Hola queridos lectores
aqui les dejo un nuevo capitulo de esta maravillosa historia de msgrandchester disfrutenla...tambien quisiera saber si alguien tiene la de "Un llamado al corazon" tambien es de ella, si me la pueden pasar para publicarla se los agradeceria jeje saludos...
Una almohada se estrelló en el rostro de Stear. Asustado, el hombre se sentó en el lecho y escuchó una risotada.
"¡Buen día!"
"¡Archi! ¡Eres un idiota!" – le dijo colocándose los lentes.
"Vine a despertarte" – dijo Archi entregándole una taza – "Te llamé varias veces pero no despertabas."
"Estaba soñando" – le explicó.
"¡Ah! Eso lo explica."
"¿Explica, que?"
"La cara que tenías, hermano. Soñabas con Candy ¿cierto?
"Soñaba con la boda"
"¿Con la boda o la luna de miel?"
"Métete en tus propios asuntos" – Stear se levantó de la cama.
"¿Te la imaginabas en la cama?"
"¡Archi!"
"Quita esa cara, hermano. Seguro era eso" - se rió.
"Haz el favor de respetar."
"Candy es hermosa y mucho más desde que se convirtió en madre."
"Es tan hermosa como siempre y haz el favor de callarte. Estás hablando de mi futura esposa."
"Unos días más y tus sueños se volverán realidad, Stear."
"Hasta me da un poco de miedo tanta felicidad."
"Te la mereces, Stear."
"¿Por qué no te casas con Annie?" – le preguntó de sopetón – "Así los cuatro podremos vivir en Lakewood."
"Esta es la casa de Albert" – le recordó.
"Lo sé pero él me confió que pensaba regalársela a Candy como regalo de bodas."
"¡Que afortunado eres, Stear!"
"Si vivieras aquí con Annie, seguro que Candy sería muy feliz."
"Conociendo a Annie, ella querrá ser la única señora de la casa, así que será mejor que termine la carrera."
"A pesar de casarme, continuaré mis estudios, Archi, por si lo dudas."
"Pues yo prefiero terminar mis estudios primero. Una vez que me case, me dedicaré por entero a Annie y a llenarla de hijos" – dijo antes de reír con picardía.
"¿Y Annie está contenta con tus planes?"
"Lo ha aceptado."
"¿Fácilmente?" – lo miró con curiosidad.
"Digamos que Annie y yo tenemos una apuesta."
"¿Una apuesta?"
"Sí, queremos ver quien cavila primero."
"No te entiendo."
"Annie me mantiene a dos metros de distancia… ¿comprendes?"
"Ya veo…"- Stear sonrió.
"Me ha dicho que sin matrimonio…no hay pastel."
"Ajá"
"Cree que con eso nos casaremos más pronto pero está equivocada" – dijo con altivez.
"Ya veremos, hermano, ya veremos."
"¿No me crees? Soy más decidido de lo que crees."
"Ya veremos, Archi, ya veremos."
"¡Cierto! Quería dejarte saber que he perdido los anillos de matrimonio."
"¡¿Qué?!" – Stear se puso de pie.
"¡Solo bromeaba!" – lo tranquilizó Archi.
Stear dejó caer su puño sobre el brazo de su hermano menor.
"¡No hagas bromas acerca del día más importante de mi vida!"
Terrence entró al salón donde Eleonor leía. Se inclinó para depositar un beso sobre su frente y tomó asiento frente a ella.
"Estoy exhausto" - dijo el actor abriendo los botones de su saco.
"¿Mucho trabajo?"
"¡Muchísimo! Robert es más exigente de lo que pensaba."
"Todo gran director lo es y Robert es uno de ellos."
"Lo sé por eso no es un sacrificio trabajar tantas horas."
"El éxito de su estreno será su recompensa."
"¿Cómo puedes estar ten segura que será un éxito?"
"Eres mi hijo."
"También lo soy de Richard."
"Y tu padre es talentoso."
"¿Mi padre es talentoso?"
"¿Cómo crees que conocí a tu padre?"
"¿En alguna fiesta?"
"Él audicionaba para una obra en la que yo participaba."
Si Terrence no hubiera estado sentado, de seguro se hubiera caído sentado al suelo. Eleonor continuó su relato.
"Richard quería ser actor cuando lo conocí."
"No lo puedo creer."
"No tendría por qué mentirte. Richard quería ser actor. Tu abuelo pegó el grito en el cielo y tu padre abandonó sus sueños."
"Pero cumplió con su deber."
"¿Y cuan feliz ha sido? Yo diría que muy poco."
"Jamás le he visto sonreír."
"Tú tienes el valor de los Baker" – le sonrió Eleonor.
