"Sabía que estarías aquí."

Archibald levantó el rostro lleno de lágrimas para encontrarse con la dulce mirada de su prometida. Ella se acuclilló junto a él para tomar su mano.

"¿Ya…lo…sabes?"

"Albert me llamó, te estaba buscando."

"¿Cómo supiste que estaría aquí?"

"Mi corazón me lo dijo."

"Annie, no puede ser…Stear no pudo irse."

"Lo siento tanto, Archi."

"¡No digas eso!" – dijo apartando su mano – "¡Eso significa que lo crees muerto!"

"Amor…"

"Sólo porque…un militar venga y diga que Stear está muerto… ¡no lo puede estar!"

Annie escuchó el sollozo desgarrador de su prometido y se asustó por un instante al ver los hombros del muchacho estremecerse. La joven sintió su corazón latir apresurado y percibió el dolor de Archi como si fuera suyo. Los brazos de ella abrazaron al joven para acercarlo a su pecho.

"Lo siento…lo siento tanto, mi amor" – susurró a su oído mientras lo mecía entre sus brazos.

"¡No puede ser! Stear no puede haberse ido…él…"

"Lo sé."

"Annie... ¡mi hermano! ¡mi hermano!"

"Shhh…calma"- dijo besando su cabeza –"todo va a estar bien."

"No…nunca lo estaré…mi hermano… ¿quién tomará su lugar? "

"Nadie podrá hacerlo, mi amor…sólo había un Stear."

"Él está aquí" – dijo apartándose de ella para mirar alrededor de la habitación de su hermano – "puedo sentirlo, Annie, por eso vine a Lakewood."

"Lo sé."

"Ahí están sus inventos… ¡y yo que me reía de él! ¡Qué malo fui!"

"No digas eso."

"¡Es verdad! En vez de apoyarlo! ¡Me reía de él! ¿Qué clase de hermano fui?"

Un nuevo sollozo se escapó de su garganta y se cubrió el rostro con las manos. Annie dejó escapar un suspiro y se sentó junto a él en silencio. Al cabo de un rato, Archi recostó su cabeza en el regazo de su prometida y ella acarició su cabello.

"Esta habitación permanecerá así por siempre" – sentenció – "No voy a permitir que Albert o Tía Elroy cambien una sola cosa."

"No creo que lo hagan."

"Ni que se les ocurra."

Volvieron a guardar silencio mientras el sol empezaba a ocultarse tras las nubes.

El Duque de Grandchester se puso de pie en su despacho y tiró del frente de su elegante chaqueta para alisar la tela.

"¿Están listos para partir?"

"Lo estamos" – contestó Terrence.

"¿Viniste a cumplir tu promesa?"

"Te di mi palabra ¿no es así?"

La cabecita de Alex se levantó del hombro de su padre y miró a su alrededor medio adormilado.

"¡Abu!" – exclamó lleno de alegría y extendiendo los brazos hacia él.

Terrence vio a su padre sonreír con ternura a Alex mientras lo tomaba en brazos. El actor no pudo evitar preguntarse si su padre alguna vez lo habría mirado así.

"Vamos ya" – dijo avanzando hacia la puerta – "Verás cómo te gusta tu nuevo hogar, Alexander."

"Sí, claro, va estar feliz con la neblina y la lluvia" – rezongó Terrence.

Candy apretó la mano de su esposo entre la suya y lo haló para seguir al duque que ya estaba saliendo de la suite. Mano en mano, la joven pareja siguió en silencio al hombre que había decidido el futuro de ellos y de sus hijos.

"¿Me perdonarás, Candy?" – le susurró al oído al subir a la limusina.

"Deja de decir eso, Terry."

"Te estoy alejando de todo lo que amas."

"Aún estás conmigo" – dijo ella besando su mejilla.

Richard los miró de reojo, el gesto entre la pareja incomodándolo un poco. Cerró los ojos por unos instantes intentando recordar cuando había sido la última vez que una mujer lo había tratado con tanta ternura.

"Desde Eleonor…" – se lamentó muy a su pesar.

El portero cerró la puerta tras ellos y el chofer encendió los motores. El elegante auto empezó a deslizarse entre el tráfico de la tarde mientras sus jóvenes ocupantes se despedían de la ciudad que los había vuelto a unir.

Albert se desató el nudo de la corbata y se dejó caer sobre la cama, exhausto. No era la primera vez que el jefe de la familia Andrey sentía aquel dolor en su corazón; la muerte de Pauna y de Anthony le había dolido muchísimo pero la de Stear era un dolor totalmente nuevo.

"No es justo…"

La muerte nunca era justa; simplemente aparecía y se llevaba a la persona sin importar si era tiempo o no de irse. Una lágrima rodó por la mejilla del rubio al pensar en la juventud de su sobrino y en cuanto le faltaba por vivir. El mismo le había dicho a Archi que si Stear no volvía era porque así estaba predestinado…pero esa idea no le servía de consuelo en aquellos instantes.

"¿Cómo se lo diré a Candy?"

Eso iba a ser más difícil que decírselo a los propios padres de Stear. Tenía la impresión que su hija adoptiva iba a sentirse culpable y eso le preocupaba sobremanera debido a su estado. Se llevó una mano a la frente para apartar los mechones rubios mientras se debatía entre decírselo o no.

"Será hasta que lleguen a Londres…pero tendré que hablar con Terrence primero".

Lleno de tristeza cerró los ojos para enviarle buenos deseos a Candy antes de orar por el alma de su sobrino.

El automóvil del duque se detuvo frente a una elegante villa para la sorpresa de Candy y su esposo. El actor no dudó en mirar a su padre con el ceño fruncido y preguntarle que hacían ahí.

"Debo hablar con alguien antes de salir del país y quiero que me acompañes, Terry."

"¿Para qué?"

"Necesito su opinión sobre un negocio."

"¿Mi opinión?"

"Sí, tu opinión. Esta será tu primera tarea como futuro duque."

