"Entonces, no has logrado que firme el divorcio."
Candy asintió afirmativamente mientras miraba a Miss Pony y a Sor Maria. Las tres estaban bebiendo té en la cocina mientras los niños tomaban la siesta.
"Lo que Dios ha unido no lo debe disolver el hombre" – murmuró Sor Maria.
"Pero, pero usted conoce las condiciones de mi matrimonio."
"Sí pero las cosas cambiaron o no tendrías a Alex" – le recordó ella.
"Un niño necesita a su padre" – intervino Miss Pony.
"Stear será un estupendo padre."
"No dudo que lo sea pero ¿por qué tener otro padre cuando tiene al suyo?"
"Estoy comprometida con Stear" – les recordó.
"¿Lo amas?" – preguntó Miss Pony.
"Lo quiero."
"Amar y querer no es igual."
"Stear es de confiar y Terrence no lo es" – dijo Candy sorbiendo de su taza.
"Según dices se ha portado bien contigo."
"Lo hace por Alex."
"No creo que te diría que te ama si no lo sintiera."
"Sólo lo dijo para confundirme."
"¿Confundirte?" – Sor Maria la miró con curiosidad.
"Porque venía hacia Lakewood y vería a mi prometido."
"Yo no estaría tan segura…"
"Terrence es demasiado impulsivo…demasiado voluble…es orgulloso, arrogante" - "Y así lo conociste y así te enamoraste de él" – concluyó Miss Pony.
"Es que…conmigo…cuando estábamos solos…era…es muy diferente."
Candy levantó la mirada hacia las mujeres con seriedad.
"Ustedes quieren confundirme."
"Yo diría que estas confundida por ti misma" – dijo Sor María.
"Yo…"
En ese momento Annie hizo su aparición, interrumpiendo la conversación. La morena se desató el sombrero mientras hablaba a mil por hora.
"¡Por fin pude escaparme! Mi madre insiste en que la acompañe todas las tardes al club de damas a sabiendas que estoy ocupada con el Hogar y que Candy está aquí. ¡Yo se lo dije! Le dije que mientras Candy y Alex estuvieran aquí iba a pasar cada minuto que pudiera con ella. ¿Y? ¿Dónde está mi sobrino?"
Todo eso fue dicho mientras saludaba a cada una de las mujeres con un beso en la mejilla y antes de sentarse junto a ellas.
"Alex está durmiendo la siesta con los niños."
"¡Oh, rayos! Yo que quería comérmelo a besos" – hizo un mohín.
"Aun no nos vamos, Annie" – le recordó Candy.
"Lo sé" – le sonrió – "es tan bueno tenerlos aquí."
"Es bueno estar aquí. Extrañaba mucho Lakewood y el Hogar."
"Y nosotros a ti ¿cuándo regresarás?"
"En cuanto convenza a Terrence."
"No puedo creer que no hayas logrado hacerlo" – dijo Annie pensativa – "Tenías que haberte enamorado de un testarudo ¿eh?"
"No hubiera sido divertido si no fuera así."
"¡Cierto! Recibí una llamada del Chicago Times esta mañana. Un reportero y un fotógrafo estarán presentes durante el baile."
"¿Cuánto nos costará?" – preguntó Candy.
"¡Ni un centavo! Les dije que debían sentirse honrados que los Andrey los invitaran a cubrir el evento."
"¡Annie! ¡Qué petulante!" – dijo Candy.
"¿Sí, verdad?" – Se rió – "No me mires así, Candy, al menos funcionó. Recuerda, tendremos publicidad y no nos costará nada."
"Supongo que tienes razón."
"¡Por cierto! La modista llegará en veinte minutos. Miss Pony, espero que esté lista para que le tomen las medidas."
"¿Qué?" – La anciana se retiró los lentes – "¿Para qué?"
"¿Cómo que, para qué? Para que le prueben un vestido" – dijo Annie.
"¿Para qué necesitaría un vestido?"
"Para el baile" – dijo Annie – "¿o es que no piensa venir?"
"Estoy demasiado anciana para un baile, querida Annie."
"No puede decir que no" – añadió Candy – "¿Quién mejor que usted para convencer a las personas de hacer donaciones?"
"Creo que la belleza de ustedes dos será suficiente" – sonrió Miss Pony.
"No aceptaremos un no como respuesta" – dijo Annie con firmeza.
Miss Pony estaba a punto de recordarles que era su madre pero unas risas infantiles la distrajeron. Un grupo de niñitas venía hacia la cocina, dos de ellas sujetaban a Alex que caminaba tambaleante.
"¡Candy¡!Mira a Alex! ¡No puede caminar bien!"
"Mama…"
"¡Ahí está mi sobrino!" – dijo Annie poniéndose de pie para alzarlo.
"¡Tiáni!" – gritó alborozado el niño.
"¿Escuchaste? ¡Me dijo Tía Annie!"
Candy sonrió mientras un par de niñitas se acomodaban en su regazo.
"Archi ¿quieres darte prisa?"
"Stear ¿quieres dejarme en paz? Es la tercera vez en menos de diez minutos que me interrumpes."
"¡Entonces, apresúrate! Yo ya terminé mi trabajo y Albert se marchó a una reunión, así que si no te mueves te irás en mula a Lakewood."
El menor de los Cornwall miró a Stear con los ojos entornados.
"¡Eres un pesado! ¿Lo sabías?"
"Tengo una cita con Candy esta noche."
"¿Una cita?"
"He ordenado que nos preparen una cena especial."
"¿Cuál es la ocasión?"
"Le pediré a Candy que se escape conmigo."
"¡¿Qué?!" – Archi se puso de pie – "¿Has perdido el juicio? Albert te colgará si haces eso."
