La vida de Candy y Terrence adquirió una cierta normalidad; un ritmo parecido al que llevaban en Escocia años atrás. Candy empezó a ocupar su lugar como señora de la casa para el beneplácito de Eleonor. La mujer miraba esto con enorme agrado y le daba a Candy total control sobre la casa. La joven esposa se ocupaba de organizar el menú de la semana, asegurándose que se prepararan los platillos y postres favoritos de Terrence.
Ya no había motivos para que Candy fingiera dormir por las mañanas. Se levantaba muchas veces antes que Terrence y le preparaba el desayuno mientras él se arreglaba para ir al teatro. El hombre bajaba sonriendo al comedor con Alex en brazos; ambos recién bañados y arreglados para el día. Se acercaba a ella y depositaba un beso suave sobre sus labios antes de sentarse a la mesa. Candy tomaba asiento junto a él mientras les servían y Eleonor los miraba con una sonrisa.
Su hijo había encontrado la compañera perfecta, la única mujer capaz de hacerlo sonreír y de calmar su agitado corazón.
Cada día parecían enamorarse más y más. Terrence era dulce y considerado con ella. Candy era cariñosa y atenta. Parecían estar tan sincronizados que a veces completaban las oraciones del otro y entonces reían felices de estar juntos nuevamente.
"Somos inseparables"- había susurrado Terrence una noche en que estaban recostados en el sofá, leyendo – "por siempre".
"Por siempre es mucho tiempo"- replicó ella asustada – "¿Qué tal si algo ocurre?"
Terry se había inclinado sobre ella para besarla apasionado y acallar sus temores.
"Nada nos volverá a separar. Jamás te dejaré. Confía en mí."
Ella posaba sus ojos verdes en los azules y lo miraba amorosamente.
"Créeme Candy."
"Te creo" – le afirmaba ella.
Candy salió de la casa con una canasta sin sospechar que era observada. Susana llevaba días asechando la casa, desde que había leído del cumpleaños de Candy en la página social del New York Times. Era tanta su obsesión que había memorizado el artículo.
"Famosa heredera celebra su cumpleaños en Nueva York"
Candy W. Andrey, heredera de la muy distinguida familia Andrey de Chicago celebra su décimo octavo cumpleaños en la ciudad de Nueva York. El evento fue celebrado en el Waldorf Astoria, donde Candy estuvo acompañada por sus familiares, amigos y por su esposo, Terrence Grandchester, hijo de un noble inglés.
La noticia que Candy era hija de una familia poderosa la había llenado de envidia.
No sólo le había quitado el hombre que amaba sino que era rica. Definitivamente, no iba a permitir que ella se saliera con la suya, tenía que decirle un par de verdades, decidió Susana saliendo de su escondite.
"Se va sorprender cuando me vea" – pensaba Candy mientras caminaba por las aceras de Manhattan.
Terrence acostumbraba almorzar en el teatro para intentar salir más temprano en la noche. Los ensayos se prolongaban cada vez más, perfeccionando cada una de las actuaciones, preparándose para el pre-estreno. Robert exigía más y más a sus actores, su reputación y regreso triunfante dependía de ellos.
Candy escuchó pisadas que corrían tras ella y se hizo a un lado para permitir el paso. Se sorprendió al escuchar la voz de Susana junto a ella pero más fue su mirada. Los ojos de Susana la miraban con fijeza y odio.
"Así que eres hija de la familia Andrey. Es difícil de creer que seas rica, tu apariencia es bastante insignificante."
Candy dio un paso al frente para alejarse pero Susana la retuvo.
"¡Suéltame!"
"Te estoy hablando, Candy."
"No tengo interés en escucharte, Susana."
"¿Cuándo dejarás a Terrence?"
"¿Dejar a Terrence?"
"Terrence es mío. Éramos muy felices hasta que apareciste."
"¡Pobre Susana! No quieres darte cuenta que Terrence no quiere nada contigo."
"Por tu culpa."
"Estás diciendo tonterías, Susana" – una vez más intentó avanzar pero ella se atravesó.
"¡Terry me ama!"
"¡Basta ya! ¡Ten un poco de dignidad! ¡Terry no te quiere! ¡Él no te ama, me ama a mí! ¡Tú fuiste su pasatiempo!"
"¡Aléjate de él, Candy! ¡Llévate a tu bastardo y vete de Nueva York!" – dijo tomándola por los hombros.
Candy soltó la canasta y levantó la mano para abofetear a Susana. La actriz jamás se esperó aquello. La palma de Candy se estrelló de lleno sobre su mejilla, haciéndola trastabillar.
"A mi hijo nadie lo llama un bastardo" – dijo Candy indignada.
Susana levantó la mirada y un hilillo de sangre empezó a correr por su mejilla. La mujer abrió los ojos sorprendida al sentir la herida abierta y Candy miró su mano. El anillo que Terrence le había regalado se había volteado, la gema cortando la piel de Susana.
"¡Desgraciada!" – gritó Susana.
"Aléjate de mí, Susana. Aléjate de nosotros" – dijo recogiendo la canasta.
"¡Me las vas a pagar! ¡Tú y Terrence me las van a pagar! ¡Voy a terminar con su carrera antes que empiece!"
Candy empezó a alejarse antes que los curiosos empezaran a detenerse.
En su oficina, Albert miraba el calendario. Se acercaba el cumpleaños de Alexander. Sonrió al recordar que él había traído al hijo de Candy al mundo. Apenas había pasado un año pero parecía más que eso. La más inesperada siendo el regreso de Terrence a Lakewood, reclamando por su hijo y por su mujer. El instinto de Albert le había dicho que el actor no había olvidado a Candy, aunque él se empeñara en ocultarlo.
"Espero que esta vez puedan ser felices…"
Se puso en pie y se encaminó a la oficina de Archi. El joven estaba sepultado en un mar de carpetas y papeles.
