"Terry ¿ya estás listo?" – preguntó Candy entrando a la habitación.
"¿Para qué?"
El hombre se recostó en el marco de la puerta del baño para mirar a su esposa. La mirada verde recorrió el atlético cuerpo de su esposo: los hombros anchos, el pecho fuerte, el abdomen plano, la cintura angosta y las largas piernas.
"Lástima que lleves la toalla" – murmuró ella con el descaro de una mujer enamorada.
"Eso lo puedo resolver muy fácilmente" – dijo llevándose la mano hacia la cintura.
"¡No hagas eso!" – le pidió corriendo hacia él.
"¿Por qué no?" – sonrió de medio lado.
"Porque nuestros invitados están a punto de llegar y tú aún no te has vestido."
"Son tus invitados…y ahora que lo pienso, ellos podrían esperar un rato mientras…"
Los brazos del actor atrajeron a su esposa hacia su pecho y sin soltarla avanzó con ella hasta la cama. Candy sintió el colchón tras sus rodillas y lo miró.
"No te atrevas."
"¿Ah, no?"
La cama les dio la bienvenida con un leve crujir.
"¡Terrence Grandchester! ¡Me vas a arrugar todo el vestido!" – se quejó ella.
"Tienes otros en el armario" –dijo halando la toalla y arrojándola sobre sus cabezas.
"¡Terry!" – exclamó ella al sentir los labios del actor sobre su cuello.
"¿Te he dicho lo dulce que hueles?"
"¡Muchas veces!" – Dijo intentando apartarlo – "y este no es el momento."
"Dame un poquito de tu amor."
La mano masculina se deslizó bajo la falda, muy suavemente para acariciar la aterciopelada piel de Candy. Ella dejó escapar un suspiro al sentir la caricia de Terry ascender de sus rodillas hacia sus muslos.
"¿Te gusta?" –preguntó mirando sus ojos.
"¡Me encanta!" – Dijo antes de besar los labios de él – "pero este no es el momento."
Candy le dio un empellón que lo dejó acostado de espaldas sobre la cama. Ella se incorporó de un salto y corrió hacia el armario para sacar un traje de cena para él.
"No eres nada simpática, querida" –dijo apoyándose sobre el codo para mirarla.
"¡Oh, vamos Terry!"
"No sé porque estás tan nerviosa."
"Hace mucho que no veo a Archi."
"Cualquiera diría que estás por ver a tu novio" – dijo recostándose nuevamente mientras usaba los brazos como almohada.
"Terrence ¿estás celoso?"
"¿Celoso, yo?" – Dijo sin mirarla – "Jamás de ese presumido."
Ella se rió y se dejó caer sobre él.
"Pensé que arrugarías tu traje" – dijo ofendido, mirando hacia el techo.
"No estés celosito, mi amor. Bien sabes que es sólo a ti al que quiero"."– dijo depositando besos cortos sobre su pecho.
"No estoy celoso."
"Lo parece" – dijo halando su brazo para ayudarlo a incorporar.
Terry se sentó en la orilla de la cama de mala gana y Candy le puso la camisa sobre los hombros. Él empezó a deslizar los brazos dentro de las mangas y ella pensó fugazmente que Alexander se parecía a su padre demasiado, el chiquilín se comportaba de igual manera cuando no quería que lo vistieran.
"¿Será que podrás abotonarte la camisa, amor?"
"Estás muy linda" – dijo él mirándola.
"Gracias, y tú te verás muy apuesto cuando terminemos de vestirte…"
"Me estás hablando como si fuera Alex."
"Te estás comportando como si fueras Alex."
El sonido del timbre la hizo dar un salto. Terrence la miró con una ceja levantada.
"¡Son ellos!"
"¿Y qué?"
"¡Terry!"
"¿Qué pasa?"
"¿Vas a comportarte así toda la noche?" "Ya sé que no quieres ver a Archi pero te ruego que te comportes amablemente con él. Hace mucho que no lo veo y quiero que todo salga maravillosamente esta noche ¿me prometes que te comportarás?"
"Ya me conoces, Candy" – dijo ajustándose los pantalones.
"Por eso mismo te lo pregunto."
"Claro que te lo prometo…pero a la primera que me haga le parto la cara."
"¡Terry!"
"Estoy bromeando" – dijo colocándose los zapatos.
"Voy a bajar."
"Ve, ve con tu familia, los nobles Andrey y los Cornwall."
Candy se aseguró de tirarle una almohada sobre la cabeza antes de salir de la habitación. Apresurada pero cuidadosamente, ella bajó por las escaleras y se dirigió hacia el saloncito donde la esperaban sus familiares. Abrió la puerta y una sonrisa muy amplia apareció en su rostro. Ellos le devolvieron la misma.
El joven Cornwall abrazó a Candy con toda la fuerza que pudo y ella se aferró a él. Albert y Annie los miraron en silencio, comprendiendo que estaban dejando los malos entendidos atrás para reanudar su amistad.
"Te ves muy bien, gatita" – dijo usando el apodo que le había dado años atrás en Lakewood.
"Igual que tú" – dijo mirándolo – "pero ¿cuándo es que no te ves bien?"
"Pregúntale cuánto gasta en ropa, Candy" – se burló Annie.
"Ciertamente no será más que tú, mi cielo" – contestó él.
"Este muchacho va a gastar toda su fortuna en ropa" – se quejó Albert.
"Imposible. Recuerda que tengo un fideicomiso y que el albacea eres tú, Tío William" – contestó Archi burlándose de sí mismo.
Los cuatro rieron y tomaron asiento mientras la señora Johnson les ofrecía unos aperitivos
"¿Dónde está el heredero?" – preguntó Archi
"Terry…"
"Me refiero a Alex" – la interrumpió.
