Hola queridos lectores
esta historia le pertenece a la gran autora msgrandchester espero la disfruten como yo...
saludos...
"¡No voy a poder soportarlo! ¡No voy a poder!" – se decía Terrence mientras fumaba en el balcón de su habitación.
Sintiéndose culpable, le dio una última bocanada al cigarrillo antes de tirarlo hacia la fuente que se encontraba en el jardín. Dándose la vuelta, se recostó en la baranda mientras miraba hacia la habitación donde la tenue luz de una vela alumbraba el rostro de Candy.
"Si no fuera por ti, querida Candy…" – pensó con cierta tristeza.
Candy dormía apaciblemente, una mano bajo la almohada, la otra extendida hacia el lado de Terrence. Tenía un hombro al descubierto, el tirante de su camisón habiéndose deslizado, su blanca piel acelerando el latir del corazón del joven.
"¿Qué voy a hacer, Candy?" – le había preguntado horas atrás.
"Paciencia, mi amor, ten paciencia".
"¿Cómo tenerla si me estoy condenando a una vida que he detestado desde siempre?"
Casi un mes había transcurrido desde su regreso a Londres. Casi un mes desde que habían ocupado el ala oeste del castillo, el hogar que ahora ocupaban. Aquel gesto había sorprendido a Terrence; el duque simplemente había dicho que las parejas jóvenes debían tener privacidad y había mirado a su hijo con una sonrisa mientras este rogaba que la tierra se lo tragase.
Ni bien se habían instalado en el castillo cuando el duque citó a Terrence en su despacho para pedirle, no, ordenarle, que a partir del Lunes lo acompañaría a la Cámara de Lores.
"¿Estás loco?" – Se sobresaltó Terrence – "¿Qué rayos pretendes que haga allá?"
"Haz el favor de controlarte" - el duque lo miró con severidad –"Es tu obligación como futura cabeza de los Grandchester."
"¿Futuro…qué?"
"Sabes que eres mi heredero ¿verdad? Eres el próximo Duque de Grandchester."
"No me interesa."
"Quieras o no, eres el siguiente en la línea de sucesión.".
"Tienes otros hijos ¿o no?" - Terrence se cruzó de brazos.
"Ellos no son tú, Terrence."
"¡Que explicación tan lógica!" – Se burló Terrence – "Lo siento, padre pero no quiero ser el próximo Duque de Grandchester."
"Eso lo decido yo, no tú, chiquillo insolente" – dijo poniéndose de pie –"Eres el siguiente duque."
"¡No!"
"¡Si!"
¡No!" "¡¿Por qué yo?!"
"¡Porque eres diferente!" – dijo el duque golpeando la palma sobre la mesa.
"¡¿Qué me hace diferente?! ¡Los otros también son tus hijos!"
Richard miró a su hijo con desesperación. Quería decirle que él era su preferido, que él era el hijo del amor y no de la obligación. Quería decirle que ese espíritu independiente al igual que sus ojos azules eran los de la mujer que amara…que aún amaba...pero no pudo.
"¡He dicho que serás el duque y punto!" – le grito con prepotencia.
"¡No lo haré! ¡Y si me obligas a ir a la Cámara, te avergonzaré!"
"¡No lo harás, Terrence! ¡Si te atreves, me encargaré de hacer tu vida miserable!"
"¡Lo has hecho con anterioridad, padre!"
"Esta vez no estás solo"- dijo con voz gruesa.
"¿Me estás amenazando?" – Terrence alzó una ceja, sorprendido.
"Es una advertencia, Terrence."
"¡Haz lo que quieras, padre! Candy no me interesa" – mintió.
La carcajada de Richard retumbó en el despacho.
"Me he dado cuenta como la miras, Terrence."
"Eso no significa nada, padre."
"Esa chiquilla está enamorada de ti. Supongo que no querrás que ella pase malos ratos ¿verdad?"
"¡No serías capaz! ¡Tú prometiste a su familia cuidarla!"
"¡Y eso haré!" – sonrió con cinismo –"pero de ti dependerá si ella es bien tratada y respetada en esta casa."
Terrence lo miró lleno de furia mientras apretaba los puños con fuerza.
"¡Eres…un…miserable!"
"Soy tu padre y debes obedecerme."
"¡Quieres que sea un títere!"
"¡Llámalo como quieras, Terrence, Duque de Grandchester!"
"Un día, padre…un día…"
"¡Guárdate tus amenazas, Terrence!"
"¡Detesto esta ciudad! ¡Detesto este lugar y te detesto a ti!" – exclamó antes de salir del despacho, azotando la puerta.
