La mirada de Candy se posó fijamente en la de su esposo.
"¿Qué dices?" – preguntó Candy, incrédula.
"Que te amo" – contestó con simpleza– "con toda mi alma."
"Tú no tienes alma" – dijo Candy mientras intentaba apartarlo.
"Escucha…"- Terry la aprisionó en sus brazos – "Debes creerme."
"¡Suéltame! ¡No sé a qué juegas pero…!"
La palma del actor cubrió la boca de la rubia y la miró a los ojos.
"Vas a despertar a Alex" – susurró.
"Suéltame" – apartó su mano con brusquedad – "¿a qué juegas?"
"¿Jugar?" – Levantó una ceja – "No estamos jugando…al menos que no recuerde."
Los ojos del actor recorrieron la habitación hasta detenerse sobre una mesa y apuntó con el dedo índice su descubrimiento.
"Hay un juego de ajedrez sobre la mesa, si quieres jugar."
"No hables tonterías" – dijo exasperada.
"¿Tonterías?" – El actor alzó la ceja – "Pero si tu querías jugar."
"Cállate ya."
Exasperada, Candy cerró los ojos.
"Me ama…dice que me ama…" – se repitió la rubia.
Terrence escudriñó el rostro de Candy con una sonrisa en los labios mientras Candy intentaba olvidarse de la cercanía de Terry, de su cálido cuerpo sobre ella.
Sintió los dedos de Terrence tomar su barbilla y mover su rostro con poca delicadeza de lado a lado.
"¿Te…estás durmiendo? ¿Candy?"
La rubia abrió los ojos y lo miró rabiosa.
"Podrías ser más gentil… ¿no crees?"
"Pensé que te dormías y no quiero que te duermas."
"Es hora de dormir, Terrence."
"¿Puedo dormir contigo?"
"Estás ebrio."
"Ebrio, no. Mareado…tal vez" – sonrió Terry.
"No sabes lo que dices."
"¿Eso crees?" – Soltó una carcajada – "Yo sé lo que digo."
"¿Qué me amas?" – le refutó Candy.
"¿Por qué no me crees?" – se quejó.
"Porque me abandonaste en Londres."
"No te abandoné" - parpadeó sin entender – "Sólo te dejé guardadita."
"¿Guardadita?" – ella lo miró extrañada.
Terrence recostó la cabeza en el pecho de Candy.
"Escucho tu corazón latir, pecosa."
"¿Por qué me dejaste?"
"No te dejé."
"Me dejaste en Londres con tu padre."
"Tuve…que hacerlo…Era lo mejor."
"¿Para quién? ¿Para ti?"
"No…para ti" – el actor inhaló profundamente – "Hueles a rosas."
"¿Para mí? ¿Creíste que dejarme sería lo mejor?"
"Sí."
"¡Mentiroso! Me dejaste porque un actor no podía tener una esposa; me lo dijiste muy claramente esa noche en Nueva York."
"Ah, si…recuerdo" – dejó escapar un suspiro – "Llegaste con el intelectual".
"El intelectual se llama Stear y es mi prometido, por si lo has olvidado."
"No, no lo he olvidado" – y arrugó el ceño.
Candy tomó el rostro de Terrence entre sus manos.
"Dime la verdad, Terrence."
"Terry…dime Terry"– le suplicó.
"Querías estar solo para divertirte."
"¿Divertirme?"
"Tener amigas."
"¿Amigas?"
"Amigas como Susana."
"Oh, Candy"– la miró con tristeza – "era para olvidarte."
"¿Quisiste olvidarme con otra? ¿Con los besos de otra?" – soltó su rostro.
"Sí pero no pude. Nunca habrá otra igual que tú."
"¡Mientes!"
"No te olvidé y no te puedo olvidar."
"Sólo dices eso porque no me puedes tener, Terrence."
"No es cierto. Te amo y me diste a Alex. Jamás creí tener un hijo tan hermoso" – explicó – "Alex es nuestro…de nuestras noches en Escocia…de las noches en que te hice mía…que te hice mujer."
Candy sintió el rubor subir a sus mejillas ante las palabras apasionadas de Terrence. Él le regaló una sonrisa sensual antes de acercar sus labios al rostro pecoso.
"No te atrevas…"- dijo ella nerviosamente.
"Eres mi mujer, Candy" – dijo con los labios a milímetros de los de ella.
"Era."
"Mía…sólo mía…no importa cuántos otros haya…sólo eres mía."
Los labios del hombre se posaron sobre los de Candy. Ella levantó las manos para apartarlo pero él enlazó sus dedos con los de ella y los sujetó a los lados de su cabeza sobre la almohada. Candy sintió que el aire le faltaba al sentir el beso de Terrence, al sentir la gentileza e insistencia con la que le pedía sumisión.
"No puedo vivir sin ti…jamás podría."
