Candy intentaba dormir pero le era imposible. No podía dejar de pensar en su última conversación con Stear y en el dolor en su mirada.
"Me hiciste creer que me amabas…"
Creyó amarlo pero se daba cuenta ahora que jamás había olvidado a Terrence.
"¡Eres una falsa, Candy! ¡No quiero saber nunca más de ti!"
¿Cómo no saber de él? Stear había sido demasiado importante para olvidarlo así como así. Tenía que buscar la manera de hacerle entender razones, hacer que la perdonara, que entendiera que jamás había querido utilizarlo.
"Sólo te diré una cosa más, Candy. Ni se te ocurra buscarme cuando Terrence te vuelva a destrozar el corazón".
¿Tendría razón? Archi y él no se habían equivocado al advertirle en Escocia que Terrence significaba problemas…pero eso había sido tiempo atrás. Eran jóvenes entonces y aunque habían pasado un par de años, ya no eran los mismos. Ahora eran adultos y padres de un niño. Candy abrió los ojos para encontrase con la mirada azul de Terrence.
"Falta poco para llegar" – dijo él, secamente.
"¿No has dormido?"
"No" – dijo mirando por la ventanilla.- "El chofer nos estará esperando en la estación y te llevará a casa."
"¿Y tú?"
"Voy directo al teatro."
"¿No quieres que el chofer te lleve?"
"No. Necesito caminar" – dijo poniéndose en pie.- "Voy por café ¿quieres una taza?"
"No gracias."
"¿Traigo algo para Alex?"
"No. Le daré de comer en cuanto lleguemos a casa."
"¿Qué dijiste?" – levantó una ceja.
"Que le daré de comer cuando llegue a casa."
"Es la primera vez que le dices así, casa" – sonrió.- "Te prometo que algún día te daré una casa que sea solo nuestra."
"No me hagas promesas, Terrence."
"¡Deja de decir eso!" – replicó enfadado.
"No me grites."
"¡No me hagas enfadar!
"Que mal humor tienes, Terrence."
"¡Discúlpame si no soy tan pasivo como tu prometido!" – dijo con sarcasmo.
"¿Qué te pasa? ¿Por qué haces esos comentarios?"
Terrence ignoró su mirada y salió del vagón. Candy dejó escapar un suspiro.
"Esto no va a ser nada fácil" – se dijo.
"¡Stear, Stear, despierta!"
"¿Qué? ¿Qué pasa?" – preguntó parpadeando.
"¡Despierta Stear!"
Abrió los ojos para encontrarse con un mozuelo rubio de ojos azules acuclillado junto a él.
"¡¿Anthony?!"
Anthony Brown sonrió.
"¿A quien esperabas ver después de semejante caída?" – preguntó ayudándola a sentarse.
"No…no entiendo" – miró a su alrededor.- "¿Anthony?"
"Sí, soy yo."
"¡No puede ser!"
"¡Claro que puede ser!" – sonrió.
Stear sacudió la cabeza y se quitó los lentes para limpiarlos.
"Sí, Stear, estás viéndome."
"Pero… ¡estás igual! No has envejecido ni un poco."
"¿Qué esperabas? Nos quedamos de la edad que tenemos en el momento de…"
"¡No lo digas!"
Anthony se sentó junto a él.
"Candy se volvió una mujer hermosa. Siempre supe que sería así."
"¿La viste?"
"Siempre los estoy viendo, Stear. Vi a Candy partir al Hogar de Pony luego de…bueno, ya sabes que hablo. Te vi a ti y a Archi pasear con ella en Londres. Los vi en el colegio y en Escocia."
"Ella ya estaba casada con Terrence."
"Lo sé y me alegré por ella."
"¿Qué dices?"
"Ella logró olvidarme gracias a él."
"¿Y lo dices con tanta calma?"
"No hay que ser egoísta" – sonrió con tristeza.- "Candy se enamoró de Terrence pero me tiene guardado en un pedazo de su corazón; ella cuida de mis rosales ¿qué otra prueba de amor puedo pedir?"
"Al menos tú no estuviste comprometido con ella."
"Candy estaba casada, Stear."
"Y abandonada…"
"Stear, siempre vas a ocupar un lugar especial en el corazón de Candy."
"¿Se supone que eso me sirva de consuelo? Prefiero morirme a saber que está con ese infeliz."
"¿Por eso cabalgabas como un desquiciado? Lo mío fue un accidente pero lo tuyo…"
Stear se encogió de hombros.
"Mi vida no tiene sentido sin ella."
"No esperaba verte aquí tan pronto, Stear."
"Tal vez sea mejor…perdí a Candy."
"Se va a entristecer cuando lo sepa."
"No lo creo."
"Stear, ella te quiere. Tal vez no como tu deseas pero su cariño siempre fue sincero."
"¿Cómo pudo dejarme por ese tipo?"
"No se manda en el corazón, primo. ¿Se te olvida que ella me eligió a mí sobre ti y Archi?"
"Tenías que recordármelo ¿verdad?"
