—Enserio, ¿qué es eso de "Urachaco"? Ya te he dicho que no me llames así, tonto.—la chica, medio riéndose por el absurdo mote que Kacchan le tiene puesto desde hace ya varios años, camina hacia la terraza de su amigo para tomar asiento en una de las sillas. Detrás de ella está Deku, que la sigue, de forma más calmada y sigilosa, como si estuviera colándose en la casa de un intruso.
—Deku.—Katsuki mueve uno de los asientos hacia atrás.—Siéntate aquí.
—Sí.—susurra el chico como respuesta, y tras eso una débil sonrisa empieza a aparecer en sus labios.—¿Qué tal ha ido todo, Kacchan?
—De eso hablaba con Ochaco antes.—responde él, completamente acomodado en su butaca.—El año me ha ido genial.
—Pero ha repetido curso.—señala la chica. Bakugou se la queda mirando, con el ceño algo fruncido.
—¿Por qué lo dices?—pregunta.—Era un secreto.—susurra.
—Se iba a enterar igualmente, tu madre se lo contará a la suya.—explica Uraraka, con los dedos entrecruzados encima de sus muslos.—Y sabes que Inko no tardará ni un momento de más en decírselo todo a Izuku.
—Ya, pero igualmente...—el rubio agacha la cabeza, como si quisiera maldecir por algo; entonces echa un largo suspiro.—Pues eso, un año de puta madre, pero repitiendo 4o.
—¿Pero por qué?—pregunta Deku, con un gran semblante de preocupación en su rostro.—Tú siempre has sido brillante en los estudios, Kacchan.
—Sí, sí, muy brillante y todo lo que tú quieras.—dice.—Yo ya no brillo por mis notas. Brillo por mi mal comportamiento, mis pellas y mis suspensos. En todo caso, si brillo... Es por la ausencia de cualquier cosa buena.
Sus ojos ya no transmiten el imponente resplandor que siempre han poseído, si no todo lo contrario: un vacío desolador, triste e íngrimo.
—(¿Por qué?)—a Izuku le gustaría preguntar eso en voz alta, pero se siente incapaz de hacerlo. Tan solo puede pensarlo, y hasta siente temor de que tal pregunta pase por su mente.—(Hacía años que Kacchan no hablaba con un tono tan desgarrador. Y la última vez que puso esa cara fue cuando se murió su abuelo...)
—Katsuki...—Ochaco es la que toma la responsabilidad de decir algo. El rubio levanta la mirada para ver a su amiga, pero niega con la cabeza.
—Prefiero no hablar de ello.—responde. Entonces, una sonrisa pícara vuelve a dibujársele en los labios, como por arte de magia, y haciendo desaparecer cualquier rastro de tristeza que quedara flotando por el ambiente.—Estábamos jugando a las cartas mientras te esperábamos, Deku. ¿Te apetece una partida?
—(Este chico...)—piensa Uraraka.
Midoriya entiende de sobras el giro que ha provocado Katsuki en la conversación, y decide seguirle la corriente a su amigo, aun si no cree que sea lo mejor para él.
—¿Es el Uno?—pregunta el chico. Bakugou afirma con la cabeza.
—Yo solo he ganado una partida. Urachaco me ha derrotado tres veces seguidas.
—No me llames Urachaco, pesado.—reclama la chica.
—De acuerdo, voy a jugar.—sonríe Midoriya, para entonces pasar a mirar el rostro de su amigo, que está agarrando todas las cartas para mezclarlas y repartirlas entre sus amigos.—Ochaco me ha dicho que Shin y Tenya aún no están.
—Sí, solo éramos ella y yo hasta hace nada.—alarga su mano hacia Izuku, ofreciéndole una carta puesta boca abajo.—Pero ahora has llegado tú.
Izuku le devuelve el gesto y agarra la carta.
—Tsuyu y Kyoka también están aquí.—explica Ochaco, para entonces pasar a sonrojarse levemente.—Todoroki también...
—Uuh, ¿y esa cara? ¿Es que todavía no olvidas a tu primer amor?—se burla Katsuki. Uraraka le pega en el brazo, molesta.
—¡No fastidies con el tema!—grita, escandalizada. Deku y Kacchan se ríen ante la divertida reacción de Ochaco, y ella, aunque roja como un semáforo, no puede evitar no reírse junto a sus amigos.—Dios, que pesados sois. Hace años de eso.
—Pero aún te gusta, ¿no?—pregunta Izuku, con interés. Uraraka se siente presionada ante las curiosas miradas de Bakugou y Midoriya, esperando escuchar una respuesta que les complazca.
—Bueno...—divaga. Pero entonces niega con la cabeza.—No, no. Ya no me gusta. Además, está saliendo con Momo. Es imposible.
—Pobrecita mi chiquitina.—acaricia el brazo de su amiga.—Ha sido rechazada por el chico más guapo del pueblo y el amor de su vida.
—Kacchan, por favor.—Deku intenta aguantar la risa.