Los dedos de Candy estrujaron los de su esposo al sentirse derrotada, al saborear el whisky en su propia boca.
"Te amo…te amo."
"Otra vez…dilo…otra vez."
No importaba quien pronunciaba las palabras, sólo importaba sentirse, redescubrirse y sin control, las manos empezaron a apartar la ropa. Las manos cálidas de Terrence apartaron la tela de su bata para esconder el rostro en su pecho unos segundos antes de que sus labios volvieran a unirse en un beso largo y profundo hasta quedar sin aliento.
Sofocados apartaron sus rostros. Terrence escondió el suyo en la curvatura del hombro de Candy. Ambos corazones latían locamente, mientras el aliento de Terrence acariciaba la mejilla de Candy.
"¿Qué estoy haciendo?" – se preguntó Candy.
"Te…amo"- murmuró Terrence.
"Terrence, debes soltarme" – dijo ella con firmeza.
El actor no se movió.
"Terrence, suéltame."
Esta vez Candy lo empujó y la cabeza de él rodó sobre la almohada. Candy no supo si reírse o despertarlo a golpes al darse cuenta que se había quedado dormido.
Tomando fuerzas, lo apartó para levantarse de la cama mientras se ajustaba la bata.
"¿Qué estuve a punto de hacer? ¿Qué estaba pensando?"
Con las mejillas ardiendo, Candy se acercó a la cuna de Alex y lo tomó en brazos antes de salir de la habitación.
"¿Qué te sucede Susana?"
La actriz volvió la mirada hacia su madre que la miraba con el ceño fruncido. Las dos estaban sentadas en el comedor tomando desayuno.
"¿De qué hablas, madre?"
"Estás pensando en él ¿cierto?"
"No sé a quién te refieres" – contestó tomando una mordida de su tostada.
"Al de los cabellos largos, a Grandchester."
"No es verdad."
"¡No me mientas!" – la señora Marlowe la miró indignada.
"¡No tienes porqué gritar!"
"Te dije que no perdieras el tiempo con él. Debiste fijarte en el director de la obra."
"¿En el señor Williams ¿Estás loca, madre? Es un anciano."
"No es un anciano. Tiene una edad respetable y de seguro te hubiera ofrecido matrimonio pero no, insististe en que querías conquistar a ese actorcillo"– le recordó.
"Es que es tan apuesto."
"Si lo querías tanto, le hubieras dado un hijo."
"¡Madre!" – la miró sorprendida.
"Sé más de lo que crees, Susana y aunque no apruebo lo que hiciste…al menos lo hubieras hecho bien."
"¡Madre!"
"Ahora estás sola. El actorcillo se marchó de la ciudad y te dejó."
"No sabes que ha vuelto, madre…"
"Olvídate de él, Susana. De seguro ya tiene otra mujer."
"Una niña rubia y tonta."
"Concéntrate en tu actuación, Susana. Tienes talento y Grandchester no es el único hombre."
"Lo es para mí" – dijo con seriedad.
"¿Qué vas a hacer? ¿Esperar que regrese? ¿Sentarte en el portal de su casa?"
Susana contuvo una sonrisa. Eso era exactamente lo que estaba haciendo…vigilar la casa de Terrence, memorizar su rutina, verlo a la distancia mientras salía de la casa, seguirlo a la distancia hacia el teatro, y en otras ocasiones observar los hábitos de la nueva amante de Terrence.
"¡Tienes que reaccionar, Susana! ¡Ese hombre no te conviene!"
"Va a ser mío…yo siempre consigo lo que quiero, madre."
Terrence parpadeó pesadamente y se llevó la mano a la cabeza para apartar los mechones de su frente. Abrió los ojos con lentitud mientras un aroma a rosas invadía sus sentidos. Apoyó los antebrazos sobre la cama para levantar la cabeza y su boca se abrió de par en par al darse cuenta de donde estaba.
"¡¿Qué rayos?!"– Se llevó los dedos a las sienes - "¿Cómo llegué aquí?"
Sintiendo un vacío en el estómago, se puso de pie con rapidez y fue como si mil agujas pincharan sus sienes.
"Mi cabeza…" – tomó asiento en el borde de la cama – "Debo haber estado completamente ebrio…"
Miró a su alrededor y notó la habitación estaba vacía.
"¿Qué habré hecho?" – se preguntó con preocupación.
Albert apartó la mirada del periódico para mirar a su sobrino con impaciencia.
Stear revolvía sin cesar su té, la cucharita golpeando la taza mientras él tenía la mirada perdida. Archi también había notado el ausentismo de su hermano y decidido a sacarlo de su estupor dejó caer su palma sobre la mesa con fuerza. Tanto Albert con Stear dieron un salto en sus asientos y miraron a Archi con disgusto.
"No me miren así" – se defendió – "Stear, llevabas más de diez minutos revolviendo esa taza. ¡Me estabas volviendo loco!"
