Los ataques a nacidos de muggles comenzaron.

Draco, sabía que ella debido a su sangre, podía llegar a ser víctima, con que trató de crear una atmósfera de odio mutuo entre él y Hermione para lograr por fin olvidarse de ella y verla como lo que era, sangre sucia. Ella tras varias ofensas, simplemente lo ignoraba como si no existiese. Esto dañaba el ego de Malfoy que, cabreado, lo pagaba con sus amigos y con Potter.

Semanas después de varios ataques llegó uno de los últimos partidos de Quidditch. Gryffindor VS Hufflepuff. Estaba claro que la copa de Quidditch sería para los escarlatas.

Malfoy buscó a Granger con la mirada entre todos los Gryffindors. Esta vez Hermione no estaba. Cuando el partido comenzaba, la profesora McGonagall llegó al campo interrumpiendo el partido. Todos vieron cómo los jugadores de ambas casas la rodeaban pidiendo explicaciones, la profesora solo mandaba salir a todos megáfono en mano ignorando las preguntas.

Malfoy comenzó a reír pero cuando se disponía a salir de las gradas, se paralizó observando la forma en la que la profesora de transformaciones apartaba a Potter del grupo, pudo diferenciar a Ronald tratando de alcanzar también a McGonagall. Malfoy tuvo un mal presentimiento. Corrió lo más que pudo empujando a todas las personas que encontraba a su paso. Tras buscarles sin éxito, se dio por vencido y siguió a los Slytherin pensativo de camino a la sala común. Entonces a la altura de la enfermería, vio a McGonagall y volvió a salir de la fila empujando a sus compañeros. Iba seguida de Potter y Weasley, estaban tristes... se le revolvió el estómago y cuando éstos cruzaron la esquina, sin importar quien pudiese verle, irrumpió en el interior de la enfermería rápidamente.

El silencio inundaba la sala de camillas, los petrificados estaban sobre las camas, había dos ocultas tras cortinas. Deslizó la primera y suspiró aliviado. Era una Ravenclaw. Se dio la vuelta más tranquilo y abrió la segunda cortina. Entonces la vio... Hermione parecía una muñeca de porcelana. Draco sintió que se le paraba el corazón. Rodeó la camilla y se puso frente a ella, agarró su mano con fuerza llorando discretamente y conteniendo su rabia. Susurro:

-Hermione... lo siento... ·La señora Pomfrey carraspeó suavemente enternecida tras él. -Joven, no puede estar aquí, han ordenado la vuelta de todos los alumnos a sus salas comunes. ·Malfoy se limpió las lágrimas con la manga de la túnica y se incorporó sin soltar la mano de Hermione. -Podría hacerme un favor?... ·La señora Pomfrey se sorprendió y esperó en silencio. -Podría no decirle a nadie que me ha visto aquí? ·Malfoy contemplaba aún el rostro pálido de Hermione. -No veo por qué habría de hacerlo... y ahora es mejor que se vaya. ·Malfoy apretó la mano fría de la niña y se fue sin decir nada.

Después de ser petrificada, Draco convenció a la profesora Sprout para poder ayudar con el cuidado de las mandrágoras, dijo que prefería mantenerlo en secreto debido a que no quería ningún mérito, tan solo aprender. No se le ocurrió una excusa mejor. La profesora, naturalmente sospechó de que precisamente Malfoy no quisiera méritos, era uno de los alumnos que más competía y se jactaba de sus logros, pero finalmente aceptó encantada, al fin y al cabo era el segundo de la clase tras Hermione, claro que ella yacía petrificada. Gracias a su brillante participación, las mandrágoras estarían listas antes de lo previsto. Malfoy le pidió a la profesora Sprout que le avisase tras ser administrada la poción.

Tras algunas semanas, Harry abrió la cámara de los secretos y para cuando derrotó al basilisco, los alumnos petrificados despertaron. La profesora Sprout miró el reloj y cómplice, le hizo unas discretas señas a Malfoy. Dejó a sus amigos con la palabra en la boca, salió corriendo en silencio.

Los alumnos que habían despertado corrían felices y ansiosos camino del gran comedor. Draco esperaba a Hermione. Escuchó su voz y le empezó a doler la tripa.