"¿Por qué tanto trabajo?" – preguntó Albert entrando a la oficina.
"Tengo algunos pendientes."
"¿Tuyos o de Stear?"
Archi se sonrojó.
"Si necesitas ayuda, puedes decírmelo. Sé que Stear ha faltado mucho a la oficina."
"Albert, Stear no está bien" – dijo soltando unos papeles.
"Lo sé, Archi. He intentado hablar con él. Inclusive le ofrecí irse de viaje pero se niega."
"Ha perdido el interés en vivir, Albert."
"Nadie muere de amor, Archi. Todos creemos que sí pero la experiencia me ha demostrado que no es así."
"¿Que sabes tú de amor, Albert? Jamás te he escuchado hablar de alguien."
"El que no lo sepas no significa que no exista."
"¿Hubo alguien?" – levantó una ceja.
"Por supuesto."
"¿Y qué pasó?"
"Se enamoró de otro" – dijo sonriendo de medio lado – "¿No es eso lo que siempre ocurre?"
"No sé qué haría si Annie desapareciera de mi vida" – dijo Archi – "Y pensar que al comienzo…"
"No la amabas" – interrumpió Albert.
"¿Cómo lo sabías?"
"Creo que todos, en algún momento, nos enamoramos de Candy."
Los compañeros de Terrence empezaron a silbar al ver a Candy entrar al teatro con la canasta. El actor sonrió a su esposa desde el escenario. Robert miró su reloj antes de levantarse y saludar a Candy.
"¡Hora de almorzar!" – le dijo a su elenco.
"Le traje algo muy especial" – dijo ella entregándole una bandeja.
Robert la destapó y sonrió complacido. Candy miró a los compañeros de Terrence y les hizo un guiño.
"No me he olvidado de ustedes."
Candy posó dos quiches sobre la mesa y una hogaza de pan.
"Grandchester, tu mujer es una maravilla" – dijo uno de ellos.
"Ya lo sé" – dijo acercándose a ella.
"¡Esto huele delicioso!" – Dijo Karen – "Tienes que darme la receta."
"¿Para qué? Seguro se te quema."
Karen miró a Terrence y le hizo una mueca antes de servirse. Terrence tomó la mano de Candy y la llevó hacia su camerino. Cerró la puerta tras él y la tomó entre sus brazos.
"¡Que agradable sorpresa, mi amor!"
"Pensé que te gustaría almorzar algo casero" – dijo apartándose de él.
Terrence la miró con curiosidad. Podía percibir que algo la estaba perturbando.
Candy sacó dos bandejas de la canasta y le entregó los cubiertos.
"Come. Todavía debe estar caliente."
"¿Qué te sucede, Candy?"
"Nada."
"No me mientas" –dijo tomando su mano – "¿Qué te sucedió?"
"Me encontré con Susana."
El cuerpo de Terrence se tensó.
"¿Pasó algo?"
"Me dijo que me alejara de ti. Que eres suyo."
"¡Ha perdido el juicio!" – Se llevó las manos a la cabeza – "¡Lo siento, Candy!"
"No es tu culpa".
"Sí, lo es" – la acercó a él para sentarla en su regazo – "Lamento mucho que hayas pasado un mal rato."
"Tengo miedo, Terrence. Dijo que iba a acabar con tu carrera antes que empezara. ¿Qué quiso decir con eso?"
"Alguna locura suya" – dijo encogiéndose de hombros.
"Ella está mal, Terrence. Creo que tiene algún desequilibrio."
"Todo va a estar bien, Candy. No te aflijas."
"No quiero que ella te haga daño."
"No lo va a hacer. Son solo amenazas de una loca."
Terrence besó su frente.
"No te preocupes. Ahora, vamos a comer antes que esto se enfríe."
El hombre tomó un bocado.
"¡Delicioso! Cuando nos casamos jamás pensé que cocinaras tan bien." "Eres una cajita de sorpresas, Candy. ¡Te adoro!"
"¿De verdad?"
"Jamás lo dudes… ¡te adoro!"
En ese mismo instante, no tan lejos de ellos, Susana Marlowe relataba un periodista su "aventura" con Terrence Grandchester.
"¡Esto va a ser todo un escándalo! ¿Está segura que quiere hacerlo, señorita Marlowe? Esto terminará con la carrera de Grandchester y de seguro arruinará cualquier oportunidad que usted tenga de ser actriz."
"¡No me importa! ¡Publíquelo!"
"Como quiera."
Horas más tarde, Candy, Terrence y Eleonor estaban en la salita bebiendo café. La pareja le había comentado a la mujer lo sucedido al medio día con Susana. Eleonor estrechaba a Alex entre sus brazos mientras pensaba en una solución al dilema.
"Creo que debo ir a hablar con la madre de Susana."
"No creo que sirva de mucho, madre."
"Debo intentarlo, Terrence. Quizás nos entendamos de madre a madre".
"Recuerda que esa mujer está tan desquiciada como su hija."
"Ella amenazó con destruir la carrera de Terrence" – dijo Candy.
"Su amenaza no tiene sentido" – empezó a decir Terry cuando el mayordomo entró al salón.
"Lamento interrumpirlos pero tienen una visita."
"¿A esta hora?" – preguntó Eleonor.
"Imagino que no te negarás a recibirme ¿verdad Eleonor?"
Los tres se sobresaltaron al escuchar esa voz. Candy dio una mirada rápida a Terrence y lo vio palidecer. Eleonor se puso de pie.
"Richard ¿qué haces aquí?"
Susana daba saltos de alegría por su casa.
"¡Lo hice, mamá! ¡Lo hice! ¡Esta noticia va a arruinar la carrera de Terrence!"
"También la tuya, Susana. ¿Pensaste en eso?"
"No me importa" – dijo arrojándose en el sofá.
"La actuación era tu vida."
"Sin Terrence, no me importa nada."
"No creo que él sea merecedor de tanta importancia por tu parte."
