Nota de Autor:
Ymmm Y... Qué hay de nuevo viejos?
Volví. Ando tratando de actualizar rápido porque no me gusta que me dejen en suspenso demasiado tiempo y espero que no les pase eso a ustedes tampoco. (Que los dejen esperando tanto).
Espero que les guste.
Capítulo 3:
Asignación de objetivos.
Documento redactado por la agente encubierta Ada Wong para la - - - - - en favor de los archivos interceptados.
Reporte N.4: Albert Wesker.
Fecha de nacimiento: 1960
Grupo sanguíneo: O+
Género: Masculino.
Altura: 1,88 cm
Peso: 87kg.
Raza/Etnia: Caucásica.
Ocupación:
Investigador/Agente en Umbrella (1978-1998) logró S.T.A.R.S. Fue dado por muerto en los sucesos del 24 de julio de 1998. … …
...
...
- Racoon city…
Un timbre repentino logró sacarla de la cavilación repetitiva de un documento repasado varias veces, no era el tono convencional del móvil que usaba para atender los asuntos con Wesker, porque tampoco era el móvil usado para eso. Fue hasta el armario sin prisa y tomó un teléfono alterno y "poco" usado observando la pantalla. La llamada siguió sin que ella respondiera ni apartara la vista del artefacto hasta que luego de tanta insistencia esta cesó. Dejó caer el brazo en el que sostenía el móvil y se apoyó de espaldas contra el armario. Cerró los ojos un instante y luego despacio esbozó una sonrisa.
- No me la pones fácil… -
Muchas cosas en su vida eran así, simplemente complicadas. Con el paso de los años lo único constante era el cambio, cambio de papel, de vivienda, de misión, de objetivo… Ella seguía siendo la misma de antes aunque ahora sabía mucho más que antes cuán oscuras eran las sombras y cuanta porquería podía ocultarse en ellas. El incidente de Racoon City marcó mucho de lo que era y resultó en no más que una probada de todo lo que podía avecinarse y aunque bien podía hacerse a la idea, revivir en su mente los horrores, le generaba siempre una tensión anómala en el cuello, aunada a una sensación casi retorcida que sumada a una imagen, pintaban un panorama en el que ella caminaba junto a los cadáveres como si fuera uno más, una existencia simple: destruir, consumir, continuar. En base a eso había tenido una revelación casi inspiradora, ese patrón ya lo habían tenido los humanos primitivos y cavia resaltar, que seguía elegantemente existiendo dicho patrón en el humano actual.
- Una lástima. – murmuró retomando su postura erguida y sentándose al borde de la cama para consultar su ordenador, había olvidado verificar algo muy importante: Su cuenta bancaría.
Tecleó con velocidad los dígitos de su cuenta y la clave para ingresar al portal en line, un par de pasos más y pronto estuvo ante ella el estado de su cuenta. Tan abundante como siempre pero con una cifra recientemente añadida. Cerró la tapa del portátil y este se apagó. Lo dejó a un lado para enfilar al baño, pronto tendría que salir.
Edificio Patent.
Un enorme rascacielos en prácticamente el centro de la ciudad, no recordaba haberlo visitado en alguna ocasión pasada, pero lo importante era lo que conseguiría en el último piso. La noche anterior luego de haber realizado con éxito una misión, dejó el objeto recolectado en el vehículo tal como le había ordenado. No tenía mayores datos como para tomar otras acciones adicionales de su conveniencia, y ahora debía asistir a una "cita" para ser informada de la próxima misión. Tenía la impresión de que algún tercero le entregaría algo como de costumbre, la información sobre el lugar de reunión en particular era irrelevante.
7:27 pm, Estaba a tiempo en el lugar pero no a tiempo para recibir su misión si contaba con la velocidad a la que seguro iría el ascensor. El horario siempre apremiaba en esos asuntos.
Ingresó en la torre encontrándola vacía prácticamente a no ser por un equipo de seguridad que definitivamente era privada. Una mujer de cabello castaño la observó desde un cubículo que fungía como "recepción" y un par de encorvatados adicionales pasaron por su lado sin poder evitar echarle una mirada conforme se dirigían a la salida. Era un edificio de oficinas, ¿Administrativo?, posiblemente.
