Muy bien, aqui volvi, lamento si alguno tuvo que esperar o me tarde mucho, pero es que "cierta" personita me drenaba toda la imaginacion de la mente, pero me repuse, asi que ahora volvi, aunque creo que igual me tardare, cosas mias, bueno sin mas preambulo
QUE DISFRUTEN LA LECTURA.
Una respuesta, muchas preguntas.
Para cuando Elsa despertó a la mañana siguiente, aun no denotaba en un pequeño detalle que dejo de lado, pero por supuesto no se podía esperar más cuando, por primera vez en mucho tiempo, no se despertó por costumbre, si no que lo hizo cuando uno de sus sirvientes toco incesantemente la puerta, mientras la llamaba repetidas veces, Elsa por unos momentos comprendió lo que sentía Anna cuando la despertaban por las mañanas, pero ese era otro asunto, con ese despertar, supo que había vuelto a la rutina de siempre, por lo cual sabía lo que tendría que sobrellevar ese día, ósea embajadores, alguna que otra visita de algún príncipe o duque, una o dos reuniones del consejo, y claro como nunca falta, la aristocracia normal de cada día, en otras palabras, un día común para cualquier gobernante, aunque ya estaba pensando en cómo volverse a encontrar con el chico, claro que luego de atender todos sus deberes y dejar las cosas en orden, aun le intrigaban varias cosas de él, pero primero eran los deberes del reino, luego serian sus asuntos personales.
Anna por otro lado estaba pensando en una sorpresa para Elsa, había pasado solo 2 días en lo que ella hacia a diario, y llego a una conclusión simple, su hermana necesitaba ayuda de vez en cuando, y a eso no se le suma el hecho a que entablo amistad con la Les, lo cual se traduce en un mejor entendimiento con Carkeng, lo cual le agrada al consejo, pero aun así, había comprendido que la carga de gobernar puede llegar a agobiar, y eso que solo había manejado parte de los asuntos, Anna tenía muy claro que gracias a su personalidad, y actitud, no le era para nada sencillo estar sentada un largo tiempo, escuchando a una persona hablar de la forma más complicada posible, usando palabras confusas, solo para sacarle el mayor provecho a la oportunidad, pero en eso se define la política, básicamente, Anna aun no entendía como era que Elsa se podía acostumbrar a ese tipo de rutina, pero era su hermana, y en caso de que algo saliera mal siempre podía congelar a una que otra persona.
Kristoff por otra parte se sentía bastante relajado, cosechar hielo no era exactamente lo más fácil de mundo, pero definitivamente era más sencillo que la política, su trabajo requería fuerza y cerebro, pero la política era… mas engañosa, más sutil, mas ingeniosa, por lo tanto estaba más que feliz al saber que sus deberes como "Maestro y proveedor oficial de hielo del reino", un titulo que ni el mismo sabia de donde lo había sacado Anna, estaban descongelados (¿entendieron? Des- congelados. Jeje… ¿No? Ha bueno, ahí se va mi sueño de ser una comediante) lo cual significaba que no pasaría el día en el castillo, si no en la montaña, lo único que no le gustaba a Kristoff de hacer eso era tener que despedirse de Anna, al menos cuando estaba ayudando con la política podía estar junto con Anna todo el día, lo cual lo hacía tremendamente más llevadero, pero por supuesto había sus momentos incómodos, pero Kristoff pensaba que eso era cosa de todas las parejas.
Y por últimos pero por eso no menos importantes estaban Olaf y Sven, bueno la verdad ellos era una historia totalmente distinta, no era que cada uno no tuviera responsabilidades, pero gracias a que Sven era el que movía el trineo de Kristoff, si Kristoff necesitaba ir a la montaña, Sven era el indicado, por lo cual el también estaría ocupado todo el día, o al menos hasta que Kristoff terminara su jornada y volvieran al castillo, claro que Kristoff tuvo la tentación de preguntar porque había una naranja en uno de los cuernos de Sven, pero prefirió no preguntar, por su propia salud mental. Olaf por otra parte había decidido pasar todo el día con su nuevo amigo… pero tomando en cuenta que ese amigo era un pollo, que por cierto se sentía extrañamente cómodo en la cima de la cabeza de Olaf, también podía pasar su tiempo con Anna, y ocasionalmente con Elsa.
Mientras que el muchacho misterioso…
Solo digamos que estaba metido en sus propios asuntos.
P.O.V Elsa.
