Hola queridos lectores

uno mas jejeje espero que lo disfruten...recuerden es de la autora msgrandchester

saludos

Tía Elroy y los Leagan habían arribado a Lakewood para la boda de Candy; si bien los hermanos no habían sido invitados habían convencido a la anciana que se preocupaban que ella viajara sola. Conmovida, Tía Elroy aceptó que vinieran con ella pero les indicó que deberían comportarse de lo mejor. Stear prácticamente les había cerrado la puerta en la cara pero a insistencias de Candy, les dio la bienvenida, entre dientes. Los Leagan sabían que eran observados con disgusto pero por nada del mundo iban a perderse el "chisme", en particular después de ver los moretones de los Cornwall; Elisa y Neil prácticamente habían saltado de gusto al verlos. Por su lado, la anciana casi se había desmayado al enterarse de lo sucedido la noche.

"Dime que no es verdad" – suplicó Candy a borde de las lágrimas.

"¿Realmente puede quitarle a Alex?" – preguntó Annie.

"Estuve hablando con mis abogados y puede hacerlo" – confirmó Albert.

"¿Cómo es posible? Terrence me abandonó…me dejó en Londres, me echó de su lado en Nueva York…me pidió el divorcio."

"Técnicamente no te abandonó, Candy. Te dejó con su padre, en su casa de Londres."

"¡Me abandonó!"

"Terrence puede alegar que te dejó bajo el cuidado de su padre mientras él venía a América y que tú te escapaste con otro hombre."

"¡Con mi primo!"

"Con quien te vas a casar" – le recordó.

"Pero yo venía a buscarlo a él."

"¡Pobre huerfanita!" – Se burló Elisa – "Siempre tomando decisiones equivocadas."

"¿Estamos hablando de infidelidad?" – se burló Neil.

"¡Cállate imbécil!" – gritó Stear.

"Neil tiene razón" – dio Albert – "Terrence, puede alegar que le fuiste infiel al huir con Stear y en ese caso perderías la custodia de Alex definitivamente."

Candy dejó escapar un sollozo. Archi movió la cabeza llena de frustración mientras Annie intentaba consolar a su amiga. Los Leagan intercambiaban sonrisas.

Tía Elroy se cubría la boca un pañuelo como acostumbraba a hacer cuando estaba nerviosa.

"Tendrás que entregarle al niño" – dijo Elisa.

"Nadie te pidió una opinión" – le espetó Archi.

"¡Jamás le entregaré a mi hijo! ¡Nunca!"

"Candy y yo nos casaremos e iremos a vivir a Nueva York."

Albert miró a Stear y negó con la cabeza. La pareja intercambió miradas antes de buscar una respuesta en él.

"¿Qué sucede, Albert?"

"No podrás casarte con Candy, Stear."

"¿Por qué?"

"Candy no está divorciada de Terrence."

"¡¿Qué?!" – el grito fue unánime en el salón.

Los Leagan soltaron una carcajada pero se callaron al ver la mirada de la anciana.

Albert les dio una mirada amenazante antes de proseguir.

"Terrence jamás legalizó los papeles. Todavía eres su esposa, Candy."

"¡No! ¡No y no!" – gritó Stear.

"¿Cómo es posible?" – preguntó Candy a borde de las lágrimas.

"No queda más que discutir" – intervino por fin la tía – "Candy tendrá que regresar con su esposo."

"¿Cómo puedes decir eso?" – Se indignó Stear – "Candy es mi prometida y no la dejaré ir."

"Stear, tienes que hacerlo – le ordenó la tía.

"¡No me iré con él!" – dijo Candy

"Candy, trata de entender" – quiso calmarla Albert – "Tal vez sea lo mejor."

"¿Irme con el hombre que me abandonó y darle cabida en la vida de mi hijo? ¡Esa no es la solución!"

Candy salió corriendo del salón antes que le dijeran otra palabra.

"Por lo visto esa huérfana no se corrige" – increpó Neil.

"¡Es una maleducada!" – dijo Elisa.

"¡Basta! –Dijo Albert – "Este no es momento para sus rencillas. Elisa y Neil hagan el favor de irse."

"¿Nos echas?"

"No es la primera vez, Neil. Tía Elroy ¿por qué no te marchas con ellos?"

"¿Me echas de mi propia casa?"

"De ninguna manera, tía, es sólo que te ves muy cansada."

"Sé cuándo no soy bienvenida – se levantó la anciana – "Te sugiero que le hagas entender a tu prometida la seriedad del asunto."