"Hubiera sido suficiente que llamaras mi atención, hermanito."
"De una manera más educada" – añadió Albert.
"¿Se puede saber por qué tienes esa cara tan temprano en la mañana?"
"No es nada" – mintió Stear.
"Sí, claro" – repuso Archi – "Es por Candy ¿no es así?"
"Hace tiempo que no la veo."
"No pongas esa cara, hermano."
"Hace tanto que se fue que no puedo dormir pensando en su regreso."
"Puede que no vuelva" – dijo Albert con cautela.
"¿Cómo puedes decir eso?" – Archi le dio una mirada furiosa – "Ella tiene que volver. Está comprometida con Stear."
"¿Has pensado que tal vez Grandchester nunca le dé el divorcio?"
"Candy dijo que lo convencería, Albert" – repuso Stear.
"No se olviden de lo testarudo que puede ser Terrence."
"Grandchester le dará el divorcio" – Archi entrecerró los ojos – "aunque lo tenga que moler a golpes."
"¿Y si no se lo da?" – Albert cruzó los brazos sobre el pecho.
Los hermanos Cornwall cruzaron miradas.
"No pensemos eso" – Stear tomó un sorbo de su té.
"Por lo pronto" – añadió Archi – "debemos preocuparnos que Grandchester le permita venir al baile de beneficencia."
"No creo que falten" – sonrió Albert – "Le envié una invitación personal."
"¡¿Qué?!"
Albert miró a sus sobrinos sin saber si debía regañarlos o calmarlos.
"¿Invitaste a Grandchester?" – preguntó Stear.
"Es el esposo de Candy" – contestó Albert.
"Sería un desastre si ese aristócrata engreído viene" – dijo Archi.
"Caballeros, basta ya" – dijo Albert con seriedad – "Se están exaltando para nada. Terrence debe estar muy ocupado con sus ensayos así que no creo que venga."
"¿Y si viene?" – Refutó Archi – "Si lo tengo frente a mí, le partiré la cara."
"No le partirás nada" – Albert lo miró con severidad – "y no lo harás para no causarle problemas a Candy."
"Sólo bromeo. Tienes razón. Grandchester tiene un trabajo."
"¿Se dan cuenta que se puede solucionar los asuntos sin recurrir a la violencia?"
Los hermanos cruzaron miradas…pero optaron por no responder a su tío.
Candy estaba almorzando con Alex cuando Terrence hizo su aparición. Llevaba el cabello mojado y peinado hacia atrás descubriendo su frente aristocrática al igual que su sonrisa apenada.
"Bue-buenos días" – tartamudeó el actor.
Candy levantó la mirada hacia él antes de ignorarlo.
"Buenos días, Candy" – repitió nerviosamente - "¿Qué me pasa?"
"Buenas tardes, diría yo"- contestó Candy sin mirarlo.
"Pa…pa…"- dijo Alex desde su silla alta, los brazos extendidos.
"Buenas tardes" – dijo tomando a Alex en sus brazos.
"Le estoy dando de comer, Terrence" – le dijo con seriedad.
"Estás disgustada."
"¿Dormiste bien?" – preguntó Candy con frialdad.
"¿Eh?"
"Mi cama es muy cómoda ¿no es verdad?"
"De eso mismo quería hablarte..."- tomó asiento frente a ella.
"¿Si? ¿Quieres cambiar de cuarto?"
"Candy… ¿cómo llegué a tu cuarto?"
Candy le dio una larga mirada mientras Alex se dedicaba a halar los cabellos de su padre.
"¿No lo recuerdas?"
"No, no recuerdo nada."
"¿Nada de nada?" – lo provocó Candy.
"No… ¿debería acordarme de algo? ¿Hice algo inadecuado?"
"¿Inadecuado? ¿Te refieres al hecho de aparecer en mi habitación a la media noche, sin ninguna consideración y despertarme?"
"Lo siento. Espero no haberte incomodado"- dijo visiblemente arrepentido.
"Eso no hubiera sucedido si dejaras de beber" – le recordó.
"Estás tan enojada" – la miró con asombro.
"¿Qué esperabas?"
"¿Te falté al respeto de alguna manera?"
"Te equivocaste de cuarto y entraste al mío."
"¿Eso es todo?"
"¿Habría algo más, Terrence?" – ella alzó una ceja.
"No sé… ¿Dije algo inadecuado?"
"¿Cómo qué?" – preguntó con curiosidad fingida.
"No sé…alguna barbaridad."
"¿Una barbaridad? No diría eso. Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad."
"Entonces…sí dije algo" – Terrence la miró con intensidad.
"Yo no he dicho eso."
Terrence se movió inquieto en su silla.
"¿Dije o no dije algo, Candy?"
"Empezaste a recitar tus parlamentos."
"¿Y?"