Por primera vez no me desperté por mi propia costumbre, si no por el sonido de los golpes que recibía mi puerta, creo que empiezo a comprender un poco mejor a Anna, la cama es muy cómoda, especialmente cuando se tiene sueño, pero soy la responsable, además de la reina, por lo tanto era tanto mi deber, como responsabilidad, ir a atender los asuntos y emergencias de Arendelle en cualquier momento, pero unos 5 minutos mas no le iban a hacer daño a nadie.
-¡Elsa! ¿Qué haces aun en la cama?, ya salió el sol, es hora de levantarse- dijo una muy alegre voz. Levante lentamente una las sabanas y abrí un ojo para confirmar mis sospechas, y si era ella, mi hermana Anna, con su vestido de siempre, y la energía inagotable que lleva en su ser, a veces pienso que su entusiasmo es comparable a mis poderes. Baje la sabana y me acurruque mas en mi cama, con suerte Kristoff u Olaf pasarían por ahí, llamarían la atención de Anna, y se olvidaría de mí por un rato. Pero claro nunca es así de fácil.
-Elsa, se que puedes escucharme, vamos Elsa, despierta, despierta. DESPIERTA, DESPIERTA, DESPIERTA, DESPIERTA, DESPIERTA…-y así empezó Anna, mientras, luego de acercarse a mí, moverse un poco, subir en mi cama y empezar a tratar de despertarme de manera forzada.
"es tu hermana y la quieres, es tu hermana y la quieres, es tu hermana y la quieres…"eso era exactamente lo que estaba pensando. Aunque tenía que admitir que, desde cierta perspectiva, era divertido.
-muy bien, muy bien, ya me levanto…-dije con algo de sueño, supongo que la "cita" con el chico me había dejado mas exhausta de lo que creí, aunque tenía que decirlo, fue emocionante.
-uf, cualquiera pensaría que pasaste la noche divirtiéndote, ¿paso algo?- pregunto bastante emocionada Anna, a veces pienso que está más interesada en mi vida amorosa que yo misma.
-no, no, solo… me divertí, a mi manera- dije con algo de cansancio, no me gustaba mentirle, y de hecho no lo hacía, solo no le decía toda la verdad.
-¿enserio? ¿Y qué hiciste?- decía Anna muy curiosa, creo que había obviado ese detalle en su naturaleza, aunque a mí también me daban curiosidad las cosas luego de pasar toda mi vida apenas y conociendo el castillo, pero sabia disimularlo muy bien.
-solo estuve,- me detuve un momento, tenía que elegir con cuidado mis palabras- probando cosas nuevas- dije finalmente.
Antes de que Anna volviera a preguntar algo, el mismo sirviente volvió a llamar desde afuera de mi habitación, solicitando mi presencia para una de las reuniones del consejo, Anna solo se despidió de mi rápidamente, y se fue a alguna parte del castillo, presumiblemente con Kristoff, pero eso no era de mi incumbencia, al menos no por el momento, me volvía a hacer mi vestido de hielo, honestamente siempre me e sentido mas cómoda con ese vestido, que con todos los demás, a pesar de ser algo ajustado, probablemente porque era mi poder, y me sentía a gusto con él, me dirigí a la sala del consejo, y me puse en mi lugar, mientras el resto de los miembros hacían una reverencia y se sentaban en sus respectivos lugares.
-Para que se me solicita en esta oportunidad- dije con tono autoritario, de nuevo a la rutina de siempre.
-Su majestad, nos gustaría saber sus actividades en… "sus días libres" para así poder mantenernos informados de sus progresos en materia personal- decía uno de los más viejos, yo lo mire con extrañeza.
-¿Me habéis llamado para solicitarme que les diga que hice en dos días?- dije con incredulidad, sabía que el consejo le gustaba estar informado, pero había limites.
-en palabras cortas, si, a eso la hemos solicitado- decía uno de los más jóvenes.
-en ese caso, lamento informarles, que mis actividades, tanto fuera, como dentro del palacio, son de conocimiento personal, y por lo tanto, no requieren de su estricta sabiduría, si no hay mas me retirare- dije con calma, ellos eran el consejo, pero tenía que trazar limites.
-bueno de hecho su majestad, solo queríamos saber de una posibilidad- decía el mismo miembro del consejo que me había hablado al comienzo.
Me detuve un momento y lo considere, mejor era no tener ningún problema con el consejo, aunque fueran pequeños.
-¿Y esa posibilidad cual sería?- dije con perspicacia.
-¿algún joven prometedor?- dijo el mismo miembro, y mi reacción no se hizo esperar. Aunque no supe porque, me puse un poco nerviosa, creo que era por lo que podría pasar si el consejo lo sabía, sus intenciones eran buenas, pero, al igual que Anna, sus métodos… distaban mucho de ser eficaces y ortodoxos.