"Debes estar bromeando" – protestó Terrence.

"Baja ya y deja de rezongar. Tú también puedes acompañarnos, Candy."

El chofer abrió la puerta del coche y el duque bajó con Alex entre sus brazos. Resignado, Terrence lo siguió y se volvió para ofrecerle la mano a su esposa. Ella lo miró interrogante.

"Ven conmigo."

"Pero…"

"Mi padre dijo que podías venir."

"¿Seguro quieres que lo haga?"

"Claro, señora duquesa…"– dijo con sarcasmo.

Bajaron del coche y avanzaron hacia la puerta donde el mayordomo les dio la bienvenida antes de hacerlos pasar a la sala. El duque los esperaba de pie junto a la chimenea mientras Alex jugaba a sus pies con el reloj de cadena de los Duques de Grandchester.

"¿A quién vinimos a ver, padre?"

"Paciencia, hijo" – dijo sirviéndose un trago del bar – "Candy ¿qué te parece esta casa?"

"Muy hermosa."

"¿Te gustaría tener una así en Londres?"

"¿No vamos a vivir en el castillo, padre?" – intervino Terrence.

"¿Realmente quieres vivir conmigo y con tu madrastra?" – Richard levantó una ceja.

"No, pero supuse que querías tenerme bajo tu control absoluto."

"Por lo visto sigues creyendo que soy un ogro."

"Un ogro, no, más bien un dictador" – dijo cruzándose de brazos.

Candy levantó las cejas al escuchar la conversación de padre e hijo. Era obvio que una discusión acalorada estaba por empezar.

"¿Un dictador?" – repitió Richard alzando una ceja.

"Claro, quieres que todo sea a tu modo cuando tú lo decidas sin importarte lo que los demás piensen…así has sido toda tu vida."

"Siempre lo hice pensando en tu bienestar, hijo."

"¿Es por eso que me enviaste a un internado desde pequeño?"

"Me doy cuenta que eso fue un error. Debí mantenerte a mi lado…tal vez así no hubiera perdido el control sobre ti."

El duque tomó asiento en una butaca con el vaso de whisky en la mano.

"Te garantizo que el control lo hubieras perdido de cualquier manera porque no soy un títere para que manejes a tu antojo."

"Nunca he querido manejarte como a un títere, Terrence."

"¿No? Pensaría todo lo contrario por tus acciones."

"Sólo me interesa el bienestar de Alexander."

"¡Me estás insultando, padre! ¡¿Acaso crees que no me interesa el bienestar de mi propio hijo?!"

"Terrence…"

"Te aseguro que Candy y yo somos muy capaces de cuidarlo."

"Lo sé…y también me doy cuenta que ya no eres el mismo chiquillo irresponsable del Colegio San Pablo."

Terrence estaba listo para rebatir el argumento de su padre pero sus palabras murieron en su boca al registrarse las palabras dichas por el duque.

"El amor te ha hecho madurar…y no sólo el amor hacia tu esposa e hijo sino también el amor hacia tu vocación. Anoche pude darme cuenta que jamás serás el duque que yo deseaba pero sé que serás el actor que alguna vez aspiré a ser."

Richard miró a su hijo a los ojos por primera vez en mucho tiempo y Terry sintió que estaba intentando llegar a su alma.

"No hay duda que eres el hijo de Eleonor. Tu talento es innegable a pesar de tu juventud y estoy seguro que con los años alcanzarás tu potencial…y yo me sentiré muy orgulloso de ver el nombre de los Grandchester en las marquesinas."

Alex se puso en pie y corrió hacia los brazos de su abuelo para mostrarle el reloj con el que jugaba.

"Sé qué harás que Alex te quiera de la manera que…que yo quisiera que tú lo hicieras conmigo…"- dijo con voz temblorosa mientras sentaba al niño en sus piernas.

Terrence miró a Candy pidiéndole con la mirada que le asegurara que no estaba soñando la situación en la que estaban. Ella no tuvo que hablar, sólo asentir con la cabeza para que Terry supiera que no era un sueño.

"Padre…"- dijo dando un paso hacia el frente.

"Papi…"- dijo Alex llamando a Terrence.

"Me hubiera encantado que me llamaras papi…creo que lo hiciste alguna vez antes que te alejara de Eleonor"- dijo melancólicamente – "No puedo corregir el pasado, Terrence pero espero poder remediar algo del daño que te hice."

"¿Qué…quieres decir?"

"Quiero decir" – dijo poniéndose de pie – "que eres libre de quedarte en América y hacer de tu vida lo que desees."

"¿Hablas en serio?"

"¿Alguna vez hablo en broma?"

"No."

"Dudo que vuelvas a descarriarte pero si lo haces, estoy seguro que tu esposa te halará de las orejas… ¿no es así, Candy?"

"Se lo aseguro."- dijo ella al borde de las lágrimas.

"Sé que ambos me odiaron por haberlos obligado a casarse pero ¿no piensan ahora que fue un evento fortuito?"

Los dos asintieron en silencio. El duque se volvió hacia su nuera.

"Lamento si alguna vez te ofendí Candy…no lo merecías. A pesar con tu corta edad me has demostrado y has logrado enseñarme que el amor es más poderoso que cualquier cantidad de dinero. Realmente puedo decir que estoy orgulloso que seas parte de mi familia…y sobretodo que seas la madre de mi nieto."

La mano de Richard se deslizó dentro de su saco y sacó unos papeles que entregó a Candy. Ella los miró con detenimiento antes de mirar a su suegro.

"Es el título de propiedad de tu Hogar de Pony, Candy."

"¡Oh, cielos!"

"Es tuyo, Candy, y ni yo ni nadie de tu familia tendrá derecho alguno sobre ella."

"No sé qué decir."

"Dime que no cambiarás, que seguirás amando a mi hijo y mi nieto tal cual lo estás haciendo hoy, sólo así sabré que ellos estarán bien."

