Instintivamente ella le ofreció los labios a Terry. Él no dudó en tomarlos y la besó desesperadamente, robándole el aliento. La boca de Candy no era suficiente para satisfacerlo y sus manos se posaron sobre ella para apartar la tela que frustraba sus intentos de tenerla completamente a su merced. Ella llevó las manos hacia el negligé para ayudarlo pero él las apartó con delicadeza.
Poseerla era su privilegio y él quería disfrutar cada momento del encuentro sensual. La mujer comprendió que su esposo necesitaba sentirse en total control y permaneció quieta mientras él se las arreglaba para desnudarla. Por fin, el cálido aliento de Terry sobre su pecho le dejó saber que él había logrado su propósito y cerró los ojos para disfrutar de su caricia.
"Te amo, Candy" – susurró.
"Ámame" – murmuró ella abrazándolo, aferrándose a él.
"¿No es eso lo que hago?" – dijo juguetonamente.
"Dame más."
La voz ronca de Candy llamó su atención y la miró para encontrarse con una mujer muy apasionada. Ella lo observaba con los labios rojos y entreabiertos.
"Ven a mí."
El hombre sonrió en su interior al recordar lo bien que ella respondía a él, lo bien que se amoldaban sus cuerpos. La figura masculina cubrió la femenina. Las manos de Candy volaron hacia su nuca para acercarlo más y poder besarlo con todo el ardor que estaba sintiendo en su alma. Necesitaba de él.
"Te amo"- murmuró ella.
Terry la escuchó respirar agitadamente mientras soltaba los botones de su camisa. El bajó el rostro para observarla y notó el ligero temblor de sus dedos. Tomó una mano entre la suya y la llevó a sus labios. Candy lo miró con curiosidad.
"¿Estás bien?" – preguntó lleno de consideración.
"Si…pero estaré mejor cuando pueda tocarte" – murmuró ella contra su oreja, inflamando su deseo aún más.
Las palabras tuvieron el efecto deseado: el cuerpo de Terrence se estremeció sobre el suyo. Candy sonrió triunfante al halar la camisa fuera del pantalón y deslizarla por sus hombros, brazos y antebrazos, acariciando su piel mientras lo desvestía. La camisa, por fin, cayó sobre la cama y él se recostó contra su pecho, la suavidad amoldándose a la planicie masculina. Los dos dejaron escapar un gemido al sentir sus pieles hacer contacto.
Candy sintió que todo el aire se escapaba de sus pulmones mientras Terrence la estrechaba contra su cuerpo. Los brazos de Terry parecían tenazas ardientes que quemaban su piel y no la dejaban apartarse ni un milímetro. Ella dejó escapar un gemido al sentir la succión de los labios de Terry sobre su piel.
"Mía"- dijo entre dientes – "sólo yo puedo hacer eso."
"Sólo tú"- respondió ella embriagada en las caricias que sus manos dejaban por su cuerpo.
"Te amo… ¡oh cielos!... ¡cuánto te necesito!" – murmuro él.
"Y cuanto te necesito yo" – pensó Candy sin atreverse a decirlo.
Lo necesitaba. Su encuentro estaba reavivando sensaciones que creía olvidadas y se preguntó como hubiera podido entregarse a otro hombre. Era imposible. Terrence era el único hombre que quería.
"Eres perfecta"- dijo casi sin aliento.
Una vez más pudo admirar las curvas de su esposa, que no eran las mismas de la jovencita con quien se había casado. El embarazo había terminado de armonizar el cuerpo de Candy. La boca de Candy cayó sobre la de Terrence en un beso entreabierto. Terry rodeó su nuca con una mano para besarla con ímpetu mientras ella lo desvestía. Las manos de Terrence acariciaron la espalda de Candy y él pudo sentir la transpiración de su piel. Pequeños jadeos se escapan de su boca y ella lo miraba llena de expectativa al sentirlo tan cerca.
"No"- la voz ronca de pasión del actor llegó a sus oídos y lo miró.
Las manos masculinas tomaron las femeninas. Él levantó sus brazos y los sujetó sobre su cabeza. Candy lo miró sintiendo un extraño deja-vu. Terrence la miraba con fijeza, como si los ojos azules quisieran llegar al fondo de su alma.
