Hola queridos lectores
uno mas...saludos
"Albert" - Stear intentó hablar.
"¡¿Cómo?! ¡¿Cómo se les ocurrió intentar escapar?!"
La voz de Albert retumbaba por toda la mansión Andrey. El rubio caminó nerviosamente por el estudio hasta su licorera.
"¿No te parece que es demasiado temprano para un trago, tío?"
"¡Te callas!"
"No es para tanto, Albert."
"De Candy puedo esperar una reacción tan impulsiva pero de ti… ¡Por todos los cielos, Alister!"
"¿Qué esperabas que hiciera?" – Stear lo miró con frialdad.
"¡Eres el mayor de todos! ¡Esperaba un poco más de ti!"
"¿Qué habrías hecho tú si estuvieras a punto de perder la mujer que amas?"
Albert tragó en seco al escuchar sus palabras pero no cedió.
"Estuviste a punto de ir a la cárcel."
"No me hubiera importado con tal que Candy estuviera lejos de ese mal nacido."
"¿Cómo voy a arreglar esta situación, Stear? ¡Terrence se ha llevado a Candy!"
"No tienes que repetírmelo."
"Después de lo que intentaron hacer, dudo mucho que nos permita verla."
"No puede evitarlo. Somos su familia. Pienso ir mañana mismo en el primer tren a Nueva York."
"Te lo prohíbo" – dijo con voz seca y tajante.
"¿Qué?"
"Lo que escuchaste. Si alguien va, seré yo."
"¿Por qué tú?"
"Porque soy su tutor, así de sencillo."
"Estás equivocado si crees que…"
"Stear" – lo interrumpió Albert – "¿quieres que Terry acuse a Candy de infidelidad? Él es muy capaz de hacerlo."
"No me quedaré aquí."
"Lo harás o..."
"¿O qué?" – lo desafió Stear.
"Te encerraré en el ático."
Las palabras pronunciadas por Albert eran tan inverosímiles que Stear soltó una carcajada. El rubio sonrió de medio lado.
"No estoy bromeando."
"Lo sé, Albert."
"¿Harás lo que te pido?"
"Esperaré a que regreses y entonces partiré."
"De acuerdo, sobrino" – le puso la mano sobre el hombro – "Sé que esto debe ser muy difícil para ti."
"Es como si hubiera estado a punto de tocar el cielo."
"Y te lo arrebataron."
El tren seguía su camino hacia Nueva York a toda prisa. Candy y Alex se habían quedados dormidos poco después de dejar Chicago y horas después seguían durmiendo.
Terrence la observaba en silencio, sentado frente a ella. Su rostro estaba pálido y aún podían observarse los rastros de las lágrimas en las puntas de sus largas pestañas.
"Soy un canalla…"
En su canastilla, Alex se desperezaba. Terrence se inclinó hacia él para levantarlo en brazos. El bebé miró a su padre con curiosidad.
"Hola amiguito" – dijo Terrence en voz baja – "Te has de preguntar quién soy…pues bien, te diré que soy tu padre."
Terrence lo acomodó cerca de su hombro para mirarlo a los ojos…unos ojos tan idénticos a los suyos, que sonrió lleno de orgullo.
"¿Me reconoces, hijo mío? ¿Reconoces el llamado de la sangre?"
Por respuesta, Alex tomó un puñado de sus cabellos y lo haló. El actor cerró un ojo al sentir el tirón pero se rió.
"Haz una pregunta tonta" - se recriminó.
Alex levantó su manito y la colocó sobre la mejilla del actor…con relativa fuerza.
"¡Vaya! Veo que heredaste eso de tu madre" - dijo antes de apartar la manito con sus labios.
El bebé agarró la nariz de su padre e hizo sonidos alegres.
"Eres un truhán"- se rió Terrence – "¿Tienes hambre? Debes tener hambre. Vamos a ver que te podemos comprar mientras la pecosa sigue durmiendo."
Se puso de pie, sosteniendo a su hijo con cuidado. Abrió la puerta del vagón y salió silenciosamente.
