La luna no terminaba de ocultarse cuando Candy despertó y sin ponerse la bata, caminó descalza se dirigió hacia el ventanal que daba a la calle. Corrió la cortina de pesada seda para mirar a través de la cortina de velo y esperar el amanecer. El cielo empezó a colorearse de tonos dorados y los pajaritos canturrearon al nuevo día.
Un leve crujido hizo que Candy se pusiera en alerta. Sabía que era Terrence entrando por la puerta de comunicación pero no se volvió. Casi enseguida sintió los brazos de Terrence rodear su cintura, por detrás, para atraerla hacia su pecho. Los labios del actor cayeron sobre su mejilla antes de susurrar a su oído.
"¿Qué haces despierta tan temprano, mi amor?"
"Quería ver el amanecer."
"¿Podemos verlo juntos?"
Ella levantó un brazo para llevar su mano hacia su nuca y la acarició como respuesta. Terrence besó su mejilla.
"Feliz cumpleaños, mi amor."
"Gracias, Terry" – dijo mientras enredaba sus dedos en la sedosa cabellera de su esposo.
"¿Me permite darle un beso de buenos días, señora Grandchester?"
Sin darle tiempo a responder, la volvió hacia si entre sus brazos. Candy llevó las manos hacia las mejillas masculinas y lo miró a los ojos. Terrence le sonrió y frotó su nariz contra la de ella.
"Pensé que me iba a dar un beso, señor Grandchester."
Suavemente posó sus labios sobre los de Candy haciendo delicada presión sobre ellos antes de tomar su labio inferior entre sus dientes. Ella abrió los ojos al sentir que él lo halaba suavemente. Terrence le dio un guiño antes de tomarlo entre sus labios para saborearlo y volver a soltarlo.
Bastaba un sencillo beso para que Candy sintiera su corazón latir a mil y querer más de él. Instintivamente, se acercó más y más a él buscando su calor mientras entreabría sus labios para ofrecerle su miel.
Terry sonrió interiormente al sentir las manos de su esposa asir sus hombros con relativa fuerza para besarlo apasionadamente. Las manos del hombre se deslizaron con cautela hacia el final de su espalda para acariciarla. Instintivamente, ella se apegó a él. Las manos de Candy descendieron hacia el nudo de la bata de Terrence y la desató. La bata cayó al suelo revelando el torso desnudo del actor. Las manos femeninas exploraron el pecho musculoso antes de dirigirse hacia su abdomen y jugar con la pretina del pantalón. El hombre caviló entre desnudarla y tomarla ahí mismo o correr a darse una ducha fría. Hacía casi dos meses desde aquel paseo bajo la luna en la que prometió recuperar su confianza y desde que se había prometido a sí mismo no tomarla hasta que ella confiara plenamente en él.
"Te amo…"- murmuró ella agitada, las mejillas sonrosadas.
"Y yo te amo a ti."
"Entonces…"
"Entonces… ¿qué?" – preguntó mientras el corazón latía locamente dentro de su pecho.
"Hazme tuya…"- dijo ella depositando besos en su torso.
"Candy…"
"Es mi cumpleaños" – dijo sonriendo con picardía.
Terrence soltó una carcajada y tomándola de la mano, corrió hacia la cama. Los dos saltaron como dos chiquillos y cayeron sobre el colchón. Candy presionó su cuerpo contra el de su esposo, disfrutando del contraste de lo suave y lo fuerte.
"Oh, Candy"- dijo sin aliento.
Sus manos vagaron por su contorno mientras su boca bajaba hacia su cuello, dejando pequeños besos sobre la piel. Los dedos masculinos llegaron a la pechera de encaje de la bata y apartaron el material para descubrir a su amada. Un grito le llegó desde lejos y Candy abrió los ojos para ver a Alex parado en la cuna, sujetándose de los barrotes. Llamó suavemente a Terrence pero él no la escuchó; lo alejó con ligera brusquedad.
"¿Qué…sucede?"
"Tenemos público" – dijo ella acariciando la cabellera oscura.
"¡Téns!"
Los ojos azules de Alex hicieron contacto con los de su padre y Terrence se volvió hacia su costado mientras se reía.
"¿Qué es tan gracioso?"
"Creo que Alex debe estarme envidiando en este momento."
"¡Mamá!"
Candy arregló el frente de su bata y se levantó hacia la cuna. Terrence la esperó en la cama mientras intentaba calmarse. Ella regresó casi enseguida y se acostó junto a él. Terry se acercó para besar la frente de su hijo pero el pequeño haló sus cabellos con saña.
"¡Ay!" – exclamó Terrence.
