"Buenas noches, señor" – saludó el mayordomo.
"Buenas noches, Stuart" – le entregó el abrigo y el sombrero – "¿Y la señora?"
"La señora Candy salió, señor."
"¿Salió?"
"Esta tarde apareció un joven y se la llevó con él."
"¿Un joven? ¿Cómo era?"
"Alto y rubio, señor Terrence."
"¡Albert!" – Masculló – "¿Salieron hace mucho?"
"Desde el mediodía, señor."
"¿Y Alex?"
"Su hijo salió con ellos…muy bien abrigado."
"¿Me dejó alguna nota?"
"Ninguna, señor."
"Gracias, Stuart. Estaré en mi estudio."
"¿No cenará, señor?"
"No tengo hambre."
Terrence azotó la puerta de su estudio y se encaminó hacia la licorera. Con las cejas fruncidas tomó la botella y un vaso antes de sentarse en el sofá.
"¿Qué se cree esta pecosa?" - tomó un sorbo – "Tendré que conversar muy seriamente con ella."
"No vas a conseguir nada a las malas, Terrence." – la voz de Eleonor le llegó desde muy lejos.
"¿Qué quieres que haga?" – le preguntó al cielo.
Hacía más de un mes que Candy había dejado de hablarle y de siquiera dirigirle una mirada. Y como si aquello no fuera suficiente, Eleonor se había marchado semanas antes a California donde le habían ofrecido estelarizar cine mudo. Todas las noches, Terrence llegaba a un ambiente silencioso.
El cumpleaños de Terrence llegó pocos días después de su arribo a Nueva York.
Esa mañana de invierno, el hombre se miró al espejo y recordó con amargura que un año atrás le había pedido el divorcio a Candy.
"Pensé que era lo mejor…" – se dijo mientras se rasuraba.
¡Qué equivocada había sido su decisión! Había apartado a Candy de su lado…se había condenado a una soledad que ni los amigos, ni el trago, ni el cigarrillo podía llenar. Por un tiempo había dejado que la depresión lo envolviera y si no fuera por Robert Hattaway, Terrence no tenía idea ni de dónde estaría.
"Vagando y pensando en ti, pecosa…"
Y durante aquel tiempo, ella se había convertido en madre. Muchas veces había intentado preguntarle a Candy sobre su embarazo, sobre el nacimiento de Alex pero ella se limitaba a darle respuestas cortas y a recordarle que Albert y Stear siempre estuvieron junto a ella.
Terrence dejó escapar un suspiro y terminó de vestirse antes de entrar a la recamara de Candy. Le dio una mirada a la rubia que dormía arropada hasta el cuello sobre su cama, una mano bajo la almohada.
"Aun parece un ángel…"
Alex se mordía el talón cuando su padre asomó el rostro por encima de la cuna.
"Buenos días, señor Grandchester… ¿sabe bien su pie?"
El bebé balbuceó alegre y estiró las manos hacia el rostro familiar. El actor lo levantó y Alex enredó sus manitas en el cabello de su padre para halarlo.
"Si sigues haciendo eso, voy a tener que cortarme el cabello" – lo amenazó Terrence antes de sonreír.
"Ba…ba…ba…"
"¿No sería mejor si dijeras papá? Pa…pa…pa…pa…"
"Ba…ba…ba…"
"¿Qué tal dadá? Da…da…da…"
"Ba…ba…ba…"- e hizo burbujitas.
Terrence sonrió y besó a Alex en la frente antes de devolverlo a la cuna.
"Ma…ma"
"Mamá está durmiendo, como siempre. Eres definitivamente hijo mío, madrugador. Nos veremos luego, Alexander."
Candy lo escuchó salir de la habitación y se levantó molesta.
"¡Insensato! ¿Se cree que después de tener un hijo uno duerme como cuando era soltera?"
Levantó a Alex y lo besó en la mejilla.
"Buen día, mi cielo"- lo llevó hacia la cama y lo acurrucó contra ella.
Alex balbuceaba mientras Candy se fijaba en el calendario.
"Hoy es el cumpleaños número diecinueve de tu padre."
Recuerdos dolorosos vinieron a su mente; la aparición de Terrence solicitando el divorcio, la devolución de sus cartas, la crueldad con la que le había hablado.
"Prométeme que no vas a crecer…al menos no tan rápido"
Abajo, Eleonor se servía una taza de té en el desayunador. Terrence entró a saludarla y besó su frente.
