El tren avanzaba con rapidez, rompiendo el silencio de la noche. Terrence sentía su corazón latir al ritmo de las ruedas que giraban sin cesar. "Can-dy…Can-dy" parecían decir, un llamado desesperado hacia la mujer que amaba y que había lastimado en tantas ocasiones. El actor alcanzó a ver una estrella fugaz y pidió un deseo antes que desapareciera por completo.

"¿Cuándo fue la última vez que hiciste eso, Grandchester?" – se preguntó con cinismo.

A su mente llegó un recuerdo lejano: el recuerdo de un niño que lloraba todas las noches y llamaba a su madre. Habían pasado años para que su deseo se cumpliera pero ahora podía decir que tenía una madre y quien era.

"¿Pasarán años antes que Candy me perdone?"

¿Cómo pedirle perdón a una mujer por haberla abandonado? ¿Cómo pedirle perdón por haberla engañado con otra mujer o por haberla "entregado" a otro hombre?

"Fui un inconsciente. ¿Cómo pude decirle a Stear que se la regalaba? ¡Como si ella fuera un objeto!"

Nervioso y llevado por el instinto llevó la mano hacia el bolsillo de su saco para buscar la cigarrera y una sonrisa de dibujó en sus labios al encontrar la armónica.

"Te saliste con la tuya, pecosa…"

Sintió un hormigueo recorrer su cuerpo al pensar en ella. Ansiaba tenerla frente a él, quería perderse en su mirada verde y decirle cuanto la amaba. Miró su reloj y calculó que estaría llegando a Chicago alrededor del mediodía; se dijo que debía dormir un poco pero estaba demasiado ansioso.

"¿Qué pensarás al verme, pecosa mía? ¿Te emocionará tanto como me emocionará a mi?"

Un escalofrío corrió por su cuerpo y se dio cuenta que tenía miedo. Miedo de sufrir su rechazo, miedo de perderla, miedo que ella se hubiera enamorado de Stear.

Hizo un mohín de disgusto al recordar que Candy le había dicho que era la mujer de Stear y que él era mejor amante.

"Ella es mía…" – pensó posesivo – "No me importa si ha estado con otro. ¡La conquistaré! Cornwall no se va a quedar con ella."

Candy le había enseñado lo que era el amor y con ella lo había vivido por primera vez en su vida. Ahora comprendía lo que hablaban los poetas y lamentaba haber huido. Su cobardía le había hecho perder el embarazo de Candy y los primeros meses de la vida de Alex…e involucrarse con una mala mujer.

"Tengo que cuidarlos de Susana. Tienen que estar conmigo".

Se puso de pie junto a la ventanilla y miró hacia la luna.

Albert se detuvo en seco en el pasillo al escuchar un llanto infantil.

"¿Qué le pasará a Alex?" – se preguntó mientras giraba sobre sus talones.

Se dirigió hacia la guardería y abrió la puerta esperando encontrar a Candy pero el rostro de Alex fue el único que lo recibió. Alex estaba de pie, sujetándose de las barras de la cuna, el rostro bañado en lágrimas.

"¿Qué te pasa, pequeñín?" – preguntó acercándose.

"¡Mama! ¡Mama!" – gimoteó"

"Mami debe estar profundamente dormida si no ha escuchado tus alaridos" – dijo tomándolo en brazos.

"¡Mama!"

"No llores, Alex…ya vamos por tu mami."

Albert avanzó hacia la puerta de comunicación de la guardería con la recamara de Candy.

"¿Candy?" – llamó en voz alta, sorprendido al ver la habitación vacía.

"¡Cady!" – repitió Alex.

El rubio recorrió la pieza con la mirada mientras Alex empezaba a llorar con más ímpetu.

"Calma, Alex, calma" - dijo acariciando su cabeza – "ya encontraremos a mami."

El bebé echó la cabeza hacia atrás para alejarse de él mientras lloriqueaba desesperado. El gesto sorprendió a Albert pero no pudo contener una sonrisa.

"¡Por todos los cielos! Tienes el temperamento de Terrence."

Alex lo miró al reconocer el nombre de su padre.

"¡Téns!" – exclamó.

"No, Terrence no está aquí…y tampoco tu madre."

Albert frunció el ceño y rogó que no fuera lo que estaba pensando.

