—Mira a quién tenemos aquí.—son alrededor de las once de la mañana. Izuku, Katsuki y Ochaco bajaban tranquilamente hacia el río para jugar, pero en un momento dado la chica presenció como un coche blanco conducía algo lentamente dirección a Crisa. No pudo ver las personas que estaban dentro del automóvil, pero eso no le impidió reconocer el vehículo y quienes eran sus propietarios.

—¡Es Tenya!—interrumpe los ágiles pasos de los dos chicos con tales palabras. Se giran sincronizadamente, asustando levemente a Uraraka.—Lo juro.

—¿Ese coche que ha pasado era el de su viejo?—pregunta Kacchan.

—Estoy casi convencida de que sí.

—¿Apostamos algo?—propone Bakugou, con ojos chispeantes y expresión desafiante. Ochaco e Izuku intercambian miradas.

—Yo creo que mejor no me arriesgaría... A no ser que queráis que pase como el año pasado.—propone Midoriya, con cierta debilidad, pues sus amigos son más del tipo lanzado que no del reservado.—Ya sabéis, cuando Kacchan tuvo que ir en ropa interior y Shin y Ochaco maquillados como payaso...

—Haced lo que queráis, chicos.—suelta Uraraka, quién empieza a darse la vuelta.—Yo voy a ir a darle la bienvenida a Tenya.

—Nena, no tan rápido.

Sin haber decidido si apuestan o no, empiezan a correr, eliminando todo su progreso en el camino hacia el río y regresando a la zona más poblada de Crisa. Dada la lenta conducción del coche, los jóvenes justo lo alcanzan hacia el final del sendero.

—¡Tienes razón! Es el coche de Tenya.—grita Bakugou.—Menuda vista de halcón.

—¡Os lo dije!—responde ella, y apremia a sus amigos a acelerar.—¡Venga, rápido! ¡Podremos darle una sorpresa!

—U-un momento...—mientras Ochaco y Kacchan aligeran, Izuku trata de seguirles el ritmo con dificultad.—Chicos... No puedo más...

Habla en un tono tan bajo que duda que puedan escucharle. Sin embargo, Bakugou gira su cabeza, lo mira a los ojos y relantiza su paso. Una vez los dos quedan uno al lado del otro, el rubio le ofrece su mano a su amigo.

—Te has vuelto un vaaago.—provoca. Midoriya duda durante momentos, pero finalmente, levanta la palma de su mano, entrecruzando sus dedos con los de Kacchan, para de esta forma sujetarse de la fuerza física de él. Katsuki empieza a correr de nuevo, ésta vez arrastrando a Deku con él, quién siente más fácil y aguantable la carrera ahora que dispone de la ayuda de su mejor amigo, que, bueno, al estar tomado de su mano lo obliga a seguirle el ritmo sí o sí.

Y tras esa endemoniada carrera, llegamos a la situación actual, con los tres amigos sudados recibiendo a Iida, quién está saliendo del coche junto a sus padres.

—Mira a quién tenemos aquí.—Bakugou es el primero en caminar hacia Tenya, quién se muestra claramente sorprendido de verlos a los tres ahí, esperándole, como si hubieran previsto su llegada.—Tío.

—Katsuki.—Tenya y Bakugou chocan los cinco.—¿Cómo es que estáis los tres aquí? No me lo esperaba.

—Oye, ¿y nosotros dos qué? ¿No vas a saludarnos como debes?—se queja Uraraka, fingiendo hacer un berrinche. Tenya sonríe, y a continuación, Deku y Ochaco se abalanzan sobre su grandullón amigo, fundiéndose los tres en un abrazo grupal. Mientras tanto, el padre de Iida sale del vehículo y se dirige al maletero para abrirlo.

—Chicos.—saluda a la pandilla con una sonrisa.

—Buenos días.—Katsuki se encarga de devolverle el gesto de parte de sus amigos.

—Dios.—añade Iida.—Estáis sudando la gota gorda.

—Bueno, es verano y hace calor.—explica la chica.

—Una señorita tuvo la brillante idea de correr para alcanzar el coche de un viejo amigo.—expone Bakugou, fastidiando el anonimato del plan de la muchacha.

—¡Capullo!—Uraraka le pega en el hombro al chico, sin darse cuenta de que ha maldecido con los padres de Tenya al lado.—¿Por qué siempre me fastidias, Katsuki?—lamenta.

—Voy a parar, que me das lástima.—se limita a responder el rubio, a la vez que acaricia el cabello de su amiga. El hermano mayor de Tenya, Tensei, sale del coche.

—Tenya, vamos, carga tus cosas.—apremia a su hermano menor.—Papá y mamá te echarán la bronca si no lo haces.