"Lo haría aunque no me estuviera entregando estos papeles."

"Lo sé, Candy" – dijo sonriendo.

Terrence se dejó caer en el sofá junto a su esposa. El muchacho se llevó la mano hacia la frente sudorosa mientras un extraño mareo lo invadía.

"¿Te sientes bien, Terrence? Estás un poco pálido"- preguntó el duque.

"No puedo creerlo."

"¿Qué?"

"Me estás dando mi libertad."

"¿No es eso lo que querías?"

"Sí…pero…"

"Te la has ganado" – dijo el duque brindándole un trago.

"¿Fomentas mi vicio?"

"Sé que ya no lo es" – contestó sonriendo – "tu vicio ahora tiene ojos verdes."

"Y azules" –dijo antes de tomar un trago.

El carraspeo del mayordomo los hizo volverse hacia la puerta.

"El señor Leery está aquí, señor."

"Hágalo pasar" – indicó Richard.

Un hombre bajito con un portafolio entró a la sala y se apresuró a saludarlos.

"Duque de Grandchester es un placer volver a verlo."

"Igualmente, señor Leery. Permítame presentarle a mi hijo, Terrence y a su esposa, Candy."

"Encantado" – dijo con una breve inclinación de cabeza.

"Y él es mi nieto, Alexander" – dijo levantándolo.

"El heredero."

"Así es" – dijo Richard con una sonrisa – "¿Ha traído los papeles?"

"Sí, señor."

"¡Perfecto! ¿Por qué no nos sentamos todos?"

"¿Qué está sucediendo, padre?"

"Terrence, el señor Leery es uno de mis abogados y ha traído los papeles que los convertirá en los dueños de esta casa."

"¡¿Qué?! ¿Nos está comprando una casa?" – preguntó Candy.

"Se las estoy regalando."

"¡De ninguna manera!" – Exclamó Terrence – "¡No permitiré que me regales una casa! ¡Yo puedo comprarla por mí mismo!"

"Lo sé" – contestó con calma Richard – "pero hasta que lo hagas, quiero que vivas aquí con Candy y Alex."

"¡He dicho que no! ¡No quiero que me compres nada!"

"No te estoy comprando nada. Esta casa es mía y se la estoy cediendo a Alexander."

"Así es señor Grandchester" – intervino el abogado – "esta casa es de su padre."

"¿Tienes una casa en Nueva York? ¿Por qué no te hospedas en ella en vez del hotel?"

"Porque no hay calor de hogar."

"Tampoco la hay en el castillo."

"Es verdad, Terrence, pero al menos el castillo guarda la historia de mi familia y no la puedo abandonar."

"Su padre nos llamó hace pocos días" – continuó el abogado –"y nos pidió empezar el papeleo para nombrar a Terrence Alexander Grandchester Andrey como el heredero de esta mansión."

"¡Por todos los cielos!" – Exclamó Candy – "No tiene que hacer eso, duque."

"¿Hace pocos días?" – repitió Terrence.

"Sí…lo había decidido antes de tu estreno, hijo" – contestó el duque – "Quiero hacerlo y sé que tú harás de esta casa un verdadero hogar, Candy."

"Padre, no podemos…"

"¡Claro que sí! Aquí tendrán un patio para que Alexander juegue y un jardín para que Candy cultive rosas, tengo entendido que cultivas hermosas rosas blancas ¿verdad? Esta casa es para Alexander" – volvió a insistir Richard – "ustedes sólo deben cuidarla hasta que él tenga la suficiente edad para decidir qué hacer con ella."

La pareja se miraba atónita cuando la puerta se entreabrió para dar paso a una bolita de pelos que corrió hacia Alex.

"Guau, guau!" – apuntó el niño con su dedo índice.

La bolita de pelos era un cocker spaniel de dos meses color crema con manchas marrones. La perrita corrió hacia el niño y se arrojó encima de él para lamer sus mejillas sonrosadas. La risa de Alex resonó por todo el salón.

"Mami… ¡guau, guau!"

"Sí, Alex…guau, guau…"

"Guta…papi…guta"- decía abrazando al animalito.

"Tienen que admitir que en casa de Eleonor no hay espacio para que ninguno de los dos corra y juegue."

"Por favor firme aquí, señor Grandchester" –indicó el abogado a Terrence.

"¿Qué estoy firmando?"

"Que usted es el padre de Alexander y que cuidará de sus bienes hasta que tenga edad de tomar posesión de ellos."

"¿Supongo que no puedo decir que no, verdad Candy?"

"Supongo que no" – dijo limpiándose una lagrima al disimulo.

El actor tomó la pluma entre sus manos y firmó el documento. El abogado hizo que Richard hiciera lo mismo antes de estampar su sello.

"No fue tan doloroso como creías ¿eh, Terrence?"

"Supongo que no, padre."

El duque hizo sonar una campanilla y la puerta se abrió para dar paso a la servidumbre que se enfiló para ser presentada a los nuevos dueños.

"Como sabrán ya, él es Terrence, mi hijo y su esposa, Candy y desde hoy estarán a su servicio."

"¡Bienvenidos, señor y señora Grandchester!" – dijeron a coro.

"Candy, puedes quedarte con ellos o contratar a quien desees pero te diré que ellos tienen años a mi servicio y son muy leales."

"Buenas tardes" – los saludó ella con timidez.

"Y ese pequeñín es la luz de mis ojos, Terrence Alexander" – continuó el duque mostrándoles al niño que estaba acostado de espaldas con el cachorrito en sus brazos – "cuiden bien de él que es el próximo heredero…si así lo desea."

"No se preocupe, señor duque" – dijo el mayordomo.

"Sabía que podía contar contigo, John. ¿Están listas las habitaciones de los señores?"

"Las valijas ya han sido desempacadas – contestó la ama de llaves – "Soy Jill, a su servicio."

"Gracias, Jill" – dijo Candy con una sonrisa.

