Hola queridos lectores
esta maravillosa historia le pertenece a la gran autora msgrandchester espero la disfruten tanto como yo jejeje ;D
saludos...
La luna brillaba sobre la piel de los adolescentes dándoles una apariencia plateada y misteriosa. La mano de Terrence ascendía para volver a descender con lentitud suavemente sobre la espalda de su esposa.
"Tu piel es tan suave" – murmuró él.
"La tuya también" – contestó Candy, su mano acariciando el vientre plano de su esposo, descubriendo una vez más los músculos que se escondían bajo las camisas – "y tan firme."
"Nunca olvides que te amo, Candy."
Terrence la escuchó suspirar mientras sus brazos volvían a estrecharla, acercándola más a él, sus piernas enlazándose.
"Es hermosa" – pensó con satisfacción – "y es mía".
Candy llevó una mano hacia los cabellos de Terrence y sumergió sus dedos en ella.
"Me gusta…pareces un pirata." – dijo suspirando.
"¿Un pirata?"
"Sólo te falta un parche sobre el ojo" – dijo ella riendo con suavidad.
"¡Que cosas dices, pecosita!" – dijo riendo también.
Ella lo miró amorosamente. Terrence tomó uno de sus rizos entre los dedos y lo llevó a sus labios.
"Me gustan desde que te vi en el Mauritania" – confesó – "rizos dorados como el sol." –Inclinó los labios para tocar los de Candy.
"¿Te he dicho cuanto te amo?" – preguntó apasionado.
"Me lo has demostrado"- contestó ruborizándose – "Ahora entiendo."
El verano estaba terminando; los días se volvían menos calurosos y los turistas regresaban a sus hogares. Candy y Terry, ahora sin la compañía de los otros jóvenes, dependían el uno del otro más que antes. Tim y Grace los miraban a la distancia, pensando lo felices que sus patrones se veían.
"Nunca habría imaginado" – decía Tim a su esposa – "que el joven Terrence cambiara tanto."
Terrence había dejado de fumar y beber. Se había convertido en un joven más alegre, más risueño, y más atento con las personas a su alrededor. Era obvio que adoraba a Candy y la miraba con ojos llenos de amor. Grace se sorprendía que a pesar de la juventud de Candy, ella se comportara como una esposa ejemplar. Sabía llevar la casa, estaba al pendiente que los platos preparados fueran los preferidos de Terry, y lo llenaba de mimos. La conquista había sido mutua y ambos estaban completamente enamorados.
"Tan sólo necesitaba un poco de amor para salir de su coraza"- sonreía Grace, llena de sabiduría.
El pueblo estaba de fiesta, las calles iluminadas con linternas de papel, los campesinos ataviados con sus mejores trajes para celebrar las festividades del fin de verano.
"¡Es el hijo de duque!"
"¡Y viene con su esposa!"
"¡Son tan jóvenes!"
Terry los podía escuchar y se volvía a ellos para saludarlos, tratando de borrar esa imagen de chico malo que tenía; más de una vez lo habían visto en los bares bebiendo o empezando alguna pelea pero aquello había quedado atrás. Como magia, el encanto y la sonrisa de Candy había conquistado a los lugareños, la imagen de Terrence quedando en el pasado.
Las mujeres del pueblo miraban a Terrence descaradamente; al menos así lo pensaba Candy. Le sonreían y batían sus pestañas como alas de mariposa y Candy sentía celos. Celos que la hacían imaginarse arrastrándolas por el lodo.
Los hombres del pueblo no se quedaban atrás pero eran más discretos que las mujeres particularmente después de la mirada furiosa que Terrence había dado a uno de ellos. El duquecito tenía reputación de ser bueno con los puños, así que era mejor mantenerse a distancia.
"¡Eso sí, que ni se acerquen a ella!" – su instinto le decía que los golpeara pero no podía culparlos por admirar a su mujer.
Terrence miró a Candy con una sonrisa. Ella llevaba un vestido rosa pálido de verano, de falda amplia y mangas cortas. El cabello cayendo libremente sobre la espalda, tal como a él le gustaba. Habían estado bailando y la agitación había sonrosado sus mejillas ¡se veía hermosa!
"¡Ven conmigo!" – dijo Terry tomándola de la mano.
"¿A dónde me llevas?"
"A donde pueda besarte sin llamar la atención" – decía Terrence mientras se escondían en un callejón.