"¡Es cierto! A veces se me olvida que Alex es el heredero" – dijo apenada.
"Y se te olvida que tenías que bajarlo contigo" – dijo Terrence entrando al salón con Alex en brazos – "el heredero está aquí."
Annie se incorporó para acercarse a su sobrino y le sonrió a Terrence.
"¿Cómo estás, Terrence?"
"Muy bien, Annie, gracias y permíteme decirte que estás muy guapa" – dijo con galantería.
La mirada entrecerrada que Archi le dirigió al actor fue suficiente para que el ojiazul se riera para sus adentros. Annie le sonrió ante el halago y extendió sus brazos para tomar a Alex. El pequeño ni siquiera protestó y sonrió a su tía.
"Pensé que no me reconocería" – dijo ella.
"Lo que pasa es que a Alex le encantan las mujeres" – dijo Candy.
"Es como su padre" – añadió Terrence.
Archi hizo girar sus ojos y sacudió la cabeza ante las palabras de Terry. El actor se acercó a Albert y le tendió la mano.
"¿Tuvieron un buen viaje, Tío Abuelo William?"
"Tienes ganas de jugar ¿verdad?" – contestó Albert.
"¿Acaso no eres el Tío Abuelo William?"
"Claro, finge inocencia" – dijo el rubio estrechando su mano.
Los dos se rieron en complicidad, el viejo sentimiento de amistad renaciendo entre ellos. Terrence tomó una bocanada de aire y se detuvo frente a Archi.
"Bienvenido a mi hogar, Cornwall."
"Gracias."
Terrence estiró su mano hacia él y Archi la contempló por unos segundos. Candy y Annie cruzaron miradas, temiendo que Archi despreciara el gesto de Terry pues estaban seguras que eso sería suficiente para declarar una nueva guerra. Con renuencia, Archi apretó la mano tendida de Terrence.
"Sabía que eras un caballero" – dijo Terrence.
"¿Lo dudaste acaso siquiera por un segundo?"
"Bueno, tienes tus días."
"¿Qué significa eso?"
"¡Regalos!" – Interrumpió Annie – "¡Les hemos traído dulces y galletas del Hogar de Pony!"
"¿En serio?" – se emocionó Candy.
"Sor María te envió las galletas de avena y pasas que tanto te gustan."
"¡Qué maravilla! Últimamente se me han antojado" – dijo rebuscando en la canasta que Annie traía.
"¿Se les ofrece un trago?" –preguntó Terrence.
"Whisky" – dijo Albert.
"Lo mismo" – dijo Archi.
Annie posó a Alex sobre el piso y el niño se acercó a Archi. El hombre bajó la mirada hacia su sobrino y se encontró con unos ojos azules que lo miraban fijamente.
"¿Cómo está, caballero?" – le preguntó.
"Tú…"- dijo apuntando con el dedo.
"¿Yo? Ah, yo soy Archi ¿puedes decir Archi? Archi."
"Ah-ci."
"Arrr-chi."
"Aaaa-chiiii."
"Arrr-chiii…"
"Aaaa-chiii."
"Más parece un estornudo pero tendré que conformarme" – dijo Archi pellizcando la mejilla del niño.
Alex señaló hacia el cuerpo de Archi y él se miró intrigado para percatarse de que el pisa corbatas de oro y rubíes llamaba la atención del niño. Lo tomó en brazos y Alex se paró sobre el regazo de Archi para alcanzar el objeto de su atención.
"Te gustan las cosas finas ¿eh?"
"Tal vez sea lo brillante de esa piedra" – dijo Terrence entregándole el vaso de whisky.
"No es una piedra" – dijo molesto.
"Es tan fácil fastidiarte" – murmuró Terrence antes de ir hacia Albert.
El pequeñín le dio un jalón al pisa corbatas y Archi se fue hacia delante.
"No hagas eso, Alex."
"Guta…"
"Te gusta, sí, pero no puedo dártelo" – le explicó con un movimiento de su mano.
Alex tomó la mano de Archi entre las dos suyas para mirar el anillo que llevaba en el dedo meñique: era otro rubí de corte cuadrado. El niño se entretuvo halando el anillo como si quisiera sacarlo del dedo. Archi sonrió y se apresuró a tomar un sorbo de whisky…
"¡Ay!" – exclamó casi expulsando el contenido de su boca.
Los adultos se volvieron hacia él.
"¡Me ha mordido!" – exclamó Archi mirando a Alex que aún tenía el dedo entre sus ocho dientes: cuatro arriba y cuatro abajo.
"¡Alex, no debes hacer eso!" – dijo Candy acercándose a ellos.
La carcajada de Terrence retumbó por toda la sala mientras Candy tomaba a su hijo en brazos. Archi se sacudió la mano llena de saliva infantil con un poco de asco antes de secársela con un pañuelo.
"¿Qué te parece tan gracioso?" – preguntó Archi.
"Tú."
"¿Te da gracia que me haya mordido?"
"Pues sí, es bastante gracioso, en particular el grito que diste."
"Muerde bastante fuerte."
"Lo siento, Archi" – se disculpó Candy.
"No te preocupes."
"Ese es mi hijo"- dijo Terrence antes de levantarse – "¿Les parece si vamos al comedor? Ya está todo listo."
Sentados a la mesa del comedor, Archi pudo ver por primera vez a Candy en su papel de esposa y madre. La chiquilla se había convertido en toda una anfitriona, asegurándose que ellos estuvieran bien atendidos y que su copa nunca estuviera vacía. Archi se dijo que Tía Elroy estaría muy orgullosa de la hija de William.
