Qué pasará si tú me dejas

Qué pasará si tú me olvidas

Le he preguntado a las estrellas

A la luna y al mismo sol

El hombre cayó al suelo con un ruido sordo.

"¡Terry! ¡Terry, no!"

Candy se levantó y corrió hacia él. El actor estaba boca abajo y ella lo volvió hacia ella, posando su cabeza sobre el regazo.

"¡Terry! ¡Terry, por favor háblame!" – decía desesperada.

Los pocos transeúntes que caminaban por la acera se empezaron a agolpar alrededor de ellos mientras el valet del hotel trataba de mantenerlos al margen. El conductor del auto bajó y corrió hacia Candy.

"¡Lo siento! ¡Lo siento! No fue mi intención" – dijo asustado.

"¡Rápido, hay que llamar a un doctor!" – decía Candy.

"¡No fue mi culpa!" – repitió el conductor y se acercó a Stear que observaba la escena frente a él.- "Usted sabe que no fue mi culpa, señor… ¿Señor?"

Stear volvió la mirada hacia él, sus ojos sin expresión.

"¿Qué sucedió aquí?"

Stear y Candy levantaron las miradas para encontrarse con la mirada confundida de Albert. El rubio había sido informado de la pelea de su sobrino con Grandchester por el concierge. Los transeúntes no pudieron evitar su sorpresa al ver a uno de los hombres más ricos de Chicago acercarse al herido.

"¡Albert! ¡Lo golpeó el auto!" – decía Candy llena de nerviosismo.

"¡Fue un accidente, señor! ¡Se lo juro!" – volvió a repetir el conductor, lloroso.

"¡Cálmese!" – ordenó Albert mientras se acuclillaba junto a Terrence.

"¡Aléjense!" – gritó Stear al sentir a la multitud agolparse a él.

"¡Retírense, por favor!" – les pidió el concierge.

"¡Di algo, Albert!" – urgió Candy.

"Está inconsciente. Hay que llevarlo al hospital" – contestó, levantándose – "Necesitamos un auto."

"Señor Andrey, si quiere yo los puedo llevar pero por favor no me envié a la cárcel" – rogó.

"No fue su culpa" – le dijo Candy.

"¡Cálmese, señor! No tengo ninguna intención de enviarlo a la cárcel" – se volvió hacia Stear -¡¿Qué haces ahí parado?!"

"¿Eh?" – el muchacho salió del trance en el que estaba.

"¡Ayúdame a subirlo al coche!" – le increpó Albert.

"Yo…"- dijo mirando el taxi que acaba de apearse junto a la acera.

Albert dejó escapar un gruñido de fastidio y le indicó al concierge que lo ayudara con Terrence. Candy se puso de pie para observar a su padre, al concierge y al chofer del auto subir al actor al coche.

"Candy, podemos irnos" – le dijo Stear en voz baja, junto a ella.

Ella se volvió a mirarlo con desconcierto. Stear la tomó de la mano y la haló hacia el taxi. El conductor abrió la puerta al verlos acercarse. Beth asomó la cabeza con Alex en brazos.

"¿Qué ha sucedido?" – preguntó la mucama.

"Terrence…Terrence fue atropellado."

"¡Cielos!" – exclamó.

"¡Vamos, Candy! ¡Sube!" – urgió Stear.

"¡¿Adónde creen que van?!"

Los dos se volvieron para ver la mirada iracunda que Albert les dirigía.

"¿Me pueden explicar que hace Beth aquí? ¿Y Alex?"

"Albert, este no es el momento" – dijo Candy.

"¡No, no lo es!" – La tomó del brazo – "¡Beth, te regresas a Lakewood, ahora mismo! ¡Conductor, regrésela a Lakewood!"

"¡Sí, señor!" – contestó automáticamente.

"¡Tú no puedes…!" – empezó a decir Stear.

"¡Claro que puedo! ¡Vamos Candy!"

Tomada del brazo por Albert, Candy lo seguía a corta distancia. Stear la miró impotente y corrió tras ellos. Albert hizo que Candy subiera al auto.

"¡Candy!" – la llamó.

"Lo siento, Stear…no puedo…"- dijo en voz baja.

"¡Regresa a la fiesta, Stear! Haz algo bueno y evita que los rumores se disparen" – le ordenó.

Stear lo miró con los ojos entrecerrados. Albert lo ignoró y miró al concierge.

"¡Confío en su discreción!"

"¡Sí, señor!" – le contestó.

"¡Al hospital!" – le ordenó al conductor.

El mayor de los Cornwall miró al automóvil alejarse…un nudo formándose en su garganta.

"¿Se siente bien, señor?" – le preguntó el concierge al notar su palidez.

"Muy bien" – dijo levantado la cabeza.

"¡Se acabó el espectáculo!" – dijo el portero despidiendo a los curiosos.