"No lo hago para lastimarte. Es sólo para que razones un poco."
"Ella tenía que quedarse con nosotros, Anthony. Tenía que quedarse con la familia."
"Ella siempre será de la familla, Stear."
"No como lo habíamos soñado, Anthony."
"Soñamos muchas cosas, Stear…pero la vida da muchas vueltas" – se puso en pie.
"¿Dónde vas?"
"De regreso a mi lugar."
"¿Y yo?"
"Aun tienes cosas que hacer. No estás listo."
"¿Qué?"
"No es el momento, Stear. Tienes mucho más que hacer…y serás el orgullo de la familia."
"No te entiendo" – se puso en pie pero Anthony empezó a desaparecer.
"Dale tiempo al tiempo, Stear" – guiñó su ojo.- "Te prometo que nos volveremos a ver."
"¡Anthony! ¡Anthony espera!"
Algo áspero y húmedo recorrió la mejilla de Stear, despertándolo del sueño profundo en el que estaba.
"¿Qué…qué pasó?"
El resoplido del caballo en su rostro terminó de despertarlo. Quiso moverse pero el mero intento lo hizo aullar como si mil agujas lo pincharan. El animal volvió a acercarse a él resoplando y mordisqueando su cabello.
"¡Por todos los cielos! ¿Estaba soñando?"
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró incorporarse y algo cálido se deslizó por su mejilla. Se llevó la mano hacia la sien izquierda y cerró los ojos adolorido…podía sentir la abertura bajo sus dedos.
¡Ouch!
El caballo relinchó y resopló.
"¿Te estás riendo de mi, Copérnico? Esto es tu culpa ¿sabes?"
Era obvio que el caballo de Stear tuviera el nombre de un científico.
"Ven acá" – dijo extendiendo sus manos hacia las riendas – "y ayúdame."
Stear empezó a levantarse, asiéndose del caballo y al erguirse, dejó reposar la cabeza sobre la montura.
"Anthony…parecías estar aquí pero era un sueño".
"No es el momento, Stear. Tienes mucho más que hacer…y serás el orgullo de la familia".
"¿Qué quisiste decir, Anthony?" – se preguntó Stear.
Se apeó en el estribo y volvió a montar a Copérnico, que empezó su camino de regreso con lentitud.
Candy entró a la casa a paso lento. Por algún motivo sentía como si hubiera pasado mucho tiempo y se sentía fuera de lugar. Se detuvo en el vestíbulo con Alex de pie a su lado.
"¡Candy! ¡Alex!" – exclamó Eleonor jubilosa acercándose.
"¿Cómo está, Eleonor?"
"¡Feliz de verlos! ¿Cómo está esta preciosura?" – dijo tomándolo en brazos.
Alex la miró con el entrecejo arrugado.
"¿No me conoces, guapo?" – dijo besando su mejilla.
"¡Mamá!" – llamó Alex a Candy.
"A ver si así me reconoces" – dijo soltando su cabello sobre su hombro.
El nene se inclinó como si quisiera oler el cabello de su abuela y a los pocos segundos soltó una risilla al reconocer el perfume de Eleonor. De inmediato, sus manitas se enredaron en el cabello e inclinó su cabecita sobre el hombro de ella.
Eleonor lo apretujó entre sus brazos.
"El llamado de la sangre" – dijo Candy antes de sonreír.
"¿Cómo estás, querida?" – Dijo dándole un abrazo – "Hacia tanto que no nos veíamos."
"Estoy bien, gracias."
Ambas mujeres avanzaron hacia la salita.
"No sabes lo feliz que me puse cuando recibí el telegrama de Terrence diciendo que regresaban."
"Yo nunca dije que no regresaría."
"Lo sé pero pudiste quedarte con tu prometido."
"Ya no es mi prometido."
"¿En serio? ¡Qué maravilla! ¡Oh, Candy! Lo siento por tu amigo. Parecía una maravillosa persona pero tú y Terrence tiene un hijo y…y Terrence nunca ha dejado de amarte."
Candy se ruborizó y bajó la mirada.
"Discúlpame, Candy. No quiero que pienses que soy una entrometida."
"No se preocupe."
"Es que estoy tan feliz que hayan resuelto sus diferencias. ¿Quieres que muevan tus cosas a la recamara de Terrence?"
"No será necesario. No dormiremos juntos."
¿No? – repitió sorprendida.
"¡Estúpido, soy un estúpido!" – Se recriminaba Terrence mientras caminaba hacia el teatro.- "¿Por qué tengo que gritarle? así no lograré que confié en mí."
Movió la cabeza de lado a lado, confundido. Había tenido la esperanza que al declararle su amor a Candy, todo se resolviera pero ¡que equivocado estaba!
"Stear es mejor amante que tu".
Tal vez eso era lo que más le ardía. Candy lo estaba rechazando. La sola idea que Candy lo rechazara al compararlo con Stear lo atormentaba. Entró al teatro y se encaminó hacia el escenario mientras los demás actores lo miraban con sorpresa.