"¿Qué les gustaría cenar, señora?"

Candy miró a Terrence, interrogante. El actor sonrió y decidió sacar a su esposa de la situación inesperada en que se encontraba.

"¿Por qué no nos sorprende?" – replicó.

"Sí, señor. Con permiso."

La servidumbre inclinó la cabeza a sus nuevos patrones antes de retirarse. El abogado también se despidió y prometió regresar al día siguiente con las copias para la pareja. Una vez a solas, el duque les dio una mirada larga antes de empezar a despedirse.

"¿No se quedará a cenar con nosotros, duque?" – preguntó Candy.

"No, gracias. Estoy bastante cansado y lo que más deseo en estos instantes es acomodarme en mi camarote."

"Duque…no tengo palabras…"

"Con un nuevo nieto bastará" –dijo sonriendo – "¿Me avisarás cuando el parto esté cerca?"

"Por supuesto."

"Gracias, Candy" – dijo tomando su mano – "por todo."

"Gracias a usted" – dijo abrazándolo impulsivamente.

Terrence notó la espalda de su padre erguirse ante el contacto femenino. Era obvio que no estaba acostumbrado a gestos tan espontáneos. Richard se volvió hacia su hijo y le tendió la mano.

"Buena suerte, Terrence, aunque sé que no la necesitarás."

"Gracias."

"Estoy orgulloso de ti, hijo mío."

"Papá…"

"Sé que es un poco tarde pero quería que lo supieras…estoy orgulloso de ti."

"¿Aunque no sea un duque?"

"Basta con que seas un Grandchester."

Candy observó a Terrence tragar en seco y supo que su esposo estaba conmovido por las palabras de su padre. Ella habría querido que se dieran un abrazo pero eso no sucedió.

"Algún día…algún día…" – se dijo.

"Alex" – llamó Terrence –"ven a decirle adiós al abuelo."

"¿Abu?"

"Sí…dí bye bye a Abu…"

Alex caminó hacia ellos y se asió del pantalón de su padre. Su carita compungida se levantó hacia el actor.

"¿Bye bye?"

"Sí, bye bye" – dijo alzándolo en brazos.

"Bye bye, caballero" – dijo Richard apretando la manito de Alex.

"Bye…bye…Abu…"

"Bye bye Alex" – dijo besando su frente.

"Adiós, padre."

"Hasta luego, Terrence. Volveré para conocer a mi segundo nieto."

"Te espero" – le sonrió.

Richard le dio una última mirada a Candy y con una leve inclinación de cabeza dio media vuelta hacia la salida. La puerta se cerró tras él y Terrence se volvió hacia Candy. Ella le sonrió antes de echarse en sus brazos.

"Somos libres, Candy."

"Lo sé…"

"¡Libres! ¡Tenemos toda la vida por delante!" – dijo asiéndola por la cintura con fuerza.

Alex protestó al sentirse aprisionado entre sus padres y ellos se apartaron.

"Lo sentimos, mi amor" – dijo Candy.

"Abu, bye bye, mami."

"Abu volverá – dijo él posando su mano sobre el vientre de su mujer – "y creo que las cosas serán diferentes."

"Serán maravillosas"- dijo Terrence sonriendo lleno de esperanza.

Poco después de la cena, Candy llamó a Chicago buscando a Albert pero Beth le informó que ni él ni Archi estaban en la mansión. Llena de felicidad como estaba, Candy no se percató de la tristeza en la voz de su antigua mucama y le contó que se había mudado a una nueva casa y que requería de sus servicios. Beth se alegró por ella y le dijo que estaría feliz de mudarse a Nueva York y cuidar de ella y de Alex. Candy le dio su nuevo número telefónico y le pidió que se lo entregara a Albert apenas llegara para conversar con él.

Cerca de la medianoche, el teléfono sonó y Terrence levantó el auricular del aparato junto a la cama.

"Terrence…"

"¡Hola Albert! ¿Ya te informaron?"

"Sí, Beth me lo dijo…felicidades…"

"¿Te sucede algo? Estás muy raro."

Candy se volvió en el lecho al escuchar a su esposo decir eso.

"Terrence, Stear…"

Bastó con que Terrence escuchara ese nombre para saber lo que había sucedido.

"¿Estás seguro?"

"Recibimos una comunicación oficial."

"Dios mío…"

"Tengo que decírselo a Candy, no me perdonaría si no se lo dijera."

"Lo sé."

"Me preocupa…en su estado…"

"Ella es más fuerte de lo que crees"- dijo mirando a su esposa.

Candy sintió que su corazón se encogía al escuchar las palabras de Terry y más cuando él le pasó el auricular. En silencio, escuchó a Albert mientras le relataba los hechos del fallecimiento de Stear y las lágrimas empezaron a derramarse por su rostro. Terrence pasó un brazo por sus hombros para sostenerla.

"Hubiera no querido darte esta noticia, Candy" – dijo Albert.

"¿Archi? ¿Cómo está Archi?"

"Está con los Britter. Annie es su único consuelo."

"¡Oh, Dios!" – rompió a sollozos.

"Lo siento, Candy."

"Albert…yo…mañana…"

"Sí, hablaremos mañana. Te avisaré cuando será el sepelio."

Candy alejó el auricular de su oreja y se cubrió el rostro con las manos. Terrence la tomó en sus brazos para consolarla mientras el cuerpo de Candy se estremecía por la fuerza de su llanto y él empezó a preocuparse.

"Calma…Candy…no te pongas así."

"Stear…él se fue…tal vez…yo tenga la culpa."

"No es verdad…y tú lo sabes…"

"Stear no puede haberse ido... ¡no puede! Era tan bueno, tan dulce."

"Lo sé, mi amor…pero tienes que tranquilizarte."

"¿Cómo puedes pedirme eso?"

"No creo que a Stear le hubiera gustado verte así y menos con un bebé en camino."