Los labios de Stear se deslizaban desde su mejilla hacia su cuello con lentitud. La rubia cerró los ojos y volvió el rostro hacia la pared, estremeciéndose en los brazos de su prometido.

"¿Estás apenada?"

"Algo así…"

"Candy…"- empezó a decir pero ella llevó sus dedos hacia los labios masculinos para acallarlos.

"Escucha" – dijo incorporándose.

"¿Qué sucede?" –preguntó él.

"Es Alex y está llorando."

Candy se levantó con rapidez y recogió su bata del suelo.

"Te acompaño" – dijo Stear.

"No es necesario que te molestes" – dijo vistiéndose.

"No es molestia. Es mi bebé también ¿recuerdas?" – dijo poniéndose las pantuflas.

Los dos corrieron por el pasillo hacia Alex. Candy fue la primera en llegar y abrió la puerta.

"¡Albert!" – exclamó sorprendida.

Albert Andrey se volvió y miró a los recién llegados con el ceño fruncido.

"¿Dónde estabas, Candy? Alex lleva rato llorando."

"Estaba con Stear."

"¿Y no lo escuchabas?"

"No, no lo escuché" – dijo tomando a Alex en brazos.

"¿Se puede saber que hacían?"

"Estábamos platicando" – repuso Stear.

"Hablábamos de nuestro compromiso, Albert" – dijo ella.

Stear estaba por encarar a su tío pero la voz de Candy lo distrajo.

"¿Qué te sucede, amor? ¿Por qué lloras?" – le pregunta a su hijo.

Alex lloraba a lágrima viva, gruesas gotas fluyendo de sus ojos.

"¿Estará enfermo?" – preguntó Stear, tocando la frente del bebé.

El nene respingó ante su contacto, sorprendiendo a todos.

"Está de mal humor"- murmuró Candy tocando su frente – "No, no tiene fiebre."

"¿Serán los dientes?" – preguntó Albert.

"A ver…"- abrió con delicadeza la boca del bebe – "Puede ser…le está saliendo otro."

"Llora con tanto sentimiento" – dijo Stear con desconcierto.

"Tal vez se sintió abandonado…te tardaste bastante en aparecer, Candy."

"Jamás lo había escuchado llorar así" – dijo Candy arrullándolo.

"Pobre principito…tan adolorido y su madre…platicando."

Candy y Stear levantaron sus miradas hacia Albert, sorprendidos ante el tono de voz que estaba empleando. Alex se llevó la manita a la boca y empezó a mordérsela.

"¿Qué te sucede, Albert?" – preguntó Candy.

"¿Qué les sucede a ustedes?"

Molesto, Stear dio un paso al frente para enfrentar a su tío. Albert lo imitó. Candy tragó en seco al darse cuenta de lo que iba a suceder.

"Albert, no es lo que piensas."

"Candy, no tienes que darle explicaciones" – dijo Stear.

"Albert ¿podemos hablar mañana?" – Dijo Candy ruborizada – "Estoy muy cansada."

Albert bajó la guardia al escuchar su tono de voz.

"Está bien, Candy. Hablaremos mañana."

"Buenas noches" – dijo ella besando su mejilla, y luego la de Stear.

Candy les sonrió antes de entrar en su habitación y cerrar la puerta. Una vez a solas en la guardería, Albert se volvió hacia su sobrino.

"¿En qué están pensando, Stear?"

"Basta ya, Albert. Somos mayores de edad."

"Esperaba más de ti, Alister. ¿Se les ha olvidado que Candy es una mujer casada?"

"Si Candy está casada aún es porque Grandchester no le da el divorcio."

"¿Estás seguro?"

"¿Qué quieres decir con eso?"

"No estoy convencido que ella haya olvidado a Terrence…y lo que es peor, creo que tú lo sabes."

"Candy es mía, Albert. Y si me disculpas, me voy a dormir" – le dio la espalda.

"Buenas noches, Alister."

Una vez a solas, Albert se mordisqueó el labio inferior, lleno de preocupación.

Candy recostó con delicadeza a Alex junto a ella y colocó una almohada en la orilla para prevenir una caída. El bebé se movió para tomar su postura preferida al dormir. La mujer sintió sus ojos llenarse de lágrimas.

"Es igual a Terrence…"

Recogió las rodillas hacia su pecho y las abrazó mientras empezaba a llorar.

