Señora?" – Sonrió Eleonor – "Por lo que acabo de descubrir tienes a una nueva patrona."

"La señora Candy es muy amable. Me recuerda mucho a usted."

"¿Inclusive en el amor por Richard? O en este caso ¿en el amor por Terrence?"

Candy sintió los colores subir a su mejilla y bajó la mirada. Grace se limitó a sonreír.

"Pondré un puesto más en la mesa, señora Candy."

"Me parece bien y por favor indícale a Beth que prepare una habitación para la señora Baker."

"Como no, señora" – dijo haciendo una leve reverencia y marchándose de la sala.

"Háblame de ti, Candy" – pidió Eleonor tomando su mano – "Y háblame de Terrence."

Era más de media noche cuando Terrence entró a su habitación. Una luz se encendió casi de inmediato revelando la figura de Candy sentada en un diván junto a la cama.

"¿Qué haces aquí, Candy?" – le preguntó con altanería.

"Necesito hablar contigo."

"Estoy cansado, Candy" – dijo deteniéndose frente a ella – "y no tengo ganas de hablar."

"Vas a tener que escucharme" – dijo halándolo de la mano y obligándolo a tomar asiento junto a ella.

El muchacho estaba demasiado sorprendido para reaccionar.

"Eleonor está aquí."

"¡¿Qué?!"

"Le pedí que se quedara. Eleonor está muy triste y desesperada. Realmente necesita hablar contigo."

"¿Y por qué no lo hizo cuando fui a buscarla a Nueva York?" – Preguntó con amargura – "Me tuvo esperando en la nieve y luego me vio a escondidas…como si se avergonzara de mí."

"Eso tendrás que preguntárselo a ella, Terry. Escúchala."

"¡No quiero!" – dijo con petulancia.

"Te lo ruego" – dijo tomando su mano entre las suyas – "Escúchala."

"¿Por qué te interesa tanto que la escuche, Candy? No es asunto tuyo."

"No me gusta verte triste ni enojado. Es como si tuvieras tanto dolor que quieres acabar con todo. Destruir todo a tu paso."

Terrence la miró largamente antes que ella esquivara su mirada.

"Te suplico que la escuches."

"No me interesa escuchar sus mentiras, Candy."

"Por favor, Terry. Piensa en el lujo que tienes. Yo daría cualquier cosa por tener una madre que quisiera conversar conmigo."

El joven la escuchó llorar y sintió su orgullo doblegarse.

"No llores Candy. La escucharé…si eso te hace feliz."

"¿Lo harás?" – preguntó llena de esperanza.

"La escucharé y es todo lo que puedo prometerte."

"Acepto tu promesa" – dijo sonriendo.

"¿Te sientes bien?" – preguntó súbitamente.

"¿A qué te refieres?"

Al chapuzón. ¿No has pescado un resfriado?"

"No, para nada" – dijo recordando el incidente – "señor héroe."

"¿Celosa?" – preguntó Terrence riendo.

"¡Jamás!"

"¡Estás celosa!" – se burló atrayéndola a sus brazos.

"¡Suéltame!"

"¡No hasta que admitas que estas celosa!" – la apretó en un abrazo.

"¡Presumido!" – y hundió los dedos en sus costillas.

Terrence la soltó como si quemara, riendo. El rostro de Candy se iluminó.

"¡Tienes cosquillas!"

"¡Basta, pecosa traviesa!" – Dijo sujetando sus manos – "¡Te voy a castigar por atrevida!"

"¿Y cómo lo harás?" – preguntó levantando su nariz respingada en desafío.

La besó. Los labios se movían con gentileza sobre los de ella, conquistándola.

"Ya te dije que solo me gustan tus besos, Candy" – murmuró en voz ronca.

Sus labios empezaron a deslizarse sobre su mejilla, resbalando a su cuello y mordisqueando su piel. El aliento de Terrence quemaba la piel de Candy pero ella no tenía la voluntad para alejarse de él. La mano de Terrence ascendió por su espalda y se deslizó hacia la curva de su seno. La escuchó gemir asustada y se detuvo.

"Lo siento, Candy" – dijo en voz baja.

"Me voy a dormir" – dijo ella poniéndose en pie.

"Que duermas bien."

"Gracias."

Ella le sonrió con timidez y corrió hacia la puerta. Terrence se dejó caer sobre su cama mientras suspiraba.

"Tú lo amas ¿no es así?"

Las palabras de Eleonor Baker no dejaban de resonar en la cabeza de Candy. La mirada azul de la dama la miraba con ternura y con una extraña sabiduría.

"Aún no lo sabes pero pronto lo descubrirás".

¿Era esa la respuesta a la creciente atracción que sentía por Terrence? ¿Era acaso por eso que no podía dormir a menos que sostuviera al menos una conversación con él durante el día? ¿Era por eso que no lo rechazaba y ansiaba sus besos?

