Hola queridos lectores

aqui les dejo un nuevo capitulo de esta maravillosa historia de msgrandchester espero que la disfruten tanto como yo jejeje saludos

"¿Qué?... ¿Qué…haces aquí?" – preguntó sin aliento.

"Vengo por lo que es mío."

Candy tomó una bocanada de aire tratando de tranquilizarse. El Terrence frente a ella era mucho más apuesto que antes. Estaba más alto, sus piernas largas estaban enfundadas en un pantalón de lana negro de buen corte. El corte del saco resaltaba la anchura de sus hombros y su esbelta figura. Su rostro se veía más delgado, acentuando sus pómulos altos y su barbilla cuadrada. La melena le llegaba sobre los hombros, los mechones rebeldes cubrían parcialmente sus hermosos ojos azules.

"¿Te gusta lo que ves, pecosa?"

Su tono de voz irritó a Candy, sacándola de su ensoñación. Terrence la miró de pies a cabeza con descaro, reparando en su vestimenta.

"Lindo vestido" – se burló.

"¡No tienes derecho de estar aquí!"

"¡Claro que lo tengo!" - avanzó hacia ella – "¿dónde está?"

"¿De qué hablas?"

"De mi hijo."

FLASH BACK

Terrence corrió escaleras arriba hacia su cuarto. Eleonor lo siguió a corta distancia y al entrar a su habitación vio una maleta sobre la cama.

"¿Qué piensas hacer?"

"Traer a mi hijo al lugar al que pertenece" – dijo echando una muda de ropa dentro de la maleta."

"¿Traerás a Candy?"

"No."

"¿Qué?" – Eleonor se sobresaltó – "Terrence, no puedes…"

"¿No puedo, qué, madre? – la miró con los ojos fríos.

"No pretenderás separar a tu hijo de su madre. No querrás que él sufra lo que tú sufriste."

"Precisamente por eso es que lo traeré. Mi hijo no estará arrimado a otros."

"No creo que esté arrimado, como tú dices. Pude notar que era bien querido por su madre y por ese joven."

"Yo soy el padre" – cerró la maleta y la tomó de la manija.

"No cometas una locura, Terrence" – le pidió Eleonor con lágrimas en los ojos.

"Te prometo que no lo haré" – la besó en la frente –" y te prometo que traeré a tu nieto."

Una hora después, sentado en su vagón privado, Terrence esperaba la partida del tren de medianoche hacia Chicago. Sacó la cigarrera de plata de su bolsillo y un objeto brillante cayó a sus pies.

"¡Vaya! Así que estaba en este abrigo" – se dijo recogiendo la armónica del suelo.

Entrecerró los ojos y recordó que Candy se la había regalado pocos días después de su cumpleaños. Recordó el rubor que invadía las mejillas de Candy y la timidez que ella sentía porque se habían besado. Recordó los labios dulces y suaves de ella, la forma en que le robaba el aliento.

El hombre sacudió su cabeza para ahuyentar los recuerdos y frunció el entrecejo.

"¿Cómo pudo ocultármelo?"

Jamás habían hablado de hijos, del posible fruto de sus encuentros amorosos pero Candy sabía que él había sufrido por no tener un lugar al que llamar hogar…y ahora, ella pretendía hacer lo mismo con su hijo.

"¡No se lo permitiré! Mi hijo se criará conmigo."

Mientras el tren empezaba su marcha, Terrence miró su reloj.

"En unas horas nos volveremos a ver, Candy"- pensó encendiendo un cigarrillo.

No pudo evitar preguntarse cómo se vería ella o su hijo. Según Eleonor, el pequeño era idéntico a él.

"Pero ¿será mío?" – se preguntó lleno de dudas.

END FLASH BACK

Ahora estaban frente a frente y Candy lo miraba confundida. El actor avanzó hacia ella.

"¡No te pases de lista conmigo, Candy!"

"¡Te recuerdo que esta es mi casa, así que no grites!"

"¿Dónde está mi hijo?" – la miró a los ojos.

"No sé de qué hablas" – contestó con la mayor frialdad.

"¡No me mientas!" – la atrajo hacia su pecho.

Ojos verdes se toparon con ojos azules…ambos con la misma rabia y determinación.

"¡Te exijo que me sueltes en este instante, Terrence!"

"¡¿Dónde está?!"

Habría sido fácil esconder a Alex si no hubiera despertado por los gritos y empezado a llorar. Su llanto llegó a los oídos de ambos a través de la puerta de comunicación de Candy.