"¿En que estaba pensando?"

La respuesta es que no estaba pensando.

"¿Qué estuve a punto de hacer?" – se preguntó Candy cubriéndose con las sabanas.

Había estado a punto de entregarse a Stear y convertirse en su mujer.

"Stear es tan bueno… ¿qué me pasa? ¿Por qué no puedo?"

Se volvió hacia Alex y acarició su cabeza.

"Si no fuera por ti…"

En medio de su sueño, el bebé se rió.

"¿De qué te estarás riendo, pequeño?"

A la mañana siguiente, Candy terminaba de arreglarse cuando Albert llamó a su puerta.

"¿Podemos hablar?"

"Por supuesto."

Albert tomó asiento en la butaca junto a la cama.

"Puedo ver que estás molesta conmigo, Candy."

"No estoy molesta."

"Lo veo en tu mirada."

"Son ideas tuyas."

"Tus ojos no saben mentir, Candy" – dijo tomando su mano – "No te enojes conmigo."

"Fuiste muy grosero, anoche."

"Tenía mis razones."

"No, no las tenías. Nada pasaba entre Stear y yo."

"No puedo creerte, Candy. Vi tu apariencia y la de Stear…era más que obvio."

"Nada ocurrió entre nosotros."

"Si es así, tengo el presentimiento que fue gracias a Alex…Candy, no te olvides que estás casada."

"Y tú, no te olvides que él me abandonó, me pidió el divorcio y luego regresó para obligarme a vivir con él."

"Estás resentida y el resentimiento puede ser mal consejero. Tú no amas a Stear."

"¿Cómo puedes asegurarlo?"

"Lo veo en tu mirada, lo escucho en tu voz."

"Tienes una gran imaginación."

"Te estoy diciendo lo que veo."

"Repito, tienes una gran imaginación" – dijo indignada – "¿Quién eres tú para saber lo que siento o no?"

"Te conozco desde pequeña, Candy" – dijo con suavidad.

"¿Y?"

"Candy, sólo te pido que no te dejes llevar por tus impulsos. Y si te dejas llevar por ellos, que no sea bajo mi techo y mi responsabilidad. No me conviertas en tu cómplice."

"¡Albert!"

El hombre se puso de pie.

"Le ordené al chofer que recogiera a Miss Pony y la trajera aquí para que la ayudaras en su arreglo."

"Eso fue muy gentil de tu parte. Gracias."

"Nos veremos luego, Candy" – le sonrió – "y espero que entonces no estés enojada conmigo."

"No estoy enojada…"

"Me alegro" – dijo antes de salir de la habitación.

Terrence fue uno de los primeros en descender del tren. Inmediatamente caminó hacia los taxis y se subió al primero que encontró disponible.

"A la casa de los Andrey, por favor."

"De inmediato, señor."

El actor escuchó al motor arrancar y cerró los ojos para pensar en Candy. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que el chofer tuvo que llamar su atención varias veces.

"¿Eh?"

"Ya hemos llegado, señor."

"Esta no es la casa" – dijo mirando la mansión – "Aún estamos en la ciudad."

"Esta es la casa de los Andrey" – repitió el chofer.

"No, yo quiero ir a la casa que tienen en las afueras."

"Los Andrey están aquí, señor" – insistió – "Esta noche tienen una fiesta y…"

"¡Ya lo sé!" – Repitió Terrence – "Es por eso que quiero ir a la otra casa."

"El auto de la familia está aquí, señor" – dijo apuntando con el dedo.

Terrence reconoció el emblema de los Andrey.

"Tal vez tenga razón. Quizás ya vinieron a la ciudad…"

Sacó su billetera para pagar al chofer y se apeó del auto para dirigirse a la puerta principal. Tomando un bocado de aire, llamó a la puerta. Un mayordomo le abrió y lo miró con curiosidad.

"¿En qué puedo servirle, señor?"

"Vengo a ver a Candy."

El mayordomo levantó una ceja y antes que pudiera decir otra palabra, escuchó la voz de Archi tras él. El hombre se apartó para permitirle paso a Terrence.

"¿Es el sastre?"

"Hola Cornwall."

"¡Grandchester!"

Archi le hizo un gesto al mayordomo para que se retirara y una vez a solas se enfrentó a Terrence.