"Espero no defraudarte, mamá."
"Ten un poco más de confianza en ti mismo, hijo."
"Lo haré, mamá, te lo prometo."
Guardaron silencio y Eleonor levantó las cejas al recordar algo.
"¿Qué te sucede, mamá?"
"Susana vino a verme."
"¿Qué quería esa mujer?"
"Esa mujer me dijo que espera un hijo tuyo."
"Eso es una gran mentira."
"¿Estás seguro, Terrence? Estuviste varios meses saliendo con ella."
"Sé lo que te digo y te aseguro que no está esperando y si lo está, no es mío."
"¿Cómo puedes estar tan seguro?"
"Madre, lo que yo menos deseo es tener un hijo bastardo. No quiero que pase por lo que yo pasé."
"Terrence…"
"Te aseguro que todo es una mentira de Susana. El mismo día que me lo dijo, la obligué a ir al médico y él me aseguró que todo era la imaginación de Susana."
"¡Lastima!"
"¿Qué dices?"
"Lo siento. Una parte de mí se había hecho la ilusión de ser abuela. ¿No te gustaría tener un hijo, Terrence?"
"Estás bromeando ¿verdad?"
"Un hijo te daría la razón para establecerte."
"¡Lo que menos necesito ahora es un hijo, madre! Y mucho menos con esa mujer."
"¿Y con otra?"
"Ya te dije que no quiero tener hijos."
"Está bien, como digas" – dijo tratando de ocultar su tristeza.
"¡Te ves hermosa!" – dijo Annie
"¿De verdad lo crees?" – preguntó Candy emocionada.
"Es usted la novia más hermosa que he visto" – dijo Madame Celine, la modista más famosa de Chicago.
Candy se rió y miró su reflejo. El vestido era strapless pero para mantener la modestia, le habían añadido mangas y pechera de fino encaje. El talle era ceñido, resaltando el busto y la pequeñez de su cintura, la falda era amplia con crinolinas bajo ella.
"¡Pareces una princesa!" – Dijo Annie – "Yo quería un vestido así."
"Si quieres, puedo elegir otro traje" - ofreció Candy al ver su rostro compungido.
"¡De ninguna manera! Además, mamá hará que mi vestido venga de Paris…será mi regalo de bodas" – dijo para no lastimar el orgullo de Madame Celine.
"¿Le ha gustado su ajuar?" – preguntó la modista, ignorando a la morena.
"¡Es precioso!" –dijo Candy admirando una vez más, los corsés, la ropa interior de encaje y los negligés.
"Stear se va a desmayar cuando vea esto" – dijo Annie levantando un camisón de encaje.
"Nunca había visto ropa interior tan hermosa."
"Su esposo es un hombre muy afortunado" – dijo Madame Celine – "Con su figura y esa ropa, jamás se cansará de usted."
"¿Será por eso qué él se aburrió de mí?" – Candy no pudo evitar hacerse esa pregunta ya que a lo largo de su relación con Terrence, había usado su ropa de niña.
"¿En qué piensas? No pienses en tonterías, Candy."
La rubia levantó la mirada hacia su amiga con sorpresa. Annie la estaba regañando como si hubiera leído sus pensamientos.
"Aún tenemos unos pequeños ajustes" – dijo la modista arreglando el traje de Candy.
"¿Estará listo antes de la boda?" – preguntó Annie.
"¡Por supuesto! Siempre entrego mis trajes con 48 horas de anticipación, como los profesionales franceses."
Annie contuvo una sonrisa. Candy le guiñó el ojo mientras se quitaba el traje.
Madame Celine terminó de empacar sus cosas y se despidió. Una vez a solas, Candy se dejó caer sobre la cama.
"Estoy exhausta, Annie."
"Para ser una boda pequeña y privada, Tía Elroy está echando la casa por la ventana" – dijo la morena acostándose junto a ella.
"Creo que está intentando redimirse."
"Después del fiasco que causó."
"Tal vez era mi destino."
"Me imagino que has de odiar ese día, Candy"
"Detesto las circunstancias."
"¿Y haberlo amado?"
"No."
"¿No?" – Annie levantó la ceja.
"Si no hubiera sido así, no tendría a Alex, y él lo es todo para mí."
"Todo va a estar bien, Candy" - Annie apretó su mano.
"Lo sé…lo sé."
Albert contemplaba a Candy en silencio desde la puerta del salón. Ella estaba sentada sobre la alfombra y Alex recostado en su canastilla. La rubia no se había percatado de la presencia de su benefactor y continuaba jugando con su hijo.
"A ver Alex…uno, dos…uno…dos" - decía mientras ejercitaba las piernas de su hijo.