Candy lo esperaba en la habitación y lo miró con preocupación al ver el disgusto en su rostro.
"¡No quiero estar aquí! ¡No quiero!" – dijo Terry caminando hacia la licorera.
"¿Qué sucedió?"
"¡Quiere que lo acompañe a la Cámara de Loores!"
"¿A la Cámara de Loores? ¿Por qué?"
"Quiere que me empiece a preparar para ocupar el ducado."
"¿El ducado?"
"¿Puedes imaginártelo, pecosita? Terrence, Duque de Grandchester."
Ella guardó silencio mientras él se servía una copa de whisky. Como recordando algo, Terrence se detuvo y devolvió el licor a la botella.
"Todo va a estar bien, amor…ya verás" – dijo ella.
Candy caminó hacia él para abrazarlo por la cintura, su cabeza apoyada en su espalda.
"¿Realmente lo crees?" – le preguntó sin mirarla.
"Tu padre no es malo, Terrence. El sólo quiere…"
"El duque" - interrumpió con sarcasmo – "quiere que sea un títere en sus manos, que haga lo que él quiere, sin importar si me hace feliz o no."
Terry se volvió y la rodeó con los brazos.
"Seguro si hablas con él…con paciencia…llegarán a entenderse."
"¡Es imposible!" – Negó con la cabeza – "Mi padre está acostumbrado a que se haga lo que él dice."
"Y tú estás acostumbrado a hacer lo que mejor te parece" – lo interrumpió Candy.
"Creo que eso es lo que más te gusta de mí, pecosita" – dijo besando la punta de su nariz.
"Me encanta" – sonrió ella – "pero creo que deberías tratar de llevarte mejor con tu padre. Al fin y al cabo, estamos en su casa."
"¡Eso es otra cosa que detesto!" – se quejó alejándose de la rubia.
"Este castillo es hermoso, Terrence."
"¡Pero no es nuestro! No como lo era en Escocia. En Escocia, la villa era toda nuestra…estábamos solos."
"Lo sé, mi amor. Sé que necesitas tu espacio pero al menos tenemos toda esta sección para nosotros. ¿No te parece que fue muy amable de su parte?"
El joven suspiró antes de mirar a su esposa.
"Contigo no se puede" – se quejó –"Siempre hayas algo bueno que decir."
"Siempre hay algo bueno que decir, mi amor" – se puso de puntillas para besarlo con suavidad en los labios.
"No sé qué haría sin ti, Candy."
"Fugarte, probablemente."
"Lo he pensado."
"Si quieres, podemos hacerlo."
"¿Fugarnos?"
"Sí, iremos a donde tú quieras."
"¿Harías eso por mí, Candy?"
"Contigo iría hasta el fin del mundo."
Los brazos de Terrence la estrecharon contra su pecho.
"¿No te importaría ser la esposa de un simple actor, Candy?"
"Lo único que me importa es estar contigo, Terry."
"No tendríamos mucho, Candy…tal vez ni suficiente para comer."
"Yo podría trabajar" – le sonrió ella.
"¿Trabajar?" – Enarcó la ceja – "¿Haciendo qué?"
"Puedo coser, lavar, planchar o cocinar."
"Tus manos se estropearían" – dijo tomando una de ellas entre las suyas.
"¿No te has fijado? Mis manos ya están estropeadas."
Terrence besó cada una de las yemas de sus dedos antes de besar su palma.
"No quiero que vuelvas a trabajar, Candy."
"El trabajo no es deshonroso."
"Lo sé pero tú eres mi princesa y como tal debes ser atendida."
"¡No seas ridículo, Terrence!" – Lo amonestó – "Puedo trabajar."
"¡Lo sé, mi hermoso amor!" – La alzó en brazos para darle vueltas en el aire – "¡Te amo por pensar así!"
"¡Me mareo!" – exclamó Candy riendo.
"¡Te amo¡ ¡Te amo!" – dijo Terry bajándola para abrazarla nuevamente – "¡Eres mi princesita!"
"Todo estará bien, Terry. Ya verás."
"Eso espero, Candy" – dijo lleno de ilusión.
"Ve con tu padre un par de días" – le aconsejó – "Haz el esfuerzo y estoy segura que una vez que tu padre vea que no te gusta no te obligará más."
"Realmente no conoces a mi padre, Candy."
Los cabellos de Terrence se mecieron con la brisa y el joven se estremeció de frío.
Dio dos brincos y se frotó los brazos antes de regresar a la habitación. Cerró con suavidad el ventanal mientras una voz a su espalda lo invitaba con sensualidad a la cama.