"¡Candy!"

"¿Eh?" – se sobresaltó ante la voz de Stear.

"¿Qué te sucede?" – le preguntó el chico.

"Estás a un millón de kilómetros de aquí" – dijo Annie.

"¿Te dio problemas el aristócrata? ¿Es por eso que no vino?" – le preguntó Archi.

"Para nada. Lo que sucede es que su madre está aquí."

"¿Su madre?" – exclamaron los tres.

"¿Y quién es ella?" – preguntó Stear

"No les puedo decir" – contestó la rubia.

"¿Qué?" – Casi gritó Archi – "¡Debes estar bromeando!"

"Lo siento. Le prometí a Terry que no diría nada a nadie."

"Somos nosotros, Candy" – dijo Stear.

"Déjenla tranquila."- intervino Annie – "Después de todo, Terrence debió decírselo en confidencia de esposo. Hay que respetar eso."

Archi soltó un bufido. Stear entrecerró los ojos y Annie sonrió.

Candy entró a la casa por la puerta de la cocina. Los McGregor estaban sentados junto a Beth en la mesa.

"Buenas noches" – los saludó – "¿Está lista la cena especial para la señora Baker?"

"La señora se marchó" – contestó Grace.

"¿Cómo dices?" – se sorprendió la rubia – "¿Tan pronto?"

"El joven la ha llevado a la estación del ferrocarril, señora" –dijo Tim.

"Alégrese, señora" – dijo Beth – "La señora Baker y el joven se veían muy contentos cuando partieron."

"¿Es verdad?" – preguntó llena de esperanza.

"¡Muy felices!" – Dijo Grace – "Como cuando el joven era niño y vivían aquí."

"Me alegro tanto" – dijo Candy al borde de las lágrimas.

"¿Le servimos la cena, señora?"

"No, gracias. Estoy muy cansada. Iré a mi habitación."

"Que descanse, señora" – dijeron al unísono.

Una hora después, bañada y ataviada en una bata de dormir, Candy leía el libro de poesías que Terry le había regalado. Su intención era esperarlo a su regreso y conversar pero el sueño se apoderó de ella, el libro cayendo a sus pies.

La luna brillaba por lo alto y una suave brisa se colaba por en medio de las cortinas de gasa. Candy despertó agitada, creyendo escuchar un sollozo. Se puso de pie y salió de la habitación, el llanto llevándola hasta la habitación de Terrence.

Impulsivamente abrió la puerta de la habitación, el olor fresco y masculino de Terrence inundando sus sentidos. A tientas se dirigió hacia el diván.

"Terry" – llamó ella con suavidad.

La luna cambió de posición, iluminando una figura solitaria sobre el sofá. Candy lo miró y notó que tenía los codos apoyados sobre las rodillas, sus manos cubriendo el rostro.

"¿Estás bien?" – preguntó arrodillándose junto a él, una mano tocando ligeramente su hombro.

"Se ha marchado. Mamá se ha ido."

"Estoy segura que volverá."

"Yo también lo creo" – dijo descubriendo el rostro, un rastro de lágrimas visibles en las mejillas.

"¿Tuvieron un buen día?"

"¡Maravilloso! Hablamos mucho…me explicó muchas cosas…ahora entiendo tanto, Candy."

"Me alegro."

"Y te lo debo a ti, Candy. Gracias por hacer que se quedara."

"No debes agradecérmelo. Es tu familia."

"Nunca he tenido una familia, Candy" – dijo con tristeza – "Siempre he estado solo. Tú, al contrario, siempre has tenido quien te quiera y te acompañe."

"Tú no estás solo, Terry."

"Ya no lo estoy, Candy. Creo que te he estado esperando toda la vida. Tú eres mi familia ahora" – dijo con voz profunda.

"Oh Terry" – dijo recostando la mejilla sobre su rodilla – "Te prometo que nunca estarás solo."

"¿De verdad, Candy?" – Preguntó levantando el rostro de ella hacia el suyo – "¿Me prometes que serás mi familia?"

"Terry…"

"No quiero ser como mi padre"- dijo tomando su mano – "No quiero estar con alguien por el deber, Candy. Quiero estar con alguien porque ambos lo deseamos. ¿Entiendes lo que quiero decir?"

"Entiendo" – dijo sintiendo su corazón latir por mil – "Seré tu familia, Terry…no volverás a estar solo."

"¿Serás mi compañera?" – preguntó tomando su rostro entre las manos – "¿Serás mi mujer?"

Candy tragó en seco, perdiéndose en la mirada azul de Terrence.

Hola nuevamente

solo queria dejarles a todas aquella personas que lo deseen mi nombre de facebook, donde pueden encontrarme para cualquier duda o comentario aparezco como princess moon o si no me encuentran envienme un correo y les envio el link es: caroline_ed5

saludos y lindo viernes ;D