"¡¿Así que no hay ningún bebé?!" – avanzó hacia la guardería.

"¡Detente! ¡No tienes derecho!" – Candy se asió de su brazo.

"¡Ya verás los derechos que tengo!"

Terrence entró a la guardería y se detuvo junto a la cuna.

"¿Y este bebé, Candy?"

"Es mío y de Stear."

El actor se volvió a mirarla con chispas en los ojos.

"¡Mientes!"

"Cree lo que quieras, Terrence" – dijo con calma.

"¿Me estás diciendo que fuiste una adultera? ¿Estás diciendo que dormías con Stear mientras compartías mi cama?"

"¿Cómo te atreves a hacerme reclamos?" – preguntó Candy evadiendo la pregunta.

"¿De quién es este bebé, Candy?" – repitió Terrence.

"¡Es mío!"

"¿Solo tuyo?" – La miró con burla – "¿Acaso fue un milagro?"

El hombre levantó al bebé de la cuna con los brazos extendidos. Alex lloriqueaba y se retorcía. Candy intentó acercarse pero Terrence lo alejó de ella.

"No le hagas daño"- suplicó Candy.

"No hables estupideces" – dijo sin gritar para no asustar al bebé.

"Por favor…entrégamelo" – Candy avanzó hacia él.

"Guarda silencio" – dijo acurrucándolo en brazos – "No llores pequeño…todo está bien…"

Candy no podía creer la escena frente a ella. Terrence acurrucaba a Alex, que se iba calmando poco a poco mientras el actor le hablaba en voz baja, consoladora y acariciaba su cabeza.

"¿Me vas a decir que no es mío?" – preguntó Terrence sin mirarla.

"Creo que es un poco tarde para que digas eso."

Terrence la ignoró y posó al bebé sobre su hombro. Candy que estaba a espaldas de Terrence se sintió desfallecer al ver el pequeño rostro de su hijo tan parecido al de su padre.

"Debo estar soñando…"

El actor levantó la camisa del bebé con cuidado para mirar su piel como si buscara algo…

"¡Aja! – Exclamó Terrence volviéndose hacia ella – "El lunar de los Grandchester… ¿acaso has olvido donde tengo la mía?"

Candy sintió el rubor subir a sus mejillas. Había olvidado el lunar en forma de estrella que Terrence tenía sobre la pelvis, una característica de los Grandchester.

Alex la había heredado a un costado de su columna vertebral.

"No me mientas más, Candy" – le pidió amablemente – "¿Cómo lo has llamado?"

"¿Me devuelves a mi hijo?" – preguntó extendiendo los brazos.

"¿Cuál es su nombre?"

"Alex…" - tomó al niño y lo apretó en un abrazo.

"¿Alex?" – alzó una ceja.

"Terrence…Alexander…Andrey."

"Querrás decir Grandchester"– dijo con arrogancia.

"Andrey"– lo corrigió Candy – "Alex es sólo mío."

"Ya no lo es" – le dijo amenazadoramente.

Volvió a colocar a Alex en su cuna y le indicó a Terrence que salieran de la guardería. Una vez ahí, Candy cerró la puerta y se volvió para enfrentarlo.

"¿Qué haces aquí, Terrence? ¿Qué es lo que quieres?"

"Ya te lo dije. Vine por lo que es mío."

"¿Cómo…cómo supiste?"

"Eleonor. No somos tan tontos, Candy. Al menos yo no lo soy."

"No tienes ningún derecho."

"¡Tengo todos los derechos! ¿Por qué no me lo dijiste?"

"Te lo dije" – repuso con calma.

"¡Mientes!"

"Te lo dije en las cartas."

"¿Las cartas?" – levantó la ceja sin entender.

"Las cartas que me devolviste."

"¡Por todos los cielos! ¡Pudiste decírmelo en persona!" – exclamó crispado.

"¿Para qué?" – ella se encogió de hombres.

"¿Cómo qué, "para qué"? ¡Tengo derechos sobre ese niño, Candy!"

"¿Derechos? ¡Tú no tienes ningún derecho!"

"¡Estás desquiciada si crees eso!"

"¡No los tienes!" – le dijo con rabia – "¡El único padre que Alex conoce es Stear!"

Se miraron indignados, sus respiraciones agitando sus pechos. Los ojos de Terrence lanzaron chispas y tomó a Candy de los hombros para amenazarla. Ella levantó los ojos verdes hacia él en desafío.