"¿Te desperté?" – preguntó Terrence.
"Me hiciste falta" – dijo Candy abriendo los brazos hacia él.
Terry sonrió antes de deslizarse bajo las sabanas con su esposa.
"¡Estás helado! ¡Vas a pescar un resfriado!"
"Ojalá. Así no tendría que ir a trabajar. ¿Tienes idea de lo aburrido que es? ¡Me duermo al estar entre esos vejestorios!"
"¡Terry! ¡Que malo eres!"
"¡Es la verdad! ¡Son muy ancianos! Creo que mi padre es el más joven. Uno de estos días me voy a quedar dormido y mi padre va a amonestarme."
"Lo siento tanto, Terry" – dijo besando su mejilla.
"Además, quieren que me corte el cabello."
"¡Eso sí que no!" – dijo Candy con tal firmeza que Terry la miró divertido.
"Creo que mañana me lo tendré que recortar."
"¡Ni se te ocurra A mí me gustan largos y así deben quedarse!" – dijo deslizando sus dedos entre sus cabellos.
"¿Es una orden?" – Terrence alzó una ceja.
"Así es, mi lord" – dijo Candy antes de besar la punta de su nariz.
"Le diré a todos que tú me obligaste"– le advirtió Terry – "Recuerda que mañana viene la nobleza a la fiesta de mi padre."
"Era de esperarse, amor, después de todo es el cumpleaños de tu padre."
"Y nos veremos obligados a asistir."
"¡Anímate! El duque me permitió invitar a los chicos y todos han confirmado su asistencia."
"¿Archi, Annie y Stear?" – Hizo un mohín – "Eso será divertido…"
"¡No seas sarcástico!" – Candy le dio un golpe en el brazo – "Recuerda que son mis primos."
"Ya lo sé, ya lo sé" – dijo abrazándola – "Será bueno verlos."
"¡Claro que sí! Así no estaremos solos con los vejetes."
Terry se rió antes de mirar a su esposa con seriedad.
"No sé cuánto más pueda resistirlo, Candy."
"Lo sé, mi amor,"– posó su mano sobre su mejilla – "Decidas lo que decidas yo estaré aquí para apoyarte."
"Y yo para aplastarte…"- dijo antes de sonreír traviesamente.
Casi enseguida el cuerpo de Terrence cubrió el de Candy.
"Has engordado" – dijo Candy al sentir el peso de su esposo.
Terrence la miró con sorpresa en los ojos y se llevó la mano a la barbilla.
"¿De verdad lo crees?" – Tomó entre los dedos índice y pulgar la piel bajo el mentón – "¿Me está saliendo papada?"
La carcajada de Candy resonó en la habitación.
"¡Eres un vanidoso!"
"¿Estoy engordando? Es por la falta de ejercicio, Candy."
"¡Tonto! Estoy bromeando contigo. Aunque engordaras 100 libras continuaría amándote."
"¿De verdad? No estoy muy seguro de amarte si tú te engordas de esa manera, Candy."
Antes que ella pudiera responderle, Terry cubrió sus labios con los suyos en un beso apasionado, robándole el aliento y cualquier pensamiento.
"Te necesito"- dijo él con voz pastosa.
"Ámame"- dijo ella moviéndose bajo él.
"¿Qué haría sin ti, Candy?" – la miró a los ojos fijamente.
"No pienses en eso"- dijo besando su cuello, la punta de su lengua acariciando su piel.
Terrence se estremeció bajó las caricias de su mujer, la respiración de ella agitándose en su pecho.
"Jamás me cansaré de ti" – susurró Terrence apasionado.
"Te amo…te amo."
"¡Está bellísima! ¡Parece una princesa!" pensaba Stear se había detenido a un costado del salón para observar a Candy que conversaba junto a unas damas.
Ataviada en un traje de terciopelo verde oscuro, de falda amplia y escote pronunciado, la blancura de su piel era evidente, al igual que las curvas de su silueta.
En la cabeza llevaba una pequeña tiara con esmeraldas que hacía juego con el collar que llevaba.
A través del salón, la mirada de Candy se posó en la de Stear y disculpándose de las señoras con las que conversaba, se acercó a él.
"¡Viniste!" – dijo ella con alegría.
"Me invitaste ¿no es así?" – él le sonrió.
"¿Dónde están Archi y Annie?"
"Vendrán enseguida. Annie se encontró con una amiga de la familia" – explicó Stear.
"¡Te ves guapísimo!" – dijo Candy ajustando la corbatita del esmoquin de su primo.
"Gracias. Tú también te ves preciosa" – dijo con sinceridad.