Robert parpadeó para asegurarse que no estaba imaginando cosas.
"¿Qué rayos te sucedió?" – le preguntó.
"¿Qué?"– preguntó Terrence sin entender. -"Un pequeño accidente."
"¿Un accidente? ¿Estás bien?"
"Estoy adolorido pero estoy bien."
"¡Me vas a sacar canas verdes, Grandchester!" – le dijo Robert.
"No creo poder confiar en él, Eleonor."
"Una parte de mi te entiende, Candy pero un matrimonio está basado en la confianza y si no confías en él ¿qué haces aquí?"
"No lo sé…tal vez por Alex."
"O tal vez porque como toda mujer tienes la esperanza que él sea tu príncipe azul ¿no es así?"
"Hace mucho que abandoné esa idea. Terrence destruyó todos mis sueños cuando me abandonó y decidió engañarme con Susana."
"Candy ella no significa nada."
"¿Lo dice tan tranquilamente?"
"Créeme, sé lo que sientes. Yo misma lo viví en carne propia."
"Entonces, entiende porque no puedo confiar en él…"
"Terrence la dejó hace mucho tiempo. La dejó antes de saber de ti y de Alex pero ella insiste en buscarlo."
"¿Y él es tan bueno y noble que no la puede rechazar?" – dijo con sarcasmo.
"La rechaza pero ella se ha obsesionado con Terrence…pero recuerda que Terrence te ama y asumo que tú lo amas o de lo contrario no estarías aquí. ¿Quieres algo de comer?" – preguntó para aligerar la situación.- "Seguro Alex tiene hambre."
"Es verdad. ¿Le molestaría llevarlo? Tengo algo que hacer."
Eleonor la miró extrañada pero no dijo nada. Tomó a Alex en brazos y dejó a Candy sola. La rubia se acercó al teléfono.
"Residencia Andrey."
"¡Hola Beth!"
"¡Señora Candy! ¿Ya llegó?"
"Si, ya estoy…en casa. Dime ¿está Stear por ahí?"
"¡Oh, señora!"
"¿Qué pasa?" – preguntó afligida al escuchar su tono de voz.
"El señor Stear está con el médico."
"¿Qué le pasó?"
"Anoche salió a cabalgar y nos tenía muy preocupados porque no regresaba."
"¿Qué le pasó?"
"Se cayó del caballo, señora."
"¡Oh, cielos ¿Cómo está?"
"Tiene un corte profundo en la cabeza y él médico le está cociendo la herida."
¡Beth! ¿Con quién hablas?
Candy escuchó la voz de Archi gritar a Beth. Casi enseguida el joven tomó la bocina.
"¿Candy?"
"¡Archi ¿Cómo está Stear?!"
"¿Por qué te interesa?"
El tono de voz agresivo de Archi la tomó por sorpresa.
"¿Qué clase de pregunta es esa, Archibald?"
"Si tanto te importa mi hermano ¿por qué lo abandonaste?"
"Es…es difícil de explicar."
"¡Mentirosa!"
"¡Archi!"
"Haznos un favor, Candy. No vuelvas a llamar a Stear."
Antes que pudiera decir otra palabra, Archi cortó la comunicación. Candy colgó el auricular y se llevó las manos al rostro.
Una semana había pasado desde su regreso de Lakewood. Terrence había estado extremadamente ocupado en el teatro y llegaba después de la medianoche para partir casi al amanecer. Candy continuaba en su habitación con Alex y fingía dormir cuando él entraba a sus aposentos. Podía sentir su presencia junto a la cama y más de una vez, sintió los dedos de Terrence acariciar su mejilla pero no podía encararlo.
"No es tan fácil como creías ¿verdad?"
Terrence volvió el rostro hacia su madre e hizo una mueca. Los dos estaban en la estancia familiar.
"¿A qué te refieres?"
"A Candy y a ti."
"Todo está bien entre nosotros, madre."
"Y si es así ¿por qué tienes esa cara tan larga?"
"Ella no confía en mí, mamá" – confesó.- "Le he dicho repetidas veces que la amo y ella aún no quiere dormir conmigo. Hay una barrera entre nosotros que ella no me permite cruzar."
Eleonor se empezó a reír al ver la cara compungida de su hijo. Se acercó a él y apretó la punta de su nariz.
"¡Ajá! ¡Eso es lo que más te molesta! Quieres un poco de amor y ella no te lo da."
"¡Que indiscreta eres!" – dijo Terrence ruborizándose.
"Palabras de amor no son suficiente, Terrence. Si hay algo que las mujeres sabemos es que te pueden decir que te aman y abandonarte al día siguiente."
"No tienes que recordarme lo que hice."
"No es mi intención, hijo. Vas a tener que hacer un esfuerzo supremo para que Candy vuelva a creer en ti."
Terrence recostó la cabeza en el respaldo del sillón.
"No sé qué más hacer."
"¡Enamórala, hijo!"
"¿Enamorarla?"
"La enamoraste antes."
"Mamá, si te soy sincero, creo que ella me enamoró a mi con su carácter, con su sonrisa…yo me limité a imitarla."