-no- dije luego de un momento, casi todos los miembros del consejo me miraron, como analizando que no mentía.
-¿Está segura? ¿Ningún joven atractivo, sabio, o fuerte?- decía el mismo miembro, mientras me miraba a los ojos, tuve que cerrarlos y respirar para concentrarme para que nadie notara nada.
-No, ¿alguna otra pregunta?- dije con calma, tratando de cambiar de tema. Los miembros del consejo me miraron por unos momentos, luego voltearon a ver a el más viejo de todos los miembros, el cual solo asintió.
- no su majestad, gracias por su atención- decía el mismo miembro del consejo, mientras se levantaba y abría las puertas, dándome paso, yo salí, y empecé a hacer mi camino hacia la sala del trono, en donde me esperaba en resto de mis deberes como reina.
Y así empezó mi día, luego vino uno de los tantos delegados de los reinos con los que Arendelle comerciaba, exigiendo más productos, por un menor precio, obviamente era un comerciante ambicioso, pero cada quien hace lo que puede por su reino, lo despache con rapidez, convenciéndolo de que Arendelle también necesitaba varios productos y bienes, y que luego de que formulara un trato justo, consideraría un aumento de los bienes.
El siguiente, era un príncipe, honestamente no tenía mucho interés de saber de qué reino, y me pidió mi mano en matrimonio, a lo cual dije que no, tenía muy en claro que algún día debería de tener herederos, y para eso se necesitaba un esposo, pero tampoco pensaba casarme por conveniencia así como así, a menos claro que la situación lo requiriera, además en el peor de los casos, siempre podía contar con un hijo o hija de Anna, tal vez no era la mejor idea, pero estaba en mis posibilidades.
El que vino después resulto ser un mensajero del reino de Weseltonia, pidiéndome, otra vez, que levantara mi decisión de cero comercio con su reino, a lo cual solo lo mira, obviamente no necesite palabras para expresar mi respuesta, puede que en el pasado haya sido un socio comercial muy cercano, pero no pensaba comerciar con un reino, cuyo gobernante, me quería muerta, soy devota a mi pueblo y sabia que tal vez traería problemas más adelante, pero tampoco soy estúpida.
-¿ahhh, Ana? ¿Qué estás haciendo?- pregunte algo confundida, al ver como Anna entraba con Olaf a su lado, con una sonrisa, se suponía que lo siguiente en mi lista era hablar con la embajadora de Carkeng, y Anna ya se había encargado de congeniar lo suficiente con ella como para que tuviéramos una conversación decente, o al menos un intercambio justo de ideas.
-te tengo una sorpresa Elsa- decía Anna, con una sonrisa, en ese momento me puse nerviosa, aunque lo disimule, ¿y si de alguna manera se había enterado del chico? Eso sería malo, muy malo de hecho, pero afortunadamente no era, ya que la ultima vez ella solo me dijo que fuera a cierta parte a cierta hora, pero ahora parecía estar esperado a que yo le respondiera o dijera algo.
-¿y… cual sería esa sorpresa Anna?- pregunte algo insegura de saber la respuesta.
-pueeeessss, supe que te divertiste un poco ayer ¿no es así?- me pregunto con cierta sonrisa, y un tono algo de obviedad.
-si…- dije, no muy convencida de hacia dónde iba la conversación.
-bueno, luego de pasar un día en tus zapatos, que por cierto a veces son un tanto tediosos a veces, decidí que debería de hacer algo por ti, ya sabes porque tu trabajo es muy extenuante, y porque generalmente siempre estas con, el embajador de tal reino, o los comerciantes de otro, o con el consejo, o…- y así empezó a divagar Anna, honestamente la lista era muy larga, por lo cual decidí apresurar las cosas un poco.
-Anna, entiendo, pero ¿cuál es la sorpresa?- dije yo, interrumpiéndola, cosa que hizo que se concentrara, pero solo un poco.
-ah, pues quería pedirte que me dejaras llevar las relaciones con Carkeng- dijo Anna con una sonrisa. Yo me quede unos momentos sorprendida, Anna me estaba pidiendo deberes, eso no era cosa de todos los días, pero aun así no me sentía del todo segura.
