"Tú" "¿Qué haces aquí, Candy?"
"Vengo por mi esposo."
Sin esperar a ser invitada, Candy pasó por el lado de Susana y entró a la casa. La mujer, visiblemente alterada, la tomó por el brazo para detener su avance.
"¿De qué hablas?"
"¡Sabes perfectamente de lo que estoy hablando! Quiero a mi esposo" – dijo Candy, encarándola – "y sé que lo tienes aquí."
"¡Estás equivocada!"
"Llamaré a la policía, Susana" – la amenazó – "si intentas detenerme. Ahora dime cuál es el camino más corto hacia el sótano."
La ex actriz la miró con rabia y apretó los puños llena de impotencia. Dejando escapar un suspiro, levantó su mano y apuntó el camino con su dedo. Candy le dio la espalda para ir en busca de su esposo sin percatarse que Susana había tomado un florero entre las manos.
Eleonor Baker miró el reloj por enésima vez mientras Richard jugaba con su nieto.
"¿Te sucede algo, Elly?"
"Es tarde ya. Es casi la hora de cenar y Candy no ha regresado."
"A lo mejor se distrajo" – dijo elevando a Alex por los aires.
"Tal vez… ¿quieres cenar?"
"¿Me estás invitando?"
"No te estaría preguntado si no pensara hacerlo."
"Será un honor, Elly" – dijo sonriendo.
"¿Has tenido alguna noticia de los detectives, Richard?"
"Lamento decirte que no. Es como si la tierra se lo hubiera tragado. Hay que reconocer que cuando Terry quiere esconderse lo hace muy bien."
"¿Insistes con la idea que se está escondiendo?"
"¿Tienes otra teoría? Secuestradores no hay o ya hubieran pedido dinero. Lo único que nos queda por pensar y aceptar es que Terrence volvió a huir."
"¿Cómo puedes creer eso de tu hijo?"
"Porque lo conozco."
"No lo conoces, Richard. Si lo conocieras sabrías que está locamente enamorado de su esposa y que adora a su hijo."
"Y que los dejó. Eso es lo que él hace. Siempre está escapando, lo hizo de cada colegio en que lo tuve interno."
"Si no lo hubieras internado no hubiera tenido que escaparse."
"¿Quieres discutir conmigo, Eleonor?"
"Quiero que tengas mejor opinión de tu hijo."
"El día que él me demuestre que es un hombre, la tendré."
"Me duele que hables así de nuestro hijo."
Para sorpresa de Richard, Eleonor rompió en llanto. El duque dejó a Alex en el suelo y se acercó a ella. Como todo un caballero, le ofreció su pañuelo y ella se dio el gusto de rechazarlo.
"¿Por qué te pones así, Elly?"
"A veces parece que no quieres a Terry."
"Claro que lo quiero."
"¡No lo parece! Supongo que no lo quieres porque gracias a mí no es de sangre tan azul como tú."
Richard tomó una bocanada de aire antes de tomar el rostro de Eleonor entre sus manos. Los ojos azules lo miraron con sorpresa.
"Lo quiero, Eleonor, créeme, y lo quiero más que a otro por ser precisamente tu hijo. ¿No lo ves? ¿Acaso crees que le aguantaría a otro lo que le aguanto a Terrence? Jamás lo haría porque ningún otro sería hijo nuestro, Elly…hijo de nuestro amor."
Eleonor Baker no estaba preparada para responder a las palabras del duque y sólo atinó a mirarlo con desconcierto.
"Te he amado toda la vida y Terrence, con sus ojos azules tan iguales a los tuyos, me ha hecho imposible olvidarte... hasta este día, te amo Eleonor."
"¡Oh, por todos los cielos!" – dijo apartándose.
"No huyas de mí, Eleonor" – dijo tomando su brazo.
"Richard…"
"Perdona si te he incomodado, no ha sido mi intención."
"Quiero que me prometas algo, Richard."
"Lo que quieras."
"No quiero que me vuelvas a hablar de amor jamás."
"Pero…"
"Dijiste que me prometerías cualquier cosa."
"No puedes pedirme eso. Dime ¿es que verdaderamente no sientes nada por mí?" – dijo tomando su mano.
"Es muy tarde ya" – dijo apartándose – "iré a que nos sirvan la cena."
Richard la vio desaparecer tras la puerta y miró a su nieto, que había contemplado la escena desde el suelo. El duque lo alzó en brazos y pudo ver su reflejo en los ojos del niño.
"Son iguales a los de tu abuela" -murmuro con un nudo en la garganta.
¿Hasta cuándo tendría que pagar por los errores del pasado?
No en balde había Candy vivido con los Leagan. El vivir con esos chiquillos malcriados le había enseñado a estar a la defensiva siempre y el ataque de Susana no la tomó por sorpresa. La rubia alcanzó a esquivar el florero que cayó al suelo con un enorme estruendo.
"¡Desgraciada!" – gritó Susana lanzándose sobre ella.
Las dos empezaron a pelear como dos gatas. Candy sentía los arañazos de Susana sobre sus brazos mientras intentaba apartarla para darle un buen golpe. Se estrellaron contra una mesa y los adornos cayeron al piso. Candy empujó a Susana contra la pared y ella la pateó con fuerza. La rubia logró deshacerse del agarre de la mujer y echó su puño hacia atrás para tomar viada lo estrelló en el mentón de Susana. Ella cayó al suelo con los ojos cerrados.
"¡Knock out!" – pensó Candy sacudiendo el puño adolorido en el aire.
Su conciencia la hizo revisar a Susana y al ver que respiraba, corrió hacia la cocina. Tomó un cuchillo que estaba sobre la mesa y abrió la puerta al sótano.
"¡Terry! ¡Terry!" - gritó mientras bajaba los escalones.
El actor levantó la cabeza y soltó un gemido. Candy se arrodilló junto a él y lo abrazó mientras empezaba a llorar.
"¡Mi amor! ¡Mi amor, sabía que no me habías dejado!"
"¡MMMhhh!"
"¿Qué? ¡La mordaza! ¡Claro!" – y procedió a quitársela.
"¡Candy!" – Dijo buscando su mirada – "¿Qué haces aquí?"