"¿Intentas intimidarme? ¡Ya no soy una niñita!"

"¡Alex es mi hijo!"

"¡Me encargaré que no lo sea, Terrence Grandchester!"

"¡No me desafíes, Candy, o…!"

"¿O qué?"

"¡Esto!"

El mundo se le vino encima a Candy cuando los labios de Terrence cubrieron los suyos. El aristócrata la rodeó con los brazos, sus manos deslizándose por su espalda aún desabotonada para acercarla. Ella intentó alejarse…sus manos quemaban su espalda.

Se debatió para soltase pero los brazos de Terrence eran como dos tenazas. La estrechó contra su pecho, robándole el aliento, obligándola a entreabrir los labios… ¡quería castigarla! ¡Dominarla!, que cediera ante él. Salvajemente la empezó a besar.

"¡No! ¡No!" – logró arrancar su boca de la suya.

El hombre abrió los ojos buscando la cama y prácticamente a rastras la llevó hacia allá. Candy sintió el colchón ceder ante su peso y al de Terrence sobre ella.

"¡Suéltame! ¡Suéltame!"– dijo golpeándolo con los puños.

"¡Eres mía! ¿Debo recordártelo? ¡Mía para amar! ¡Mía para siempre!"

"¡No me toques! ¡Me voy a casar! ¡Suéltame!"

"¡Entonces esta será nuestra despedida!"

"¡No!"

El estruendo tras ellos, lo hizo detenerse y levantó la mirada.

"¡Stear!" – exclamó Candy.

Terrence se levantó e inclinó la cabeza para mirarlo con burla. Candy corrió hacia Stear. Él la escudó con su cuerpo.

"¡Cornwall! ¡Nos volvemos a encontrar!"

"¡Lárgate de aquí, desgraciado!"

"Sólo vine por lo que es mío."

"Candy no te quiere."

"No vine por Candy. Vine por Alex."

Sus palabras dejaron estupefacto a Stear.

"Alex es mío."

"¿También pretendes engañarme?" – bostezó.

"Alex es de Candy y mío. Así que ¡lárgate!"

"Me iré…pero con Alex" – dijo con petulancia.

Candy soltó un sollozo al verlo encaminarse al cuarto de Alex y corrió hacia Terrence para detenerlo.

"¡Quítate!" – dijo Terrence al verla frente a la puerta.

"Te lo suplico."

"¡No le supliques!"– exclamó Stear abalanzándose sobre Terrence.

Stear lo haló del saco y lo hizo caer al suelo.

"¡Dije que te largaras!"

"¡Entrometido!" – el actor barrió con las piernas de Stear.

Horrorizada, Candy los vio lanzarse puñetazos y corrió hacia la cuna. Tomó a Alex entre sus brazos y corrió escaleras abajo mientras los estruendos se escuchaban por toda la casa.

"¿Qué está sucediendo?" – preguntó Albert que regresaba de la oficina con Archi.

"Candy ¿qué haces vestida así por la casa?" – preguntó Archi.

"¡Albert! ¡Él está aquí!"

"¿Él?"

¡Terrence!" – exclamó Candy rompiendo en llanto.

"¡Vamos!" – gritó Archi corriendo escaleras arriba.

La servidumbre se asomó al vestíbulo llenos de curiosidad. Thomas los ahuyentó hacia la cocina. Candy lloraba con Alex en brazos mientras Beth intentaba calmarla.

Arriba, una batalla campal se desarrollaba entre Stear y Terrence. Mesas estaban volteadas, jarrones estaban rotos, los puños volaban por todas partes. Los dos parecían unos perros furiosos cuando Archi y Albert intervinieron.

"¡Basta!" – exclamó Albert arrojándose sobre Terrence.

"¡Suéltame desgraciado!" – respondió Terrence furioso.

Albert tuvo que sujetarlo por los brazos para apartarlo de Stear y Archi halaba a Stear del saco para detenerlo.

"¡Suéltame o te partiré la cara como a ese tipo, Archi!" – amenazó Stear.

"¡Deténganse!" – gritó Albert.

Terrence optó por darle un cabezazo a Albert y las lágrimas saltaron al rostro del rubio. Sorprendido y sangrante, soltó a Terrence que no perdió tiempo en abalanzarse sobre los hermanos Cornwall. Los tres cayeron al suelo, una masa de puños que golpeaban lo primero que veían.

Candy corrió escaleras arriba acompañada de Thomas. Los dos se detuvieron horrorizados al ver al sangrante Albert y a los luchadores.