Eleonor Baker paseaba nerviosamente por la sala. Hacía pocas horas había recibido una llamada de Albert Andrey. El hombre se presentó como el guardián de Candy y le informó que Terrence en términos poco caballerosos se había llevado a su hija y a Alex.
La dama se quedó sin habla al escuchar el relato de Albert acerca de las amenazas de Terrence, su intento por encerrar a Stear, y su poca consideración hacia Candy.
Una vez más miró el reloj y contó las horas para la llegada del tren. Tenía tantas preguntas que hacer… ¿Cómo era que Candy había regresado con Terrence si estaba comprometida? Arrugando el entrecejo, se dijo que su hijo debió haber tenido algún arrebato temperamental.
"No lo comprendo…Terrence estaba tan enamorado en Escocia."
En su memoria los podía ver felices y sonrientes en la Villa. Nunca antes había visto a Terrence tan tranquilo y sosegado. Algo debió ocurrir en Londres pero imposible confirmarlo cuando Terry se negaba a hablar acerca de su relación con Candy.
Candy despertó y sobresaltada se puso de pie al no ver a su hijo.
"¡Dios mío!"
Asustada, salió del compartimiento en busca de Alex. Los demás pasajeros miraban con curiosidad a la joven que corría por el vagón llamando a "Terry" y a "Alex". Candy atravesó dos vagones antes de detenerse en el comedor. Entró dando un portazo y todos los comensales guardaron silencio.
"¡Terrence!" – exclamó.
El ojiazul levantó la mirada, sorprendido ante el revuelo que ella estaba causando.
"Ma…aaa…" - dijo Alex.
Candy respiró aliviada y se acercó a la mesa donde Terrence estaba con Alex, que tenía las mejillas y la barbilla cubiertas de avena. El actor no se quedaba atrás, tenía manchas en el saco y en las mangas.
"¿Qué te sucede?" – preguntó él cuando ella tomó asiento.
"No lo vi…me asusté"- se llevó la mano hacia el pecho.
"¿Qué creíste? ¿Qué me había lanzado de un tren en marcha?"
El actor volvió a llevar la cucharita de té hacia la boca de Alex. El bebé tomó lo que le daban…antes de escupirlo. Candy vio la desilusión en el rostro de Terrence y tuvo que esforzarse por no sonreír.
"¿Por qué hace eso?" – preguntó Terrence.
"¿Qué le estás dando?"
"Avena. Me dijeron que eso comen a su edad."
"¿Lo endulzaste?"
"¿Endulzarlo?"
Candy metió su dedo índice a un costado del plato y lo puso sobre los labios del hombre. Terrence abrió los ojos sorprendido.
"Pruébalo" – le ordenó – "¿Te lo comerías?"
Terrence se lamió los labios antes de hacer una mueca.
"¿Ves?" – Preguntó Candy – "Sólo porque sea un bebé no significa que no le gustan las cosas sabrosas."
"Me estoy dando cuenta"- dijo limpiándose con una servilleta.
Candy tomó a Alex en sus brazos.
"Estás hecho un desastre, mi cielo" – lo limpió con delicadeza.
"¿Vas a alimentarlo? Puedo pedir una nueva ración."
"Te lo agradecería."
"¿Quieres algo de comer? Debes tener hambre."
"Un emparedado no me caería mal."
"¿Algo más?"
"Un vaso de leche."
"¿Para ti o para Alex?"
"Para mí."
"¿Acaso tienes diez años?" – él la miró con curiosidad.
"Me gusta la leche."
Terrence se encogió de hombros y llamó al mesero para poner la orden. Candy se llevó la mano hacia los cabellos para aflojar el moño que llevaba en la nuca. La cabellera rubia cayó, larga y rizada por sus hombros mientras Terrence la observaba embelesado.
"¿Estará consciente de lo hermosa que es?"
"¿Qué tanto me miras?" – preguntó ella arrugando la varicilla.
"Nada."
Cerca de la media noche, el coche que Eleonor había enviado a la estación se detuvo frente a su casa. Desde la ventana observó a Terrence descender antes de ofrecerle su mano a Candy.