"¡Vine a buscarte!" – dijo desatando sus pies.
"¡Debiste ir por la policía!"
"¡¿Y dejarte con ella?! ¡De ninguna manera!"
"¿Dónde está?"
"Desmayada en la sala. Le di un puñetazo."
"¡Mi hermoso amor!" - dijo sonriendo – "¡que valiente eres!"
"Tú me das valor" –dijo besando sus labios.
"Mis manos, Candy, suelta mis manos" – le urgió.
"¡Voy, voy!" – dijo cortando con el cuchillo.
Las cuerdas cayeron al suelo y Terrence estuvo libre. Candy lo abrazó con toda la fuerza que tenía y él dio un respingo.
"¿Qué sucede, Terry?"
"Mi hombro"– dijo abriendo los ojos.
Candy llevó su mano hacia el hombro de su esposo y él pegó un grito.
"Te dije que me dolía."
"¡Lo siento!"
"Tenemos que salir de aquí, Terry."
"Lo sé"-dijo apoyando el brazo en su cadera.
"¡No tan rápido!"
Los dos se quedaron de una pieza al ver a Susana con un arma frente a ellos.
Terrence escudó a Candy con su cuerpo.
"¡Basta ya, Susana! ¡Esto ha ido demasiado lejos!"
"¡¿Por qué te interpusiste?!" – Gritó Susana a Candy – "¡Él se estaba enamorando de mí!"
"Basta ya, Susana. Nos iremos de aquí" – dijo Terrence.
"¡No! ¡Primero la mato a ella antes que salgas por esa puerta!"
"¡Basta ya, Susana!"
Enfurecido, Terry avanzó hacia ella y Susana haló el gatillo. El balazo retumbó en el sótano. Candy abrió los ojos desconcertada y dio un grito lleno de horror al ver a Terrence tambalearse. El actor logró mantenerse erguido y se llevó la mano hacia el hombro sangrante. Sin pensarlo demasiado, Candy se lanzó en contra de Susana y ella no dudó en halar el gatillo nuevamente. La rubia se detuvo en seco al sentir que algo quemaba su piel y una mancha roja aparecía junto a sus costillas. Candy llevó su mano hacia la herida y la levantó luego para verla llena de sangre. Las rodillas de Candy flaquearon y cayó sentada en el suelo mientras Terry corría hacia ella.
"¡¿Cómo pudiste?! ¡Te detesto con todo el corazón!"– gritó el actor mirando a Susana.
Los ojos de la mujer enloquecida se llenaron de lágrimas y su mano empezó a temblar. Terrence avanzó hacia ella decidido a quitarle el arma. El actor observó el dedo de la mujer agitarse en el gatillo…
"¡Detente o te mataré, Terrence!"
"¡Hazlo de una vez y terminemos con esta pesadilla!"
"¡Detente!"
Terrence se lanzó hacia ella y logró tomar el arma entre sus manos. Ella no soltaba el arma y tiraba de él haciendo que ambos forcejaran por todo el sótano, derribando los muebles viejos, las cajas y las velas que estaban por doquier. Candy logró levantarse del suelo y corrió hacia ellos.
Susana dejó escapar un tiro y éste se clavó en el techo de madera. Irritada al haber fallado en herir a Candy, llevó su mano hacia la herida sangrante de Terrence.
Él retrocedió lleno de dolor y ella lo empujó.
"¡Infelices!" – gritó corriendo hacia las escaleras – "¡Ustedes van a pagar lo que me hicieron! ¡Morirán aquí y ahora!"
Por un momento los Grandchester no entendieron lo que quiso decir pero el olor a quemado los hizo reaccionar. Distraídos por el forcejeo, no habían notado que las velas no tardaron en encender los periódicos viejos, las cajas y demás objetos inflamables. Como estocada final, Susana lanzó una lámpara de kerosén sobre las escaleras antes de cerrar la puerta del sótano. Terry se apresuró a rodear a su esposa con el brazo como si intentara protegerla de las llamas. Él podía sentir el miedo de Candy y posó sus labios sobre los de ella.
"No moriremos Candy, te lo prometo" – le dijo mientras el sótano se llenaba de humo.
El hombre giró sobre sus talones mientras entrecerraba los ojos para evitar que se irritaran con el humo. Candy apuntó hacia la ventana.
"Demasiada pequeña."
"Tenemos que intentarlo, Terry."
"No…"
Tomó la mano de Candy entre las suyas y la haló para acercarla hacia la pared a costado de ellos. La rubia se percató que había una montaña de carbón frente a ellos y comprendió lo que su esposo pensaba: tendrían que salir por el ducto del depósito.
"¡Mamá!" – gritó Susana entrando al cuarto de su madre – "¡Esa desgraciada ha truncado mis planes!"
"Mmhmhm…"
"¡Candy vino!"
"¡Mmmmh!"
"Espera" – dijo quitando la mordaza – "¿Qué dices?"
"¿Qué ha sucedido? Escuché tiros."
"Les disparé."
"¡¿Tu, qué?!"
"Les disparé, mamá pero no están muertos…el fuego acabará con ellos."
Susana empezó a reír siniestramente y su madre la miró incrédula. El humo del sótano empezó a filtrarse por los ductos de ventilación. Elizabeth Marlowe se movió inquieta en la silla.
"¡La casa se está incendiando, Susana!"
"Lo sé. ¿No te parece poético? Voy a morir junto a mi amado."
"¡Yo no quiero morir!"
"¡Eres mi madre! ¡Es tu deber estar junto a mí!"
"¡Susana, basta! ¡Él no te ama y no puedes obligarlo!"
"¡No! ¡Él va a pensar en mí mientras se muere!"
"¡Suéltame, Susana!"
"¡Yo lo voy a amar siempre y resurgiré entre el fuego como el ave fénix…nuestro amor lo hará!"- dijo recostándose en la cama.
Elizabeth lloró en silencio al percatarse de las incoherencias que hablaba su hija.
Asustada, pudo notar que la recamara estaba llena de humo, un humo negro y pesado que le irritaba los ojos y casi no la dejaba respirar.
"Salgamos…de…aquí…Susana"- le rogó.