"Y dio resultado. Alexander es la prueba."
"Pero luego la dejé."
"Y ya se lo explicaste."
"No."
"¿No?" – Levantó una ceja.- "¿No te preguntó?"
"Sí pero nunca volvió a mencionarlo así que lo dejé pasar."
"Tienes que decírselo, Terrence."
"¿Para qué remover el pasado?"
"El pasado siempre regresa."
En su habitación, Candy, recostada en el suelo, observaba a Alex gatear hacia un extremo para ponerse de pie tambaleante.
"Ven, mi amor…ven a Mami."
"Mami."
Y el pequeñín se bamboleaba de un lado a otro mientras intentaba acercarse a ella. Candy lo animaba con palabras dulces y las manos estiradas hacia él…las cuales Alex fallaba en tomar y caía sentado a pocos pies de su madre. Frustrado, el nene empezaba a hacer pucheros.
"No…no…nada de llorar…tú puedes. Vamos, mi amor."
Alex la miraba como si estuviera tratando de decidir que hacer. Unos toques a la puerta llamaron la atención de ambos, que alzaron la cabeza.
"¿Puedo pasar?" – era Terrence, todo cortesía y respeto.
"Adelante."
"¿Qué hacen en el suelo?" –preguntó al verlos.
"Alex está intentando caminar."
"¿Ah, si?"
"Ha progresado mucho pero su frustra cuando se cae, Terrence."
"¿Es cierto eso, Alex?" –preguntaba Terry, tomando asiento al otro extremo de Candy.
"¡Téns!" – Alex estiraba sus manitas hacia él.
"¿Téns?" – Levantó una ceja – "¡Qué barbaridad! Mira que me llama por mí nombre."
"Es un insolente…como tú" – repuso Candy por lo bajo.
"Te escuché" – le refutó él.
"¿Qué cosa dices?"
"Muy graciosa, Candy. Si mal no recuerdo, tú le faltabas el respeto a la Hermana Gray."
"¡Ah eso! No tiene comparación a tus insolencias."
Alex miraba a sus padres como si estuviera en un match de tenis.
"Vamos Alex, ven con mami" – dijo Candy ignorando a su esposo.
"Ven Alex…ven con Téns."
Ambos padres se esforzaron por llamar la atención del bebé. Alex se puso en pie: sentado, inclinó el tronco hacia delante y se irguió con ayuda del otomano.
"Ven amor" – insistió Candy mientras movía una sonaja.
"Alex…mira lo que tengo para ti."
"¡Eso no se vale!" – exclamó Candy al ver que Terrence le mostraba una barra de chocolate.
"Chocolate, Alex… ¡que rico!"
"¡Cholát!" – los ojitos azules se abrieron gustosos y avanzó hacia su padre.
Terrence prácticamente contuvo la respiración mientras su hijo se acercaba tambaleante hacia él. Llevado por el instinto, extendió sus manos hacia él. Alex, en respuesta, las extendió también y siguió avanzando.
"¡Téns!" – exclamó jubiloso al llegar a los brazos de su padre.
"¡Hermoso! ¡Eres hermoso!" – dijo emocionado el hombre abrazando a su hijo.
"¡Papa! ¡Cholát!" – reclamaba Alex.
Candy se empezó a reír al ver el rostro del actor.
"Le interesa más el chocolate que yo" – dijo desilusionado.
"¿Ya ves? Eso es lo que consigues por sobornarlo".
Terrence partió un pedazo para Alex, que se llevó el dulce a la boca gustosamente.
"¿Te gustaría un poco, pecosa?"
"¡Osa!" – repitió Alex entre mordiscos.
"¡Pe-cosa!" – lo corrigió Terrence.
"¡Terry! ¡No le enseñes esas cosas!"
"¡Cosa!" – dijo Alex
"¡Pecosa!" – repitió Terrence.
"¡Pe…cosa!" – logró decir el pequeñín.
"Ya está…"- dijo muy satisfecho el actor.
Candy se lo comía con la mirada. Terrence le sonrió.
"No es gracioso."
"¡Péc…cosa!"
"Caso perdido" – se resignó ella.
"Candy… ¿qué te parece si salimos a dar un paseo? El clima está muy agradable."
"¿Un paseo?"
Terrence notó la sorpresa en su voz.
"No creo que sea buena idea. Alex podría pescar un resfriado."
"No pensaba llevar a Alex…podríamos dejarlo con mamá y salir solo nosotros."
"Yo…"
"¡Anda, Candy! Nos hará muy bien salir a dar un paseo" – le sonrió.
"¿Cómo decirle que no?" – se preguntó ella.
"Podemos ir a cenar y dar un paseo."
"Está bien."
"¿Está bien?" – abrió los ojos, incrédulo.
"Sólo dame un par de minutos para arreglarme…y limpiar a este caballero."
El actor bajó la mirada hacia Alex que tenía todas las mejillas embadurnadas de chocolate. Candy se puso de pie y él la imitó.