El bebé emitió un sonido gutural de complacencia mientras Candy le hacía arrumacos. Albert no pudo evitar el suspiro que se escapó de sus labios. Ella volvió el rostro hacia él.
"¡Hola Albert! No te escuché llegar."
"Estás entretenida con Alex" – se acercó y se sentó junto a ella.
"Arrugarás tu traje, Albert."
"Eso no es importante" –dijo tomando al niño en brazos – "¿Cómo se comportó el príncipe hoy?"
"Muy bien. Creo que va a empezar a gatear. Ya puede sostenerse."
"¿En serio?"
"Sí, mira" – Candy lo tomó de Albert y lo puso a gatas.
Alex se sostenía y se balanceaba de atrás hacia delante.
"¿Lo ves?" – Dijo Candy llena de orgullo – "Pronto empezará a caminar."
"Es todo un Andrey"– sonrió Albert.
"Dirás un Cornwall" – corrigió ella.
"Está bien, un Andrey Cornwall."
"Pensar que ustedes se pelean por darle el apellido."
"Lo amamos, Candy, tanto como a ti"– lo tomó de las manitas para ponerlo de pie.
"Ya lo sé."
"Candy, hay algo que quería decirte. Quiero que me perdones."
"¿Perdonarte?"
"Lamento mucho lo que has sufrido. He pensado tantas veces que fue un error que me marchara a África. Si hubiera estado en Londres, contigo."
"No te lamentes, Albert. Yo no lo hago."
"Pensé que estabas bien en San Pablo. Te veías feliz."
"No estaba tan feliz. Extrañaba América pero sé que me enviaste allá con tus mejores intenciones, Albert. Me dejaste con Archi y con Stear. No te lamentes. Pasó lo que tenía que pasar…y yo, yo tengo a Alex" – dijo con alegría.
"Se ha dormido" – dijo Albert mirando al infante.
"Le gusta dormirse entre tus brazos"- sonrió ella.
"¿Lo devuelvo a la canastilla?"
"A menos que quieras sostenerlo un rato más."
"Eso me gustaría" – dijo acariciando la frente del bebé.
"¿Por qué no te casas, Albert?"
"¿Casarme?"
"Eres un estupendo hombre y eres muy bueno con los niños."
"Sólo porque no es mío"- se rió.
"Mientes…yo he visto como miras a Alex."
"Tal vez algún día, Candy. Tal vez…"
Terrence observaba a su madre con una sonrisa en los labios.
"¿De qué te ríes?" – le preguntó ella.
"De ti, madre. Nunca me imaginé verte tejiendo."
"¿Y por qué, no?"
"Es una actividad demasiado doméstica. Cuando pienso en Eleonor Baker pienso en fiestas, en teatro, en cenas de lujo."
"La vida te da sorpresas ¿no crees?"
"¿Qué tejes?" – preguntó mientras revisaba su correspondencia.
"Un suéter para ti" – le mostró el ovillo de lana – "conseguí el color perfecto para tus ojos."
"¿Eh?"
Las letras bailaban delante de los ojos del hombre. Eleonor lo notó palidecer y se acercó a él.
"¿Malas noticias?"
"Es una invitación a la boda de Candy" – entregó el sobre a ella.
"William A. Andrey tiene el honor de participarle la boda de su hija, Candice White con Alister Stephen Cornwall…"
"¿Por qué te invitaría, Terrence?"
"No tengo la menor idea."
"¿Te molesta que haya empezado una nueva vida, hijo?"
"¿Por qué habría de molestarme? Yo fui el que le pidió el divorcio."
"¿De verdad no te importa?"
"¡Candy se puede casar mil veces si así lo desea!"
"¿Por qué lo hiciste?" – preguntó Eleonor.
"¿Por qué hice, qué?"
"Dejarla en Londres…parecías tan enamorado de ella."
"Nunca estuve enamorado de ella, madre" – cruzó los brazos.
"Yo pienso lo contrario."
"¡Madre! Recuerdo haberte dicho que no quería hablar eso."
"¿Es por el desliz de Candy? Sé lo de Candy y ese chico, Stear."
"¿Qué es lo que sabes?"
"No tienes que engañarme, hijo. Yo los vi en Chicago."
"¿En Chicago? ¿Qué hacías allá?"
"Te buscaba."
"¿Y fuiste a preguntarle a Candy?" – Terrence se rió – "¿Qué dijo la pecosa?"
"En pocas palabras que le interesaba muy poco tu paradero. Ella piensa que huiste con Susana a Europa."
"¿Estaba celosa?"
"No seas tan arrogante, Terrence. Yo la vi con ese joven de lentes y se veían muy felices.