"¿Estás asustada?"
"Si."
"¡Oh, mamita! ¡No te asustes!" – dijo abrazando a su madre que estaba sobre la silla – "Yo estaré aquí contigo."
El sol empezaba a brillar cuando Stear entró al hangar y fue saludado por el mecánico. El hombre, que tenía unos cincuenta años, se había acostumbrado a las visitas de ese joven con lentes que trabajaba en el centro de comunicaciones. Stear dejó resbalar su mano por el costado del avión, el frío del metal haciendo que una sonrisa se dibujara en su rostro.
"¿Te gustaría volarla, no es así?"
"Me encantaría" - afirmó Stear.
"¿Por qué no les pides que te transfieran?"
"Creo que no me dejaran volar por esto" – dijo apuntando hacia sus lentes.
"Cuando haya necesidad, lo llamarán."
"Tal vez…pero si hay una necesidad ¿no significa que están acabando con nuestros pilotos?"
"No lo había visto de esa manera, muchacho" – reconoció el hombre con tristeza.
"Creo que será mejor esperar que no me necesiten ¿no cree?"
"¿Qué no te necesiten para qué?"
Los dos se volvieron para ver a la joven que los miraba desde la puerta del hangar.
Ella tenía una taza de café en las manos y vestía su traje de enfermera.
"Buenos días, Amy" – le sonrió él.
"Buen día, soldado. ¿Cómo está, señor O'Keefe? ¿Se siente mejor de su espalda?"
"Mucho mejor" – le dijo sonriendo.
"No quiero verlo alzando cosas pesadas ¿eh?" – le advirtió.
"Intentaré portarme bien, señorita Amy."
"¿Qué haces aquí, Amy?" –le preguntó Stear con una sonrisa.
"¿Yo? Vengo a ver como sigue mi paciente… ¿por qué?"
"Sólo preguntaba…pensé que tal vez vendrías a verme a mi."
"Te gustaría eso ¿verdad, piloto?" – dijo guiñando un ojo."
"Me sentiría muy halagado, lo confieso."
El señor O'Keefe fingió ocuparse con el motor del avión mientras ellos flirteaban.
Sonrió al disimulo y se dijo que sólo los jóvenes hallarían amor en una situación como la que estaban. El aullar de las sirenas interrumpió sus pensamientos al igual que el coqueteo de Amy y Stear. Amy corrió hacia la puerta seguida de Stear para ver aviones volar sobre sus cabezas. El joven abrió los ojos desmesuradamente al ver que disparaban al tanque de propano.
"¡Abajo, Amy!" – gritó arrojándose sobre ella.
La explosión los envió al suelo, robándoles el aliento. El señor O'Keefe empezó a prepara los aviones para despegue mientras Amy y Stear corrían hacia sus puestos.
Una nueva explosión los hizo caer al suelo y enseguida empezó a caer una ráfaga de balas desde el cielo. Stear levantó la mirada para ver que el cuarto de comunicaciones estaba completamente destruido.
"¡Santo cielo!" – murmuró abrumado al ver las ruinas.
"¡No se quede ahí!" – le ordenó un sargento corriendo hacia las armas.
"¡Stear, Stear!"
Alister se volvió al escuchar la voz femenina. Era Amy que sangraba de un brazo.
"¡Amy!" – dijo corriendo hacia ella – "¡Estás herida!"
"No es de importancia… ¡Esto es una locura! ¡Están destruyendo todo!"
Los soldados empezaron a aparecer de las barracas, corriendo hacia sus naves y hacia las armas. Uno de ellos llamó a Stear con premura.
"¡Cornwall, Cornwall! ¿Puedes volar? ¡Necesitamos que vueles!"
"¿Volar?" – repitió incrédulo.
"¡Sí, volar! ¡Rápido! ¡Sube a uno de los aviones antes que los destruyan!" – gritó un piloto antes de correr hacia su avión.
"¿Vas a volar?" – preguntó Amy mirándolo.
"Debo hacerlo" – contestó incorporándose.
"Tus lentes…están rotos."
"Debí hacerle caso a la Tía y comerme las zanahorias" – dijo a medio reír.
"¿Eh?"
"Tengo que hacerlo, Amy."
"¡Espera!" – dijo tomándolo del brazo.
"¿Qué pasa?"
"Para ti" – dijo quitándose el rosario que llevaba al cuello – "te cuidará."
"Gracias. ¡Cuídate!"
"¡Buena suerte!"
Amy lo vio correr hacia el avión. El hombre zigzagueaba para esquivar las balas que cruzaban por el aire.
"¡Ve con Dios!" – le gritó la enfermera antes de correr hacia los heridos.
El corazón de Stear latía alocadamente mientras hacía girar la hélice del avión.
Corrió hacia el ala y la pisó subirse al asiento del piloto. Accionó el botón y el motor se disparó, haciendo que el cuerpo de Stear vibrara con fuerza. La nave empezó a deslizarse sobre la pista. Uno de los pilotos se volvió a mirarlo y lo saludó con la cabeza…él devolvió el gesto.
"Si no nos derriban antes de despegar ¡será un milagro!" – pensó.
La nave empezó a tomar velocidad y Stear se preparó para el despegue. Un estruendo amenazó con distraerlo pero se obligó a mirar hacia el frente para elevar su nave.
"¡Dios te guarde!" – pensó Stear a sabiendas que su compañero había sido derribado.
Una carcajada se escapó de la boca del soldado al sentir el aire golpear su rostro y darse cuenta que estaba volando. Con manos temblorosas de emoción y nerviosismo, hizo girar el avión para enfrentarse al enemigo. Dos naves amigas se unieron a él y uno de ellos, él más experimentado, les hizo una seña con la mano para indicarles que iba a atacar. Stear abrió los ojos desmesuradamente al ver que cuatro naves se acercaban a ellos mientras disparaban furtivamente. Stear no necesitó indicaciones para elevarse hacia las nubes y esquivar el ataque. Lastimosamente su compañero no reaccionó y fue herido.
"¡No!" – gritó al ver que la nave caía en picada.