"Si todo sale de acuerdo a mis planes, Candy, Alex y yo estaremos demasiado lejos."
"¿Cuándo piensas hacerlo?"
"Después del baile. Saldremos del hotel hacia la estación y nos iremos en el tren hacia California. Para cuando Albert se dé cuenta que no regresamos será demasiado tarde – sonrió traviesamente."
"Estás loco" – dijo Archi con seriedad.
"Estoy locamente enamorado de ella, hermano."
Archi contempló su respuesta antes de sonreír de medio lado.
"Lo sé."
"Es la única manera, Archi. Ese aristócrata no le quiere dar el divorcio…y yo, yo no puedo respirar sin ella."
"Te entiendo pero ¿te das cuenta que convertirás a Candy en bígama? Si Terrence los encuentra, ella puede ir a la cárcel y peor aún, perder a Alex."
"Eso no sucederá" – le aseguró Stear – "¿Nos vamos?"
Archi descansó su pluma en el tintero.
"Vamos ya…antes que me hagas perder la paciencia."
Candy, los ojos cubiertos con un pañuelo, intentaba contener su curiosidad mientras Stear la llevaba de la mano.
"¿A dónde me llevas, Stear?
"No seas tan impaciente, Candy – dio riendo – ya estamos por llegar.
Anduvieron unos pasos más antes que Stear se detuviera y desatara el pañuelo.
"Ya puedes mirar, Candy."
La rubia alzó las cejas llena de sorpresa. Estaban en el invernadero y en el centro habían acomodado una mesa para que cenaran a la luz de las velas. Uno de los mayordomos les dio la bienvenida mientras un músico empezaba a tocar la melodía de los Cornwall.
"¡Stear! No me esperaba esto"- dijo al escuchar música de violines.
"¿Te gusta?"
"Me encanta" – le sonrió – "pero ¿por qué?"
"Porque eres mi novia y te adoro" – dio besando su mejilla.
Los dos tomaron asiento frente a frente. El hombre tomó la mano de su prometida entre las suyas antes de besar el dorso. Candy lo miró con una sonrisa y levantó una mano para retirar los lentes de Stear, llena de coquetería.
"Hermosos…tus ojos son hermosos, tan cálidos."
"Y los tuyos son como esmeraldas, princesa."
"Los extrañaba tanto, Stear."
"Y nosotros a ti. ¿Cuánto tiempo más tendrás que estar en Nueva York?"
"No lo sé. Terrence es muy necio" – dijo evadiendo su mirada.
"Estoy tan feliz que estés aquí, Candy."
"No quisiera tener que irme, Stear.""
"Entonces no lo hagas" – se acercó para murmurar lleno de complicidad – "Tengo una idea…escapémonos la noche del baile. Vámonos lejos, Candy, a un lugar donde ni Grandchester ni Albert nos puedan encontrar."
"Stear, no puedo."
El hombre la miró atónito. Candy sintió su corazón latir a prisa mientras Stear escudriñaba su rostro y fruncía el entrecejo.
"¿No puedes…o no quieres?"
"No lo digas de ese modo."
"¿De qué modo quieres que lo diga?" –preguntó mientras hacía un gesto para que el violinista y el mayordomo los dejaran solos.
"Stear."
"¿Te has enamorado nuevamente de Grandchester?" – preguntó con seriedad – "¿Has vuelto a ser su mujer?"
"¡Stear! ¿Cómo te atreves?"
"Es sólo una pregunta, Candy y quiero total honestidad."
"Estoy siendo honesta contigo."
"¿Has dejado de amarme?"
"¿Por qué preguntas eso?"
"Has dejado de usar tu anillo de compromiso" –dijo apuntando hacia su mano.
Las mejillas de Candy se colorearon.
"Yo…"
"¿Dónde está el anillo, Candy?" – tomó su mano.
"Lo tengo guardado en casa."
"En la casa de Grandchester querrás decir."
"Lo guardé en mi joyero porque tenía miedo de perderlo."
"No lo perderías si lo usaras" – dijo soltando su mano con brusquedad.
Candy movió su mano hacia él y algo brilló.
"¿Qué es eso?"
"¿Qué cosa?"
"Esto" – Stear tomó su muñeca entre sus dedos.
"Un regalo."
"¿De él?" – Preguntó mirando los dijes – "¡Claro que de Grandchester! Veo que son sus iniciales."
"Stear."
"Las iniciales de los miembros de la familia Grandchester."
El hombre se reclinó en su silla y cruzó los brazos sobre el pecho.
"No puedes usar mi anillo pero sí el regalo de ese necio."
"No pude negarme. El me la dio en la estación y…"
"¿Y se te olvidó quitártelo?"
"Stear, no significa nada" – empezó a soltarse la pulsera.
"No tienes que hacer eso, Candy."
"Estás enojado."
"Estoy desilusionado" – la miró a los ojos – "y yo que nos imaginaba lejos de aquí formando una familia."
"La formaremos, Stear."
"¿Cuándo?"
"Cuando Terrence firme el divorcio."
"No lo va a hacer. ¿No lo entiendes?"
"Pero Stear…"
"Escapémonos, Candy. Olvidemos todo el protocolo, la familia, las tradiciones y comencemos de nuevo."
La mirada suplicante de Stear buscó la de Candy. La rubia se puso de pie y caminó hacia él.
"Ponte de pie" – le dijo a Stear.
El la miró extrañado pero la obedeció. Acto seguido, Candy lo abrazó con fuerzas.
"Nos iremos, Stear. Nos iremos cuando termine el baile."
"¿Estás hablando en serio, Candy?"
"Nos iremos, te lo prometo."
Stear la rodeó con los brazos y la sujetó con fuerza.