"Felicidades, mi amor."
"Gracias, madre."
"Prepararé tu platillo favorito esta noche, hijo."
"No es necesario que te molestes, madre."
"Déjame consentirte…no lo pude hacer en muchos años."
Terrence miró a su madre y vio la sonrisa triste en su rostro.
"De acuerdo, madre."
"Puedes invitar a algunas personas si quieres."
"Le diré a Robert que venga…tal vez a otros más."
"¿Les presentarás a Candy?"
"Supongo."
"¿Supones?"
"Imagino que la verán."
"Le diré que coloquen un par de puestos más".
"Te veré esta noche, madre."
"Que tengas un buen día."
Poco después, con Alex en brazos, Candy bajó hacia el estudio de Eleonor. La dama le comentó que Terrence iba a traer a unos invitados a la cena y que la presentaría.
"¿Es verdad?"
"No tengo porqué mentirte."
"Claro. Es sólo que me sorprende."
"Terrence quiere ofrecerle un hogar de paz a Alex. ¿Tal vez podrían vivir en paz hasta que resuelvan sus diferencias?"
"O hasta que me dé el divorcio" – dio Candy tajante.
"Sí, claro."
"¿Le molestaría si preparo un pastel?" – dijo Candy entusiasmada.
"¿Un pastel?"- Eleonor la miró extrañada.
"Grace me enseñó a preparar el favorito de Terrence…y como es el homenajeado."
"La señora Johnson te dará todo lo que necesites."
"Gracias."
"¿Cuidará a Alex mientras cocino?"
"Será un gusto quedarme con este caballerito" – le sonrió.
El pastel se estaba horneando y Candy se dirigía hacia su habitación para cambiarse cuando tocaron a la puerta. Como el mayordomo estaba ocupado, ella mismo abrió la puerta y se quedó de una pieza al ver quien tocaba.
"Buenos días ¿puedo hablar con Terrence?"
"¡Susana Marlowe!" – Candy se quedó sin habla.
Susana miró a Candy con curiosidad. Su cara se le hacía familiar y al reconocerla la miró con disgusto.
"¡Yo sé quién eres! ¡Eres la admiradora de Terrence ¿Acaso eres su nueva querida que te tiene en su casa?"
"Yo…"- la rubia no atinaba a hablar.
"¡Para que lo sepas, Terrence no ha dejado de visitarme cada noche después de sus ensayos en el teatro!"
"Pues él pasa cada noche aquí."
"No tiene que quedarse conmigo para comportarse como mi esposo."
Candy quiso que la tierra se la tragara mientras Susana la miraba con veneno puro.
"¿Dónde está Terrence?"
"Salió."
"Entrégale esto cuando llegue" – le puso una caja en enfrente.
"¿Qué es? ¿Una bomba?"
"Por lo visto se te contagiado el sarcasmo de mi Terrence."
"Sólo es una pregunta."
"Una pregunta muy indiscreta. Para tu información y no es que te concierna, es una camisa muy fina con sus iniciales grabadas…no creo que tu podrías costearla."
"Claro…"
"Y dile que vendré esta noche a cenar con él. Si yo fuera tú, no me expondría al ridículo que vas a hacer. Todos saben que él y yo somos pareja."
Sin poder controlarse, Candy le tiró la puerta en la cara y corrió hacia la cocina.
Abrió la puerta del horno y tiró el pastel en el fregadero.
"¡Señora! ¿Qué hace?"
"¡Ese canalla no se merece un pastel!"
"¿Señora?" – la cocinera la miró con confusión.
"Me voy a mi habitación. En la sala hay una caja para Terrence, entréguesela cuando llegue" – ordenó.
"Sí, señora."
Candy corrió escaleras arriba y se encerró a su habitación a llorar llena de rabia y frustración.
"¡Sigue con Susana! ¡Me obligó a venir y sigue con ella! ¡Por eso no quiere decirle a nadie que es padre y esposo! ¡Debería denunciarlo a los periódicos amarillistas y hundirlo!" – pensaba llena de coraje.
Unos toques a su puerta llamaron su atención. La mucama le indicó que tenía una llamada. Se limpió las lágrimas y salió hacia el pasillo.
"¿Aló?"
"¿Candy?"
"¿Stear? ¿Eres tú, Stear?"
"¿Estás llorando, Candy? ¿Qué te sucede?"
"¡Los extraño tanto, Stear!"