"¡Él tiene que pagar, mamá! ¡No puede ser feliz! ¡Me niego a que sea feliz! ¡Una vez que esta noticia salga en el periódico mañana, nadie querrá verlo!"
"¿Qué tal si sucede todo lo contrario? ¿Qué tal si desatas la morbosidad de la gente?"
"No lo creo. Lo van odiar por haber causado mi intento de suicidio. Robert no tendrá más remedio que despedirlo" – se rió.
"¿Les dijiste que intentaste suicidarte?"
"¡Claro! Tenía que hundirlo."
"¡Niña tonta! Van a creer que estás loca. Nadie va a querer contratarte."
"¡No me importa! ¡Solo importa que Terrence regrese a mí! ¡Su mujer lo va correr una vez que su infidelidad se haga pública! ¡Tiene que hacerlo!"
Elizabeth Marlowe miró a su hija con preocupación. Su corazón de madre le dijo que algo no estaba bien con ella: el brillo en sus ojos era malévolo al igual que el tono de su voz. Elizabeth era consiente que su hija era consentida y malcriada, culpa suya por siempre haber cedido a sus caprichos pero como viuda había volcado todo su amor en ella.
"Susana, creo que debes olvidarte de Terrence."
"¡Jamás!"
"¿Cuántas humillaciones quieres sufrir? Él te rechaza y ahora su mujer te golpeó. Te quedará una cicatriz."
Susana se llevó la mano a la mejilla.
"¡Esa miserable me las va a pagar! ¡Le voy a dar en lo que más le duele!"
"¡Basta Susy! ¡Deja de hablar así!"
"¡Mamá! ¡Me hablas como si yo estuviera equivocada! Candy es la intrusa. ¡Ella arruinó mi felicidad pero ahora, yo arruinaré la suya!"
Richard, Duque de Grandchester, altivo, arrogante e impecablemente vestido avanzó hacia Eleonor, la mirada fija en Alexander.
"Así que este es mi nieto" – dijo con satisfacción.
Terrence sintió la mirada burlona de su padre sobre él.
"Sabía que me darías uno…no importa cuántas veces te negaras a aceptarlo."
Richard se inclinó y tomó a Alex de los brazos de Eleonor. Terry dio un paso hacia el frente para evitarlo pero Candy lo tomó de la mano. Los ojos azules volaron hacia los verdes, interrogantes. Ella oprimió su mano para confortarlo.
"Es hermoso" – dijo escudriñando a Alex, que lo miraba con curiosidad.
"¿Mamá?" – el bebé se volvió hacia su madre.
"¿Dónde está?" – preguntó Richard.
Terrence tragó en seco al comprender lo que su padre buscaba.
"¿Acaso dudas que sea mío?"
"Podría hacerlo. Al fin y al cabo, Candy se escapó con un hombre" - dijo mirándola con desdén.
"¿Cómo se atreve?" – repuso Candy ofendida.
"No te alteres, Candy. Sé que no le faltaste a Terrence, a pesar que te abandonó. Ahora, díganme ¿dónde está?"
Candy cruzó una mirada con su esposo, comprendiendo lo que Richard buscaba.
Terrence le hizo una seña con la cabeza, diciéndole que no se la mostrara a su padre.
"No conseguiremos nada al ocultárselo" – dijo ella acercándose para tomar a Alex en brazos – "¿Me permite?"
"Por supuesto."
El duque observó a Candy mientras ella desabotonaba la camisa de Alex. Ella descubrió la espalda de su hijo y le mostró el lunar al duque. El hombre sonrió orgullosamente antes de tomar al bebé nuevamente.
"Serás un magnifico duque" – dijo él acariciando la cabeza de Alex – "Terrence Alexander."
"¡Mamá!" – llamó e intentó alejarse de su abuelo.
"¿Cómo…cómo sabe su nombre?" – preguntó Candy.
Angustiada, Candy vio a su hijo hacer pucheros y retorcerse en brazos de su abuelo. Era obvio que no estaba cómodo con el extraño.
"¿Me lo devuelve?"
"No seas egoísta, Candy. Me lo han ocultado todo este tiempo" – dijo con severidad – "Déjame disfrutar de él."
"No creo que Alex esté cómodo."
"¡Pamplinas! Soy su abuelo y tendrá que acostumbrarse a mí."
Alex quería que lo soltaran. Llevó sus manitas al rostro de su abuelo y haló su bigote con saña. El duque soltó un gemido. Terrence soltó una carcajada mientras Candy corría a tomar a su hijo.
"¿Te das cuenta, padre? Tampoco le gustas a él."
"Estoy seguro que le agradaré una vez que me lo lleve a Londres."
Las palabras del duque cayeron pesadamente en el ambiente. La pareja se miró confundida mientras él se sentaba junto a Eleonor.
"¿Cuándo te lo lleves a Londres?" – lo encaró Terrence.
"Lo que escuchaste" – cruzó una pierna.- "Eleonor ¿no le ofreces una copa a tu ex esposo?"
"Ahí está la licorera, sírvetela" – le contestó ella, preguntándose cuales eran las intenciones de Richard.
"¡Que maleducada! Veo de donde Terrence sacó sus modales" – dijo caminando hacia la licorera.
"Duque ¿de qué está hablando?" – dijo Candy.
"He venido por Alex" – contestó calmadamente –"¿Quieren un trago?"
Terrence se acercó a él y prácticamente le arrebató la botella de las manos.
"¡Deja de jugar y explícate de una vez!"
"Vine por mi nieto. Ninguno de ustedes está capacitado para criarlo como un Duque de Grandchester merece."
"¡A mi hijo lo crío yo y te garantizo que no será un duque!"
Richard tomó otra botella y se sirvió un vaso de whisky.
"Lo será" – lo contradijo.
"¿De qué está hablando?" –preguntó Candy, frunciendo el entrecejo.
"¿Acaso creen que no sé lo que han hecho durante el último año?"