"Pero, Terry ¡no es correcto!" – decía Candy avergonzada.
"Estamos casados, pecosita."
Terry la besaba y nublaba sus pensamientos; sus respiraciones se volvían jadeantes, las manos del joven deslizándose bajo su falda para alzarla hacia él y los muslos de Candy rodeaban las caderas de Terry.
"Te necesito" – murmuró sin aliento Terrence, su frente apoyada en la de Candy.
"Terry.".
"Te amo… ¡te amo!" – y volvía a tomar sus labios con pasión.
Candy, toda suavidad, sentía el cuerpo firme de Terrence contra el suyo, despertando sentimientos que no podía explicarse. Sólo sabía que le faltaba el aire, que su piel se erizaba y que necesitaba tenerlo más cerca, si es que aquello era posible.
"Terry…"-gimió ella turbada.
"Discúlpame" – contestó, posando sus pies sobre el suelo – "este no es lugar."
"No tienes que disculparte" – dijo ella ruborizada, acomodándose la ropa.
"Regresemos a casa, amor" – dijo tomando su mano.
Era casi medianoche cuando regresaron a la villa. Terry abrió la puerta para que Candy entrara.
"Volveré enseguida" – dijo él besando su frente.
"¿Dónde irás?" – preguntó sorprendida.
"Necesito dar una cabalgata, amor. No te preocupes."
"Está bien. Ten cuidado."
"Lo tendré."- contestó antes de darse media vuelta.
Candy lo vio alejarse y supo que algo le sucedía; Terry sólo cabalgaba de noche cuando se encontraba inquieto. Suspirando, subió a su habitación y después de darse un baño, se acostó a dormir.
Terrence miraba a Candy con una sonrisa. La rubia despertó sobresaltada al sentir que le caía agua sobre el rostro.
"¡Terry!" – exclamó al verlo inclinado sobre ella, descamisado, gotas de agua resbalando de su cabello oscuro.
"¡Sí que duermes!" – se burló él.
"¡Me estás mojando! ¿Te bañaste?"
"No querrás que venga a la cama oliendo a caballo ¿verdad?"
"Tampoco quiero que me mojes" – dijo haciendo un puchero.
El muchacho sacudió la cabeza como si fuera un can, el agua cayendo sobre Candy. Ella rió con suavidad y le echó los brazos al cuello para atraerlo a ella. El cuerpo de Terrence cayó sobre el de ella.
"¡Que malo eres, conmigo!" – se quejó Candy.
"¿Muy malo?" – preguntó besando sus mejillas.
"¡Malísimo!" – se rió.
"Entonces te daré muchos besitos para que me perdones" – dijo besando todo su rostro –"¿Quieres más?"
"Muchos más."
"¿Me amas, Candy?"
"¿Me amas tú a mí?"
El rostro de Terrence se volvió muy serio, su mirada escudriñando el rostro de su joven esposa. Los ojos verdes de Candy se abrieron con expectativa. El rostro de Terrence estaba tan cerca que podía sentir su aliento sobre la piel. Inmóvil, observó a Terrence inclinar su cabeza hacia ella, sus labios quedando a escasos centímetros de los suyos.
"¿Es que no te lo he demostrado, mi amor?"
"Aún no soy tu mujer"- dijo en voz muy baja.
"Candy…" - dijo Terrence estupefacto.
"Sé que hay algo más…algo que sucede entre…dos personas que se aman."
"Candy…amor"- dijo haciéndose a un lado.
"¿Me enseñarías?"
"Candy."
"Sé que no soy como las muchachas del pueblo pero…"
"¿De qué hablas? ¿Qué tienen que ver las chicas del pueblo?"
"Vi cómo te miraban…como te hablaban."
"¿Y eso qué?"
"Ellas…tal vez ellas sean más interesantes."
Terrence soltó una carcajada. Candy se sentó sobre la cama y lo miró muy ofendida.
"No me parece que te haya dicho un chiste" – se quejó.
"¡Pequeña tonta! ¡Estás celosa!" – dijo pinchando la punta de su nariz.
"¡No es verdad!" – dijo haciendo un mohín.
Él se sentó junto a ella y la abrazó.
"Sólo me importas tú, Candy. Sólo tú."
"Cuando me besas, Terry…quiero más…quiero estar más cerca de ti…quiero…que me ames…y que no te detengas."