"¿Qué haces aquí?"

"¿Qué crees? Vine a la fiesta."

Candy se sentó en el columpio y colocó a Alex en su regazo. Empezó a columpiarse mientras miraba los rosales llenos de botones.

"Muy pronto florecerán las Dulce Candy"- murmuró.

"¿Cady?" – repitió Alex mientras el cabellos de su frente se agitaba con el vaivén del columpio.

"Dulce Candy…Anthony los nombró en mi honor."

"¿At…ni?"

"Anthony…mi primer amor."

Siguió columpiándose mientras Alex soltaba gritos de alborozo. Candy, pensativa se preguntaba cuan cierto era aquello que Anthony era su primer amor. ¿Podría considerarse amor lo que sintió por Anthony?

"No, más bien fue una ilusión…" – reconoció – "Era la primera vez que alguien me trataba con tanta consideración".

Alex rió gustosamente mientras se elevaban y estiró sus manitas hacia el cielo.

"Yo también quisiera volar" – le dijo a su hijo – "Cuando era pequeña soñaba con hacerlo y tocar las estrellas…y lo hice cuando amé a Terrence."

"¡Téns! ¡Papa!"

"Sí, Terrence, papa…tu papá…el hombre que me hizo tocar las estrellas para dejarme caer sin previo aviso" – dejó escapar un suspiro.

Tenía tantas preguntas. Preguntas que hubiera querido hacerle a Terrence pero no tuvo el valor de hacerlo y mucho menos después de la declaración de amor del actor. ¿Podría creerle?

"Me dejó venir a Lakewood. Confió en mi" – pensó con remordimiento – "¿Qué pensará cuando no me vea regresar? Seguro le da un ataque de cólera. No quiero ni pensar en lo que hará. Stear y yo nos tendremos que esconder muy bien…si Terrence nos encuentra será capaz de quitarme a Alex".

Bajó la mirada hacia su hijo y se preguntó si valdría la pena arriesgar perderlo por alejarse de Terrence.

"¡No puede ser! Esto es una pesadilla. No puedo creer que a Grandchester se le haya ocurrido venir" – pensaba Archi preocupado.

"¿Hasta cuando vas a mirarme como si fuera un fantasma?"

La voz de burlona de Terrence lo sacó de sus pensamientos y lo miró.

"No has contestado mi pregunta ¿dónde está Candy?"

"Vendrá pronto" – contestó Archi levantándose de la butaca y caminando hacia la licorera – "¿Te apetece un trago?"

"¿A qué hora vendrá? Tengo que hablar con ella" – contestó ignorando su pregunta.

"¿Qué es lo que tienes que hablar con ella?"

"Eso no es asunto tuyo, Cornwall."

Archi lo miró con los ojos entrecerrados antes de llevarle una copa.

"No dije que quisiera beber, Archi."

"Estoy siendo cortés contigo, Grandchester. No seas grosero" – dijo sentándose frente a él – "Vamos, cuéntame ¿qué te hizo decidir venir al baile?"

"Candy merece tener un acompañante esta noche."

"Tiene a mi hermano, por si se te ha olvidado."

"Y yo soy su esposo, por si se te ha olvidado."

"Un esposo que la abandonó y luego la obligó a regresar con él."

"¡Vaya! Veo que has estado al pendiente" – dijo burlón.

"¡Eres un desgraciado, Grandchester!" – dijo antes de tomar un sorbo de su copa.

"¡Y tú, eres un entrometido! ¡Ahora, deja de hacerme preguntas y dime cuando llegará Candy!"

"Pronto y supongo que no querrás verla en ese estado" – dijo con una mirada despectiva.

"He viajado toda la noche, Cornwall."

"Por eso mismo…y me imagino que has de estar hambriento y cansado. Haré que te preparen la habitación de huéspedes y te lleven de comer."

Terrence lo miró lleno de desconfianza.

"¿Te sientes bien, Cornwall?"

"Por supuesto."

"¿Y por qué la amabilidad?"

"Por amor a Candy y a Alex"– dijo tocando una campanilla – "No porqué te lo merezcas."

El mayordomo apareció casi enseguida.

"John, por favor lleva al señor a la habitación de huéspedes y que le preparen algo de comer."

"Sí, señor Cornwall. ¿Señor?" – Miró a Terrence – "¿Me hace el favor de acompañarme?"