"¿Cómo te sientes, Terrence?" – Preguntó Annie – "¿Estás listo para tu estreno?"
"Más listo no podría estar."
"¿Estás nervioso?" – preguntó Albert.
"Te mentiría si te dijera que no. Robert ha invitado a tantos miembros de la prensa que si no tenemos un éxito nos van a sepultar en todos los diarios."
"Todo saldrá bien. Terrence es un fantástico actor" – dijo Candy tomando su mano.
"Gracias, mi amor."
"Me imagino que debes tener una gran presión considerando que eres hijo de Eleonor Baker"– intervino Archi.
"La verdad es que no había pensado en eso. Gracias."
"Tu madre es una de las actrices más respetadas que hay y como si eso fuera poco, el apellido de tu padre también está en juego."
"Eso me tiene verdaderamente sin cuidado."
"¿No te importa avergonzar a tu padre?"
"No sería la primera vez, Cornwall."
"¡Cierto! Se me olvidaba que tienes un historial."
Terrence le dio una mirada seria a Archi, que no tardó en hacerse el inocente. Por debajo de la mesa, Annie le dio una patadita muy sutil a su prometido.
"Robert está muy confiado en su grupo de actores y él está tranquilo, así que ¿Por qué no habría de estarlo, Terry?" – intervino Candy.
"Lo único que me preocupa es decepcionar a Candy" – dijo Terry besando el dorso de la mano femenina.
"Jamás podrías hacer eso" – dijo ella.
"Estos dos destilan miel" – pensó Archi.
"Yo estoy muy emocionada por verte en escena" – dijo Annie – "seguro que este será el comienzo de muchos éxitos."
"El comienzo y el final."
"¿Qué quieres decir con eso?" – preguntó Archi.
"¿Candy, no se los ha dicho?"
"Sólo se lo comenté a Albert" – dijo la rubia.
"¿Qué está pasando?"
"Ya te explico, Cornwall. Candy y yo regresaremos a Londres con mi padre una vez que haya concluido el estreno."
"¿Qué?" – Se sobresaltó Archi – "¿Van a regresar a Europa?"
"Así es."
"¿Por qué? Si todo lo que siempre he escuchado es que quieres ser un actor. ¿Es qué en Londres te esperan otras oportunidades?"
"No, regresaré a tomar mi puesto como duque."
"¿De duque?"
"¿Serás duque?" – preguntó Annie.
"Así parece" – afirmó Terrence.
"Pero…"
"Tenemos que hacerlo, Archi" – dijo Candy – "no quisiéramos pero tenemos que hacerlo."
"¡Oh, cielos! Te vamos a extrañar" –dijo Annie.
"No te pongas así, Annie, tenemos que seguir contentos."
"No pueden regresar a Londres" – dijo Archi.
Albert decidió que era hora de interrumpir antes que Archi se pusiera necio. Levantó su copa al aire e invitó a sus parientes a hacer lo mismo.
"¿No brindarás con nosotros, Candy?" – preguntó Albert.
"No puedo beber alcohol."
"¿Estás enferma?"– preguntó Archi.
"No precisamente…"
"¿Te lo prohibió el doctor? ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué tienes?"
"¡Calla de una vez, Cornwall! ¡Qué manía de hacer tantas preguntas!" – le dijo Terrence.
"Sólo me intereso por la salud de Candy."
"No es nada grave, Archi. Se los iba a decir después del postre pero…"
"¿Pero qué?" – preguntó un afligido Archi.
"Estoy esperando" – dijo con una sonrisa.
"¡Oh, Candy!" – exclamó Annie muy emocionada.
"¡Maravilloso!" – sonrió Albert.
"¿Qué? ¿Otra vez?" – preguntó Archi indelicadamente.
"¿Qué se supone que quiere decir eso?" – la rubia lo miró con fijeza.
"Te recuerdo que Candy está casada, Cornwall…muy casada si entiendes lo que quiero decir."
"¡Terry!" – lo regañó Candy al ver el rubor de su hermana.
"¡Brindemos por Candy y Terrence y su futuro bebé!" – dijo Albert.
"¡Salud!" – dijeron a coro.
Candy se levantó de la mesa y le pidió a Annie que la acompañara por el postre. Una vez que estuvieron a solas, Archi miró a Terry fijamente.
"¿Qué te pasa, Cornwall?"
"¡No puedes llevártela!"
"Disculpa" – Terry levantó una ceja – "que no puedo ¿qué?"
"No puedes llevarte a Candy y menos ahora que está esperando. No puedes alejarla de nosotros."
"Quisiera no tener que hacerlo pero no tengo otro remedio."
"¿Qué pasó? ¿Te metiste en deudas de juego?"
"¿Qué?"
"¿Necesitas dinero para pagar? Te puedo prestar."
"¿Qué? ¡No, no necesito tu dinero!"
"No seas orgulloso, Grandchester."
"No sabes ni lo que hablas" – dijo Terry arrojando su servilleta sobre la mesa para encarar a Archi.
"Señores, por favor…"- empezó a decir Albert.
Archi se puso de pie y se miraron frente a frente. Albert dejó escapar un suspiro y levantó a Alex de su silla para salir del comedor.
"Vámonos de aquí, jovencito, antes que aprendes malas costumbres…"- dijo el rubio saliendo.
"¿Cuál es tu problema, Cornwall?"
"Tú eres mi problema. No has sido más que problemas desde que apareciste en Londres."
"Yo podría decir lo mismo…"
"¿Por qué siempre tienes que llevarte a Candy lejos de nosotros? Primero se fue Stear…y ahora te la llevas a ella."
La tristeza en la voz de Archi no pasó desapercibida para él.
"Sé que Candy es muy especial para ti y para todos."
