Hola queridos lectores

aqui les dejo un nuevo capitulo de esta gran historia de msgrandchester ;D

saludos

La nieve había empezado a caer, enfriando a los tres jóvenes que esperaban afuera del teatro. El temblor de Annie no pasó desapercibido por Archi, quien se quitó la bufanda y la colocó alrededor del cuello de su novia. Ella le sonrió agradecida mientras el olor de la colonia masculina invadía sus sentidos.

"Se está tardando demasiado" – dijo Annie con preocupación.

"Tal vez debamos entrar."

"Yo iré" – contestó Stear – "Tú, lleva a Annie al auto. Está haciendo demasiado frío."

"Traeré al coche. No te tardes."

Stear empujó la puerta principal que aún estaba abierta. Se acercó a un conserje y le explicó su situación. El hombre le permitió acceso tras bastidores, después de aceptar la coima de Alister. Se escuchaban risas fuertes y alegres mientras caminaba tras bastidores. Apresuró el paso hasta encontrar el lugar de origen. Era un camerino repleto de actores.

Su mirada se posó en un actor en particular, que tenía a una rubia sentada en su regazo. La mirada de Terrence se encontró con la de Stear.

"Infeliz…"

Los demás actores se percataron de Alister y cruzaron miradas al notar la tensión entre Terrence y él.

"¿Quién eres tú? ¡Esta área es sólo para actores!" – protestó uno de ellos.

Stear avanzó hacia ellos con el ceño fruncido.

"¿Dónde está?" – preguntó deteniéndose frente a Terry.

"¿Dónde está, quién?" – preguntó sin inmutarse.

"¿Dónde está Candy, Terrence?"

"¿Candy?" – Repitió Susana y miró a Terrence – "¿No es esa la niña que estaba en tu camerino?"

"Cállate Susana" – le dijo Terrence con altanería.

"¿Dónde está?" – repitió Stear cerrando los puños.

"No lo sé. La dejé en mi camerino hace rato."

"¿Te está esperando?"

"Terrence se despidió de ella" – intervino Susana una vez más.

"¡Te dije que te callaras!" – exclamó Terry poniéndose de pie, abruptamente.

Susana cayó sentada en el suelo.

"¿Qué te está ocurriendo?" – Stear lo tomó del brazo – "Ella te viene a buscar y tú ¿la dejas en el camerino?"

"¡Suéltame! ¡No tengo que darte explicaciones!"

"¡Llévame hacia ella!"

"¡Sígueme!"

Los dos abandonaron el salón mientras los actores se miraban intrigados.

Avanzaron por un pasillo oscuro, en silencio. Terrence se detuvo de improviso, Stear tropezando con él.

"Aquí" – dijo Terrence abriendo una puerta.

El perfume a rosas llegó a la nariz de Stear. Miró a su alrededor y lo encontró vacío.

"No está."

"¡Que inteligente que eres!" – Se burló Terry – "Ya me di cuenta que no está."

"¿Qué le hiciste?" – lo miró con enojo.

"Nada que ella no quisiera."

La frase estaba cargada de doble sentido y Stear tuvo que controlarse para no golpearlo.

"¿A dónde pudo haber ido?" – Se preguntó Stear – "Llevó más de media hora esperándola."

"Aquí no está" – Terrence se encogió de hombros – "así que ese es problema tuyo."

"Yo diría que es problema tuyo…Candy es tu esposa."

"Tal vez salió por la puerta de atrás. Buena suerte encontrándola."

"¡Espera! ¿Por qué le haces esto a Candy?"

"¿Cuál es tu problema, Stear? Te la estoy regalando."

"Candy no es un objeto."

"Como quieres, Stear. Alégrate…Candy puede ser tuya."

"¡¿Qué dices?!"

"Lo que escuchas. Candy es toda tuya."

"¡Eres un infeliz!" – Stear lo agarró por el cuello de la camisa.

"Lo único de lo que me alegra es que te la llevas usada."

El puño de Alister se estrelló en el mentón del actor.

"¡Jamás vuelvas a hablar así de ella!"

"Deberías agradecérmelo…ya no seré un estorbo" – dijo cuadrando la barbilla.

"¡Algún día te vas a arrepentir!"

Stear se volvió y abandonó el camerino mientras la risa burlona de Terrence llegaba a sus oídos.