-Muchas gracias Señora Pomfrey, de verdad. Ah! y gracias también por la información adicional. Disculpe las molestias. ·Hermione salió feliz peinándose el pelo con las manos y andando a su manera. Draco agarró su brazo y tiró de ella para ocultarse tan rápido que la niña ni siquiera tuvo tiempo de pensar en gritar. Se apoyó en la pared y le miró impaciente, ambos permanecieron en silencio mirándose fijamente.

-Qué quieres Malfoy? ·Miró a su alrededor. -Es decir, no creo que quieras volver a insultarme, no veo por aquí a tu coro de energúmenos.

·Malfoy soltó una risita divertida, esto cabreó más a Hermione, que intentó salir de detrás de la columna pasando junto al rubio. El agarró su brazo de nuevo y la abrazó. -Lo siento... de veras.

·Hermione no supo que hacer. Las palabras "Sangre Sucia" resonaron en su cabeza, empujó a Malfoy enfadada y negó con la cabeza. -Qué significa esto? te... te estás riendo de mí? ·Le latía el corazón con fuerza y trataba de respirar con normalidad.

-Qué quieres que te diga Granger! No deberías haberte cruzado conmigo en aquella tienda... a decir verdad mi vida sería mucho más fácil ahora si tu no... ·Hermione le interrumpió furiosa tratando de irse de nuevo, Malfoy se puso delante y siguió. -Vale, vale... espera, no te vayas. Lo... siento...

Hermione bufó furiosa. -No, no, las cosas no van así señor "Sangre limpia"! Me insultaste de la peor manera delante de todo el mundo, provocaste que Ron se hiciese daño... y te has pasado todo éste último curso amargándome la vida. Sabes cuánto he llorado? Tienes idea del daño que haces a tu alrededor cuando abres esa bocaza? ·Hermione comenzó a llorar, la rabia se apoderó de ella. -Déjame salir, mis amigos deben estar preocupados y si no llego pronto vendrán a buscarme.

-No me gusta vert.. ver a la gente llorar. ·Draco miró al suelo. -Me gustaría... pactar una tregua contigo, solo contigo... Potter y Weasley no entran en el trato... ·Draco tragó saliva. -Pero nadie se puede enterar...

·Hermione le miró incrédula. -Tan poca dignidad crees que tengo Malfoy? Te lo advierto... ·La niña buscó en sus bolsillos furiosa. -O me dejas pasar o te juro que... ·Sacó la varita y le apuntó con ella secándose las lágrimas con la otra mano.

·Draco estaba asustado, conocía bien las habilidades de Hermione, había visto muchas veces que conseguía hacer todos los encantamientos a la primera sin el menor esfuerzo. -Vale... te dejaré ir... pero quiero que sepas, que si nadie se puede enterar no es porque me avergüence de... bueno, de ti. Es que mi padre es... bueno... él no aprueba tu... bueno ya sabes a que me refiero... ·Hermione comprendió que el problema que les separaba iba más allá del mismo Malfoy, se trataba de su padre. Bajó la varita, miró al suelo y se fue corriendo. Draco tuvo ganas pero no se atrevió a detenerla de nuevo.

El año escolar terminó.

Durante los días siguientes, en las vacaciones de verano, los dos pensaron en aquel encuentro todos los días, ambos se hacían mayores y los sentimientos se volvían más ardientes.

Hermione le echaba tanto de menos que hasta deseaba escuchar aquel insulto con tal de sentirle cerca, a veces miraba por la ventana durante horas buscando a Dobby o a alguna lechuza. Cada vez que la vieja Errol se aproximaba le daba un vuelco al corazón pero al identificarla, su ilusión se desvanecía.

Draco pensaba tanto en ella que en muchas ocasiones no escuchaba a su padre y este, enfadado, le obligaba a volver a su suite. Una de las veces, se dejó caer (muy enfadado consigo mismo) sobre uno de los cómodos sofás que había frente a la chimenea de su suite; segundos después la imagen de Hermione llorando volvió a su cabeza, Malfoy se volvió a levantar furioso y en el momento exacto que golpeó con el pie la mesita de café, fuertes y furiosas llamaradas surgieron de la chimenea. Draco no se asustó ya que desde muy pequeño su magia en ocasiones se descontrolaba. Además, tenía plena libertad para usar la magia fuera de la escuela sin siquiera ser vigilado (a diferencia de todos los demás alumnos de Hogwarts) ya que su padre tenía cierta influencia en el Ministerio.