Casi arrastrando los pies, Stear regresó al salón del baile. Archi levantó la mirada intrigado al ver a su hermano entrar al salón.

"¿Qué haces aquí?"

Stear no dijo palabra.

"¡¿Qué te sucedió?!" – Preguntó al notar los moretones – "¿Dónde está Candy? ¿Dónde está Albert?"

"Se fueron con Grandchester."

"¡¿Qué?!"

"Hubo un accidente…Candy casi fue arrollada pero Grandchester la salvó."

"¿Grandchester? Pero ¿cómo pudo escaparse?"

"¿Sabías que Grandchester estaba aquí?" – lo miró con seriedad.

"Si."

"¡¿Por qué no me lo dijiste?!"

"¿Para qué amargarte la noche?"

"Si lo hubiera sabido me habría escapado con Candy antes…"

"Stear, puedes escaparte con ella. ¡Ve y recógela!"

"¡Es demasiado tarde! Candy lo eligió a él."

Stear se llevó las manos al rostro.

"No te pongas así. No todo puede estar perdido."

"Hubieras visto su rostro, Archi…sus ojos lo decían todo."

Albert observaba a Candy que lloraba en silencio.

"¡Dios mío, sálvalo! ¡No permitas que nada malo le suceda!"

Se estrujó las manos llena de nerviosismo y cerró los ojos.

"¡Stear, oh Stear! ¡No puedo olvidarme de tu mirada!"

Unos brazos rodearon sus hombros y la atrajeron hacia su pecho.

"Tranquilízate Candy, todo va a estar bien."

"No es verdad…todo, es mi culpa."

"No tienes la culpa que un auto lo haya golpeado."

"Sí, sí la tengo. ¡Todo es mi culpa!"

"Candy…"

"Él quiso protegerme. ¡Fue tan rápido, Albert! Cuando me vi en el suelo… ¡apareció el auto! Y Terrence me apartó…"

"Y te salvó…"

"Si Stear y yo no hubiéramos salido del salón, nada de esto habría ocurrido."

"Por lo visto, Terrence venía a buscarte y los encontró. ¿Adónde se dirigían, tú y Stear, Candy?"

Ella ocultó la mirada.

"Vas a estar tan decepcionado de mí, Albert."

"Jamás podría estarlo."

"Esta vez si lo estarás" – levantó la mirada hacia él.- "Me iba a fugar con Stear."

"¿Fugarte?"

"Era la única manera de cumplir mi compromiso con Stear."

"Candy" – la miró con seriedad – "¿te parece que escaparte con tu prometido y convertirte en bígama era la mejor opción?"

"¿Cómo más iba alejarme de Terrence?"

"¿Es eso lo que en realidad deseas? Mírate Candy. Estás aquí, llorando por él."

"Lloraría por cualquiera que hubiera sido herido por mi culpa."

"Mientes" – le dijo con suavidad – "y lo sabes."

Albert se volvió a mirarla al escuchar su sollozo.

"Se están demorando demasiado, Albert."

"Tienen que tomarle placas para cerciorarse que esté bien, Candy."

"¿Por qué no salen a decirnos algo?" – preguntó desesperadamente.

"Ten calma."

"¡Pero Albert! ¡Estaba inconsciente!"

"Se dio un buen golpe en la cabeza, Candy. Podría estar inconsciente por horas."

"¡No digas eso! ¡Me moriré si…!" – se detuvo al darse cuenta lo que estaba a punto de decir."

"¿Si, qué?"

"No, nada."

"Dilo" – la urgió.

"No."

"Te morirás si algo le sucede ¿verdad?" – tomó su mano.

"Yo no diría eso."

"¿Qué dirías, Candy?"

"Que él le haría mucha falta a Alex."

Albert dejó escapar una sonrisa.

"¿De qué te ríes?"

"Pequeña, creo que es hora que aclares tus sentimientos."

"¿Mis sentimientos?"

"Tienes a tu corazón en juego, Candy. Tu mente dice una cosa y tu corazón dice otra."

"Ambos dicen que Terrence es un…un mentiroso."

"Estamos de acuerdo en eso pero eso no significa que no lo ames."

"¿Cómo podría amarlo después de todo lo que ha hecho?" – Lo miró – "Al único que puedo amar es a Stear."

"Entonces ¿por qué no te fuiste con él?"

"Tú lo impediste."

"Si realmente hubieras querido irte, lo habrías hecho. Nada ni nadie…ni siquiera yo, te hubiera detenido."

"¡Basta!" – Candy sacudió la cabeza – "Me estás confundiendo."

"En el corazón no manda la razón. Lo puedes amar a pesar de todo."

"¿Amar a Terrence?" – repitió incrédula.

"Quizás es una realidad que no quieres enfrentar."

"No, no puedo."

"¿Por Stear? Stear sobrevivirá, Candy."

Candy estaba a punto de responder cuando vio a un médico acercarse.