"No nos extrañes tanto, Candy. Estamos aquí."
"¿Qué dices?"
"Albert vino por negocios y a verte. Logramos convencerlo que nos trajera…incluso convenció a la señora Britter."
"¿Annie está aquí?"
"Todos estamos aquí. ¿Te recojo en media hora?"
"Estaré esperándolos."
Recobrando los ánimos, Candy se bañó y se atavió en un vestido café de lana de talle ajustado. Se recogió el cabello en un estilo francés y se perfumó. Escuchó a Alex estornudar y corrió hacia él.
"¿No te gusta el perfume de mami, Alex?"
Vistió al nene en un trajecito oscuro de lana y botitas antes de colocarle el abrigo negro que Terrence le había comprado días antes.
"Hay que reconocer que tu padre tiene buen gusto"- sonrió Candy.
El timbre de la puerta la hizo bajar de prisa pero cuidadosa con Alex. Stuart le abría a la puerta a Stear y le daba la bienvenida.
"¿A quién busca, señor?"
"¡A mí!" – gritó Candy llegando al vestíbulo y abrazándolo.
"¡Candy! ¡Alex!" – besó a ambos en la mejilla.
"¡No puedo creer que estés aquí, Stear!"
"¡Ni yo! Traje tu equipaje ¿habrá quien lo entre?"
"Yo me encargaré, señor" – dijo Stuart.
Candy terminó de abrocharse el abrigo y cubrió a Alex con una manta.
"Hasta luego, Stuart."
"Disculpe ¿a dónde debo decir que salió la señora?" – preguntó Stuart respetuosamente.
"Diga que salí con mi familia y que no sé a qué hora volveré."
Terrence Grandchester caminaba por las calles de Manhattan con una sonrisa en el rostro. Por una razón que no alcanzaba a comprender, se sentía desbordante de la felicidad, el aire le parecía más limpio, el cielo más azul, la vida más hermosa
"Terrence."
Esa voz femenina lo devolvió a la realidad y volvió el rostro hacia ella.
"Susana."
"¿Cómo estás, Terrence?" – la rubia lo saludó con su mejor sonrisa.
"¿En qué puedo servirte?" – le preguntó con su acostumbrada frialdad.
"Sólo quería…desearte felicidades."
"¿Felicidades?"
"Es tu cumpleaños ¿cierto?"
Terrence la miró con una ceja levantada.
"Siempre averiguo lo que me interesa."- le explicó ella.
"Pues, gracias."
Se miraron en silencio y Terrence recordó algo.
"¿Cómo va tu embarazo, Susana?"
La mujer se ruborizó y bajó la mirada.
"Te debo una disculpa por esa situación. Me equivoqué."
"Eso creí" – se detuvo – "¿Hay algo más que quieras, Susana? Debo marcharme."
"¿Irás a tu casa?"
"No, tengo otro compromiso" – mintió.
"Entonces no te detendré" – se puso de puntillas para besar su mejilla – "Felicidades de nuevo."
"Gracias. Hasta luego."
"Hasta luego."
Susana lo vio alejarse y tuvo ganas de llorar.
"¡Va a buscar a esa rubia! ¡La tiene viviendo en su casa!"
Sintió como si un cuchillo se clavara en su corazón. Lo que había empezado como un juego se había convertido en una obsesión para ella. Ningún hombre la había ignorado con la prisa que Terrence lo habría hecho y eso lastimaba su orgullo sobremanera.
Annie corrió hacia Candy cuando la rubia entró a la suite que ocupaban en el Waldorf. Las dos muchachas se estrecharon mientras sollozaban.
"¿Y Albert?"
"Vendrá pronto. Está terminando una cita de negocios y nos acompañará a cenar. ¿Me quieres decir por qué estabas tan alterada cuando te llamé?"
"Es horrible, Stear. Esa mujer…esa Susana…se apareció en casa."
"¿Qué dices?" – exclamó Archi que no se había perdido ni una palabra.
"¿Susana Marlowe?" – Annie tomó asiento junto a Alex en un sillón.
"Sí. Dice que ella y Terrence continúan teniendo…"
"¡No lo digas!" – Archi la interrumpió – "¡Le voy a partir la cara!"
"Siempre crees poder resolver todo a puños" – lo amonestó Annie.
"Y yo…yo me estaba tomando la molestia de hornearle un pastel…y ese…ese canalla la invitó a la cena de esta noche."
"¿Hay una cena?"