"Me siento como si estuviera disfrazada" – dijo Candy en voz baja – "pero la esposa del duque escogió este vestido para mí."
"Hizo una excelente elección."
"¡Candy!" – era Annie que entraba del brazo de su novio.
"¡Annie, querida!" – las dos chiquillas se abrazaron.
"No tienes idea de cuánto te extraño" – dijo Annie – "San Pablo es no es igual sin ti."
"Me imagino que todo debe estar tranquilo y aburrido" – dijo Candy traviesamente.
"¡Aburridísimo!" – dijo Archi besando a su prima en la mejilla – "Ya no tenemos quien nos visite a la media noche."
"¡Cuánto los extraño!" – dijo Candy abrazándolos.
"Esas demostraciones de afecto no son bien vistas en público"- dijo una voz sarcástica tras ellos.
Los cuatro volvieron la mirada para encontrarse con Terrence.
"Grandchester"– Archi lo saludó con un movimiento de cabeza.
"Terrence" – dijo Stear estirando su mano hacia él.
"Duquecito" – dijo Annie haciendo una venia.
Todas las miradas se posaron en Annie. Terry se echó a reír.
"¿Qué es tan gracioso?" – preguntó ella.
"¿Te estás burlando de mí, Annie Britter?" – preguntó Terry mirándola con fijeza.
"¿Por qué dice eso Duque…cito…?" – ella le devolvió la mirada.
Stear y Archi intercambiaron miradas mientras Candy miraba a su amiga con sorpresa.
"¡Que grato es volver a verlos!" – dijo Terrence dándoles un efusivo abrazo a cada uno – "¿Cómo han estado?"
"El colegio es muy aburrido sin ustedes" – dijo Archi.
"Hace tiempo que la Madre Superiora está muy callada….debe extrañarte" – añadió Stear.
"Tal vez deba ir a visitarla uno de estos días y reanimarla" – dijo Terrence con malicia.
"Mínimo le produces un ataque al corazón…particularmente con tu nuevo estilo" – dijo Annie mirándolo de pies a cabeza.
Terrence tragó en seco. Candy sonrió.
"No te ves mal vestido de etiqueta, Grandchester."
"Consideraré eso un cumplido viniendo de ti, Archibald. ¿No dices nada, Stear?" – preguntó Terry, sorprendiéndolo.
Alister apartó la mirada de Candy y se ruborizó. Estaba claro que Terrence había notado su admiración por la rubia.
"Te agradezco por habernos invitado" – contestó Stear.
"Muy diplomático"- dijo Terry mirándolo con seriedad –"¿Me imagino que te agrada lo que ves?"
"Por supuesto, tu castillo es muy hermoso" – le contestó desafiante.
"Al igual que mi esposa."
"No hay punto de comparación entre ambas."
"Terrence" – dijo Annie tratando de calmar la situación – "¿Es ese tu padre? Está haciendo señas."
Terrence se volvió para encontrarse con la mirada de su padre.
"Así es. Él es Richard, Duque de Grandchester, y por lo visto solicita mi presencia. Si me disculpan…"
Candy lo vio alejarse hacia el centro del salón donde su padre estaba congregado con otros miembros de la Cámara de Loores. Frunció el ceño pensando en lo extraño que estaba actuando.
"Pareces una princesa – dijo Annie enlazando su brazo con el de Candy – "¿o debería decir Duquesa de Grandchester?"
"¡Ni se te ocurra! Terry no tiene la menor intención de tomar el título."
"¿Por qué no?" – preguntó Archi.
"No le interesa."
"¿Y en que radican sus intereses?" – preguntó Stear.
"Quiere ser actor" – dijo ella llena de orgullo.
Los hermanos Cornwall casi escupen sus bebidas. Annie palideció.
"¿Qué les pasa?" – preguntó Candy con sorpresa.
"¿Un actor? Eso no es muy bien visto, Candy" – dijo Annie.
"¿Su padre lo apoya?"
"No, para nada, Archi. Ni siquiera lo sabe."
"Dime que al menos tiene talento."
"Tiene mucho talento, Stear" – Candy sonrió – "Deberían verlo cuando está en personaje."
"Si tú lo dices" – dijo Annie poco convencida
"Un día lo verán y estarán de acuerdo conmigo."
Una campanilla empezó a sonar en el salón para llamar la atención de los presentes. Un silencio sepulcral se hizo presente antes que el Duque de Grandchester agradeciera a todos su presencia.
"Quiero aprovechar esta oportunidad para presentarles formalmente a mi heredero, Terrence, futuro Duque de Grandchester."