"No te preocupes. Yo lo haré. Tú arréglate y te esperaré abajo."
Terrence cerró la puerta tras de él y dio un brinco con Alex en sus brazos. Él bebe se rió con gusto.
"Esta noche duermo con tu madre…o dejo de llamarme Terrence Grandchester."
Caminaban en silencio por las calles de Manhattan, sus brazos enlazados. Terrence, galantemente, sujetaba la mano de Candy entre la suya mientras su corazón latía apresurado.
"No puede ser que me sienta como un tonto quinceañero" – se dijo.
"Hay luna llena" – dijo Candy apuntando hacia el cielo estrellado.
"Hermosa luna" – contestó él.
Volvieron a guardar silencio, sus pasos el único sonido en la calle. A su alrededor pasaban otras parejas, sonrientes y conversadoras…y Candy se preguntaba por qué ellos no podían ser una de ellas. Caminaron un poco más y se detuvieron ante un restaurante francés con mesitas en la acera y velas sobre las mesas.
"Es aquí, Candy. ¿Te gusta?"
"Se ve encantador."
"Te va a gustar la comida."
El mesero se acercó a ellos y los condujo a una mesa antes de ofrecerles el menú.
Candy abrió el suyo y una expresión confundida apareció en su rostro.
"No entiendo nada."
"Está en francés."
"Eso lo sé pero esto no me lo enseñaron en el San Pablo."
"¿Qué te enseñaron, pecosa?"
"Je suis, tu es, il est…gâteau para pedir pastel y fromage para decir queso…No recuerdo nada de lo que está escrito aquí."
"No te preocupes. Tienen carne, pollo, pescado."
"Carne estaría bien"– dijo ella – "con patatas."
"¿Carne con patatas? ¿No preferirías algo como escargots?"
"¿Babosas? ¡No, gracias!"
Terrence se rió.
"Se me olvidaba que tu eres la que llamó a una gaita, un saco de grillos."
"¿Cómo sabes eso?" – preguntó sorprendida.
"Albert me lo contó. Me dijo que eso lo convenció de adoptarte años después…sabía que harías la vida de los Andrey muy interesante."
"¡Me había olvidado de eso!"
El mesero regresó a tomar su orden y les trajo una botella de vino.
"¡A tu salud!" – le dijo Terrence.
"¡A tu salud! ¿Cómo siguen tus costillas?"
"Como si nada hubiera pasado" – dijo tocándolas.
"Me alegro" – dijo tomando un sorbo de su copa.- "¡Esto está delicioso!"
Terrence no pudo reprimir una sonrisa. Posó su mano sobre la de ella y la miró a los ojos.
"Je t'aime, Candy White. ¿Sabes lo que quiere decir?"
"Sí…lo sé…"- desvió su mirada.
"¿No dices nada?"
Ella se movió inquieta en su silla.
"Tenemos una conversación pendiente, Terrence."
"¿La tenemos?"
"Nunca me dijiste por qué me abandonaste en Londres."
Fue el turno de Terrence para moverse inquieto. El mesero se acercó a ellos con los platos de comida y Terry guardó silencio hasta que se marchara.
"No uses esa palabra, Candy."
"Eso fue lo que hiciste."
Tomó una bocanada de aire antes de hablar.
"Por mi padre."
"¿Por el duque?"
"La noche de la fiesta ¿recuerdas que me encerré con mi padre en el estudio?"
"Por supuesto. Estabas furioso."
"Verás Candy…"
El duque sonrió con arrogancia.
"Tal vez tú no me necesitas pero ¿qué me dices de tu linda mujercita?"
Terrence levantó los ojos interrogantes hacia él.
"¿A qué te refieres, padre?"
"Sabía que llamaría tu atención" – sonrió con arrogancia.
"Candy es mi esposa, no la tuya."
"Serás su esposo pero yo soy su tutor hasta que cumplas la mayoría de edad. Eso me da al menos un año más de control sobre ti" – dijo lleno de satisfacción.
"¿Qué te hace creer que esperaré un año más para largarme?" – preguntó cruzándose de brazos.
El duque lo miró lleno de rabia.
"¿Sabes? Puedes largarte si quieres, mal agradecido, pero Candy se quedará conmigo. Yo soy su tutor y tengo sus documentos. Si te atreves a sacarla de país irás a parar a la cárcel y ella a un convento."
"¡¿Qué?!"
"Lo que quiero que entiendas es que yo seré el vencedor en esta lucha, Terrence. Tú harás mi voluntad."
"¿Por qué quieres perder el tiempo conmigo, padre?"
"Porque eres mi heredero y con Candy bajo mi tutela, sé que regresarás, sin importar cuantas veces te escapes."
"Estás equivocado."
"¡Mientes y lo sabes! Te has enamorado de esa chiquilla, Terrence…Candy se ha vuelto tu debilidad, tu flaqueza, sin ella no podrás existir en paz."
"¡Estás equivocado!"
"Pruébalo" – lo desafió.- "Demuéstrame que no te importa."
"No te preocupes ¡lo haré!"