"Es el cumpleaños de Terrence."
"Por eso le horneabas un pastel" – murmuró Stear.
"Espero que se queme" – dijo Archi.
"Lo arrojé a la basura" – les dijo Candy – "¡Estoy tan harta de todo! ¡Quiero volver a Lakewood!"
"Calma, Candy" – Annie la abrazó - ¿Has conversado con Terrence?"
"Casi no nos hablamos pero él insiste en que Alex se criará junto a él."
"¡Es un cabeza dura!" – Dijo Stear – "¡Tiene que haber una manera!"
"¿Una manera de qué?
Los cuatro se volvieron para ver a Albert, alto y varonil, entrar a la suite. El hombre colgó su abrigo antes de acercarse a su protegida y besarla en la mejilla.
"¿Cómo está la damita más linda de este mundo?"
"Triste. Quiero regresar a Lakewood. Llévenme con ustedes, Albert."
"Quisiera hacerlo, Candy pero sólo te perjudicaría" – tomó sus manos.
"Ese canalla sigue saliendo con Susana Marlowe" – dijo Stear.
"¿Y si lo acusamos de infidelidad?" – sugirió Archi.
"Este es un mundo de hombres" – les recordó Annie – Sus indiscreciones no son mal vistas.
Los tres hombres tuvieron que reconocer que era cierto. Albert posó su mirada sobre Alex que estaba recostado en el sofá, balbuceando.
"¿Dónde está el principito? ¡Ahí está!" – jugó Albert con él.
"Si hoy es cumpleaños de Terrence ¿no deberías estar ahí?" – preguntó Annie.
"¡Ni aunque me pagara! ¡No voy a cenar en la misma mesa que esa mujer!"
"¿Había una cena en tu casa?" – preguntó Albert.
"No es mi casa" – lo corrigió Candy.
"Se llevará la sorpresa del siglo al no verte" – se rió Archi.
"¿Crees que es recomendable enfurecer al señor Grandchester?" – le preguntó Albert con cautela.
"¡Me importa un rábano si se enoja!"
"A las malas no sacarás nada de él, Candy" – le recordó Albert.
Los ojos azules de Terrence relampaguearon.
"¡¿Qué Candy no está?!"
"Baja la voz, Terrence" – Eleonor intentó calmar a su hijo.
"¿No le dijiste que tendríamos invitados?"
"Se lo dije."
"¿Y se fue? ¿Qué le pasa a la pecosa?"
"La verdad no lo entiendo. Hasta estaba horneando un pastel para ti."
"¿Candy estaba horneando?"
"Aunque no lo creas."
"No tiene sentido. Me hizo un pastel y ¿se fue?"
"Técnicamente no te hizo un pastel."
"¿Qué? Me confundes."
"Lo batió, lo puso a hornear y lo tiró al fregadero."
"¡¿Qué?!"
"La señora Johnson dijo que estaba furiosa cuando lo hizo y que luego recibió una llamada y salió."
"¿Dónde fue?"
"Stuart dijo que partió con un joven y que se iba a reunir con su familia."
"¿Y a qué hora regresa?"
"No lo precisó."
Eleonor se preparó para el estallido de Terrence. El hombre apretó las mandíbulas y caminó ansioso por el estudio.
"¡¿No lo precisó?! ¿Qué se cree, Candy? Ella es una mujer casada, con deberes y comportamientos que se esperan de ella."
"¿Debo recordarte que tú la dejaste y que ella está acostumbrada a hacer lo que mejor le parezca?"
"¡Madre!"
"Lo siento pero es así."
"Esperamos invitados, madre."
"¿Saben de ella?"
"No, sólo les dije que les tenía una sorpresa. ¿Te imaginas el ridículo que haría si les hubiera dicho que mi esposa estaría aquí?"
"Cálmate."
"¿Calmarme?"
"Algo pasó Terrence" – dijo Eleonor pensativa – "Se enojó por algo pero te dejó un regalo."
"¿Un regalo?"
Terrence tomó la caja que le entregaban y la abrió.
"¡Es hermosa!" – dijo Eleonor admirando la tela y el acabado.
"Tiene mis iniciales…no entiendo."
"Es tu regalo. ¿Por qué no te la pones para halagarla?"
"¿Para halagarla?"
Después de la cena y de compartir un rato con los muchachos, Albert se encerró en su estudio esperando concentrase en un contrato que le ofrecían para ser socio de una petrolera. Sin embargo, las risas de sus sobrinos lo distraían tanto que terminó leyendo la cuarta página por sexta vez.