No pudo verlo estrellarse y se decidió a atacar, disparando hacia los enemigos. No estaba pensando, era su instinto de supervivencia lo que lo dominaba y no reaccionó hasta ver a su enemigo caer.
Enemigo o no…ese hombre era un ser humano, alguien por el que iban a llorar.
Stear agitó la cabeza, confundido ante sus emociones. Un avión de su ejército se acercó a él y le hizo señal de victoria antes de colocarse frente a él mientras continuaban el ataque.
"¿Victoria? ¿Cómo puede llamarse victoria esta matanza sin sentido? ¡Lo van a llorar tanto como me llorarían a mi si…!"
Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar las balas acribillar su avión y el carraspeo de los motores. Casi enseguida escuchó el motor detenerse y empezó a perder altura. Stear tragó en seco y trató de controlar su avión que empezó a planear sobre el cielo.
"Vas a ser el orgullo de la familia" - le dijo una voz.
"¡Anthony!" – exclamó mirando las nubes para ver la cara sonriente de su primo.
"Estoy aquí…siempre contigo, primo, querido hermano."
"Archi… ¡Archi, te vas a enfadar tanto! Parece que tendrás que buscarte otro padrino"- dijo mirando el rosario entre sus manos.
Una ráfaga de balas volvió a alcanzar las alas del avión y con un ruido sordo cayó en el mar.
Candy fue la primera en escabullirse por el ducto y llegó hasta el patio de la casa.
El aire fresco la hizo toser un poco al golpear su rostro pero se obligó a volverse para ayudar a Terrence. Sacando fuerza de sus entrañas, Candy lo haló por los hombros de la camisa y lo ayudó a salir. El actor se dejó caer boca abajo sobre el pasto mientras tosía. Candy lo obligó a volverse y besó su rostro repetidas veces.
"Terry, Terry… ¿estás bien?"
"Sí"- dijo calmándose por fin – "lo…logramos."
"Lo logramos"- repitió ella.
"Tenemos que movernos" – dijo Terrence notando que las paredes exteriores empezaban a encenderse.
Candy se levantó mientras presionaba la herida sobre su cintura y ayudó a Terrence que sangraba por el hombro. Apoyándose el uno en el otro, avanzaron hacia el frente de la casa. Una multitud empezaba a aglomerarse frente a la residencia de las Marlowe y miraron con curiosidad a la pareja que avanzaba hacia ellos con la cara y la ropa llena de hollín. La pareja tomó asiento en la acera, y respiraron agitados.
"¿Qué pasó allá adentro?" – Preguntó un vecino – "Escuchamos balas."
"Es una historia larga"- dijo Terry.
"Si sólo aparecieran las Marlowe" – musitó el vecino.
"¡¿Qué?! ¿No han salido?" – preguntó el actor.
"¿Están adentro?"
"¡Claro que están adentro!" – dijo Terry levantándose.
"¡No puede ser!" – dijo Candy.
"Nadie ha salido aparte de ustedes" – contestó una mujer.
"Están adentro"- murmuró Terry.
Candy tuvo un mal presentimiento y lo sujetó de la mano.
"No - dijo ella rotundamente.
"Debo hacerlo. A pesar de todo, Candy, tú me enseñaste lo que es el perdón."
"¿Por qué tú?" – preguntó ella al borde de las lágrimas.
"¡Las Marlowe están adentro!" – Gritó Terry – "¿Quién irá a rescatarlas?"
Se escucharon murmullos pero nadie se ofreció.
"¡Los bomberos vienen en camino!" – dijo uno.
"¡Será demasiado tarde!" – respondió Terry.
"¡No!" – dijo Candy llorando – "No puedes hacerme esto."
"Volveré por ti y por Alex" – dijo alejándose.
"¡No!"
"¡Volveré!"
"¡No, no! ¡Deténganlo!"
La multitud lo vio correr hacia la casa llena de horror pero nadie se movió ni un milímetro para detenerlo.
Lágrimas saltaron a los ojos del actor al abrir la puerta de la casa. El oxígeno que entró a la casa por la puerta hizo que el fuego tomara fuerza y las llamas se elevaron por encima de la cabeza de Terry. Los gritos de Elizabeth Marlowe llegaron a sus oídos y avanzó casi a tientas hacia el dormitorio de la mujer. Abrió la puerta de un empellón y ambas mujeres lo miraron: Susana, llena de felicidad y Elizabeth llena de incredulidad.
"¡Viniste por mí!" – exclamó Susana arrojándose a sus brazos.
"¡Tenemos que salir de aquí!" – ordenó él apartándola.
"¡Por Dios, sáqueme de aquí!" – le rogó Elizabeth.
El actor se dirigió hacia la mujer y empezó a desatar la soga.
"¡No hagas eso!" – dijo Susana apartando sus manos.
"¡Tenemos que salir de aquí!" – dijo Elizabeth.
"¡No!" – dijo Susana apuntando su arma.
"¡Vamos a salir de aquí, Susana!" – le dijo Terrence.
"¡No! ¡Tenemos que quedarnos…así estaremos juntos para siempre!"
Elizabeth Marlowe se levantó al verse libre y abofeteó a su hija con fuerza. La joven la miró atónita.
"Basta. ¡Tenemos que irnos!"
"Tome un pañuelo y cúbrase la nariz" – le indicó Terrence.
Haciendo gala de su memoria, Terrence iba delante de ella mientras la paredes a su alrededor ardían. Se escuchó un estruendo y los tres se quedaron muy quietos mientras el piso bajo ellos empezaba crujir.
"¡No te quedará con ella!" – gritó Susana arrojándose sobre Terrence para golpearlo con el mango de la pistola en la cabeza.
Él se desplomó al suelo para el horror de Elizabeth. Susana apuntó su arma hacia su madre.
"Susana…"
"Nos vamos a morir ahora mismo" – dijo llorando.
"¡Terrence Grandchester! ¡Elizabeth! ¡Susana!" – gritó una voz.
"¡Aquí!" – gritó la señora Marlowe.
"¡No, no! ¡Váyanse!" – gritó Susana disparando.
Los bomberos se sorprendieron al escuchar tiros.
"¡Auxilio!"
"¡Traidora!" – gritó Susana retrocediendo hacia la cocina.