"¡Basta ya!" – gritó Candy – "¡Archi, Stear, por favor!"

"¿Está bien, señor?" - Thomas se inclinó hacia Albert.

Albert asintió y le indicó que separara a los hermanos de Terrence. El mayordomo tomó una bocanada de aire y se abalanzó sobre el inglés.

"¡Suéltame!" – masculló – "¡Aun no acabo contigo, Cornwall!"

"¡Suficiente!" - gritó Albert en voz enérgica.

Los hombres cansados, heridos y sangrientos, se detuvieron. Candy corrió hacia Stear y lo abrazó. Terry jadeaba lleno de rabia.

"¡Esto es vergonzoso! ¡Tal parece que no fueran caballeros!" – les recriminó.

"¡Grandchester no es un caballero!" – gritó Archi.

"¡Es un patán!"

"¡Silencio!" – ordenó Albert y se acercó al actor.

"¿Quién eres tú para que des tantas ordenes, rubito?" – se mofó.

"El dueño de esta casa y por lo visto no me reconoces."

Terrence lo miró mientras se limpiaba con el dorso de la mano la sangre del labio.

"No sé quién eres ni me interesa."

"Que fácil olvidas a los amigos, Terrence" – dijo con seriedad.

"¿Albert?" – Parpadeó- "¿Qué diantre haces aquí?"

"Soy el tutor de Candy."

"Esto sí que está bueno" – logró decir antes de reírse – "El cuidador de animales es un ricachón."

"Un millonario" – lo corrigió Albert – "y te pido que te vayas de mi casa."

"¡No me iré a ningún lado sin mi hijo!"

"¡Será mejor que te vayas, Grandchester!" – Stear lo amenazó con el puño.

"¿Vas a obligarme?" – contestó Terrence con sarcasmo.

"Si no sales por las buenas, te echaré a la calle – lo amenazó Albert.

"¡No te daré a Alex!" – dijo Candy.

"Me lo llevaré igual" – contestó con calma.

"Terrence, en nombre de la amistad que un día tuvimos, te pido que te marches."

"No lo haré sin Alex. Tengo derechos sobre él."

"Es cierto."

"¡Albert!" – exclamó Candy llena de horror.

"Pero ahora no es el momento. Tenemos que conversar como los caballeros que somos."

"Bien. ¿A qué hora quieres que venga?"

"¡Debes estar bromeando!"- se quejó Stear.

"Te invito a que pases a mi oficina mañana" – dijo entregándole una tarjeta de presentación.

"Está bien. Te veré mañana porque esto no ha terminado."

"Thomas, por favor escolta al señor Grandchester a la puerta."

"Nos volveremos a ver…pecosa" – dijo en tono sugestivo.

El mayordomo intentó sujetarlo del saco pero él se soltó, fastidiado y salió de la habitación. La servidumbre se dispersó al verlo descender.

Arriba, Candy se ocupaba de revisar las heridas de Stear. El hombre tenía cortes y hematomas por todo el rostro. Albert se pinchaba la nariz para detener el sangrado mientras Archi se atendía el labio.

"¿Quién se cree que es para venir aquí?" – preguntó Archi.

"Es el padre de Alex" – dijo Albert con calma.

"Parece que no fuimos convincente con Eleonor "– dijo Stear.

"No te preocupes. Creo que siempre supe que esto iba a ocurrir."

"¿Qué vamos a hacer, Albert?" – preguntó Stear.

"Esperemos a que converse con él. Vamos a enterarnos de lo que quiere."

"Vino por Alex…no creo que esté bromeando" – dijo Candy, preocupada.

"No puede hacer nada" – dijo Archi – "no tiene derecho."

"Es la hora que enfrenten la realidad" – dijo Albert – "Quieran o no, Terrence tiene derechos y Alex ya no es un secreto."

"¡Oh cielos!" -sollozó Candy

"¿Qué ocurre?"– preguntó Stear.

"¡Me has visto en mi traje de novia! Es de mala suerte."

"Son supersticiones" – dijo abrazándola – "y no dejaremos que nos afecte."

El conserje del hotel abrió los ojos desmesuradamente al ver a Terrence entrar al vestíbulo y corrió hacia él.

"Señor Grandchester ¿qué le ha sucedido? ¿Está usted bien?"

"No se preocupe" – dijo moviendo la mano.

"¿Lo han asaltado?"