"¡Alex!" – dijo Candy desatando el cabello de las manos infantiles.
"Creo que está enojado…"
Curiosamente, el pequeñín parecía estar haciendo un mohín. Terrence soltó otra carcajada y tomó a su hijo en brazos para lanzarlo al aire y volver a atraparlo, para el enorme susto de Candy.
"No se te olvide, amiguito, que ella fue mía antes que tuya."
"¡Jiii!" – exclamaba Alex entre risas al sentirse nuevamente elevado por los aires.
Candy sintió que su corazón se encogía de felicidad al ver los dos hombres más importantes de su vida junto a ella. De reojo, Terry vio que ella se secaba una lágrima.
"¿Que te pasa, pecosa?"
"¡Osa!" – repitió Alex.
"Nada"- le sonrió.
"No puedes llorar, Candy. Hoy es tu día especial" – dijo recostando a Alex en los almohadones – "lo cual me recuerda que no te he dado tu regalo…"
"¿Mi regalo?"
"Sí" – dijo encaminándose hacia su bata junto a la ventana.
"¿Qué es?" – preguntó al verlo rebuscar en el bolsillo.
"Pensaba dártelo después de besarte pero" – dijo volviendo junto a ella – "me distrajiste."
La mano de Terry se extendió y le presentó una cajita de terciopelo azul. Candy lo tomó y la abrió para revelar una sortija.
"¡Es hermosa! ¡Debió costarte una fortuna!" – exclamó ella con preocupación.
"Siempre tan practica" – dijo besando la punta de su nariz.
"Es demasiado, Terry."
"Mira la inscripción."
La sortija consistía en un diamante redondo como gema central y a ambos lados un zafiro más pequeño.
"Feliz cumpleaños. Te amamos. TG. TA." – leyó ella en voz alta.
"Terrence Greum y Terrence Alexander" – sonrió él.
"¡Te amo!" – dijo lanzándose hacia sus brazos.
Candy cayó sobre él, empujándolo sobre las almohadas y cubría su rostro en besos cuando sintió un peso sobre su espalda. Era Alexander que gateaba sobre ella para llamar su atención.
"Me parece que este jovencito está demasiado acostumbrado a tu atención" – se rió Terry.
"¡Téns!"
"Y bastante atrevido" – dijo tomándolo en brazos – "¿Qué es eso de llamarme Téns? Es papá."
La rubia se recostó contra el pecho de Terrence y Alex la imitó. Terrence rodeó a ambos con sus brazos y los besó en la frente.
"No podría pedirle nada más a la vida, Candy" – susurró.
"¿Seguro?"
"No me atrevería."
La familia Grandchester desayunaba los platillos especiales que Eleonor había pedido a la cocinera para celebrar el cumpleaños de Candy. La rubia prácticamente devoraba las crepes rellenos de fruta y decorados con chocolate y crema batida.
Terrence la miraba con una sonrisa.
"Pareces una niña, Candy."
"¡Esto está delicioso, Terry!"
"Si sigues comiendo así, vas a engordar" – la molestó.
"¡Hey! Tú mismo dijiste que este es mi día…así que no me molestes…al menos mientras cómo. No sé cómo darle las gracias, Eleonor."
"Me las has dado con este precioso" – dijo alimentando a Alex.
El mayordomo entró al comedor y todos levantaron la mirada hacia él. Candy casi se atraganta con un pedazo de crepe al notar el enorme arreglo de rosas blancas que traía, eran al menos cincuenta "Dulce Candy". Tras de él, venía el chofer con varias cajas entre los brazos.
"¡Que hermosas rosas!" – exclamó Eleonor.
Por el rabillo del ojo, Candy pudo ver a Terrence fruncir el entrecejo.
"¿De dónde vienen?" – preguntó Eleonor.
"Seguro de Lakewood" – contestó Terry.
Su tono de voz no pasó desapercibido por Candy que buscaba una tarjeta entre las flores. No pudo evitar sentirse descorazonada al no encontrar una nota pero su corazón le decía quien las había enviado.
"Son de mis primos" – dijo Candy.
"Jamás había visto rosas parecidas…y el perfume."
"Son una variedad creada por uno de mis primos. Su nombre era Anthony y la creó para mí."
"Son hermosas" – repitió Eleonor sin querer profundizar en el asunto, en particular porque estaba notando el semblante serio de su hijo.
"¿Qué más te enviaron, Candy?" – preguntó Terry apuntando hacia los paquetes.
"¡Galletas!" – Dijo abriendo una caja.- "Son de Miss Pony. ¡Unos pañuelos! Estos son de Sor Maria. Mira las iniciales, Terry."