—Tu hermano tiene razón.—puntúa su madre.—Por cierto, es bueno veros a todos con tan buen aspecto, chicos.—se acerca a la castaña y le da un beso en la frente.—Especialmente tú, Ochaco.

—Jaja, sí...—contesta ella, algo incómoda. Desde hace ya varios años, los padres de Iida, especialmente su madre, ven a Uraraka como la novia ideal para su hijo, y la tratan casi como si fuera su nuera o algo así. Lo más gracioso de la situación es lo mucho que resalta ante los demás.

—Una vez Tenya termine de desempaquetar podrá ir con vosotros.—explica la mujer, con cierta malicia tras el cristal de sus gafas. Uraraka traga saliva, asiente y trata de esbozar una amigable sonrisa.

—(Pobre Uraraka, debe soportar los alocados pensamientos de mamá... Esto solo pasa porque ella es la única chica con la que Tenya es capaz de hablar.)—piensa Tensei.

—(Efectos de ser la única chica del grupo...)—razonan Midoriya y Bakugou.

—Enseguida vuelvo, chicos.—Iida también es consciente de la situación, pero trata de hacer como que no ocurre nada para evitar más momentos incómodos.—Más vale que no os vayáis sin mí o algo.

—Tranquilo, tranquilo.—lo calma Katsuki.—Hemos corrido tras tu coche por algo.


Después de media hora de espera, Iida sale de su casa para reencontrarse con su grupo de amigos.

—¿Adonde vamos a ir?—pregunta, mientras los cuatro vuelven a sumergirse por uno de los muchos caminos que envuelven el pueblo.

—Teníamos pensado ir al río para pasar la mañana, pero con tu llegada dudo mucho que dé tiempo...

—De hecho, pronto tendremos que ir a comer.—explica Izuku, a la vez que eleva su mirada hacia el cielo.

—No iremos al río, sino a un lugar mucho mejor.—dice Kacchan.—¿Os imagináis cuál es?

—Crisa está lleno de sitios, así que como no especifiques...—responde Uraraka.

—Deku, ¿por cuál apuestas?—decidido a no revelar directamente su próximo destino, Katsuki se dirige ahora a su mejor amigo con una pregunta. Izuku se queda pensativo, tomándose en serio la cuestión que le propone Bakugou. Observa a su alrededor: dado el camino que han cogido, y a las palabras que ha usado Kacchan para describir el sitio ("un lugar mucho mejor"), cree que se refiere a...

—¿Hablas de la base secreta?—sugiere.

—¡Exacto!—el rubio se abalanza contra él, rodeándolo con el brazo.—Ese es mi chico.

—Me sorprende que en toda esta cantidad de tiempo nadie la haya descubierto.—expone Iida.—Es como, no sé... Es cierto que está algo escondida, pero si nosotros pudimos encontrarla, los demás también, ¿no?

—Tampoco tanto.—alega Ochaco.—El grupo de Todoroki ya no está interesado en las mismas cosas que nosotros, ya sabes, explorar el bosque o jugar en el río, y a Tsuyu, Kyoka y Fumikage no les dejan ir tan lejos.—suspira.—Aunque dentro de muy poco acabarán desobedeciendo y encontrando nuestra preciosa base...

—Tal y como hicimos nosotros.—contesta Katsuki, nostálgico.

—El tiempo pasa volando, ¿verdad...?—la chica patea una pequeña piedra que encuentra en el camino.—Cuando eso pase, tendremos que cederles el lugar, ¿no creeis?

Deku y Kacchan se miran mutuamente con cierta sorpresa. Tenya, en su lugar, se coloca bien las gafas, algo perturbado.

—Eso sería muy triste...—responde Midoriya.

—Pero ellos son jóvenes, y nosotros, dentro de nada, seremos adultos.—argumenta la chica a la vez que da piruetas, probablemente para liberar su nerviosismo interno de alguna manera. A ella también le duele un poco hablar del tema.—Pero solo me refiero a si la encuentran.

—Bueno, tienes razón. Apenas están empezando con la pubertad, como nosotros hace algunos años.—Iida le da la razón.—Ahora tengo miedo de llegar hasta la base y encontrar a esos tres comiendo caramelos encima de nuestras pertenencias.

—No te cagues por algo que es imposible.—le reprime Bakugou.—Son unos enanos. Es imposible que hagan eso ahora.

—(A pesar de que se tuvo que disculpar el otro día por insultarlas, lo ha vuelto a decir...)—piensan Deku y Ochaco a la vez.

No es hasta el cabo de quince minutos que los cuatro adolescentes llegan hasta la susodicha base secreta: se trata de una cabaña situada en el centro de un pequeño hoyo del bosque, bien escondida y camuflada con el color de la tierra. Tiene aspecto de ser una casucha bastante antigua y abandonada: esa es la fachada exterior. Sin embargo, por dentro, está repleta de cajas con contenido de lo más variopinto en ellas: desde cometas, globos o confeti, hasta caramelos, velas y cómics, pasando por discos de vinilo, fotografías, almohadas, álbumes, calendarios, linternas y hasta revistas porno.