"Puedes ser un caballero cuando te lo propones, Cornwall" – dijo antes salir.

Una vez a solas, Archi abrió la palma de su mano.

Las limusinas desfilaban a lo largo de la avenida Michigan, los dueños apeándose en la acera del hotel más lujoso de Chicago para asistir al baile organizado por los Andrey. El salón más grande había sido decorado con palmeras y orquídeas que perfumaban el ambiente con su delicado aroma. Los meseros se colaban entre los ricos, ofreciéndoles champagne y hors d'oeuvres mientras la orquesta tocaba en una esquina del salón. Candy bailaba en brazos de Stear, dando inicio al baile. Los demás los imitaron y pronto el piso estaba lleno de parejas.

"¿Tienes idea de lo hermosa que te ves?"

"Eso es porque me miras con ojos de amor, Stear."

"El que no crea que eres hermosa, sería un tonto."

"Tú no te quedas atrás, caballero. He visto unas cuantas mujeres dándote miradas sugestivas."

"¿De verdad?" – preguntó mirando a su alrededor.

"No te emociones tanto, Stear" – dijo dándole un pisotón.

"Señorita Candy ¿está celosa?" – le bromeó él.

"Tal vez."

"No tienes que estarlo. Sólo me interesas tú y una vez que estemos lejos lo comprobarás."

"¿Está todo listo?"

"Muy listo. A partir de la media noche serás la señora Cornwall y nada podrá impedirlo."

Terrence abrió los ojos lentamente y miró a su alrededor. La habitación estaba a oscuras y apenas se filtraba la luz de la luna por una claraboya. Sentía una extraña pesadez en la cabeza e intentó incorporarse pero sus pies resbalaron en el piso de madera.

"¿Dónde rayos estoy? ¿En el cuarto de castigo?"

Trató de recordar pero sus pensamientos eran lentos. Lo único que vino a su mente fue la imagen del mayordomo con una bandeja entre las manos.

"No entiendo…"

Se empujó contra la pared para incorporase y se recostó en ella. Poco a poco su confusión se iba disipando. Empezó a recordar el cansancio que lo estaba invadiendo mientras se duchaba y la debilidad que sintió mientras se vestía.

"¡Cornwall!" – pensó súbitamente.

Archi había entrado a su habitación para preguntarle si sentía bien y se vio a si mismo caer sobre la cama mientras él se reía.

"¡Ese desgraciado me puso algo en la bebida!"

La adrenalina empezó a circular por el cuerpo de Terrence, ayudando a que la droga empezara a perder su efecto. El actor miró a su alrededor con rabia y se dio cuenta que estaba encerrado en una especie de desván junto a trastos viejos y otras antigüedades. Después de un rato, avanzó hacia la puerta e intentó abrirla, sin éxito.

Tiró de ella varias veces antes de patearla.

"¡Hey! ¿Hay alguien por ahí? ¡Hey!"

Nadie le respondió. Siguió luchando con la puerta sin obtener progreso.

"¿Y ahora que? ¡Tengo que hallar la manera de salir de aquí y de darle a ese imbécil lo que se merece!"

Furioso, continuó halando la perilla…sólo para quedarse con ella. Desconcertado, Terrence miró la pieza entre sus manos. Su rostro se elevó hacia la claraboya.

Annie y Archi habían salido a la terraza a tomar aire. La morena escudriñó el rostro de su prometido.

"¿Qué te ocurre Archi?"

"Nada."

"Estás mintiendo."

"¿Por qué dices eso?"

"No has dejado de sonreír desde que me recogiste en casa. ¿Por qué estás tan contento?"

"¿No puedo estar feliz de tener la novia más linda del mundo?" – preguntó rodeando su cintura con el brazo para atraerla hacia él.

"¡Estamos en público!" – Dijo dando un paso hacia atrás – "¿Qué te traes entre manos, Archibald?"

"¿Yo?"

"No pongas esa cara de inocencia, Archi. Algo te traes ¿qué es?"

Archi dejó escapar una carcajada.

"Supongo que si alguna vez te engaño, lo sabrás de inmediato."

"Más te vale que no pienses en hacer eso" – le dijo con seriedad.

"Jamás lo haría."

"¿Qué hiciste, Archi? Te conozco."