El actor sonrió al ver que la monja había bordado C.G.
"¡Tarjetas de los niños!" – dijo mostrándole los dibujos infantiles.
Tomó otra caja y se encontró con un sombrero elegante.
"Es de Annie" – dijo al leer la tarjeta de felicitación - "y de Archi."
"¿Es demasiado tacaño como para enviarte un regalo él solo?"
Candy se encogió de hombros pero sabía que la verdadera razón era que estaba enojado con ella. Tomando el último paquete, lo destapó para encontrarse con una bufanda hecha del tartán de los Andrey.
"Para que nunca olvides que eres una Andrey" – leyó Candy.- "Esto es de Albert."
"Lástima que no seamos escoceses" – dijo Terry – "o te haría llevar nuestro tartán."
"¿Sólo para fastidiarlo?"
"¿Yo?" – Preguntó con inocencia – "Sería incapaz."
"Por favor suban esto a mi habitación" – dijo Candy al mayordomo.
"Con gusto, señora."
"¿Eres feliz, Candy?" – preguntó Terry tomando su mano.
"Mucho" – dijo apretando su mano.
Eleonor los miró con una sonrisa y levantó una plegaria para que la felicidad nunca los abandonara.
Stear dejó escapar un suspiro y Archi se volvió a mirarlo. El joven estaba recostado en la baranda del balcón.
"¿Estás bien, Stear?"
"Claro" – dijo sin mirarlo.
Archi se acercó a él y le pasó una mano por los hombros.
"Todo pasa con el tiempo."
"Lo sé" – contestó Stear mirándolo.
Una vez más, Archi notó lo delgado que estaba su rostro y las ojeras bajo los ojos.
"Tienes que sobreponerte, hermano."
"Con el tiempo… ¿no es eso lo que dicen todos?"
"Estás muy delgado."
"No tengo hambre."
"Tienes ojeras."
"No puedo conciliar el sueño."
"Si sigues así, tendré que avisarle a la Tía Elroy."
"¿Crees que tengo siete años?" – Preguntó riéndose – "Hace rato que le perdí el miedo a la tía."
"Entonces llamaré a nuestros padres."
"Para cuando ellos lleguen, estaré muerto" – dijo fríamente.
"¡Stear!" – exclamó Archi alarmado.
"Estoy bromeando."
"No me parece gracioso, Stear."
"Deja de fastidiar, Archi. ¿Por qué no vas a ver a tu novia?"
"¿Por qué no vienes con nosotros?"
"No tengo ganas" – dijo regresando a la habitación y dejándose caer en el sofá.- "Mejor me quedo durmiendo."
"Necesitas tomar sol."
Por respuesta, Stear le lanzó un cojín al rostro.
"¡Ya deja de comportarte como si fueras mi madre!"
"¡Mal agradecido!" – dijo devolviéndole el cojín.
Stear lo agarró al vuelo y se lo devolvió. Nuevamente le dio en pleno rostro. Archi tomó eso como una invitación y se lanzó hacia su hermano. Los dos cayeron al suelo, en un combate de lucha libre.
"¡Basta, basta!" – decía Stear mientras Archi lo aprisionaba contra el suelo.
Archi lo soltó de inmediato al percatarse de lo esquelético que estaba su hermano. Stear se sentó, jadeando y lo miró.
"No peleábamos así desde el San Pablo ¿recuerdas?" – dijo lleno de nostalgia.
"Claro. Esa vez casi nos descubren."
"Eran otros tiempo…éramos tan felices…hoy es su cumpleaños, Archi. ¿Le habrán llegado nuestros regalos? ¿Crees que le gustarán?"
"¿Las Dulce Candy? ¡Por supuesto! Candy nunca se olvidará de nosotros o de ti."
"Eso dijo Anthony."
"¿Insiste con esa historia?" – levantó una ceja.
"¿Por qué no quieres creerme?"
"Porque tienes una cicatriz en la frente. No creo que hayas estado en tus cabales, hermano."
"¡Incrédulo!" – dijo Stear cruzándose de brazos.
"¿Seguro que no quieres venir con nosotros?" – dijo levantándose.
"No, estaré bien."
"De acuerdo. Te veré más tarde."
"¡Vete ya! No te preocupes por mí."
Sin saber que lo motivó, Archi le dio un abrazo a su hermano antes de salir de la habitación. Una vez a solas, Stear dejó salir las lágrimas de sus ojos.
Candy contempló el arreglo de rosas por enésima vez y sentía unas enormes ganas de llorar.
"Stear… ¿cómo podré reparar el daño que te hice?" – pensó llena de remordimiento.