"Al menos no ha perdido sus modales…" – pensó sonriente.
Candy rechazó su mano y bajó del coche con un bulto muy abrigado entre los brazos.
"Vamos Candy" – le dijo Terrence tomándola del brazo.
"No me toques" – dijo sacudiéndose.
"Que agresiva te has vuelto" – se burló Terrence.
La joven ignoró su comentario y subió los escalones hacia la puerta. Terrence le ordenó al chofer que entrara sus maletas antes de seguir a Candy.
"Bienvenidos."
Eleonor los esperaba en el recibidor. Terrence se acercó a ella para besar su mejilla. El mayordomo le pidió a Candy su abrigo y ella se lo entregó.
"Lo he traído, madre" – dijo Terrence lleno de orgullo.
"¿Cómo estás, Candy?"
La dama dio un paso hacia ella y Candy retrocedió instintivamente. El gesto no pasó desapercibido y Terrence frunció el ceño.
"Candy ¿Qué…?"
Su madre hizo un gesto con la mano para acallarlo y se acercó a Candy con una sonrisa.
"¿Me permitirías ver a mi nieto?"
¿Cómo decirle que no? ¿Cómo decirle que no a la madre del hombre que más había amado? Sus ojos azules brillaban como los de Alex. La rubia movió la cabeza afirmativamente y le entregó al nene.
"¿Qué te parece, madre?"
"¡Es hermoso!" – dijo ella visiblemente emocionada.
"Es Terrence Alexander Grandchester."
"Hola Alex, soy tu abuela" – ella acarició su mejilla.
Madre e hijo contemplaban al bebé emocionados mientras Candy controlaba las ganas de llorar.
"Me gustaría retirarme" – los interrumpió – "Es bastante tarde y debo acostar a Alex."
"¡Claro! ¡Claro!" – Eleonor se lo devolvió – "Llévala a su habitación, Terrence."
"¿Cuál le has preparado?"
"La contigua a la tuya."
Terrence le hizo un gesto a Candy para que lo siguiera escaleras arriba.
"Espero que te guste" – dijo Terrence abriendo la puerta.
Candy miraba su habitación con ojos curiosos, tratando de conocer el ambiente en el que viviría de ahora en adelante. La habitación era amplia con su propia salita de estar y era innegable que Eleonor tenía un gusto exquisito. Las paredes de la habitación estaban recubiertas de papel tapiz satinado en tonos durazno y crema. La cama tenía un dosel y cuatro postes de madera tallada. El edredón estaba relleno de plumas de ganso y era sumamente suave. Una cuna había sido colocada en la salita de estar, que se había convertido en la recamara de Alex. Había una cómoda, una mesa de cambio, y una cuna mecedora.
"¿Te gusta tu habitación pecosa?"
"Sí, gracias y te agradecería que no me llamaras pecosa."
"Está bien…pecosa."
"¿Qué es esa puerta?"
"La sala de baño…y al otro lado, estoy yo" – dijo sugestivamente.
"Es bueno saberlo" – respondió con sarcasmo.
"Tu ropa ha sido puesto en el armario y ordenaré que la modista venga a verte mañana."
"¿La modista? ¿Para qué?"
"¿Cómo que, para qué? Empacaste ligero después de todo."
"Stear iba a comprarnos ropa nueva" – contestó ella con una sonrisa.
"¿Ah sí? Pues mi esposa y mi hijo no usarán ropa comprada por otro hombre."
"¿Tú esposa? Hace mucho que me echaste de tu lado."
"Pero decidiste volver conmigo" – se recostó en el marco de la puerta.
"No decidí volver contigo, Terrence. No me dejaste otra opción…y ahora, te pido que me dejes sola. Estoy muy cansada y debo acostar a Alex."
"Como quieras, pecosa. Buenas noches."
"Buenas noches."
Terrence regresó al estudio y se sorprendió al encontrar a Eleonor esperándolo.
"Pensé que estarías durmiendo, madre."
