Hola queridos lectores
un capitulo mas de esta maravillosa historia de la autora msgrandchester
saludos...
La ciudad aún no amanecía y la bruma sobre el río le daba un aspecto fantasmal a la ciudad; el joven que la contemplaba sintió la nostalgia invadir su alma. Aspiró con profundidad el cigarrillo que tenía entre los labios y dejó que la nicotina llenara sus pulmones antes de exhalar con lentitud. Se llevó una mano hacia la frente para apartar los rebeldes mechones que caían sobre su rostro para encontrar frente a él a la dama de sus sueños.
La Estatua de la Libertad o "Lady Liberty" le dio la bienvenida a Nueva York. El barco empezaba a aminorar su marcha, preparándose para atracar en el puerto.
"Ya verás, padre…Verás que no necesito de ti"- pensó con determinación.
Lo había dejado todo atrás. Había abandonado la confortable cuna en la que había nacido y estaba dispuesto a enfrentarse al mundo. Sólo había partido con una maleta llena de ropa, un maletín de libros, y un reloj que su padre le había regalado al cumplir los doce años; el cual había vendido para solventar su pasaje a América y los gastos iniciales.
El joven escuchó pasos tras él.
"¡América! ¡América!" – exclamó un joven alborozado.
Era otro pasajero de tercera clase que hablaba con una mujer rubia de ojos claros ¿verdes? ¿Azules? Era imposible saber. La joven mujer abrazó al hombre y sonrió.
"Construiremos un futuro entre dos, mi amor. Tendremos una casita y un perro… ¡el mundo es nuestro!"
Una sonrisa triste se esbozó en el apuesto rostro de Terrence al escucharlos.
Beth miró a su joven ama con ansiedad.
"Señora Candy, tiene que comer algo" – dijo depositando la bandeja sobre la mesa.
"No quiero. No tengo hambre" – dijo una voz desde la cama.
"Señora, lleva muchos días sin comer. Se va a enfermar."
"No me importa…no me importa nada."
"¿Qué voy a hacer?" – se preguntó Beth con preocupación.
Desde la partida de Terrence, Candy se había negado a salir de su habitación. Beth la había observado sumergirse en una depresión terrible. Candy no se levantaba de la cama, se negaba a comer y lloraba hasta empapar las almohadas.
"El duque desea hablar con usted, señora."
"Dile que no me siento bien, Beth."
"Lleva una semana intentando hablar con usted, señora."
"¡Que siga esperando! ¡Es su culpa que Terrence se haya ido!"
Los hombros de Candy empezaron a estremecerse a causa de su llanto.
Beth se sentó al borde del lecho y se atrevió a rodearla con los brazos.
"¿Qué voy a hacer sin él, Beth? ¿Qué voy a hacer?"
"¡Levantarte y seguir viviendo!" – dijo el Duque desde la puerta.
Beth y Candy levantaron la mirada.
"¡Señor!" – exclamó Beth poniéndose de pie.
"Necesito hablar con Candy a solas" – dijo Richard.
La doncella hizo una pequeña reverencia y abandonó la habitación. Candy se cubrió con el edredón hasta el cuello.
"¿Qué puedo hacer por usted, Duque de Grandchester?"
"Quiero que te levantes y empieces a comportarte como un adulto. Mi esposa me ha dicho que te has negado a salir de la habitación y empezar tus estudios."
"No tengo ganas de aprender a bordar ni de tocar el piano, señor."
"Debería interesarte. Recuerda que un día serás la duquesa de este castillo."
Candy lo miró incrédula.
"Supongo que habrá notado la ausencia de Terrence ¿verdad? – preguntó con sarcasmo.
El duque la miró con el ceño fruncido.
"Veo que te has contagiado de los malos hábitos de mi hijo. Y para responderte, sí lo sé."
"No veo porqué insiste en que me eduquen para un puesto que no ocuparé. Terry jamás aceptará."
"Sí lo hará."
"¡No lo hará! ¿No se da cuenta? ¡Terrence se ha marchado!"
"Volverá por ti" – dijo con una sonrisa.
"¡No lo hará! Terrence detesta tanto la idea del ducado que se marchó ¿no lo ve?"
"Terrence no sabe sobrevivir en el mundo. Es soñador, ingenuo…cree que hará una carrera en el teatro."
"¡No se burle de sus sueños!" – Se alteró Candy – "¡Usted no tiene ni idea del talento que Terry posee!"
"Es verdad" – contestó sin perturbarse – "pero sea cuales sean sus sueños, la realidad es otra: Terrence será el siguiente duque y tú la duquesa."
"Es usted increíblemente necio" – Candy sacudió la cabeza.
"¡Y tú eres una chiquilla irrespetuosa!" – se molestó el duque – "Tal vez por eso Terrence te abandonó en vez de llevarte con él."
Las lágrimas saltaron a los ojos de Candy – las palabras del duque la habían herido en los más profundo de su ser.
"¡Terrence me ama!"
"Te abandonó, Candy."