A pesar del dolor que ella le había causado, le había enviado un arreglo con las Dulce Candy del jardín de rosas. A pesar de su orgullo herido, seguía diciendo que la amaba.
"¿Cómo es posible?"
Porque es amor, le dijo una voz en su interior. De la misma manera que ella amaba a Terrence, Stear la amaba a ella. Lo desafortunado del asunto es que ella no podía corresponderle más. Sí, lo había amado pero el amor que ella llegó a sentir no se comparaba al amor por Terrence.
Candy sentía la imperiosa necesidad de hablar con él pero cada vez que llamaba a Lakewood, se lo negaban y lo mismo ocurría cuando lo llamaba a la oficina. Más de una vez había hablado con Albert preguntándole por el bienestar de Stear, y él se limitaba a decir que estaba bien…pero algo le decía a Candy que aquello no era verdad.
"¿Señora Candy?"
Levantó la mirada para ver a la señora Johnson en el marco de la puerta.
"Disculpe que haya entrado así pero llevaba rato golpeando y no contestaba. El señor llamó para recordarle que llegará a las siete y que espera que usted esté lista para cuando él termine de ducharse."
"¿Cómo?"
"El señor me dijo que le recordara…que usted tarda…en arreglarse" – la mucama sonrió incomoda al decir aquellas palabras.
"¿Qué hora es?"
"Son las seis y media."
"¡¿Las seis y media?! ¡No voy a estar lista! ¡Mi cabello, tengo que arreglarlo!"
"El coiffeur de la señora está aquí."
"¡Que no se vaya!" – exclamó corriendo hacia la sala de baño.
Abrió las llaves de la ducha y buscó la combinación perfecta de agua fría y calienta antes de meterse bajo el chorro, su cabello ondulado, alisándose.
"¡Que distraída que soy! Terry me dijo que me llevaría a cenar por mi cumpleaños y ¡no voy a estar lista! ¿Por qué será tan complicado ser mujer?"
Media hora después, Candy salía de la ducha para envolverse en una bata.
Escuchó unos toques en la puerta y la voz de Terrence.
"¡Ya casi estoy lista!"
"¡Mentirosa!" – Le contestó Terry – "Acabo de escuchar que cerraste las llaves de agua."
"¡No es verdad!"
"¡Sí, lo es!" – dijo abriendo la puerta de golpe.
Candy dejó escapar un grito para encontrarse con un Terrence que se cubría los ojos con la mano.
"Estás presentable?" – preguntó sonriente.
"¡Eres un osado!" –dijo ella empujándolo suavemente.
"Asumo que eso es un sí" – dijo él envolviéndola en sus brazos.
"¡Suéltame! ¡Me tengo que arreglar!"
"¡Que rico hueles!" – dijo escondiendo su nariz entre su cuello y hombros.
"Me haces cosquillas" – se rió ella.
"Me encanta cuando ríes."
Los labios de Terrence buscaron los suyos. Ella le dio un beso fugaz y lo empujó antes de correr hacia su recamara.
"¡Hey!" – protestó él.
"Tengo que arreglarme. ¿No querrás que perdamos nuestra reservación, verdad?" – le guiñó el ojo.
Una vez que Candy cerró la puerta, Terrence se recostó en la puerta con un solo pensamiento en su cabeza.
No podían dejar de mirarlos. Candy y Terrence realmente formaban una pareja atractiva: él con su cabello oscuro, sus rasgos aristocráticos, y sus ojos increíblemente azules parecía un hidalgo. Ella con su nariz respingada y ojos dulces parecía una muñeca de porcelana. Sin embargo, lo más atractivo era lo enamorados que se veían.
Terrence se había percatado de las miradas que le dirigían los hombres y se sintió muy orgulloso de llevarla del brazo como su esposa. Candy se veía esplendida en un traje de brocado verde que él había elegido para ella como regalo. El talle era ajustado, revelando su cintura de avispa para terminar en una falda amplia. Las mangas eran de gasa y al llegar a sus codos, se abrían en forma acampanada. En sí era un vestido bastante convencional a excepción del décolletage que era bastante revelador. El coiffeur de Eleonor había optado por secar su cabello, recoger la parte frontal con una hebilla en forma de mariposa y dejar los demás rizos caer a su espalda.
"¿No te parece…demasiado descarado?" – le había preguntado Candy ruborizada antes de salir.
"De ninguna manera" – sonrió Terrence.
