La lluvia de verano caía copiosamente sobre la ciudad de Nueva York. Candy, resguardada bajo el techo de la boletería, esperaba ansiosamente que el tren se detuviera. Una mano se agitó desde una de las ventanillas y ella devolvió el saludo efusivamente mientras corría hacia el andén.

Albert se puso de pie dentro de su compartimiento privado y le hacía señas que se detuviera y no se mojara. El esfuerzo fue inútil ya que Candy seguía corriendo junto al tren mientras el chofer intentaba mantenerse a la par con ella. La máquina de acero por fin detuvo su marcha y se apresuró a descender. Ella lo esperaba al pie de la escalerilla y se lanzó a sus brazos apenas él pisó tierra.

"¡Hola Candy!"

"¡Albert! ¡Cómo te he extrañado!"

"¡Candy! ¡Qué manera de comportarse es esa!" – dijo riendo mientras los dos se empapaban.

"¿Qué hice?"

"Una señora no anda corriendo ni dando gritos."

"¡Deja de sermonearme! Hace mucho que no te veo y ¡estoy feliz!"

"¡Exagerada!" – Se rió él – "Quien te escuche pensará que hace siglos que no nos vemos."

"La última vez fue durante mi cumpleaños… ¡y eso fue hace más de dos meses! Ni siquiera viniste para el cumpleaños de Alex" – le reclamó.

"¡Lo sé! Estuve muy ocupado" – se disculpó – "pero le he traído regalos al pequeñín."

El chofer que Albert había contratado carraspeó. El rubio le hizo una seña y todos empezaron a caminar hacia el auto. Candy subió mientras Albert le daba indicaciones al conductor.

"Dime ¿cómo están todos?" – preguntó Candy mientras el chofer encendía el motor.

"Todos te envían su cariño y un par de regalos. Me dijeron que te extrañan y esperan verte pronto."

"¿También los Cornwall?"

"Ellos están muy bien."

"¿Incluye eso a Stear?"

"¿No lo has visto?" – Albert la miró de soslayo – "¿No te ha visitado?"

"¿Visitarme?"

"Stear se fue de Chicago hace días."

"¿Te dijo que vendría a Nueva York?"

"No en tantas palabras. Más bien me dijo que tenía algo muy importante que hacer."

"¿Y ligaste esa idea conmigo?"

"Bueno, tú sigues siendo importante para Stear."

"¿Adónde habrá ido?" – se preguntó frunciendo.

"Yo no me preocuparía, Stear sabe cuidarse."

El hombre se volvió hacia ella para mirarla y sonrió.

"¿De qué te ríes?"

"No me río. Sólo estaba admirándote porque estás radiante."

"Gracias" – dijo sonrojándose – "pero no es para tanto."

"Puedo ver en tu mirada que eres feliz. Supongo que eso significa que Grandchester se está comportando ¿verdad?"

"No me puedo quejar. Terry es muy bueno."

"¿Será posible que haya madurado?"

"Para aceptar lo que su padre propuso" – murmuró.

"¿Su padre?"

"El duque vino a vernos."

Eleonor cerró la puerta tras ella y se llevó la mano hacia el corazón.

"Es como si fuera ayer…" – se dijo llena de melancolía.

Acababa de descubrir a Richard, Duque de Grandchester, gateando sobre la alfombra con su nieto a la espalda.

"Él era así con Terrence. Era tan buen padre… ¿Qué le pasó que perdió esa ternura con su hijo?"

Unas lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas mientras se encaminaba hacia la cocina.

"Nada resulta jamás como lo esperamos. Richie y yo…teníamos tantos sueños, tantos planes."

La mujer se limpió una lágrima del rostro con irritación.

"No puedo creer que después de todos estos años, todavía me duela".

Le dolía, sí. Le dolía que el hombre a quien ella le había entregado su amor la hubiera dejado por cumplir con el deber. Le dolía que se hubiera casado con otra mujer, y que le hubiera quitado a su hijo por tantos años.

"Creí morir de dolor cuando se lo llevó pero confieso que una parte de mi pensó que él cuidaría mejor de Terrence. Pensé que le daría todo lo necesario para criarlo bien y resultó que sólo le dio cosas materiales…"

Empezó a preparar la bandeja del té mientras se tranquilizaba.

"¿Por qué no puede entender que la vocación de Terry está en el teatro, no en la Cámara de Londres?"

El reloj de la sala marcó las cuatro y Eleonor avanzó hacia el salón. La dama entró después de dar dos toques en la puerta.