Candy observó a Terry palidecer. ¿No es él bastardo de Grandchester?, alcanzó Candy a escuchar una voz tras ella. Como adivinando sus pensamientos, el duque continuó.
"Terrence es mi heredero y como tal ha comenzado su preparación en la Cámara de Loores. Estoy seguro que él será un brillante reemplazo para este viejo que tiene muchas ganas de retirarse y disfrutar de los nietos...que por cierto, espero empiecen a llegar muy pronto."
Todas las miradas se posaron en la sonrojada Candy, que bajó la mirada.
"Y en espera de esos futuros herederos, Terrence ha decidido empezar sus estudios en Oxford…"
Candy levantó la mirada hacia Terrence, sorprendida. El joven miraba a su padre lleno de furia, las manos apretadas en puños.
"En un par de años, Terrence se recibirá de abogado, tal como todos los duques de la familia Grandchester. Espero que todos sus buenos deseos lo acompañen al igual que su apoyo."
Una ronda de aplausos se escuchó en el salón y poco a poco empezaron a rodear a Terrence y a Richard.
"¡Vaya sorpresa!" – Dijo Archi a Candy – "No sabíamos que iría a Oxford."
"Nosotros tampoco lo sabíamos" – murmuró Candy, estupefacta aún.
"¿Qué dices?" – preguntó Stear.
"Esto lo planeó el duque…Terry no lo sabía. Debo ir hacia él" – dijo con preocupación.
"Calma, Candy. Estás toda pálida" – dijo Annie.
"Terry debe estar furioso."
Terrence Grandchester sentía que la sangre hervía en sus venas mientras era rodeado por los demás duques y Loores presentes en la fiesta.
"Recuerda lo que te dije, Terrence. Harás lo que te diga" – susurró Richard.
"¡No!"
El grito de Terrence se escuchó por todo el salón. Richard sonrió y tomó a su hijo por el brazo para sacarlo del salón.
"Continúen celebrando" – dijo Richard antes de salir.
El director de orquesta empezó a tocar y el incidente quedó olvidado mientras los dos Grandchester entraban al despacho.
"¡Jamás te lo perdonaré!" – masculló Terry mientras se soltaba de su padre.
"¡Tú obedecerás!"
"¡No lo haré!" – Terry estrelló su puño en el escritorio de su padre.
"¡Irás a Oxford! ¡Todos los Grandchester van a Oxford!"
"¡Si me obligas, me escaparé!"
"¿Qué harás? ¿Irte a América? ¿Serás actor?" – Soltó una carcajada ante la mirada atónita de Terrence – "Lo sé todo."
"¡Lo que yo haga no te incumbe!"
"Morirías de hambre, Terrence. No tienes idea de lo que es estar solo, no sabes lo que es trabajar."
"¡Aprenderé!"
"¿Y tú linda esposa? ¿La obligarás a trabajar? ¡Qué deshonroso!"
"¡Eso no es asunto tuyo!"
"¡Sin mí no podrás hacer nada! ¡Me necesitas!"
"¡Te necesito como se necesita un caballo cojo!"
La mano de Richard se estrelló en la mejilla de Terrence. El joven sintió las lágrimas saltar a su rostro de pura rabia.
"¡Te vas a comer tus palabras un día, padre! ¡Te garantizo que te equivocas conmigo!"
"¡Tus amenazas me tiene sin cuidado, Terrence! Ahora si me disculpas, tengo invitados que atender" – avanzó hacia la puerta – "Y tú también los tienes, así que no te tardes en salir."
"¡Vete al…!" – lanzó una botella contra la puerta que se cerraba tras él.
Terrence se dejó caer al suelo mientras lloraba lleno de impotencia.
"Duque ¿Dónde está Terry?"
Richard miró a Candy que avanzaba hacia él, llena de preocupación.
"Está en despacho" – le indicó con el pulgar – "Te sugiero que lo calmes…tenemos invitados."
"Lo intentaré" – dijo pasando a su lado.
"Es uno de tus deberes, Candice" – dijo con firmeza antes de desaparecer por el pasillo.
Candy hizo girar el picaporte con lentitud.
"¡Déjenme en paz!" – gritó Terry arrojando un florero hacia la puerta.
"Soy yo" – dijo Candy abriendo la puerta.
"¡Vete!"
"¿Qué pasó, Terry?" – preguntó cerrando la puerta antes de arrodillarse junto a él.
"¡Lo detesto! ¡Lo detesto!" – exclamó Terrence estrellando los puños sobre la alfombra.
"Mi amor…mi amor…" - intentó abrazarlo pero él la rechazó.