"Yo sabía que eso iba a ocurrir tarde o temprano. Él siempre estuvo enamorado de ella."
"Y ella de él ¿verdad? ¡Claro! Por eso la dejaste. ¡Lo siento tanto!" – lo abrazó – "Sólo puedo imaginarme lo que sentiste cuando te dijo que esperaba un hijo."
Las palabras lo sorprendieron tanto como si hubieran sido un balazo.
"¿Qué…dijiste?" – se apartó de ella.
"Por eso la dejaste. No ibas a darle tu apellido a un hijo que no fuera tuyo…y ella parecía tan buena muchacha."
"Madre, no estás haciendo mucho sentido. ¿De qué hablas?"
"Del hijo que Candy tuvo con Stear."
"¿Candy tuvo un hijo?"
"Un niño…de ella y de su prometido."
Terrence tragó en seco y se puso de pie.
"¡No puede ser!"
"No te pongas así. No estoy escandalizada de la infidelidad."
"¿Cuál infidelidad?"
"¿No fue por eso que la dejaste?"
"No, la deje porque… ¡Eso no importa! Dices que Candy tiene un hijo… ¿es lindo?"
"¡Que pregunta tan extraña!"
"Madre…ese hijo...Tengo que ir a Chicago, mamá."
"¿Qué vas a hacer, Terrence? Mejor aléjate de ella…deja que siga con su vida y su matrimonio."
"No me importa si Candy se casa pero debo saber."
"¿Qué?"
"Si ese hijo es mío…"
Eleonor guardó silencio y observó el rostro desencajado de su hijo. Por su mente cruzaron las imágenes de su conversación con Candy, las imágenes del bebé…esos penetrantes ojos azules, el cabello marrón como el de Terrence…
"¡Por todos los cielos!" – exclamó Eleonor al atar cabos.
¡Su instinto no se había equivocado! Ese bebé era de Terrence.
"¡Me mintió! ¡Lo sabía!" – Eleonor empezó a dar vueltas por la sala – "La primera vez que lo vi… ¡Oh, Terrence! ¡Es igual a ti! ¡Qué tonta fui! ¡Debí saberlo! La última vez que lo vi, mi corazón me dijo que era tuyo…pero Candy y su novio fueron tan convincentes."
"¡Me las va a pagar!" – refunfuñó Terrence.
"¿Qué vas a hacer? ¿Impedir la boda?"
"A reclamar a mi hijo."
La mañana estaba lluviosa y el mayordomo se sorprendió al escuchar la campana de la puerta. Con rapidez se dirigió hacia ella y la abrió para encontrarse con un hombre joven con cara de muy mal humor.
"Buenos días ¿puedo ayudarle?"
"Busco a Candy."
"¿A la señora Candy?" – Lo miró de arriba abajo – "¿A quién debo anunciar?"
Terrence entrecerró los ojos e impaciente, empujó a Thomas, el mayordomo, para entrar al vestíbulo. El mayordomo, sorprendido ante su rudeza, lo tomó de la manga.
"¡Quíteme las manos de encima!" – exclamó Terrence.
Beth descendía por las escaleras y se quedó de una pieza al verlo. Terrence la reconoció y se soltó para avanzar hacia ella. El sirviente lo siguió para detenerlo por la chaqueta.
"¡Beth! ¡Dile a este señor que si no me suelta…!"
"¡Señor Terrence!"
Al escuchar el tono de voz que Beth empleaba, Thomas se contuvo y dio un paso hacia atrás. Beth hizo un movimiento de cabeza para tranquilizar al mayordomo.
"¿Dónde está?" – preguntó a Beth
"¿Dónde…está?" – el corazón de la mucama latía a mil por hora.
"¿Dónde está?" – preguntó sujetando sus hombros.
"Arriba"- logró murmurar.
"¿Cuál es su habitación?"
"Allá…"- apuntó débilmente con el dedo.
Exasperado, Terrence subió de dos en dos los escalones y siguió la indicación de la mucama. No le tomó demasiado encontrarla…la voz de Candy que tarareaba le indicó su paradero.
Candy estaba frente a su espejo, probándose el vestido de novia que Madame Celine había entregado esa mañana. Acababa de colocarse las mangas cuando escuchó la puerta abrirse.
"¡Qué bueno que viniste, Beth! Necesito que me abotones la espalda."
"Será un placer, Candy."
Un estremecimiento recorrió su cuerpo al escuchar aquella voz y se volvió lentamente. Terrence la miraba desde el marco de la puerta, su eterna sonrisa burlona dibujada en el rostro.
"¿Qué?... ¿Qué…haces aquí?" – preguntó sin aliento.
"Vengo por lo que es mío."