Suspirando, miró su reloj de bolsillo y se percató de la hora.
"¡Que tarde es! ¡Candy no debe haberse percatado!"
Se puso de pie y salió hacia la sala.
"¿Se han dado cuenta de la hora que es?"
"Es temprano" – dijo Archi tirando un naipe sobre la mesa.
"Es cerca de la media noche, chicos. Candy ¿no crees que es hora que regreses a casa?"
"No pienso regresar hasta que esa fiesta haya terminado."
"Ya debe haber terminado. Por lo que dices era una cena."
"No seas un anciano. ¡Ven juega con nosotros, Albert!" – le dijo Candy.
"Es hora que regreses a tu casa, Candy."
"Mi casa es junto a ustedes."
"Te recomiendo que regreses a casa de Terrence, Candy. Ya es bastante tarde. No es bien visto."- dijo con seriedad Albert.
"¡Me importa muy poco lo que es bien visto! ¡Él tiene una amante!"
"Conoces el carácter de Terrence, Candy. Se atrae más con miel que con vinagre."
"Tal vez Albert tiene razón."- dijo Annie.
"No quiero irme."
"Debo admitir que Albert está en lo correcto" – dijo Stear.
"Te veremos mañana, Candy" – le prometió Archi.
"Ya que insisten."- se puso de pie.
El auto se detuvo frente a Casa Baker. Stear descendió y ofreció su mano a Candy.
La rubia acurrucó a Alex en brazos y subió los escalones acompañada de Stear. Se despidió de Stear y entro a la casa. Subió con siglillo hacia su cuarto y encendió la luz.
"Ya era hora que aparecieras."
La rubia saltó en su sitio. Frente a ella estaba Terrence sentado en un sillón. De inmediato lo ignoró para dirigirse a la cuna de su hijo.
"¡Por todos los cielos! ¡Me has asustado!"
"¿De dónde vienes? ¿Y de donde salieron estos baúles?"
"Hablaremos mañana, ahora voy a acostar a Alex."
"¿Te parece que es hora que llegues a casa con mi hijo?"
"Te dije que hablaremos mañana".
"Y yo te digo que hablaremos ahora" – lo dijo con tal seriedad que Candy lo miró.
"Como quieras. Déjame acostar a Alex e iré a tu habitación."
"No. Te esperaré aquí."
Candy podía sentir los ojos de Terrence taladrar su cuelo mientras ella cambiaba a Alex y lo arropaba. Lo besó en la frente y le indicó a Terrence que podían irse. El actor se puso de pie y besó a su hijo antes de salir. En la habitación de Terrence se miraron frente a frente. Ella lo desafiaba abiertamente mientras él la miraba incrédulo.
"¿Sabías que había una cena esta noche, verdad?"
"Sí, lo sabía. ¿La disfrutaste?"- preguntó con cinismo.
"Vinieron mis compañeros, Candy. Quería que te conocieran."
"¿Querías que conocieran a tu esposa y a tu amante? ¡Qué descarado eres!"
"¿Mi amante?"
"Susana."
"¿Susana? ¿Qué tiene que ver Susana en esto?"
"No seas cínico, Terrence. Veo que te has puesto el regalo que te trajo."
Terrence la miró sin comprender. Candy soltó una carcajada.
"Vas a hacer mucho dinero como actor. Eres tan bueno fingiendo."
"¿De qué hablas?"
"La camisa, Terrence. Susana la trajo esta tarde y confirmó su asistencia a la cena."
Las palabras se registraron con rapidez en la mente del actor.
"Candy, estás equivocada."
"¿Lo estoy? ¿Invitas a Susana a tu cena de cumpleaños y esperabas que yo compartiera la mesa con ella?
"¡Claro que no! ¡Yo jamás la invité!"
"No tienes que mentirme, Terrence."
"¡No te miento!"
"¿Por qué habría de creerte? Llevas su camisa puesta."
"¿Esto? Pensé que era un regalo tuyo."
"¿Mío? ¿Crees que mereces un regalo de parte mía?"
Asombrada, Candy lo vio halarse el frente de la camisa, los botones volando por todas partes.
"No, no merezco un regalo tuyo pero me lo diste…me lo diste en Alexander."
Ella lo miró incrédula. Terrence se quitó la camisa y la arrojó a la chimenea. La camisa empezó a arder entre las llamas.