"¿Te atreves a enfrentarte a mí?" – lo miró iracundo.
"Te recuerdo que no te necesito."
"¿Acaso estás pensando en la dote de Candy?"
"¿La dote de Candy?"
"¡No finjas inocencia! Sabes perfectamente de lo que hablo. Seguro que ella te ha dicho."
"No tengo la menor idea" – lo interrumpió.
El duque avanzó a grandes zancadas hacia su escritorio y sacó un papel del cajón secreto.
"La dote de Candy…la propiedad que tiene cerca de Lakewood donde se encuentra un orfanato."
Terrence tragó en seco.
"¡El Hogar de Pony!"
"La señora Elroy me entregó este titulo de propiedad el día de su matrimonio y es el único patrimonio que ella tiene. He hecho averiguaciones y vale mucho dinero. Estoy seguro ella estaría dispuesta a venderla para que puedan sobrevivir."
"No sabes lo que dices."
"Si te la llevas, venderé esas tierras y ¡se quedarán en la calle!"
"¡Mejor en la calle que vivir contigo!"
"¿Y obligarás a esa chiquilla a vivir en la calle? ¿La sacarás de su cuna de oro y la obligarás a trabajar? Te garantizo que ninguna mujer de buena cuna aceptará la vida que pretendes darle. Mejor, resígnate y acepta los hechos: vas a ir a Oxford como todos los Grandchester!"
"¡Reniego de los Grandchester y detesto ser hijo tuyo!"
La mano de Richard se estrelló en la mejilla de Terrence. El joven sintió las lágrimas saltar a su rostro de pura rabia.
"Sin mi ¡no eres nadie!"
"¡Te vas a comer tus palabras un día, padre! ¡Te garantizo que te equivocas conmigo!"
"¡Tus amenazas me tiene sin cuidado! Ahora si me disculpas, tengo invitados que atender" – avanzó hacia la puerta –" Y tú también los tienes, así que no te tardes en salir."
"¡Vete al…!" – lanzó una botella contra la puerta que se cerraba tras él.
"¿El Hogar de Pony es mi dote?" – preguntó Candy confundida.
"Así parece."
"No puede ser. Yo no tengo nada."
"Eres la hija adoptiva de Albert. No sería extraño que el te hubiera comprado esas tierras."
"Jamás me ha dicho una palabra."
Terrence guardó silencio mientras Candy asimilaba la historia. Finalmente lo miró con seriedad.
"¿Y me dejaste así como así?"
"Candy, mi padre amenazó con enviarte a un convento."
"Me habría escapado."
"No creo que hubiera sido tan fácil."
"Preferiste evitarte complicaciones y dejarme" – le recriminó.
"No tenía la menor idea si Eleonor iba a recibirme y no podía permitir que durmieras en la calle" – tomó su mano – "Eres demasiado preciosa para mí."
"¿En verdad?" – preguntó con sarcasmo.
"No quería que volvieras a pasar necesidades."
"¡No me hubiera importado con tal de permanecer contigo!"
"¿Y el Hogar de Pony? ¿Qué tal si mi padre lo vendía?"
"Albert nunca lo hubiera permitido."
"Permitió que te casaran conmigo…aunque ahora me alegro que estuviera demasiado lejos para impedirlo" – sonrió.
"Pudiste llevarme contigo."
"No tenía tus papeles."
"Stear logró obtenerlos."
"¡Stear, siempre Stear!" – Se quejó – "Lo lamento Candy. Hubiera querido hacerlo yo."
"Nunca me amaste" – dijo ella en voz baja.
"¡Por todos los cielos! Yo te amo, Candy. Me arrepiento mil veces de no haberte traído conmigo."
"¿Seguro? Te consolaste con Susana."
"Candy…te ruego que me perdones" – dijo mirando sus ojos.- "Te ruego que dejes de ignorarme cuando entro a tu habitación."
"No te he ignorado. He estado durmiendo."
"Finges dormir…he visto como tu piel se eriza bajo mi tacto. Dime, Candy ¿no te gustaría que te hiciera erizar de pies a cabeza como lo hacía antes?"
Candy lo miró sin poder decir palabra. El tono que estaba empleando era demasiado sensual para su buen juicio al igual que su sonrisa. Sin querer, dejó caer los cubiertos sobre su plato causando un estruendo.
"¿Te pongo nerviosa, Candy?"
"¡Claro que no!"
Terrence estaba a punto de contestarle cuando alguien carraspeó junto a ellos.
Ambos levantaron la mirada para encontrarse con Susana que los miraba llena de burla.
"¡Vaya, vaya! ¡Miren a quien tenemos aquí!"
"¿Qué quieres, Susana?" – preguntó Terrence.
"¿Interrumpo?"
"No eres bienvenida si es lo que quieres saber."
"¡Que malo eres, Terrence! ¡Mira que traerla a nuestro restaurante!"
Candy miró a Terrence con sorpresa y luego miró a Susana.
"¿Su restaurante?"