"Tenemos que hablar."
"No tengo ganas de hablar."
"Anda, sírveme una copa y acompáñame."
Caminó hacia la licorera y sirvió dos copas antes de sentarse frente a ella.
"¿Qué fue lo que hiciste para traerla de regreso?"
"Pensé que no íbamos a hablar."
"Es sólo curiosidad porque tengo entendido que se iba a casar."
"Candy no se puede casar."
"¿Por qué dices eso?"
"No estamos divorciados."
"¡¿Qué?!"
"Nunca legalicé los papeles."
Eleonor lo miró sin entender.
"¿Por qué hiciste eso?"
"¿Hice, qué?"
"¿Por qué no legalizaste los papeles?"
"Me olvidé" – dijo antes de tomar un trago largo.
"Esa es la respuesta más incoherente que he escuchado en mi vida, Terrence Graham Grandchester."
"Cuando me llamas por mi nombre completo es porque estás disgustada" – se burló.
"Estoy hablando muy en serio. ¿Me quieres decir la verdad?"
"¿Cuál verdad?"
"¿Por qué la dejaste en Londres con tu padre? ¿Por qué la apartaste cuando te vino a buscar? Dijiste que no tenía cabida en tu vida para ella y si no es así ¿por qué no te divorciaste?"
"¡Mamá!"
"Tú la amas" – dijo corta y precisa.
"¡No!"
"Admítelo."
Terrence se pasó una mano por los cabellos, nerviosamente. Atinó a sacar la cigarrillera de su bolsillo y se llevó uno a los labios. Eleonor lo observó tomar una bocanada y exhalar con un suspiro.
"Tendrás que dejar de hacer eso, Terrence."
"¿Por qué?"
"Tienes un bebé en casa. No puedes fumar cerca de él."
"Está bien. No lo haré."
"Seguro Candy te lo agradecerá."
"Me importa muy poco si me lo agradece o no."
"Mientes."
"¡Madre, eres imposible!"
"No, querido. Tú eres el imposible."
"Yo sólo quería a mi hijo, mamá. No quiero que se críe sin padre."
"No puedes ser su padre si vas a lastimar a su madre."
"No intento lastimarla."
"Entonces no la obligues a estar contigo."
"Ella fue la que quiso venir."
"Porque no quería separarse de su hijo."
"Aún puede marcharse."
"No lo hará sin su hijo."
"Entonces ¿Qué harás?"
"No lo sé…"
"Procura no hacerle la vida complicada a Candy. Pude ver en su mirada que ya no es la chiquilla que conocí en Escocia."
"No, ya no lo es."
"Y es obra tuya, querido."
"¿Mía?"
"Tú la hiciste mujer y la hiciste madre. Esos hechos de la vida son trascendentales."
Los dos guardaron silencio mientras terminaban el contenido de sus vasos.
"¿Es lindo, no?" – preguntó Terrence con una sonrisa.
"Es verdaderamente hermoso. Es idéntico a ti."
"¿A mí?"
"Tu padre y yo creíamos que no había un bebé más hermoso que tú, Terrence."
"Me iré a descansar."
"¿Irás al teatro?"
"Le prometí a Robert que regresaría en una semana" – se inclinó para besar su mejilla – "y ya pasó más de una."
"Que descanses, hijo mío."
"Hasta mañana, madre."
Pesadamente subió las escaleras para llegar a su habitación. Se detuvo por instante frente a la puerta de Candy, hasta tomó el picaporte entre sus dedos…
"¿En qué rayos estaba pensando?" – se recriminó antes de alejarse.
En su habitación, Candy respiró con mayor tranquilidad al escuchar los pasos que se alejaban.
A la mañana siguiente, Terrence se levantó muy temprano e intentó entrar a la habitación de Candy para despedirse de su hijo pero se encontró con la sorpresa que ambas puertas estaban cerradas.
"¡Condenada pecosa!" – pensó mientras caminaba hacia el teatro.