"No te arrepentirás, Candy. Te haré la mujer más feliz del mundo."
"Lo sé, Stear. Y yo seré la mejor esposa del mundo."
Terrence caminaba por la habitación vacía de Candy y Alexander.
"Huele a ella… ¿cuál es ese olor tan particular que tiene?"
Su mirada recorrió la cuna de Alex y sintió una punzada al no tener a su hijo con él.
"Lo extraño…los extraño…"
Hacía cinco días que se habían marchado pero a Terrence le parecía más de un mes. Había dejado de venir a almorzar a la casa porque no le hallaba sentido regresar a una casa vacía y se quedaba en el teatro hasta que Robert prácticamente lo obligaba a irse a descansar. Se dejó caer sobre la cama en el lado que Candy siempre ocupaba y sonrió al recordar la noche en la estación del tren.
"¿Me habrá entendido?"
Había querido decírselo después de darle la pulsera pero no se atrevió y optó por darle un fugaz beso antes de escapar. Sabía que la había sorprendido, lo vio en el rostro pecoso que lo miró a través de la ventanilla…pero no se comparaba a la sorpresa al verlo musitar una declaración de amor. Terrence suspiró y cerró los ojos.
"La amo. La amo a morir pero le hice tanto daño… ¿cómo explicarle? ¿Cómo decirle que la dejé por intentar protegerla?"
El recuerdo de Susana llegó a su mente. ¿Qué excusa tenía para su infidelidad?
"Ninguna más que soy un canalla".
Se sentía el más bajo de los hombres pero no podía echar el tiempo hacia atrás.
Abrió los ojos y miró el reloj.
"Quisiera escuchar su voz."
Se puso de pie y salió hacia el despacho para llamarla pero se detuvo a medio camino.
"Mejor no…"
Encogiéndose de hombros dio media vuelta y regresó a su habitación.
Candy desayunaba junto a su familia cuando una sirvienta entró al comedor.
"Señora Candy, tiene una llamada."
Los varones de la familia cruzaron miradas.
"¿Una llamada?" – preguntó Candy poniéndose de pie.
"Es el señor Grandchester."
"¿Terrence?"
"Sí, señora."
"Con su permiso" – dijo Candy antes de salir del comedor.
Archi dejó caer su cuchillo sobre la mesa.
"¿Qué rayos querrá ese engreído?"
"No deberías enfadarte tanto, Archi. Probablemente quiera saber de su hijo" – repuso Albert.
"¿Por qué no puede dejarnos en paz?" – masculló Archi.
"Pronto tendrá que olvidarse de ella" - Stear sonrió enigmáticamente.
Candy tomó una bocanada de aire antes de tomar el auricular.
"¿Bueno?" – contestó Candy tratando de ocultar su nerviosismo.
"Buenos días, Candy. Es Terrence."
"Ya lo sé."
"¡Es verdad!"– Se rió nerviosamente – "Beth me lo preguntó."
"¿Sucede algo? Me extraña que llames."
"Todo está bien, Candy. Sólo…sólo quería saber…como estaba Alex" – dijo permitiendo que su orgullo hablara.
"Alex está bien" – repuso Candy desilusionada – "Muy contento con sus tíos…contento como lo estoy yo."
"¿Estás muy contenta, Candy?" – preguntó temeroso.
"Mucho. Gracias de nuevo."
"Ya te dije que no me lo agradezcas. Dime algo…"
"Pregúntame algo."
"¿No has olvidado tu promesa, verdad?"
"No. Claro que no" – mintió – "Yo no soy igual a ti."
"Candy."
"Si me disculpas, Terrence, debo arreglarme para ir al Hogar."
"Está bien. Que tengas buen día."
"También tú."
Los dos miraron el auricular largamente antes de reposarlo.
"Eso no estuvo nada bien" – se dijo Terrence preocupado.
Miró el reloj sobre la pared antes de beberse el contenido de su taza de un golpe.
"Más vale que me apresure o Eleonor no me perdonará que no la espere en la estación".
"¿Está todo bien, Candy?" – preguntó Stear al verla regresar al comedor.
"Todo está bien. Sólo quería saber de Alex."
El tono amargo de su voz no pasó desapercibido para ellos.
"Pareces molesta, Candy" – le dijo Albert.
"¿Yo? Te estás imaginando cosas" – dijo regalándole la mejor de sus sonrisas.
"¿Está todo listo para mañana, Candy?"
"Annie y yo revisaremos los últimos detalles esta tarde, Albert."
"¡Perfecto!" – Dijo el patriarca poniéndose en pie – "Estoy seguro que va a ser un éxito. Muchachos, es hora de irnos."
"¿Almorzarás con nosotros, Candy?" – preguntó Stear.
"No, lo siento. Hoy quiero pasar el día en el hogar. Annie también vendrá."
"Entonces te veremos por la noche, querida" – dijo Stear besando su mejilla.
"Hasta luego, Candy" – Archi se despidió.
"Hasta luego, princesa y principito" – dijo Albert sonriendo.
"Bye" – dijo Candy agitando la mano.
"Bye…"- repitió Alex, imitando a su madre.
Los tres hombres sonrieron.
"¡Nos está diciendo adiós!" – se emocionó Stear.
"Bye…"- repitió Alex.
Candy tomó a su hijo en el regazo y lo besó en la frente.
"Talentoso…como los Andrey" – dijo Albert, guiñando el ojo.
"Es porque está con nosotros…como debe ser" – dijo Archi, orgulloso.
Los tres agitaron la mano y salieron del salón. Candy dejó escapar un suspiro.
"Si supieran que aprendió a decir adiós con su padre…"
Decidió que era mejor guardar ese secreto.