Candy corría sin rumbo fijo mientras los copos de nieve se desvanecían en su cabello. Las lágrimas corrían libremente por su rostro – la imagen de Terry coqueteando con esa actriz, hiriendo su alma. Había esperado con tantas ansias su reencuentro para abrazarlo y besarlo y él…él la había rechazado.

"¡No puede ser! ¡No puede ser!"

Candy sacudía la cabeza, intentando olvidar las palabras de Terrence.

"Te dije lo que tenía que decirte para acostarme contigo."

Alister y Archi se paseaban nerviosos por la sala mientras Annie dormía en el sofá.

"¿Qué vamos a hacer?"

"No lo sé, Archi."

"Tal vez debamos llamar a la policía, hermano, Tía Elroy no nos perdonará un escándalo."

"¿Qué importa el escándalo, Stear? ¡Candy está desaparecida!"

"No, no lo está. Ella regresará."

"Yo no estaría tan seguro…recuerda lo que pasó cuando Anthony falleció."

"No quiero recordarlo, Archi. No soportaría que Candy desapareciera de nuevo."

"¿Y qué importa si desaparece?"

Los hermanos Cornwall se volvieron para ver a los Leagan entrar al salón. Elisa se dejó caer junto a Annie, despertándola.

"Que Candy desapareciera sería una bendición" – dijo Elisa

"Desde que Candy llegó no ha habido más que escándalo" – añadió Neil – "La manera en que la encontraron con Terrence en el San Pablo."

"¡Vergonzoso! – completó Elisa.

"¡Cállense! ¡Todos sabemos que ustedes son los culpables!" – exclamó Stear.

"Deja de inculparnos" – dijo Elisa, muy ofendida – "¿No te das cuenta que Candy es una busca problemas?"

"Mira la hora que es y ella vagando por las calles" – dijo Neil.

"A lo mejor está con Terrence" – dijo Annie.

"¿El esposo la recogió? Candy es como un cachorrito sin dueño."

"¡Deja de burlarte, Elisa!"

"Debieron casarla conmigo."

Todos se volvieron hacia Neil llenos de sorpresa.

"Al menos el dinero se hubiera quedado en la familia. Si Candy no regresa con Terrence, lo cual sería vergonzoso puesto que él la abandonó, el riquillo podría pedir parte de sus bienes."

"No creo que Terrence haga eso" – dijo Stear.

"¿Por qué no? Si él la abandonó debe ser porque ella no cumplió su papel de esposa a cabalidad."

"A ti te gusta Candy" – dijo Annie mirándolo llena de sospecha.

"¡Estás loca!"

"Por eso fue que la atacaste en Escocia… ¡eres muy ruin, Neil!"

"¡Silencio! ¡No permitiré que me hables así!"

"¿Qué vas a hacer?" – se adelantó Archi.

Una dulce voz llamó su atención.

"Ya estoy aquí."

"¡Candy!"

"¡Nos tenías muy preocupados!"

"Lo siento, Annie" – sonrió débilmente.

"¿Dónde te metiste?" – preguntó Elisa.

"¿Te estuviste revolcando con el duque?"

Candy miró a Neil con rabia.

"Lo que yo haga o deje de hacer, no te incumbe."

"¡Claro que nos incumbe! ¡Eres una Andrey y no puedes hacernos quedar mal!"

"¡No te metas, Elisa!"

Elisa tomó un paso hacia ella dispuesta a atacarla…

"¡¿Qué está ocurriendo aquí?! Sus gritos me han despertado."

"¡Tía Elroy!"

"¡Archi! ¡Stear! Siempre espero más cordura de ustedes. ¿Qué son estos gritos? Y Candice ¿por qué llevas el abrigo puesto?"

"No es nada, tía Elroy."

"Yo te explicaré, Tía" – dijo Stear.

"¡Todos a dormir!"

Obedientes, todos salieron del salón y se dirigieron a sus aposentos.

"Me vas a pagar el regaño de la tía, Candy."

"Guárdate tus amenazas, Elisa."

"¡Lo lamentarás!" – dijo Neil antes de entrar a su habitación.

"Esos dos jamás cambiaran."

Annie abrió la puerta de Candy. La rubia se dejó caer sobre el lecho y empezó a llorar.

"Debes cambiarte, Candy" – dijo Annie – "¡Estás toda mojada!"