"Candy, eso es una mentira. Susana si no te marchas en este segundo…"
"¿Qué vas a hacer, querido? No creo que quieras armar un escándalo" – dijo mostrándoles sus muñecas.
La rubia dejó escapar una exclamación de sorpresa.
"¿No te lo dijo Terrence? ¡Es tan olvidadizo!" – se volvió hacia él con voz dulzona.- "No te he visto en mucho tiempo, Terrence. No me visitaste después del hospital."
"¿Del hospital?" – preguntó Candy.
"¿Sabías que Terrence me visitó en el hospital, Candy, y que me besó?"
Indignada, Candy se puso de pie y dejó su servilleta sobre la mesa antes de dirigirse hacia la salida.
"¡Candy, espera! ¿Qué intentas hacer, Susana?" – se puso en pie.
"Eres mío y vas a regresar conmigo" – lo tomó del brazo.
"¡Estás loca!" – se soltó y empezó a caminar hacia la puerta.
Un mesero se interpuso entre él y la salida.
"¡¿Qué le sucede?!"
"Señor, la cuenta no ha sido saldada."
Terrence le arrojó unos billetes y salió corriendo tras Candy mientras Susana se reía. Candy iba calle abajo y Terrence tuvo que correr para alcanzarla.
"¡Candy!"
"Déjame en paz, Terrence. Eres un mentiroso."
"¡Amor, espera!" – dio Terrence tomándola del brazo.
"¡No me toques!"
"Entiendo que estés enojada pero…"
"¡Claro que estoy enojada! ¡Me das una ridícula explicación del porque me dejaste con tu padre y luego se aparece Susana en su restaurante!"
"Ese no es nuestro restaurante. Candy, yo no tengo la culpa de las locuras que salen de la boca de esa mujer."
"¡Acepta la responsabilidad de tus actos!"
"Yo jamás le prometí más allá de unas noches de pasión."
Candy lo miró despectivamente.
"Me das asco, Terrence."
"Candy…"
La rubia pasó a su lado con rapidez y empezó a correr.
"¡Candy espera!"
"El te fallará, Candy…" – las palabras de Stear hacían eco en su cabeza.
Candy apretaba los puños para no dejar las lágrimas resbalar por su rostro.
"¡No debo llorar! ¡No debo llorar!"
Sus pasos la llevaron hasta el Parque Central y decidió que podría ocultarse entre los árboles. Terrence venía tras ella y la llamaba a gritos. Candy se llevó las manos hacia las orejas para cubrirlas.
"¡Te dije que te detuvieras!"
La mano de Terrence rodeó el brazo de Candy, deteniendo su carrera abruptamente. El cuerpo de la rubia se estrelló contra él.
"¡Suéltame, suéltame!" – decía ella desesperadamente.
Con asombro, Terrence vio lágrimas resbalar por el rostro de Candy.
"Candy…escúchame."
"¡No, no! ¡No quiero escucharte! ¡Eres un mentiroso!"
Los puños de Candy golpeaban el pecho de Terrence mientras intentaba liberarse de sus manos.
"¡Por favor, Candy, escucha!"
"¡No! ¡Te detesto! ¿Me oyes? ¡Eres un falso, un mentiroso! ¡Me dejaste! ¡Me abandonaste en Londres! ¡Me habías jurado amor! ¡Te vine a buscar y me despreciaste! ¡Estabas con Susana¡ ¿Tienes idea de lo que sentí?"
"¿No puedes perdonarme? ¿No puedes olvidar?"
Candy levantó la mirada hacia él y Terrence la miró con remordimiento. Ella volvió a golpearlo en el pecho y el actor optó por rodearla con los brazos. Se daba cuenta que Candy por primera vez le estaba revelando su dolor y resentimiento.
"¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Me dejaste y tuve a Alex sin ti! ¡Sola! ¡Y luego, luego me obligaste a volver contigo!"
"Porque te amo" – dijo aún sin soltarla – "es lo único que puedo decirte."
"¡Embustero!"
"¡Podemos hacer que esto funcione! ¡Confía en mí!"
Terrence la recostó contra el tronco de un árbol para mantenerla quieta y oprimió su cuerpo con el suyo. Candy continuaba debatiéndose.
"¡Candy!"
"No te quiero escuchar."
"¡Amor, escúchame!" – dijo sujetando su barbilla.- "¡Tienes razón! ¡Es mi culpa! ¡Me porté como un canalla! ¡Te abandoné! ¡Te dejé y no tengo excusa! ¡Fue un error pero por favor, perdóname!"
"¡No tengo por qué hacerlo! ¡Y no tengo porqué creerte!"
"¡Te amo, pecosa mía! ¡Te amo!"
"¡No te quiero…!"
Desesperado, Terrence cubrió sus labios con los suyos para acallarla. Candy abrió los ojos llena de sorpresa…que no fue mayor a la de Terrence al sentir que ella lo mordía. El actor dejó escapar un gemido y soltó sus labios para mirarla.
"¡No seas atrevido!" – le gritó ella – "¡Y suéltame!"
"¿Qué te suelte?" - repitió con los ojos entrecerrados.