"Y te pedí que te fueras de mi habitación pero como estabas tan ebrio, te dejaste caer en la cama y te dormiste."
"¿Dónde pasaste la noche?"
"En tu habitación con Alex" – lo miró con severidad – "Ya te he dicho que no te quiero en esas condiciones cerca de mi hijo."
"De nuestro hijo" – la corrigió.
El ama de llaves entró en el comedor y se sorprendió al ver a Terrence.
"Buenas tardes, señor. ¿Almorzará algo?"
"Café, por favor" – le pidió él – "y un par de aspirinas."
"Necesita algo más que eso" – increpó la ama de llaves – "le traeré un buen plato de sopa."
"Pero…"
La señora salió antes que Terrence pudiera protestar. Candy esbozó una sonrisa enigmática.
"¿De qué te ríes, Candy?"
"De nada."
"¿Te ríes de mí?"
"Sería incapaz" – le dijo con sarcasmo.
Alex se levantó sobre el regazo de Terrence y apoyó las manos sobre la mesa antes de meter los dedos en la compota para llevárselos a la boca.
"Alex, no hagas eso" – le dijo Candy.
"Esos modales vienen de tu lado de la familia."
"Muy gracioso, Terrence."
Molesta, Candy se puso de pie para tomarlo en brazos pero Terrence la detuvo.
"Yo le daré de comer, Candy" – volvió el rostro hacia Alex - "Esos no son los modales de un Grandchester, caballero."
Alex levantó sus ojos azules a los de su padre e hizo gorgoritos mientras Terrence lo limpiaba.
"Eso si está gracioso."
"¿Qué es gracioso, Candy?"
"Que quieras enseñarle modales a nuestro hijo."
Antes que pudiera responder, la señora Smith regresó con una bandeja para Terrence.
"¿Qué me trajo?"
"La crema de zanahoria que tanto le gusta, señor. Es la preferida de Alex, también."
"Así que a este jovencito le gusta lo mismo que a su padre."
Terrence tomó la cucharita del té y le dio a Alex de su plato. Él bebe comió con gusto. Candy los observaba en silencio.
"¿No te parece que podríamos comer juntos de vez en cuando, Candy?"
La pregunta fue tan inesperada que Candy no supo que responder.
"Quieras o no, somos una familia, pecosa."
"Éramos una familia…tú te encargaste de destruirla."
"¿Hasta cuándo me guardarás rencor, Candy?" – levantó la mirada hacia ella.
La rubia fingió ocuparse en la falda de su vestido. ¿Cómo responderle aquella pregunta…después de lo que él había dicho la noche anterior?
"Debo hacer unas llamadas" – Candy se puso de pie.
"¿Unas llamadas?"
"A mi familia."
"¿O a tu prometido?"
"¿Cuál es la diferencia?" – le contestó antes de salir del comedor.
Terrence escuchó la puerta cerrarse y dejó escapar un suspiro.
Candy entró a su habitación y se recostó en la puerta. Tomó una bocanada de aire intentando calmar su corazón que latía a prisa.
"No lo recuerda…no se acuerda de nada…"
Avanzó hacia su cama que aún estaba sin arreglar y se tendió con suavidad sobre ella.
"Huele a él…" – se dijo mientras pasaba la mano sobre la almohada.
Cerró los ojos antes de inhalar el aroma mezclado de whisky y cigarrillo, a colonia fina y a él…olor a Terry. Se llevó el dedo índice hacia la boca y lo deslizó con suavidad sobre los labios.
"Aun puedo sentir su beso…"
Apretó los ojos con fuerza al recordar sus palabras.
"Te amo…te amo…" – la voz de Terry resonó en la habitación.
Candy, acongojada, se sentó en la cama. Se recordó a si misma que Stear era su prometido y que la esperaba en Lakewood. Stear jamás le había fallado, jamás la había lastimado como Terrence; siempre le ofrecía un amor incondicional y desinteresado.
"¿Qué rayos me pasa? ¿Cómo puedo permitir que unas palabras me aturdan tanto? ¡Son las palabras de un necio! ¡De un ebrio!"
Se puso de pie y haló las sabanas del colchón para tirarlas sobre la alfombra antes de hacer lo mismo con las almohadas.
"Por lo visto estás muy molesta."
La voz de Terrence la tomó por sorpresa y se volvió para verlo de pie en el marco de la puerta de comunicación. Alex estaba de pie junto a su padre y se sujetaba de su pantalón.
"¡Claro que estoy molesta! ¡Todo huele a cigarrillo!"
"Discúlpame Candy" – dijo con humildad.
"¿Disculparte?" – Arqueó una ceja – "Tú no tienes disculpa."
"Te prometo que no volveré a molestarte. Fue un error."
"¡Claro que fue un error! ¡Todo ha sido un terrible error desde que te conocí!"
"Candy…"
"¡No me hables!" – avanzó hacia él para levantar a Alex en brazos.