"¿Qué?... ¿Qué sucede?" – preguntó ella a media voz.
Terrence no contestó. La miraba con el entrecejo fruncido y ella se preguntaba que podía sucederle.
"Mía…sólo mía"- masculló, quedándose muy quieto en ella.
Candy sintió las lágrimas llenar sus ojos, una extraña mezcla de felicidad y melancolía.
"Mírame" – le ordenó él.
Obedientemente, ella buscó sus zafiros.
"¡Tú eres mía! ¡Siempre has sido mía y siempre los serás! ¡No importa que otro…!"
Fugazmente, Candy pensó que había llegado el momento de decirle la verdad a Terrence pero él la acalló con un beso. Instintivamente, Candy sabía lo que él estaba haciendo: intentando borrar el recuerdo de otro…y tenía que decirle la verdad. Besó sus mejillas para apaciguarlo o al menos intentar hacerlo.
"Di que eres mía."
"¡Escúchame!"
El hombre se detuvo y las manos de Candy volaron a su rostro para mirarlo con seriedad.
"¿Te he lastimado?" – preguntó afligido al ver las lágrimas que asomaban por las esquinas de sus esmeraldas.
"No."
"Lloras."
"De felicidad…tú me completas, Terry."
Las lágrimas corrían por su rostro y él las apartaba con sus dedos.
"¡Sólo tú! ¿Entiendes? Nunca hubo otro. ¡Nunca pude olvidarte!"
"Tú dijiste…"
"¡Mentí! Estaba herida. Nunca hubo otro."
Los labios de Candy cubrieron de besos su rostro.
"¡Solo tú!" – Decía ella – "Eres el primero, el único" – repitió.
"Y me aseguraré de ser el último" – dijo devolviéndole los besos.
Desesperadamente volvieron a besarse. Terrence la sujetó contra su cuerpo, el espacio entre ellos volviéndose casi nulo.
"Nunca olvides que te amo" – dijo él.
Era tan fácil amarla, era tan fácil ser feliz junto a ella. Jamás había comprendido lo que era el amor hasta que la conoció y lo entendió por completo al unir su alma con la de Candy. Ambos corazones palpitaban locamente dentro de sus pechos. Ella estaba segura que sus latidos podían escucharse por la casa pero estaba demasiada enamorada para que le importara. La mano de Terry cubrió sus labios y se percató que él estaba acallando sus gemidos.
"Te amo, pecosa mía."
El pasado estaba quedando atrás y hacer el amor con él era la prueba de que lo había perdonado.
"Te amo" – dijo besando sus labios con suavidad.
Por respuesta, ella besó su frente. El intentó apartarse de Candy pero ella lo rodeó con los brazos.
"No me dejes nunca."
"Nunca más… ¡nunca!"
Deslizó su mano por la espalda transpirada de su esposo para acariciarla y suspiró antes de caer en el más profundo de los sopores.
El doctor salió de su despacho, para hacer su recorrido y se sorprendió al ver a una mujer sentada, en la sala de espera. Se acercó a ella con el ceño fruncido.
"Señora Marlowe ¿qué hace usted aquí?"
"El director me dio permiso."
"¿El director le dio permiso?" – la miró incrédulo.
"El sí comprendió que no podía dejar a mi hija sola en este lugar."
"Le aseguro que Susana está en buenas manos, señora."
"No lo dudo pero… ¿está seguro que no me la puedo llevar?"
"Señora Marlowe, su hija tuvo una crisis muy fuerte. Es mejor dejarla en esta casa de reposo hasta que se haya recuperado."
"¿Por cuánto tiempo será?"
"Hasta que salga del mundo en el que se ha refugiado. Está encerrada en si misma. No quiere hablar y no parece escuchar tampoco."
"¡Mi pobre hija!"
"¿Tiene idea de lo que le pasó? ¿Qué suscitó esta crisis?"
"No consiguió algo que deseaba"- dio evasivamente.
"Susana ¿es hija única?"
"Así es."
"Y asumo que usted la ha llenado de atención toda la vida."