La mañana estaba fría pero el actor no reparaba en ello, demasiado absorto en la noción que su hijo estaba en su casa. Entró como un autómata al teatro, colgó su abrigo y desenrolló la bufanda de su cuello antes de dirigirse hacia la cafetera.
"¡Buen día, Grandchester!" – lo saludó una afable voz.
"¿Qué tal, Karen?"
Karen Claise lo miró con extrañeza; hacía mucho que él no la saludaba con tanta frialdad. Sus encuentros casi siempre estaban cargados de flirteo pero no aquella mañana.
"¿Resolviste tus asuntos?"
"Los resolví" – dijo tomando un sorbo de café.
"Te veo distinto… ¿te sucedió algo?"
"Nada malo" – le sonrió él – "¿Qué tal los ensayos?"
"No son iguales sin ti"– dijo con coquetería.
Terrence ignoró su comentario y posó su taza sobre el fregadero.
"¿A trabajar?" –le preguntó Karen.
"A trabajar" – le contestó con seriedad.
Subieron al escenario y Robert Hattaway lo miró disgustado.
"¿Así que decidiste volver?"
"Siento el atraso, Robert."
"Lo vas a sentir mucho más si no me das una buena representación, Grandchester. ¡Acto III, ahora!"
"¿Cuál escena?"
"¡Todas!"
Karen tomó su posición y le rogó a los cielos que Terrence diera una buena representación o todos tendrían que pagar las consecuencias.
La luz se colaba entre las cortinas cuando Candy despertó. Asustada, se dio cuenta que eran cerca de las diez de la mañana y se levantó de un salto hacia la cuna de Alex. No pudo evitar sonreír al ver que Alex se entretenía con el juguete que colgaba sobre su cuna.
"Mi amor" – dijo levantándolo en brazos – "¿Hace mucho despertaste?"
El bebé hizo gorgoritos ante la pregunta de su madre.
"Mami durmió más de la cuenta gracias a las impertinencias de tu padre."
Con bebé en brazos avanzó hacia el lavamanos para lavarse la cara y los dientes.
El bebito sonreía a su imagen en el espejo.
"¿Empiezas a reconocerte, no?" – sonrió también Candy.
Alex tomó uno de los rizos de su madre y lo llevó hacia su boca.
"No hagas eso, mi cielo."
Regresaba hacia su cama cuando escuchó unos toques en su puerta.
"¿Quién es?" – preguntó con cautela.
"Es Eleonor."
"Pase."
Eleonor entró con un arreglo de flores. Tras ella, entró la mucama con una bandeja en mano.
"Escuché tus pisadas y supe que habías despertado. Este arreglo llegó temprano en la mañana."
"Gracias" – extendió el brazo para tomar las flores.
La dama le indicó a la mucama que posara la bandeja sobre la cama y que se retirara. Candy tomó la tarjeta que venía con las flores.
"Te extraño. Nada es igual sin ti. ¿Lo intentamos de nuevo? Stear"
"Me imagino que son de tu prometido."
"Así es…"
La mirada de Eleonor se posó en el anillo que Candy llevaba.
"Es una reliquia de familia" – dijo Candy extendiendo la mano hacia ella.
"Es una belleza. Tu prometido debe quererte mucho."
"Nos queremos mucho."
"¿Puedo tomar a Alex?"
"Hay que cambiarlo" – explicó Candy.
"¿Puedo hacerlo?"
"Si así lo desea."
Eleonor se puso de pie llena de entusiasmo y llevó a Alex hacia el cambiador.
"Hace años que no hago esto…pero aún recuerdo."
Candy la observó mientras se animaba a tomar su desayuno.
"Me sorprende que no llore, Candy."
"Debe saber que usted es su abuela."
"¿Por qué no me lo dijiste?" – Eleonor terminó de cambiar a Alex.
"Tenía que proteger a mi hijo."
"Jamás le hubiera causado daño" – regresó a la cama.
"Lo sé, Eleonor pero no quería que Terrence lo supiera."
"Tiene sus ojos" – dijo Eleonor con ternura – "Supe que era su hijo en el instante que lo vi."
"Lo sé…y lamento haberle mentido."