La mención de su bebé fue suficiente para que Candy empezara a calmarse. Terrence secó sus lágrimas y la hizo recostar en los almohadones con ella en sus brazos.

"No puede ser."

"Sé que es difícil de aceptar y quisiera tener las palabras apropiadas para consolarte pero solo el tiempo te hará sentir mejor."

"El tiempo…"

"Es horrible, lo sé. ¿Qué dijo Albert acerca de Archibald?"

"Está con Annie."

"Al menos no está solo."

"Lo sé."

"Y tampoco lo estará Stear. Seguro está con Anthony ¿no crees?"

"Por supuesto…estará con Anthony."

Candy se abrazó a él con fuerza.

"Prométeme que estarás conmigo siempre."

"Te lo prometo…hoy, mañana y siempre."

De pie, junto a la ventana, Candy miraba la nieve caer sobre la ciudad de Nueva York ese 25 de Diciembre. Los autos pasaban frente a la casa pero ninguna parecía traer a sus parientes que venían a pasar las festividades con los Grandchester. No los había visto desde el funeral de Stear y eso había sido tres meses atrás. Una sonrisa se asomó a su rostro al ver el auto de Terrence aparcarse en la entrada.

"¡Son ellos!" –pensó caminando hacia la puerta.

La campanilla no había terminado de sonar cuando Alex apareció corriendo hacia la puerta. El mayordomo lo apartó de la puerta para que no recibiera el frió de la noche y abrió para permitir la entrada a su patrón y a los invitados.

"¡Bienvenidos!" – exclamó ella.

"¡Candy!" – Annie corrió hacia ella y después de besar su mejilla tocó su vientre – "¡Estás enorme!"

"¿Lo sientes?"

"¡Me acaba de patear!" – dijo ella azorada.

"Candy, es bueno verte" – dijo Albert besando su mejilla también.

"Lo mismo digo."

"No debes usar más esos colores, Candy" – dijo Archi criticando su vestido malva – "a Stear no le gustaría que guardaras luto por tanto tiempo."

"Deberías saludarme antes de criticarme ¿no crees?"

El hombre besó su mejilla y se disculpó.

"Sin importar el color que uses, eres hermosa" – dijo Terrence besando sus labios.

"Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir, Candy, la maternidad te sienta de maravilla" – le dijo Albert.

Candy estaba a punto de replicar cuando Alex pegó un grito y todos bajaron la mirada hacia él. El pequeñín estaba con el rostro cariacontecido al sentirse ignorado…hijo único, al fin y al cabo.

"¡Perdón, perdón!" – dijo Annie inclinándose hacia él para saludarlo.

"Tenía que ser tu hijo, Grandchester, es obvio que le gusta ser el centro de atención."

"Así es, Cornwall" –sonrió él.

"Hola príncipe" – le dijo Albert revolviendo los cabellos.

"¡Aber!"

"Necesita un corte de cabello" – dijo Archi.

"Lo haré apenas llegue la primavera" –dijo Candy.

"¿Tú harás, qué?" – Terrence levantó una ceja.

"Recortarle el cabello…si mi esposo está de acuerdo"- le sonrió traviesamente.

"Discutiremos eso cuando llegue el momento. ¿Llegó mi madre?"

"Sí, está en el despacho hablando con tu padre."

"¿Con mi padre?"

"Sí, llamó para saludarte y ella contestó y han estado hablando sin parar desde entonces…es una suerte que el duque tenga dinero porque la cuenta va a ser extraordinaria."

"Bueno, al menos tiene acciones en la telefónica" – se rió Terrence.

"Esta mañana hablé con Sor Maria, Annie" – dijo Candy – "me dijo que la fiesta que organizaste para los niños fue un éxito."

"Es verdad" – dijo Archi mientras se dirigían hacia la sala – "logramos hacer veinte adopciones antes de navidad."

"¿Veinte?"

"Y eran de diferentes edades" – dijo Annie.

"¡Maravilloso!" – Candy unió sus manos – "Los niños estarán pasando las mejores fiestas de sus vidas."

"También contraté a un Papá Noel con trineo y todo."

"¿En serio?"

"Los niños del hogar van a despertar con el sonido de campanillas que se alejan y verán todos los regalos que les compramos."

"¡Oh, Annie!"

"Tienes que verla en acción, Candy, es fantástica" – dijo Archi lleno de orgullo.

"¿En serio?"

"Será la esposa que un abogado necesita" –dijo plantando un beso en su mejilla.

Ella le devolvió el beso y se acurrucó en sus brazos. Eleonor no tardó en hacer su aparición con una sonrisa en el rostro.

"¿Buenas noticias, madre?" – preguntó Terrence pícaramente.

"¿Eh? Bueno…tu padre te envía muchos saludos y espera que te hayan gustado las mancuernillas que envió."

"Sí, ya le envié un telegrama agradeciéndole."

"El duque mandó muchísimos regalos para Alex, también" –dijo Candy.

"También se lo agradecí… ¿es que creen que no tengo modales?"

Los jóvenes cruzaron miradas.

"¿Acaso creen que no tengo modales?"

"Si te sientes aludido"- murmuró Archi.

Terrence le arrojó un cojín a la cabeza. El muchacho lo esquivó y le cayó a Albert en pleno rostro. Todos se quedaron impávidos menos Alex que empezó a reírse antes de tomar un cojín e imitar a su padre.

"¡Mira lo que has hecho!" – rezongó Candy.

"No es mi culpa…"

"Claro que lo es" – dijo Candy.

"De tal palo, tal astilla" – sentenció Archi.

"¡Cállate que es tu culpa!" – dijo Terry.

"¿Mía? ¿Y cómo es eso?"

"Tú me provocas."

"Y tú ¿no sabes controlar tus impulsos?"

"¡Claro que sí!"

"Pues no parece…"

"Si no supiera controlarlos mi puño ya estaría en tu cara…niño bonito."

"¡Caballeros…por favor, caballeros!" – Dijo Annie – "Nada de violencia, al menos no delante del niño."