"¡No lo haré más! ¡No cumpliré los caprichos del duque!"
"Trata de hablar…"
"¡No lo haré más!" – exclamó poniéndose de pie.
"Pero Terry…"- intentó avanzar hacia él.
"Aléjate de mí" – le indicó con la mano.
"Terry."
"¡Quiero estar solo!" – y avanzó hacia el balcón.
"Amor, escucha" – ella lo siguió.
"¡Quiero estar solo!" – dijo antes de saltar la baranda.
"¡Terry!" – exclamó y respiró aliviada al verlo de pie sobre el jardín.
El joven desapareció entre la oscuridad de los árboles.
Ajenos al enfrentamiento ocurrido en el salón, los invitados continuaban celebrando en el salón. Candy era el foco de atención para la nobleza que estaba poco acostumbrada a recibir a una americana entre ellos. La rubia se sentía turbada ante las miradas de envidia que le dirigían las mujeres y las lascivas de los hombres, y una vez más se regañó por haber usado el vestido que la Duquesa de Grandchester había elegido para ella.
El baile había empezado horas atrás y Candy se vio obligada a bailar con muchos de los duques, condes y loores que habían asistido a la fiesta de Richard. En medio de una pirueta, su mirada se cruzó con la de Stear y le suplicó ayudarla. El joven Cornwall, lleno de audacia, golpeteó el hombro del conde que bailaba con Candy. El hombre le lanzó una mirada sobre el hombre.
"¿Qué desea?" – preguntó con disgusto.
"Le suplico me permita bailar con mi prima…hace mucho que no la veo" – mintió.
De muy mala gana, el noble la soltó y la entregó a Stear.
"Gracias" – dijo Candy con una sonrisa – "Ese señor me estaba estrechando demasiado."
"Le hubieras pisado el pie. ¿Acaso no era eso lo que hacías con Neil?"
"No se me había ocurrido."
"¿Qué te pasa, Candy?"
"Estoy preocupada por Terry. ¿Lo has visto?"
"En lo absoluto."
"¿A dónde habrá ido? Hace horas que se fue" – dijo con preocupación.
"¿Se fue?"
"¡Es terrible, Stear!" – dijo Candy al borde de las lágrimas.
"Cálmate, Candy. Ven, vamos a tomar aire."
Stear la tomó con delicadeza del brazo y la condujo hacia el balcón. Los dos caminaron a un extremo donde había poca iluminación para que Candy pudiera soltar su llanto. Stear esperó pacientemente a que ella se desahogara, y entonces le ofreció su pañuelo.
"¿Te sientes mejor?"
"¡Discúlpame! Es sólo que Terrence estaba tan disgustado, tan furioso cuando se fue."
"¿Qué pasó?"
"Es por el anuncio de Oxford. El duque tomó esa decisión sin consultar a Terrence…él está furioso…siente que ya hizo suficientes concesiones con su padre…y… ¡se fue! ¡Saltó por el balcón!"
"Es un buen atleta" – dijo Stear mirando la distancia hacia el suelo, intentando aligerar la situación.
"Quieres hacerme reír."
"No te pongas así, Candy. Estoy seguro que todo se resolverá."
"No lo sé….Terry está tan furioso…"- volvió a romper en llanto.
"Ya, ya" – dijo Stear abrazándola – "No llores más, todo se resolverá."
"¿Y si no?"
"Vamos pecosita" – dijo acariciando sus cabellos – "ya sabes que eres más linda cuando sonríes que cuando lloras."
Candy ocultó el rostro en el pecho de Stear mientras lloraba. El muchacho la estrechaba, intentando calmar su llanto.
"¡¿Qué rayos está pasando aquí?!"
Tanto Candy como Stear se sobresaltaron al escuchar la voz furiosa tras ellos.
"¡Terry!" – exclamó Candy levantando el rostro.
"¿Se puede saber qué haces…abrazando a mi esposa?" – Terry le dio una mirada enfurecida a Stear.
"Solo intentaba calmarla."
"¡Dirás manosearla!" – Terrence empujó a Stear del lado de su mujer.
"¡Terry, basta!" – exclamó Candy tomándolo por el brazo.
"Estaba llorando por ti" – Stear se sacudió una mota de polvo imaginaria, encolerizando más a Terry.
"¡Te vi Stear! ¡Vi como la mirabas!"
Terrence avanzó hacia Alister. Candy miró a ambos, sintió la tensión que emanaban y se interpuso entre los dos.
"¡Basta!"
"¡Quítate Candy!" – exclamó su esposo apartándola del camino.