"No, sólo tuve un encuentro con viejos amigos" – dijo con sarcasmo.

"¿Necesita algo, señor?"

"Algo para curar mis heridas y unos vendajes."

"Las enviaré de inmediato a su suite" – prometió el conserje.

"Gracias" – dijo antes de entrar al ascensor.

Terrence entró a su habitación y vio su reflejo en el espejo con desagrado. Llevaba el saco roto, al igual que la camisa que estaba manchada de sangre. Tenía el labio hinchado y amoratado, hematomas en el pómulo y un corte sobre la ceja izquierda.

Caminó hacia el baño y abrió las llaves de la tina. Empezó a desnudarse mientras el vapor del agua caliente nublaba el espejo. Se quitó la ropa y la arrojó al suelo antes de sumergirse en la tina. Su mirada bajó hacia su pelvis donde la "marca" Grandchester reposaba…su hijo tenía el mismo lunar.

"Mi hijo" – dijo por primera vez en voz alta – "Terrence Alexander."

El agua caliente reconfortó su cuerpo magullado y dejó que los vapores lo relajaran. Cerró los ojos llenos de cansancio e intentó descansar pero imágenes de Candy cruzaron por su mente.

"Está hermosa…igual que ayer…más que siempre…"

A pesar de estar de espaldas, la había reconocido. El cabello rubio le llegaba hasta la cintura y la piel seguía siendo tan blanca como siempre pero sus curvas ya no eran las mismas.

"¿La maternidad?" – se preguntó.

Quizá. Lo cierto era que en el último año, Candy había dejado de ser una muchacha linda para convertirse en una mujer hermosa. Su cuerpo se había redondeado armoniosamente como demostraba el vestido que llevaba puesto. La cintura era pequeña, suficiente para rodearla con un brazo y atraerla hacia su cuerpo en un abrazo apasionado.

"Candy…"

Los ojos verdes tenían un brillo antes inexistente. Lo había mirado lleno de desafío y rabia…tal vez odio. Había pensado en intimidarla pero ella se le había enfrentado, tal como lo hace una leona para defender su cría…y eso le había provocado una extraña reacción…

No podía sacar de su mente la visión de la piel de su espalda descubierta y de lo suave que se sentía bajo sus manos…y no pudo evitar cubrir su boca de rosa con la suya. No pudo controlar el deseo de saborearla y saber si aún sabía a fresas…y mucho menos de sentirla bajo su cuerpo…y ella aún era toda suavidad.

Unos golpes insistentes a la puerta lo hicieron levantarse molesto de la tina.

Envolvió su cintura con una toalla y abrió.

"¿Quién es?" – gritó.

"Su medicina, señor, y los vendajes."

La mucama, pálida y asustada, bajó la mirada. El actor tomó la bandeja que le traían y después de darle una propina cerró de un portazo. Se dejó caer sobre la cama y empezó a curar sus heridas. Murmuró un par de obscenidades mientras se limpiaba los nudillos y se los vendaba.

"¿Cómo pudo ocultarme que era padre?"

¿Cómo pudo esconderle la verdad? Las palabras de Stear diciendo que Alex era suyo, lo indignaron - ¿Quién se creía para reclamar lo que le pertenecía?

Albert estaba en su escritorio de roble, sentado sobre una silla de cuero fino color vino. A su alrededor colgaban cuadros y se exhibían jarrones de porcelana fina, al igual que antigüedades de la familia como espadas y armaduras.

"Señor Andrey" - la cabeza de la secretaria asomó por la puerta.

"Dime Betty" – dijo sin levantar la mirada del contrato que leía.

"El señor Grandchester insiste en verlo y me ha amenazado con hacer un escándalo si no lo dejo entrar pero no tiene cita con usted."

"Hazlo pasar" – dijo Albert – "y que no nos interrumpan."

"Como ordene, señor."

Casi enseguida entró Terrence. El joven no pudo evitar sorprenderse ante la riqueza de la oficina, y más al ver a Albert elegantemente vestido y con el cabello corto.

"Como has cambiado" – dijo a la par que estrechaba su mano.

"Bienvenido" – lo saludó Albert – "Toma asiento."

"Gracias. Jamás imaginé verte en este ambiente."

"¿Te parece que no hago juego?"

"Cuando te conocí eras cuidador de animales en el Blue River y ahora te encuentro aquí, en el edificio más grande de Chicago como William Andrey, jefe del clan Andrey."

"Has hecho tus averiguaciones ¿cierto?"