Alex estaba muy entretenido mirando a su padre y a su tío discutir.

"No queremos que se convierta en otro truhán ¿verdad?"

"¡Por todos los cielos, no!" – Exclamó Eleonor – "bastante trabajo tiene Candy con Terrence."

La cara de Terrence no pudo ser más larga.

Cerca de la medianoche, el grupo conversaba en la sala. Eleonor ya se había retirado con Alex y se había despedido de ellos para ir a su habitación de huéspedes. La mansión era suficientemente grande para acomodarlos a todos y ya no tenían que preocuparse por llegar al hotel. El mayordomo entró a la sala y se acercó a Terrence para susurrarle unas palabras. El actor lo miró como si hubiera perdido la razón.

"¿Sucede algo, Terrence?"

"Creo que debes acompañarme, Albert."

Albert, Terrence y el mayordomo se detuvieron en el hall para encontrase con la persona que menos esperaban.

"Feliz Navidad" – les dijo Stear, apoyándose en un bastón.

"¿Stear?" – preguntó Albert tocando su brazo.

"Soy yo, Albert" – le sonrió.

Tío y sobrino se fundieron en un abrazo mientras la acompañante de Stear sonreía.

"¡Es tan bueno verte!" – dijo Albert soltándolo.

"No puede ser…"- dijo Terrence.

"He vuelto, Grandchester…un poco herido y maltrecho pero heme aquí" – dijo halando a Amy hacia él – "y he traído una sorpresita conmigo: Amy Owens."

"Buenas noches, soy Albert" – dijo extendiendo su mano.

"Mucho gusto, soy Amy."

"Eres inglesa" – dijo Terrence al notar su acento.

"También lo eres tú" – dijo ella al escuchar el suyo.

"¿Estás segura?" – entonó la voz con otro acento.

"Tú debes ser Terrence, el actor" – le sonrió.

"¿Y tú eres?"

"Amy Owens Cornwall" – completó Alister con una sonrisa ladina.

El jefe de los Andrey y el actor se miraron, incrédulos.

"¿Dónde están los otros? ¿Dónde está, Archi?"

"Se van a desmayar cuando te vean" – dijo Terrence.

"¡Y Candy!" – Exclamó Albert – "Ella está encinta y…"

"¡Grandchester, no la dejas descansar! ¿eh?" – se rió Stear.

"¿Crees que la impresión será demasiada, Albert?" – le preguntó Terrence.

"Tal vez debamos…"

"Stear… ¡por todos los cielos, Stear!" – interrumpió Candy tras ellos.

Los ojos de Candy se agrandaron como dos platos al ver a su primo.

"¡Candy, querida!"

"¿Stear?"

"¡Que alegría verte!" – dijo besando su mejilla.

Terrence se apresuró a rodear a Candy con los brazos porque ella parecía a punto de desmayarse. Archi y Annie no tardaron en asomarse al escuchar a la rubia. El hombre se quedó de una pieza al ver a su hermano y no pudo contener el temblor que recorrió su cuerpo. Annie se llevó la mano a la garganta, incapaz de decir una sola palabra. Candy se sostenía del brazo de su esposo.

"¿Stear?" – preguntó Archi con voz quebrada.

¡Archi!" – exclamó el soldado avanzando hacia él cojeando un poco.

"No puede ser…dijeron…dijeron…"

Stear se detuvo frente a Archi y lo miró a los ojos.

"Lo sé…pero ahora estoy aquí, hermano."

El soldado abrazó a su hermano mientras Archi permanecía impasible.

"Estoy aquí para ser tu padrino como te lo prometí."

Esas palabras hicieron que Archi empezara a llorar y le devolviera el abrazo a su hermano.

"¿Cómo es posible?" – preguntó Candy en voz alta.

"Dijeron que su nave"- agregó Annie.

"Es un milagro" – dijo Albert.

"Stear saltó antes que su avión se estrellara" – irrumpió Amy – "y nadó hasta la costa que no estaba tan lejos."

Annie y Candy intercambiaron miradas.

"¿Quién…quien eres tú?" – preguntó Candy.

"¡Oh, disculpen!" – dijo Stear soltando a su hermano.

El soldado extendió la mano hacia la rubia mujer y ella le entregó la suya.

"Archi, Annie, Candy, ella es Amy Owens, mi esposa" – dijo sonriente – "Amy, ellos son mi hermano, mi cuñada y mi prima."

"Voy a desmayarme"- musitó Candy.

Albert corrió hacia ella y junto a Terrence la ayudaron a regresar a la sala para sentarla en un sillón. Amy se acercó a ella y tomó su pulso en silencio mientras Stear la observaba orgullosamente.

"Amy es enfermera" – explicó.

"Estará bien. Sólo denle un poco de agua."

"Sí, claro" – dijo Terrence antes de llamar a la servidumbre.

Archi miraba a su hermano con los ojos entrecerrados.

"Deja de mirarme como si fuera un fantasma, Archi."

"¿Tú esposa?" – tartamudeó Archi.

"Sí…"

"¿Te casaste sin decírmelo?"

"No podía esperar"- sonrió – "vas a ser tío."

"¡Stear!" – se quejó Amy ruborizándose.

"¿Qué pasa? No somos los primeros ni los últimos que nos comimos el pastel antes de la boda."

Terrence soltó una carcajada ante el desenfado de Stear. Archi frunció el ceño y sin advertencia, lanzó su puño contra el mentón de su hermano. Stear cayó al suelo mirando a su hermano, incrédulo.

"¡¿Qué te pasa, Archi?!"

"Se supone que yo iba a ser tu padrino y tú, el mío" – se quejó.

"¿Y por eso me golpeas?"

"Por eso…y por otras cosas… ¿tienes idea de lo que hemos padecido?"

"Me lo imagino"- dijo mientras Amy lo ayudaba a levantarse – "¡Vaya manera de darme la bienvenida, hermanito!"