"¿Señor Andrey?"

"Soy yo. ¿Cómo está Terrence?"

"Bastante golpeado pero no es nada grave. No tiene fracturas ni hemorragias."

"¡Gracias a Dios!" – suspiró aliviada Candy.

"Pero" – agregó el médico – "no recobra el conocimiento."

"¡¿Qué?!"

"Está inconsciente, señora Grandchester. Se dio un buen golpe en la frente pero esperamos que reaccione en las próximas horas."

Ella se llevó las manos a la boca para acallar un sollozo. Albert rodeó sus hombros con un brazo para confortarla.

"¿Qué podemos hacer, doctor?"

"Esperar. ¿Necesita un tranquilizante, señora?"

"No…estaré bien" –dijo sujetándose de Albert.

"Muy bien. Volveré en un rato. Pueden pasar a verlo si lo desean."

"Gracias, doctor" – dijo Albert.

Candy volvió a sollozar y Albert la dejó llorar sobre su hombro hasta que se calmara.

"¿Te sientes mejor, Candy?"

"No estaré mejor hasta que él despierte."

"Lo sé" – dijo mirando su reloj.- "Pueden pasar unas cuantas horas ¿quieres regresar al baile?"

"No tengo cabeza para eso ahora, Albert."

"Me imagino…sin embargo yo debo regresar. Aún debe haber invitados."

"¿No puedes quedarte conmigo?" – lo miró llorosa.

"Lo siento. Debo regresar"– besó su frente.- "¿Estarás bien?"

"Lo estaré" – dijo secando sus lágrimas.

"Te veré luego, Candy."

Una vez a solas, Candy cerró los ojos.

"¿Qué me está sucediendo? ¿Qué estoy haciendo? ¡Stear debe odiarme! ¿Qué estará pensando de mí?"

No podía sacarse la imagen del rostro desilusionado de Stear. La tristeza tras su mirada, la atormentaba en lo más profundo de su ser.

"¡Jamás me va a perdonar!"

Una enfermera pasó frente a ella y entró a la habitación de Terrence. Candy tomó una bocanada de aire y la siguió.

"¿Cómo está?" – le preguntó.

La enfermera le estaba tomando el pulso.

"Duerme apaciblemente. No se preocupe, señora, su esposo estará bien."

"Eso espero" – dijo mirando los vendajes alrededor de las costillas y la cabeza de Terrence.

"Tenga fe" – le sonrió.- "Su esposo es muy joven…y muy apuesto, si me permite decirlo."

Candy sonrió con debilidad. La enfermera apartó unos mechones de su frente y revisó el vendaje.

"Volveré en un rato, señora. ¿Por qué no le habla? Seguro que lo despierta…"- y le guiñó el ojo antes de salir.

Temerosa, la rubia se acercó a la cama de Terrence. El hombre parecía dormir plácidamente. Levantó una mano y la posó sobre su mejilla.

"¿Qué viniste a hacer aquí, Terrence?" – Le preguntó – "Has terminado todo maltratado y vas a tener unos moretones espantosos."

La piel de Terry se sentía cálida bajo su toque…y áspera – la barba empezando a crecer. Candy dejó su mano rodar por su piel.

"Terry…"- lo llamó- "por favor, despierta."

Acarició su mejilla con ternura antes de inclinarse hacia él y posar sus labios sobre los de Terrence.

"Te amo" – se atrevió a decir en voz alta.

Annie miraba a Stear con preocupación. El hombre no se había apartado del bar desde su regreso. Archi lo miraba compungido.

"Annie, esta noche se ha convertido en un desastre."

"Te dije que encerrar a Grandchester estaba mal."

"¿Del lado de quien estás?" – le recriminó Archi.

"Stear no deja de beber" – repuso Annie, ignorando su pregunta.

"Jamás lo había visto comportarse así."

"Miss Pony sospecha que algo sucedió. Le dije que Candy se marchó porque Alex había enfermado."

Los dos guardaron silencio al ver a Albert aparecer en el salón. Stear también lo vio y tambaleante se acercó a él. Lo tomó del hombre con violencia.

"¿Dónde está Candy?"

Albert se volvió hacia su sobrino.

"Donde debe estar…junto a su esposo."

Stear lo miró atónito y sin pensar en las consecuencias lanzó su puño. Albert recibió el golpe en pleno rostro casi perdiendo el equilibrio. Los invitados habían presenciado el hecho, dejaron escapar exclamaciones de sorpresa.

"¿Te sientes mejor?" – preguntó Albert con calma, un hilillo de sangre escapándose de su labio.

Archi había corrido hacia ellos y estaba sujetando a Stear de los brazos. Annie se acercó a Albert y le ofreció su pañuelo.

"¡Desgraciado!" – musitó Stear.

"¡Cálmate!" – le dijo Archi.

"¡¿Por qué la dejaste?! ¡Debiste traerla!"