"Si hubiera sabido que era de esa mujer, jamás me la habría puesto, Candy."
"Como digas, Terrence."
"¡Es en serio, Candy! Realmente quería que estuvieras presente esta noche…quería decirle a todos que eras mi esposa."
"¡Perderías tu tiempo! Nuestro matrimonio no va a durar…yo solo quiero el divorcio."
"¿Para regresar con Stear, verdad?"
"No tengo nada que hacer aquí."
"No me obligues a prohibirte que los veas."
"¿Prohibirme?" – Se rió – "Son mi familia y no impedirás que los vea."
"Eres mi esposa y te pido que no vuelvas a comportarte como lo hiciste esta noche. Si sales, no es propio que regreses tan tarde."
"¡Haré lo que me plazca y es más, desde hoy día para evitar abochornarte, no volveré a dirigirte la palabra!"
"¿Ah si? ¡Pues me parece bien!"
"¡Bien!"
"¡Bien!"
Se miraron llenos de rabiosos. Candy dio media vuelta y salió de la habitación.
Candy lo ignoraba y Alexander era el único que parecía alegrarse cuando él llegaba a casa. Si llegaba temprano, el nene al verlo estiraba los bracitos hacia él para que lo cargara y le hiciera juegos. Si llegaba tarde, Terrence se acercaba sigilosamente a la cuna y él bebé parecía presentir su presencia o tal vez olía su colonia y empezaba a parpadear. Era entonces que Terrence colocaba su mano sobre su cabeza y se la acariciaba con dulzura para que volviera a dormirse.
En las mañanas, Alex casi siempre estaba despierto y Terrence lo levantaba en brazos para llevarlo con él hacia su cuarto mientras se vestía. Le gustaba hablarle, recitarle las líneas de su parlamento, y el bebé lo escuchaba encantado sin dejar de sonreír. Una vez vestido, Terrence lo depositaba junto a Candy sobre la cama y colocaba una almohada para que no se fuera a caer. Depositaba un beso sobre su frente y partía hacia el teatro.
¿Y Candy? ¿Qué hacía Candy durante ese tiempo? Fingía dormir. Fuera noche o fuera mañana, cada vez que Terrence aparecía, Candy fingía dormir. No quería hablarle, no quería siquiera verlo, no quería tener nada que ver con él en absoluto y no tenía ganas de fingir cordialidad ahora que Eleonor se había marchado a Hollywoodland.
Candy entró a la casa sumida en la tristeza. Dos semanas atrás Stear, Archi y Annie habían regresado a Chicago a encargarse de los negocios y del Hogar mientras Albert concluía sus negocios en Nueva York. Esa noche había cenado con su padre adoptivo y se habían despedido.
Camino a su habitación pudo ver la luz que se colaba bajo la puerta del estudio y supo que Terrence había llegado a casa. Sacudió la cabeza y subió las escaleras.
Abrió la puerta con suavidad y se inclinó sobre la cuna de Alex, que dormía profundamente. Sacudió ligeramente a la señora Johnson y le agradeció que cuidara a su hijo antes que se retirara.
Empezó a desvestirse tras el biombo y se envolvió en una bata antes de entrar a la sala de baño. Dejó correr el agua caliente para que el cuarto se llenara de vapor y ajustó la temperatura del agua antes de entrar a la ducha.
Sus rizos se aflojaron mientras el agua la mojaba y le fuerza de la ducha tranquilizaba el dolor de su cuerpo. Se sentía cansada de la constante batalla con Terrence…no era nada agradable vivir de aquella manera.
"Tal vez deberían tratar de convivir en paz, Candy…aunque sea por el bien de Alex" – había sugerido Albert esa noche.
"No le voy a perdonar que me haya obligado a venir a Nueva York y que siga con Susana."
"¿Estás celosa?"
La pregunta de Albert la sacudió como si la hubieran golpeado.
"¿Qué dices?"
"Es sólo una pregunta, Candy."
"¡Claro que no! ¡Es solo que es una falta de respeto!"
"Claro…"
"¡Es en serio!"
"Yo te creo. No te exaltes conmigo."
El agua empezó a caer fría y Candy se percató que había permanecido bajo la ducha tanto tiempo que las yemas de sus dedos estaban arrugadas. Cerró las llaves y salió para envolverse en la toalla.