"Lo es y también lo es Alex."
"¿Aunque te muerda?"
"Estoy hablando en serio, Grandchester."
"Te escucho en serio."
"Y ahora te la vas a llevar a Londres."
"Quisiera no tener que hacerlo, Archi pero le di mi palabra al duque. Regresaré a Londres y ocuparé el puesto que me corresponde."
"¿Por qué?"
"Porque debo hacerlo."
"¿Hablas en serio?"
"Muy en serio. Debo marcharme a Londres y estoy seguro que comprenderás que no puedo dejarla."
"¿Por qué no? Ya lo hiciste una vez" – lo interrumpió.
"¡No seas un cretino, Cornwall!"
"Déjala con nosotros."
"¡De ninguna manera! Candy es mi esposa y no puedo estar sin ella."
"Sí, claro."
"Estoy seguro que puedes comprenderlo ya que tú tienes a tu timidita".
"¿Mi qué?"
"Tu timidita…Annie."
"¿Le pusiste un apodo a mi prometida?"
"Agradece que no es un insulto…"
"Me gustaría saber cómo me dices a mí."
"No lo creo…"
"Anda, dímelo."
"No."
"Dímelo, no me tengas miedo."
"No te tengo miedo, Cornwall."
"¿Entonces?"
"No me gusta decir malas palabras antes de la cena…"
Archi frunció el ceño y apretó su puño. Terrence fingió asustarse y levantó las manos para protegerse el rostro.
"No me digas que tienes el derechazo de tu hermano."
"¿De mi hermano?"
"Lo vi antes que partiera a la guerra…y me dio un buen golpe en el estómago."
"Me alegro."
"Él también se alegró, me dijo que lo tenía guardado hace tiempo."
"Bueno, me alegro que al menos un Cornwall te haya dado tu merecido."
"¿Por qué no lo haces tú?" – lo desafió Terrence.
"Por ella" – dijo apuntando a la mujer que venía hacia ellos – "Candy te ama demasiado y no quiero causarle disgustos."
"¿Por qué tan serios?" – dijo ella enlazando su brazo en el de Archi – "¿Sucede algo?"
"Nada, querida" – contestó Terry.
"La señora Johnson viene con el postre" – dijo tomando asiento – "¿de qué hablaban?"
"Nada importante" – dijo Archi.
"De la mordedura de Alex en el delicado dedo de Cornwall" – se burló Terry.
El codo de Archi se estrelló en el vientre del actor.
"¡Oye! Acabo de comer…"- protestó.
"Te lo merecías" – dijo Candy.
"¿Cómo?" – se sorprendió el actor.
Archi soltó una carcajada y besó la mejilla de Candy.
"Ahora, déjense de tonterías y siéntense a comer."
"Es en lo único que piensa estos días" – dijo Terry a Archi.
"¿Qué dices?" – se ruborizó Candy.
"Es una glotona."
"Siempre lo ha sido" – se rió Archi.
"Oigan, estoy esperando."
"¿Fue así durante el embarazo de Alex, Cornwall?"
"Ni te lo imaginas…"
"¡Oigan!" - se quejó Candy.
Los dos hombres se miraron y rompieron a reír. Candy también empezó a reírse junto a Annie mientras Albert regresaba con Alex y los miraba confundido. Las barreras parecían haber caído entre los dos hombres.
En un palco reservado, los invitados de Terrence esperaban ansiosamente que empezara la obra teatral Candy estrujaba el programa entre sus manos mientras Annie intentaba tranquilizarla.
"Cualquiera diría que eres tú la que saldrá a escena, Candy."
"No puedo evitarlo. Si esto no es un éxito, Terry se morirá de la pena."
"Todo saldrá bien. Sólo piensa positivamente."
A un costado de ella, Richard Grandchester tomó la mano de Eleonor y se percató que estaba helada.
"¿Tienes frío, Elly?"
"No."
"Estás helada" – dijo cubriendo su mano con la suya.
"No es nada" – dijo apartándose.
"¿Son nervios entonces?"
"Siempre me pongo nerviosa antes de un estreno."
"Pero no es el tuyo."
"Es el de mi hijo. Él ha esperado este momento toda su vida."
"Dicen que tiene talento…"
"Y no lo dudes" –dijo ella dándole una mirada fría – "quiero que guardes este instante en tu memoria para que recuerdes el talento que le vas a quitar al mundo."
"No empieces con reclamos."
"Sería incapaz" – dijo con sarcasmo.
El duque volvió la mirada hacia el escenario para no seguir discutiendo con la mujer.
Los actores se movían nerviosamente tras bastidores mientras los escenógrafos se aseguraban de tener todo listo para la obra. La sala estaba repleta de periodistas, de las autoridades más importantes de la ciudad y de la sociedad Neoyorquina…en sus manos estaba el éxito o el fracaso de Robert Hattaway y su grupo teatral.
En su camerino, Terrence terminaba de vestirse mientras se recriminaba el haberle pedido a Candy que no lo buscara tras el escenario. La verdad es que en esos momentos decisivos le hacía falta la mirada llena de confianza de su esposa.
"Todo tiene que salir bien" – se repitió.
¡Diez minutos, Grandchester! – le gritaron tras la puerta.
"Diez minutos y será el comienzo del fin de mi carrera como actor" – dijo mirándose al espejo.
Unos toques a su puerta lo irritaron de sobremanera.
"¡Ya te escuché, Bob! ¡Diez minutos!"
"Soy yo…"
La dulce voz de Candy quitó de inmediato su mal humor y prácticamente corrió a abrirle la puerta. La rubia vestida en un traje color vino le sonrió.
"¡Qué bueno que viniste!" – dijo él abrazándola.