Albert se llevó un pañuelo hacia su labio.

"Hice lo que tenía que hacer."

"¡Tú no quieres que estemos juntos! ¡Estás celoso!"

"¡Cállate Stear!" – Le dijo Archi – "Tenemos invitados."

"¡No me importa!" – Dijo soltándose para encarar a Albert – "Desde el comienzo no has hecho más que intentar romper nuestro compromiso."

"¿Compromiso?" – Albert lo miró con seriedad – "¿Se te olvida que Candy está casada? Lo que iban a hacer esta noche era una estupidez."

"Bajen la voz" – les rogó Annie.

"¡Iré por ella!"

"Archi, te sugiero que te encargues de tu hermano. Veo que ha estado bebiendo más de lo conveniente y no entiende razones."

"Albert…"

"Llévatelo de aquí, Archi. Ahora" – le dijo secamente.

Archi tomó a Stear del brazo.

"Vamos, Stear."

"Yo no tengo que hacerlo caso a este hombre. Ahora mismo voy por Candy."

"Archi…"- dijo amenazante Albert.

"Haremos lo que quieras, Stear" – intervino Annie tomando su brazo.

"Tú si me entiendes ¿verdad Annie?"

"Claro que sí, Stear" – dijo saliendo del salón con él del brazo.

Albert dejó escapar un suspiro y se acercó a Miss Pony que se veía asustada.

"¿Está todo bien, señor Albert? Dicen que Candy se marchó por Alex."

"Así es" – le sonrió – "El pequeñín estaba muy lloroso y era mejor que regresara a casa."

"Entonces ¿a qué se refería el joven Stear?"

"Stear, me da pena decir, ha bebido más de lo decente y no sabe lo que dice" – le sonrió – "Mejor olvidemos el incidente."

"Como usted diga…"- dijo poco convencida.

"¿Le parece si empezamos a despedirnos de los invitados?"

Afuera del hotel, Archi estaba discutiendo con Stear mientras Annie intentaba apaciguarlos.

"¡Te dije que yo voy a conducir!"

"¡No puedes hacerlo en ese estado, Stear!"

"¡Claro que puedo!" – le quitó las llaves del auto.

"¡No vas a manejar, Stear! ¡No seas necio!"

"¡Lo que pasa es que tú no quieres que vaya al hospital! ¡Eres igual a Albert!"

"¡Basta ya!"

Stear le dio un empujón.

"¡Traidor! ¡Me iré yo solo!"

Atónita, Annie observó a su prometido lanzar su puño contra Stear. El hombre tropezó y cayó contra el auto. Archi detuvo su caída al sujetarlo por el saco.

"Abre la puerta, Annie."

"¡Lo has golpeado!"

"Esa la única manera de callar a este necio" – suspiró.

"¡Lo has desmayado!"

"Es el licor, también" – lo metió al auto.

"¿Qué vas a hacer ahora?"

"Llevarlo a Lakewood. No queda más remedio."

Annie movió la cabeza con preocupación.

"Esto se ha convertido en un desafortunado incidente."

"¡Esto es un desastre, Annie!"

El sueño había vencido a Candy y su cabeza rubia descansaba sobre la orilla de la cama de Terrence. El hombre había despertado y sonreído complacido al verla junto a él. Tendió su mano hacia la cabellera y la acariciaba con ternura. En medio de su sueño, Candy sintió que la tocaban y abrió los ojos.

"¡Terrence!" – exclamó al levantar la cabeza.

"Hola pecosa…"- sonrió él.

"¡Despertaste!"

"Hace rato…y había un ángel junto a mí."

Sus palabras la hicieron ruborizar.

"¡Debo llamar al doctor!" – se puso de pie.

"¡No te vayas!" – dijo tomando su mano.

"Pero tenemos que llamar al doctor."

"Estoy bien, Candy" – le aseguró – "Sólo me duelen las costillas y la cabeza…¿qué pasó?"

"¿Qué recuerdas?"

"Recuerdo que un auto venía hacia ti y que tenía que apartarte."

"Lo hiciste y el auto te golpeó a ti."

¿Me rompí algo?"

"Afortunadamente, no."

"¿Afortunadamente? Pecosa ¿estás preocupada por mí?" – preguntó con arrogancia.

"Uno siempre se preocupa por los animales lastimados"- le dijo molesta por su actitud.

"¡Ouch! ¿No sabes tomar una broma?" – le preguntó herido en su orgullo.

"Iré a llamar al doctor."

Sin darle tiempo a detenerla, Candy salió de la habitación para buscar al médico.

Casi enseguida regresó con él.

"Veo que ya está despierto, señor Grandchester. ¿Cómo se siente?"

"Bien a excepción del dolor que tengo en la cabeza y las costillas…me siento como si tuviera una resaca."