No era que no confiara en las habilidades de Anna, sino que el proceso para entablar nuevas relaciones comerciales, era, en el mejor de los casos, largo, tedioso, y muy, pero muy estresante, además de que se requería de un nivel de paciencia muy elevado, y no hay que ser un genio para saber que Anna no es muy paciente que se diga. Se supone que el proceso empieza con el delegado o embajador, si los dos reinos se entienden, entonces se empiezan a formular estrategia y rutas, tanto de comercio como de todo de lo que sea beneficioso para ambos reinos, el problemas radicaba, en que a eso se le tenía que incluir el hecho de tener que esperar la aprobación de la autoridad de ambos reinos, eso se lograba a través de un arduo tramite de papeles, y solo si ambos accedían, ya que si uno decía que no, ambos tenían que hacer nuevos planes, y enviarlos, y asi sucesivamente hasta que llegaran a un acuerdo.
Pero, con Carkeng era diferente, en su caso, el delegado era la única línea de defensa para que las relaciones fueran efectivas, lo cual tenía sus ventajas, y desventajas, por ejemplo estaba el hecho de que, en un solo viaje, el reino de Carkeng aceptaba los términos, lo malo, era que conseguir ese viaje era toda una odisea, los delegados de Carkeng, son, en muchos casos, las personas más cultas y estrechas de miras que te podrías encontrar, o al menos eso dicen varios de dirigentes de otros reinos, además de muy poco razonables, y con unas habilidades de negociación, que sería la envidia de cualquier comerciante, era algo muy lógico, así el reino no se preocupaba de modificar dichos documentos, todo estaba en manos de sus delegados, aunque tomando en cuenta que Les no parecía ser así, aun a sabiendas de que las apariencias engañan, tenía que tomar en cuenta que la mayoría de los políticos, incluidos mis padres, no había logrado establecer relaciones con ellos, llevándolos casi al borde del aislamiento, pero ocasionalmente lograban unos cuantos envíos a diferentes reinos, lo cual significaba que necesitaba otro tipo de pensamiento para lograr un buen entendimiento, asi que me encontraba en una pequeña encrucijada. Así que lo pensé un par de veces más, hasta que se me formo una sonrisa.
-Muy bien Anna, dejare que lo intentes- dije con voz calmada, solo estaba arriesgando las relaciones con un reino muy autosuficiente, pero no me costaba mucho tenerle algo de confianza a Anna, si mostraba la misma persistencia de siempre con esto, tal vez tendríamos a un muy buen aliado económico pronto, o un reino más que quisiera mi cabeza.
-¡Sí!- prácticamente grito mi hermana con emoción, supongo que eso le demostraba que tenía confianza en ella- y no te preocupes Elsa, manejare esto con suma delicadeza- decía Anna, mientras usaba sus manos para dar más énfasis, golpeando un florero que había de decoración en la sala, haciendo que se cayera, rompiéndose, Anna se quedo callada viendo los pedazos, mientras yo también los veía- desde ahora.
Tal vez después de todo no había sido mi mejor idea, pero no pensaba retractarme. Levanta mi "horario" para ver qué era lo que seguía, no era que no supiera o no pudiera recordarlo, pero generalmente cambiaban una que otra reunión, o algo así, además de que a veces se formaban uno que otro error, que me daba, o un tiempo libre, el cual aprovechaba con mi hermana, o muchas tareas al mismo tiempo, a lo cual lo corregía, y tomando en cuenta que Anna seguía en la sala con Olaf, el cual sin explicación alguna tenía un pollo en la cabeza, levante una ceja, y mire. Lo que seguía eran las negociaciones con la embajadora de Carkeng, de lo cual se encargaría Anna, luego, otra negociación… con Carkeng, bueno un pequeño tiempo libre, luego, ¿Carkeng? Mire más adelante, prácticamente toda la tarde era para la embajadora de Carkeng.
-Anna…- dije mirándola, supuse que ella tenía algo que ver con esto.
-no fui yo- decía Anna, con tono inocente, la mire fijamente- de acuerdo, tal vez si convencí al consejo de que era MUY importante el hecho de tener buenas relaciones con Carkeng, apelando a su ego, pero ese no es el asunto, necesitas relajarte un poco y lo sabes- decía Anna, con un tono algo suave.
-Anna, soy la reina, no puedo darme el lujo de tener mucho tiempo libre, también tengo que atender a varios otros asuntos del reino, y además tengo que…- me quede callada al no oir ningún ruido de parte de Anna, a lo cual la mira, y ese fue mi error, me estaba mirando con una carita de cachorrito a la cual, aun siendo yo, no me pude resistir, simplemente era muy linda como para decirle que no, tendría que pedirle que me enseñara ese truco- muy bien, pero solo por unos días está bien?