"Haré todo lo posible."

Una vez a solas los tres hombres se miraron con preocupación.

Había una tensa calma tanto en Lakewood como en el Hogar de Pony. Candy después de su discusión había partido hacia el orfanato para desahogarse con sus madres. Las damas no podían creer que Terrence hubiera aparecido de manera tan inesperada y amenazando con llevarse a Alex. Ellas estaban de acuerdo con Albert en que Terrence tenía derechos pero no de esa manera. Le habían sugerido a Candy que conversara con tranquilidad con su "esposo" y que intentara llegar a un acuerdo por las buenas.

Un par de días habían pasado desde la aparición de Terrence y él no había vuelto a dar señales de vida. Candy pedía todos los días que Terrence hubiera cambiado de idea y que hubiera abandonado Chicago…pero sabía que era casi imposible que el aristócrata se fuera. Terrence tenía la filosofía de que lo que él quería, él lo conseguía de una o de otra manera.

"¿Cómo es posible que aparezca como si nada hubiera sucedido entre nosotros? ¿Cómo puede hablar de derechos?"

Cerró los ojos e inconscientemente se llevó los dedos a los labios sintiendo aún el beso de Terrence. Le costaba admitirlo pero él le había robado el aliento. La había hecho estremecer y recordó sensaciones excitantes, antes dormidas, al sentir sus manos cálidas sobre ella, acariciando y explorando…

Unos golpes a su puerta llamaron su atención y antes que pudiera responder, la figura de Terrence entró, seguida de Beth.

"Lo siento, señora" – se disculpó la mucama – "quise avisarle pero…"

"Pero yo la seguí hasta aquí" – interrumpió Terrence – "Tenemos que hablar."

Candy tomó a Alex entre los brazos y se puso de pie para entregárselo a Beth.

Terrence entrecerró los ojos, molesto ante su actitud pero no dijo nada. Beth tomó al bebé en sus brazos mientras Candy susurraba algo inteligible y la mucama salió de la pieza.

"Pudiste dejarme verlo" - le reclamó.

"Ya lo viste una vez."

"¿Qué pretendes con esa actitud, Candy?"

"Que te olvides de él."

"Eso será imposible y tú lo sabes."

"Te olvidaste de mí sin mucho esfuerzo. Creo que podrás hacer lo mismo con Alex."

La rubia sabía que había dicho palabras equivocadas y lo confirmó al escuchar la respuesta de Terrence.

"Te duele ¿verdad?"

Ella le dio la espalda y caminó hacia su ventana. La mirada de Terrence siguió el vaivén de sus caderas.

"¿Qué es lo que quieres, Terrence?" – preguntó sin mirarlo.

"¿No te lo dijo, Albert? Quiero a mi hijo" – avanzó hacia ella.

"Eso no va a poder ser, Terrence. No te entregaré a Alex."

"No creo que tengas opción."

El actor se detuvo tras ella, muy cerca. Candy contuvo la respiración al sentir el calor corporal de Terrence atravesar la delgada tela de su camisón y de pronto estuvo muy consciente de lo escaso de su vestimenta.

"La ley está de mi lado, Candy."

"¿Por qué no puedes marcharte y dejarme vivir en paz?"

"No dejaré que un hijo mío crezca sin padre."

"Estoy segura que tendrás otros hijos que cuidar."

"Pero ninguno será tuyo, Candy…sólo tú podrías producir algo tan hermoso."

Las palabras de Terrence la dejaron boquiabierta. ¿Acaso Terrence le guardaba algún tipo de cariño? El hombre pareció incomodarse ante las palabras que hubiera pronunciado y bajó la mirada.

"Me marcho pasado mañana a Nueva York y le he pedido a mi madre que le preparen una habitación."

"¡No me puedes obligar a entregártelo!"

"Lo haré" – dijo con la mayor frialdad.

"Terrence ¿te parece bien si lo llevo a Nueva York cada quincena a visitarte?"

"¿Cada quincena? Debes estar delirando."

"¿Cada semana? Iré con Stear cada semana."

"¿Stear?"

"Estoy comprometida con Stear y pienso casarme con él…imagino que no te importa."

"En lo absoluto pero ¿cómo vas a casarte con él si aún eres mi esposa ante la ley?" – sonrió socarrón.

"Imagino que aún podemos legalizar los papeles."

"Por supuesto pero hay un detalle, Candy. No te daré el divorcio a menos que me entregues a Alexander."