Se cepilló el cabello y los dientes antes de colocarse el pijama de algodón y regresar a su cama. Como acostumbraba desde que era niña, dijo sus oraciones y se arropó hasta el cuello con las sabanas.
Candy soñaba que la abrazaban y soñaba que era Alex…Alex con sus cabellos oscuros y largos, con brazos que podían rodear su cintura. Arrugó la naricilla, sin entender el peso que sentía sobre su torso.
"Alex…Alex… ¿cuándo creciste tanto, mi amor?"
"Candy…"
"Más respeto que soy tu madre"- dijo parpadeando.
Una mirada y unos labios picaros le sonrieron. Candy despertó de golpe y abrió la boca para gritar. Terrence cubrió su boca con la mano.
"Shh…o despertarás a Alex…"
El olor a whisky llegó a la nariz de Candy. Los ojos parpadeantes de Terrence le confirmaron que había bebido.
"¿Me prometes que no vas a gritar?"
Candy asintió con la cabeza. Terrence retiró la mano y ella lo miró con curiosidad.
"¿Qué haces aquí, Terrence?"
"¿Te acuerdas?" – El hombre sonrió tontamente – "Así empezó todo…yo en tu cuarto…allá en San Pablo."
"Y ebrio como siempre" – lo miró furiosa.
"No me regañes…"- le dijo como niño.
"Es lo que mereces. Quiero que salgas de aquí" – ella apartó su brazo.
"Dame solo un ratito" – volvió a rodear su cintura.
La atrajo hacia él y colocó su oído sobre su corazón.
"Siempre me gusto escuchar tu corazón…me calma."
"Terrence, esto no está bien" – quiso alejarlo.
"¿Te acuerdas de la cara de Sor Grey? ¡Casi le da un infarto cuando nos encontró así!"
Acto seguido, Terrence se acomodó sobre ella. Candy interpuso los brazos entre ellos para intentar apartarse. Terrence, muy cómodo, colocó ambos codos a los lados de la cabeza de Candy para mantenerse erguido y mirarla.
"¿Sabes que pensé esa noche?"
Candy denegó con la cabeza.
"Que eras la criatura más hermosa que había visto en mi vida. Te recordaba del barco. Tus pecas son inolvidables."
El hombre se rió una vez más mientras Candy intentaba apartarse.
"Me sentí tan afortunado cuando te vi en el colegio. Eras tan diferente a esas otras tontas que me tenían miedo. Tú no me tenías miedo."
Su mirada azul se posó sobre Candy.
"¡Que linda eres, Candy! Y me diste un bebé tan lindo…es el mejor regalo del mundo."
"Terrence, no sabes lo que hablas. Estás ebrio" – logró rodar a un costado.
"No estoy ebrio…sólo un poquitín mareado…"
"Ebrio o mareado…te dije que no te quería así cerca de Alex."
"Pero Alex está allá" – apuntó con el dedo hacia la cuna – "y tú estás aquí" – le tocó el ceño con el dedo índice. -"Disculpa…eso debió dolerte" – y procedió a sobarla.
Candy soltó un quejido y el actor rió tontamente.
La rubia apartó su mano de un golpe.
"¡Sal de aquí!"
"¡Shh! Vas a despertar a Alex."
"Si quieres hablar, hablaremos mañana…cuando se te pase la borrachera."
"Mientes. Hace más de un mes que me ignoras. Ni siquiera cuando estoy…sobrio…me quieres…"- hizo un puchero.
Candy se sentó sobre el lecho y se preguntó si aquello estaba verdaderamente ocurriendo.
"Terrence…estoy muy cansada…y vas a despertar a Alex…debes irte a tu cuarto."
"En un ratito" –le hizo una seña con los dedos – "Me iré…si prometes que me hablarás."
"Ya te estoy hablando."
"¡No! Me refiero siempre."
"Terrence…"
"Seré bueno, Candy…pero necesito que me hables."
"¿Por qué?"
"¿No lo sabes?"
Terrence se empezó a reír a carcajadas. Candy tuvo que cubrirle la boca con la mano. El hombre la rodeó con los brazos.
"No te pongas atrevido, Terrence" – le reclamó.
"No puedo evitarlo…no me alejes de ti" – levantó la mirada hacia ella – "¿No lo ves?"
"¿Ver qué?"
"Que yo te necesito…que yo te amo…"
Hola queridos lectores
les dejo un nuevo capitulo de msgrandchester espero lo disfruten como yo lo hice jejeej
saludos