Candy levantó la mirada hacia su esposo mientras se dirigían hacia el saloncito privado que Terrence había separado para ellos. El actor vestía un traje oscuro con rayas, casi imperceptibles, una camisa negra, y una corbata gris. Era un estilo poco común para esos días, donde lo tradicional era una camisa blanca pero Terrence no era de seguir la "moda". El cabello lo llevaba peinado hacia atrás (con alguna pomada que Candy desconocía), revelando así una frente cuadrada, cejas oscuras y pestañas espesas que enmarcaban ojos zafiro. El mesero que los conducía se detuvo frente a dos puertas y golpeó.
"El señor y la señora Grandchester" – anunció.
De inmediato las puertas se abrieron para revelar un grupo de personas, entre ellos Eleonor.
"¡Feliz cumpleaños!" – exclamaron.
Candy se quedó de una pieza mientras los invitados aplaudían.
"¡Sorpresa, pecosita!" –dijo besando la punta de su nariz.
"¿Tú…tú planeaste esto?"
"Con un poco de ayuda" –dijo tomándola de la mano – "Entremos."
Mano en mano entraron al salón y Terry empezó a presentarla a los miembros del grupo teatral Stratford. Como en un sueño, Candy lo escuchó decir lleno de orgullo:
"Ella es mi esposa". Era la primera vez que Terrence la validaba como esposa frente a los demás…ya no era un secreto.
"Es un gusto volver a verla" – le dijo Robert.
"Igualmente" – contestó ella.
"No sé cuál es su poder pero déjeme decir que usted obra magia en Terrence" – le susurró Robert – "Desde que regresaron de Chicago, Terrence ha actuado como nunca lo había hecho en su vida. El estreno va a ser todo un éxito."
"Entonces tendrá que compartir las ganancias conmigo" – contestó ella.
Por un instante Robert permaneció atónito y luego soltó una carcajada. Terrence se volvió a mirarlo con curiosidad al igual que los demás. Era muy poco común que Robert riera.
"Ya veo porque te casaste con ella" – dijo el director palmeando la espalda del actor.- "¡Mil felicidades, Candy! Y felicidades a ti por haberla conquistado, Grandchester."
"No, felicidades a ella…por soportarlo."
Candy miró a la mujer frente a ella con curiosidad.
"Candy, permíteme presentarte a la señorita Claise."
"Karen" – dijo ella estirando su mano hacia la rubia.- "Es un placer conocerla."
"Igualmente."
"Terrence no habla mucho pero cuando lo hace es para hablar de usted" – le susurró mientras Terry hablaba con Robert.
"De ti. Por favor, tutéame."
"Está loquito por ti" – le dijo Karen – "y por su hijo. Todos los días me cuenta lo que hace Alex…que si le dijo Téns, que si te llamó Pecosa."
"¡Pobre de ti!"
"¡Ah, no te preocupes! Me entretiene. Terrence me recuerda a uno de mis hermanos. Detrás de ese carácter tan agrio…esconden un gran corazón."
"Es verdad" – le sonrió Candy.
"¡Atención, por favor!" – dijo Terry golpeando una copa con una cuchara para llamar la atención de los presentes.
El salón empezó a acallarse y se volvieron hacia Terrence que había tomado su lugar junto a su esposa.
"Tenemos unos invitados muy especiales. Han viajado desde muy lejos…bueno, no tan lejos, pero han venido a acompañar a mi esposa durante su día muy especial."
"Candy…"- dijo una vocecita junto a ella.
"¡Annie!" – exclamó abrazando a su hermana.
Uno de los meseros volvió a abrir la puerta, revelando a Albert y a Archi. Los dos estaban ataviados en sus trajes escoceses y gaitas en mano avanzaron hacia el centro del salón. Candy se llevó la mano hacia el corazón cuando empezaron a tocar.
"¡La melodía del príncipe!" – se dijo emocionada.
Ellos tocaban con los ojos cerrados, dejando que el espíritu escocés y su cariño por Candy guiaran sus manos sobre el instrumento. Sin poder evitarlo, las lágrimas resbalaron por las mejillas de la mujer mientras los observaba. Annie, discretamente, le ofreció un pañuelo. La melodía llegó a su final y una ronda de aplausos estalló por el salón.
Los dos hombres se acercaron a ella.
"Feliz cumpleaños" – dijo Albert sonriente.
Candy besó su mejilla antes de mirar a Archi que estaba junto a Annie.
"¿No dices algo, Archi?"
"¿Feliz cumpleaños?" – preguntó levantando una ceja.
Annie le dio un pisotón nada discreto.
"Si estoy aquí es porque Annie me obligó" – dijo con petulancia.
"¡Archi!" – exclamó su novia sorprendida.
"¡Es la verdad!"
"De todas formas" – dijo Candy tomando su mano – "te agradezco que hayas venido."
"Te ves muy bien, Candy."