"Es lo único que tengo, doctor" – repuso molesta.
"No la estoy acusando, señora."
"¡Lo parece!"
El doctor levantó una ceja al notar el carácter de la madre de Susana pero no dijo nada más. Los dos volvieron la mirada al escuchar pasos presurosos. Era una enfermera que corría hacia ellos.
"¿Qué sucede?"
"Es la paciente Marlowe. Ha despertado y está teniendo una crisis."
"Vamos. Usted, quédese aquí."
Elizabeth lo vio correr por el pasillo y decidió que no le haría caso. Siguió los pasos del doctor hasta una puerta y se detuvo en el marco. Susana estaba forcejeando con dos enfermeras que intentaban acostarla sobre la cama.
"¡Tranquila Susana! ¡No vamos a lastimarte!"
"¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Tengo que ir al teatro! ¡Tengo que protagonizar junto a Terrence!"
Susana logró tomar a una de las enfermeras por la cabellera y haló con saña. La mujer dio un grito de dolor en tanto que la otra trataba de apartar la mano de la actriz. El doctor se acercó a ella con una jeringa en la mano. Los ojos de la mujer se abrieron asustados.
"¡No! ¡Por favor! ¡No me mate!"
"No te voy a hacer daño, Susana" – dijo el doctor pausadamente.
Susana pegó un grito al sentir el picotazo. El líquido surtió un efecto casi inmediato: sus rodillas flaquearon al igual que sus brazos. Con la ayuda del doctor lograron recostarla en la cama. Elizabeth cubrió su boca con la mano para reprimir un sollozo al ver que Susana era atada a la cama con la ayuda de unas correas.
"Es para evitar que se haga daño, señora" – explicó el médico.
Susana se quedó inmóvil sobre el colchón.
"¿Puedo acercarme a ella?"
Conmovido ante su tono de voz, el hombre asintió con la cabeza. Elizabeth se acercó y acarició la frente de su hija. Los ojos cristalinos de Susana estaban fijos en el techo.
"Quiero…a…Terrence"- dijo a media voz.
"¡Olvídate de ese hombre!"
"Terr…ence…mío"
Susana cerró los ojos mientras Elizabeth lloraba desconsolada.
"Me encanta tu cabello, mi amor" – dijo el hombre tomando un rizo entre sus dedos para halarlo y luego soltarlo.
"Y a mí me encanta el tuyo" – dijo deslizando sus dedos entre la sedosa cabellera de su marido – "Me alegra tanto que Alex tenga tu cabello."
"¿Ah sí?"
"Cuando no estabas…lo miraba y podía verte en él" – dijo en voz baja.
La tristeza en su voz no pasó desapercibida para el actor. Estiró los brazos y la atrajo hacia sus brazos. Quedaron abrazados de medio lado, sus piernas enlazadas.
Él bajó la mirada hacia ella.
"¿Me amas, pecosa?"
"¿Qué clase de pregunta es esa?" – dijo arqueando una ceja.
"Una pregunta sencilla. Un sí o un no bastará."
"Terry…"
"¡Dímelo!" – dijo estrechándola.
"Claro que te amo ¿por qué lo dudas?"
"Porque soy un canalla" - dijo esquivando su mirada
"No eres un canalla."
"Me es difícil creer que alguien como tu pueda amarme. Eres demasiado buena, demasiado perfecta para estar con…un bastardo."
Candy lo besó amorosamente en los labios para confortarlo. Había recordado las inseguridades de su esposo.
"Una vez te pedí que no usaras esa palabra, amor."
"¿Te ofende?" – preguntó Terry con seriedad.
"No me importó en el pasado y menos ahora."
"¿Segura? Candy…me comporté como un infeliz. ¡Si pudiera dar vuelta atrás al tiempo! ¡Jamás hubiera hecho la locura de dejarte!"
"Terry…"
"¡No puedo vivir sin ti, Candy!" – La miró a los ojos – "Tú me completas. Eres mi razón de existir…me haces mejor cada día con tu amor…con tus sonrisas."
Ella acalló sus palabras con un beso.
"Yo sin ti, no soy nadie. Junto a ti puedo ser amo del universo."