"Déjame sola, por favor" – murmuró ella.

"Sé que te sientes mal pero debes cambiarte, Candy."

"Me estás tratando como a una niña, Annie…y usualmente es al revés."

"Calla ya, y ayúdame" – dijo halando las tiras del corsé.

Candy se vistió con el pijama de lana que Annie le daba y se deslizó bajo las sabanas. Annie la cubrió con las mantas hasta el cuello.

"Te dejaré descansar, Candy. Hasta mañana" – dijo besando su frente.

"No me dejes, Annie…no quiero estar sola" – su voz se quebró.

"¿Qué te ocurrió, Candy? ¿Por qué estás tan triste?"

"Ya no me ama… ¡ya no me ama!"

Y por primera vez en su vida, Annie escuchó a Candy llorar llena de dolor.

Una vez a solas, los hermanos se miraron preocupados.

"Tía Elroy no tomó muy bien la noticia."

"Parece que tiene corazón después de todo, Archi."

"¿Viste la mirada de Candy? ¡Está desolada!"

"¡Ese tipo va a acabar con ella!" – dijo Stear furioso.

"¡Sabia que ese desgraciado la iba a lastimar! ¡Lo matare¡ Si, lo matare y lo arrojaré al Hudson!" – estrelló su puño contra su palma.

"¡Cálmate Archi! Te estas comportando como un niño."

"¿Cómo quieres que me porte? ¿Viste la cara de Candy?"

"La vi."

"¿Y?" – Se exaltó Archi – "¿no vas a hacer algo?"

"Golpearlo no resolverá nada. Candy lo ama y él…obviamente está desquiciado."

Archi tomó a su hermano por las solapas y lo sacudió.

"¡Reacciona Stear! Hay que hacer algo."

"¡Suéltame tonto! No podemos obligar a Terrence a regresar con ella."

"¡Claro que sí!"

"¡Claro que no! Lo único que podemos hacer es estar aquí y ayudarla en estos momentos."

"No creo que eso sea suficiente para mi"- dijo Archi golpeando sus nudillos.

"Debes levantarte, Candy" – decía Annie halándola de la mano.

"¿Por qué siempre debo hacer algo?"

"Llevas tres días en cama" – insistió Annie – "¿Qué dirá Tío William?"

"¿Tío William?"

"Llega esta noche, señora" – intervino Beth – "Todos nos estamos preparando para recibirlo."

"Así que mi padre estará aquí."

"¡Por fin lo conocerás! ¿No te emociona?"

"Tú estás más emocionada, Annie. ¿Por qué no tomas tú mi lugar?"

"¡No hables tonterías!"

"Su baño está listo, señora Candy."

"No quiero levantarme" – protestó Candy.

"¡Levántate!" – exclamó Annie antes de verter una jarra de agua sobre ella.

Candy gritó sorprendida y saltó de la cama mientras Annie reía.

"¡No es gracioso, Annie!"

"¡Te levantaste!"

"¡Ya verás!" – gritó Candy corriendo tras ella.

Beth escuchó agua que se derramaba y corrió hacia la sala de baño para encontrar a las dos chicas dentro de la tina, riendo.

La mansión de los Andrey estaba lista para recibir al patriarca de la familia: la habitación principal había sido preparada con las mejores sábanas de lino egipcio, la servidumbre vestía su uniforme de gala, y la cena había sido preparada por un chef francés que la Tía había contratado. Los miembros de la familia junto a Annie esperaban la aparición del Tío William con ansiedad. La Tía Elroy miró el reloj por enésima vez y suspiró.

"Tranquilízate, Tía" – le dijo Archi – "Seguro que Tío William aparecerá pronto."

"¡Está atrasado! ¡Es una falta de respeto!" – se quejó.

"Quita esa cara Tía, no lo puedes recibir así. Recuerda que hace mucho que no lo ves. ¿No querrás asustarlo, verdad?" –dijo Stear.

"William va a tener que escucharme" – amenazó la anciana.

"Acaba de llegar un auto" – dijo Neil entrando al salón.

"¡Es el Tío!" – dijo Elisa poniéndose de pie.

Los Cornwall y la Tía la imitaron. Un mayordomo vestido de levita abrió la puerta con cuidado.

"El señor William Andrey" – anunció.

"¡William, querido!" – se escuchó la voz alborozada de la anciana.