"Me siento bien" – sonrió ruborizada.
"Claro…y a mi pobre hermano que lo parta un rayo."
Albert le dio una mirada severa a Archi.
"¡No me mires así, Tío William! Ni creas que te tengo miedo."
"Archi querido… ¿me traerías algo de beber?" – preguntó Annie con dulzura.
Archi sabía que ella lo estaba enviando lejos para que se calmara. Miró a su novia con los ojos entrecerrados antes de alejarse. Candy miró a su hermana y a su protector llena de dolor.
"Creo que me odia."
"Ya se le pasará" – dijo Annie.
"Stear… ¿no quiso venir?" –preguntó en voz baja.
"Prefirió estar ausente" – contestó Albert.
"Por favor, dale las gracias por las rosas. Están hermosas."
"Se las daré" – dijo el rubio.
Annie guardó silencio y una vez más agradeció tener a Candy como hermana.
"Annie, dime ¿Qué pasó con Stear?"
"Stear está bien, Candy."
"No lo creo. Mi corazón me dice que no está bien."
"Lo estará con el tiempo"- la miró de pies a cabeza – "Tú te ves muy bien ¿ya hicieron las paces con Terrence?"
"Llegamos a un acuerdo."
"¿Lo cual quiere decir…?"
"Que él intentará ganarse mi confianza…y yo trataré de creerle."
"Ajá… ¿y qué tal estuvo la reconciliación?"
Candy la miró como si no le entendiera pero al registrarse las palabras en su cerebro se sonrojó. Annie empezó a reír.
"Quita esa cara, Cornwall, o pensaré que fue un error invitarte al cumpleaños de mi esposa."
Archi se dio vuelta en su taburete del bar para encontrarse con Terrence.
"Mi esposa" – se burló Archi – "Es gracioso como te jactas después de haberla abandonado."
"Eso está en el pasado. Si Candy puede perdonarme…"
"Yo no soy Candy" – lo interrumpió.
"Lo sé y con franqueza, poco me importa lo que tú y tu familia piensen. Lo único que me importa es que Candy pase una noche feliz. Es lo menos que puedo hacer."
"En eso no te equivocas, Grandchester" – dijo con arrogancia.
"Me dan ganas de romperte la cara" – dijo Terry con seriedad.
"Si quieres, vamos afuera."
"No esta noche, Archi. Esta noche es de Candy pero no te preocupes…nos volveremos a ver."
"¿Está todo bien?" – preguntó Candy preocupada. Había corrido hacia ellos al verlos conversar.
"Todo está bien, mi amor. Sólo vine a comprobar que Cornwall estuviera a gusto. Y lo está, así que si me disculpas, debo llevar esta copa a mi madre."
Terrence besó su mejilla antes de alejarse. Candy se acercó a Archi y lo miró. El joven esquivó su mirada e intentó ponerse de pie.
"Por favor, Archi…"- posó su mano sobre su brazo.
"¿Qué quieres, Candy?"
"No estés enojado conmigo."
"No puedo evitarlo, Candy. Mi hermano está muy herido."
"Haría cualquier cosa."
"¡Pudiste hacerlo!" Lo ilusionaste, Candy y ahora, tú estás feliz."
"¿No te alegras por mí? ¿Por Alex?"
"No puedo, mi hermano se está muriendo."
"¿Que dices? ¿Está enfermo?"
"Se está muriendo de amor, Candy…y si algo le sucede, jamás te perdonaré."
Antes que Candy pudiera decir otra palabra, Archi se alejó de ella. Agitada, le pidió al cantinero una copa de champagne y se la tomó prácticamente de un sorbo.
Terrence apareció de la nada y le quitó la copa suavemente de la mano.
"Si sigues bebiendo así, tendré que cargarte. ¿Estás bien o Cornwall te dijo algo?"
"Estoy bien" – le dijo sonriendo.
"¿Estás feliz?"
"Lo estaría mucho más si me llevas a bailar."
"Por supuesto" – le sonrió él.
Los dos empezaron a bailar un vals que alguna vez habían escuchado. Sus miradas se encontraron y sonrieron.
"Fue en Escocia" – le dijo él – "¿Recuerdas cuando salimos al pueblo?"
"Me acuerdo."
"Esa noche me pediste que te hiciera mi mujer" – susurró a su oído.
Ella se estremeció entre sus brazos.
"Nos van a ver."
"Nadie se está fijando"- susurró – "Te amo tanto, Candy…te necesito."
Los ojos de Candy buscaron los ojos azules y lo miró con los labios entreabiertos, el corazón latiendo a prisa.