"¿Qué sucede?" – preguntó un bombero llegando hasta ellos.
"¡Te odio, mamá!" – gritó.
Un nuevo crujido terminó en un estruendo…y el piso de la casa se desplomó.
En Chicago, Albert y Archi habían sido invitados a la casa de los Brighton para cenar. El prometido de Annie estaba destapando una botella de vino para los anfitriones cuando el cuello de la botella se rompió en sus manos. La mirada de Archi viajó hasta su mano mientras la sangre brotaba y sintió un extraño mareo. Sus ojos viajaron hasta la etiqueta de la botella que decía Francia…
"¡Stear!" – musitó.
"¿Qué dices?" – preguntó Annie cubriendo su herida con un pañuelo.
"Albert..."
"¿Estás bien?" – el rubio se puso de pie al ver la palidez de su sobrino.
"Stear…Stear no está bien."
"Ven, Archi" – dijo Annie llevándolo hacia el lavatorio.
"Annie, algo le pasó a Stear" – dijo mientras colocaba su mano bajo la llave de agua.
"¿Por qué dices eso?"
"Lo siento en mi alma."
Annie levantó la mirada hacia él y se sorprendió al ver una lágrima resbalar por el rostro de su prometido. Dejó de vendar su mano y lo abrazó. Archi la rodeó con los brazos para estrecharla, buscando el consuelo que sólo tu pareja puede brindarte.
El piso bajo los pies de Susana se desplomó antes que uno de los bomberos pudiera sujetarla. Elizabeth gritó e intentó ir tras ella pero la detuvieron y la obligaron a salir. El otro bombero levantó a Terrence en brazos y corrió hacia la salida instantes antes que el piso desapareciera por completo.
Candy suspiró aliviada al ver que un bombero salía con Terrence en brazos y corrió hacia ellos. El bombero la miró con preocupación mientras acomodaba a Terry sobre una camilla.
Candy se sentó junto a la camilla de Terrence y tomó la mano de su esposo entre la suya mientras lloraba. El actor abrió los ojos y apartó la máscara de oxígeno antes de sonreírle con debilidad.
"Llorona…"
"¡Terry!"
"Estoy…bien…pecas" – dijo antes de toser.
"¿Te crees un súper hombre?" – le preguntó Candy reponiendo la mascarilla.
Él asintió con la cabeza mientras sonreía pícaramente.
"¡Eres incorregible, Grandchester!"
Terrence cerró los ojos y se desmayó para el gran susto de Candy.
"No se preocupe" – le dijo uno de los paramédicos – "debe ser por la pérdida de sangre."
"¡Vaya consuelo!"
"Estará bien pero es usted la que preocupa" – repitió tocando la herida de Candy.
Ese ligero toque hizo que Candy recordara el dolor de su herida y se llevó la mano hacia las costillas.
"¿Se siente bien? ¿Señora?"
Ella no respondió y cerró los ojos para desplomarse sobre su Terry.
La prensa estaba congregada afuera del hospital cuando el duque llegó junto a Eleonor en su limusina. La pareja ignoró las preguntas que les hacían los reporteros mientras los flashes de la cámara se disparaban. Avanzaron hacia el vestíbulo y se encontraron con el jefe de investigaciones.
"¿Qué sucedió?" – preguntó Richard.
"Aún no hemos podido conversar con ellos."
"¿Ellos?" – interrumpió Eleonor.
"Terrence y su esposa fueron rescatados del incendio en casa de…Susana Marlowe" – dijo leyendo sus apuntes.
Eleonor sintió que sus rodillas flaqueaban y tuvo que asirse del duque.
"¿Incendio? ¿Están heridos?"
"Lo están."
"¡Oh, mi Dios!" – exclamó ella.
"Todo estará bien, Elly" – dijo Richard ayudándola a sentar.
"¿Duque de Grandchester?"
Los dos levantaron el rostro hacia el médico que se les acercaba.
"Soy el Doctor O'Conner."
"¿Cómo está mi hijo?"
"Acabamos de sacarlo de la sala de operaciones."
"¿Qué dice?" – preguntó Richard.
"Tenía una herida de bala en el hombro y tuvimos que extraerla. Afortunadamente no causó mayor daño, no perforó ni el hueso ni el músculo."
"¿Podemos verlo?"
"Aún no, señora, está en la sala de recuperación."
"¿Estará bien?"
"Aparte de unos cuantos golpes y raspones, el señor Grandchester se recuperará sin problemas."
"¿Y Candy?" – preguntó Eleonor.
"Ella está bien. No tuvo heridas de consecuencia, la bala cortó su piel y le hizo una quemadura durante su trayecto pero estará bien."
"¿Podemos verla?"
"Tendrán que esperar un rato. Las enfermeras están atendiéndola."
Candy parpadeó y abrió los ojos para ser deslumbrada por la luz de las lámparas.
"¿Cómo se siente, señora?"
"Mi esposo ¿dónde está Terry?"
"En la sala de recuperación."
"¡Tengo que ir con él!" – exclamó Candy sentándose de golpe.
La enfermera tuvo que sujetarla para detenerla.
"Espere, señora, no se apresure."
"Estoy bien. Déjeme ir con mi esposo."
"Con calma, señora. Recuerde que tiene una herida."
Ella se llevó la mano hacia el costado para sentir bajo la bata un vendaje.
"Me siento bien. No me duele."
"Fue sólo un raspón" –dijo sonriendo la enfermera.
"¿Mi esposo?"
"Tuvieron que hacerle una cirugía para extraerle la bala…pero no se asuste, la bala no causó ningún daño. Retiraron la bala y lo cosieron, verá como en un par de días estará como nuevo."
"¡Mi pobre Terry!" – dijo sentándose de nuevo.
"¡Por favor, señora, quédese quieta! No puede alborotarse tanto en su condición."- dijo mirándola con severidad.
"¿Mi…mi condición?"
"Está usted esperando, señora."
"¿Esperando?"
"Es una bendición de Dios que no le haya sucedido nada al bebé, señora, pero no abuse. Le sugiero que se recueste y descanse."