Terrence la siguió con la mirada mientras ella caminaba hacia el closet para tomar un abrigo para el niño.
"¿Vas a salir?"
"No me preguntes que voy a hacer. Yo jamás te hago preguntas."
"Porque no quieres."
"Porque no me interesa"– lo miró con rabia.
"Candy."
Ella pasó a su lado sin mirarlo y él la sujetó del brazo.
"¡No me toques!" – dijo soltándose.
Terrence la vio descender las escaleras y dirigirse hacia el vestíbulo.
"¡Que molesta está la pecosa!" – Dijo encaminándose hacia la ventana – "¿A dónde irá?"
La vio bajar los escalones a toda prisa para desaparecer entre la gente que transitaba por las calles de Manhattan. Casi enseguida vio una cabellera rubia y lacia pasar frente a su casa antes de seguir el camino de Candy.
"¡Susana!" – pensó alarmado.
Bajó las escaleras de dos en dos. El mayordomo lo miró con sorpresa.
"Mi abrigo" – le indicó Terry – "¿Dijo la señora adónde iba?"
"No, señor."
"¿Por qué no la acompañaron? Di órdenes específicas que no debía salir sola."
"Lo lamento, señor, pero la señora no lo permitió."
El actor estaba por regañar al mayordomo cuando escuchó a la señora Johnson decir que tenía una llamada de Eleonor. El actor se debatió entre salir tras Candy o contestar la llamada de su madre y optó por lo segundo.
"Debe ser casualidad que Susana haya pasado por aquí" – se dijo antes de tomar el auricular.
Candy caminaba a paso largo por las calles mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
"¡Lo detesto! ¡Es un canalla!"
Alex iba en los brazos de Candy, su barbilla apoyada en el hombro de su madre, mirando con curiosidad sus alrededores.
"¡Quiero irme! Quiero regresar a mi vida en Lakewood".
El sol brillaba con intensidad sobre la cabellera de Candy, arrancando reflejos a cada paso que daba. Más de un hombre se volvía para mirarla o dirigirle un piropo pero ella estaba demasiado abrumada para notarlos siquiera. Los pasos de Candy la llevaron hacia el Parque Central.
"Mama…" - Alex se movió inquieto en los brazos de la rubia.
"Debes estar cansado de estar en mis brazos" – le dijo Candy posándolo de pie en el suelo.
Lo tomó de la manita y avanzó hasta detenerse bajo un gran árbol que empezaba a florecer.
"Si quieres puedes sentarse junto a mí"- le dijo una voz joven.
Candy bajó la mirada para encontrarse con una jovencita pelirroja con uniforme de niñera. La chica estaba sentada sobre una manta con un niñito que jugaba con cubitos de madera.
"Gracias" – le sonrió Candy.
"¿Te hicieron llorar en tu casa? ¿Son muy malos tus jefes?" – la joven le ofreció un pañuelo para enjugarse las lágrimas.
"¿Mis jefes?" – Candy se sentó junto a ella mientras se secaba las mejillas. Alex se acercó al otro infante para jugar junto a él.
"Mis patrones me hacen llorar un par de veces al mes pero pagan bien" – suspiró – "Además, si yo no cuido a Nathaniel ¿quién lo hará?"
"¿Lo quieres mucho?"
"¡Lo adoro! Se parece a mi hermanito" – estiró la mano para acariciar la cabellera rubia del niño – "¿Cómo se llama el tuyo?"
"Alex."
"Es precioso. Sus ojos son increíblemente azules."
"Son como los de su padre" – dijo Candy con melancolía.
"¿Hace mucho que lo cuidas?"
"Él es mi hijo."
"¡Santo cielo!" – La muchacha se ruborizó – "Discúlpeme…yo…yo no sabía…es usted tan joven."
"No te preocupes" – la tranquilizó.
"Es que..."
"Me llamo Candy y ¿tú?" – le sonrió.
"Yo soy Amelia" – contestó apenada aún.
"Gusto en conocerte, Amelia. ¿Vienes con frecuencia?"
"Cuando los días están cálidos. Me gusta que Nathaniel tome aire fresco."
Una voz burlona tras ella detuvo su conversación. La rubia sintió que le faltaba la respiración.
"¡Susana!"
"Así que aparte de ser la amante de turno de Terrence, eres niñera" – dijo burlonamente la actriz.
"¿Qué quieres, Susana?" – Candy se volvió para mirarla.
"Quiero saber de qué artilugios de estás valiendo para que Terrence no se aburra de ti."
La rubia sintió que se ruborizaba ante la implicación de Susana y la mirada de Amelia.
"No sabes lo que dices" – Candy se puso de pie para enfrentarla.
"¿Qué no sé lo que digo?" – Susana posó las manos sobre la cadera – "Hace meses que persigues a Terrence y por fin lograste meterte en su cama."