-te lo aseguro Elsa no te arrepentirás- decía alegre Anna, mientras ella y Olaf iban a paso de soldado por el castillo, posiblemente a reunirse con Les, eso no hizo más que sacarme una sonrisa, pueden pasar los años, pero dudo que algún día mi hermana pierda esa singular actitud, aunque es una de las cosas que adoro de ella. Ahora el problema radicaba en que hacer el resto de la tarde, en eso entro Gerda, barriendo pacientemente el piso, me dispuse a irme a la biblioteca, hasta que escuche la voz de Gerda.
-¿Piensa ir a visitar otra vez a ese chico su majestad?- decía Gerda en un tono calmado y respetuoso, pero igual hizo que diera un pequeño salto, y la volteara a ver.
-disculpa ¿Qué?- dije, tratando de sonar normal.
-el muchacho, ya sabe, el de la capucha, ¿con el que se escapo ayer del castillo?- decía Gerda, con un tono algo obvio, mientras yo me acercaba y le hacía señales para que hiciera silencio, las paredes del castillo tienen oídos, eso es algo que aprendí con la experiencia.
-¿Cómo lo sabes?- susurre, casi en tono demandante, pero calmado.
-la noche anterior la vi salir a alguien por una de las ventanas, supuse que debía de informarle, pero al llegar a su cuarto, descubrí que estaba cerrado, y lo abrí, al no encontrarla, y ver su capucha junto con otra capucha, en las afueras del castillo, supuse que era usted, además de que más tarde esa noche, oí como alguien se lanzaba contra el agua, y vi a un joven nadando hacia la orilla, y a usted en su cuarto, le sugiero ser más discreta su majestad, si piensa mantenerlo como un secreto, aunque por lo que vi era muy guapo- me explicaba Gerda, pero lo ultimo lo dijo con un tono algo pícaro, que me hizo sonrojar.
-el… es solo un conocido- dije simplemente, desviando la vista.
-¿un conocido con el cual sale a altas horas de la noche?- me dijo Gerda, levantando una ceja.
-Yo… estaba,… por favor no se lo digas a nadie- dije, con un sonrojo, mientras Gerda sonreía un poco ante mi vergüenza, no todos los días se ve a una reina pidiéndole algo a una sirvienta, pero esto era algo singular.
-no se preocupe su majestad, su secreto está a salvo, pero debo pedirle que la próxima vez, si necesita ayuda, me solicite, tantos años de servicio me han enseñado uno que otro truco- decía Gerda con una sonrisa, me sentí aliviada.
-Muchas gracias Gerda- dije con sinceridad.
-no hay necesidad su majestad, debería de haber visto como fue con los antiguos reyes- decía Gerda, riéndose un poco.
-¿Mis padres también fueron así?- pregunte con algo de nostalgia, aun me dolía un poco hablar sobre ellos, pero sentía un poco de curiosidad.
-no, no era lo mismo, su padre era un tanto mas... tímido, además de que no captaba muy bien las indirectas, ni tampoco las directas- decía Gerda, recordando.
-¿enserio?- dije algo impresionada, mi padre siempre me había parecido alguien muy perspicaz.
-bueno, más o menos, aún recuerdo cuando su madre, desesperada, se puso un cartel que decía "quiero tener una cita contigo", lo malo fue que su padre no lo capto de inmediato, pero al ver que otra persona iba a responder a la petición de su madre, se armo de valor, y se la llevo a su primera cita, aun con el cartel- decía Gerda, riéndose, yo me quede muy sorprendida.
-¿enserio eso paso?- dije sorprendida, de no ser porque me lo decía Gerda, probablemente no creería ni una palabra.
-sí, aunque si piensa hacer lo mismo que su madre, le sugiero ser un tanto más paciente- decía Gerda como si de sabiduría ancestral se tratase, de repente capte un pequeño detalle.
- espera ¿piensas que él y yo?, no, no claro que no, solo, somos conocidos, nada mas- decía tratando de aclararlo, pero Gerda me siguió mirando con la misma sonrisa, yo me empecé a alejar un poco.
-si piensa salir sin que lo noten, le sugiero que vaya a la puerta en unos momentos, ya debe de ser la hora del almuerzo para los guardias, por lo cual no deberán de estar muy atentos- dijo Gerda sin mirarme, mientras barría el piso.
Yo sonreí, tal vez, solo tal vez, tomara ese pequeño hecho en cuenta.
P.O.V. Anna.