"¿Tal vez podamos vivir en paz, Candy?"
"Yo sólo quiero regresar a Lakewood, Eleonor. Mi familia está allá al igual que mi prometido."
"¿No queda nada del amor que tenías por mi hijo?"
"Terrence se encargó de acabar con él."
"Son tan jóvenes, Candy, y Terrence ha cometido tantos errores."
"No creo que Terrence esté consciente de ello."
"Por el bien del niño."
"Por el bien de Alex es que quiero volver a Lakewood" – la interrumpió Candy –"Su hogar está allá."
"Podría estar aquí si le dieras una oportunidad."
"¿Una oportunidad? ¿A Terrence? Terrence no ha mostrado ningún interés en mí, Eleonor. Además, seguro que Susana está cerca."
"Hace meses que dejó de verse con Susana y que yo sepa no hay ninguna otra."
"Eso no importa. Yo lo olvidé hace mucho y empecé una nueva vida."
"¿Eres feliz en tu nueva vida?"
"Lo era hasta que llegó Terrence."
Alexander empezó a lloriquear y Candy empezó a alimentarlo.
"Abre bien la boquita" – le dijo dándole una cucharadita de compota.
"Espero que le guste."
"Tal parece que sí" – dijo Candy al ver como Alex devoraba la compota de manzana.
"Yo misma se lo preparé."
"Entonces traía amor" – le sonrió Candy.
¡Se me olvidaba! Tu padre llamó esta mañana."
"¿Albert?"
"Le dije que dormías y que lo llamarías tan pronto pudieras."
"Gracias, Eleonor."
"Le dije que estabas bien y le prometí que te cuidaríamos."
"Se tranquilizará con eso."
"No le mentí, Candy. Esta es tu casa y podrás disponer de lo que quieras."
"Gracias. Usted siempre fue muy amable."
"Me gustaría preguntarte algo."
"Diga usted."
"¿Qué pasó entre ustedes?"
"Me parece que ya tuvimos esa conversación."
"Es que encuentro tan extraño el comportamiento de Terrence."
"Así es él. Impredecible y arrasa con todo frente a él…sin importarle las consecuencias."
"Mucho de eso es culpa mía y de Richard."
"Terrence ya es un adulto."
"No es fácil dejar el pasado atrás."
"No, no lo es" – Candy se puso de pie, incomoda ante la conversación que estaban sosteniendo –"Si me disculpa, quisiera arreglarme."
"Entiendo. ¿Quieres que me quede con Alex?"
"No es necesario. Debo bañarlo."
"Estaré abajo por si necesitas algo y hay un teléfono en el pasillo."
"Gracias."
Candy dejó escapar un suspiro al verse sola. Alex la miró.
Era más de medio día cuando Robert ordenó que tomaran un descanso. Le hizo un gesto a su estrella masculina y este se acercó a él.
"No lo hiciste tan mal, Grandchester."
"Gracias, Robert."
"Creo que tú y yo tenemos una conversación pendiente."
"Así es. Podremos conversar en casa. Le dije a mamá que te llevaría a comer…así podrás conocer a mi hijo."
"Así que te saliste con la tuya."
"Me salí con la mía" – dijo con una sonrisa.
"¿Has traído a tu hijo?"
"No sólo he traído a mi hijo…la traje a ella."
"¿Qué dices? Pensé que ella iba a casarse con otro."
"No puede hacerlo porque jamás me divorcié de ella."
"Muchacho, me tienes confundido. Cuando nos conocimos me contaste que estuviste casado en Inglaterra."
"Así es."
"Dijiste estuve. Eso es pasado."
"Lo sé."
"No entiendo."
"Ella me ocultó su embarazo y quiso ocultarme a mi propio hijo. Encima de eso, iba a hacer que lo adoptara su prometido."
"Entonces…"
"Entonces, le dije que me diera al niño y que le daría el divorcio."
"Y por lo visto, ella no aceptó."
"No y se empeñó en venir conmigo."
Robert lo miró con el ceño fruncido.