"Hora del té."

"¿Quieres beber té, Alex?" – preguntó Richard sentando al niño en el sofá.

"No le gusta" – dijo Eleonor.

"¿Qué dices? ¿Cómo que no le gusta el té? Eres un caballero inglés, Alex. Tiene que gustarte el té" - dijo como si quisiera convencerlo.

"Dale una galleta, Richard. Seguro la toma" – dijo antes de preparar el té para el duque.

Richard le ofreció una galleta a su nieto y de soslayo observó a la madre de su hijo. Aún era hermosa y de delicada figura con ademanes de una mujer de alcurnia.

Su conversación era inteligente y amena, lo suficiente para desenvolverse en un ambiente de realeza. Una vez más se preguntó como la dejó ir y se dijo que si el tiempo volviera atrás, jamás la abandonaría.

"¿Te sucede algo? – preguntó Eleonor al sentir su mirada.

"Nada. Sólo pensaba que Alexander será el mejor de los Grandchester."

"¿El mejor?"

"Alexander será un magnifico duque."

"¿Cómo lo sabes, Richard? ¿Cómo sabes que él no renunciará al título?"

"Porque lo criaré como debe ser."

"Alex no es tu hijo. Es el hijo de Terrence y de Candy."

"Por eso mismo me lo llevaré. Esos dos no saben lo que están haciendo."

"Ya tuviste tu oportunidad. Deja que esos chiquillos críen a su hijo como mejor les parezca."

"Tú misma lo dijiste, son unos chiquillos."

"¿Crees que Alex será feliz teniendo un padre que reniegue todos los días de su suerte?"

"Si Terrence lo ama en verdad, sabrá disimular."

"Richard…"

"Terrence será feliz, Elly."

"Lo estás obligando a abandonar sus sueños."

"Algún día me lo agradecerá."

"No lo creo" – dijo entregándole la taza.

"Yo quiero a Terrence, Eleonor" – la miró con seriedad.

"Siempre y cuando haga tu voluntad."

"Sé lo que le conviene."

"Por la crianza que le diste a Terrence, cualquiera diría lo contrario."

"Intento redimirme."

"¿Obligándolo a estar contigo?"

"Quiero que él tenga un futuro brillante al igual que Alex."

"Podría tenerlo como actor."

"¿Me estás diciendo que ser actor lo hará feliz?"

"Si ¿Por qué no te quieres dar cuenta? Terrence necesita a su padre no al duque."

"Eleonor…"

"Necesita que lo apoyes y que le des tu bendición, no que lo obligues a hacer tu voluntad."

Richard dejó escapar una exclamación de fastidio y se puso de pie.

"Mañana vendré de nuevo a ver a mi nieto."

"Richard…"

"No quiero hablar más, Eleonor."

"¿Por qué no puedes ser con Terrence como es con Alex?"

"¿A qué te refieres?"

"Eres tan dulce y gentil con el niño."

"Terrence no es un niño y creo que es demasiado tarde para nosotros."

"Nunca es tarde."

"Sí, si lo es pero me aseguraré que mi nieto me quiera un poco."

Antes que ella pudiera responder, el hombre abandonó la sala. Sus palabras finales hicieron eco y Eleonor pudo comprender el dolor que Richard sentía al no sentirse querido por su hijo.

"¿Tú y Terry volverán a Londres?" – preguntó Albert incrédulo.

"Tenemos que hacerlo."

"Tiene que haber otra solución. No creo que el duque sea tan irracional."

"No lo conoces".

"Estoy seguro que si hablo con él hallaremos otra solución."

"No quiero que hables con él, Albert. Terry no quiere que nadie se involucre."

"¿Se te olvida que soy tu padre?"

"¿Se te olvida que él es mi esposo?"

"Pero…"

"No hay peros, Albert" – lo interrumpió – "en este momento estamos en manos del duque y Terry le dio su palabra que nos iríamos después del estreno."

Albert dejó escapar un suspiro. Candy tenía razón, él ya no podía involucrarse, tenía que dejar que Terrence manejara la situación como quisiera. El auto se detuvo frente al hotel donde Richard se hospedaba.

"¿Qué hacemos aquí, Albert?"

"Aquí es donde me quedaré."

"El duque está en este hotel."

"¡Qué casualidad! Tal vez me lo encuentre en el lobby" – le guiñó el ojo traviesamente.

"¡Albert!"