Muy bien, es mi momento, es mi oportunidad para demostrarle a Elsa que puedo ser igual de efectiva que ella en todas esas cosas políticas, se que no necesito demostrárselo para que sepa que soy útil, pero quiero hacerle saber que, cuando ella este ocupada, tenga un asunto importante, no se sienta bien, o ese tipo de cosas, pueda contar conmigo en todo momento para hacerme cargo de esas cosas. Si se que tal vez aun no me familiarizo con todos esos términos y cosas de la política, si sé que es mi primera negociación seria sin ninguno de los miembros del consejo cerca, y si también se que Les es de una de las embajadoras con peor fama de ser muy poco accesibles o flexibles, según me han dicho, y si… mejor no sigo pensando en esas cosas, con fe, resistencia, y perseverancia, ¡estoy segura de que lo lograre! Ahora solo tengo que encontrar la sala de negociaciones, aunque la verdad no sabía que existía hasta hace un buen rato, pero bueno, no puede ser tan difícil encontrarla.
Luego de un rato al fin la encontré, y Les estaba, y me encontré con una sala, algo pequeña, vista hacia el reino, en donde solo había una mesa y cuatro sillas, además de algo de papel y unas cuantas plumas, para así empezar a hacer el acuerdo, eso había sido idea mía, quería que estuviéramos de acuerdo antes hacer cualquier arreglo.
-Hola Les- dije alegremente, mientras me sentaba en frente de ella, ella se levanto y me hizo una reverencia.
-Buenos días princesa Anna-decía Les, con un tono muy educado.
-Por favor Les, sabes que no tienes que ser tan formal conmigo- dije con una sonrisa, tratando de que ella se me uniera como en una charla común, cosa que no paso, ya que se mantenía seria, creo que para ella el asunto era muy serio- o tal vez no.
-Muy bien princesa Anna, estoy preparada para poner en suposición extralimitada todas las propuestas aquí obtenidas para lograr un satisfactorio mermamiento en los insumos aprovechados en su distinción geopolítica, para que estas sean transferidas en un lapso de tiempo estándar, a una susodicha ubicación geográfica distinta ya señalada- dijo Les, en un tono educado. Yo por otra parte me quede callada, y procese lentamente lo que me había dicho, según mis clases de etiqueta, o al menos a las que les preste atención, mermamiento era malo, y aprovechamiento era bueno, pero con eso de transferencia, bueno me había perdido.
-Siiiiii…- dije yo algo insegura, lo mejor era no contradecirla, al menos hasta que supiera que era lo que decía.
- satisfactorio, en este dinámico escenario, podemos empezar a ilustrar varias de las ideas iníciales para completar las ideologías geopolíticas instauraras, para así conllevar a un…- y asi empezó a hablar y hablar, yo generalmente tengo unas fabulosas habilidades para hablar con otras personas, ¡pero eso es solo cuando se lo que me dicen! Ella hablaba con palabras muy, no lo se, sofisticadas, incluso para mi, decidí que tal vez necesitaba un plan B.
-ah, Les, ¿me das unos momentos? Tengo que ir a… hacer… un, ahhh, una consulta con, uno de mis concejales, si eso, ya vuelo- dije, levantándome y yéndome a prisa de la sala, dejando a Les muy confundida. Muy bien, lo admito eso fue grosero, pero necesito ayuda, un traductor, con suerte alguien del consejo, pero no tenía mucho tiempo, ¿Dónde están esos fastidiosos cuando los necesitas? Vale, solo tengo que encontrar a alguien en menos de unos momentos.
¿Cómo es posible que, en todo el vasto castillo, no haya ni una sola alma? O al menos eso vi yendo de aquí para allá con toda prisa, ahora solo me queda volver a la sala, antes de que malgaste mas el tiempo de Les.
-Disculpa Princesa Anna, ¿pero no había dicho que uno de sus concejales la acompañaría?- dijo Les, luego de que regresara a la sala, me puse nerviosa, estoy más que segura que mentirle no era una muy buena forma de empezar las relaciones, así fuera solo un error o mal entendido, así que hice lo único que me podía salvar, mentí otra vez.
-El, está en camino- trate de sonar confiada, pero Les me miro con cara acusadora, si de verdad tengo suerte, o existe alguien mas allá, por favor, ¡AYUDAME!.
-Hola soy Olaf, y me gustan los abrazos cálidos- una voz debajo de mi hablo, no necesite bajar la mirada para saber quién era, Les se mostro muy sorprendía, incluso le lanzo una silla al pobre Olaf, el cual solo se deshizo, y aun así seguía saludando.
-¡Olaf! ¿Estás bien?- dije muy preocupada, mientras lo ayudaba a armarse, si se que no le duele ni nada de eso, pero eso no significa que deje de preocuparme por él.
-Sí, ya me estoy acostumbrando, ¿ahora si me darás un abrazo?- Dijo Olaf, mientras me pedía un abrazo, el cual yo le di, para luego ir con Les, la cual aun lo miraba sorprendida.