"Es lo que haría cualquier madre."
"Hice lo que tenía que hacer y ya tengo a mi hijo."
"¡Cielos, muchacho! Tu vida parece una tragedia griega."
"Eso he pensado un par de veces."
Los dos hombres tomaron sus abrigos y salieron.
La mesa estaba puesta para el almuerzo cuando sonó el timbre. Candy estaba en la biblioteca mirando unos libros cuando Terrence entró acompañado de un hombre.
Los tres intercambiaron miradas.
"Robert, ella es Candy. Candy, él es Robert Hattaway, mi jefe."
"¿El famoso Robert Hattaway?"
Terrence la miró intrigado. ¿Desde cuándo sabía Candy acerca del mundo del teatro?
"Espero que la fama sea por cosas buenas" – dijo Robert besando la mano de Candy.
"Pensé que estaba retirado" – se ruborizó ella.
"Encontré un artista lo suficientemente bueno para salir de mi retiro" –dijo palmeando la espalda de Terrence.
"Ya veo."
"¿Dónde está Alex?" – preguntó el actor.
Candy apuntó hacia el sofá donde Alex se chupaba el dedo gordo del pie. La rubia lo había rodeado de almohadones.
"¿Lo has amurallado?" – se burló Terrence.
"No quiero que se caiga."
El hombre avanzó hacia el sofá y lo alzó para mostrárselo a Robert.
"¿Así que este es el heredero?" – sonrió Robert.
"Terrence Alexander."
"¡Pobre bebe! Mira que ponerle tu nombre."
"Eso mismo pensé" – dijo Candy para sorpresa de Terry.
"Hola jovencito" – saludó Robert – "Tienes la mirada de tu padre."
"O sea mía" – dijo Terrence tontamente.
Robert se rió.
"Se nota que estás orgulloso pero debemos darle crédito a esta damita" – le sonrió a Candy – "Usted sufre todos los malestares y él se lleva la gloria."
Candy no pudo evitar sonreírle. Definitivamente Robert Hattaway era muy simpático.
"Mis felicidades, Terrence. Has sido bendecido."
"Gracias."
"También usted señora Candy."
Eleonor apareció en el salón y les pidió que pasaran al comedor. Candy intentó disculparse pero ella la convenció de acompañarlos mientras la mucama subía con Alex.
Sentados en el comedor, Candy no dejaba de sorprenderse ante lo amable que era Terrence. Tenía un carácter muy afable, tenía buen humor…
"Supongo que los milagros suceden todos los días…" – pensó Candy.
"¿Por qué tan callada, señora Candy?"
"Llámeme Candy, Robert."
"Está bien. Candy ¿por qué tan callada?"
"Estoy un poco cansada. Recién llegamos anoche."
"Con razón actuaste tan mal, Terrence."
"Dijiste que no lo hice tan mal."
"Te mentí. No quería avergonzarte frente a tus colegas."
Eleonor sonrió ante la cara de desilusión de su hijo.
"No te preocupes, Robert. Candy y yo nos encargaremos que empiece a portarse bien."
"¡Claro! Ahora tiene a su esposa y a su hijo."
"Sí, a su esposa. ¿Qué pensarán de ello tus colegas y tus admiradoras, Terrence?" – preguntó Candy, mordaz.
"¿A qué te refieres?" – él la miró con seriedad.
"Una vez dijiste que un artista no debe tener ataduras."
Robert y Eleonor se miraron.
"¿Te vas a presentar al mundo como el soltero codiciado o el amante esposo?" – continuó Candy.
"¿Debo decidirlo ya? No soy famoso aun"- se encogió de hombros mientras les traían su comida.
"¡Contéstame! ¿Me vas a ocultar ¿Vas a ocultar a tu hijo?"
"No lo he decidido."
"Me lo imaginaba. Es típico de ti. Siempre actúas antes de pensar."
"¡Basta!" – dejó caer su puño sobre la mesa.
Los platos dieron un brinco sobre la mesa. Candy se puso de pie indignada.
"Con su permiso" –dijo.
"No hemos terminado."