Candy llevó su mano hacia su vientre y lo acarició con lentitud. ¡Estaba encinta! ¡Otro bebé de Terrence estaba creciendo en sus entrañas! Emocionada, Candy se recostó en las almohadas y empezó a llorar llena de sentimiento.
"No se ponga así, señora. Todo va a estar bien" – dijo la enfermera consolándola – "Mire quien ha llegado."
Unos enfermeros traían a Terry para acostarlo en la cama junto a la de Candy. La enfermera se encargó de cubrirlo con la sábana y chequear sus signos vitales.
"¿Cómo está?" –preguntó Candy.
"Este caballero va a estar dormido un rato más, señora. ¿Por qué no trata de dormir?"
"No tengo sueño."
"Me imagino que querrá velar su sueño ¿eh?" – le preguntó con una sonrisa – "No la culpo, yo haría lo mismo si tuviera un esposo tan apuesto."
"Sí…es bello" – dijo Candy soñadoramente.
"Si me permite decirlo, su hijo va a ser muy hermoso."
"Gracias" – dijo ella sonriendo – "nuestro primer hijo es muy lindo."
"¿Ya tienen un hijo? Se ven tan jóvenes."
"Nos casamos muy jóvenes."
"¡Qué maravilla! ¡Ah, el amor de la juventud es lo más hermoso! Señora ¿cree poder ver a sus suegros? Están afuera."
"¡Oh, sí! Por favor hágalos pasar."
"Sólo si me promete no agitarse."
"Se lo prometo."
"Muy bien, los haré pasar."
Casi enseguida entraron los padres de Terrence y se detuvieron al pie de la cama de su hijo. Eleonor besó su frente antes de volverse hacia Candy y abrazarla.
Richard sólo atinaba a contemplar a su hijo.
"¡Candy! ¿Cómo estás?"
"Sólo fue un raspón" – dijo abrazando a la mujer.
"¿Qué fue lo que pasó?" – preguntó Richard tocando la frente de su hijo.
"Susana…lo tenía encerrado en el sótano" – dijo Candy antes de empezar a narrarle los hechos.
A medida que Candy relataba lo que había sucedido esa tarde, el duque fruncía más y más el entrecejo. Eleonor movía la cabeza de lado a lado, incrédula. Cuando Candy terminó el relato, ambos padres se miraron.
"Ella tiene que ir a la cárcel" – dijo el duque – "Esa mujer y su madre van a pagar por lo que le hicieron a mi hijo."
"Susana no sobrevivió. Ella no salió de la casa" – dijo Candy – "sólo sacaron a Terry y a Elizabeth."
"¡Oh, no!" – dijo Eleonor.
"Alguien va a pagar" – repitió el duque – "y la policía quiere hablar con ustedes."
"No hablaré con nadie hasta que Terry se recupere" – afirmó Candy – "¿Los puede mantener lejos, duque?"
"¡Claro que puedo!" – Dijo con arrogancia – "¿Se te olvida quién soy?"
"No te preocupes, Candy, los mantendremos lejos" – dijo Elly – "Dejemos descansar a los heridos, Richard, llévame a casa."
"Preferiría quedarme."
"Tenemos un nieto del cual ocuparnos, Richard" – le recordó – "Mañana vendremos a verlos, Candy."
"Los esperaremos y por favor, bese a Alex por mí."
"Así lo haré" – dijo besando la mejilla de su nuera.
"Que te mejores, Candy y cuida de mi hijo" – dijo el duque antes de besar la mano de su nuera, sorprendiéndola.
"Así lo haré, duque."
"Hasta mañana."
Una vez a solas, Candy se debatió entre ponerse de pie para ir junto a Terrence o quedarse quieta. La rubia finalmente optó por quedarse en la cama, demasiado asustada de causarle algún daño a su bebé.
"Te amo" - le murmuró a su vientre – "y te cuidaré como a un tesoro."
Los ojos verdes se posaron en la figura durmiente de su esposo y le envió un beso desde lo más profundo de su corazón.
Candy abrió los ojos para encontrarse con la mirada de Terry sobre ella. El actor la observaba recostado sobre las almohadas.
"¡Terry!"
"Buenos días, pecosa."
"¿Cómo te sientes?" – le preguntó sentándose en la cama.
"Como si me hubiera arrollado un coche…no, espera, eso ya me pasó…como si me hubiera atropellado un camión."
"¿Te duele el brazo?"
"Un poco pero la enfermera fue a buscarme un calmante."
"¿Ya estuvo aquí?"
"Hace rato. Realmente eres asombrosa, pecosa, tú sí que puedes dormir. Es más, últimamente estás más dormilona que antes."
Ella sonrió una sonrisa secreta que Terry no tomó en cuenta. Candy se puso de pie con cuidado para acercarse a su esposo. El abrió su brazo bueno para ella y con ese gesto la invitó a recostarse junto a él. Ella lo hizo.
"Te amo, pecosa mía. ¿Qué fue lo que pasó, Candy?"
"¿Qué es lo que recuerdas, amor?"
"Un golpe en la cabeza y que caía al suelo."
"El bombero te sacó inconsciente…y a Elizabeth."
"¿Susana?"
"Falleció en el incendio. El piso se abrió a sus pies."
Terrence cerró los ojos por un instante lleno de aflicción y tragó con dificultad antes de hablar.
"O sea que fue inútil que volviera a la casa."
"Salvaste a Elizabeth."
"Tenía que ir por ellas, Candy."
"¿A pesar de lo que hizo?"
"Ella no estaba bien."
"Esa no es excusa."
"Sí, lo es" – la interrumpió – "y la señora Marlowe no estaba de acuerdo con Susana, Candy. Ella estaba atada en una silla cuando la encontré."
"¿Qué?"
"Lo que escuchas."
"El duque quiere enviarla a prisión, Terry."
"No. Enviar a Elizabeth a la cárcel no resolvería nada. Susana ya no está y esa será un terrible pena para ella. ¿Para qué ensuciar la memoria de los muertos, Candy?"
"¿Estás seguro?"
"¿Piensas que debo hacer algo diferente?"
"Tal vez."
"Candy…"
"¡Te secuestró, Terry! ¡Te tuvo atado y escondido! ¿Tienes idea de lo que sentí? ¡Fue horrible!"