Los cuatro amigos toman asiento en el centro del caserón, llevándose consigo la mitad de cojines disponibles en la vivienda. Deku, Kacchan, Tenya y Ochaco, colocados en círculo, el peliverde y el rubio a la izquierda, y el moreno y la castaña a la derecha. Sin haberse dicho nada con palabras, los cuatro saben que va a tener lugar de forma inminente una importante reunión.

—Katsuki.—empieza Uraraka.—Querías venir aquí para hablar... Del cumpleaños de Shin, ¿verdad?

—Eureka.—cualquier brisa de aire fresco o canto de algún pájaro que en el exterior pudiera deleitar sus oídos es eliminado al toparse con las cuatro paredes de su guarida, convirtiendo la atmósfera de la estancia en algo serio y hasta escalofriante. Katsuki se acomoda, cambiando la posición en la que se encuentra sentado.—Hitoshi debería llegar aquí en dos días, o al menos eso me dijo mi madre.

—¡Debemos hacerle una fiesta sorpresa!—salta la chica.

—Estoy seguro sea lo que sea que hagamos, a Shin le gustará.—sonríe Midoriya.

—Regalémosle una caca de perro entonces.—propone Katsuki.

—¡Eso es anti-higiénico!—se escandaliza Tenya.

—Que asco.—repugna Uraraka.

—Kacchan... Eres cruel.—susurra Izuku, derrotado ante las contestaciones sarcásticas con las que su amigo refuta cualquier idea que propone. Bakugou mira a los verdes ojos de Midoriya, y hace un amago de volver a acortar las distancias con él para establecer algún tipo de contacto físico. Sin embargo, se queda en su sitio.—¿Puedes decir algo que realmente podamos hacer para Shin?

—Ese tío es un glotón, al igual que Urachaco.—suelta repentinamente.—Sois el uno para el otro, pareja de lobos hambrientos. Dale un beso en la mejilla cuando lo veas, Ochaco.

—Hazlo tú.—responde ella, molesta.—¿Que os pasa a todos con los besos y el amor? Estáis excesivamente pesados.—por primera vez en muchísimo tiempo (más de nueve meses), la voz de Uraraka se tiñe de enfado e impaciencia.—Por favor, ¿puedes decir algo que no dé asco ni que me meta a mí por enmedio?—pide.

—¿Qué tal fingir que no recordamos que es su cumpleaños, llevarlo a alguna de nuestras casas y tener ahí la fiesta preparada?—propone Tenya.

—Muy cliché.—responde Katsuki. Ochaco lo mira mal.

—Es una buena idea, ¿pero que pasaría si a Shin le sintiera mal que no lo recordáramos?—reflexiona Izuku. Uraraka asiente.

—Tiene razón.—señala.

—En ese caso, podemos felicitarlo nada más se baje del coche. Mejor aún, antes de que lo

haga.—plantea Kacchan.—Algo así como que... El coche se mete en el pueblo, y delante de su casa estamos nosotros cuatro en fila con pancartas, confetis y gorros de fiesta.

—Pff...—la chica no puede evitar contener la risa.—Me lo estoy imaginando y quedaría algo ridículo...

Katsuki sonríe con suficiencia.

—¿Que no estabas enfadada conmigo hace nada por lo de Hitoshi?—como es típico en él, Bakugou empieza a picar con una sonrisilla levemente bellaca en sus labios. Ochaco, que hasta este entonces estaba abrazada a un cojín, se lo lanza a su amigo en la cara.

—Cállate, idiota.—replica.—Me ha hecho gracia tu idea, pero más te vale retirar esa basura que has mencionado sobre un beso.

—En realidad, lo que ha dicho Katsuki podría estar bien.—menciona Tenya, tratando de regresar el flujo de la conversación a su punto de partida, que es el cumpleaños de Shinso.—Pero podríamos hacerlo más a lo grande.

—¡Es verdad! Podemos llamar a Fumikage, Tsuyu y Kyoka.—añade Midoriya.

—Y a los padres también.—sonríe Iida.—También están mi hermano. Y Kirishima podría apuntarse también.

—Sí, y ya de paso invitamos también a las abuelas del pueblo.—prosigue Katsuki, burlesco.—No sé vosotros, pero a mí si me habláis de cosas "a lo grande" pienso en los macarras que estáis evitando mencionar.

—Katsuki, no podemos meter al grupo de Todoroki en esto.—objeta Ochaco seriamente.—Como máximo podemos llamar a Ojiro, Toru y Mei...