Eleonor Baker se sujetaba del tablero en cada giró que Terrence daba en su auto.
"¿Tienes que manejar tan de prisa, hijo?"
"¿Qué te pasa, madre? ¿Estás asustada?" – preguntó inocentemente.
"Yo diría que me estoy mareando con la velocidad que llevas."
"Exageras" – sonrió de medio lado – "Si fuera realmente de prisa, ya habríamos llegado a casa."
Como muchacho travieso, Terrence aceleró aún más. Eleonor consiente de su juego, le sonrió con dulzura y dijo:
"Al menos llegaré más pronto a ver a mi nieto."
"¿No lo sabes?"
"¿No sé, que?"
"Candy no está."
"¿No está?" – Lo miró con sorpresa – "¿Dónde está?"
"En Lakewood. Su familia nos invitó a un baile de beneficencia y ella partió hace unos días."
"Estoy atónita."
"¿Por qué?"
"La dejaste ir con Alex…solos. ¿Confiaste en ella?"
"Ella me dio su palabra que volverá."
"Y le creíste" – dijo triunfante Eleonor.
"¿Qué quieres decir con ese tono de voz?"
"Parece que las cosas entre ustedes han mejorado."
"No sé de qué estás hablando."
"Lo sabes perfectamente."
Terrence frenó de golpe frente a la casa y se volvió hacia su madre.
"Hemos llegado…servicio puerta a puerta."
"Recuérdame la próxima vez que envíes al chofer" – contestó – "y seguiremos esta conversación por la noche, jovencito."
"¡Oh, mamá!"
Archi siguió a su hermano al despacho y cerró la puerta con llave.
"¿Tienes todo listo, Stear?"
"Listo. Ya reservé los boletos y tengo contratado el servicio de taxi. Sólo necesito que tú te ocupes de Albert cuando empiece a hacer preguntas."
"No te preocupes. Le diré que llevaste a Candy a la casa porque Beth llamó a recepción a avisar que Alex está enfermo."
"¿No crees que irá tras nosotros?"
"Lo dudo. Tiene que quedarse acompañando a Miss Pony" – dijo Archi sonriente.
"Fue una brillante idea la de Annie sugerir que ella nos acompañara. ¿Está ella enterada del plan?"
"No le he dicho ni una sola palabra."
"Candy dijo que tampoco lo haría. No quiere involucrar a nadie."
"Lo único que voy a lamentar es no verlos en un largo tiempo."
"Te prometo que me comunicaré contigo tan pronto estemos a salvo de Grandchester."
"Te extrañaré, Stear."
"Sólo recuerda que estaré feliz junto a la mujer amada."
Desde una de las ramas del Padre Árbol, Candy observaba el panorama mientras su corazón latía con inquietud. Tan inmersa estaba en sus pensamientos que no se percató de la presencia de Annie.
"¿Qué te sucede, Candy?"
"¡Annie!" – miró hacia abajo.
"¿Qué te sucede?"
"Nada. ¿Por qué?"
"Sor María dice que desde que llegaste esta mañana no has hecho más que estar en el Padre Árbol. Eso lo hacías cuando eras pequeña y te regañaban."
"¡No es cierto!"
"Entonces algo te tiene molesta o de lo contrario no estarías trepada en es árbol como si fueras una niña…pensé que ya tenías cordura."
Candy le sacó la lengua antes de lanzarse al vacío. Annie cerró los ojos, asustada que su hermana terminara con algún hueso roto.
"Puedes abrir los ojos, Annie "– dijo de pie junto a ella.
"¿Cuándo crecerás, Candy?" - la regañó.
"¿Para qué crecer? La vida es más amena cuando eres un niño."
"Pero tu eres ya una madre" – la regañó Annie –"Compórtate como tal."
Las emociones a flor de piel de Candy la hicieron estallar en sollozos. Agitada, Annie la rodeó con los brazos y empezó a disculparse.
"Lo siento, Candy. No llores. No era mi intención. No me hagas caso."
"No lloro…por eso" – sollozó la rubia.
"¿Entonces?"
"Son tantas cosas."
"¿Por qué no empiezas a contarme una?"
"Terrence llamó esta mañana."
"¡Ajá! Yo sabía que había algo más. ¿Qué te dijo ese truhán?"
"Nada. Sólo llamó a preguntar por Alex."
"¿Y?"
"Sólo se interesó por Alex" – dijo hipando.
"Y eso es lo que te tiene molesta."
"¿Qué dices?"
"Esperabas que te llamara a ti."
"Yo no esperaba tal cosa" – refutó Candy.
"¡Mientes! Se ve en tu mirada la desilusión."
"¡Oh, Annie! No es por eso…La otra noche…la otra noche, Terrence…"
"¡¿Dónde está ese desgraciado?!"
Todas las miradas se volvieron del escenario hacia la entrada del teatro. Una mujer cuarentona avanzaba hacia ellos con furia en los ojos. Robert Hattaway se puso de pie.
"Haga el favor de retirarse. Este es un ensayo privado" – le indicó.
"¡Cállese!"
"¡Señora!"
"¡Desgraciado!" – dijo apuntando hacia Terrence.
"Creo que usted se equivoca" – empezó a decir el actor – "al dirigirse a mi de esa manera, señora."
"¿No me reconoces? Soy Elizabeth Marlowe" – dijo deteniéndose junto al escenario.
"¿En que puede servirle, señora Marlowe?" – preguntó con frialdad.
"¡Quiero que te hagas responsable por lo sucedido a mi hija!"
"¿De qué habla? ¡Ah! Y hágame el favor de bajar su voz al hablar conmigo."
"¡Susana! ¡Por tu culpa Susana casi muere!"