"Pensé que te enojarías…"
"¡Soy un tonto! Justo estaba pensando en ti."
"¡Que apuesto te ves!" –dijo ella apreciando el disfraz de su esposo.
"¿Con esto?" – dijo halando la tela elástica de sus pantalones.
"La verdad es que no me había fijado pero tienes excelentes piernas" – dijo ella pellizcando su derriere – "y algo más."
Terry dio un respingo y la miró mientras reía.
"¡Que atrevida se ha vuelto, señora Grandchester!"
"¿No tendrás cinco minutitos?" – dijo rodeando la cintura de su esposo con los brazos.
"¿Cinco minutitos?" –preguntó confundido.
La sonrisa de Candy lo hizo comprender sus palabras y se inclinó para besar su nariz. Unos toques tras la puerta los hizo saltar en su sitio.
"Cinco minutos para escena, Grandchester" – dijo una voz.
"¿Estás listo, amor?"
"Creo que nunca he estado tan listo" – dijo dándose una última mirada al espejo.
"¿No estás nervioso?"
"¿Nervioso? ¡Estoy aterrado!" – le confesó.
"Todo estará bien" – dijo apretando su mano.
"Lo sé…tú estarás en el público."
"¡Tres minutos, Grandchester!" – repitió la misma voz.
"Debes salir" - le dijo Candy.
"Y tú debes ir al palco…"
"Buena suerte, Terry" – dijo Candy besando su mejilla.
"Gracias, amor."
"¡Rómpete una pierna!" –dijo usando el popular adagio americano.
"Eso haré" – dijo colocando su mano sobre el vientre de su esposa.
Fuertes pisadas se escucharon tras la puerta y Candy la abrió para ver a los actores correr hacia el escenario.
"¡Ve!" – le dijo a su esposo.
El joven le sonrió y salió a unirse con sus compañeros.
Las cortinas se cerraron y el auditorio estalló en aplausos. Los actores se abrazaron unos con otros mientras la fuerza de los aplausos hacia vibrar el piso de madera del escenario.
"¡Lo hicimos!" – sollozaba Karen.
"¡No llores que se te corre el maquillaje!" – le dijo alguien.
"¡Prepárense para salir!" – ordenó Bob.
El cortinaje volvió a correrse y uno a uno los actores empezaron a desfilar por el -escenario. Desde su palco, Candy y los demás esperaban la aparición de Terry.
¡Estuvo genial! – dijo Archi muy impresionado.
¡Te dije que era talentoso! – dijo Annie.
¡Ese es mi hijo! – dijo Eleonor llorando a lágrima viva.
Terrence apareció en escena y el público le dio una ovación de pie. El actor hizo una ligera inclinación de cabeza y sonrió antes de mirar hacia el palco. Levantó las manos para pedirle silencio al público y anunció el nombre del director. Robert Hathaway apareció en escena mientras todos le aplaudían como lo habían hecho con Terrence. El director sonreía ampliamente y empezó a aplaudir al público en señal de agradecimiento por su acogida. Los aplausos duraron unos diez minutos antes que los actores empezaran a retirarse uno a uno por la esquina del escenario y las cortinas volvieron a cerrarse tras ellos.
Candy se despidió de sus familiares y salió del palco para dirigirse al camerino de su esposo. Ella no se molestó en tocar y abrió la puerta para encontrar a su esposo descamisado.
"¡Candy!"
"¡Te amo!" – dijo arrojándose en sus brazos.
Terry rió mientras la alzaba por la cintura para hacerla girar en el aire. Candy soltó una carcajada y le pidió que la bajara.
"¿Te gustó, pecosa?"
"¡Claro que me gustó! ¡Te ovacionaron de pie, mi amor!"
"Robert está feliz" – dijo Terry tomando asiento frente al tocador para retirarse el maquillaje.
"Yo lo haré" – dijo ella tomando el pomo de crema.
Con extrema delicadeza, Candy empezó a aplicar la crema por todo el rostro del actor para retirar la base y el maquillaje que le habían aplicado al actor para resaltar sus cejas. El cerró los ojos y dejó que su esposa limpiara su rostro.
"Te ves muy apuesto con maquillaje. La verdad es que serías una mujer muy atractiva" – dijo ella divertida.
"¿Te gustaría que fuera mujer?" – le contestó él.
"¡Claro que no!"
"Ah…pensé que querías que empezara a maquillarme en casa."
"¡Tonto! ¡Ya está!"
Terrence la haló hacia su regazo para hacerla sentar. Ella le echó los brazos al cuello y besó su mejilla. Él tomó una bocanada de aire y suspiró lleno de felicidad.
"¡Terrence, los periodistas te esperan a la salida del teatro!" – gritó Bob.
"¿Oíste eso?" – preguntó Candy.
"¿Quieren hablar conmigo?"
"Eres la estrella después de todo" – dijo ella levantándose.
"Sí, pero…"
"¡Date prisa!" - le urgió ella – "Es tu hora de brillar."
Ella le ofreció la camisa de vestir de su traje oscuro de noche y él la tomó. Candy depositó un beso sobre el pecho masculino antes de empezar a abrocharle la camisa. Terry buscó la mirada de su mujer y ella se la entregó mientras seguía ocupada en su tarea.
"Si me sigues mirando así, no vamos a salir de aquí nunca" – le dijo él.
"Está bien…me comportaré" – dijo apartándose.
Las manos femeninas volaron a la coleta que Terrence tenía en el cabello y la soltó.
"Me gustas más así…pareces un pirata."
"Hacía mucho que no decías eso, pecosa. Creo que estábamos en Escocia la última vez que dijiste eso."
"Deberíamos volver a la villa."