"Nada grave. Sólo una travesura. Encerré a Grandchester en el desván."

"¿Qué? ¡¿Terrence está aquí?!"- se alarmó

"¡Baja la voz! No querrás que Candy se entere. Sí. Apareció en casa esta tarde."

"¿Qué vino a hacer?"

"A buscar a Candy. Dice que es su deber de esposo acompañarla."

"¡No puede ser!"

"Eso digo yo. ¡Valiente hora en la que se le ocurre cumplir con sus deberes de esposo!"

"Archi…"

"Lo tuve que encerrar, Annie. Stear y Candy se escapan esta noche y no puedo permitir que Grandchester le arruine la noche a mi hermano."

"No creo que haya sido lo correcto, Archi."

"¿Te vas a poner del lado de ese?" – le reclamó.

"No me estoy poniendo de su lado, Archi. Es solo que las cosas ocurren por algún motivo…¿no crees?"

"O sea que tú crees que Terrence está aquí para impedir que se vayan."

"Quizá."

"¡No lo acepto!"

"¿Y quien eres tú para decidir por Candy?"

"¡Annie!"

"Hiciste mal en encerrarlo, Archi. Tienes que decirle a Candy que Terrence vino a buscarla."

"¡De ninguna manera!"

"Entonces lo haré yo."

"Si lo haces romperé nuestro compromiso" – la amenazó – "Estoy hablando en serio, Annie. No te entrometas."

"¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?"

"Yo solo defiendo los intereses de mi hermano."

"Pero le estás ocultando a Candy que su esposo esta aquí. No podemos destruir una familia."

"¿Familia? ¿Te olvidaste de lo que Terrence le hizo a Candy? ¿Te olvidaste de sus lágrimas?"

"No…pero todos merecemos una segunda oportunidad."

"¡Exacto! Y yo se la estoy dando a Stear."

"Lo se pero eso no te da derecho a hacer lo que hiciste" – le dio la espalda – "Voy a hablar con Candy."

"¡Es demasiado tarde, Annie!" – dijo tomando su muñeca – "¡Ya es media noche!"

Stear y Candy salían del ascensor mientras el reloj de la catedral repicaba las doce campanadas. Mano en mano cruzaron el vestíbulo hacia la salida. El portero les abrió la puerta y descendieron hacia la calle.

"¿Lista, Candy?" – preguntó Stear sonriendo.

"Lista" – le contestó sonriendo también.

Se detuvieron en la acera y Stear frunció el entrecejo mientras miraba hacia la avenida.

"¿Dónde estará el taxi? ¡Ya debería estar aquí!"

"Debe estar en camino" – intentó tranquilizarlo.

El viento de la noche sopló y al colarse entre los edificios parecía un aullido.

Candy sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y se abrazó mientras una ligera llovizna empezaba a caer sobre Chicago.

"¡Candy!"

La rubia sintió un hormigueo en su cuello pero no se volvió.

Terrence Grandchester estaba furioso mientras apilaba cajas y baúles para alcanzar la claraboya.

"¡Desgraciado, me las vas a pagar!"

Ese era el pensamiento que lo impulsaba a continuar con su tarea. Una vez que tuvo suficiente altura, empezó a trepar la "torre" y empujó la claraboya para abrirla pero esta no cedió. Se removió el saco, envolvió su codo con el para proteger su piel y lo estrelló contra el vidrio. El cristal se rompió y Terrence terminó de deshacerse de los pedazos que quedaban en el marco. Asomó la cabeza y notó que estaba a una considerable altura del balcón que estaba justo bajo la claraboya.

"Vamos a ver si no he perdido mi habilidad…" - se dijo recordando las escapadas que se había dado en el San Pablo.

Empezó a deslizarse por la claraboya, cabeza primero, luego brazos. Sus manos que se asieron de un canalón cerca del tejado y logró impulsarse hacia arriba para sacar el resto de su cuerpo. Con sumo cuidado, llevó una mano de regreso a la claraboya y luego la otra, antes de mirar hacia abajo.

"Esto es por ti, pecosa…" – pensó antes de lanzarse unos dos metros al vacío.

Como un atleta, Terrence cayó sobre el balcón, pies primero, rodillas dobladas - que lo ayudaron a detener su caída al igual que sus manos que tocaron el suelo.