"Debe haber una razón…y debo preguntársela"- Candy se puso de pie y se arrodilló frente al duque – "Permítame ir a buscarlo."
"Ya tuvimos esta conversación, Candy."
"¡Por favor!" – Le suplicó – "Permítame ir a América."
"¡De ninguna manera!"
"¡Se lo ruego, duque! Yo lo amo…permítame ir a buscarlo."
"Mi respuesta es firme Candy. No."
"Me escaparé."
"No podrás ir a ningún lado" – sonrió triunfante – "Eres menor de edad y yo tengo todos tus papeles."
"Señor…"
"Quiero que te arregles, Candy. Quiero verte en la cena de esta noche" – dijo antes de salir de la habitación.
La joven se dejó caer sobre la cama, sollozando llena de dolor.
"Terry, mi amor… ¿Por qué? ¿Por qué me dejaste?"
Deslizó la mano bajó la almohada y sacó un trozo de papel arrugado. Lo había leído cientos de veces y cada vez que lo hacía, las palabras parecían bailar ante sus ojos.
"Candy:
No puedo seguir aquí. No puedo ser el títere de mi padre. Tengo sueños, grandes sueños y no me perdonaré si no los alcanzo.
Mi padre cuidará de ti como prometió a tu familia. Sigue con tu vida y olvida que un día me conociste.
Terrence."
"¿Seguir con mi vida? Después de ti no hay vida…"
Escondió el rostro entre sus manos y lloró con desconsoladamente.
"3458 Astor Place" – leyó en voz baja – "Este debe ser el lugar."
Terrence subió los escalones que lo llevaban a la puerta y golpeó con fuerza.
"¿Qué desea?" – le preguntó una señora vestida de negro.
"¿Se encuentra la señora Baker?"
"La señora Baker no atiende visitas sin previa cita" – dijo antes de empezar a cerrar la puerta.
El joven interpuso su pie en la puerta.
"¡Un momento!" – dijo con altanería.
"¡Haga el favor de marcharse!" – la señora intentó empujarlo.
"¿Cómo se atreve? ¿No sabe quién soy yo?"
"¿Un admirador?"
"Soy Terrence."
"¿Terrence? Terrence está en Inglaterra."
"¡Ah! Así que sí sabe quién soy. Dígale a mi madre que estoy aquí."
"¿Cómo sé que no está mintiendo?"
"Señora ¿Por qué no hace las cosas sencillas? Déjeme pasar y Eleonor se lo dirá."
El ama de llaves abrió la puerta y lo dejó entrar.
"¡Espéreme aquí! ¡Y no toque nada!"
Terry dejó escapar un suspiro de cansancio y miró a su alrededor. El vestíbulo era amplio, elegantes cuadros en las paredes, una alfombra persa sobre el piso de mármol. Sorprendido, su mirada se posó en unos retratos.
"Soy yo…de pequeño."
"¿Terry?"
Se volvió para ver a Eleonor frente a él, las lágrimas asomándose a sus ojos.
"¡Terry, eres tú!" – la dama corrió hacia él para abrazarlo.
"Hola mamá"– dijo devolviendo el abrazo.
"¡Mi hijo! ¡Mi hijo querido!" – Eleonor lo besaba en las mejillas.
"Le dije que era su hijo" – dijo Terrence mirando a la señora que abriera la puerta.
"Señora Smith, él es mi hijo Terrence."
"Tendrá que disculparme, señor" – dijo la ama de llaves – "Sólo he visto retratos suyos de la infancia."
"No se preocupe."
"Señora Smith, por favor prepare la habitación de huéspedes para Terry" – dijo mirando sus maletas – "Vienes a quedarte ¿no es así?"
"Si me aceptas."
"¡Por supuesto! Pero, dime ¿dónde está Candy?"
Terry miró a su madre sin decir palabra.
"¿Dónde está?"
"En su habitación, señor Alister."
Con preocupación en el rostro, Stear siguió a Beth escaleras arriba. La doncella abrió la puerta con suavidad y le permitió paso al joven.
"¡Dios mío! Parece una muñeca rota."
Candy estaba sentada en el suelo junto a una silla, los brazos sobre el asiento, la cabeza recostada sobre ellos.
"Terry…"
"¡Candy!"
Con pesadez, volvió la cabeza hacia él.
"Stear"- dijo en voz muy baja.
Se puso de pie y avanzó hacia él para arrojarse en sus brazos. Stear la escuchó llorar y sollozar con fuerza, su delgado cuerpo estremeciéndose.
"¿Qué te ha sucedido, Candy?" – preguntó angustiado.
"Se fue, Stear…Terry se fue."
Él ya lo sabía. Los rumores se esparcían con rapidez en Londres.
"Me dejó, Stear…no lo entiendo" – levantó el rostro lloroso hacia él.
Stear se sorprendió al ver su rostro pálido y demacrado. Beth ya le había advertido que llevaba semanas casi sin probar bocado pero no se esperaba la extrema delgadez que Candy presentaba.
"¿Qué vas a hacer, Candy?"
"Quiero ir a América…quiero buscarlo…pero el duque no me deja partir… ¡me lo ha prohibido!"