"Ahora que regresemos a Londres podremos hacerlo" – le prometió.
Terrence terminó de ajustarse el saco de su traje y se dio una última mirada al espejo antes de tomar a Candy de la mano para salir del camerino.
El flash de las cámaras deslumbró a Terrence un par de segundos y Candy decidió hacerse a un lado para que él disfrutara del momento.
"¡Terrence! ¿Qué se siente ser el protagonista principal de la obra que será el mayor éxito de la temporada?"
"¡Terrence, Terrence! ¿Qué tal es trabajar junto a Hathaway?"
"¡Grandchester! ¿Hay alguna relación entre tú y Karen Claise?"
"¡Terrence! ¿De dónde viene tu inspiración?"
Aquella pregunta perturbó al muchacho y levantó las manos para acallarlos por unos minutos.
"Quiero darles las gracias por sus amables palabras" – les sonrió – "y quiero que sepan que trabajar junto a un director tan talentoso como Robert Hathaway es un gran honor para cualquier actor, novato o con experiencia."
Los flashes volvieron a dispararse y Terrence cerró los ojos.
"Segundo, quiero que sepan que entre Karen y yo no hay más que un gran respeto profesional y una gran amistad."
"¿Parecida a la que había entre tú y la difunta Susana Marlowe?"
Candy escuchó las preguntas y abrió los ojos llena de sorpresa. Terrence lo miró con los ojos entrecerrados como si quisiera eliminarlo con la mirada y ella temió que lo fuera a golpear.
"Señores quiero presentarles a la persona que es mi mayor inspiración, la persona que ha creído en mí desde el comienzo y a quien le dedico el éxito de esta noche" – extendió su mano hacia Candy.
Todas las miradas se volvieron hacia la rubia que miraba a su esposo con los ojos abiertos.
"Ven" – le dijo él. Ella tomó su mano – "Ella es mi esposa, Candy, la fuente de toda mi inspiración."
Las cámaras se dispararon para retratar a la mujer que el actor tomaba por la cintura para acercarla a él.
"Grandchester ¿no teme que sus admiradoras se desilusionen?"
"Espero que no. Al contrario, espero que me apoyen más puesto que tengo una familia que mantener."
El comentario de Terrence cayó en gracia a los reporteros que soltaron una risilla. El actor besó la mejilla de su mujer para que lo retrataran por última vez antes de subirse al coche que lo esperaba. La pareja subió y se despidió con la mano antes de alejarse hacia el salón de fiestas.
"No tenías que decirles que era tu esposa…"
"¿No? ¿Y quién se supone que eres?"
"Podía ser tu admiradora. ¿Qué tal si lo que dijo el reportero es cierto? ¿Qué tal si te rechazan?"
"Entonces serían unas estúpidas. O les gusto o no les gusto pero todo se tiene que resumir a mi desempeño en el escenario, no a mi vida personal."
"¿Seguro?"
"¡Segurísimo!" – Dijo besando su frente – "Además, tenemos un bebito en camino ¿cómo lo habría explicado?"
Candy le sonrió feliz ante su respuesta y se acurrucó contra su pecho.
El salón de fiestas estaba repleto de los actores y sus familiares. Robert había decidido que fuera un éxito o no, todos merecían celebrar por el trabajo realizado. Candy y Terrence entraron para encontrarse con aplausos.
"¡Basta!" – Dijo Terrence – "¡Es Robert quien lo merece!"
"¡Ya lo aplaudimos!" – gritó uno de sus compañeros.
"¡Es cierto, Grandchester!" – dijo el director acercándose a su pupilo.
Los dos hombres se dieron un abrazo.
"¡Sabía que no me había equivocado contigo!"
"¡Gracias Robert!"
"A ti también debo darte las gracias, Candy" – dijo Robert mirando a la rubia.
"¿A mí?"
"Lograste dominar a esta fiera, chiquilla. Desde que apareciste la pasión en sus diálogos se volvió verdadera, Candy."
"Ella es mi musa" – dijo besando la mano de su esposa.
"Deja de decir eso" – dijo Candy ruborizada – "el éxito es de él…después de todo es hijo de Eleonor Baker. Ella es la que debería estar agradeciendo."
"Ya lo hice…y ese señor junto a ella no me miró de buena gana."
"Ese señor es mi padre" – le dijo Terrence.
"Pues se molestó y bastante."
"Debe ser porque no le agradeció a él"- dijo encogiéndose de hombros.
"Bueno, disfruten de la fiesta, voy a sentarme junto a mi familia.
La pareja hizo lo mismo y se dirigieron hacia su mesa. Archi, Annie y los padres de Terrence los esperaban. Eleonor se puso de pie al verlo y él la abrazó.
"¡Felicidades, hijo mío!"
"Gracias, mamá."
"Estoy tan orgullosa de ti" – dijo acariciando su mejilla – "no hay duda que eres parte de mí."
"Lo sé, mamá" – dijo sonriendo.
Ellos tomaron asiento y Richard miró a su hijo.
"No tenías que venir a la fiesta, padre" – dijo Terry.
"Lo sé pero quise hacerlo."
"¿Para ver mi despedida?"
"Hiciste un buen trabajo y mereces que te lo diga"– dijo Richard tajante.
"Gracias" – contestó Terry secamente.
"Lo hiciste bien, Grandchester "– dijo Archi.
"Gracias."
"Se ve que disfrutas de tu trabajo."
"Lo hago" – le sonrió – "lástima que este será mi único recuerdo."
"¿Tal vez podrías convertirte en un duque actor?"
"Imposible…"- murmuró.
"Realmente eres fantástico" – dijo Annie.
"Gracias, timidita."
"¿Cómo?" – se sorprendió.