Candy sintió un nudo formarse en su garganta al ver que el labio de Terrence sangraba. El actor recorrió la herida con la punta de su lengua.
"¿Estás satisfecha con lo que hiciste?"
"Te lo mereces" – dijo Candy un tanto asustada ante su mirada.
Sin decir otra palabra, Terrence volvió a besarla. Ella levantó los puños para golpearlo pero él los sujetó sobre la cabeza rubia. Agitada como estaba, Candy intentó gritar…sólo para sentir que Terrence invadía su boca con su lengua y a besaba desesperadamente, el sabor metálico, asustándola. La siguió besando hasta quedar jadeante y unió su frente a la suya.
"Te amo... ¿qué debo hacer para que lo comprendas?" – dijo con voz pastosa.
Candy logró liberar sus manos y las llevo a los hombros de su esposo para intentar apartarse pero él no se lo permitió. Encerrada entre sus brazos, ella podía sentir el corazón de Terrence latir agitadamente.
"Perdóname, mi amor. Perdóname. Dame una oportunidad para demostrarte lo arrepentido que estoy."
Los labios de Terrence se deslizaron hacia su mejilla, dejando besos ligeros sobre su piel y llegando a su cuello. La mordisqueó con suavidad, provocando un estremecimiento en ella. Candy sintió la sonrisa de Terry.
"Sé que me amas."
"No…no es verdad."
"No lo niegues."
"No confío en ti."
"Déjame ganar tu confianza nuevamente. No te traicionaré. Te necesito…eres la única persona que necesito para sentirme completo. Mi padre no mintió, Candy."
Terrence buscó su mirada.
"Tú te convertiste en mi debilidad, en mi flaqueza. Por primera vez en mi vida me importaba alguien más y eso fue lo más atemorizante de mi vida."
"¿Atemorizante?"
"Sí, amarte es atemorizante. Descubrir que no puedo existir sin ti…que me cuesta respirar sin ti…que casi me muero de amor al estar sin ti."
"No…" - empezó a decir ella pero él cubrió sus labios con un dedo.
"Olvidemos el pasado. Volvamos a empezar. Hay tanto que todavía podemos vivir" – le rogó.- "Dime que podemos intentarlo."
Los ojos verdes de Candy se perdían en la mirada del actor…sentía sus rodillas flaquear. ¿Cómo decirle que no al hombre que amas con desesperación? ¿Por qué no creerle?
"Está bien"- dijo con lentitud.
Terrence sintió un enorme peso levantarse de sus hombros. Llevó su mano hacia su brazo y lo deslizó por la piel, erizándola. Nuevamente, acercó sus labios a los de ella para detenerlos a milímetros de los suyos…los labios expectantes de Candy levantados hacia él. Ella lo vio sonreír y se ruborizó, profundamente.
"Mi hermoso amor" – dijo él.
Terrence volvió a rodearla con los brazos y ella llevó los suyos hacia su cuello, rindiéndose. El hombre la sintió acariciar su nuca y enredar sus dedos entre su cabellera como hacia en antaño. Candy, apasionada, entreabrió los labios de su esposo para perderse en su beso. Las manos de Terrence la oprimieron contra su cuerpo, una mano deslizándose hacia el final de la espalda. Candy se acercó a él sugestivamente mientras se besaban hambrientos y desesperados, las manos deslizándose sin pudor por ambos cuerpos. Ella dio un brinco al sentir la mano de Terrence deslizarse bajo su falda para ascender por su muslo.
"Lo siento" – murmuró él sin aliento.
"Te amo" – dijo ella besando su quijada.
Se abrazaron jadeantes y no se separaron hasta que sus respiraciones volvieron a la normalidad. Terrence besó su frente antes de sonreírle.
"Quiero que vuelvas a confiar en mi" – dijo tomando su mano.
"Voy a intentarlo."
"Voy a hacer todo lo posible por ganarme tu confianza, pecosa."
"Perdóname" – dijo ella tocando con ligereza su labio herido por el mordisco.
"No es nada" – dijo besando sus dedos.
"¿Qué quieres de mí, Terry?"
"Eso. Quiero que me digas Terry."
"¿Nada más?"
"Tomaré cualquier cosa que quieras darme" – dijo conduciéndola hacia donde estaban los cocheros.- "¿Quieres dar un paseo bajo la luna?"
"¿Un paseo bajo la luna?"
Fugazmente recordó el paseo que habían dado en Escocia.
"Me gustaría" – dijo sonriendo.
Terrence la ayudó a subir al carruaje abierto y tomó asiento junto a ella. El cochero fustigó a los caballos y partieron. Terrence rodeó sus hombros con el brazo.
"Así te mantendré calientita" – le susurró.
Sintiéndose mimada, Candy recostó la cabeza en su hombro.
"¿Es esto verdad, Terry?"
"Es verdad. Ya no más discusiones, Candy. Seamos felices."
"Seamos felices" – repitió ella.
"Te amo."
Y volvieron a besarse bajo la luna.