El hombre se sentó en una butaca y los miró con arrogancia.
"Cuando Terrence abandonó Londres, pensé que regresaría por ti, Candy pero me equivoqué; no le diste suficiente tiempo. Me tomó por sorpresa el enterarme que te habías escapado con otro hombre para venir en busca de Terrence."
"Ese hombre era mi primo."
"Que cometió un crimen al robar tus papeles y sacarte del país. Estabas bajo mi custodia y eras menor de edad" – la miró con severidad.
"Yo le pedí que me dejara venir por Terrence."
"Pero yo quería que él regresara por ti. ¡Estaba seguro que lo iba a hacer! ¡Podía ver en sus ojos cuanto te amaba!"
Miró a Terrence con curiosidad.
"No entiendo por qué no la recibiste. Muchos hombres tienen amantes a pesar de estar casados."
Candy palideció al escuchar la crudeza de sus palabras. Terrence apretó los puños, enfurecido.
"¡Richard!" – Exclamó Eleonor – "¡No seas vulgar!"
"Sólo digo la verdad ¡pobre Candy! Tuviste que regresar con tu familia mientras Terrence se perdía en borracheras."
"¿Cómo rayos sabes tanto?" – preguntó Terry.
"El dinero hace maravillas, hijo mío. Si te hubieras quedado con Candy te habrías enterado que estaba en estado interesante".
"¿Usted lo supo y no intentó decírselo a su hijo?" – preguntó Candy.
"¿Con qué fin? Mi hijo jamás me escucha"– tomó un sorbo de su vaso.- "Al enterarme tuve la intención de hacerte regresar a Londres pero decidí esperar."
"¿Esperar, qué?" – preguntó Eleonor.
"Que Alex dejara de ser amamantado. Imagino que a estas alturas ya no lo haces ¿verdad, Candy?"
"¡¿Qué clase de pregunta es esa?!" – irrumpió Terrence al ver el rubor de Candy.
"Necesito saberlo o tendré que conseguirle una nodriza."
"¿Una nodriza?" – Repitió Candy –"Usted habla como si en verdad pensara llevárselo."
"¿Crees que estoy bromeando?" – dijo con la mayor calma.
"¡Tiene que estar bromeando!" – exclamó Candy abrazando a Alex.
"Richard, no puedes hablar en serio" – intervino Eleonor. – "No pretenderás hacer lo que hiciste con Terrence."
"No tengo inconveniente en que ellos vengan conmigo."
"¡Jamás regresaremos a Londres!" – Terry tomó la mano de Candy.
"Veo que la chispa del amor ha regresado a tus ojos, Terrence."
El duque jugó con la punta de su bigote.
"¡Basta de decir estupideces, padre!"
"Me llevaré a Alex con o sin ustedes."
"¡Estás demente si crees que regresaremos a Londres!" – dijo Terry.
"¡No permitiré que se lleve a Alex!" – lo enfrentó Candy.
"Entonces, tenemos un problema porque yo no me marcharé de América sin mi nieto."
¡No te lo daremos!" – dijo Terrence.
"¡No te lo permitiré, Richard!" – dijo Eleonor.
"¿Acaso no saben quién soy?" – Se puso de pie.- "Soy el Duque de Grandchester y mi reputación es intachable… ¿pueden decir lo mismo ustedes?"
Arrojó un periódico sobre la mesa.
"Esa era la primicia del día de mañana. Tuve que pagar mucho dinero para que no lo publicaran."
Terrence recogió el periódico para encontrarse con un relato detallado de su aventura con Susana y el intento de suicidio de ella. Candy y Eleonor abrieron los ojos, escandalizadas.
"Deberían darme las gracias pero no crean que lo hice por ustedes. Lo hice por el buen nombre de la familia y por el bien de mi nieto. El no merece estar envuelto en semejante escándalo… ¿se lo pueden imaginar? El hijo de un par de infieles."
"¿Qué quiere decir con eso?" – Preguntó Candy – "No tengo nada de qué avergonzarme."
"No importa si ese hombre es tu primo, Candy. Cometiste una falta al abandonar el hogar donde tu esposo te había dejado…y como si no fuera suficiente, estuviste comprometida con él a pesar de estar casada."
Candy tragó en seco.
"Y tú, Terrence… ¿sigues con la idea de ser actor?"
"¡No le hables así!" – dijo Eleonor al escuchar su tono burlón.
"Olvida esas ideas tontas, Terrence. Tu futuro está en Londres. Los Grandchester siempre tienen una plaza en Oxford…sólo debes ocuparlo. Candy ocupará un lugar en la corte y mi nieto será educado como le corresponde a alguien en su posición."
"¡No regresaré contigo! ¡¿No lo entiendes?! ¡Jamás seré duque!"
"¡Lo serás! ¡Me vas a obedecer!" – dijo encarándolo.
"¡Nunca!"
"Candy, te sugiero que lo convenzas."
"No puedo obligarlo a hacer algo que lo hará infeliz."
"Una mujer puede influir en las decisiones de su esposo, Candy."
"No puedo hacerlo."
"¿No? Entonces tendré que deshacerme de este pedazo de tierra."
Candy palideció al escuchar sus palabras. El duque sonrió.
"¿Sabes de lo que hablo, verdad? Este es el título de propiedad de tu amado Hogar de Pony."
"A Candy le tienen sin cuidado las propiedades" – intervino Terrence.
"¿Me creen ingenuo?" – Richard los miró – "Sé perfectamente lo que estas tierras significan para ella. Es donde fue criada. Imagino que no quieres todos esos niños se queden sin hogar."
"¡Usted no puede hacer eso!" – gritó Candy.
"¿Quieres apostar? Una vez me ganaste, niñita. Te escapaste e hiciste tu voluntad…pero esta vez yo tengo la baraja ganadora."
Terrence dejó escapar un grito de frustración y se lanzó hacia su padre para tomarlo por las solapas.