"¡Oh, cielos!" – Amelia se puso de pie y tomó a Nathaniel en brazos para colocarlo dentro del coche.
"No es lo que piensas, Amelia" – dijo Candy abochornada.
"Es lo que piensas" – la interrumpió Susana – "Candy y yo somos amantes del mismo hombre."
La niñera levantó a Alex de la manta y recogió los juguetes antes de alejarse de las dos mujeres que reñían. Alex empezó a gimotear al verse sin su amigo y los juguetes. La mirada venenosa de Susana se posó sobre el niño.
"¿Quién es él?"
"Es mi hijo" – contestó Candy tomándolo en brazos.
"Ya entiendo. Necesitas dinero para criarlo y le brindas tus favores a Terrence. ¡Eres muy lista!"
"No sabes de lo que hablas."
"Tienes una cara de mosquita muerta"– Susana la tomó del brazo.
"Suéltame."
"Quiero que te alejes de él, Candy. ¡Terrence es mío!"
"¿Lo compraste en alguna feria?"
"¡Estúpida!" – la mano de Susana se levantó.
Por reflejo, Candy volvió el rostro preparándose para recibir el golpe. Alex empezó a llorar.
"¡No te atrevas a tocarla!"
Susana sintió que la tomaban con fuerza de la muñeca y la detenían. Candy abrió los ojos para ver a Terrence.
"¡¿Qué estás haciendo, Susana?!"
"¡Alejando a esta vividora de ti! ¡No tienes porqué mantener a un bastardo!"
La mirada de Terrence se entrecerró al escuchar sus palabras.
"Alexander no es ningún bastardo. Es mi hijo."
"¡¿Qué?! – Susana abrió los ojos de par en par."
"Y Candy es mi esposa."
Aquel fue el golpe de gracia. El rostro de Susana palideció de rabia y de sorpresa.
"¿Tú esposa?" – preguntó incrédula.
"Mi esposa y mi hijo."
"Pero… ¿cómo? Tú me dijiste que estabas solo."
"Lo estaba. Y también te dije que había dejado a alguien en Londres."
"No me dijiste que era tu esposa" – dijo temblorosa.
"No lo preguntaste."
Los ojos de Susana se llenaron de lágrimas y su palma se estrelló con fuerza en la mejilla de Terrence. El hombre la miró con seriedad.
"Supongo que me merecía eso."
"¡Canalla! ¡Eres un engañador!"
"Sí…fui un infiel pero a ti no te debo explicaciones. Sólo se las debo a Candy, a mi esposa."
"¡Me las vas a pagar, Grandchester!"
"No exageres. Todos sabemos que no soy tu primer amante."
Candy sentía que no podía más con la discusión que estaba presenciando y empezó a correr lejos de ellos.
"¡Candy, espera!" – llamó Terrence.
"¡Vas a lamentar haberte involucrado conmigo!" – dijo Susana tomando a Terrence por las solapas de su abrigo.
"¡Suéltame Susana! ¡Y por si no lo sabes, ya lo lamento!"
Terrence logró soltarse y corrió tras su esposa.
Candy detuvo su carrera sobre un puente para intentar calmar a su hijo. Alex estaba llorando, confundido ante hechos que no entendía pero que su alma infantil percibía. Empezó a hablarle palabras de amor para tranquilizarlo y a acurrucarlo cuando el actor la alcanzó.
"Candy."
"Déjanos tranquilos, Terrence."
"Papa…papa…"- sollozó Alex.
"Déjame tomarlo, Candy."
"No…"
"Papa…"
"Me está llamando, Candy…no seas testaruda."
Renuente, Candy le entregó al niño. Terrence le hablo con suavidad y acarició la melena de su hijo. Las lágrimas de Alex cesaron y empezó a cerrar los ojos en el hombro de su padre. Los dos guardaron silencio y evitaron hablar hasta que Alex se hubiese dormido.
"Lo lamento, Candy."
"¿Qué es lo que lamentas, Terrence? ¿Lamentas haberme dejado en Londres, el haber sido infiel o…?"
"No vamos a llegar a ningún lado si sigues con tu agresividad…le hace daño a Alex."
"Debiste pensar en eso antes."
"Lo sé…pero no sabía que Alex existía" – la miró – "Lamento muchísimo lo que sucedió con Susana pero ella no volverá a meterse contigo."
"Yo no estaría tan segura. Ella parece estar encaprichada contigo y según dice, ustedes continúan su relación."
"Eso es mentira. Hace meses que terminé con ella."
"Pues parece que ella no ha terminado contigo."
"Tarde o temprano tendrá que entenderlo. Además, estoy contigo."
"Sólo porque me obligas."
"No voy a dejar a Alex sin padre. No permitiré que le digan bastardo como lo hicieron conmigo…"
Candy podía escuchar la tristeza en su voz y sintió que se le encogía el alma.