"No haré nada. Tienes mi palabra. Ahora, me despido de ti. El chofer te llevará a casa" – dijo Albert besando su mejilla – "Te veré mañana, querida."

Candy se despidió por última vez antes que el auto se pusiera en marcha.

La lluvia seguía cayendo sobre Nueva York y la gente corría buscando refugio, todos menos él. Le gustaba la lluvia y la melancolía que ella traía consigo así que no apresuró su paso, permitiendo que las gotas empaparan su cabellera.

"Es aquí" – se dijo Stear frente a la puerta del teatro.

Tomó una bocanada de aire y entró para ver buscar al hombre que le había arrebatado al amor de su vida.

"Tal vez no me la arrebató porque nunca fue mía…" – se dijo.

Avanzó hacia la sala de teatro y vio a los actores sobre el escenario. Terrence estaba en medio de ella, recitando sus líneas lleno de sentimiento con una mirada desesperada llenando su rostro. Lleno de curiosidad, Stear tomó asiento en una de las butacas para observar el ensayo.

"No se puede negar que tiene talento…"

Robert Hathaway les indicó a los actores que el ensayo había concluido por el día y desapareció tras bastidores con Terrence. Los demás empezaron a desfilar hacia la salida regalándole una mirada curiosa al inventor pero demasiado cansados para hacer preguntas, continuaron su camino. Veinte minutos después vio a Terrence despedirse del director y saltar del escenario.

Perdido en sus pensamientos, Terry no había reparado en la presencia de Stear. El hombre se puso de pie y lo haló de la manga para llamar su atención. Terrence se volvió con el ceño fruncido, preguntándose quien lo estaba interrumpiendo en el dialogo que estaba sosteniendo consigo mismo.

"Cornwall ¿qué haces aquí?" – preguntó mientras su expresión cambiaba a la de sorpresa absoluta.

"Estaba en el vecindario y decidí visitarte."

"Sí, claro" – respondió lleno de sarcasmo.

"Tenemos algo pendiente."

La seriedad en su voz hizo a Terrence ponerse en guardia.

"¿Vienes para que nos pongamos a mano?"

"¿Te parece si lo discutimos mientras nos tomamos un trago?"

"¿Un trago?"

"Sí ¿qué tiene de raro?"

"No pensé que bebieras. Candy siempre habla de ti como si fueras un santo."

"Bueno, es que comparado contigo"- respondió Stear.

"¿Es ese tu versión de un insulto?"

"Tómalo como quieras… ¿Conoces o no un lugar?"

"Hay un bar a pocas cuadras de aquí."

"Entonces, vamos."

"¿Seguro no te dará urticaria? Siendo tan fino…"

"Si tú lo puedes soportar, también yo."

"¡Ja!" – Exclamó Terrence lleno de burla – "Ya veremos."

Terrence tomó su paraguas y se preparó para salir.

"¿Quieres que te consiga uno?" –le preguntó a Stear.

"No es necesario" – dijo parándose bajo la lluvia.

Terry notó que las gotas de lluvia resbalaban por el frente del abrigo de Stear.

Ambos empezaron a caminar.

"Ese no es un impermeable" - comentó Terrence lleno de curiosidad.

"Lo sé, Grandchester."

"No te estás mojando."

"Está recubierto de una goma que inventé."

"¿Inventaste?"

"Así es."

"No es verdad."

"Tal vez creas que todos mentimos, después de todo, el ladrón juzga por su condición, pero te aseguro que yo no lo hago."

"Van dos insultos, Cornwall."

"Sólo respondo a tus preguntas, Grandchester."

"Creo que Candy sí mencionó alguna vez que eras inventor."

"Ella me ha ayudado numerosas veces."

"También me dijo que las cosas han explotado en su rostro más de una vez" – lo interrumpió.

"Podré fallar 99 veces pero tarde o temprano logro lo que me propongo."

"¿Se aplica eso a tu vida amorosa?"

Stear no esperaba ese comentario y Terrence se dio cuenta, demasiado tarde, de la crueldad de sus palabras. El inventor lo miró con los puños apretados pero no dijo palabra. Terry lo encaró.

"Si quieres golpearme, hazlo" – le dijo.

"¿Es este el bar?" – preguntó Stear apuntando a un sitio.

"Si."

"Entremos" – dijo empujando la puerta.

El cantinero saludó a los recién llegados y les ofreció una botella de whisky.