"¿Me harás elegir entre los dos hombres más importantes de mi vida?"

Sus palabras causaron el efecto deseado en Terrence.

"¿Los dos hombres más importantes en tu vida?"

"Alex y Stear. ¿Cuándo legalizarás los papeles?"

"Cuando me entregues a Alex."

"¡Eso no es justo!" – se exaltó Candy.

"Todo se vale en la guerra y en el amor."

El comportamiento de Terrence colmó a Candy. Levantó la mano y la estrelló en el rostro del hombre. La bofetada sonó como un disparo y él se llevó la mano hacia la barbilla para mover su quijada de lado a lado.

"¿Te sientes mejor, Candy?"

"¡Jamás te lo entregaré!"

"Si no me lo entregas, igual me lo llevaré."

"¿Serias capaz?"

"¡De eso y mucho más!"

"¡Eres un canalla!"

"¿Qué piensas hacer, Candy? ¿Huir como lo hiciste en Londres? ¡Hazlo y me aseguraré de quitarte a Alex!"

"¡Nos abandonaste!"

"¡Te abandoné a ti, no al bebé!"

Candy sintió como si él la hubiera abofeteado y se abalanzó sobre él. Iracunda, lo golpeaba con los puños cerrados sobre el pecho.

"¡Canalla! ¡Canalla!"

"¡Basta!" – dio Terrence sujetando sus manos.

"¿Por qué?" – le preguntó sollozante.

Impotente y sintiéndose vencida, Candy no pudo controlar el sollozo que escapó de su garganta. Terrence la miró y notó las lágrimas que resbalaban por su rostro.

"Deja de llorar, Candy."

"Contéstame una pregunta"- dijo casi sin fuerzas.

"¿Qué?"

"¿Por qué?"

"¿Por qué, qué?"

"¿Por qué tanto engaño? ¿Por qué fuiste tan vil?"

"No preguntes tonterías, Candy" – dijo cruzando los brazos.

"¿Qué hice para que me dejaras?"

"No cambies de tema."

"¿Era todo un juego? ¿Solo querías llevarme a la cama?"

"Eras muy hermosa…y estabas tan cerca" – contestó con cinismo.

Candy se limpió las lágrimas al escuchar sus palabras.

"Te amé tanto y tú…"

"Dejemos de hablar estupideces, Candy. Mejor dime cuando puedo venir por Alex."

Ella se puso de pie y avanzó hacia él.

"¿No podemos llegar a un acuerdo?"

"¿Un acuerdo?" – preguntó desinteresado.

"Tiene que haber una manera de resolver este dilema."

Terrence inclinó la cabeza hacia el lado y la miró descaradamente.

"¿Qué estarías dispuesta a hacer?"

"¿Qué es lo que quieres?"

"Aun eres hermosa" – dijo Terrence desatando el nudo de su bata.

"¿Me estás sugiriendo…?"

"¿Qué estarías dispuesta a hacer por conservar a Alex?" – se acercó sugestivamente.

"¿Cesarías en tu intento de llevártelo?"

"Podría considerarlo."

"Entonces, considéralo" - y sin más, le echó los brazos al cuello.

Los dedos de Candy se enredaron en la melena de Terrence y acarició su nuca tal como a él le gustaba.

"Perdóname, Stear…" – pensó Candy fugazmente antes de besarlo.

El hombre se estremeció al sentirla separar sus labios y la rodeó con los brazos para estrecharla y corresponderle. Un gemido se escapó de los labios de Candy al sentirse ahogada en su beso apasionado.

"Así te recuerdo"- murmuró él con voz pastosa.

Las manos de Candy descendieron hacia su pecho. El hombre entreabrió los ojos para verla retirar su saco y dejarla caer al suelo.

"Creí que estabas comprometida con Stear" – murmuró.

Ella lo calló con otro beso y Terrence sonrió antes de llevarla a la cama.

"¿Te entregarás a mí, Candy?" – le preguntó junto al oído.

"Si quieres pero no te lleves a Alex."

"Me gustas, pecosa" – dijo presionando su cuerpo al de ella – "¿Serás mía?"

"Si es lo que deseas"- contestó con voz entrecortada.

Terrence besó su cuello hasta llegar a su hombro para mordisquearlo antes de regresar a su boca. Separó su labio inferior para pedir acceso y la besó con desesperación. El sabor amargo y salado de sus lágrimas lo hicieron reaccionar.