Los segundos parecieron horas, los ojos azules de Terrence mirando los de Candy fijamente.
"¿Estás segura, amor? No quiero asustarte."
"Contigo no tengo miedo."
"Bésame, entonces…"– le pidió con voz sensual.
"Te beso" – dijo mientras un cosquilleo nervioso y excitado llenaba su ser.
Lo besó tal cual él le había enseñado, con pasión y fervor, excitada ante el aroma de Terry. El la estrechó contra su pecho con fuerza, una mano deslizándose bajo la bata.
"No te lastimaré" – le prometió.
Candy se sintió empujada ligeramente hacia atrás, el cuerpo de Terrence cuadrándose sobre ella. La boca de Terrence la besó con insistencia, seduciéndola, conquistándola.
"Terry"- murmuró rodeando su cuello con los brazos.
"Me gustas, Candy…me gustas tanto… ¿te gusto yo?" – susurró en su oído, ronco y apasionado.
La piel de la joven se erizó al contacto de su aliento.
"Me encantas"- balbuceó turbada.
"Dime" – dijo besando cada una de sus pecas – "dime que sientes."
"Me haces perder el sentido…me turbas."
Lo escuchó reír lleno de gusto, lleno de felicidad. Candy, suavemente, tomó el rostro de Terry entre sus manos.
"Eres apuesto"- dijo besando la comisura de sus labios – "y tu boca puede ser tan hermosa cuando sonríes."
"Tú me enseñaste a sonreír, Candy."
Los labios de Candy recorrieron su mejilla hasta llegar a sus ojos, los cuales besó con delicadeza antes de dirigirse hacia las oscuras cejas.
"Te amo." – dijo ella.
"Y yo a ti."
Las manos de Candy recorrieron la espalda del muchacho y se detuvieron en los hombros del joven para cubrirlos de besos. Terrence gimió bajo su contacto y buscó sus labios con avidez. Sonriendo, ambos se dieron besos cortos hasta que sus respiraciones se agitaron, revelando la pasión que llevaban dentro de sus corazones, sus cuerpos acercándose más y más.
Los dedos de Candy se enredaron en los cabellos de Terrence mientras lo besaba con fervor. Los brazos de Terrence se deslizaron bajo la espalda de Candy, arqueando su espalda hacia él.
"Eres lo más maravilloso que me ha sucedido."
"Amor…"
Las manos de Terrence se deslizaron por su contorno, sus pulgares tocando ligeramente los pezones a través de la tela, antes de empezar a desabotonar la bata.
Candy se estremeció al sentir el aire de la noche sobre su piel. Volvió a abrazarla para cubrir su desnudez con su cuerpo, sus labios mordisqueando la curva de cuello, su lengua dejando un rastro húmedo.
"Quiero amarte, Candy."
"Quiero que me ames" – dijo ella sorprendida ante su audacia.
"Te agrada ¿no es así?" – preguntó mientras su lengua se deslizaba hacia el valle entre sus pechos.
Candy cerró los ojos, disfrutando las sensaciones que Terrence producía en ella.
Terrence la volvió a besar con suavidad, tranquilizando sus nervios.
"Eres mi esposa, Candy. No hay nada de malo."
"Es…una locura…"- balbuceó Candy.
"Se llama pasión y yo te la enseñaré. Te amo."
"Yo…te amo"- dijo ella posando un dedo sobre sus labios – "Y soy tuya."
"¿Eres mía?"– preguntó con una sonrisa.
"Toda tuya" – dijo con esa coquetería innata de las mujeres.
Los labios de Candy buscaron la de Terrence, su lengua serpenteando en la de él con desespero. Con agrado, Terrence sintió las manos de Candy dirigirse a su pecho, recorrer su contorno, y dirigirse hacia la planicie de su vientre, inocentemente acariciando su cintura. Terry contuvo la respiración un par de segundos mientras Candy alzaba la cabeza para darle besitos y leves mordiscos sobre los hombros.
"Aprendes pronto" – le bromeó.
A pesar de la oscuridad pudo darse cuenta que la había abochornado.
"Tengo un buen maestro" – se defendió ella.
"Tengo tanto que enseñarte, mi amor" – dijo con voz pastosa, sus manos ocupándose de los pantalones que enfundaban sus largas piernas.
Candy no podía pensar, solo sentir. Sentir las manos de Terry recorrerla y ¡que ella se lo permitiera tan libremente! Terrence estaba delirante de pasión y poder.