Terrence la tomó y se dirigió hacia una mesa al fondo del bar. Stear se sentó frente a él mientras el actor servía el licor. Dejó escapar un suspiro antes de tomar un sorbo largo.

"¿Cómo está Candy?" – se animó a preguntar.

"¿Por qué no se lo preguntas?"

"Prefiero que me lo digas tú."

"A ella le gustaría verte. Sé que debe ser doloroso para ti pero…"

"¡No tienes idea de lo que siento!"

"Es cierto" – reconoció Terrence – "pero ella siempre piensa en ti."

"¿No te molesta eso?"

"A veces" – admitió – "pero comprendo que fuiste muy importante en su vida."

"Tú lo has dicho…fui" – dijo con un poco de amargura.

"Todavía podrías serlo."

"Jamás seré tú."

"Candy no necesita que seas yo. Ella necesita a su amigo."

"Su amigo"- repitió sintiendo mil punzadas en su alma.

"Y Alex necesita a su tío."

Stear lo miró con seriedad.

"¿Qué te sucede, Grandchester?"

"¿Por qué preguntas eso?"

"Estás siendo demasiado amable. Hasta pareces un ser humano."

"El amor te hace cambiar, Stear."

"¿El amor?"

"Sé que me porté como un canalla, Cornwall. Cometí un terrible error al dejarla en Londres pero en ese momento no estaba pensando."

"Obviamente."

"El amor por Candy era demasiado para mí."

"¿Demasiado?"

"Antes de ella no conocía el significado del amor. Ella me enseñó lo que es amar."

"Entonces ambos lo aprendimos de ella."

"Supongo que sí…y creo que te debo una disculpa."

"¿Una disculpa?"

"Esa vez que nos vimos en Nueva York, cuando te dije que te regalaba a mi esposa, no estaba en mis cabales. La herí tanto y sé que la cuidaste, que te involucraste con ella."

"No podía abandonarla."

"Y luego yo aparecí y…"

"Me quitaste a la mujer de mis sueños" – tomó otro trago – "pero debo admitir que siempre supe que ella no te había olvidado."

"Pero estabas dispuesto a ser el padre de mi hijo."

"Y aun lo haría" – lo miró con seriedad.

"Lo sé."

Ambos guardaron un incómodo silencio hasta que Terrence apuntó hacia la mesa de billar.

"¿Jugamos?"

"¿Al billar?" – Stear levantó una ceja.

"Te invitaría a jugar esgrima pero dejé mi espada en casa" – lo miró lleno de burla – "espero que el billar no sea demasiado vulgar."

"¿Quién crees que soy, eh? ¿Quieres jugar billar? No hay problema pero prepárate a perder."

"¿Perder, yo?"

Terrence se mordió el labio inferior pensativamente. Sólo quedaban dos bolas sobre la mesa, una suya, una de Cornwall y la bola ocho. Stear se inclinó para apuntar.

"Bola ocho a la izquierda" – dijo lleno de seguridad.

El actor dejó caer su palma sobre la mesa, moviendo la bola de Stear.

"¡Hey!" - se quejó – "acabas de dañar mi jugada."

"¿Yo?" – preguntó Terrence con el mayor descaro.

"¡No te hagas el inocente! ¡Eres un tramposo!"

"¿Yo?" – repitió tratando de no reír.

"¡No es gracioso!"

"¡No seas quejumbroso y sigue jugando!"

"¡Tramposo!" – exclamó Stear golpeándolo en la cabeza con la vara.

Terrence lo miró incrédulo antes de tocarse la cabeza.

"¡Eso dolió!" – se quejó.

"¡No seas quejumbroso y sigue jugando!" – Stear repitió las palabras de Terrence como burla.

Los ojos azules lo miraron molesto y tomó una bola entre la mano para amenazarlo.

"¡No te atreverás!"

"¿Quieres apostar, Cornwall?"

Stear se apartó pero Terrence arrojó la bola al pie del inventor con toda la fuerza que pudo. El hombre soltó un quejido.

"¡Eres un mal perdedor!"

"¡Yo nunca pierdo!" – exclamó Terrence riendo.

Por respuesta, Stear le arrojó una bola, que Terry hábilmente esquivó. Bolas de billar empezaron a rodar por todo el bar mientras los dos hombres intentaban golpearse. El dueño se acercó a ellos para regañarlos. Apenados, los dos tomaron asiento mientras se terminaban un whisky.

"Eso estuvo divertido"- dijo Terrence.

"No me regañaban así desde el colegio."

"¿Te acuerdas de esos días?"