Stear vio a Candy tropezar y caer al suelo.
"¿Cómo te atreves?" – le gritó encolerizado y lo tomó por las solapas.
"¡Por favor Stear!" – Candy lo sujetó por la manga.
"¡No te entrometas Candy!" – gritó Terrence.
"¡Te lo suplico, Stear! – volvió a insistir Candy.
Ella se interpuso entre los dos hombres y miró a su primo, una súplica en los ojos.
Alister dejó escapar un bufido y se apartó.
"Por favor déjanos solos, Stear."
"¿Estarás bien, Candy?"
"¡Estará con su esposo!"
Stear lo miró lleno de rabia pero por amor a Candy contuvo su rabia.
"¿Estarás bien, Candy?" – repitió, la preocupación latente en su voz.
"Estaré bien" – le aseguró ella.
"Entonces, me retiro."
Candy se puso de puntillas y besó la mejilla de su primo, la mirada furiosa de Terrence sobre ella. Los dos permanecieron en silencio mientras Stear regresaba al salón.
"¿Me puedes decir que te sucede?" – preguntó Candy una vez a solas.
"¿Me podrías explicar que hacías con él a solas?"
"Por favor deja de gritar."
"¡Gritaré todo lo que quiera!"
"Pues le gritarás a la pared porque yo no estaré aquí."
La rubia dio media vuelta para alejarse. Avanzó unos cuantos pasos cuando sintió la mano de Terrence sujetar su brazo con fuerza para aprisionarla contra la pared.
Ella lo miró con disgusto.
"¡¿Cómo te atreves?!"
El rostro de Terry estaba a centímetros del de ella, su cuerpo presionando el de Candy.
"¡Has estado bebiendo, Terrence!"
"¿Y qué?" – preguntó desafiante.
"¿Qué te sucede Terry? ¿Por qué me tratas así?"
"¿Te trato mal, acaso?"
"Me estás lastimando" – dijo mirando la mano de Terry que la sujetaba.
"Eres mi esposa…puedo tratarte como se me dé la gana."
Candy sintió como si la hubieran abofeteado. Enfurecida, le dio un pisotón a Terrence antes de empujarlo y correr hacia el castillo. Una sonrisa fiera se dibujó en el rostro de Terrence antes de salir en su persecución.
Parecían estar jugando; los dos corrían por los pasillos y subían la escalera a toda prisa. Candy levantaba la falda de su vestido para no tropezar mientras Terry subía de dos en dos los escalones.
"¡Te tengo!" – exclamó Terrence alzándola en brazos al llegar al descanso.
"¡Suéltame!"
La sujetó con fuerza entre los brazos y abrió la puerta de su habitación de un golpe. Candy se sintió caer sobre el colchón antes que él regresara a cerrar con llave la puerta.
"¿Qué te está sucediendo, Terry?"
Por respuesta, él destapó una botella de whisky y tomó una gran bocanada. Candy sintió que el corazón se le encogía en el pecho.
"No bebas más, por favor."
"¡Haré lo que me plazca!"
"Por favor, Terry" – dijo levantándose de la cama.
"¿Acaso pretendes controlarme como lo hace mi padre?" – dijo antes de tomar otro sorbo.
"Amor…no pretendo controlarte…"- se detuvo frente a él y apartó con delicadeza la botella de sus labios – "pero te ruego que no bebas más."
"¡No estoy ebrio, Candy!"
Era cierto. Tenía demasiada rabia para beber como un tonto.
"Lo sé"- dijo ella en voz suave, tomando su rostro entre las manos.
Mirada verde se encontró con la azul, ternura y comprensión en unos, rabia e impotencia en los otros.
"¿Qué hacías con Stear a solas?"
"Stear me rescató de un baile con un conde. Le pregunté por ti y me dijo que no te había visto…fue entonces que empecé a llorar y…"
"¿Empezaste a llorar?" – la miró extrañado.
"Estaba preocupada por ti. Estás tan molesto."
"No quiero hablar de eso" – sacudió la cabeza.
"Terry…"
"¿De verdad no sucedía nada entre tú y Stear?"
Candy lo miró como si se hubiera vuelto loco.
"¡Por supuesto que no!"
Terrence la estrechó entre sus brazos. Acercó sus labios a los de ella.
"¡No te atrevas a engañarme, Candy! ¿Me escuchas?" – La oprimió con fuerza contra su pecho – "¡Eres mía, solo mía!"
Los labios de Terry oprimieron los suyos con fuerza, lastimándola. Ella podía saborear del licor en los labios de Terry, sentir el alocado latir de su corazón.