Las exclamaciones de sorpresa no se hicieron esperar. Robert miró a Terrence.
"No tengo la menor idea de lo que habla, señora" – contestó Terrence.
"¡Susana intentó quitarse la vida por tu culpa!" – lo acusó.
"¿Mi culpa? Debe estar bromeando."
"¡Ella confió en ti! ¡Confió en tu amor!"
"Lo que nosotros tuvimos nunca podrá ser calificado como amor, señora."
"¡Tú le debes, Grandchester!"
"¿Le debo?" – se rió con sarcasmo – "Deje de hablar tonterías."
"Te llevaste su honor."
"Susana ya había perdido su honor cuando llegó mi turno" – dijo hiriente.
Elizabeth Marlowe lo miró con los ojos entrecerrados, llena de rabia.
"Ella lo ama. Lo ama tanto que atentó contra su propia vida y ahora no quiere volver a vivir."
"Eso, señora mía, no es mi problema."
"Le debe Grandchester. Sólo podrá pagarle con su apellido."
"Eso es imposible puesto que le he dado mi apellido a una dama."
Todos los actores cruzaron miradas de sorpresa.
"Ahora, le ruego que se marche y se deje de reclamos estúpidos."
"Vas a pagar por esto, Grandchester. Me encargaré que todos los periódicos sepan la clase de hombre que es."
"Haga lo que mejor le parezca" – repuso con indiferencia.
La señora Marlowe intentó subirse al escenario para golpearlo pero Robert la detuvo con la ayuda de otros actores.
"Mejor márchese, señora."
"¡Las va a pagar! ¡Las tiene que pagar!"
Karen se acercó a Terrence y lo miró.
"¿Estás casado?"
"Y tengo un hermoso hijo."
"Terry, tenemos que hablar" – la voz de Robert los interrumpió - "Los demás, tomen un descanso."
Robert hizo un gesto con la mano y Terry lo siguió a la oficina.
"Estás metido en un lío, Grandchester."
"¿Yo?"
"Esa mujer está decidida a ir a los periódicos y hablar de tu infidelidad. Ese no es el tipo de publicidad que esperaba para la obra."
"Lo siento, Robert."
"Tienes que hacer algo para tranquilizarla."
"¿Cómo qué?"
"Logré calmarla diciendo que irías a visitar a su hija esta tarde."
"¡¿Tu, qué?!"
"Era el único modo, Terrence. Lo siento."
"Me niego" – cruzó los brazos.
"Hazlo por mí ¿quieres? Hazlo por la obra. No podemos permitir que publicidad negativa nos llegue antes del estreno."
"Robert…"
"Compórtate como el buen actor que eres…dale gusto y convéncelas que lamentas lo que Susana hizo."
"Eso sería como aceptar una culpa."
Robert Hattaway lo miró pero no pronunció ni una palabra más.
Annie miró a su amiga largamente mientras ella se secaba las lágrimas.
"No sé qué hacer, Annie."
"¿Qué te dice tu corazón, Candy?"
"Mi corazón me dice que le crea."
"¿Y tu cabeza?"
"Que me vaya con Stear."
"¿Y a quien le harás caso?"
"No lo sé…"
"Dicen que las experiencias son para algo, Candy."
"Mis experiencias sólo sirven para confundirme."
"¿Te gusta vivir con Terrence?"
"Pues…él no es desagradable y se comporta maravillosamente con Alex."
"Al igual que Stear."
"Pero Alex pregunta por su padre…no creo que sería justo."
"¿Sería justo para Stear?"
"Yo lo quiero" – dijo Candy.
"Hermana, tú sabes tan bien como yo que el amar y el querer no es igual."
"Annie ¿qué debo hacer?"
"¡Esto si es gracioso! Toda tu vida has hecho lo que mejor te ha parecido y ahora quieres consejos…. ¡pues no! La decisión es sólo tuya."
"¡Vaya ayuda que eres!" – dijo secándose las lágrimas.
"Sólo tú puedes decidir sobre tu destino."
"No es tan fácil. Alex también está involucrado en este asunto."
"Alex es pequeño…se adapta fácilmente a cualquier situación."
"¿Me estás diciendo que me vaya con Stear?"
"Te estoy diciendo que tomes la decisión que te hará menos infeliz."
Unas voces infantiles llamaron su atención. Los niños del hogar estaban subiendo la colina en compañía de Alex.
"¡Mamá!" – llamó Alex.
"¡Candy, Candy! ¡Alex me echó la leche encima!" – se quejó una niña.
"¡Y estaba persiguiendo a los patitos!" – dijo otra.
Candy y Annie se miraron, un deja-vu llenando sus memorias.
Terrence entró a su casa azotando la puerta. Eleonor lo miró asustada.
"¿Se puede saber que te sucede?"
"¡Nada!"
"¿Nada? ¿Y por eso casi rompes la puerta?"
"¿Quieres un trago, mamá?"
"Una copita no me caería mal."
El hombre se encaminó hacia el bar y empezó a servir los tragos. Volvió a ella e hicieron un brindis en silencio antes de beber. Terrence se tomó el suyo a trago largo y se dejó caer en una butaca. Eleonor lo observó en silencio y esperó.
"Mamá…tengo un problema."
¿Cuál será?"
"Susana."
"¿Susana? ¿Te has vuelto a ver con ella?"
"No por interés propio. Ella no me deja en paz. Me persigue y persigue a Candy. Se atrevió a seguir a Candy al parque y le dijo que seguíamos siendo…"
"¿Amantes?"
"¡Madre!"
"Sigue con tu historia."
"Tuve que ponerla en su sitio y decirle que Candy es mi esposa y le dio un ataque de furia saber que era la otra."
"¿No se lo habías dicho?"