"Voy a ver a mi hijo" - dijo cortante y salió.
Terrence tomó el contenido de su copa de un sorbo y salió tras ella. El director y la actriz se miraron atónitos.
"¿Cómo te atreves a comportarte así?" – Terrence abrió de un empujón la puerta.
"Sal de aquí" – dijo Candy.
"Traje a Robert a conocerlos. ¿Qué más quieres?"
"Yo no quiero nada" – dijo tomando asiento en su butaca.
"Yo no te pedí regresar conmigo, Candy. Tú lo decidiste."
"No te iba a entregar a Alex."
"¿Ni por el divorcio?"
"¿Entregarte a Alex por mi divorcio? ¿Qué clase de opción es esa?"
"La única que tenías."
"Esa era una canallada de tu parte por si no se te ha ocurrido."
"Creo que realmente no deseabas casarte con Stear"- dijo con voz melosa.
"Te equivocas."
"Creo que no has podido olvidarme, pecosita" – se acercó a ella y la hizo levantar del sillón.
"¿Es que sólo sabes actuar como un gamberro?"
Terrence la miró con ojos entrecerrados antes que se fijara en el ramo de flores.
"¿Qué es eso?" – la soltó abruptamente.
"Nada que te interese."
El actor se acercó a las flores y notó un sobre junto a ellas. La leyó antes que Candy pudiera evitarlo y se volvió a mirarla con rabia.
"Más vale que no intentes escaparte de nuevo, Candy."
"Haré lo que me plazca."
"Eres mi esposa, Candy" – le recordó.
"Sólo de nombre."
"¿Segura?" – La acercó a él – "¿Eras tan difícil con Stear?"
"Al contrario, era muy sencillo entregarme a él."
Las palabras dichas por Candy sorprendieron a Terrence y lo enfurecieron. La apretó contra su pecho, dejándola casi sin aliento.
"Me lastimas…"
"Así que te acostabas con Cornwall."
"¿Qué te importa? Tú me entregaste a él. Le dijiste que me cedías…como si yo fuera un objeto."
"Eras mía, Candy."
"Me dejaste libre para hacer lo que quisiera."
"Eres una…"
"¡No te atrevas a insultarme, Terrence!"
"No perdiste el tiempo ¿eh?"
"¿Qué esperabas? ¿Qué pasara la noche sola mientras tú tenías la compañía de otras?"
"Es diferente."
"¿Por qué? ¿Porque eres hombre? Las mujeres también tenemos necesidades" – le dijo sugestivamente.
"¿Y Stear las llenó?"
"Mejor que tú."
Por un instante, Candy pensó que él la iba a golpear. Terrence estaba pálido y se estremecía de la rabia.
"¿Stear es mejor amante que yo?" – preguntó entre dientes.
"Mil veces mejor"- se liberó de sus brazos pero él la retuvo.
"Te probaré todo lo contrario."
Su beso fue salvaje; tenía toda la intención de lastimarla. Candy se debatió y logró arrancar sus labios de los suyos. Candy consiguió empujarlo y lo miró indignada.
"¡No me toques! Eres un ser vil y asqueroso."
"Sólo intentaba llenar tus necesidades."
"Stear me dejó lo suficientemente satisfecha, Terrence."
"No voy a permitir que me seas infiel."
"Ya lo fui."
"Pues desde este momento lo dejarás de hacer."
"¿Se aplica eso a ti, Terrence?"
"¿A mí?"
"Claro. ¿O es que sólo tú te puedes divertir?"
"Soy un hombre."
"Sal de mi habitación, Terrence" – le ordenó – "No eres bienvenido."
"Ya veremos."
"Si intentas tocarme otra vez, te prometo que huiré y te aseguro que no me encontrarás."
"¿Me amenazas?"
"Te digo que pienses antes de actuar."
Terrence se encaminó hacia la puerta.
"¡Otra cosa, Candy!"
"¿Qué?"
"Quiero ver a mi hijo por las mañanas, así que ¡no cierres las puertas!"
Salió dando un portazo.