Las manos de Terrence se movieron hacia el pecho de su esposa, sus dedos deslizándose hacia el escote…Candy abrió los ojos sorprendida al escuchar el rasgar de la tela.
"¡Terry! Tu madrastra me regaló este vestido" – protestó.
"Es una lástima" – murmuró antes de tomar sus labios nuevamente.
Los dedos de Terry se movían apresurados sobre el cuerpo de Candy, halando los cordones del corsé hasta apartarlo por completo de su silueta. Candy se sentía como una muñeca entre sus brazos y se aferraba a los hombros de Terry mientras él la besaba con desesperación.
"Eres mía, Candy" – le dijo antes de depositarla sobre la cama.
Con los ojos entrecerrados, lo observó desvestirse y una vez se maravilló de lo apuesto que era su esposo. Terrence le sonrió de medio lado antes de recostarse junto a ella y sus labios besarla con fervor. Los labios de Terrence se movieron hacia su cuello para mordisquearlo. Candy gimió bajo su caricia brusca.
"Mañana tendrás un cardenal"- susurró Terry apasionado – "Tendrás que cubrirlo….tendrás que cubrirte toda."
Terrence era como un volcán en erupción, una fuerza que la amaba con desesperación, sus caricias, sus besos, asustándola por la intensidad. Candy lo rodeó con los brazos y levantó la cabeza para besar labios con suavidad, intentando calmarlo.
"Te amo" – susurró Candy, sus palabras las únicas capaces de dominarlo.
Suspirando, Terrence recostó la cabeza en el hombro de su esposa.
"¿Cómo es que te amo tanto?" – Preguntó él en voz muy baja - "¿Cómo puedes amarme?"
"Porque eres maravilloso…eres dulce y cariñoso…bajo ese exterior cínico se esconde un gran hombre, Terry."
"¿Siempre pensarás eso, Candy?"
"Siempre, mi Terry."
El joven cerró los ojos, permitiendo que el latir del corazón de Candy lo arrullara.
Mil pensamientos se agolpaban en su mente, el recuerdo de Candy entre los brazos de Stear, atormentándolo.
"Él te desea, Candy."
"¿De quién hablas?" – preguntó ella acariciando los cabellos de su esposo.
"Stear."
"Pero yo te deseo a ti, mi amor" – y besaba su frente.
Terry volvió a cerrar los ojos e inhaló el perfume a rosas de Candy. Candy. Candy era suya, por siempre. No iba a permitir que se la arrebataran. No iba a permitir que Stear se la llevara; debía cuidarse de él. Podía ver en sus ojos que él también amaba a Candy y que ansiaba tenerla entre sus brazos.
"¡De ninguna manera!" – exclamó en voz alta, irguiéndose, sobresaltando a Candy.
"¿Qué te ocurre?"
"¡Eres mía!"- dijo Terry con loca pasión, oprimiendo el cuerpo de Candy contra el colchón con el suyo.
"Terry"- dijo casi sin aliento ante el peso de su cuerpo.
Ella lo miró con extraña fascinación mientras el sujetaba ambas de sus muñecas con una mano sobre su cabeza.
"¡Sólo mía! ¡Escúchame bien, no te compartiré con nadie!"
Los ojos azules de su esposo la miraban con intensidad mientras se deslizaba entre los muslos de su esposa.
"¡Dímelo!" – le dijo con voz ronca, buscando su mirada.
"¿Qué es lo que deseas escuchar?"
"¡Que eres mía!" – dijo posesivamente.
"Soy tuya" - dijo con dulzura – "¿no lo sabes ya?"
Lo sintió retroceder, como si la abandonara para tomarla una vez más con pasión.
Había algo primitivo y salvaje en la acción de Terrence pero tras su mirada, ella podía ver su angustia. La mano de Candy se posó sobre el rostro de Terrence con suavidad.
"¡Mírame!" - le ordenó ella.
Renuente, él la obedeció, avergonzado ante su ímpetu. Una parte de él esperaba ver repulsión en ella, y sorprendido encontró comprensión en la mirada verde.
"Soy tuya, mi amor…solo tuya. Soy tuya….tal como tú quieras….gentil o apasionado"– dijo antes de besarlo.
Candy entregó toda su voluntad a Terrence. El vaivén de sus cuerpos era apasionado, sincronizado y desesperado, queriendo unir sus cuerpos lo más posible, el ritmo acelerándose para alcanzar el éxtasis. La habitación se llenó de gemidos llenos de gozo, el placer inundando sus cuerpos y sus mentes….hasta colapsar uno en brazos del otro.