"Buenas noches, Tía…buenas noches a todos."

"¡No puede ser!" – exclamó la voz chillona de Elisa.

Desde su sillón, Candy levantó la mirada y sólo pudo ver una cabellera rubia puesto que sus parientes formaban una muralla a su alrededor.

"¿Dónde está Candy?" – preguntó el tío abriéndose paso entre los presentes.

Los Leagan se miraron incrédulos al igual que los Cornwall.

"¡Esto es un error!" – dijo Neil –"¡Es el vagabundo!"

"¡Insolente!" – lo regañó la tía.

"Es el amigo de Candy" – susurró Archi a su hermano.

"No lo puedo creer."- contestó Alister.

Los ojos de Candy se agrandaron al ver al hombre frente a ella. Se puso de pie y con lentitud avanzó hacia él.

"No puede ser…"

"¿Es qué no me reconoces, Candy?"

"Albert…tú…eres idéntico a Anthony."

Albert estaba frente a ella, vestido de traje oscuro y con corbata. El cabello lo llevaba corto, en el mismo estilo que Anthony usaba.

"Anthony era mi sobrino" – dijo tomando su mano – "William Albert Andrey a tu servicio."

"¿Tú…eres mi Tío William?"

"Soy tu padre adoptivo."

"Todos estos años…siempre fuiste tú" - sus ojos se llenaron de lágrimas.

"Intenté estar siempre cerca de ti, Candy."

"Albert…Tío William…yo…"- alcanzó a murmurar antes de desvanecerse.

Albert la alzó en brazos y miró a los chicos.

"¿Dónde está su habitación?"

Albert, Annie y los Cornwall esperaban afuera de la habitación de Candy.

"¿Por qué nunca nos dijiste quien eras, Albert? ¿Tío William?"

"Porque quería conocerlos, Archi. Quería que fueran sinceros conmigo…y no quiero que me traten diferente ahora que saben quién soy."

"No creo que Tía Elroy nos permita tanta familiaridad."

"Yo me encargo de la tía" – les guiñó el ojo – "Ahora me preocupa Candy…jamás la había visto tan derrotada."

"¿Por qué no impediste ese absurdo matrimonio, Albert?" – preguntó a Stear.

"No supe de él hasta hace poco. Estuve en Africa mucho tiempo y no había manera que la correspondencia llegara a mí. Cuando leí la noticia, ustedes ya estaban en Escocia…y yo…yo confiaba en que Terrence fuera bueno con Candy."

"¿Lo conocías ya?

"Nos habíamos visto un par de veces en Londres. Sabía que él era rebelde pero también conocí su lado bueno. Creí que era un buen chico."

"Un buen chico no hace lo que le está haciendo a Candy – se quejó Archi."

El doctor salió de la habitación.

"¿Está bien?" – preguntó Stear con ansiedad.

"¿Quién es el esposo?"

"Su esposo se encuentra de viaje" – respondió Albert – "pero yo soy su tutor."

"Necesito que esa jovencita tenga reposo absoluto. Tiene que descansar esos nervios y alimentarse saludablemente. Es sorprendente que en su condición."

"¿Su - su condición?" – tartamudeó Stear.

"¿Qué condición?" –preguntó Albert a sabiendas de la respuesta.

"La jovencita está encinta, señor."

"¿Encinta?" – Archi se dejó caer en una butaca.

"¡Oh, cielos!" – exclamó Annie sentándose junto a su novio.

"¿Qué podemos hacer, doctor?"

"Reposo absoluto durante las próximas semanas. No quiero que se mueva, quiero que coma y duerma. Tiene que recupera su salud o él bebe podría sufrir las consecuencias."

"La cuidaremos, doctor" – dijo Albert – "Muchas gracias por venir."

"Encantado de volver a verte muchacho"– dijo el doctor – "Cada día te pareces más a tu padre."

"Gracias – le sonrió Albert – Archi ¿lo acompañas?"

"Por supuesto."

Albert abrió la puerta con lentitud. Candy descansaba sobre los almohadones y al ver a sus amigos se ruborizó.

"¿Podemos entrar, Candy?"

"Adelante" – contestó ella casi sin fuerzas – "Lamento haberlos preocupado."

Se miraron en silencio por unos instantes. Annie fue la que rompió el silencio al gritar alborozada y abrazar a su amiga.