"No explícitamente…pero le había dicho que había dejado a alguien en Inglaterra. Como te imaginarás, no lo tomó muy bien…y hoy su madre fue a verme al teatro. Me dijo que Susana intentó suicidarse…por mi culpa."
"¡Oh, Terrence!"
"Nos amenazó con hablar con los periódicos si no voy a visitar a Susana. Robert me pidió que lo hiciera."
"¿Y…que has pensado hacer?"
"Si es por mí, Susana puede pudrirse."
"¡Terrence! No hables así."
"Madre, ella no era ninguna doncella cuando tuvimos nuestro idilio. Esto era un juego y ella lo sabía."
"Mira que caro te está saliendo el juego."
"Ya lo sé…"
"Si no hubieras dejado a Candy con tu padre. Nunca me has dicho por qué lo hiciste."
"Y este no es el momento. Las cosas se han complicado horriblemente, madre."
"Tal vez debas enfrentarlas."
"¿Qué?"
"Debes ir a ver a Susana."
Lo primero que Terrence notó era lo pálida y demacrada que Susana se veía.
Elizabeth Marlowe se puso de pie de un salto al verlo llegar y se encaminó hacia él con furia.
"¡¿Qué hace aquí?!"
"¿Cómo que, qué hago aquí?" – Terry la miró con seriedad – "Usted me pidió que viniera."
"¡Lárguese!"
"Señora, mejor cálmese" – Eleonor apareció tras su hijo.
"¿Quién es usted?"
"Soy la madre de Terrence."
¿Así que usted engendró a este…?"
"¡Mamá!"
Los tres volvieron las miradas hacia la cama. Susana había despertado al escuchar las voces.
"¡Viniste!" – Dijo con lágrimas en los ojos – "¡Viniste a verme!"
La rubia levantó una mano hacia él, la muñeca cubierta en un vendaje.
Terrence estaba tentado a decirle que se había visto obligado pero decidió guardar silencio.
"¿Le parece si nos tomamos un café, señora Marlowe?"
Elizabeth miró a Eleonor y asintió.
"Volveremos enseguida, Susana" – le dijo a su hija antes de salir.
Una vez a solas, Susana buscó la mirada de Terrence.
"Acércate…"- le imploró.
El actor se detuvo junto a ella. Susana posó su mano sobre la de él.
"Me alegro tanto que estés aquí."
"¿Por qué lo hiciste, Susana?"
"Porque te amo."
"¿Cómo puedes amarme si no te amas a ti misma?"
"Te amo más que a mí misma" – dijo dejando lágrimas resbalar por su rostro – "¿no lo sabes, ya?"
"Susana" – dijo retirando su mano – "Sabes que no puedo corresponderte."
"Puedes divorciarte."
"No lo haré."
"Tú dijiste amarme."
"Nunca dije eso" – dijo con seriedad – "Lo nuestro no fue amor."
"Se convirtió en amor."
"No fue algo mutuo."
Un sollozo se escapó de la garganta de Susana y se llevó las manos hacia el rostro.
"Susy, no quiero causarte daño."
"Ya lo causaste."
"Entonces, no quiero causarte más daño. Olvídate de mí, olvida lo que tuvimos."
"¡Jamás!" – Lo miró – "¡Te amo y vas a ser mío!"
"No puedes obligarme a ser tuyo."
"Tal vez tu mujer pueda convencerte."
Una alarma se disparó en la cabeza de Terrence.
"¿A qué te refieres?"
"¿Qué crees que diga tu linda mujercita cuando sepa que intenté quitarme la vida por tu culpa?"
"¿Mi culpa?"
"¡Tú culpa! ¡Tú me engañaste! ¡Tú me hiciste creer que serías mío!"
"¡Estás loca!" – dijo él perdiendo la paciencia.
"¿Qué crees que dirán los diarios cuando sepan que me empujaste al suicidio?"
"Aun estás viva."
"Pero puedo morirme" – lo amenazó.
"¡Estás desquiciada! Lo que necesitas es que te internen en una clínica de reposo."
"Y lo que tú necesitas es estar conmigo" –dijo con dulzura – "Yo sería una esposa perfecta para ti. Piénsalo. "
"Tengo un hijo, Susana."
"Puedo criarlo por ella."
"¡Deja de hablar incoherencias!"
"¿Incoherencias?" – Se rió – "¿No te das cuenta? Yo tengo el sartén por el mango. Te puedo destruir Terrence. Puedo destruir tu carrera antes que empiece…o puedo destruir a tu familia."
Los ojos de Terrence se entrecerraron.
"Has perdido el juicio."
"Estoy hablando muy en serio, Terrence. Los accidentes pueden ocurrir."
"¡No me amenaces!"
"No es una amenaza. Es una advertencia" – le sonrió.
"Sabía que sería un error venir a verte."
"Pero lo hiciste."
"Porque Robert me lo pidió. Entiende de una vez que no quiero tener nada que ver contigo."
"¡Eres mío, Terrence!" – lo tomó del brazo.
"¡No soy tuyo!" – Se soltó – "¡Adiós Susana!"
"¡Espera!" – ella se levantó a toda prisa de la cama para sujetarlo.
"¡Suéltame!"
Susana sintió un mareo envolverla y se llevó la mano a la frente.
"Ter…"-logró musitar antes de caer al suelo.
"¡Susana!" – exclamó sorprendido.
"Ayúdame" – murmuró casi inaudible.
Terrence la levantó en brazos y ella rodeó su cuello con los suyos.
"Estás débil" – dijo depositándola con suavidad en el lecho.
"No me dejes" – murmuró ella.
"Suéltame ya, Susana" – dijo intentando alejarse.
"Te amo"– dijo atrayéndolo hacia ella.