Draco quedó mirando el fuego. De repente una idea apareció en su cabeza como si alguien prendiese una luz. Buscó un pergamino en blanco lanzando libros a su paso y volvió a correr en dirección al despacho de su padre. Draco susurró con decisión "Accio Mapa!", un viejo mapa voló a sus manos y con un movimiento de varita se copió exactamente igual en el pergamino nuevo. Devolvió el original con un perfecto "Wingardium Leviosa" y corrió a su suite. Colocó en su sitio la mesita de café y arrodillado frente a ella, comenzó a investigar el mapa de recorridos "Flu". Draco sonrió y el fuego se desvaneció.

A la mañana siguiente su padre, nervioso, anunció un viaje urgente, Narcisa insistió en acompañarle. Faltando Dobby, se hallarían fuera de la mansión una semana. Draco les dio un discurso sobre que ya era lo bastante mayor y conocía magia suficiente como para quedarse en la mansión con el resto de elfos domésticos y demás criaturas que le servirían en todo lo que pudiese necesitar. Sus padres aceptaron orgullosos.

Al atardecer, tras prohibir a todos los criados que le molestasen, el chico le dio una carta a su lechuza cuyo único contenido era el nombre del destinatario "Hermione Granger". Cuando el ave alzó el vuelo, Malfoy voló tras ella con su escoba.

Draco llegó por la noche a Hampstead Garden Suburb, en Londres. Agotado se posó discretamente sobre el tejado de la casa. Se asomó y vio a la lechuza desprenderse de la carta en el buzón de la entrada..

-MIERDA! ESTUPIDOS MUGGLES! ·Pensó. Draco se llevó las manos a la cara pensativo. En el mundo mágico las lechuzas volaban directamente a la ventana del destinatario. Miró a su alrededor, las casas del vecindario tenían todas las luces apagadas y las persianas bajadas, en cambio había algunas ventanas abiertas debido al calor del verano. Malfoy cogió su Nimbus 2001 y se deslizó despacio por el lateral de la casa.

Se posó en el césped. Malfoy contempló la casa sorprendido. No había ni una sola ventana abierta.

Quedó contemplando la puerta trasera de cristal sin saber qué hacer. Finalmente susurró apuntando a la puerta –"Alohomora". La puerta se deslizó unos milímetros, Malfoy sorprendido metió los dedos por el hueco y la abrió lo suficiente para poder entrar.

Miró a su alrededor haciendo un esfuerzo para no reírse, pero las ganas de reír aumentaban a cada paso. Aquello parecía una mansión en miniatura. Las sillas y sillones estaban tapizados en color verde Slytherin. Malfoy contuvo una pequeña carcajada. Subió un pequeño escalón y anduvo unos metros. A su derecha vio la chimenea, que a sus lados tenía dos estanterías repletas de libros. Elevo las cejas y asintió con ironía. –Muy Granger. ·Aguardó en silencio, pero al no escuchar ningún ruido Malfoy avanzó varita en mano.

Pensó que si la casa muggle se parecía ligeramente a las de magos, las habitaciones estarían en la parte superior. Frente a la escalera la tripa se le encogió por los nervios. Subió tratando de no hacer ruido. Justo al final de la escalera, había una puerta entre abierta, Malfoy reconoció el aroma de aquella habitación.

De pronto se dio cuenta de donde estaba realmente, de lo que estaba haciendo, de a lo que se estaba arriesgando... comenzó a temblar, pero finalmente atravesó la puerta. Todo estaba oscuro. -"Lumos" ·Susurró, la punta de su varita se iluminó de manera tenue. Delante de él había un gran armario empotrado blanco, se asustó. Se dio la vuelta y la vio. Estaba tumbada sobre la cama, con una camiseta larga gris y pantalones muy cortos, llevaba el pelo recogido. Dormía profundamente. No pudo evitar sonreír.

Draco se sonrojó y respiró profundamente. Rodeó la cama alumbrando con la varita desde la estantería llena de libros, pasando por los dibujos pegados en la pared (para su sorpresa no se movían), siguiendo por el escritorio repleto de pergaminos escritos y llegando hasta el corcho lleno de fotos. En las que se movían pudo ver a Potter y Weasley en lo que parecía la sala común de Gryffindor. El suelo crujió, notó que Hermione se movió bruscamente, quiso alumbrar pero en segundos se escuchó un grito de terror, se asustó y se le cayó la varita.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ·Hermione gritaba, echándose atrás tanto que cayó al suelo.

Malfoy se echó atrás tan bruscamente que tiró una pila de libros al chocar sobre otra estantería.