"Te amo, Terry."
"¡Prometo no volver a fallarte! ¡Haré cualquier cosa con tal que estemos juntos!"
"Lo sé. Me cuesta creer que hayas aceptado los términos de tu padre."
"Es un pequeño sacrificio pero lo vale si puedo mantener a mi familia unida" – besó la punta de su nariz.
"¿Podrás ser feliz, Terry? ¿Dejando a un lado tus sueños?"
"Mis sueños están junto a ti, pecosa…soy tu esclavo."
Candy rió suavemente al escuchar su comentario.
"¿Acaso soy yo tu amo?"
"¿Prefieres ser mi esclava?" – preguntó cubriéndola con su cuerpo, presionando su cuerpo contra el suyo.
Candy lo miró con los ojos muy abiertos e intentó apartarse. Terrence sujetó sus caderas entre las manos.
"Eres un descarado ¿sabes?"
"Anoche no pareció molestarte."
"¡Terry! Ya está saliendo el sol."
"¿Y eso, qué?" – dijo sonriendo de medio lado.
"Que es de día" - ella empezó a sentir un nervioso cosquilleo recorrer su cuerpo
"¡Candy! No me vengas con mojigaterías."
"Pero…"
Los labios de Terry silenciaron sus palabras en un beso apasionado Él volvió a llenarla y dejó de besarla para mirar el rubor que cubría su rostro.
"Eres bella – dijo moviéndose- "Te quiero de día, de tarde, de noche."
"Terry…" - dijo intentando apartarse apenada.
"¿Te disgusta?" – La miró a los ojos – "Por el color de tus mejillas y los jadeos que estás dando…"
"¡Shhh!" – dijo cubriendo sus labios con la mano.
El hombre soltó una carcajada.
"¡No te burles de mí!" – dijo golpeando su hombro.
"¡Bésame!"
"Que manía la tuya la de dar órdenes en la cama"- protestó ella.
"Soy tu hombre y si no me equivoco, lo disfrutas" – dijo besando su cuello – "Te voy a amar hasta que te canses."
Candy cerró los ojos al sentir las manos de Terry recorrer su cuerpo pero los abrió casi enseguida al escuchar un llanto. La rubia intentó levantarse pero él la detuvo y se puso de pie para tomar su bata.
"Quédate, amor. Yo iré por Alex."
Candy sonrió mientras Terry se alejaba por la puerta de comunicación. Se llevó las manos al rostro ardiente y rápidamente pensó en lo maravilloso que era pasar la noche junto a su esposo. Las pisadas de Terry la trajeron de vuelta a la realidad y al no encontrar su bata, optó por ponerse la camisa que Terry llevaba la noche anterior.
"Mami"- dijo Alex estirando sus brazos.
"Buenos días, mi cielo" – dio ella besando su cabeza.
"Mami…si…papa…ju…"- balbuceó.
"¿Qué estará tratando de decir?" – preguntó Terrence recostándose junto a Candy.
"Me gustaría saberlo" – sonrió Candy.
"¡Téns! ¡Papa!" – Alex gateó hacia su padre y se recostó en su pecho.
El actor abrazó a su hijo con una mano y con la otra acarició su cabecita. Buscó la mirada de Candy que los miraba sonriente.
"Gracias, Candy."
"¿Por qué?"
"Por creer en mi…y por darme a Alex."
"Creo que tu tuviste algo que ver con eso" – ella guiñó un ojo.
"Quiero más hijos."
"¿Qué dijiste?"
"Quiero llenarte de hijos" – dijo besando su cuello – "Quiero una familia grande. ¿No te gustaría?"
"Seré feliz con lo que Dios nos envié" – dijo estremeciéndose a su contacto.
"Una nenita…pecosita y de rizos."
"¿Y si es niño?"
"Seguiremos tratando… ¿quieres?"
"Quiero" – dijo besando a su esposo en los labios.
Los ojos de Alex miraron a sus padres con curiosidad al verlos besarse. Levantó la manito y la interpuso entre ellos. La pareja se apartó y empezó a reír. Terrence tomó a Alex entre brazos y empezó a hacerle cosquillas. El niño soltaba carcajadas llenas de gozo. Candy besó a ambos antes de levantarse de la cama.