El actor reaccionó demasiado tarde. Los labios de Susana se unieron a los suyos…y lo mantenía retenido con una fuerza inesperada.
"¡Eres una manipuladora!" – exclamó Terrence al soltarse, enfadado.
Susana rió.
"¡Siempre consigo lo que quiero!"
"¡A mí no me vas a tener!"
"Ya veremos."
"¡Adiós Susana!"
Terrence llegó a la puerta cuando su madre regresaba con Elizabeth.
"¡Nos vamos, madre!"
"¿Tan pronto?"– preguntó la señora Marlowe.
"Ya cumplí con lo que Robert le prometió" – la miró – "¡Ahora, déjeme en paz!"
"¡Terrence! – exclamó Eleonor sorprendida."
"Usted tiene un deber con mi hija."
"Su hija quiere algo que yo no puedo darle, señora."
"Tendrá que compensarla de algún modo."
"¿Quiere dinero? ¿Es eso?" – Terrence la miró asqueado.
"Mi hija quiere su amor, Terrence."
"Eso no puedo dárselo."
"Los hombres casados tienen amantes."
Ahora fue el turno de Eleonor de sorprenderse.
"¿Es eso lo que desea para su hija?" – preguntó ella.
"Yo solo quiero que mi hija sea feliz, señora Baker."
"No tengo ningún interés en tener amantes, señora…si es que puede llamársela así"- dijo con sarcasmo.
La mano de Elizabeth se estrelló en la mejilla de Terrence. Eleonor se interpuso entre ellos y miró a la mujer con enojo.
"¿Cómo se atreve?"
"Su hijo es un desgraciado."
"Empiezo a comprender por qué su hija hizo lo que hizo."
"¿Me está culpando a mí, señora Baker?"
"Usted está desquiciada."
"¡Actriz de tercera!"
Terrence tomó a su madre del brazo.
"No perdamos más el tiempo, madre."
"¡Lo va a lamentar, Grandchester ¡Se lo juro!"
La respuesta de Elizabeth fueron los pasos que se alejaban por el pasillo.
Era más de medianoche y Candy daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño.
"¿Será contagioso el insomnio?" – se preguntó envolviéndose en la bata.
Atravesó la salita de estar y entró a la guardería. Alex dormía profundamente en su cunita, un bracito sobre su cabeza, el otro sobre su vientre. Candy no pudo menos que sonreír al comprobar que su hijo dormía en la misma posición que Terrence.
"La primera vez que lo vi así fue en Escocia…" – recordó con melancolía – "¡Que lejanos son esos recuerdos!"
Acarició con suavidad la cabecita de Alex, apartando los cabellos oscuros y sedosos de su frente.
"Debería cortar su cabello. Es increíble que tenga tanto cabello."
Alex en verdad era una réplica en miniatura de su padre.
"¿Habrá regresado ya del teatro?" – se preguntó Candy mientras caminaba hacia el jardín.
Sus pasos la llevaron hacia el rosal de Anthony mientras las estrellas brillaban sobre su cabeza. Un suspiro se escapó de sus labios al pensar en él y en sus palabras dichas sobre el andén del tren.
"Esta vez no estaba ebrio…"
Levantó su muñeca y la pulsera brilló bajo la luz de la luna.
"Terry…eres tan complicado…tan arrogante…y tan dulce cuando quieres".
Tomó asiento en una banca y levantó la mirada hacia el cielo.
"¿Estarás pensando en mí? ¿En nosotros? ¿O estarás ocupado con otra?"
Esa pregunta le dolía en el alma y prefería no saber la respuesta.
"¿Cómo confiar en él? Terrence no ha hecho más que mentirme desde el comienzo. Me abandonó y salió con Susana…"
Llevó la mirada hacia la pulsera en su muñeca, otra vez y las palabras de Terry hicieron eco en su cabeza.
"No olvides que me hiciste una promesa".
Candy sacudió la cabeza
"Fue un promesa tonta tal como las que él me hizo a mí." – se recordó.
A corta distancia, un jinete la miraba y empezó a acercársele, las pisadas del caballo bastante silenciosas en el suelo húmedo. El resoplido del caballo sobre la nuca de Candy la hizo saltar hacia el suelo mientras Albert soltaba una carcajada.
"¿Qué haces aquí tan sola, Candy?"
"¡Albert! ¡Por poco me matas de un susto!"
"No sabía que podías volar, Candy."
"Muy gracioso. ¿Qué haces fuera de tu cama?"
"Eso mismo te pregunto yo, princesa" – dijo apeándose.
"No podía dormir ¿y tú?"
"Tampoco. Por eso salí a cabalgar."
"¿Es ese un hábito de los hombres?" – Levantó una ceja – "Terrence hace o hacía lo mismo en Escocia cuando no podía dormir."
"Debe ser casualidad" – repuso Albert – "Dime ¿por qué no puedes dormir?"
"No lo sé."
"¿Será que extrañas a Terrence?"
"¡No es verdad!"– lo miró con seriedad.
"¿Segura? Porque me parece que estás tratando de convencerte que no lo extrañas."
"¡Albert! ¿Cómo puedes decir eso? "
"Puedes extrañarlo. Es tu esposo y es el hombre con el que vives hace meses."
"Porque no tengo otra alternativa."
"¿Segura?"
"Segura. No puedo esperar a que me dé el divorcio para casarme con Stear."
"¿En verdad quieres casarte con él?"
"¡Claro que sí! Le di mi palabra."
"Un matrimonio sin amor no es recomendable, Candy."
"Ya lo sé. ¿Se te olvida acaso las condiciones en las cuales me casé con Terrence?"
"Su relación cambió, Candy, o no tendrías a Alex."