-¿El…... es tu concejal?- dijo Les, mientras Olaf se ponía en frente de ella y la saludaba, a lo cual Les le correspondió el saludo. Olaf me miro un momento confundido.
-sí, quiero decir SI, el es mi concejal, mi más confiable concejal- dije mientras agarraba a Olaf, el cual aun seguía confundido, y lo ponía en una silla, la cual moví hasta que quedara al lado de la mía, Les, algo confusa, se volvió a sentar, en otra silla que estaba cerca.
-muy bien, en ese caso empecemos con las transiciones correspondientes a…- y empezó a hablar otra vez con ese lenguaje complejo, Olaf parecía estar muy alegre, lo cual es normal tomando en cuenta que siempre esta alegre, aunque, yo por otra parte, solo podía pensar en una sola cosa "Elsa va a congelarme si se entera de esto". Y es que, estaba muy segura, de que esto no iba a terminar bien, es decir ¿Olaf? De todas… ¿las cosas vivientes? ¿El de concejal? Bueno, con esa mentalidad no saldré adelante, cosas positivas, y así lograre que esto se resuelva… espero.
P.O.V. Elsa.
Bueno, tantos años de servicio le han dado mucha habilidad a Gerda para saber los horarios y demás, como ella dijo, los guardias estaban ocupados comiendo y charlando entre ellos, parecían estarse divirtiendo, por lo cual pude salir casi desapercibida, aunque tendría que pensar luego en cómo mejorar mis salidas, una persona, con una capucha, entrando y saliendo del castillo, no es algo que no llamaría la atención tarde o temprano, pero eso lo resolveré en su momento, ahora el problema es otro, encontrar el camino a la tienda del chico, si ya me había llevado ahí, pero entra tantas calles y personas, era muy fácil perderse a menos de que se supiera de memoria todo lo referente a las direcciones.
-¿otra vez? Necesitaras un guía si quieres andar así siempre por la ciudad- dijo una voz detrás de mí, luego de haber estado vagando un rato por las calles de la ciudad, voltee a ver y era nada más y nada menos que el chico, pero parecía algo cansado, además de que estaba cargando algo parecido a un saco, y me miraba con una expresión de "¿otra vez?"
- si me enseñaras todo el camino hasta tu tienda no tendríamos este problema- dije con algo de humor y algo de enojo.
-¿ahora es mi culpa?- decía el lentamente, levantando una ceja.
-no, siempre fue tu culpa- dije mientras me volteaba.
-ok… ¿lo siento?- dijo el, como si estuviera dudando.
-muy bien, ahora vamos a tu tienda- dije firme, mientras empezaba a caminar con paso decidido.
- es por allá- dijo el señalando a un lado, mientras yo caminaba de frente a él, así que me devolví y fui por ahí- y luego por allá- dijo nuevamente, señalando a una esquina- y luego…
-sabes, mejor ve adelante- dije pacientemente, sabiendo que si no lo hacía, probablemente iba a tardar toda la tarde en saber o recordar en donde estaba su tienda.
-muy bien, si así lo quieres- dijo él, con un muy obvio tono burlón, obviamente eso le estaba dando gracia, aunque luego de un rato de caminata en silencio me sorprendí un poco al ver que estaba casi en frente del castillo.
-esta no es tu tienda- dije, ya sabía que era algo obvio, pero no había razón para estuviéramos ahí.
-lo sé, pero tú querías que te enseñara, bueno, eso pienso hacer, a menos que hayas cambiado de opinión claro- decía él, mientras se encogía de hombros. Lo mire un momento.
-¿Hacia dónde?- pregunte con algo de desdén, mientras el sonreía ante eso.
-¿Vez aquella casa? Bueno de ahí cruzas a la izquierda y luego sigues derecho hasta…- decía el, mientras íbamos paso a paso por las calles de Arendelle, la verdad es que pasar tanto tiempo recorriendo la ciudad era bueno, es decir ¿Qué clase de gobernante no conoce la ciudad donde gobierna? Probablemente muchos, pero ese no será mi caso, además, es bueno tener un guía como él, a veces me exaspera un poco, pero aparte de Anna, es el único que lo hace, así que es bueno ir conociendo nuevas personas.
Al poco tiempo llegamos a su tienda, y abrió la puerta, pero no entre, ya que por alguna razón todas las velas que siempre habían adentro estaban apagadas por lo cual no se veía nada, solo oscuridad, y él cuando entro, simplemente desapareció, así como así, yo me quede sorprendida.