"Terrence…"
"Intentemos vivir en paz, Candy. No soy perfecto pero intentaré hacerte feliz."
"¿Por qué?"
"Porque Alex merece un hogar feliz para crecer."
Un puñal se clavó en el corazón de Candy y palideció.
"¿Te sucede algo, Candy?"
Sí, le sucedía…esperaba otra respuesta de Terrence.
"No creo poder ser feliz a tu lado."
"Haré lo que pueda para que lo seas."
"Entonces dame el divorcio."
"Eso no es negociable, Candy…y lo sabes, así que no insistas."
Stear caminaba entre los rosales de Anthony. Los arbustos aún estaban espinosos pero se veían pequeños capullos verdes que pronto brotarían en "Dulce Candys" "Candy, mi querida Candy… ¿aún pensarás en mí?"
Ese era el pensamiento que lo atormentaba día a día desde que ella se había mudado a Nueva York. Al comienzo las llamadas habían sido diarias pero a medida que pasaba el tiempo, las conversaciones empezaban a ser menos frecuentes y menos largas.
El hombre suspiró. Comprendía que Candy estaba obligada a vivir en Nueva York para no perder a su hijo pero estaba asustado…asustado que ella lo empezara a olvidar, que olvidara el compromiso que aún tenían.
"Hoy debe llegarle la invitación…" – pensó lleno de esperanza – "Si ese canalla acepta que vengas muy pronto estaremos juntos de nuevo…Tal vez pueda convencerte que nos fuguemos…"
El hombre sonrió al pensar en la posibilidad de escaparse con Candy y convertirla en su esposa.
"Seguro que a Albert le da un ataque y a la Tía Elroy un infarto pero ¿qué importa si estamos juntos?"
Eso es lo que haría. Iba a convencer a Candy que se escaparan. Tenía que confiar en ella…confiar en que ella todavía lo amaba.
Candy y Terrence habían empezado a compartir el almuerzo por el bien de Alex.
El pequeño demostraba un apego inesperado hacia Terrence y lloraba cuando no lo veía, en particular desde que los ensayos de Terrence se habían prolongado y pasaba todo el día en el teatro. Fue entonces que acordaron almorzar juntos para que Alex viera a su padre y jugara con él.
"¿Te sucede algo, Terrence?" – preguntó Candy.
Terrence dejó caer el tenedor sobre su plato, sorprendido.
"¿Va todo bien en el teatro? Tienes cara de pensativo."
"Todo va bien" – repuso, ocultando los ojos azules de ella.
Tenía miedo que su mirada revelara el amor que estaba sintiendo, la necesidad que tenía de verla y compartir esos almuerzos con ella; sólo se atrevía a mirarla por las noches, cuando ella dormía y él volvía del teatro. Se detenía al pie de su cama para quizás apartar un mechón de su rostro. El mayordomo entró en ese instante con una bandeja en la mano.
"Esto ha llegado para ustedes, señor y señora."
"¿Para mí?" – Candy tomó un sobre.
"¿De la familia Andrey?" – preguntó Terrence en voz alta.
Candy y Terrence se miraron antes de abrir sus respectivos sobres.
Candy. Baile de Beneficencia.
No traigas a Grandchester.
Te extraño. Stear.
La rubia no pudo reprimir una sonrisa y Terrence la miró lleno de sospecha antes de leer su sobre. Su carcajada llamó la atención de Candy.
"¿Qué es?"
"Tu padre nos está invitando a un baile. Bueno, me está incluyendo a mí en la invitación."
"Es el baile en beneficencia de los huérfanos de Chicago" – sonrió Candy – "Annie me había mencionado que planeaban organizarlo."
"No creo que podamos ir."
Candy lo miró perpleja.
"¿Por qué?"
"No puedo dejar a Robert ahora."
"Pero…"
"Tendremos que decirle que no estaremos presentes" – dijo colocando el sobre la mesa.
"¿No puedo ir yo?" – preguntó Candy, muy a su pesar.
"¿Ir sola?" – levantó una ceja.
"Tengo que estar presente. Ellos me necesitan."
"¿Cómo sé que no es una trampa?" – Terrence la miró con desconfianza.
"¿Una trampa?"
"¿Cómo sé que volverás? ¿Cómo sé que no intentarás escaparte?"
"Debes confiar en mí" – lo miró a los ojos.
"¿Confiar en ti?"
"Este evento es muy importante para mí."
"Está bien. Si quieres, puedes ir pero Alex se queda conmigo."
"Terrence, por favor…"- posó su mano sobre la de él – "No puedo dejar a Alex."
"Claro que puedes. La señora Johnson cuidará de él mientras yo esté en el teatro."
"Déjame ir con Alex. Te prometo que volveré."
"¿Cómo puedo estar seguro?"
"Te doy mi palabra."