Respiró aliviado al darse cuenta que no se había roto ningún hueso y se puso de pie para abrir el ventanal que daba al balcón.

"¡Que rayos!" – exclamó al darse cuenta que estaba cerrado con llave.

Una vez más miró hacia abajo y vio el jardín.

"¡Esto es el colmo! ¿Otro salto?"

Se encogió de hombros y se lanzó sobre el armazón del balcón para una vez más caer sobre sus pies.

"Debí ser un gato en la otra vida…" – pensó divertido.

Se sacudió el traje, se pasó las manos por el cabello y se encaminó hacia la calle.

"¡Candy!" – repitió.

Sintió a Stear tomarla del brazo para colocarse frente a ella, escudándola.

"¡¿Qué haces aquí?!"

"¡Vine por mi mujer, Cornwall! ¿No te lo dijo tu hermano?"

"¡¿Qué?!"

Candy sintió la acera moverse bajo sus pies y se asió de Stear mientras atisbaba por su costado.

"Terrence…"- logró musitar.

"Vengo por ti, Candy" – dijo acercándose a ella.

"¡No te acerques!" – gritó Stear, empujándolo.

"Necesito hablar contigo, Candy. Tengo mucho que explicarte."

"¡Es demasiado tarde para explicaciones!" – interrumpió Stear.

"¡No te entrometas!" – Dijo furioso – "¡Candy es mi esposa!"

"¡Ya es muy tarde, Grandchester!" – dijo lanzando un puño.

Tomado por sorpresa, Terrence recibió el golpe en pleno rostro, trastabillando.

"¡Stear!" – exclamó Candy tomando su brazo para detenerlo.

"¡Desgraciado!" - Terrence lo miró enfurecido y apretó los puños.

"¡Vete! ¿O quieres más?"

"¡Dale! ¡Lanza tu mejor golpe!" – incitó a Stear.

Cornwall se lanzó hacia delante con todas sus fuerzas. Terrence esquivó el golpe y lanzó una derecha al estómago de Stear. Candy escuchó el gemido de Stear y se llevó las manos hacia el rostro.

"¡Ella es mi esposa, desgraciado, no tuya!"

"¡Tú la abandonaste!" – replicó Stear.

"¡Candy, tienes que escucharme!" – dijo Terrence dando un paso hacia ella.

"¡No te le acerques!" – gritó Stear lanzándose hacia él.

Los dos cayeron al suelo, una masa de puños y patadas furiosas. Rodaron por el suelo y Stear terminó encima de Terrence, sus manos alrededor de su cuello. El actor lanzó un puño y los lentes de Stear salieron disparados mientras su nariz empezaba a sangrar.

"¡Basta!" – gritó Candy.

Terrence empujó a Stear y rodaron una vez más antes que él empezara a lanzar puños hacia el rostro de Cornwall. Stear logró asirlo del saco y furiosos, sujetándose el uno con el otro se pusieron de pie, los ojos centellantes.

"¡¿No lo entiendes, Cornwall! ¡Candy es mía!"

"¡Era!"

Candy corrió hacia ellos para separarlos mientras forcejeaban nuevamente. Los dos estaban tan enceguecidos que no se percataron que empujaron a Candy fuera de la acera y hacia la avenida. La rubia cayó al suelo, golpeándose ligeramente la frente, lo suficiente para atontarla por unos instantes.

"¡Ouch!" – exclamó levantando el rostro del suelo.

Su quejido llamó la atención de los hombres y ambos volvieron el rostro hacia la avenida para ver un carro que se aproximaba a gran velocidad. La mujer abrió desmesuradamente los ojos al ver dos focos brillantes que se dirigían hacia ella.

El chofer del auto alcanzó a divisar a Candy que intentaba levantarse. Pisó los frenos pero estos resbalaron en la avenida mojada. Aturdida aún, el cuerpo de Candy estaba paralizado. Ambos hombres corrieron hacia la calle.

"¡Cuidado!" – gritó uno de ellos.

"¡Candy!" – gritó el otro tomándola por la cintura y empujándola fuera del peligro, antes de recibir el golpe del auto.

"¡No!" – gritó Candy lastimeramente.

El hombre cayó al suelo con un ruido sordo.

Hola queridos lectores

les dejo un capitulo mas de esta maravillosa historia de msgrandchester

saludos