"Necesito saber a quién me enfrento."

"¿A quién te enfrentas?"

"Me imagino que como tutor de Candy compartes su opinión que no tengo derechos sobre Alexander."

"Al contrario, creo que los tienes" – le aseguró.

"Me sorprende que me digas eso."

"¿Por qué?"

"Porque como tutor de Candy era tu obligación informarme de lo sucedido" – le reclamó.

"Mi única obligación es con Candy" – lo corrigió.

"Es obvio que ella no estaba en sus cabales cuando decidió ocultarme a mi propio hijo."

"¿Estarías tú en tus cabales si te hubieran abandonado?" – Lo miró con fijeza – "La dejaste sola en un país extraño con gente desconocida."

"Eso no viene al tema" – se molestó Terrence.

"¿No? Yo creo que tiene mucha relevancia. Candy llegó deshecha a América, vino a buscarte y tú la descartaste."

"Albert…"

"Pudiste decirle que no te interesaba tener una relación con ella antes de abandonarla en Londres "– Albert se puso de pie.

"Yo no lo abandoné. La dejé al cuidado de mi padre y no le iba a faltar nada."

"Le faltabas tú. Candy te amaba y según me contó, tal parece que tú también la amabas o al menos se lo hiciste creer."

"No vine a escuchar reclamaciones, Albert" – se indignó – "Vine a hablar de Alexander y el por qué no fui informado de su existencia."

"Candy intentó hacerlo. Sé muy bien que te escribía cartas después de su encuentro, cuando estaba en Nueva York."

"¡Basta! Ayer me pediste que hablara contigo sobre Alex y eso es lo único que voy a hacer."

"Hablemos entonces. ¿Qué es lo que pretendes?"

"Que Alexander viva conmigo."

"¿Te mudarás a Chicago?"

"No."

"Entonces tendremos que arreglar un plan de visitas o algo así."

"Eso no sirve."

"¿Qué sugieres?"

"Que Alexander venga conmigo."

"¡Estás loco!"

"No lo estoy. El lugar de un hijo es junto a su padre, así que me lo llevaré conmigo."

"¡Candy se morirá sin su hijo!"

"Que venga entonces."

"Candy va a casarse con Stear y no podrá pasar temporadas en Nueva York. Su lugar es junto a su esposo."

"Ese matrimonio no será válido."

"¿Por qué dices eso?" – preguntó Albert, perplejo.

"Nunca legalicé los papeles" – dijo arrojando los documentos sobre la mesa.

Albert se quedó estupefacto y por un momento estuvo tentado a caerle a golpes a Terrence. Tomó los documentos entre sus manos y empezó a revisarlos.

"Como verás, Candy y yo aún estamos casados. Además, he corregido el certificado de nacimiento de Alexander para que conste como un Grandchester" – lo miró lleno de rabia – "¿Cómo se atreven a inscribirlo con padre desconocido?"

"No estabas presente y no había certificado de matrimonio" – le explicó – "¿Por qué no formalizaste el divorcio?"

"Nunca tuve tiempo de hacerlo. He estado ocupado en mi carrera."

"¿Con tu carrera o bebiendo?"

"¿Cómo te atreves?" – se indignó.

"Sé de tus andanzas, Terrence. Tu propia madre estuvo buscándote. ¿Crees que podrás ser un buen padre?"

"Estoy seguro de ello."

"Podría acusarte de abandono, Terrence y perderás todos tus derechos."

"Y yo podría acusar a Candy de inmoralidad ¿qué te parece?" – sonrió triunfante.

"Te desconozco, Terrence" – Albert tomó asiento – "¿Dónde quedó el chico bueno que conocí?"

"Nunca existió. Ahora dime ¿cuándo me entregarán a Alexander?"

"Dame tiempo, Terrence. Tengo que hablar con Candy y no va a ser fácil."

"Recuérdale que no tiene otra opción y no traten de engañarme o lo lamentarán."

"¿Es una amenaza?" – preguntó Albert molesto.

"Es una advertencia de caballeros."

"¿Te atreverías a separar un niño de su madre? ¿No es ese el motivo de tu amargura y resentimiento?"

"No me importa lo que digas, Albert. Te aseguro que Alexander se criará conmigo."

"Será mejor que te marches" - le indicó la puerta – "nuestra conversación ha terminado."

"Lamento que nos encontráramos en estas circunstancias, Albert. Un día fuiste mi gran amigo."

"Y hoy, te has convertido en mi gran enemigo."