"Si me sigues mirando así, te voy a llevar al rincón más oscuro del balcón"– dijo con voz muy pastosa.
"¿Cambio de pareja?" – los interrumpió una voz femenina.
Los dos volvieron el rostro para ver a Albert junto a Karen. Candy fue a los brazos de su padre adoptivo. Él la miró con atención.
"¿Eres feliz?"
"Todos me preguntan lo mismo."
"Nos preocupamos por ti, Candy. Queremos que seas feliz."
"No me puedo quejar…Lo único que perturba mi felicidad es el recuerdo de Stear. Me debe odiar mucho para no venir."
"El vino pero duele demasiado ver a la mujer que se ama feliz entre los brazos de otro."
"¡Pobre Stear!"
"Olvida a Stear, Candy. Concéntrate en ser feliz con tu esposo y tu hijo."
"Pero Stear…"
"El tiempo cura las heridas y él es un hombre muy fuerte."
"Si tú lo dices"- dijo poco convencida.
A poca distancia de ellos y oculto en la oscuridad del balcón, Stear observaba el salón de fiestas. Había reunido el valor suficiente para bajar de su habitación y mirarla aunque fuera a la distancia.
"Parece estar feliz."
Sintió una punzada en el corazón. Esa felicidad en su rostro se debía a Grandchester, no a él. Candy era feliz en los brazos de otro, no en los suyos. Dejó escapar un suspiro y se reclinó contra la baranda.
"¿Cómo olvidarte, amor? ¿Cómo matar este amor que aun late en mi corazón?"
Vio a Candy regresar a los brazos de Terrence. La vio mirarlo llena de adoración y ofrecerle los labios. Prefirió cerrar los ojos y darse la vuelta para no mirar. Dolía demasiado. Los vio bailar un vals, antes de que el actor se alejara hacia el bar.
Candy notó la presencia de alguien en el balcón y se le hizo vagamente familiar, por eso avanzó hacia él. Se detuvo a escasos centímetros. El hombre sintió un cosquilleo en su alma al percibir el perfume de su amor imposible. Sintió las manos de ellas volar a su rostro e inclinar su mirada hacia los ojos verdes que lo miraban preocupada.
"¡Estás tan delgado!" – dijo al borde de las lágrimas.
"Candy, no"- dijo dando dos pasos hacia atrás.
"¿Qué sucede?"
"No me toques…por favor" – dijo intentando que sus palabras no fueran tan bruscas.
"¿Tanto me odias?"
"Jamás podría odiarte"- dijo con tristeza.
"Te he extrañado, Stear. Eres muy importante para mí y para Alex."
"El tiene a su padre…y tú tienes a tu esposo."
"Me hace falta mi amigo."
"¡No, Candy! ¡No me hables de amistad! ¡Jamás seré tu amigo!"
"Stear… ¡perdóname!"
"Me tengo que ir, Candy. Cuídate."
Candy lo vio descender de la terraza hacia el piso principal mientras su corazón se encogía. Tuvo el impulso de correr tras él pero la voz de Terrence, buscándola, llamó su atención.
"Aquí estoy."
"Pecosa ¿qué haces escondiéndote aquí?" – dijo retornando con dos copas de champagne.
"Nada. Solo daba un paseo mientras te esperaba."
"A tu salud, hermosa" – dijo entregando la copa.
"Gracias."
"¿Estás bien? Pareces distraída."
"Estoy bien" – le sonrió.- "A tu salud, Terry."
Una vez más, Candy tomó un sorbo largo. Terrence la miró divertido.
"Me parece que serías buena compañía durante las juergas, Candy."
"¿Por qué dices eso?"
"¡Bebes como un pez!"
"Es mi cumpleaños y puedo hacer lo que me plazca" –dijo mostrándole la lengua.
Enseguida, Terrence la tomó entre los brazos. El hombre le robó el aliento mientras saboreaba el champagne en su boca.
"Te amo…te amo" – dijo jadeante – "Feliz cumpleaños, pecosita."
Candy sentía que la cabeza le daba vueltas y no sabía si era culpa del champagne o de los besos de Terrence. Se abrazó a él para intentar detener el vértigo que estaba sintiendo.
"Llévame a casa" – murmuró ella.
Terrence estaba tentado a hacer eso pero apareció el jefe de los meseros.
"Señor Grandchester" – dijo después de carraspear – "es hora de cortar el pastel."
"Por supuesto. Mi esposa y yo estaremos ahí en un momento."
"Tendremos todo listo, señor. Permiso."
"Es hora de regresar, Candy."
"Como digas" – dijo ella sonriendo – "Espero que haya dieciocho velas."
"¿Dieciocho? ¿No son veinte?"