"¿Has estado hablando con Miss Pony o Sor María?" – lo miró curiosa.
"¿Por qué dices eso?"
"Porque me estás dando el mismo sermón que me dieron ellas. ¿Qué les pasa?"
"Sólo estamos preocupados por ti. Queremos lo mejor para ti y para Alex."
"¿No crees que Stear sea lo mejor?"
"No si tu corazón pertenece a otro. Dime, Candy ¿te has vuelto a enamorar de Terrence?"
"No. "
"¿De verdad? Yo te vi muy emocionada esta mañana cuando llamó."
"Sólo porque llamó a preguntar por Alex."
"¿Y por qué lo dices tan desilusionada?"
"Te estás imaginando cosas, Albert."
"Yo creo que Terrence es más importante para ti de lo que quieres admitir."
"¡Que necio eres!"– dio una patada en el suelo.
"No me vas a convencer con ese gesto, Candice" – dijo con seriedad – "¿Por qué no tratas de formar un hogar con tu marido?"
"No puedo confiar en él."
"Tal vez él pueda ganarse tu confianza."
"¿Quieres que vuelva con él?"
"Terrence no es santo de mi devoción pero…"
"¿Pero qué?"
"Cuando llegaste tenías un brillo que no había visto en mucho tiempo."
"Era porque estaba feliz de verlos."
"No. Era otro brillo."
"¡Pamplinas!" – dijo Candy.
"¿Qué manera de hablarle a tu padre es esa?"– Albert levantó una ceja.
Candy soltó una carcajada y se acercó a él para besar su mejilla.
"Disculpa, padre" – dijo con sarcasmo – "Buenas noches."
"Buenas noches, Candy" – le sonrió – "Trata de dormir. Mañana es la gran noche."
"Sí, la noche en que me iré con Stear" – pensó mientras se alejaba.
Eleonor observó a Terrence abrir la cigarrillera antes de cerrarla con fuerza y arrojarla sobre el escritorio. La mujer contuvo una sonrisa al comprender el cambio de su hijo.
"Te dije que sería una pérdida de tiempo ir a verla" – murmuró Terrence – "¡Susana está loca!"
"Lo siento, hijo."
"¡Me amenazó, madre! ¡No sólo a mí pero a Candy y a mi hijo!"
"¿Qué es lo que esa mujer quiere?"
"Me quiere a mí. Quiere que deje a Candy y me case con ella."
"¿Sería tan malo?"
"¿Malo? ¡Sería terrible! ¡No podría vivir sin Alex y Candy!"
"¿Por qué?"
"¡Porque la amo!"
"¡Ajá!" – Exclamó llena de gozo Eleonor – "¡Lo sabía!"
"¡Madre!"
"Nunca te había escuchado decirlo" – le sonrió – "Me alegro que lo admitas."
El actor bajó la mirada e hizo un mohín.
"¿Se lo has dicho?"
"Ella…debe saberlo."
"¿Se lo has dicho?" – repitió Eleonor.
"Se lo dije en el tren…"- admitió avergonzado.
"¿Qué te dijo?" – preguntó más alborozada Eleonor.
"Nada."
"¿Cómo que nada?"
"Bueno pues…realmente no tuvo tiempo de decirme algo."
"¿Cómo dices?"
"Es que…ella estaba en su compartimiento y yo estaba en el andén."
Eleonor le lanzó un cojín sobre la cabeza.
"¡Terrence Grandchester! ¿Por qué no se lo dijiste en persona?"
"¿No tuve el valor?" – La miró de soslayo – "Le he causado demasiado dolor, madre. Ella debe odiarme. La dejé, luego la obligué a regresar conmigo mientras ella estaba comprometida…Candy ya no me ama."
"¿Te ha dicho eso?"
"No en tantas palabras."
"Si no lo ha dicho, hay esperanzas."
"No lo creo."
"¡No seas pesimista!" – Se acercó a Terrence – "¡Tienes que decírselo en persona!"
"Tal vez."
"¿Tal vez?" – lo haló de la oreja.
"¡Madre!" – exclamó dolido.
"Se lo vas a decir. Es más se lo vas a decir ahora mismo."
"¿Qué? No la puedo llamar. Deben estar durmiendo."
"¿Llamarla? Estas cosas se hacen en persona. Ahora mismo te vas a Chicago."
"No puedo. Tengo que trabajar."
"¡Claro que puedes!" – Lo hizo levantar de la butaca – "Mañana es sábado y pueden regresar el Domingo. ¿Tienes idea de cuánto se sorprenderá Candy al verte? El que vayas a acompañarla durante un evento tan especial en su vida dirá mucho de tu sinceridad."
"Mamá…"
"¡Nada! Te vas a Chicago a decirle que la amas y que no puedes vivir sin ella."
"Pero…"
"¡Tienes que ir, Terrence! Piensa ¿quieres que Candy esté del brazo de su prometido mañana?"
"No."
"Entonces, no hay nada más que discutir."
"Tienes razón" – sonrió a su madre – "Iré a Chicago."
Stear parpadeó al escuchar unos leves toques en su puerta. Se sentó en su lecho y estiró la mano para buscar sus lentes.
"No los necesitas…"- dijo una voz femenina.
"¡Candy!" – Exclamó sorprendido al sentir que ella detenía su mano - ¿Qué haces aquí?
"¿Te molesta?" – le preguntó sentándose en la orilla de la cama.
"Me sorprende" – dijo mirándola.
"No puedo dormir" – le sonrió – "¿podemos hablar?"
El hombre miró a la mujer frente a él, la luz de la luna se filtraba por la ventana y podía admirar sus facciones.
"¿Te preocupa algo, Candy?"
"No quiero estar sola."