Al final tardaron más de treinta minutos en empezar a jugar, pues de conversación a conversación, y de una tontería a otra, se olvidaron de la razón por la cuál tenían cartas entre sus manos. Porque, si bien no ha llegado a pasar ni un año desde la última vez que se vieron, finalmente se han reencontrado de nuevo.
—Ochaco, ¿seguro que os habéis puesto crema solar?—pregunta desde la distancia la madre de la chica, Sakura, vistiendo un vestido veraniego blanco, un sombrero de paja y un bolso de playa colgado de su hombro izquierdo.
—¡Sííí, mama!—su hija, vestida tan solo con unos shorts blancos y el bikini, echa a correr junto a Deku, que va con el pecho al descubierto, y Kacchan, que es el único que se digna a cubrirse el tronco de camino a la playa.—¡Vamos tirando!
—Al menos ponte algo arriba...—susurra Sakura, rendida ante la poca delicadeza de Ochaco.
—Izuku está igual que ella.—Inko repite el mismo gesto que su amiga, igual de preocupada por el exhibicionismo de su hijo.
—¡Hey chicos!—grita Midoriya.—¡Una carrera hasta la playa!
—¡Hecho!—responde Uraraka.
—Que pereza...—sonríe Bakugou, a la vez que empieza a correr, adelantándose a sus dos amigos, que han empezado con ventaja a él. Incluso estando la playa a unos 600 metros de su posición, Katsuki no desfallece en ningún momento, llegando primero.
—Arf, arf... Corres muy rápido, tío.—Uraraka es la segunda en pisar la arena. Tras ella viene Deku, que casi parece que se esté muriendo.—Deku...
—¡No os ríais! ¡Tengo resistencia, lo que pasa es que estábamos muy lejos!
—No te lo niego. Pero vamos, pensar que has sido tú el que ha propuesto tal maravillosa idea...—responde Kacchan, divirtiéndose.—Anda, venga, respira.—camina a su lado y le da una palmadita en la espalda.
—Parece que te vayas a morir.
—Gracias, Ochaco.—responde Izuku, sofocado.
—¿Ochaco?—una voz femenina llama el nombre de la castaña desde atrás. Cuando los tres amigos dan la vuelta, se encuentran con dos muchachas, un poco más jóvenes que ellos, pero cuyos rostros conocen muy bien: Tsuyu Asui y Kyoka Jirou.
—¡Tsuyu! ¡Kyoka!—Uraraka corre hacia las dos chicas para abrazarlas.—Sabía que estabais por aquí, pero finalmente os veo.
—Lo mismo digo.—responde Jirou mientras le devuelve el abrazo.
—Izuku, Ka-Katsuki, hola...—más tímidamente, Asui saluda a los dos chicos, colorándose un poco al pronunciar el nombre de Bakugou.
—¡Hey!—Midoriya las saluda, con una amplia sonrisa en el rostro.
—Hola.—Kacchan hace lo mismo.—Parece que habéis crecido, ¿eh, enanitas?
—Hm.—Jirou se acerca hacia él, y sin siquiera vacilar, le da una patada en los huevos.
—¡Kacchan!—Deku se agacha para socorrer a su amigo, que de un momento a otro ha acabado en el suelo, hecho bola, con las dos manos puestas encima del escroto.
—Mierda, me había olvidado de lo que prometí...—musita con dolor.—Perdón, Kyoka. Retiro lo dicho.
—Así me gusta.—responde la ruda chica, orgullosa de la decisión de Bakugou.
—Katsuki, ¿estás bien...?—Uraraka lo ayuda a levantarse.
—Es peleona.—es lo único que comenta Katsuki mientras las dos chicas comentan con susurros algo entre ellas.
—Pídeles perdón otra vez.—dice Ochaco, preocupada.—No deberías reírte de ellas. Sobretodo de Tsuyu...
—Sí, sí, ya voy...—algo fastidiado, camina hacia las dos jóvenes.—Perdonadme las dos. No volveré a llamaros "enanitas".
—No te creo.—Jirou lo fulmina con la mirada.
—Con que Tsuyu me crea tengo suficiente.—el chico le devuelve el frío gesto a Kyoka, y empiezan una guerra de miradas, ignorando el repentino sonrojo que se ha aparecido en las mejillas de Asui
provocado por el comentario del rubio.
—En fin...—mientras tanto, Uraraka y Midoriya observan la escena.—Deku, creo que por hoy me voy a ir con las chicas.
—Ah... ¿Sí?
—Sí.—asiente.—Tengo ganas de estar con ellas. Y además...—vacila un poco, como si no supiera exactamente qué decir.—Supongo que tendrás ganas de hablar con Katsuki a solas un rato. No os he dejado ni un momento a solas desde ayer.
—Bueno, normal, todos somos amigos.—afirma torpemente el chico.—No hay razón especial para que lo hagas.
—Sí, pero lo vuestro es especial.—Ochaco le da una palmadita en la espalda al chico, convencida de su decisión.—Sois el dúo de mejores amigos más fuerte del grupo. No hace falta que me agradezcas.