Soltó sus labios como si quemara y miró su rostro empapado. Su mirada azul busco la de Candy…verde y vacía.

"Candy…"

El hombre se pasó una mano nerviosamente por los cabellos y rehusó su mirada mientras se ponía de pie. Le dio la espalda y recogió su saco del suelo.

"Vendré pasado mañana por Alex, Candy."

"¡Espera!"

Era demasiado tarde; Terrence había abandonado la habitación y ella podía escuchar sus pasos descender apresurados por las escaleras. Se ajustó la bata para cubrir su piel y se encogió en posición fetal mientras lloraba.

Terrence parecía un desquiciado manejando de regreso hacia Chicago. La nieva caía en copos sobre el camino pero él no aminoraba su marcha. Estaba huyendo, huyendo de Candy y de la canallada que estuvo a punto de cometer.

"¿Qué estaba pensando?" – se recriminó.

No estaba pensando…al menos no con su cerebro. Se despreció al comprobar, una vez más, que no era inmune a los encantos de Candy. Era demasiada tentación tenerla tan cerca y tan hermosa.

"¿Por qué lloraba?"

Se dijo que prefería no conocer la respuesta al sentir los agujones de los celos clavarse en su corazón…al fin y al cabo, él tenía la culpa, él se la había cedido a Stear, él la había echado de su lado.

"Tenía que hacerlo…no podía…no puedo…"

¿Por qué el amor era doloroso? Era la pregunta que se hacía una y otra vez.

"Porque el amor es para los poetas" – se respondió con cinismo.

Candy no podía dormir. Asustada, escuchó la puerta de su habitación abrirse y vio a Stear entrar. No pudo evitar que las lágrimas resbalaran de su rostro.

"Candy ¿estás bien?"

"¡Oh, Stear!" – exclamó arrojándose a sus brazos.

"Beth me dijo que él estuvo aquí."

"Insiste en llevarse a Alex… ¿qué voy a hacer?"

"Jamás se lo permitiremos, Candy. Te lo prometo" – dijo besando su frente.

"¿Cómo lo vamos a evitar?"

"Lo he estado pensando y encontré una solución."

Candy lo miró llena de esperanza.

"Vamos a escaparnos, Candy."

"¿Qué?"

"Nos iremos esta noche, Candy y nadie podrá encontrarnos."

"¿Dónde iremos?" – se sentó en la orilla de la cama.

"Al otro lado del país, a California. Las ciudades son pequeñas y desorganizadas. Le será muy difícil a Terrence hallarnos."

"Stear, no puedo permitir que…"

"No hables tonterías, Candy. Allá podré trabajar. Mi padre tiene amigos y estoy seguro que me ayudarán. ¿Confías en mí?"

"Claro pero esto es demasiado."

"Nada es demasiado si se trata de tu bienestar y de Alex. Seremos una familia, Candy."

"No podré casarme contigo."

"Lo sé pero nadie tiene que saber que no estamos casados. Además, en mi corazón ya eres mi esposa. No necesito un papel para saberlo."

"Sí, Stear. Nos iremos."

Los primeros rayos del amanecer empezaban a filtrarse entre las nubes y el tren echaba vapor hacia el cielo mientras sonaba el silbato. Cómodamente sentada en su vagón privado, Candy esperaba el retorno de Stear del comedor.

"¿Por qué tardará tanto?" – se preguntó nerviosa muy a su pesar.

Escuchó unos golpecitos en su puerta antes de que se abriera. El tiquetero le sonrió antes de preguntarle su nombre.

"¿Candy White Andrey?"

"Así es."

"Aquí está" – dijo a alguien tras él.

Candy palideció cuando el empleado se apartó y Terrence avanzó hacia ella. Los ojos del hombre estaban oscurecidos de la rabia. Lo escuchó pedirle al hombre que lo esperara afuera y cerró la puerta.

"¿Realmente creíste que no te tendría vigilada? Ni tú ni tu familia son de confiar. Les advertí que no jugaran conmigo, Candy."

"No es nuestra intención, Terrence. Entiende que no te puedo entregar a Alex."

"Puedes hacerlo Candy. Hazlo y te doy el divorcio."

"Dame el divorcio y llevaré a Alex a visitarte."

"Ya hablamos sobre este tema y no acostumbro a repetir conversaciones" – dijo con petulancia.

"Pero…"

"Entrégame a Alex, Candy" – hizo el ademán de alzarlo.

"¡De ninguna manera!" – ella lo apartó con rudeza.