"¡Cállate ya! ¿Quién crees que eres?"
"¡Suéltame, necio!"
"¡No te vas a llevar a mi hijo! ¡Primero tendrás que matarme!"
"¡Lo haré si fuera necesario!"
"¡Richard!" – exclamó Eleonor horrorizada.
"¡Siempre has sido un mal agradecido, Terrence! ¡Si quieres que te mate, lo haré y me importará muy poco porque tendré al heredero!"
¡Miserable!"
Candy observó los ojos del duque entrecerrarse de la rabia y lo vio levantar la mano en el aire mientras sujetaba a Terrence de la solapa.
"¡No!" – gritó Candy empujando a Terrence y recibiendo el bofetón.
La mujer cayó al suelo con un ruido sordo mientras Alex, desde el sofá, empezaba a llorar. Terrence se inclinó sobre ella para ayudarla a levantarse. Candy se llevó la mano a la mejilla ardiente mientras Terry la rodeaba con los brazos.
"Mi amor ¿estás bien?"
"Si…si…pero Alex…está llorando."
"¡Largo de aquí, Richard!" – le ordenó Eleonor.
"Quiero advertirles que no intenten escaparse. Tengo detectives vigilándolos y al primer movimiento en falso, iré con las autoridades. Los acusaré de adulterio y probaré que no son adecuados para criar un niño."
Richard se encaminó hacia la puerta.
"Les doy hasta mañana para que me digan cuando partiremos. Estaré en el Waldorf esperando su respuesta."
Los tres se miraron llenos de estupor mientras el duque salía del salón. Iracundo como estaba, Terrence lanzó el vaso en que su padre había bebido contra la chimenea. Candy intentaba calmar a Alex que lloraba desconsoladamente. Eleonor se sentó junto a ella puesto que sus piernas no la sostenían. El actor avanzó hacia la licorera para servirse un trago.
"No resolverás nada con beber" – dijo Candy.
Terrence sintió como si le hubieran halado de los cabellos.
"¡No me digas que hacer!" – y tomó un sorbo desde la botella.
"¡Siempre crees resolver todo con licor! ¡Todo esto es culpa tuya!"
"¡¿Mi culpa?!" – Se volvió incrédulo hacia ella – "¿Quién se escapó de la custodia de su suegro?"
"¿Quién me abandonó sin dar una explicación?"
"¿O sea que todo es culpa mía?" – sus ojos chispeaban.
"Si no lo hubieras hecho, no lo hubiera hecho yo."
"¡¿Ah, sí?! ¡Tú también tienes la culpa y tú lo hiciste peor! ¡Te huiste con otro!"
Eleonor los miró con preocupación.
"No creo que sea el momento de hallar culpables" – dijo para apaciguarlos.
"Sólo hay un culpable y ese es Terrence" – dijo Candy con frialdad.
Terrence la miró con los ojos entrecerrados antes de lanzar la botella contra la pared. El estruendo volvió a desatar el llanto de Alex.
"¿Te das cuenta de lo que hiciste?"
"¡Deja de acusarme, Candy! ¡Tú no eres tan inocente!"
"¡Al menos no soy infiel! ¡Mi nombre no es el que iba a aparecer en primera plana!" – se puso de pie.
"¡No eres una santa tampoco!" – la encaró.
"¡Cálmense!" – rogó Eleonor.
"¡Tú no resolverás nada! ¡Llamaré a Albert!"
"¡No vas a llamar a nadie! ¡Esto es asunto de familia y yo lo resolveré!"
"¡No creo que puedas!" – dijo Candy con menosprecio.
Los dos volvieron a mirarse llenos de furia por unos segundos antes que Terrence le diera la espalda.
"Será mejor que lleves a Alex a su cuarto."
"¡No me digas que hacer con mi hijo!"
"¡Nuestro hijo!" – la corrigió.
"¡Esto es tú culpa! ¡Ya veo de donde saliste!"
"¿Qué se supone que quieres decir?"
"¡Eres igual que tu padre!"
Candy se percató del dolor que esas palabras estaban causando en Terrence pero no se podía detener.
"¡Eres un chantajista igual que él! ¡Si no me hubieras obligado a regresar, estaría con Stear y Alex estaría a salvo!"
"¡¿Es eso lo que te duele?! ¡¿Te duele estar lejos de tu amante?!"
Candy lo miró injuriada. Abrazó a Alex y dio la vuelta para salir del salón.
"Debí permitir que tu padre te golpeara."
Terrence apretó los puños y dio un paso para seguirla pero Eleonor lo detuvo. Los pasos de Candy se fueron haciendo más lejanos hasta desaparecer del todo.
Terrence miró a su madre.
"¿Por qué te interpusiste?"
"No van a resolver nada echándose las culpas. Este no es el momento."
"¡No puedo creer lo que está sucediendo!" – dijo Terrence tomando asiento.
"Sabía que tu padre era capaz de todo pero no me imaginaba algo así. Quitarles a Alex es demasiado ruin."
"¡No se lo permitiré, madre!"
"¿Qué harás? ¿Regresar a Londres?"
"Prefiero morir a regresar a ese castillo" – dijo con vehemencia.
Candy se dejó caer en la cama con Alex en brazos. El pequeñín empezaba a calmarse y a dormirse. La rubia miraba a su pedacito de ser con ternura y le cantaba en voz muy dulce. Alex llevó una mano hacia los rizos de Candy y enredó sus dedos en ellos mientras parpadeaba. Ella se aseguró que él durmiera antes de dejar las lágrimas fluir por su rostro.
"¡No puedo permitir que se lleve a Alex! ¡Me moriré sin él! ¿Cómo es posible que sea la segunda vez en mi vida que me amenacen con quitarme lo más preciado que tengo? ¿Qué voy a hacer? ¿Irme con el duque? No tendré más opción…pero eso significaría que Alex se criaría sin padre. ¿Y yo? ¿Cómo podré estar sin mis seres amados? ¿Sin Terrence?"