"¡Claro que no!" – dijo dándole un manotón.
Al entrar al salón, todos empezaron a cantarle rodeando un pastel con velas.
Candy sonrió y se acercó hacia el dulce.
"¡Pide un deseo! ¡Pide un deseo!" – le decían.
La pecosa cerró los ojos por un instante. Al abrirlos, sopló sobre las velas mientras su mirada recorría el salón…pero Stear no estaba ahí.
Terrence bajó la mirada hacia su esposa. Candy tenía la cabeza recostada en su hombro y dormía plácidamente. Una vez más, el hombre reparó en la dulzura del rostro de su esposa.
"Se ha quedado dormida" – dijo Eleonor en voz baja mientras regresaban a la casa.- "Debe estar muy cansada."
"Yo creo que fue el champagne" – dijo Terry risueño.
El chofer detuvo el auto frente a la casa y descendió para abrirles la puerta.
Eleonor fue la primera en bajar. Terry intentaba despertar a Candy pero ella no reaccionaba.
"Déjame…tranquila"- murmuró Candy.
"¿Qué sucede?" – preguntó Eleonor.
"No se quiere mover" – dijo Terry divertido.
"Me duelen…los pies" – se quejó Candy, acomodándose más hacia Terry.
Madre e hijo cruzaron miradas. Eleonor sonrió y entró a la casa.
"Candy, no sea niña y levántate. Ya llegamos."
"No quiero. Déjame dormir, Tom."
"¿Tom?" – se preguntó Terry antes de recordar que era el nombre de uno de los hermanos de Candy.
El chofer dejó escapar una carcajada antes de bajar el gorro sobre sus ojos y hacerse el disimulado. Terrence decidió tomar a Candy entre sus brazos y la sacó del coche. Subió los escalones mientras Candy se movía inquieta en sus brazos.
"¿Por qué te mueves tanto, pecosa?"
"Quiero mi cama" – dijo entreabriendo los ojos.
Depositó a Candy sobre la cama y ella cerró los ojos.
"Candy, despierta. Tienes que desvestirte."
"Estoy cansada…"
Terrence sonrió y se acercó a sus pies para retirar los zapatos. Levantó una de sus piernas y deslizó una mano bajo su falda buscando el liguero de la media de seda.
Candy soltó una risilla mientras él la desenrollaba hacia su tobillo.
"¿Cosquillosa, eh?" – dijo besando la planta de su pie.
Repitió la misma operación con el siguiente pie hasta quitar la media pero en vez de besar la planta de su pie, empezó a dejar un sendero de besos por su pantorrilla y llegó hasta su rodilla. Levantó la mirada al sentir que Candy se sentaba sobre la cama.
"Me encantas" – le dijo él antes de besar sus labios fugazmente.
El actor se sentó a sus espaldas y empezó a desabotonar su vestido con lentitud, dejando besos a medida que descubría su piel. Sus manos apartaron las mangas del traje, revelando sus brazos y rozando sus senos al bajar el frente del vestido.
Terrence escuchó un gemido escapar de los labios de su mujer y sonrió antes de hacerla recostar sobre la cama. Ella lo miró con curiosidad.
"Levanta tus caderas, Candy."
"¿Qué?"
"Falta la falda."
Ella lo obedeció son hacer una pregunta y pronto estaba desnuda frente a él.
Terrence podía ver su respiración agitada, el sube y baja de sus pechos muestra de ello. Candy lo miraba curiosamente.
"¿Dijiste que te dolían los pies?"
La rubia solo logró asentir, no se sentía capaz de pronunciar palabra.
Terrence regresó al borde de la cama y tomó los pies de Candy entre sus manos para empezar a frotarlos con delicadeza. El miraba a su esposa con una sonrisa provocadora, sus manos empezaron a subir por sus pantorrillas para masajearlas, también. La mujer cerró los ojos. Su esposo continuó acariciándola con suavidad de los pies a los muslos. El sintió las gotas de sudor que se estaban formando en su frente y decidió detenerse para acercarse a besarla. Se inclinó sobre ella.
"Candy" – llamó con suavidad.
Silencio.
"Candy" – volvió a llamar.
Silencio.
"¿Candy?" – levantó un brazo de ella y este cayó pesadamente sobre la cama.
Terrence se llevó la mano a la boca para acallar su risa.
"O soy un buen masajista…o un pésimo amante" – pensó entretenido.
La cubrió con la sabana e inclinándose una vez más, besó su frente antes de dirigirse hacia su habitación.
Hola queridos lectores
aqui les dejo un nuevo capitulo de esta gran historia de msgrandchester
saludos