Frunció el ceño por una fracción de segundo al estar frente a las puertas del ascensor pulsando el botón para llamarlo. Aguardó un minuto antes de que las puertas se abrieran y miró el reloj arrojando un suspiro. Solía ser muy eficiente con el tiempo en las misiones, tanto que al salir había elegido al "azar" lo que se pondría para evitar demoras. Agradeció que el ascensor tuviera espejo así que apenas se cerraron las puertas se escudriñó en el mismo. Era agradable no tener demasiado que dedicarle a su cabello, corto, lacio, sedoso… fácil de manejar bajo todo clima y definitivamente se veía bien peinado hacia un lado. Su piel no requería mucho retoque, las pestañas con rímel y los labios con brillo eran suficiente, finalmente su atuendo no era especial, vestía lo justo a la medida justa… negros pantalones de cuero, blusa de seda roja y chaqueta a juego con el pantalón, Además de unas botas con tacón corrido.
Miró en rededor y se fijó en el panel de botones, ya estaba por llegar al último piso, se volvió hacia el espejo organizando unas hebras de cabello que se habían "desordenado" con el viento y peinando sus cejas con los dedos. Suficiente. Giró sobre sus talones al oír que las puertas se abrían. Se erguía a su posición habitual cuando de pronto al acabar de abrirse las puertas, tuvo esa presencia justo frente a ella, aguardando.
- Ada… - Le llamó a modo de saludo con voz grave y serena, Wesker siempre hablaba como si todo lo tuviera resuelto y lucia del mismo modo también. Formal, audaz y letal.
Aquel encuentro en realidad era sorprendente, casi sospechoso. Albert Wesker llevaba sus asuntos de otro modo y a menos que tuviera algún objetivo determinado y muy importante en un sitio en específico, no tenía por costumbre aparecer. Al menos, eso era lo que ella conocía.
La mujer miró a su interlocutor inexpresiva al principio, pero luego con una pequeña sonrisa. No lo esperaba, pero no parecía sorprendida, quiso traspasar el cristal de sus anteojos con la mirada y solo consiguió ese par de orbes carmesí sin detectar nada más.
- Espero no haber llegado demasiado tarde. – Expresó como disculpa adelantándose para salir de ascensor ahora que el varón con un gesto cortes le indicaba que lo hiciera. Caminando junto a ella para conducirla.
- Estas a tiempo, aunque igual te habría ido a buscar. – El comentario lo acompañó con una sonrisa que ella contempló de reojos. Su atención se dividió por instantes en el recorrido habitual, entradas, salidas y salidas alternas. Aquel era un piso al que se accedía desde el ascensor e intuía que también desde las escaleras de emergencia, que seguramente se encontraban tras la puerta junto al ascensor. El lugar en sí, era un enorme espacio más bien parecido a un apartamento ejecutivo prácticamente vacío. Paredes blancas, mármol negro, zonas con madera pulida y mobiliaria compuesta en su mayoría, por una mesa de junta de gran tamaño, una pantalla gigante tras esta, sofás desperdigados en la inmensidad del área y una región de la misma que debía funcionar como cocina.
- Por aquí – Wesker le indicó que avanzara hacia la terraza al fondo del salón, solo había que atravesar una puerta de cristal, la noche brillaba afuera.
- ¿Realmente lo considerarías necesario? – inquirió con fingida incredulidad la morena hablando de lo mencionado por él anteriormente, acompañando al rubio hasta el borde del piso, un medio muro separaba a la pareja del precipicio.
- No se pueden desestimar los riesgos actuales… – repuso él contemplando el panorama antes de poner su mirada en ella. – Ni la fragilidad humana. – Agregó enseriándose despacio.
Ada elevó el rostro con orgullo y luego esbozó una sonrisa encantadora que se tiñó de burla "inocente".
- No todos tenemos que ser indestructibles…- Se aproximó un poco cual si fuera a susurrarle - …Para sobrevivir, Wesker. – Recuperó la distancia de antes luego de guiñarle un ojo a su jefe. Pronto ese dejo coqueto se esfumó mientras se fijaba en el panorama. Wesker siguió con la mirada fija en ella y volvió a sonreír.
- Reconozco cuánto hay de cierto en eso. – viró sus ojos hacia el panorama citadino que en una oscuridad perfecta, con sus luces, emulaba un cielo estrellado. Una aurora de colores y consumo. Algo bello y terrible. – eres absolutamente buena para escapar con lo necesario en último momento. – Afirmó con la certeza de una experiencia que ambos conocían.
- Algo debía dejarme el oficio – Argumentó ella entrecerrando los ojos cuando el viento comenzó a soplar con mayor intensidad. Decididamente se apoyó un poco en el muro contando mentalmente la cantidad de metros que los separaba del suelo. – Tú no morirías ni aun cayendo de esta altura.