"Amor, tú eres la que me enseñó que hay que olvidar el pasado y mirar hacia el frente. Quiero dejar esto atrás."
"Pero…"
"Candy" – dijo tomando su mano entre la suya – "por favor, entiéndeme. Necesito tu apoyo ahora más que nunca."
Una mirada a esos ojos azules y Candy supo que no podía seguir discutiendo con él.
"Está bien, Terry."
"Gracias por entender" – dijo besando su frente.
La puerta del cuarto se abrió para dar paso a los padres de Terrence.
"¡Madre!"
"¡Oh, Terrence, es tan bueno verte!"
"Terrence…"- dijo el duque con su acostumbrada sequedad.
"Padre…"
"Es bueno verte, hijo."
"Pensaste que me había escapado ¿verdad, padre?"
"Lo pensé pero tu mujercita me hizo cambiar de idea. Pensé que te habían secuestrado."
"¿A mí?" – soltó una carcajada.
"Eres mi hijo, después de todo" – repuso el duque muy ofendido.
"Claro, claro."
Un toque en la puerta los hizo callar y Terrence pidió que entraran. Elizabeth Marlowe, pálida y demacrada entró a la habitación. Instintivamente, Candy se acercó a su esposo y la miró llena de desconfianza.
"Lamento molestarlos pero tenía que hablar con usted, Terrence, antes de ir a la comisaría para el interrogatorio."
"¿En qué puedo servirle?" – preguntó Terrence.
"Quería…darle las gracias por…ayudarme y por…"
"No es necesario" – la interrumpió él.
"Sí, lo es y le debo una disculpa, Terrence. Lamento mucho lo que…mi hija le hizo y a usted también, Candy. No sé qué decirles aparte que Susana no estaba bien."
"Eso ya lo sabemos" – dijo Candy con aspereza. Terry apretó su mano en un llamado de atención.
"Eso no es suficiente" – añadió Richard.
"Susana estaba mal. Hacía poco la habían dado de alta en una casa de reposo."
"¿Casa de reposo?" – se sorprendió Candy.
"Ella estaba encaprichada con usted…y creo que yo ayudé a fomentar eso. Caí en la bajeza de intentar que usted se sintiera culpable por el intento de suicidio de Susana pero en realidad era mi culpa…yo la malacostumbré al consentir cada uno de sus caprichos. Siempre le di todo lo que deseaba y…"
"¡Y ella secuestró a mi hijo!" – exclamó el duque.
"¡Padre!"
"Lo lamento, mucho" – repitió Elizabeth.
"¡Guárdese sus disculpas! Me encargaré de decirle a la prensa todo lo que sucedió y…"
"No" – interrumpió Terrence.
"¿No?" – repitieron Richard y Eleonor.
"No le diré a la prensa nada en absoluto" – dijo Terrence.
"¿En verdad?"
"Tiene mi palabra, Elizabeth. Nadie tiene porqué saberlo…dejemos que Susana descanse en paz."
La señora Marlowe rompió en llanto antes de hablar.
"Gracias. No tengo palabras para agradecérselo. Espero que ustedes sean felices."
"Adiós, señora Marlowe."
La mujer abandonó la habitación cabizbaja. Richard miró a su hijo, incrédulo.
"¿Por qué hiciste eso?"
"¿Qué sentido tiene que haya un escándalo?"
"¡Alguien tiene que pagar!"
"No, padre y te agradecería que usaras tus influencias para mantener esta historia en secreto."
"Pero…"
"Si no lo quieres hacer por mí, hazlo por Alex. No querrás que Alex crezca en medio de un escándalo ¿verdad? Te lo pido como un favor" – dijo mirando a su padre con seriedad.
Richard tuvo que reconocer que su hijo era muy astuto.
"Como quieras" – dijo por fin.
Dos días después, Candy y Terrence regresaron a la casa. Terrence declaró a la policía los hechos de su secuestro pero no presentó cargos en contra de las Marlowe. El duque utilizó sus influencias para que la prensa no ahondara en el tema y todo fue explicado como un incendio inesperado que causó la muerte de Susana Marlowe. Las heridas de bala jamás fueron reveladas a nadie ni la pérdida de la razón por la joven mujer.
Los Andrey y los Cornwall fueron informados de los hechos por medio de Eleonor mientras Candy reposaba en la clínica. La noticia había distraído a Albert y a Archi en su preocupación por Stear y le comunicaron a Eleonor que viajarían de inmediato a Nueva York. Ella les aseguró que eran bienvenidos pero que Candy se encontraba fuera de peligro y que recordaran que los esperaban para el estreno de Terrence. El rubio decidió esperar hasta el estreno para viajar a Nueva York ya que al fin y al cabo no podía abandonar sus empresas ni Archi sus estudios.
Alex no cabía en sí mismo de la felicidad al ver a su padre. Se negaba a levantarse de su regazo y Terrence no hacía más que sonreír. La rubia lo vio hacer un rictus de dolor cuando el niño tocó su vendaje pero Terry la detuvo de acercarse. Con infinita paciencia, Terrence apartó la mano de su hijo y le dio un mordisco. Alex se rió lleno de gusto y empezó a jugar con su padre.
"Señora Candy, teléfono" – le avisó la ama de llaves.
"¿Aló?" – contestó ella.
"¡Candy! ¡Por todos los cielos, Candy!"
Ella no pudo reprimir una sonrisa al escuchar la voz.
"¡Archi!"
"¡Qué bueno escucharte, Candy!" – dijo emocionado.
"¡Lo mismo digo!"
"¿Estás bien? ¿Están bien?" – se corrigió.
"Estamos bien."
¡Qué bueno! Estábamos tan preocupados por ese…"
"¡Archi!" – le gritó Annie.
"Por ese truhán tuyo y por ti" - terminó la frase – "Tu vida nunca es aburrida ¿eh, Candy?"
"Nunca."
"Me preocupé mucho, Candy…si algo te hubiera pasado…"
"Nada me pasó."
"Sabes que te quiero… ¿verdad?"
"¿Y tú, sabes que te quiero, señor elegancia?"