"Parece que fue hace siglos."

Volvieron a guardar silencio mientras bebían recordando los días de colegio cuando la vida parecía más simple. No hacía mucho de aquello pero ambas vidas habían pasado tanto dolor, tantas experiencias para su corta edad, que por un momento se sintieron muy viejos para tener casi veinte años.

"¿Quieres ir a cenar a casa? Candy se alegrará de verte" – dijo Terry por fin.

"Prefiero no verla. No podría despedirme de ella."

"¿Despedirte?"

"Me marcho a Europa esta noche, Grandchester."

"¿A Europa? ¿Qué rayos vas a hacer al viejo continente?"

"A hacer algo útil."

Terrence lo miró con el cejo fruncido, intentando comprender las palabras de Stear. Los ojos del actor se abrieron de par en par.

"No me digas que tu…"

"Sí."

"¿Para qué? Esa pelea no es tuya."

"Eso es lo de menos, Grandchester."

"¡No seas altruista, Stear! Estamos hablando de tu vida."

"Correcto. Es mi vida y haré lo que me plazca."

"Has perdido el juicio."

"Nunca he estado tan cuerdo, Grandchester. Me embarco esta noche."

"Si te dejo…"- lo amenazó Terrence.

"¿Si me dejas?"

"Candy nunca me perdonará si te dejo ir."

"¿Qué vas a hacer para detenerme?"

"Convencerte…aunque tenga que hacerlo a palos."

"¿Ah sí?"

"Anda, termina tu trago y vamos a casa. Estoy seguro que Candy te convencerá."

"Nadie me hará cambiar de parecer."

"¿Lo vas a hacer fácil o difícil?" – preguntó el actor remangándose la camisa.

"No me vas a detener."

"No seas necio. Levántate y vamos a casa."

"¡No!"

"A palos, entonces" – dijo el actor tomándolo del saco.

"¡Suéltame!" – dijo Stear sacudiéndose.

Stear no esperó a que Terrence lanzara el primer golpe y su puño se estrelló en el abdomen del actor, dejándolo sin aire.

"Golpe…bajo…"- dijo el actor desde el suelo.

"Todo se vale."

"No…estaba…prevenido…"

"El elemento sorpresa."

Stear empezó a reír mientras Terrence intentaba recuperarse.

"Además, te tenía guardado ese golpe hace mucho" – dijo Stear ayudándolo a levantar.

"Supongo que me lo merecía."

"No lo dudes ni por un instante como tampoco debes dudar que si haces que Candy derrame una sola lagrima, acabaré contigo."

"¿Me amenazas?"

"Te lo advierto. Si la haces sufrir de nuevo, te prometo que no tendrás otra oportunidad. Vendré por ella y no la volverás a encontrar jamás ¿entendido?"

"Entendido" – contestó él.

"¿A qué hora partes?"

"En un par de horas" – dijo Stear mirando su reloj.

"¿Seguro que no quieres despedirte de ella?"

"No puedo hacerlo."

"Te entiendo. ¿Quieres que te haga compañía?"

"No. Vete a tu hogar, Terrence, y abraza a Candy por mí."

"Así lo haré."

"Promete que la cuidarás, Grandchester."

"Más que a mi vida."

Stear estiró su mano hacia el actor y este la estrechó con firmeza.

"Buen viaje, Stear."

"Gracias. Y Terrence…"

"¿Qué?"

"Nunca sucedió nada entre nosotros."

Terrence miró a Stear con sorpresa.

"Eso no importa ya."

"Quería que lo supieras. Ella nunca dejó de amarte, ni por un solo instante."

"No era necesario…pero gracias."

"Adios, Terrence Grandchester."

"Adios, Alister Cornwall."

El actor le dio una última mirada antes de abandonar el bar.

Archibald Cornwall había tenido un mal presentimiento todo el día. Desde la partida misteriosa de Stear días atrás no podía dormir ni concentrarse. Para colmo, Albert lo había dejado al frente de la empresa y tuvo que resolver más de un problema en su ausencia. Annie lo había buscado toda la tarde aludiendo que era urgente que él fuera a su casa después del trabajo y allá se dirigía.

"¡Archi, que bueno que viniste!"

El besó la mejilla de su prometida antes de sentarse junto a ella en el sofá.

"¿Qué sucede, amor?"

"Te llegó esto" – dijo entregándole un sobre.

"¿Una carta?"

"Mira el remitente. Es de Stear."