-¿estás bien?... ¿me escuchas?... ¿estás ahí?- pregunte poco a poco, no todos los días desaparecía gente en la oscuridad, aunque luego me alivie al ver como dentro de la tienda, se encendía una vela, con el detrás de ella.
-¿Qué esperas? Pasa- decía él, invitándome a entrar, tomando en cuenta que aun había mucha oscuridad alrededor, me tomo un par de respiraciones calmarme, no es que tuviera miedo, pero sorprenderme así como así nunca es recomendable.
-¿Por qué apagaste las velas?- fue lo único que se me ocurrió preguntar.
-son velas, tarde o temprano se apagan, la cuestión es saber cuándo volver a encenderlas- decía él, con un tono de sabiduría que me impresiono- sabes, acabo de recargar existencias, ¿alguna petición en especial? Y recuerda, eres la primera clienta del día, así que es gratis- decía él, con un tono de vendedor, me sorprende que este chico pueda pasar de un estado a otro tan de repente, pero eso lo hacía más interesante a mi parecer.
-mmmmm, me gustaría probar de nuevo ese chocolate tuyo, ya sabes, es que me diste la primera vez que vine- dije con una sonrisa, ese chocolate era sin duda el mejor que había probado.
-enseguida- decía él, mientras entraba en la cocina, al poco tiempo olí el fuego, luego el chocolate, y luego de esperar otro poco, salió el con el chocolate en un plato completamente diferente, y una cuchara igual de única.
-gracias- decía mientras tomaba el plato y la cuchara, y me quitaba mi capucha y mi pañuelo, ya que no había nadie más en el negocio- ¿Por qué no hay nadie más aquí?
- supongo que mi negocio aun es muy nuevo, o mi competencia es muy buena, honestamente prefiero que se mantenga así por un tiempo, ya sabes, por el hecho de que no me gustan las multitudes- decía él, sentándose en una silla en mi misma mesa, la cual tenía forma redonda.
-¿pero entonces como te sustentas?- pregunte algo confundida, si no se vendía, no se ganaba dinero.
-unos cuantos encargos usuales me mantienen a flote, nada muy serio, pero me sostengo- decía él, respondiendo a mi pregunta, yo me comi una parte del chocolate, y casi brinque de la emoción al saborearlo, el solo se rio un poco, pero yo lo deje pasar, ese chocolate era muy bueno.
-es definitivo, tienes que darme la receta- decía yo, con un tono emocionado, si lograba que el resto de los dulceros del reino hicieran ese chocolate, entonces beneficiaria mucho a Arendelle tenerlo como producto.
-no- dijo él con tono firme, yo deje de comer y lo mire.
-claro que no me la regalaras, si quieres puedo comprártela, ya sabes por un precio…- decía yo, tratando de convencerlo, pero me interrumpió.
-no- decía él mientras movía de lado a lado la cabeza, yo me quede un momento en silencio, había muy pocas personas que me interrumpían.
-¿Por qué?- pregunte, tratando de sacarle algo de información.
-…es un secreto- acto seguido, se levanto de la silla, y fue a la cocina, mientras el olor a chocolate inundaba el ambiente, probablemente un encargo, yo me quede allí, esperando a que el saliera.
-esto no se va a quedar así- decía mientras me cruzaba de brazos y me disponía a esperar que saliera, de ninguna manera iba a dejar, que de una sola respuesta, se formaran muchas preguntas. Al poco rato salió otra vez, algo sucio, pero igual parecía estar concentrado.
-ah y por cierto, me llamo Xin- decía el muchacho como si fuera lo más normal decírmelo luego de al menos 3 días.
-¿Xin? ¿Xin qué?- pregunte algo confusa, nunca en mi vida había oído un nombre como ese.
-no te puedo decir mi apellido- decía con un tono natural, mientras parecía estar concentrado en buscar algo.
-¿Por qué?- dije nuevamente.
-es un secreto- decía él con una sonrisa, mientras sacaba una cuchara de madera algo grande, al menos la mitad de mi brazo, y volvia a la cocina.
Yo me senté otra vez, mientras pensaba "otra vez, UNA RESPUESTA, MUCHAS PREGUNTAS"
BUENO GENTE, ESPERO QUE LE HAYA GUSTADO.
FROZEN ES PROPIEDAD DE DISNEY, PERO YO TENGO LOS DERECHOS DE AUTORA DE TODOS MI OC, ASI QUE OJO CON ELLOS.
Adelando:
-no lo puedo creer- decia Anna sorprendia.
-esto es algo impresionante- Kristoff
-me han encontrado- Xin.
-esto no va a quedarse asi- Elsa