"¡Terry!" – lo regañó Candy.
"¿Timidita?" – Annie levantó una ceja – "¿Es así como me llamas?"
"Bueno, es que eras bastante calladita en el colegio."
"¿Cómo lo sabrías? Ni siquiera sabías que yo existía…"
"Claro que lo sabía, eras la amiga de Candy" – dijo sonriendo.
"¿Sigues pensando que soy tímida?"
"No, creo que ahora eres parlanchina" – la miró a los ojos.
La sorpresa se dibujó en el rostro de Annie y él actor empezó a reír.
"Te estás burlando de mí"– dijo Annie.
"¡Para nada!"
"Voy a demostrarte que no soy parlanchina. Me voy a callar y ¿sabes por qué?"
"¿Por qué?"
"Porque vamos a bailar" – dijo halándolo de la mano.
"No… ¡espera!"
"¿Qué te pasa, inglesito? ¿Tienes miedo que te pise los pies o de pisármelos a mí?"
Terrence escuchó el desafío y se puso de pie.
"Vamos a ver quién le pisa los pies a quien, niñita. Cornwall, te encargo a mi mujer."
"¡A la orden capitán!" – Dijo saludándolo como un marino – "Y no apretujes demasiado a mi prometida ¿eh?"
"No haría nada que tú no harías" – dijo lleno de picardía.
Candy miró a Archi que estaba perplejo ante la respuesta de Terry y le dio un codazo.
"¡Despabílate primo!"
"¿Escuchaste lo que dijo el muy cretino?"
"¿Vas a dejar que te hable así?" – Lo provocó Candy – "Vamos a bailar y a demostrarle quienes somos los Andrey."
"Hasta que tuviste una buena idea, gatita" – dijo tomándola de la mano.
Los dos se apresuraron a llegar a la pista y le dieron un empujón bien intencionado a Annie y a Terrence.
Varias horas después la primera edición del periódico apareció en docenas por el salón. Todos se apresuraron a tomar una copia y buscar la sección de espectáculos. Una exclamación de alegría corrió por el lugar al leer el titular:
HAMLET
Espectacular estreno dirigido por el reconocido director de Broadway Robert Hattaway. Una vez más, el señor Hattaway tiene un éxito entre las manos con el grupo de actores que conforman su compañía Stratford. Fue un riesgo para Robert Hattaway tener a descocidos como sus estrellas principales pero Terrence Grandchester y Karen Claise demostraron que a veces vale la pena correr riesgos. Estos dos jóvenes se convertirán en leyendas sobre las tablas de Broadway
Terrence Grandchester conmovió a la audiencia con su interpretación del atormentado príncipe de Dinamarca. Su actuación fue impecable y fluida; cada gesto de su rostro transmitía las emociones más profundas y más humanas que habíamos visto en mucho tiempo. Su innegable talento no sólo es herencia de su madre, Eleonor Baker sino también un reflejo de su alma.
Karen Claise, desconocida hasta el día de hoy, interpretó a la novia del príncipe con más ardor que cualquier otra actriz que hayamos visto en años. Su juventud no fue un impedimento para convertirse en una profesional de la noche a la mañana y estamos seguros que dará mucho de que hablar en los siguientes años.
Les recomendamos que se apresuren a comprar sus boletos de temporada al leer esta noticia…estamos seguros que no habrá asientos en el auditorio para la tarde.
"¿Estás seguro que tienes que irte, muchacho?" – le preguntó Robert en privado.
"Lo tengo que hacer, Robert y realmente lamento dejarte así."
"Lo sé, Terrence pero quiero que sepas si en algún momento quieres regresar la compañía Stratford te estará esperando."
"Gracias, amigo mío. Gracias por rescatarme y devolverme la fe."
Robert le dio un abrazo a su actor estrella antes de retirarse hacia su mesa. Terrence volvió junto a Candy y su familia que leía las noticias.
"¿Dónde está mamá?"
"Se ha retirado con el duque" – le contestó Candy.
"Y eso mismo es lo que debemos hacer nosotros" – dijo Albert poniéndose en pie – "pero antes debo felicitarte, Terry."
"Hacía mucho no me llamabas así, Albert."
"Es que ahora has vuelto a ser el muchacho que conocí en Londres: el hombre del que Candy se enamoró."
"El hombre que se la va a llevar a Londres."
"Sé que la cuidarás" – dijo antes de abrazar a su hija – "y tú debes cuidarlo a él."
"Lo haré…padre" – dijo llamándolo como nunca lo había hecho antes.
"No empiecen a despedirse" – dijo Annie al borde de las lágrimas.
"Es solo un hasta pronto" – dijo Candy rodeándola con los brazos.
"Prométeme que vas a regresar para mi boda."
"Te lo prometo, hermana."
"No dejes de escribirme, Candy."
"No lo haré…y te enviaré fotos en cuanto pueda."
"Te extrañaremos, Candy" – dijo Archi junto a ellas.
"Y yo los extrañaré" – contestó ella mirando a su primo.
"Te cuidarás…"
"Lo haré y tú cuidarás de mi hermana."
"Te lo prometo y te iremos a visitar cuando nazca él bebe."
"Y yo que pensé que me libraría de ti" – masculló Terry tras ellos.
"De eso puedes olvidarte, Grandchester, jamás te librarás de nosotros mientras tengas a Candy y a Alex."
"Me lo temía…"
"Cuídala" – dijo Archi dándole un empellón.
"Así lo haré" –dijo devolviéndoselo.
"Buen viaje Terry" - dijo Annie interponiéndose.
"Gracias…parlanchina"– dijo guiñando un ojo.
"¿A qué hora partirán?" –preguntó Archi.