Terrence levantó su mirada hacia ella…ojos verdes, puros y cristalinos le decían que no mentía. Muy a su pesar, asintió.
"Está bien, Candy."
"¿Está bien?" – preguntó incrédula.
"Empaca tus cosas y las de Alex. Enviaré al chofer a comprar los boletos. Puedes irte esta misma noche, así tendrás tiempo para compartir con tu familia."
"¿De verdad?" – sonrió Candy.
"Ve a empacar…antes que cambie de idea."
Candy se puso de pie de un salto e impulsivamente besó la mejilla de su esposo.
"Gracias Terrence."
"Ve a empacar, Candy. Yo terminaré de almorzar con Alex."
"Gracias…gracias" – dijo antes de salir del comedor.
Una vez a solas, Terrence posó su mano donde Candy lo había besado.
La puerta del compartimiento se abrió y Terrence entró con Alex en brazos. Candy colocó una manta sobre el asiento y recostaron al niño con sumo cuidado. Terrence se acuclilló para acariciar la cabecita de Alex.
"Cuídalo mucho, Candy" – dijo antes de ponerse de pie.
"Lo haré. No te preocupes…y de nuevo, gracias."
"Deja de darme las gracias" – le dijo con seriedad.
"Espero que tus ensayos sigan progresando."
"Espero que te diviertas con tu familia…pero no con el intelectual."
"Su nombre es Stear ¿cuándo dejarás de llamarlo así?"
Terrence hizo una mueca.
"Deberías agradecer que no lo llamo de otro modo."
"¿No te das por vencido, eh?" – lo regañó Candy.
"Que tengas un buen viaje, Candy."
"Gracias."
Se miraron, una extraña tensión en el aire.
"Tengo algo para ti" – dijo Terrence súbitamente.
Candy lo observó sacar un estuche del bolsillo de su saco y él le mostró un le mostró una pulsera de oro del cual pendían cuatro dijes pequeños; una de ellas en forma de gato.
"¿Un gato?" – preguntó llena de curiosidad Candy.
"Es por nuestras iniciales: C, A, T…cat, gato en inglés" – le sonrió.
"Tienes un extraño sentido del humor" – le devolvió ella la sonrisa.
El actor colocó la pulsera alrededor de su muñeca.
"Para que no me olvides" – musitó.
Candy levantó la mirada hacia él e inesperadamente, Terrence posó sus labios sobre los de ellos en un casto beso.
"No olvides que me hiciste una promesa" – dijo antes de salir del compartimiento.
Candy se quedó de una pieza por un par de segundos antes de tomar asiento. Se llevó la mano al corazón y volvió el rostro hacia la ventana para encontrarse con los ojos azules de Terrence que la observaban.
"Terrence" – murmuró ella.
"Te amo" – pronunció sin voz.
"¿Qué?" – preguntó Candy, incrédula.
Los ojos de Candy lo miraron interrogantes mientras el tren empezaba su marcha.
Él levantó una mano en señal de despedida y ella lo imitó.
Y con un chirrido de ruedas, el tren se empezó a alejar hacia Chicago.
Susana Marlowe se miraba al espejo, su reflejo el de una mujer que había llorado por varios días. Furiosa, tomó un florero que estaba junto a ella y lo lanzó contra el espejo con un grito de rabia. El espejo se cuarteó y empezó a caer a pedazos sobre la alfombra mientras Susana se dejaba caer de rodillas y golpeaba el suelo con los puños.
"¡Lo odio! ¡Lo detesto!"
Muy a su pesar, Susana se dio cuenta que se había enamorado de Terrence Grandchester. Todo había empezado como un juego, un juego en el cual ella acostumbraba a poner las pautas…pero con Terrence había sido diferente.
"¿Cómo puede haberme cambiado por esa niña estúpida?"
En el fondo de su ser, ella sabía que Terrence nunca la había cambiado y que él jamás le había hecho promesas de amor pero se negaba a aceptarlo. Los hombres siempre caían rendido a sus pies… ¿Cómo era posible que Terrence no lo hubiera hecho?
Sintiendo un dolor en el pecho, recordó el día que se había enterado que Terrence había abandonado la compañía de teatro y que se había marchado de la ciudad…sin siquiera decir adiós – el primer indicio que ella no figuraba como persona de importancia para Grandchester.
Aun así había intentado reconquistarlo al enterarse que él había vuelto a la ciudad, fingiendo incluso un embarazo que Terrence se encargó de desmentir al llevarla al doctor. Había continuado con su asedio sólo para recibir desplantes pero lo ocurrido en el Parque Central había sido la estocada final. El enterarse que Terrence estaba casado y que tenía un hijo había sido demasiado para la actriz. Algo dentro de ella se había roto en mil pedazos.
Tomó un pedazo de vidrio del suelo y colocó la orilla sobre su muñeca.
"Vas a lamentarlo, Grandchester…de una o de otra manera vas a ser mío…."