"Alister" – dijo con seriedad Albert – "¿quieres explicarnos cómo…?"

"No fue nada fácil encontrarlos. Tuve que llamar a Lakewood, a Chicago, al Waldorf, a la casa de Eleonor para finalmente llegar hasta aquí. ¡Vaya Grandchester! Tu sí sabes vivir" – dijo admirando la decoración.

"Creo que se refieren a cómo llegaste a América" – le aclaró Amy.

"¡Ah, claro!" – Se rió – "No fue nada fácil…"

Como Amy había mencionado, Stear logró nadar hasta la costa antes de desmayarse. Unos pescadores lo encontraron y curaron sus heridas mientras el ardía en fiebre por casi una semana. Cuando el soldado despertó se encontró sin memoria y con el único conocimiento que su nombre era Alister porque lo llevaba cosido en el uniforme. Por varios meses pensó que era francés puesto que hablaba el idioma sin dificultad pero un nuevo golpe le hizo recordar quien era y buscó la forma de llegar hasta el ejército. Una vez ahí, se reencontró con Amy, quien atendió sus viejas heridas, y con su capitán que le ordenó regresar a América. El muchacho envió un telegrama para anunciar su regreso pero este nunca llegó a su destino, como era obvio en esos instantes. Todos lo miraban incrédulos mientras Stear rodeaba los hombros de Amy.

"Hubiera querido evitarles el dolor que les causó…"

"No lo digas, Stear" – dijo Candy – "eso ya no importa."

"Me alegro mucho que estés de vuelta" – dijo Archi.

"Será bueno tenerte en las empresas de nuevo" - añadió Albert.

"¿Ya me quieres poner a trabajar?" – preguntó quejumbroso.

"¿Vas a ser padre, no? Tienes que trabajar" – se rió el rubio.

"Es verdad"- dijo pensativo – "vas a ser tío, Archi."

"Apenas puedo creerlo."

"¿Cuándo me harás tío a mí?"

"Más pronto de lo que crees" – dijo tomando la mano de Annie.

"¿Quieres decir?" – se entusiasmó Stear.

"Quiero decir que Annie y yo tenemos una boda que preparar" – dijo besando su mano.

"¿Hablas en serio, Archi?" – la morena abrió los ojos, incrédula.

"Te dije que nos casaríamos tan pronto volviera Stear y él está aquí…hay que aprovecharlo antes que tenga otra idea altruista."

"¡Archibald, eres incorregible!" – le reclamó Stear.

"Como decía" – continúo Archi ignorando a su hermano – "¿Qué te parece si nos casamos dentro de un mes, Annie?"

"¿Tan rápido?" – preguntó Candy.

"No tenemos tiempo que perder" – dijo Archi – "en cuanto antes, mejor."

"¡Oh, Archi! ¡Sí!"

"¡Vaya Cornwall! No te has casado y ya estás dando órdenes" – se burló Terrence.

Archi estaba listo…y lanzó un cojín al rostro de Terrence.

"Aprendes rápido" – dijo el actor recogiendo el cojín.

"Tengo un buen maestro" – replicó Archi.

"¡Cuánto los extrañaba!" – dijo Stear divertido.

"Son tal cual dijiste" – comentó Amy.

"¿Qué quiere decir eso?" – preguntaron los aludidos a la misma vez.

Candy, Albert, Annie y Stear optaron por reírse en vez de contestar.

Toda la sociedad de Chicago fue invitada a la boda de Annie Britter y Archibald Cornwall. Los regalos no tardaron en llegar a la casa que Archi había comprado para ellos y Annie se encargó de convertir la casa en un hogar. La señora Britter estaba feliz por la boda de su hija pero sobre todo porque había hecho un buen enlace como lo debía hacer toda señorita de sociedad.

Dos meses después, Annie desfilaba por el pasillo de la catedral de Chicago del brazo de su padre. El vestido de Annie era de encaje francés y con pedrería bordada a mano. La cola era de tres metros y llevaba una mantilla sobre la cabeza. Tras ellos venía Candy, esplendorosa con su vientre de siete meses y orquídeas en la mano en su papel de dama de honor.

"¡Mami!" – gritó Alex interrumpiendo el silencio de la iglesia.

"No sería un Grandchester si no llamara la atención" – murmuró Albert que estaba junto a él.

Por respuesta Terrence le dio un codazo antes de cubrir la boca de Alex con su mano.

El elegante Archibald Cornwall esperaba a su prometida junto al altar vestido en un traje gris con chaleco y pañuelo al cuello en vez de corbata. El hombre no había podido dejar de sonreír desde que su prometida ingresó por las puertas al son de la marcha nupcial. Alister, vestido en un traje similar pero negro, palmeó la espalda de su hermano cuando Annie se detuvo junto a ellos y Archi se quedó inmóvil. El enamorado sacudió la cabeza lleno de nerviosismo y se apresuró a tomar la mano de su prometida.

"Por un momento pensé que había cambiado de idea" – dijo Annie ocasionando risas entre los asistentes.

Candy sonrió al escuchar a su hermana. Nunca había imaginado que el amor la haría cambiar tanto pero de ser una niña tímida y asustadiza se había convertido en una mujer segura de sí misma. Por un momento recordó el rostro lloroso de ella en el colegio, el día que le había pedido cederle a Archi…

"Él no era para mí…ni Stear" – dijo volviendo su mirada hacia Amy que observaba a su esposo llena de adoración – "Terry era mi destino".

"¡Mami!" – volvió a llamar Alexander.

Todos volvieron a reír y Archi se volvió hacia el pequeño.

"Hey Alex…este es mi show, no el tuyo" – le dijo de buena gana.

"Es el día de los Cornwall Britter" –dijo Annie.

"Lo siento…"- dijo Candy apenada – "tienen que entender, es hijo de un actor."

Fue el turno de Terrence de sonrojarse, un hecho casi imposible. Archi y Annie se dieron por satisfechos y se volvieron hacia el cura.