Jamás había tenido a alguien como Candy entre sus brazos. Jamás alguien se le había entregado tan libremente. Sus labios volvieron a ella, cubriendo su cuerpo con el suyo. La chiquilla se movió inquieta bajo él. Su corazón latía a mil por hora, su cuerpo pidiéndole mayor proximidad con Terrence.
"Te quiero más cerca" – murmuró Candy abrazándolo con fuerza.
"Espera…espera pecosita" – jadeaba Terrence – "No sabes lo que me estás haciendo."
Las manos de Terrence acariciaban con devoción…la devoción tornándose en suave violencia al escucharla clamar su nombre una y otra vez en la oscuridad.
"Candy ¿qué me has hecho?" – Susurró – "Te estoy amando demasiado."
"Te amo…te amo….te necesito."
"Más te necesito yo….mi Candy" – contestó con anticipación.
Terrence regresó a la boca de Candy para embelesarla con sus besos mientras con suavidad y sutileza apartaba los muslos de la joven. Un brazo de Terrence se deslizó por su espalda, su mano sosteniendo la cabeza de Candy para besarla. El otro brazo se dirigió hacia sus caderas para acercarla a él, su cuerpo pidiendo a gritos por ella.
"Te amo, Candy" – lo escuchó decir contra su boca.
Candy entreabrió los ojos al sentir que se convertían en un solo ser, un gemido de sorpresa escapando de sus labios. El muchacho se detuvo, la prueba inminente del amor de Candy, frente a él.
"¿Estás bien?" – preguntó con preocupación, quedándose muy quieto.
"Sí" – dijo regalándole una sonrisa – "ahora entiendo. No te detengas. No ahora que soy tuya para siempre."
"Sólo esta vez, mi amor…sólo esta vez" – dijo llenándola por completo.
Candy suspiró, sintiendo el contacto más cercano de sus cuerpos. El joven se quedó muy quieto, esperando que ella se relajara, y la cubrió de suaves besos.
"Te amo" – dijo ella acariciando su mejilla – "mi rebelde amor."
Se fundieron en un beso y sus alientos se confundieron al igual que sus cuerpos.
No había ni principio ni fin. Sólo existían ellos, un solo ser. El amor envolviéndolos por completo.
Terrence estrechaba a Candy contra su pecho mientras los latidos de sus corazones regresaban a la normalidad. La respiración de Candy se tornaba más suave y Terrence comprendió que el sueño la había vencido. Demasiado alborozado, su cabeza empezó a llenarse de preguntas.
¿Era normal que aquel encuentro con Candy lo hubiera estremecido tanto? A sus diecisiete años, él ya había tenido una que otra relación física pero reconocía que en ninguna se había preocupado por su compañera ni había experimentado los sentimientos que Candy le inspiraba.
¡Era Amor! Terrence se estremeció al comprender lo que era el amor del cual hablaban los poetas. ¡Por fin lo entendía! Ese era el amor del cual Eleonor le había platicado…un amor loco y apasionado, un amor que podía romper el corazón en mil pedazos. Sintiendo una extraña angustia en el pecho, se preguntó si Candy sería suya por siempre.
"Candy… ¿eres mía?" – preguntó en voz baja.
"Soy tuya ¿no lo sabes ya?"
La rubia levantó el rostro hacia él. Terry la rodeó con los brazos, su cuerpo aprisionando el de ella contra el colchón.
"Demuéstramelo"- dijo Terry con picardía.
"¿No lo he hecho ya?" – le sonrió ella.
Unos suaves toques a la puerta llamaron su atención. Terry soltó a Candy y se cubrió con la sabana hasta la cintura.
"¿Quién podrá ser?" – preguntó Candy cubriéndose.
"Adelante" – contestó él.
"Buen día, señor y señora" – dijo Beth, ruborizada – "Disculpe pero ha llegado un telegrama y dice "Urgente"."
"Gracias" – dijo tomando el sobre.
Beth hizo una venia y salió de la habitación. Candy, recostada sobre las almohadas, observó como la mirada de su esposo se tornaba tempestuosa.
"¡No puedo creerlo!" – exclamó con rabia, haciendo una bola de papel con el telegrama y lanzándolo al otro extremo de la habitación.
"¿Qué sucede?" – preguntó Candy con preocupación.
"El duque quiere que regresemos a Londres."