"¡No estoy jugando, Candy! Si no me entregas a Alex, acusaré a Stear por intento de secuestro y a ti de infidelidad."

"¡No te atreverías!"

"¿No? Tengo a Stear en custodia, Candy."

"Mientes."

"Mira por la ventanilla y compruébalo."

La rubia se asomó por la ventanilla y confirmó que sus palabras eran ciertas.

"No puedes hacernos esto."

"¿Por qué no? Ustedes iban a huir con mi hijo."

"Me obligaste a tomar esa decisión. No te puedo dar a mi hijo."

"Es mi hijo también y tú me has quitado seis meses de su vida. No hagas esta situación peor, Candy" – la apartó y tomó la canastilla.

"Te lo ruego, Terrence"- sujetó su brazo.

"¡Adiós, Candy!" – dijo abriendo la puerta.

"¡Espera! ¡Iré contigo!"

"¡¿Qué?!"

"Alex me necesita."

Se miraron por lo que pareció una eternidad.

"Está bien" – dijo Terrence por fin – "Vamos, el tren parte en diez minutos."

"¿El tren?"

"El tren hacia Nueva York. No puedo perder otro minuto aquí. Sígueme."

Ambos descendieron del tren y un policía se acercó a Terrence.

"¿Todo bien, señor Grandchester?"

"Todo bien" – dijo mostrando al bebé.

"¿Qué hacemos con el señor Cornwall?"

"Terrence, por favor. Haz que lo suelten. No le envíes a prisión."

"Intentó secuestrar a mi hijo" – le contestó con rabia.

"Por favor" – volvió a repetir – "Si de verdad amas a Alex, no le hagas esto a Stear."

"¿Señor Grandchester?" – preguntó el policía confundido.

Candy le dio una última mirada suplicante a Terrence antes de correr hacia Stear.

El hombre se puso de pie y la miró avergonzado. Ella lo abrazo antes de apartarse

"Te han esposado, Stear."

"Estaré bien… ¿Qué sucedió con Grandchester?"

"Me iré con él. No hay otra solución. No me dará el divorcio hasta que se lleve a Alex y yo no puedo estar sin él."

"Debe haber otra solución"

"No la hay" – movió la cabeza.

"¡Tú no puedes…!"

"Querido Stear" – tomó sus manos – "No hay otra solución."

"No te vayas con él. ¡Te lo suplico!

"¡Y yo te suplico que entiendas!"

Se miraron en silencio. Stear hizo un gran esfuerzo por controlar sus emociones y transformó su rostro en piedra.

"Perdóname, Candy."

"No tengo nada que perdonarte. No será para siempre" – le prometió – "buscaré la manera de convencerlo que me deje regresar a Chicago."

"Lo sé."

El policía regresó con una mirada perpleja y aflojó las esposas de Stear.

"No permitas que te lastime, Candy."

"No lo haré."

"¡Candy!" – Escucharon en grito de Terrence – "¡Debemos irnos!"

Candy asintió.

"Es hora de decir adiós, Stear."

"No es un adiós, Candy…es un hasta pronto."

"Hasta pronto" – le sonrió con debilidad.

Ambos caminaron hacia Terrence que sonreía triunfante desde el andén del tren.

Stear lo miró lleno de rabia.

"Nos volvemos a encontrar, Cornwall."

"Pagarás por esto, Grandchester. Te lo prometo."

"Y yo te prometo que te estaré esperando."

Alex, en brazos de Terrence, empezó a lloriquear y Candy lo tomó de sus brazos de Terrence.

"¡Debemos abordar, Candy!"

"En un minuto" – se volvió hacia Stear – "¿Quieres despedirte de Alex?"

Stear abrazó al niño y besó su frente.

"Nos volveremos a ver Candy y no olvides que te amo…a los dos."

"Lo sé" – lo miró con tristeza – "nosotros también te amamos."

Terrence sintió su piel erizarse al verlos besarse. Los policías intercambiaron miradas y el actor sintió su rostro encenderse.

"Hasta pronto, Stear." – Candy subió la escalinata hacia el vagón.

El gigante de acero empezó su marcha mientras el silbato aullaba. Candy acostó a Alex en su canastilla y tomó asiento frente a Terrence que la miraba sin expresión en el rostro mientras ella lloraba.

"¿Por qué lo nombraste Alexander?" – preguntó de sopetón.

"Porque él es mi protector…él me protegerá de la tristeza que habrá junto a ti."