Deku observa como su amiga camina hacia los otros tres, separando a Bakugou de Kyoka y llevándose a las dos chicas con ella hacia la orilla del mar. Katsuki observa a las tres adolescentes durante algunos segundos, y entonces se gira para empezar a caminar hacia Midoriya.
—Kacchan... Ochaco se va con Tsuyu y Kyoka.—le anuncia Deku, también aproximándose hacia él.
—Lo sé, me lo acaba de decir ahora.—responde su amigo. Una vez están separados por pocos centímetros, detienen su paso.—Eso nos deja solos, ¿eh?
Los dos se sonríen mutuamente, transmitiéndose una calidez especial que solo sienten cuando están el uno con el otro: ese sentimiento de seguridad y confianza que tan solo los verdaderos mejores amigos poseen.
—Vayamos a caminar por la zona de las rocas.—propone Katsuki.—Y ya de paso, acabamos de ponernos al día con todo.
—¡Buena idea!—contesta Izuku, con entusiasmo.
—...¿Te apetece otra carrera?—los ojos sangre de Kacchan miran desfiantes a los de Deku, listos para enfrentarse a otro duelo. Midoriya asiente.
—Venga.—se anima, y se coloca en posición de carrera, al igual que Bakugou.—A la de una, a la de dos...
—Joder.—dice entre respingos.—Otra vez has ganado.
—Te enfrentas a rey músculo.—se burla Katsuki, mientras aprieta el brazo derecho para acariciarse un desarrollado bíceps.—Mira que fuerza. Con esto gano a cualquiera.
—Uy, sí, una cosa...—responde Izuku con sarcasmo. Kacchan lo empuja levemente con el codo, a la vez que empiezan a caminar a ritmo de paseo, en un intervalo entre el cristalino océano y la blanca arena, encima de piedras preciosas incrustadas entre la tierra. Al principio, el silencio ocupa el espacio entre los dos: pero entonces Midoriya empieza una conversación, hablando con un tono nostálgico.—Bueno... Ha pasado tiempo, ¿verdad?
El paisaje a su alrededor es uno bastante tranquilizador: la arena de Crisa es suave y agradable al tacto, el agua del mar está mansa y levemente fría, el cielo semi-despejado, y eso sumado al sonar de las olas, el canto de las gaviotas, las oscuras y rugosas rocas que contrastan con la superfície del agua y a que se encuentran alejados del pequeño foco de gente que está en la playa hoy, es casi como si estuvieran ellos dos solos en un paraíso perdido en una isla lejana.
—Sí, mucho tiempo... Casi un año.—Kacchan eleva la mirada para observar el cielo, recubierto con algunas nubes que impiden el total poderío del Sol.
—La verdad es que cada vez se me hace más difícil estar alejado de todos vosotros.—se sincera el chico.
—No te has sonrojado.—señala Bakugou, para entonces sonreír con mofa.—¿Seguro que no mientes?
—¡No miento! Lo que pasa es que no he de avergonzarme si se trata de ti, Ochaco, Tenya o Shin.—afirma Deku, con convicción. Katsuki permanece en silencio. Los dos chicos pasan por debajo de un techo de roca que conecta el acantilado con la zona profunda del mar.—Kacchan... ¿Por qué no querías contarme lo de tu repetición?
—No sé porque Ochaco te lo dijo.—responde Bakugou.
—Bueno, ella tenía razón. Al llegar a casa ayer, mi madre me lo contó.—explica Izuku, inquieto. Sabe que Katsuki no se lo tomará bien si presiona demasiado, pero tampoco quiere dejar volar el asunto como si no fuera importante.—En fin, si no quieres contárme...
—Estaba preocupado.—suelta finalmente Kacchan. Echa un largo suspiro antes de proseguir la frase.—Acerca de la promesa y el asunto del año pasado. Pensaba que quizás... Habrían cambiado las cosas.
Deku sabía que pronto saldría de nuevo el tema.
—¿Eres gilipollas?—pregunta retóricamente Izuku.—¿Para qué hicimos la promesa, precisamente?
—Ya lo sé.—se rasca el pelo con nerviosismo.—Pero ya sabes que a estas edades, bueno... A veces pasan cosas.
Midoriya observa a su amigo, sin entender del todo a qué se refiere.
—Bueno... También quiero decir que... Apenas pudimos despedirnos. Fue un final de verano muy raro.—intenta reír, pero no le sale del todo bien.
—Sí, tienes razón.—afirma Izuku.—Pero eso fue mi culpa. Perdón.
El silencio vuelve a invadir el espacio entre los dos chicos. Midoriya inhala aire.
—No tienes por qué sentirte preocupado o nervioso, Kacchan.—asegura, mirando al frente.—No importa cuántas cosas pasen, siempre seremos mejores amigos.
—Sí, y me alegro por eso.—responde Bakugou, también con la mirada clavada en el paisaje que hay delante suyo. Entonces mira a Deku: se acerca hacia él, y alargando su brazo, lo rodea por la espalda.—...—sonríe.
—...—devuelve la sonrisa a su amigo.