Wesker, cómo ella sacó sus cuentas mentales al mirar hacia el vacío también. – No, y de seguro tú zafarías antes de estrellar tu frágil fisionomía contra el concreto. – Su voz se oía aterciopelada de momentos y era esa calma habitual lo que la hacía tan decidamente anómala y quizás odiosa. – Es por eso que tengo otra "encomienda".
La mirada de ambos se encontró en una complicidad casi idílica. Dos seres midiéndose en silencio, echándose en cara afablemente la veracidad de dos procederes tan opuestos como compatibles. Ambos temerarios.
Ada sonrió y desvió la mirada hacia el interior del apartamento. Wesker sostuvo la suya en ella y se aproximó lo suficiente como para acercarle una mano a la mejilla. La mujer permaneció estática ante ese contacto, puede que más allá de la aproximación lo que le sorprendiera fuera sentir esa mano desnuda contra su piel, siendo que la costumbre siempre era portar guantes.
Era una novedad esta versión del Genio calculador, frio y distante con el que frecuentemente por cuestiones de trabajo se ponía en contacto, ya que "Esa" era la razón principal para interactuar y "Ese" era el medio que conocía para mayormente contactarle, una conexión satelital incuestionable y una imagen impecable a través de una pantalla. No el presente, no en persona, no con esa cercanía.
- Está helada Srta. Wong. – El rostro de ella que se mantuvo inescrutable antes, pareció divertido ahora. – Entremos. – sugirió él apartando la mano, indicándole con un ademan que las damas iban primero. Ella caminó al frente con ese contoneo tan característico como felino, la cabeza erguida, los hombros rectos aunque relajados, mientras Wesker tras ella le seguía de cerca con los ojos puestos en sus formas. Estaba demás decirse a sí mismo que estaba "permitiéndoselo".
- Estamos solos. – Dijo la mujer tomando asiento en un sillón cercano a la puerta de la terraza.
- Así es – Aseguró el rubio cerrando dicha puerta tras de sí para evitar que el frio les siguiera adentro, acto seguido rodeó con paso lento el sillón donde la agente se había acomodado, sus manos buscaban algo dentro del saco negro y no tardó en conseguirlo, era un sobre manila que extendió hacia la mujer. Ada lo tomó abriéndolo con calma mientras Wesker se ubicaba en un sofá a su lado.
La mujer devoraba el contenido fijándose en detalles específicos. Los datos de cierta compañía que conocía, era una nueva "adquisición" asociada al hombre a su izquierda, otra de las que le financiaban. El informe contenía los datos de una venta reciente y las palabras claves "recuperar-usar-infectar". Elevó los ojos del papel sin mostrar ninguna expresión en particular.
- Básicamente quieres recuperar la muestra del virus que acabas de vender y generar un brote en el laboratorio para que la ausencia sea el "menor" de sus problemas... ¿no? - Ada enarcó una ceja al realizar la pregunta. Wesker asintió. – Deberás agregar otro cero a mi tarifa. – El hombre se limitó a mirarla sin inmutarse. Ella introdujo los documentos en el sobre dando antes un vistazo a los planos.
- Te iras en 4 días. Es el tiempo en el que esa central recibirá el cargamento y la muestra. – Impuso sin más a discutir respecto a las fechas dictadas y se puso de pie enfilando hacia donde quedaba la aparente cocina. La agente que se conservaba callada, lo siguió con la mirada, arrellanándose luego en el sillón por un momento. La vista de la ciudad le llegaba desde los amplios ventanales que daban a la terraza, apreció la fina lluvia rociando los edificios en la lejanía. Segunda noche de lluvia.
Sus cavilaciones iban y venían mezclándose en un murmullo tan lejano como el fragor del agua en otras azoteas cuando una copa junto a su rostro le trajo de vuelta. Se quedó mirándola así como luego a la mano que la sostenía y posteriormente el comienzo de la manga del varón. Parpadeó alargando el brazo para tomarla entre sus dedos, sacudiéndose su propio ensimismamiento.
- Gracias. – pronunció ahora contemplando el rostro ajeno, mismo que le contuvo la mirada sin aparente reproche por la actitud parcialmente distraída.
- Tu pasaje ha sido comprado ya y solo es cuestión de que abordes el avión la fecha indicada. – Wesker se dio un trago del vino blanco que había servido y atinó a ver de reojo en la misma dirección en que la mujer lo hacía antes. Ada en cambio seguía con la copa sujeta sopesando la idea de si tomarla o no. Delicadamente la aproximó a su nariz olfateando con una media sonrisa, el líquido dorado burbujeaba mínimamente a una temperatura perfecta.