"¿Por qué me enviaría una carta aquí?"

"Ábrela."

Annie observó cómo los ojos de su prometido se abrían de par en par mientras leía la carta. El más joven de los Cornwall estrujó la carta entre las manos.

"¡No puede ser!"

"¿Qué sucede, Archi?"

"¡Stear! ¡Stear se marcha a la guerra!"

"¡¿Qué?!"

"Se va a la guerra" – dijo entregándole la carta a Annie.

La morena comprobó que era cierto y se enteró que Stear había enviado la carta ahí porque "Archi vas a necesitar consuelo y sólo tu prometida podrá dártelo".

"Archi, no sé qué decir" - dijo tomando su mano.

"¡Hay que detenerlo!"

"Pero ¿cómo?"

"Sólo hay un lugar del que puede partir."

"¡Nueva York!"

"¡Exacto! ¡Tengo que llamar a Albert!"

El joven llamó al hotel y le informaron que Albert no estaba. Archi dejó un recado para él y se volvió hacia su prometida.

"¡Debo ir!"

"No podrás alcanzarlo, Archi."

"Tengo que hacer algo."

"Llama a Candy."

"¿A Candy?"

"Ella podrá detenerlo. Stear escuchará a Candy."

"Annie…yo no puedo…"

"Entonces lo haré yo."

Candy esperaba a Terrence en el saloncito cuando le informaron que tenía una llamada. Extrañada tomó el auricular.

"Candy es Annie. Escucha, necesitamos tu ayuda. Es Stear."

"¿Qué pasa?"

"Stear se va a Europa."

"¿A Europa? ¡Están en guerra!"

"Se va a la guerra, Candy. No sabemos dónde está pero creemos que esta en Nueva York. Si lo ves, si te va a visitar, enciérralo si es preciso pero no lo dejes ir."

"Lo detendré."

"Candy, Archi quiere hablarte."

"¿Archi?"

De inmediato la voz de Archi habló.

"Candy, tienes que detenerlo."

"Lo haré, Archi."

"Si algo le sucede a mi hermano, será culpa tuya. ¡Si algo le pasa, será tu culpa! ¡Es por tu culpa que él se marcha! ¡Destrozaste su corazón y ahora se quiere morir!"

"¡Archi!" – Dijo Annie antes de arrebatarle el auricular – "Candy…"

"Annie…yo…"

"No le hagas caso. Llámanos si lo ves."

"¡Por supuesto! Voy a llamar a Albert. Él podrá ayudarme."

"Llamamos al hotel pero no está."

"Volveré a intentarlo. Te llamaré luego, Annie."

"Esperaremos tu llamada, Candy."

La mujer colgó con Annie y llamó al hotel. Obtuvo la misma respuesta que ella y dejó un mensaje para Albert. Ni bien había colgado cuando Terrence apareció en la sala.

"Buenas noches, amor" – la saludó.

Candy corrió hacia él. Terrence la abrazó y notó su agitación.

"¿Qué te sucede?"

"¡Terry! Me llamaron de Chicago. ¡Stear se va a la guerra!"

"Lo sé."

"¿Lo sabes?"

"Estuve con él hace rato. Cornwall apareció en el teatro y fuimos a tomar un trago. Me dijo que se iba a la guerra entre otras cosas."

"¿Por qué no lo detuviste?"

"¿Detenerlo?"

"¡Es una locura! Stear no puede ir."

"Nadie lo puede detener."

"¡Claro que sí!" – Exclamó Candy – "¿Dónde lo dejaste?"

"En un bar cerca del teatro."

"¡Tengo que detenerlo!"

"¡Espera! Iré contigo."

"No. Tengo que hacerlo sola" – dijo besando la mejilla de su esposo.

"Pero…"

"Cuida de Alex. Volveré con Stear aunque sea lo último que haga."

"¡Pero Candy!"

"Si llama Albert, dile lo que está sucediendo."

Candy corría por el puerto llamando a Stear a gritos. El cantinero le había informado que Stear había partido hacia allá rato antes de su llegada. La rubia corría desesperadamente, buscando el barco que partiría esa noche hacia Europa.

Más adelante pudo ver a un grupo de hombres con un bolso a la espalda y supo que eran los militares. Se coló entre ellos buscando a su primo y a más de uno lo tomó por la manga pensando que era él.

"¡Lo siento!" – se disculpó.

"¿Qué te pasa, bonita? ¿A quién buscas?" – le preguntaron.