Los pensamientos se atropellaban en la cabeza de Candy y a medida que su enojo se transformaba en dolor se percataba que estaría incompleta sin Terrence.
"¡Tonto, engreído! Me hace salir de mis casillas pero…lo amo…"
Ella lloró con más fuerza, ahogando los sollozos con el dorso de su mano.
Lamentaba las palabras que había cruzado con Terrence y ansiaba su presencia.
Volvió el rostro hacia la puerta al escuchar los pasos de Terrence detenerse tras ella y desilusionada los escuchó alejarse.
"¡Terrence! ¡Terrence!" – Clamaba su corazón – "¡Te necesito! ¡Ven a mí!".
Consideró buscarlo pero el orgullo se lo impidió.
Susana se levantó apenas el sol empezó a brillar. Sentía una extraña calma en su alma a pesar que su relato iba a arruinar tanto su carrera como la de Terrence.
Tomó su bolso y salió por la puerta de su casa. Su rostro tenía una enorme sonrisa dibujada y más de un hombre la saludó entusiasmado.
"¡Hombres!" – pensó llena de satisfacción. Era tan fácil manejarlos.
"Con excepción de Terrence" – se recordó llena de amargura.
Avanzó hacia el puesto de periódicos y saludó al encargado antes de tomar un ejemplar. La sonrisa de Susana empezó a desaparecer a medida que leía la página principal.
"¿Dónde está?"
Abrió el periódico y empezó a recorrer cada página buscando su historia.
"Oiga, tiene que pagar antes de leer" – le dijo el encargado.
"¡Cállese!" – le gritó.
Una y otra vez le dio vuelta al periódico sin encontrar la noticia que buscaba. Miró la página social y sólo vio una reseña acerca del arribo del Duque de Grandchester a Nueva York con motivos desconocidos. Susana, desesperadamente, empezó a revisar cada edición. Uno a uno los abría, los examinaba y arrojaba al suelo, desconsolada.
"¡No! ¡No! ¡¿Cómo puede ser posible?!"
Fuera de sí, se lanzó hacia el kiosco y derribó todos los periódicos con los brazos.
El encargado salió del interior para detenerla. Algunos curiosos empezaron a rodearlos.
"¡¿Qué le pasa, señorita?!" – la tomó de los brazos.
"¡Suélteme! ¡Suélteme! ¡Mi historia! ¡Mi historia no está!"
"¿De qué habla?"
"¡Mi historia! ¿No sabe quién soy? ¡Soy Susana Marlowe, la novia de Terry!"
"¡Me importa un comino quien usted sea! ¡Va a pagar por todos esos periódicos!"
"¡Déjeme! ¡No me toque!" – Susana se lanzó encima de él y lo arañó.
El hombre soltó un grito de dolor y dio un paso para atrás. La mujer quiso correr pero los transeúntes le cerraron el paso.
"¿Está loca?" – Gritó el vendedor – "¡Policía! ¡Policía!"
"¡Mi historia! ¿Por qué? ¡Era mi golpe de gracia!" – dijo llorando.
Un policía hizo su aparición. Susana lloraba histéricamente en el suelo mientras rasgaba cada hoja de los periódicos que la rodeaban.
"¡Está demente!" – dijo un curioso.
"Señorita, haga el favor de acompañarme" – le dijo el policía.
"¡Tiene que pagar lo que ha hecho!" – repitió el vendedor.
"Ella le pagará pero ahora tengo que llevarla a la estación".
Se inclinó para tomar a Susana del brazo. Ella retrocedió.
"Venga conmigo."
"¡No! ¡No! ¡Tengo que hablar con…!"
"Hablará con quien desee" – dijo el policía con calma – "pero primero acompáñeme."
La obligó a levantarse y Susana empezó a luchar por liberarse.
"¡Cálmese!"
"¡No! ¡Suélteme! ¡Déjeme!" – se lanzó contra él para morderlo.
"¡Ay!" – gritó sin soltarla pero la sacudió con fuerza.
"¡No! ¡No!"
Susana lloraba con histeria mientras la esposaban. Repentinamente sus ojos se pusieron en blanco y resbaló hacia el suelo. El agente se rascó la cabeza.
"¡Genial! ¡Ahora tendremos que conseguir una ambulancia!"
"Candy ¿estás bien?"
La rubia parpadeó al escuchar la voz de Eleonor. Se recostó contra los almohadones mientras se restregaba los ojos.
"Me duele la cabeza."
"Me lo imaginaba" – dijo su suegra – "es muy raro que duermas hasta el mediodía."
"¡Mediodía! ¿Tan tarde?"
"Esto te ayudará" – dijo entregándole un vaso de agua y aspirina.
"Casi no pude dormir. Creo que me quedé dormida cuanto empezaron a cantar los pajaritos."
"En cambio Alex despertó muy temprano. Terrence lo dejó conmigo antes de irse al trabajo."
"Ni siquiera me percaté cuando entró"- se puso de pie para ir hacia la cuna – "¿Dónde está Alex?"
"No te aflijas, Candy. Alex está con la señora Johnson."
"¿Y si regresa el duque?" – la miró nerviosa.
"Hay instrucciones específicas que te traigan a Alex de inmediato. No te preocupes, Candy. Alex no saldrá de aquí."
"El duque parecía muy seguro de sus amenazas."
"Ni Terrence ni yo vamos a permitir que se lo lleven."
"¿Cómo vamos a evitarlo? Nos acusará de infidelidad y estoy seguro que puede comprar una corte."
"No sé como lo haremos pero lo haremos."
"Debería hablar con Albert."
"No lo hagas."
"¿Por qué?"
"Terrence te lo pidió. Él lo quiere resolver a su manera."
"¿De qué manera? ¿Insultando a su padre?"
"Terrence es demasiado impulsivo…lo sé."