"Tuvo suerte, señor Grandchester. Sólo está golpeado. No hay fracturas pero le recomiendo que utilice el vendaje hasta que pase el dolor. ¿Tiene mareos, señor Grandchester?"

"No."

"¿Nauseas?"

"No… ¿me puedo ir?" –Preguntó con impaciencia.- "No me gustan los hospitales."

"Es una pena porque debo mantenerlo bajo observación las próximas horas."

"¡Imposible! Debo regresar a Nueva York."

"Lo siento, señor. No lo puedo dar de alta hasta la tarde."

"¡Faltan muchas horas!"

"Así es. Le sugiero que descanse."

"Pero…"

"Señora Grandchester, si su esposo reacciona favorablemente durante las próximas horas no tendré ningún problema en autorizar su salida."

"Entiendo, doctor."

"Volveré en unas horas. Hasta luego."

"¡No puedo creerlo!" – Cruzó los brazos como niño caprichoso.- "¡No tengo nada y quiero irme!"

"Terrence, fuiste golpeado por un auto y como si fuera poco, estuviste inconsciente. Será mejor que le hagas caso al doctor."

"Tengo que regresar, Candy."

"Podrás tomar el tren de la noche."

"¿Podré? ¿No vendrás conmigo?"

La miró de pies a cabeza antes de fijarse en su muñeca.

"No llevas el regalo que te di."

"No iba con mi vestido" – se defendió.

"¿Olvidaste la promesa que me hiciste?"

"No, no la he olvidado. Tú eres al que se le olvidan las promesas."

"Lo sé. Recuerdo que una vez me dijiste que era impredecible."

"Y no me equivoqué."

"Y no te equivocaste" – admitió – "pero oréeme cuando te digo que intenté cambiar por ti…"

"¡Mientes!"

"Sé que debes odiarme por todo lo que te he hecho Candy pero…"

"Sé lo que vas a decir. Vas a decir que tenemos un hijo en común y que…"

"Es más que eso, Candy" – la interrumpió.

El hombre levantó la mirada hacia ella. Candy sintió su corazón agolparse en su pecho bajo sus ojos azules. Terrence se acobardó y cambió el tema.

"Ahora que recuerdo…¿adónde ibas con Stear?"

"A Lakewood" –mintió.- "Me dijeron que Alex estaba lloroso."

"Entonces, deberías estar allá."

"Alex está bien. Beth cuida de él."

"¿Beth? ¿Todavía está en Lakewood?"

"¿Por qué no habría de estarlo?"

"Pensé que se regresaría a Londres."

"Ella espera mi regreso a Lakewood."

Terrence comprendió el significado de sus palabras y frunció el entrecejo.

"¿Espera que te cases con Stear?"

"Así es…"

"¡Pues, pobre de ella!"

"Todos esperan mi divorcio, Terrence."

"¡Que sigan esperando!"

Candy lo miró con curiosidad al escuchar su tono de voz.

"¿No me darás el divorcio, Terrence?"

"No."

"¿Por Alex?"

"Es más que eso, Candy… ¿No lo sabes?"

"¿Saber qué?"

"Candy."

"Terrence ¿qué viniste a hacer aquí?"

"Por lo visto a salvarte de ser arrollada por un coche" – levantó una ceja.

"Estoy hablando en serio, Terrence."

El joven cerró los ojos.

"Veo que estás cansado. Me iré para que descanse."

"No, no te vayas" – dijo tomando su mano.- "Tengo algo que decirte."

Terrence se movió para sentarse y gesto de dolor cruzó por su rostro. Se llevó una mano hacia las costillas.

"Ten cuidado" – dijo ella acomodando unas almohadas a su espalda.

"Duele…due-le" – dijo tratando de respirar.

"Nadie te pidió que te interpusieras."

"Ya lo sé" – dijo mirándola –"Lo hice porque eres muy importante. Puedo soportar muchas cosas en esta vida pero eso, no."

"No mientas, Terrence."

"No te miento, Candy. Yo te amo."

Las palabras fueron como un balde agua fría para Candy. Su mirada se posó sobre Terrence.

"Es difícil de creer" – dijo secamente.

"¡Lo sé! Te he hecho vivir tantas cosas difíciles pero créeme cuando digo que te amo. Tenía que decírtelo, por eso vine a Chicago."

"Un día me dijiste que nunca me habías amado. Dijiste que todo había sido para seducirme…para meterme en tu cama."

"¡Perdóname! ¡Jamás había mentido tanto en mi vida! ¡Fui un imbécil, Candy! ¡Créeme!"

"No lo puedo hacer" – dijo alejándose de él.- "Me abandonaste con tu padre y cuando te vine a buscar ¡me rechazaste y estabas con Susana!"

Terrence dejó sus pies caer al piso y se puso de pie con lentitud, un rictus de dolor cruzando su rostro.

"¿Qué estás haciendo?" – preguntó Candy.