"A mi primo. Es alto, de cabellos oscuros…"

"Yo puedo ser tu primo o lo que tú quieras" – le dijo uno de ellos.

Los hombres se echaron a reír mientras Candy se alejaba de ellos para seguir a otro grupo. Corrió hasta alcanzarlos y su corazón dio un brinco al ver a Stear. Él se sorprendió y la tomó del brazo para alejarse del grupo. Se miraron frente a frente por unos segundos: ella pensando en lo delgado que él aún estaba, él pensando en lo hermosa que ella lucía.

"¡Candy! ¿Qué haces aquí? Este no es un lugar para una dama."

"¡Vine por ti!" – dijo arrojándose a sus brazos – "¡No te vayas!"

El hombre contuvo el aliento y cerró los ojos. ¡Qué difícil era sentir los brazos de ella a su alrededor y no poder besarla o amarla! Se soltó del abrazo de la rubia y la miró con seriedad.

"No puedes evitarlo, Candy."

"¡No te puedes ir, Stear! Perdóname, por favor."

"¿Perdonarte?"

"No te vayas o no podré vivir con la culpa si algo te sucede."

"¿La culpa? ¿De qué hablas?"

"Te vas por mi culpa…por lo que te hice…"

"¡Oh, Candy! ¿Eso crees?"

Ella no pudo contestar. Las lágrimas empezaron a fluir por su rostro. Stear sacó un pañuelo de su bolsillo y secó sus lágrimas.

"Estás en un error, Candy."

"Archi me lo dijo."

"¿Qué te dijo ese cabeza de piedra?"

"Me dijo…que te ibas…por mi culpa…por lo que sucedió con nuestro compromiso" – le explicó.

"Eso no es verdad."

"Pero Archi…"

"¡Archi está equivocado!"

El hombre cerró los ojos para tranquilizarse. Se hizo una nota mental de escribir una carta a su hermano e insultarlo por inquietar a Candy.

"¿Stear?" – lo llamó ella.

"Candy, necesito que me perdones" – dijo mirándola.

"¿Perdonarte?"

"Necesito que me perdones por tratar de atarte a mí. Siempre fuiste honesta conmigo y dentro de mí, siempre supe que no habías olvidado a Grandchester."

"Lo siento."

"No lo lamentes, Candy. Tú me hiciste vivir uno de mis sueños de adolescente y siempre te recordaré por eso."

"Eres demasiado bueno, Stear."

"Uno despierta de los sueños, Candy y ahora tengo otro que cumplir."

El hombre se acomodó el frente del uniforme y dio un paso hacia atrás.

"¿No me vas a decir lo apuesto que me veo de soldado?" – preguntó juguetón.

"Con o sin uniforme eres apuesto pero no entiendo por qué te vas."

"Necesito hacer algo de provecho. Ellos necesitan ayuda, Candy."

"¿Por qué, tú?"

"¿Por qué, no?"

"Pero… ¡tienes lentes!" – dijo Candy buscando una razón.

"A los voluntarios no les pueden decir que no" – sonrió Stear.

"No te vayas, Stear."

"Tengo que hacerlo, Candy."

"Piensa en Archi."

"Archi tiene a Annie."

"Piensa en mí."

"Tú tienes a Grandchester y a Alex. Te hace feliz ¿verdad? Lo puedo ver en tu mirada pero quiero escucharte decirlo."

"Sí, él me hace feliz."

"No es tan mal tipo…una vez que lo conoces."

"Ha cambiado, Stear. Me ha demostrado que puedo confiar en él."

"Entonces es un buen esposo y padre."

"Lo es."

Un silbato se escuchó a la distancia, sobresaltándolos. Unas gotas empezaron a caer nuevamente. Stear colocó su abrigo impermeable sobre Candy.

"Te mojarás, Stear."

"Estaré bien. Debes cuidarte porque tienes a Alex. ¿Cómo está?"

"Ya camina y habla."

"¿Si? Bésalo de mi parte" – dijo haciendo señas a un taxi.

El coche se detuvo junto a ellos. Candy miró a Stear.

"Sube, Candy. Debo marcharme."

"¡No te dejaré ir!"

Candy se abrazó a él con fuerza y escondió el rostro en su pecho.

"Déjame ir, Candy. No seas niña."

"¡No te puedes ir! ¡Te necesitamos aquí!"

"Me necesitan allá" – dijo intentado soltarse.

"¡No, no y no!" – dijo alzando el rostro pecoso hacia él

"¡Sí, si y si! ¡Me vas a soltar!"