El joven apretó los puños lleno de rabia.
"Es tu tutor, Candy…y tu suegro."
"No puedo estar sin él, Stear ¿lo entiendes? ¡Me estoy muriendo!"
"Candy, querida Candy…esto no debía pasar"- dijo acariciando su cabellera.
"¡Ayúdame!"
"Candy…debo decirte algo."
"¿Qué?"
"Debo regresar a América."
Candy prácticamente se desvaneció en sus brazos. Beth que estaba junto a la puerta corrió hacia ellos. Stear la depositó sobre el lecho mientras Beth servía un vaso con agua.
"¡No puede ser! ¿Te vas? ¿Es cierto?" – Candy lo miró asustada – "¿Me quedaré sola?"
"Hay vientos de guerra, Candy. Tío William nos ha ordenado regresar a América. Archi partió hace un par de días…yo insistí en quedarme para verte. Hace días que lo intento pero Richard me prohibió el ingreso."
"¿Cómo entraste?"
"Beth me ayudó. Me hizo entrar por la puerta de servicio."
"Su señoría partió al campo y le envié una nota al señor Alister" – dijo Beth.
"¿Cuándo te irás?" – Candy lo miró con lágrimas en los ojos.
"Mañana."
¡Stear, oh Stear! ¿Qué haré sin ti? ¿Sin Terry?"
Ella se sentó para abrazarlo, ocultando el rostro en su pecho mientras lloraba. Pensativo, Stear se mordisqueaba el labio inferior.
"No te dejaré, Candy" – dijo después de un rato – "Vendrás conmigo."
"¿Cómo dices?"
"Vendrás conmigo. No dejaré a una Andrey sola en un país extraño, junto a extraños. Tu lugar es conmigo…con nosotros."
"Eres muy dulce pero no será posible…el duque tiene mis documentos. Me será imposible viajar sin ellos."
"Beth ¿sabes dónde guarda, el duque, los documentos importantes?"
"En su escritorio, señor, bajo llave."
"¿Me llevarás?" – le preguntó con seriedad.
"Señor yo…"
"No le pidas eso, Stear" – intervino, Candy – "Podrían despedirla."
"Beth, no quiero obligarte pero quiero que mires bien a Candy."
La doncella miró a la joven…se estaba consumiendo…muriendo en vida.
"Le mostraré, señor."
"¡Beth!" – exclamó Candy.
"Sígame, por favor."
"Espéranos aquí, Candy" – le pidió Stear.
"¿No contestarás mi pregunta, hijo?"
Terrence miró a su madre. Más de una semana había pasado desde su llegada, y ella no había vuelto a preguntar por Candy hasta esa noche.
"No tengo nada que decir, madre."
Eleonor vio la mirada de dolor que cruzó por los ojos de su hijo.
"Candy se quedó en Londres. Ella es parte de mi pasado…no hay cabida para ella en mi futuro."
"¿Se pelearon, acaso?"
"No, no es eso, madre."
"Me pareció que Candy era una chiquilla muy dulce.
"Ese es el problema. Es una chiquilla. Me falta mucho por vivir, madre…y quiero hacerlo a mis anchas."
"¿Estás seguro?"
"Mamá, me duele la cabeza y no tengo ganas de seguir hablando. Candy simboliza el pasado…un pasado al que estaba atado por los deberes, las obligaciones… ¡no quiero hablar nunca más de ella! Te ruego que respetes mi pedido."
"Será como tú quieras."
Media hora más tarde, Beth y Stear regresaban a la habitación de Candy. Él se acercó a ella y le mostró unos documentos.
"¡Lo conseguí, Candy!"
"¿Cómo? ¿Encontraron la llave?"
"Soy muy hábil con un par de pinzas" – bromeó Stear – "Nos iremos esta noche, Candy."
"¿Esta noche?"
"Beth, necesito que arregles un baúl con lo esencial de Candy" – ordenó Stear – "Y Candy, quiero que te arregles y te abrigues, vendré a la media noche por ti."
"¿A la media noche?"
"Vas a escaparte del castillo, Candy. Beth necesitaremos tu ayuda."
"Pueden contar conmigo, señor."
"También necesito que me digas donde encontrar una dama de compañía para Candy. No sería correcto que viajara sola conmigo."
"Yo iré."
Candy y Stear miraron a la doncella llenos de sorpresa.
"Dicen que América es muy hermosa" – explicó – "y además, no quiero separarme de la señora Candy."
"Beth…"
"Es hora de batir mis alas, señora. Además, cuando el duque regrese y no la encuentre, me despedirá."
"Tu lealtad será bien recompensada, Beth" – le dijo Stear – "Ahora debo marcharme y conseguir los boletos."
La rubia lo sujetó del brazo y lo miró con intranquilidad.
"Volveré por ti, Candy. No te fallaré."
"¿Me lo prometes?"
"Te lo prometo" – se inclinó para besar su frente – "Te veré a la media noche, Candy."
Una vez a solas, Candy elevó una plegaria al cielo.