"¡Vas a ser mamá! ¡Es una noticia maravillosa, Candy!"

"Gracias Annie" – dijo ruborizada aún.

"¿Cómo te sientes?" – preguntó Stear sentándose en el lecho.

"Cansada."

"El doctor nos ordenó tenerte en cama y alimentarte mucho" – añadió Albert – "y espero que obedezcas"

"Yo soy muy obediente, Albert… ¿o es que no lo sabes?" – bromeó.

"Sí, claro" – se rió el rubio.

"¿Debo llamarte Tío William?"

"Con que me llames Albert estará bien."

"Lamento haber arruinado tu bienvenida, Albert."

"No te preocupes…por nada, Candy."

"Estoy apenada."

"¿Por qué no nos los dijiste?" – preguntó Stear.

"No tenía la menor idea"- dijo en voz baja.

"Esto explica por qué estuviste tan enferma cuando veníamos a América."

"Pensé que eran mareos de alta mar, Stear" – se ruborizó.

"Realmente eres una niña" – pensó Albert.

"¿Qué haremos ahora?" – Candy miró a su tutor.

"Por ahora debes descansar, Candy. No pienses en nada."

"Miss Pony y Sor Maria se pondrán felices ¿no crees, Candy?"

"Me imagino…como me gustaría verlas."

"Si te portas bien y obedeces al doctor, iremos a verlas muy pronto, Candy."

"¿Me lo prometes, Albert?"

"Prometido, Candy. Iremos todos."

"¿Qué has dicho?" – la anciana se asió de la butaca.

"Lo que escuchaste Tía Elroy" – contestó Archi – "Candy está encinta."

"¡No puede ser! ¡Esa…con un hijo!" – chilló Elisa.

"Pero…Grandchester la abandonó" – la Tía parecía confundida.

"Pues obviamente la dejó con encargo antes de desparecer" – se burló Neil.

"¡No seas vulgar!" – Lo regañó la tía – "Estás hablando de un tema muy delicado."

"Es solo un embarazo" – dijo Elisa – "y no sabemos si es de Terrence."

La mano de la Tía Eloy cruzó el rostro de Elisa. La pelirroja la miró con rabia, las lágrimas resbalando por sus mejillas.

"¡Me has golpeado!"

"No permitiré que hagas insinuaciones indecorosas, Elisa. Estás hablando de una Andrey."

"¡Estoy hablando de una huérfana!"

"Que lleva nuestro apellido. No permitiré que se levanten comentarios en contra de nuestro honor en nuestra propia familia."

"Pero…"

"¡Te callas!" – Ordenó la tía – "Escúchenme bien. Nadie dirá una sola palabra a nadie fuera de la familia sobre la condición de Candy ¿me entendieron?"

"¿Por qué guardar el secreto?"

"Porque lo estoy ordenando, Neil" – lo miró con seriedad.

"Será como digas, tía."

"Ahora, márchense. Tengo cosas que pensar."

Terrence Grandchester y Susana Marlowe abordaron el coche que los llevaría al restaurante. El aristócrata encendió un cigarrillo y exhaló con lentitud mientras miraba por la ventanilla, tratando de ignorar a su compañera. Le fastidiaba que el director siempre los pusiera juntos pero comprendía que era una estrategia publicitaria.

Susana arrugó la nariz. Se había vestido provocadoramente, el escote de su vestido mostrando gran parte de sus atributos físicos y él ni siquiera le había dado una mirada.

"Terrence" – llamó ella deslizando en el asiento para acercarse a él.

"¿Hum?" – contestó sin mirarla.

"¿Podrías apagar el cigarrillo?"

"Si te molesta tanto, abre la ventana de tu lado" – dijo a secas.

"No es eso" – dijo halándolo por la manga.

"¿Qué quieres entonces?"

"Quiero besarte."

Las palabras se registraron con rapidez en la mente del actor. Volvió el rostro con los ojos entrecerrados para observar a su compañera. Tenía que reconocer que era bastante atractiva, rubia castaña, de ojos grises y mirada invitadora. Terrence sabía que todos los demás estaban locos por Susana; a él le era indiferente.

"¿Me estás pidiendo permiso o me estás avisando?"

"Te estoy avisando, Terrence" – dijo tomándolo por las solapas.

Los labios de la mujer cayeron sobre los del hombre.