"¡Hey, eres una mujer casada!" – aulló Terry.
Candy escuchó a Archi reír por la línea.
"Dile a ese insoportable que no sea celoso y que aprenda a compartir."
"Archi…"
"¡Dile!"
Ella hizo lo que él le pedía. Terrence levantó una ceja y le dio una respuesta a Candy.
"¿Qué dijo?" – preguntó Archi.
"Dice que no comparte nada con remilgosos como tú."
"¿Ah si? Dile a Grandchester que cuando vaya a Nueva York se prepare."
"¿Vas a venir?"
"¡Por supuesto! Tengo que verte, ver a Alex y a ese tonto que tienes por marido en el escenario. Espera, te pongo a Annie y a Albert que están a punto de sufrir un colapso nervioso."
"Adiós, Archi."
"Hasta pronto, querida Candy."
"¡Candy!"
"¡Annie!" – dijo escuchando la voz de su amiga.
"¿Cómo estás, Candy?"
La rubia se dejó caer en el sofá mientras escuchaba a su amiga.
"Todo vuelve a la normalidad" – pensó llena de felicidad.
Mucho más tarde cuando toda la casa dormía y Candy había acostado a Alex en su cuna, regresó a la habitación para encontrar a Terrence esperándola con una botella de vino y dos copas junto a la cama.
"¿Y eso?" – preguntó sorprendida.
"Quería brindar contigo" – dijo rodeándola con los brazos.
"¿Brindar?"
"Por el comienzo de una nueva vida, mi amor. Estamos juntos de nuevo…ya no hay fantasmas que nos persigan. Sólo somos tú y yo."
"Terrence…"
Él la observó mientras ella acariciaba su mejilla amorosamente.
"Dime la verdad ¿creíste que te había dejado?"
"Ni por un segundo" - dijo besando sus labios.
"Te di mi palabra, Candy, la palabra de un hombre que sabe que vivir sin ti es sólo existir, no vivir… ¿comprendes?"
"Oh, Terry…"
"Sólo podía pensar en regresar a ti y a Alex"- le mostró las heridas de sus muñecas.
"¿Intentabas escapar?" – ella besó las muñecas heridas de su esposo.
"No podía soportar un día más sin ti" – dijo halando uno de sus rizos antes de soltarlo.
Candy soltó un sollozo y su esposo la miró consternado.
"¿Qué te pasa?"
"Alex hizo eso…el otro día, se parece…tanto a ti…"
"Oh, Candy" – dijo besando su frente.
"Tenía…tanto miedo…de no volver a verte…de no encontrarte."
"Siempre hallaré el camino hacia ti, Candy…o tú lo hallarás hacia mí como lo hiciste esa noche."
"Estaba rezando y pedí una señal…y me topé con ella" – dijo estremeciéndose.
"Olvidemos el pasado. Hoy día empezamos una nueva vida."
Terrence besó la mejilla de su esposa antes de dirigirse hacia la botella de vino y servir dos copas. El actor le ofreció una copa y ella negó con la cabeza.
"¿No brindarás conmigo?"
"Es que no puedo beber" – dijo ella con una enorme sonrisa.
"¿Por qué?"
"No es recomendable."
"¿No es recomendable que brindes con tu esposo?" – preguntó levantando una ceja.
"No es recomendable para el bebé."
Las palabras demoraron en registrarse en la mente del actor y al hacerlo abrió los ojos como dos platos.
"¿Qué? ¡¿Cuándo?! ¡¿Cómo?" – preguntó abrazándola con su brazo sano.
"No te podría decir cuando fue con exactitud pero…"
Los labios de Terrence cayeron sobre los de Candy en un beso largo y dulce.
"No te hagas la graciosa" – dijo al soltar sus labios – "¡Te amo!"
"¡Yo te amo!"
"Voy a ser papá" – dijo empujándola suavemente sobre la cama.
"¿Estás feliz?"
"¿Qué si estoy feliz? ¡Claro que sí! ¡Voy a ser padre! Y esta vez no pienso perderme ni un detalle."
Candy pudo percibir un dejo de melancolía en su voz.
"Esta vez será diferente, Terry."
"Por supuesto. No pienso perderte de vista ni por un segundo."
La mano de Terry se deslizó bajo su bata y la levantó con descaro para mirar su vientre. La palma de su mano recorrió su estómago plano.
"No veo diferencia ¿estás segura?"
"Me lo dijeron en el hospital y se me pongo a hacer memoria hace tiempo que no tengo a mi visita mensual."
"Ajá" – dijo descansando su mano sobre el vientre – "¿Está bien?"
"El doctor me aseguró que todo estaba bien" – lo tranquilizó.
"Somos bendecidos, Candy" – dijo besando su abdomen – "yo lo soy desde que te conocí. Tú me enseñaste lo que es amar. Siempre huía y quise huir de ti…estaba asustado e inseguro pero me diste la confianza."
"Terry…"
"Tú me enseñaste a confiar y a compartir mis sentimientos. Me has amado incondicionalmente…has esperado a que yo quite mi corazón y abra mi corazón… ¡Tú eres mi todo, Candy!"
"Te amo, Terry" - dijo revolviendo su cabello oscuro.
"Y todo va a estar bien, Candy aunque regresemos a Londres."
"¿Podrás ser feliz?"
"Todo estará bien si estás junto a mí, es todo lo que necesito."
"Todo estará bien, Terry."
"Lo estará porque tú eres mi estrella, mi norte, mi guía" – dijo besando su mejilla.
Ella lo abrazó de medio lado, enredando sus piernas con las suyas.
"¿Niño o una niña?"
"Lo que nos traiga la cigüeña" – dijo juguetón.
"¿Qué tal uno y uno?"
"¿Mellizos?" – Levantó una ceja – "Vaya, tendrían que darme una medalla por ser tan efectivo."
"Tonto engreído" – dijo ella riendo ante su cara.
"Pero me amas" – le recordó antes de unir sus labios a los de ella.
Hola queridos lectores,
un capitulo mas y hasta aqui les dejare jejejeje recuerden que esta maravillosa historia es de msgrandchester y por cierto ya se acerca el fin de esta historia ;D
saludos