"¡No!"

Para su enorme sorpresa, los labios de Stear cayeron sobre los suyos para besarla.

Candy sólo tardó una fracción de segundo en retroceder.

"¡Stear!"

"¡Te dije que me ibas a soltar!" – dijo riendo.

"¡Eres…!"

La lluvia continuaba cayendo sobre ellos, las gotas posándose en los espejuelos del inventor. El hombre dio un paso hacia ella, tomando su barbilla entre los dedos y susurró:

"Sólo hay una cosa que quiero que entiendas: mi decisión de irme a la guerra no tiene nada que ver contigo ni con lo que pasó. Me voy porque quiero hacer algo útil. Estoy hastiado de esta vida sin sentido."

"Stear…"

"Adiós, querida Candy. Prométeme que serás feliz."

"Prométeme que te cuidarás."

"Tú primero…"

"Los dos a la vez…"

Se miraron como muchachos traviesos y a la vez exclamaron.

"¡Lo prometo!"

Candy logró sonreír en medio de sus lágrimas. Stear le entregó un medallón con el escudo Cornwall.

"Es para Alexander."

"Gracias."

"Debo irme, Candy. Cuídate."

"¿Escribirás?"

"Lo intentaré y ten paciencia con Archi."

"Él me odia."

"No es cierto. Es un necio pero ya entenderá. Te quiere y siempre lo hará" – abrió la puerta del coche – "Anda, sube."

"Tu abrigo…"

"Quédatelo. Me lo das la próxima vez que me veas."

"Está bien. Es un trato."

Candy lo abrazó y lo besó en los labios llena de afecto.

"Adiós, Stear."

"Nunca digas adiós, Candy. Esto es un hasta pronto."

"Hasta pronto" – dijo abordando el taxi.

El auto arrancó y ella se volvió para mirarlo por la ventanilla posterior. Stear agitó su mano en el aire y la vio partir, alejarse del puerto antes de perderse por las calles. Un nuevo silbido lo hizo empezar a correr hacia su barco mientras sus lágrimas se confundían con la lluvia.

"Adiós, mi precioso amor" – pensó con tristeza

Candy regresó a casa cerca de la medianoche sintiéndose derrotada. Apenas abrieron la puerta, se arrojó a los brazos de Terrence que la esperaba junto a la puerta.

"¡Candy! ¿Qué te sucede?"

"¡Se ha marchado! ¡No lo pude detener!" – dijo entre lágrimas.

"¿Se marchó?"

La rubia levantó la voz para encontrarse con Albert.

"Vine tan pronto recibí tu mensaje, Candy."

"¡Oh, Albert! Es demasiado tarde. Se marchó a Europa, dijo que tenía que hacerlo, que estaba cansado de esta vida inútil."

El hombre se recostó contra la pared, apesadumbrado por las palabras pronunciadas por Candy. En el fondo de su ser, podía comprenderlo. Stear estaba buscando lo que él había buscado antes de asumir su rol como jefe de la familia Andrey.

"Estaba escrito"- murmuró Albert.

"¿Qué dices?"

"Era su destino. Todos tenemos un destino" – contestó el rubio.

Candy sollozó entre los brazos de su esposo.

"Cálmate" – Terry acariciaba su cabeza.

"No pude detenerlo."

"No estaba en tus manos hacerlo" – la reconfortó Albert.

"Archi nunca me va a perdonar" – sollozó Candy.

"¿Qué quieres decir?"

"Si algo le sucede a Stear, Archi no me va a perdonar."

"Nada le va a suceder" – dijo Albert con firmeza.

Terry miró a su amigo y a su esposa con preocupación. Elevó una plegaria silenciosa porque las palabras de Albert fueran proféticas.

En Chicago, Archi también lloraba. Su prometida lo sostenía contra su pecho como si fuera un niño pequeño, tratando de reconfortarlo.

"Me he quedado solo, Annie."

"No estás solo, mi amor. Me tienes a mí."

"Lo sé preciosa pero…mis padres nunca están… ¿entiendes? Siempre éramos los dos, siempre estábamos juntos."

"Él regresará, Archi" – dijo acariciando su cabello.

"¿Y si no?" – preguntó con amargura.

"No digas eso. Stear regresará, ya verás y será el orgullo de la familia."

Archi cerró los ojos mientras Annie rezaba por el pronto retorno de Stear, su oración uniéndose en los cielos a la de Terrence.