"Te quiero a ti" – dijo avanzando hacia ella con cierta dificultad.

"Basta ya…"- dijo sintiendo sus rodillas flaquear.

"Quiero que formemos una familia con Alex, que salgamos a pasear los domingos por el parque."

"Pudimos formar una familia desde el principio. Te escribí tantas cartas para informarte sobre Alex. Ese día que llegaste a Lakewood pensé que venías por mí y venías por el divorcio."

"Nunca lo legalicé, Candy…no podía."

Candy levantó la mirada hacia él.

"Dame una oportunidad."

"No puedo. Eres demasiado voluble. Además ¿qué dirán tus fans?"

"¿Mis fans?"

"Una vez dijiste que un actor es apetecible si es soltero."

"Lo siento, Candy."

"¿Es todo lo que puedes decir?"

"No sé qué más decirte."

"¿Qué hay de Susana?"

"Ella es parte del pasado. Hagamos un futuro junto, Candy. "

La rubia dio un paso hacia atrás para alejarse de él. Terrence la detuvo rodeando su cintura con un brazo.

"Dime Candy ¿no te importo ni un poquito?"

"Eres el padre de mi hijo."

"Eso no responde a mi pregunta" – bajó la mirada hacia ella.

"Debes acostarte" – repitió evadiendo sus ojos azules.

"Candy" – dijo levantando su barbilla hacia él – "¿te importo? Porque tú me importas… ¡mucho! No sé qué hubiera hecho si algo te hubiera sucedido."

Terrence la atajo a su cuerpo con ímpetu. Candy contuvo su respiración al sentir su cuerpo chocar con el del actor. Terry parpadeó lleno de dolor pero no se quejó.

"Estás herida…"- dijo en voz muy baja, su aliento cosquillando la nariz de Candy.

Los labios de Terrence se posaron sobre los de Candy con suavidad. La presión tan ligera que le tomó un par de segundos a ella darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

"Te amo" – repitió él sobre su boca.- "Dame una oportunidad."

No le dio tiempo a responder. Volvió a cubrir sus labios con los suyos.

Terrence la rodeó con ambos brazos en un abrazo estrecho.

"Tus costillas…tus costillas" logró decir Candy.

Terrence sonrió al sentir sus labios entreabiertos. Sintió las manos de Candy asirse de sus brazos y la escuchó gemir.

"¿Es ese un sí?" – preguntó Terry con su usual descaro.

Candy levantó el rostro hacia él y le sacó la lengua, molesta. Terrence se rió antes de volver a poseer su boca en un beso apasionado. Esta vez ella, llevó las manos hacia su cabellera y le devolvió el beso con igual intensidad.

"¿Me amas, Candy?" – preguntó

"Terrence."

"Dime Terry, tal cual lo hacías antes" – le pidió.

"Las cosas no pueden ser como antes, Terrence. Ya no confió en ti" – le repitió.

"Candy, dame una oportunidad."

"Tengo miedo."

"¿Miedo?"

"Tengo miedo de volver a sufrir. No creo poder resistirlo."

"Amor, te prometo…"

"No me hagas promesas" – dijo cubriendo sus labios con su mano.

"No puedo vivir sin ti, Candy."

"Hay tantas cosas que no me has dicho."

"¿Qué quieres saber?"

"¿Por qué me dejaste en Londres?"

Terrence dejó escapar un bostezo.

"Estás cansado" – dijo Candy.- "Debes regresar a la cama."

"Tienes razón" – dijo tocando su cabeza – "pero te prometo que hablaremos después."

"No me hagas promesas, Terry."

El hombre sonrió al escuchar el diminutivo mientras regresaba al lecho.

"Ahora, duerme. Debes descansar antes que tomemos el tren a Nueva York" – dijo sonriéndole.

"Entonces ¿vendrás conmigo?"

"¿Adónde más iría?"

Candy lo cubrió con la sabana.

"No me dejes, Candy" – le pidió.

"No lo haré" –dijo tomando asiento junto a su cama.

"¿Me amas, Candy?"

Por respuesta, ella besó su mejilla.

Tal cual había prometido, el doctor dio de alta a Terrence después de mediodía y la había hecho prometer que si llegaba a tener algún mareo iría al doctor de inmediato. Candy le aseguró que así sería y luego de recoger las medicinas en la farmacia, abordaron el coche que Albert había enviado. Recorrieron en silencio el camino hacia Lakewood y sólo se miraron al cruzar el portón. El chofer detuvo el auto frente a la puerta principal y los ayudó a descender. Terrence se irguió y siguió a Candy hacia adentro.

"El señor Andrey los espera en la biblioteca, señora Candy."

"Gracias."

Candy tocó con suavidad la puerta y esperó escuchar la voz de Albert antes de entrar. No pudo evitar sorprenderse al ver a Annie y Archi con él. Terrence miró a Archi y le sonrió de medio lado.