"Después del medio día" –dijo Terry – "apenas tendremos tiempo de descansar un poco antes de partir."
"Debemos darnos prisa" – les recordó Albert – "el tren saldrá al amanecer."
Candy y sus familiares se abrazaron en grupo mientras Terry los miraba. Archi levantó una ceja y lo miró.
"Tú también eres bienvenido" – le dijo –"aunque sea una desgracia."
"No, gracias" – contestó antipático.
"¡Ven acá, truhán!" – dijo Annie halando su saco.
El actor prácticamente se estrelló contra ellos y todos soltaron una carcajada.
Las maletas estaban empacadas y habían sido llevadas hacia el puerto horas antes. Candy bajó las escaleras con Alex de la mano mientras Terry la esperaba en el vestíbulo junto a su madre. Eleonor sonrió con tristeza al ver a su nuera y a su nieto.
"¿Segura que no quieres venir con nosotros, mamá?"
"Segura" – dijo tomando a Alex para besarlo – "prefiero despedirme de ustedes aquí."
"La vamos a extrañar" – dijo Candy.
"Y yo a ustedes…"- dijo intentando contener las lágrimas.
"Gracias por todo, mamá" –dijo Terry besando su frente.
"Gracias a ti por recurrir a mí. Eso era algo que no me esperaba y me hiciste muy feliz."
"No tengo palabras para agradecerle, Eleonor…"
"No tienes que agradecerme nada" – dijo interrumpiéndola – "he sido muy feliz al tenerlos aquí y sobre todo al ver lo feliz que haces a mi hijo."
"No llores, madre" – dijo Terry luchando por controlar sus emociones.
"Este tiempo junto a ti, hijo, junto a Alex ha sido el tiempo más hermoso de mi vida. No te tuve de pequeño pero te tuve ahora de grande" –dijo sonriendo.
Madre e hijo se abrazaron con fuerza con un pequeño Alex entre ellos. El pequeñín se movió inquietamente entre ellos sintiéndose sofocado.
Los dos se apartaron y rieron al ver el rostro del siguiente heredero de la familia, de ojos tan azules como los de ellos. Candy se acercó a su suegra y le dio un abrazo también.
"Cuida bien de ellos, Candy."
"Así lo haré."
"Iré a Londres para ver el nacimiento de mi siguiente nieto" – les prometió.
"Te esperaremos" – dijo Terry.
"Ahora, váyanse o llegarán tarde y no le queremos dar a ese viejo cascarrabias otra razón para molestarlos."
"Hasta pronto, mama."
La pareja sonrió y salió de la casa para abordar el coche que el duque había enviado para ellos. El chofer arrancó y ambos volvieron la mirada hacia la casa que había sido su hogar por tanto tiempo. Candy dejó escapar un sollozo y Terry la rodeó sus hombros con un brazo.
"No llores, pecosita…"
"¿Estarás bien, Terry? ¿Serás feliz en Londres?"
"Seré feliz si tú estás a mi lado."
"¿Estás seguro?"
"Tú y Alex son todo lo que necesito" –dijo besando su frente.
Ellos guardaron silencio mientras se despedían de las calles de Nueva York. Al poco rato, el auto se detuvo frente al hotel donde se hospedaba el duque y el chofer les abrió la puerta. Terry fue el primero en descender y tomó a un Alex dormido para apoyarlo contra su hombro mientras Candy descendía. La pareja subió las escaleras y tomaron el ascensor hacia el piso de Richard. Terrence llamó a la puerta.
"¿Lista Candy? Este es el momento de la verdad."
"Lista."
"Adelante" – les contestó la voz del duque.
"¡Vamos!" – dijo tomando la mano de Candy entre la suya.
El duque los miró desde el escritorio donde estaba trabajando.
"Por un momento temí que no llegaran."
"Te di mi palabra, padre."
"No eres muy cumplidor que se diga."
"Tengo una promesa que cumplir."
El auto de Albert se dirigía hacia la mansión de los Andrey después de dejar a Annie en casa de sus padres. El chofer aparcó junto a la acera y lo primero que Albert notó fue un auto militar estacionado frente a ellos. Los dos hombres bajaron del auto y Archi se estiró perezosamente.
"¡Qué bueno es estar en casa!" – exclamó.
"¿Señor Cornwall?" – preguntó un hombre de uniforme que se acercó.
Los ojos de Albert se abrieron desmesuradamente mientras el corazón de Archi dejaba de latir.
"¿Señor Archibald Cornwall?" – repitió el hombre.
"S-si…"
"Es mi deber comunicarle que…"
"¡No!" – gritó Archi retrocediendo en su pasos.
"…su hermano Alister Cornwall…"- continuó él.
"¡Basta! ¡No quiero escucharlo!"
"…ha fallecido en el cumplimento del deber…"
"¡No, no!"
"….sus restos mortales…"
Albert rodeó los hombros de su sobrino con un brazo mientras el militar continuaba hablando. Con cada palabra que decía, Archi sentía que le faltaba el aliento.
"Lamentamos profundamente su perdida."
"¡Hipócrita!" – le espetó Archi arrancando la carta de defunción de manos del hombre.
Archi echó a correr calle abajo, intentando huir de las palabras que acababa de escuchar. Albert no intentó detenerlo, sabía que él debía desahogarse a su manera. El militar miró al rubio.
"Lo siento en verdad."
"Lo sé."
"Alister Cornwall murió como un héroe."
"Un héroe…"
"Su nave se estrelló en el mar."
"¿Estaba volando?"
"Así es."
"Entonces fue feliz" – murmuró Albert – "él siempre quiso volar."
Un ave sobrevoló por las cabezas de los hombres y Albert supo que Stear estaba sonriéndoles.