"Tengo miedo que Terrence vuelva a huir."
"¿Huir?" – la miró con curiosidad.
"Lo hizo antes."
"Esta vez no te va a abandonar, Candy. Estoy segura."
Candy miró a Eleonor. Podía ver en su rostro la fe de una madre que confía en su hijo…pero desafortunadamente, Candy no podía confiar en él.
Era más de media noche cuando Terrence regresó a su hogar. Si bien solo habían pasado horas desde que había salido, el actor sintió como si hubieran pasado años…y la expresión de su rostro lo delataba.
Pesadamente subió las escaleras hacia el segundo piso y se dirigió hacia la habitación de Candy. Una luz se filtraba bajo la puerta y abrió la puerta con cuidado.
No pudo evitar sonreír al ver la imagen frente a él.
"Valió la pena…"
Candy estaba sentada en la mecedora, acunando a Alex entre sus brazos. Los dos dormían plácidamente, el vaivén de sus pechos suaves y constantes. El rostro de Candy era apacible y dulce pero había una pequeña arruga entre sus cejas que denotaba una preocupación en lo más hondo de su alma. Se acercó a ellos y se hincó.
"Candy…"
Ella abrió los ojos de inmediato.
"¿Qué? ¿Qué ocurre?" – se sobresaltó.
"Calma" – dijo posando un dedo sobre sus labios – "Vas a despertarlo."
Candy bajó la mirada hacia su hijo.
"Nos quedamos dormidos…le estaba cantando."
"Tenemos que hablar" – dijo poniéndose en pie.
"Sí, claro" – ella lo imitó y acostó a Alex en la cuna.
Terrence se acercó para cubrirlo con una sabanita. Candy notó la delicadeza de su gesto y el amor en el beso que posó en la frente infantil. Su corazón se encogió como lo hacía cada vez que veía a Terry en su papel de padre.
"No me mires así, pecosa" - dijo mirándola de reojo.
"¿De qué quieres hablar?"
Él le hizo un gesto con la mano y le indicó que lo siguiera. Atravesaron la habitación para entrar a la recamara masculina. Terrence tomó asiento en el sofá de la salita de estar y Candy en una butaca junto a él.
"¿Qué sucede, Terry? ¿Por qué tanto misterio?"
"Hablé con mi padre."
Terrence entró a la suite con el mismo caminar arrogante del duque. El hombre mayor no pudo evitar notar lo similar que eran ellos dos. Con un gesto, le indicó que tomara asiento y con un chasquido de los dedos, el mayordomo les trajo una bandeja de licores.
"Whisky, champagne, vino?" – les ofreció.
"No he venido a socializar" – dijo Terrence con brusquedad.
"Dos vasos de whisky en las rocas" – pidió Richard.
El actor contó hasta diez para controlarse mientras el mayordomo servía y se retiraba. El duque tomó su vaso y miró a su hijo.
"¿Y bien?" – le preguntó.
"Vengo a decirte que no pienso aceptar tu chantaje. Puedes hacer lo que te de la gana."
"¿Te empeñas en ser actor?"
"No te debería interesar lo que pienso hacer."
"Puedo arruinar tu carrera, así" – chasqueó los dedos – "Puedo hacer que publiquen la noticia de escándalo que esa mujercita dio al reportero."
"No hay actor que no haya cometido alguna indiscreción."
"¿Y la vergüenza para tu mujer?"
"Candy me ha perdonado ya."
"¿Y así le pagarás por su amor?"
"¿Así, cómo?"
"La propiedad. La venderé y dejaré a todos esos huérfanos sin hogar."
"La familia de Candy los acogerá."
"¿Por cuánto tiempo? No puedes hacerle eso, Terrence. Ese es el hogar de Candy. Ahí están las pocas raíces que tiene. No seas tan egoísta."
Terrence apoyó la espalda en el respaldo, lleno de frustración.
"Eso no es lo peor, Terrence. Recuerda que tengo pruebas contra ustedes. Les quitaré a Alex."
"¡No puedes hacer eso!"
"¡Claro que lo haré! Y es más, ya no quiero sólo a Alex" – le sonrió perversamente
–"He decidido que quiero que regreses conmigo."
"¡No!"
"¡O vienes conmigo o te quito a Alex y destruyo el orfanato!"
Richard observó el titubeo de Terrence y se puso en pie.
"¡Deja de pensar solo en ti! ¡Piensa en Candy! ¿Le pagarás así por su amor? ¿Es así como le demuestras cuanto la amas?"
"Padre…"
"¡Harás lo honorable!, ¡Terrence! ¡Lo honorable es que cuides los intereses de tu esposa…que cuides su felicidad más que la tuya¡ !Vas a hacer lo que te digo y lo vas a hacer por amor más que por el deber!"
"¿De qué hablas?"
"El deber te obligó a casarte con ella para reparar tu falta pero para mi suerte…"- sonrió – "el deber se convirtió en amor."
"¡Basta!"
"¡Harás lo correcto y será por amor! ¡Tú la amas y no soportarás estar lejos de ella nuevamente! Candy no soportará estar sin su hijo…No tienes otra opción más que regresar conmigo y ocupar tu lugar."
Terrence contempló todas las posibilidades y tuvo la extraña sensación que las paredes se cerraban a su alrededor. Tomó un trago de su vaso antes de hablar.
"¿Qué pasa con mis sueños, padre?"
"Los sueños son solo eso, sueños" – dijo con desprecio – "La realidad es otra."
"¿Eres realmente tan vil?"
"Los Grandchester siempre conseguimos lo que deseamos."
"Menos yo…"
"Me lo agradecerás algún día."
El actor tuvo la idea de golpear a su padre hasta hacerlo entrar en razón pero el recuerdo de Candy lo detuvo. Richard encendió un cigarrillo y le ofreció uno a su hijo. Terrence lo rechazó mientras recordaba su promesa a Candy.
"Está bien"- dijo entre dientes.