"Tú y yo tenemos algo pendiente, Cornwall" – lo provocó.

"¡Ja!" – dijo cruzándose de brazos.

"¿Te parece gracioso lo que hiciste? ¡Podría acusarte con la policía!" – lo amenazó Terrence.

"Mi sobrino lamenta lo sucedido ayer, Terrence" – intervino Albert.

"Eso no es…"

La mano de Albert lo detuvo y le ofreció asiento a Terrence. El lo tomó en el sofá junto a Candy.

"¿Cómo te sientes, Terrence?" – le preguntó Annie.

"Mejor, gracias. ¿Sabías que tu novio es un experto en fármacos?"

"Sólo tomé unas pastillas de Tía Elroy. Te veías muy cansado, Grandchester. Sólo pensaba en ayudarte."

"Sí, claro" – respondió Terry.

"Permiso"- la voz de Beth llamó su atención.

"¡Papa!" – gritó alborozado Alex, que venía con la mucama.

"Buenas tardes, señor Grandchester"– lo saludó Beth.

"Hola Beth. ¿Cómo se ha portado este caballero?"

Ella se inclinó para colocar a Alex en su regazo.

"¡Papa!" – dijo Alex sujetándose de la camisa del actor.

Terrence soltó un gemido por lo bajo. Candy intentó tomar a Alex pero él la detuvo. Alex se dejó caer contra el cuerpo de su padre.

"Te ha extrañado" – dijo Candy.

"Puedo verlo" – dijo sonriente.

"¡Pa pa pa pa!" – decía Alex buscando los cabellos de Terrence.

"Lo siento, pequeño pero mi cabeza está delicada" – le dijo él.

"El almuerzo está listo"– dijo Albert – "¿Nos acompañaran?"

"Será un honor" – dijo Terrence con un dejo de sarcasmo.

Archi contuvo el impulso de caerle a golpes y miró a Candy.

"¿No vas a preguntar por tu prometido?"

Todas las miradas cayeron sobre él.

"¿Dónde está Stear?" – preguntó Candy.

"No lo sabemos, Candy. Se levantó temprano por la mañana y desapareció sin decir hacia donde se dirigía."

"¡Oh, cielos!" – dijo ella llena de culpabilidad.

"De seguro está bien" – intervino Annie.

"¡Lo dudo! ¡Stear está destrozado, Candy!" – le dijo furioso.

"Yo…"

"Él sabía que Candy estaba casada" – dijo Terrence, molesto.

"Candy estaba abandonada ¿recuerdas?"

"Eso es parte del pasado" – dijo Terrence – "Candy ha decidido darme una segunda oportunidad."

Los rostros de Archi, Annie y Albert no pudieron denotar mayor sorpresa. Archi dejó escapar una palabrota y salió de la biblioteca.

"Discúlpalo, Candy" – dijo Annie antes de salir tras su prometido.

"¿No dices nada, Albert?" – preguntó Terrence.

"Espero que no le falles…o me encargaré yo mismo de romperte las costillas" – se puso de pie y en un tono más afable, dijo – "¿Almorzamos?"

"Buenas tardes, Candy."

Ella levantó la mirada al escuchar la voz de Stear. El hombre la esperaba dentro de su habitación.

"¡Stear!"

"¿Te sorprende verme?"

"Archi dijo que habías salido" – contestó cerrando la puerta de su recamara.

"Te esperaba" – dijo levantándose de la butaca.- "Podemos irnos."

"¿Irnos?"

"Sí, irnos."

Candy bajó la mirada y se estrujó las manos.

"¿Qué sucede, Candy?" – él se acercó a ella.

"No puedo hacerlo, Stear. No puedo irme contigo."

"¿Qué te ha sucedido, Candy?" – dijo asiendo sus hombros.

"¡Lo siento, Stear!" – dijo buscando su mirada.- "No puedo irme contigo. No te haría feliz."

"Me basta con tenerte a mi lado para ser feliz, Candy."

"¡No es verdad! Si me voy contigo, no podrás ser feliz. Mereces mucho más que lo que yo puedo darte."

"Tomaré lo que me des, sin quejas ni reclamos."

"¡Stear!" – Llevó su mano a la mejilla masculina – "¡Lo siento!"

"¿Qué te dijo ese mal nacido para convencerte?" – Dijo apartando su mano – "Ayer estás dispuesta a seguirme hasta el fin del mundo. ¿Tan rápido cambiaron tus sentimientos?"

"Stear…"

"¿Estabas jugando conmigo, Candy?"

"¡No! ¡Jamás fue mi intención…! Yo siempre fui sincera."

"¡Viniste a mi cuarto, Candy!"

Candy enrojeció hasta la raíz de los cabellos.

"¡Me estabas utilizando! ¡Que ingenuo fui!"

"Stear, yo te quiero."

"¡Pero te marcharás con Grandchester!"

"Es el padre de mi hijo."