—Tienes razón, esos tres no son tan elitistas de la mierda como los demás.—contesta él.—¿Pero estás segura que querrán colaborar en algo que no les interesa para nada?

—Se puede probar.—reprende Izuku.—De hecho, tampoco veo tanto problema en pedirle a Shoto, Momo y los demás que colaboren un poco con la fiesta. Es cierto que siempre nos han tratado con algo de inferioridad...—suspira.—Pero se puede probar, ¿no?

—Sí.—asiente Uraraka.—Todoroki no es mala persona. Si le pedimos amablemente, quizás... Diga que sí.

—¿Pero para qué queremos tanto su ayuda? ¿Es que queremos colgar una bandera que diga "Feliz cumpleaños Hitoshi" de su moto y que la conduzca alrededor de su casa como si estuviera atrapado en un bucle infinito?—Katsuki se cruza de brazos, convencido de que ha sacado cualquier idea tonta que sus amigos tuvieran metida en la cabeza. Sin embargo, se encuentra con el efecto contrario: tres pares de ojos mirándolo con interés.—Tíos, enserio...

—En realidad,—Izuku sonríe—¡es una buenísima idea!


Pese a que el reloj que hay colgado en la pared de su habitación, situada en la planta alta de su casa, marca la una y media de la madrugada, no hay manera de que el sueño visite la puerta de Katsuki Bakugou, quién se encuentra tumbado sobre su cama, jugando al Pokémon Rojo en su queridísima gameboy, consola que guarda como su gran tesoro desde que su padre se la regaló en navidad. El calendario colgado en la pared de su cuarto, con las palabras "Junio de 1997" inscritas en él, contiene ya todas las casillas excepto una marcadas con una cruz, señal de que el mes está por terminar. Una vez Katsuki sana a su equipo en el Centro Pokémon de Ciudad Azafrán, guarda la partida y apaga la gameboy, esperando que le entren ganas de dormir. Aburrido de esperar, alarga su brazo para agarrar su walkie-talkie y encenderlo.

—...Hey, Deku.—susurra en voz baja, temiendo despertar a sus padres y que éstos le echen la bronca por no estar descansando.—Si estás ahí o algo, contéstame.

Espera durante algunos segundos. Duda muchísimo que su mejor amigo esté también despierto, por lo que se sobresalta al escuchar la voz de Izuku al otro lado del aparato.

—Kacchan, ¿pasa algo?—pregunta él, con la amabilidad que lo envuelve a las veinticuatro horas del día.

—Sí: no puedo dormir.—aun si Midoriya no puede verle, se le escapa una sonrisa.—Y veo que tú tampoco.

—Estaba ocupado con ciertas cosas.—contesta. A diferencia de Bakugou, cierta somnolencia es notoria en su voz.—¿Tú que hacías? ¿Intentabas conciliar el sueño?

—No, no, que va: estaba jugando al Pokémon Rojo.—aclara.—Si mis padres se enteran, me despedazan vivo.

—Ya veo.

—¿Y tú que hacías? Tengo curiosidad.—empieza a dar vueltas como una croqueta sobre su cama.

—Bueno... No te rías ni se lo digas a los demás, pero estaba estudiando.—incluso si Kacchan no puede verlo, siente las mejillas de Izuku colorándose como cuando se siente avergonzado.

—Deku, ¿enserio? ¡Es verano! ¿Que haces estudiando?

—Estaba repasando temario de matemáticas para bachillerato.—razona el chico.—Quiero sacar buenas notas, así que debo empezar a currar desde ahora. No quiero estudiar durante el día porque quiero pasar ese rato con vosotros, así que lo hago ahora... Aunque me estoy muriendo de sueño.—ríe.

Esa contestación no ha sido la gran cosa. Sin embargo, Katsuki permanece en silencio, incapaz siquiera de abrir la boca. No sabe que decirle a su amigo. Quizás debería reírse. Quizás debería burlarse. O quizás animarlo, pero sabe que Izuku no necesita escuchar tales palabras de él para saber que cuenta con su apoyo. Solo hay una cosa de la que sí es consciente... Y es que está impresionado. Y quizás, también cegado.

—(La determinación y el brillo de Deku... No se comparan en nada a la mía.)—piensa, vacío.

—Oye, chicos.—una tercera voz se entromete en la conversación: es una más dormida que despierta Uraraka.—Es la una y media de la mañana. Me parece fantástico que queráis hablar, pero por favor, no lo hagáis en el canal conjunto. Hay gente intentando dormir, gracias. Cambio y corto.

Tras tal intervención, la chica no vuelve a añadir nada más. Tanto Kacchan como Deku, aunque cada uno en su hogar, empiezan a reírse a carcajadas ante lo ocurrido.