- No sabía que fueras tan romántico Wesker… – Se burló mirándole por el rabillo del ojo antes de inclinar la copa sobre sus labios bebiendo un poco. El hombre siguió el "chiste" arrojando un "jm" por toda respuesta, permaneciendo de pie junto a ella quien no demoró nada en levantarse para nivelar un poco las cosas. – ¿Vendrás conmigo también y celebraremos con vino una vez que el laboratorio colapse con monstruos y criaturas inimaginables para los ingenuos? – Continuó con el mismo tono, pasando junto a él en dirección a la magna mesa de conferencias.
Giró sobre sus talones y se instaló sentada a medias en el borde de la misma. No tenía dos días con él, trabajando para él, funcionando como una especie de subalterna y socia en una compañía que absorbía a otras y escupía sus huesos, Él quería "algo" más y la visión de su cuerpo aproximándose con esa sonrisita instalada en la comisura de sus labios se lo confirmó.
- De hecho podríamos hacerlo. – Dijo haciendo gala de un tono casi socarrón. Ada lo interpeló con la mirada. cruzó a medias los brazos frente a su pecho, acercándose la copa a los labios, el rubio ya había vaciado la suya y la sostenía con los dedos desde la parte superior. – Celebrar una vez acabes. – continuó con suavidad, subiendo la mano libre para acomodar sus lentes, un gesto en el que se tomaba su tiempo, mientras la mujer parecía impaciente por más que tratara de ocultarlo.
- Vendrás conmigo como parte de la misión. Necesito que te hagas pasar por mi mujer una vez que el desastre se desencadene. – Su voz sonó firme, de nuevo esa seriedad inflexible se posó por un instante en su lóbrega mirada. Avanzó hasta la mujer dejando la copa a un lado de ella y apoyó ambas manos a sus costados sobre la superficie de la mesa.
Estaban frente a frente cerca, demasiado cerca. La agente conservó la postura sintiéndose abordada por su interlocutor, pero el profesionalismo era algo que a su manera sobresalía en su modo de hacer las cosas, siempre… "a su manera".
- De acuerdo…- Susurró ella contra sus labios sin necesidad de subir el tono un poco más. A esa distancia, podía sentir fácilmente, toda la tensión poderosa de ese cuerpo superdesarrollado, más aún con la manera en que sus orbes rojizos barrían su faz. - … Albert. – La mención del nombre la hizo en un ronroneo, tal como lo haría una mujer con la que se comparte intimidad. Era de lo más corriente que si se haría pasar por su "compañera" le llamara por su primer nombre y en tono debidamente sugerente, otro papel que desempeñar. El aludido frunció el entrecejo de manera casi imperceptible y luego despacio sonrió. La mujer secundó aquel gesto, dejó la copa sobre la mesa y llevó las manos al cuello ajeno, como si le arreglara la camisa. Sus miradas se encontraron en un lapsus de tiempo indeterminado en el que ella acarició la tela, deslizó las manos por los hombros ajenos y luego dio por terminado lo que hacía. Wesker se irguió apartándose.
- No lo hagas costumbre. – murmuró el varón dándose la vuelta.
Ada guardó los documentos en su propia chaqueta y se alejó de la mesa también dejando las copas.
- Espero el resto de los detalles pronto. – Apremió como si nada dirigiéndose al elevador. De nuevo esa candencia al caminar. Pronto estuvo adentro mirando desde allí a su "jefe".
El hombre aguardó frente a este observándolo cerrarse lentamente.
- Hasta pronto, Albert. – Se despidió Ada con un guiño aprovechando el momento de huida para picarlo un poco más. Unas copas no iban a suavizar lo que la ordenanza de él pretendía. Soltarle tan repentinamente la segunda directriz sin ningún tipo de consulta no era del todo educado.
...
Dicho esto, había bajado la mirada a sus botas al percatarse de unas gotas de agua sobre el cuero, seguramente de la condensación en el cristal de las copas, cuando notó que el ascensor no se movía, subió solo los ojos buscando el problema... Consiguió la mano de Wesker en medio de las puertas que ante la interposición volvían a abrirse rápidamente.
...
La mujer entreabrió los labios, frunció el entre cejo. El mayor ingresó acorralándola contra el espejo. Las puertas se cerraron tras ellos.