"¿Es esa la única razón?" – la miró con seriedad.

"¡No lo sé!"

"¿Qué es lo que sabes, Candy?"

"Sé que te quiero y que te debo mucho."

"¡No quiero tu gratitud!"

"También sé que eres el hombre más maravilloso del mundo."

"¡No trates de alabarme para atenuar el dolor de tu traición, Candy!"

Ella se llevó las manos al pecho, sorprendida ante sus palabras.

"¿Mi traición?"

"Me hiciste creer que me amabas… ¡que estabas dispuesta a ser mi mujer! Ahora aparece Grandchester, te susurra tres palabras bonitas al oído y tú ¡regresas con él!"

"Stear, por favor escúchame."

"¡No me toques!" – dijo apartándose con brusquedad.

"¡Stear!"

"¡Eres una falsa, Candy! ¡Falsa! ¡No quiero saber nunca más de ti!"

"No puedes hablar en serio."

"Sólo te diré una cosa más, Candy. Ni se te ocurra buscarme cuando Terrence te vuelva a destrozar el corazón."

"No digas eso."

"Él te fallará, Candy…y tú, te vas a arrepentir."

Candy lo vio dirigirse hacia la puerta y escuchó el azote de la misma.

"¿Qué he hecho?" – se preguntó dejándose caer sobre la cama, llorando.

La noche había caído sobre Lakewood. A poca distancia de la entrada principal, escondido entre los árboles, Stear observaba. Candy y Terrence se embarcaban en el coche de la familia junto a Alex.

"¡No puede ser!" – se decía mientras su corazón se encogía de dolor.

La mujer que amaba se estaba yendo con otro…y no podía hacer nada para detenerla. El chofer puso en marcha el motor y el auto empezó a desfilar hacia la entrada. Stear dio dos pasos hacia delante, en un ultimo intento por detenerla…pero sabía que era inútil. Se dirigió hacia los establos y ensilló a su caballo.

El jinete salió a gran velocidad ante la mirada asombrada del palafrenero, que jamás había visto a Stear montar de ese modo furioso y descontrolado. Stear fustigó aún más al potro y este corrió a mayor velocidad, internándose en el bosque.

"¡Candy! ¡Candy¡¿Por qué?"

Su corazón sangraba, de eso estaba seguro. El corcel empezó a transpirar mientras corría casi a ciegas en el oscuro bosque – era puro instinto lo que lo guiaba y en más de una ocasión, el jinete estuvo a punto de estrellarse con alguna rama baja.

"Tal vez sea mejor…no sentir…no pensar" – murmuró.

Un par de ojos brillantes salieron en su camino. El caballo relinchó asustado y detuvo su loca carrera para apoyarse en sus patas traseras…

"Anthony…"- susurró Stear mientras perdía el equilibrio.

El hombre voló por el aire antes de estrellarse contra el suelo.

El tren hacia Nueva York llevaba una hora de camino. Terrence miraba a Candy con preocupación. La mujer estaba perdida en sus pensamientos.

"Has estado muy callada desde que salimos de Lakewood, Candy."

Ella levantó la mirada hacia él.

"Estoy muy cansada, es todo."

"¿Quieres que cargue a Alex?"

El pequeño dormía en brazos de su madre.

"Estás lastimado, Terrence."

"Te dije que no es nada grave, Candy. Puedo cargarlo."

"No te preocupes. Estoy bien."

"¿Qué te pasó en Lakewood?" – preguntó con suspicacia.

"¿Por qué preguntas eso?"

"Tu actitud ha cambiado desde que almorzamos con tu familia."

"Es imaginación tuya, Terrence."

"No lo creo."

La rubia dejó escapar un suspiro.

"Estoy muy cansada, Terrence."

"Está bien. Si no quieres hablar, no te obligaré… pero lo hablaremos en la cama."

Candy lo miró al asimilar las palabras que él había pronunciado.

"Yo no voy a dormir contigo."

"¿Qué?" – Levantó una ceja – "Eres mi mujer."

"No voy a compartir la misma cama contigo, Terrence aunque sea tu mujer".

"¿Por qué?" – su pregunta sonó más a un quejido.

"Porque no confío en ti" – dijo con sencillez.

"No entiendo. Nos besamos, Candy."

Ella dejó escapar una risilla.

"Sólo porque correspondí a tu beso no significa que quiera dormir contigo, Terrence."

"¡Pero yo sí!"

"¡Que lastima!" – dijo ella sin inmutarse.

"Candy…yo te amo. ¿Qué tengo que hacer para que me creas?"

"Convencerme."

"Supongo que Cornwall tuvo que convencerte también ¿verdad?"

Candy entrecerró los ojos.

"Ese comentario estuvo fuera de lugar."

Terrence lo sabía pero quería herirla.

"Despiértame cuando lleguemos a Nueva York" – dijo ella cerrando los ojos.