"¿Adónde vas?" – preguntó Terry tomando su mano.
"Ya casi es hora que te vayas al teatro" – dijo mirando el reloj.
"¿Y?"
"Quiero asegurarme que comas bien…tienes fuerzas que recuperar" – añadió ella pícaramente.
Él le sonrió de medio lado y deslizó su mano bajo la camisa que llevaba Candy.
Ella dio un brinco mientras Terrence reía.
"Me gusta cómo te queda mi ropa" –dijo sonriendo.
"Es que…no encuentro mi bata."
"Te ves adorable" –dijo besando su muslo.
"¡Travieso!" – dijo ella apartándose de él.
"No te vayas" – dijo halándola hacia el colchón.
Candy cayó de espaldas y Terrence dejó caer su peso sobre ella. Alex estaba sentado junto a ellos, mirándolos.
"El niño…"- dijo ella entre dientes.
"Alex…estoy jugando con mami" – dijo juguetonamente – "Candy, yo quisiera…esta noche…"
"Yo también quiero dormir contigo" – contestó sonriendo.
"Bueno, yo quiero hacer más que dormir" – dijo ladinamente.
"Haré un sacrificio"- dijo ella divertida.
"Podemos convertir tu habitación en la de Alex."
"Mientras nos vamos" – dijo ella con cierta tristeza.
"No pienses en eso, Candy."
"¿No crees que podamos escaparnos?"
"Quizás, pero no quiero provocar a mi padre. No quiero correr el riesgo de perder a Alex."
"¿Y si le pido ayuda a Albert?"
"No" – la miró con seriedad – "ustedes son mi responsabilidad y ya tomé mi decisión ¿entiendes?"
Candy se extrañó al escuchar su tono de voz pero asintió.
"Como tú digas, Terry."
"No te preocupes por nada. Te amo, pecosa mía y sólo la muerte podría separarnos esta vez."
Alex, sentado en el regazo de su abuela, seguía los pasos de Candy tal como se hace al observar un partido de tenis. La rubia entraba y salía de su recamara hacia la de Terry y viceversa. La amplia sonrisa de Candy no pasaba desapercibida para Eleonor.
"Entonces, tú y Terrence…"
"Nos hemos reconciliado" – le dijo la rubia.
"¿Qué hizo mi hijo para convencerte?"
"¿No se lo dijo?"
"No."
"Vamos a regresar a Londres una vez que haya pasado el estreno."
"¿Qué dices?" – Eleonor se puso de pie llena de sorpresa.
"Terry habló con su padre y llegaron a un acuerdo."
"Te escuché pero no lo puedo creer. El teatro es la vida de Terrence. ¡No lo puede dejar!"
"Eso le dije yo pero él insiste que es la única manera."
"¡Me niego a aceptar esa solución! Richard no puede hacerle eso."
"El duque no piensa ceder…"
"Ya veremos" – dijo posando a Alex sobre la cama.
"¿A dónde va?"
"¡A hablar con ese hombre!"
Ese hombre arqueó las cejas lleno de sorpresa al ver a Eleonor entrar al salón. El duque estaba en compañía de varios hombres de negocios que no ocultaron su admiración por la hermosa mujer que acababa de entrar. Richard carraspeó, incomodo.
"No te esperaba, Eleonor. Estoy en la mitad de una reunión."
"Tenemos que hablar" – dijo sin inmutarse.
"Te dije…"
"Tenemos que hablar de nuestro hijo."
El duque tragó en seco. Los empresarios sabían que su esposa estaba en Londres, así que la conclusión que sacaban era obvia. Eleonor lo miró desafiante, con una mano en la cintura.
"¿Cuánto debo esperarte?" – le espetó.
Los negociantes se pusieron de pie y se despidieron de Richard presurosos. Era evidente que la recién llegada estaba muy molesta y por experiencia propia, ellos sabían que era mejor alejarse de una mujer enojada.
Una vez a solas, Richard tomó asiento y tomó un sorbo de su whisky para ocultar su nerviosismo. La mirada de Eleonor era llena de enfado, y sin querer, Richard recordó las veces que lo habían mirado con igual intensidad pero llenos de pasión.