"¡Sabía que entrarías en razón!" – Sonrió con satisfacción – "¿Cuándo nos iremos?"
"Acepto solo con una condición. Que me permitas participar en el estreno de la obra."
"¡De ninguna manera!"
"Es lo único que te pido. Quiero participar en el estreno y quedarme para la crítica del día siguiente. Después de eso, partiremos."
"Lo que quieres es ver tu nombre en la marquesina."
"No. Lo que quiero es vivir mi sueño aunque solo dure un día".
El duque contempló la mirada triste de su hijo y sintió un extraño cosquilleo que lo obligó a cavilar.
"Está bien, Terrence. Una función y regresaremos a Londres. ¿Puedo confiar en ti?"
Candy se puso de pie de un salto.
"¡No! ¡De ninguna manera!"
"Tranquilízate, Candy" – dijo tomando su mano para sentarla.
"¡No lo aceptaré! ¡No te puedes sacrificar así! ¡No es justo! ¡Tus sueños!"
"Son sólo sueños…"
"¡No hables así!" – Apretó su mano – "No estás derrotado."
"Lamento decirlo pero mi padre ganó este partido."
"¡No! Tiene que haber otra solución. Nos iremos ¡huiremos!"
Terrence negó con la cabeza.
"No voy a darte a ti ni a Alex esa clase de vida."
"Pero Terry…tus sueños…"
"Mis sueños están junto a ti, pecosa" – dijo buscando su mirada – "Lo único que me importa es tu bienestar y estar junto a ti."
"¡Oh, Terry!" – dijo con ojos llorosos.
"No vayas a llorar" – dijo halándola hacia su regazo – "No podría soportarlo."
"No es justo"- dijo conteniendo las lágrimas.
"La vida es injusta pero tenemos que sobrevivir…y yo lo haré si te tengo junto a mí. Lo único que me importa en este mundo eres tú y Alex, Candy."
Ella empezó a llorar en silencio al pensar en el enorme sacrificio que Terrence estaba haciendo. El actor besó su frente.
"Te pedí que confiaras en mi, Candy. Nunca te abandonaré, nunca más te dejaré."
"Me doy cuenta" - sollozó – "y pensar que anoche pensé que te irías…que huirías."
"¿Pensaste eso?"
"Es que…peleamos tan feo."
"Lo siento, mi amor. Creo que estábamos bastante alterados."
"Lo siento… ¡perdóname!"
"Perdóname a mí. Tienes razón, nada de esto hubiera ocurrido si no te hubiera dejado en Londres."
"Yo también tuve la culpa por impulsiva."
"Eso es lo que más me encanta de ti, eres puro corazón."
"No podía imaginar mi vida sin ti…por eso me escapé."
"Lo sé, mi amor. Tú también eres mi vida y te vuelvo a prometer que nunca más estaremos lejos. ¿Confías en mí?"
"Confío en ti."
"Entonces deja de llorar" – dijo levantando su rostro.
"No…puedo."
Terrence besó su frente antes de besar cada uno de sus ojos con reverencia.
"No llores, Candy…mi Candy."
Deslizó sus labios por sus mejillas, intentando borrar el rastro de lágrimas con besos fugaces, que lo llevaron hasta los labios rosa. La sal de sus lágrimas hizo que su corazón se encogiera al pensar en el dolor de su esposa.
"No más lágrimas"- susurró antes de besarla amorosamente.
Terry jugueteó con sus labios. Candy se dejó llevar y mordisqueó los labios masculinos antes de deslizar su lengua en la boca de él. Terrence aceptó gustoso el beso y dejó la suya danzar con la de ella. Un gemido se escapó de los labios femeninos. Los brazos de Terry la rodearon para oprimirla contra su pecho mientras posaba un beso abierto sobre la piel del cuello de Candy. La rubia se estremeció al sentir el rastro húmedo que Terrence dejaba sobre su piel. La boca masculina regresó hacia la barbilla femenina y la mordisqueó juguetonamente.
"Oh, Terry."
"Dilo otra vez" – le pidió él.
Candy llevó las manos hacia su rostro para apartar el cabello que caía sobre la frente de su esposo. Sus ojos verdes se posaron, expectantes, en los de Terry. Él la miró en silencio y cerró los ojos cuando ella se acercó para recorrer con sus labios las pobladas cejas con delicadeza. Terrence suprimió el deseo de reírse cuando Candy acarició sus pestañas con los labios antes de besar cada parpado. Ella le dio besos breves por todo el rostro antes de dirigirse hacia su oreja y recorrer el contorno tal cual él lo había hecho en la fiesta.
"¡Te gusta!" – exclamó alborozada al sentirlo estremecer.
"¿Lo habías olvidado?" – preguntó él en voz muy baja.
Por respuesta, ella cubrió su boca con la suya para besarlo apasionadamente.
Terrence se puso de pie sin soltarla y la estrechó contra su figura mientras se besaban con desesperación. Sin medir consecuencias, las manos de Terrence se posaron en los hombros femeninos para apartar las tiras de su camisón.
Instintivamente, Candy se apartó para sujetar el frente de la tela. Terrence levantó las cejas al ver su reacción.
"Perdóname…"
Ella lo miró y se acercó a él.
"Yo te amo"- dijo tomando las manos de él y posándolas sobre sus brazos donde pendía el negligé.
"Candy."
Los ojos azules la miraron, una pregunta en ellos. Ella levantó la mirada hacia él y le respondió con un parpadeo. El actor la levantó en brazos y besó sus labios antes de depositarla sobre el lecho.
Hola queridos lectores
les dejo otro capitulo de esta gran historia de msgrandchester lamento mucho no haber subido hoy un capitulo del fic me robaste el corazon sin pensarlo pero les juro que mañana las compensare seran los primeros capitulos que subi a primera hora, deseo adelantar lo mas que se pueda para que al fin lleguemos a la parte final.
saludos