Eleonor también estaba nerviosa pero intentaba ocultarlo. La última vez que había estado a solas con Richard había sido para rogarle que no se llevara a Terrence. Le había llorado, suplicado e incluso había abrazado sus rodillas en son de súplica pero eso no lo había detenido.
"¿Qué quieres, Eleonor?" – dijo parcamente.
"Quiero que dejes en paz a mi hijo."
"Nuestro hijo."
"Mi hijo. Tú no eres padre de nadie."
"Tú tampoco eres madre. ¿Acaso estuviste ahí para curar los raspones de Terrence?"
"Tú no lo permitiste y ahora que ha vuelto a mí, lo quieres volver a alejar de mi lado."
"¡Eso no es cierto!"
"¿Qué pretendes, entonces, al amenazarlo con quitarle a Alex?"
"Quiero que mi nieto se críe como un Grandchester."
"¿Para que sea igual a ti? No lo puedes obligar. Lo hiciste con Terrence y mira los resultados."
"Cometí errores con Terrence pero no los haré con mi nieto."
"Deja que Terrence tome su vida entre sus manos. Él está feliz. Tiene una esposa y un hermoso hijo."
"Eso ¡me lo debe a mí!"
"Tuviste suerte que Candy fuera tan encantadora y que se hayan enamorado, de lo contrario él sería tan feliz como lo eres con tu mujer."
"¿Qué sabes tú?"
"Más de lo que te imaginas."
Richard la miró con los ojos entrecerrados.
"Me tratan como si intentar hacer algo malo, Eleonor. Lo único que deseo es que Terrence ocupe su lugar en la corte como le corresponde."
"Realmente no le corresponde. No es legítimo ¿recuerdas?"
"Es mi legítimo heredero porque así lo he decidido y Alexander será duque también. Terrence es un noble y tiene deberes que cumplir…como los tuve yo."
"Déjalo aquí con su mujer y su hijo."
"¡De ninguna manera! Terrence vendrá conmigo y formaremos una familia."
"No supiste darle amor, Richard, y todavía sigues sin saber hacerlo."
"¡Me importa muy poco si Terrence me quiere o no!"
"Mientes" – dijo Eleonor acercándose a él – "Te duele que te rechace. Admítelo."
"¡No es cierto!" – Dijo alterado – "¡Lo único que quiero es que cumpla con su deber!"
"No puedes."
"¡Mi padre me obligó a mí!" – gritó sin pensar.
Richard se sintió avergonzado antes las palabras que se habían escapado de su boca. Eleonor lo miró con compasión.
"Mira en lo que te has convertido., Richard ¡Eras tan diferente cuando te conocí! Eras una maravillosa persona…por eso me enamoré de ti."
"Es cierto lo que dices. Tú me amaste sin saber de mi abolengo."
"No hablemos del pasado…"
El duque se puso de pie y se dirigió hacia el bar para servirse un trago. Eleonor lo siguió para posar su mano en el hombro de él.
"Deja que sea feliz, Richard.
"No" – dijo apartándose de ella.
"Richie…"
"No me llames así" – dijo encarándola.
"Te daba gracia que lo hiciera" – le sonrió.
Richard se sintió hipnotizado por los ojos azules que lo miraban. Viejos recuerdos y emociones empezaron a aflorar en su piel. Llevado por un impulso, rodeó la cintura femenina con un brazo.
"¿Qué haces, Richard?"
"Eres una hechicera" – murmuró – "Tus ojos…siempre tus ojos…"
"Suéltame."
"¡Como te amaba, mi Elly! ¡Cuánto te amo aún!"
Ella abrió los ojos muy sorprendida. Jamás había esperado semejante declaración.
"Nunca te he olvidado y lamento el día que te aparté."
Richard se inclinó hacia los labios femeninos pero ella interpuso su mano entre ellos.
"Si es así…por el recuerdo de nuestro amor…permite que Terrence sea feliz."
Tan inesperadamente como la había rodeado, la soltó.
"Jamás. Terrence será el siguiente Duque de Grandchester."