"¡Vamos, dese prisa! Antes que el pequeñín quiere volver a llamar la atención" – urgió Archi.

El cura sonrió antes de empezar la ceremonia de esos dos jóvenes que irradiaban felicidad y amor.

Dos horas después, el señor y la señora Archibald Cornwall estaba sentados a en la mesa principal junto a Stear y su esposa y los padres de ambos; los señores Cornwall habían regresado a América tan pronto se enteraron que Stear estaba vivo y que su hijo menor se casaba. Candy los observaba con una sonrisa mientras Terry sujetaba su mano.

"¿Contenta?"

"Mucho…es como un sueño que todos estemos juntos."

"¿Te gustaría que nos casáramos, Candy?"

"¿Qué dices?"

"¿Te gustaría que nos casáramos?"

"Creí que ya estábamos casados ¿recuerdas?"

"Claro que me acuerdo" – dijo besando su nariz – "fue allá en Escocia, cuando descubrí que te amaba."

"¡Lo recuerdas!"

"Claro que sí, pero no has contestado mi pregunta."

"Nunca lo había pensado."

"Piénsalo, podríamos casarnos en la capilla del Hogar o en la catedral de Nueva York, será como lo desees."

"¿Hablas en serio?"

"Por supuesto. Según tengo entendido, toda niñita sueña con una gran boda."

"Pero ya estoy casada y tengo un hijo…y uno en camino."

"¿Qué importa? Podemos imponer una nueva moda" – le sonrió.

"No sé qué decir."

"Piénsalo."

"Lo haré."

"Podemos hacerlo para cuando llegue mi padre."

Si a Candy le sorprendió que su esposo mencionara al duque, no lo demostró.

"¿Te gustaría que él estuviera aquí?"

"Bueno…ya que viene por el nacimiento del bebé…podríamos invitarlo ¿no crees?"

"Claro."

"Sólo si tú quieres."

"Lo pensaré."

La orquesta empezó a tocar una pieza suave y melancólica que trajo lágrimas a los ojos de Candy. Terrence lo notó.

"¿Qué te sucede, pecosita?

"Esa melodía"- dijo ella- "¿la conoces?"

"Me parece conocida…"

"Es tu melodía."

"¿Mi melodía?" – se extrañó él.

"La escuché la primera vez que te vi en el barco. La orquesta la estaba tocando mientras te burlabas de mis pecas…desde ese día la he llamado La melodía de Terrence en mi cabeza."

"¡Oh, Candy!" – dijo secando sus lágrimas.

"Soy una tonta sentimental, lo sé pero no puedo evitarlo, cada vez que la escuchó pienso en ti."

"¿Solo cuando la escuchas?"

"¡Tonto! Tú me entiendes."

"Claro que te entiendo" – dijo tomando su mano – "vamos a bailar."

"¿A bailar? ¿Con esta barriga?"

"Claro, cariño, es mi melodía después de todo."

"Estás loco"- se rió ella.

"Pues será de amor" – dijo besando sus labios.

"Yo te amo."

"Y yo a ti, mi cielo."

Una entrega de Dulce Candy llegaron a ella la primera semana de Mayo y Beth las arregló hermosamente en un jarrón para decorar la salita de estar de su patrona. Candy las admiraba mientras se rodeaba el contorno de su vientre con las manos.

"Estoy lista cuando tú lo estés" – susurró Candy con voz muy dulce.

Las manos femeninas se deslizaron por la piel redondeada como si intentara acariciarlo mientras el bebé daba pataditas furiosas.

"Si tienes tantas ganas de salir ¿Por qué nos estás haciendo esperar tanto, bebé?" – preguntó intentando calmarlo.

Beth entró con una bandeja de té a la salita de Candy.

¿Se siente bien, señora?

"Sólo estoy cansada" – dijo llevándose las manos a la espalda –"¿y Alex?"

"Está dormidito."

"Ha llamado Terrence?"

"Lo hizo mientras usted se bañaba, señora, y me ordenó que lo llamara si se le presentaban los dolores."

"Debería estarse preocupando por la obra y no por mí, después de todo, hoy es la última función de la temporada" – refunfuñó.

"El joven se está comportando como padre primerizo."

"Es porque no estuvo con Alex…casi se desmaya cuando le dije que él nació en el campo con la ayuda de Albert."

"Parece increíble, señora, parece que fue ayer cuando usted llegó al castillo toda asustada porque la habían casado."

"Jamás me imaginé que era con el amor de mi vida" – dijo suspirando.

"¿A pesar de todo?"

"A pesar de todo, Beth. No cambiaría nada, las cosas pasaron como tenía que ser."

"Me alegro tanto que estén juntos, señora."

"También yo, Beth… ¡ay!"

"¿Está bien?" – se afanó la mucama.

"Sí…es sólo que me dio una patadita."

"¿Está segura?"

"Sí…Terrence cree que es una niña pero yo creo que es un niño y un futbolista" – dijo sonriendo.

"Sería hermoso tener una niña parecida a usted."

"Pero que tenga ojos azules como el padre…sería una rompecorazones con esa mirada" –dijo soñadoramente – "¡AY!"

"¿Señora?"

"¡Ay!" – gimió llevándose una mano a la espalda.

"¡Señora!" – exclamó Beth al ver un charco de agua formarse a los pies de su patrona.

"Es la hora…"- dijo Candy sonriente.

"¡Hay que llevarla al hospital! ¿Si? ¿Avisarle al joven?"

"Cálmate Beth…toma mi valija que está en el closet y ayúdame a bajar que el chofer me llevará. Luego, llama a Eleonor y avísale a Terrence."

"¡Si, señora!"

"Pero hazlo cuando haya finalizado la obra."

"¿Señora?"

"No lo vamos a ¡ay!...interrumpir."

A paso lento, Candy logró descender para encontrarse con el mayordomo en la puerta.

"Es la hora" – dijo Beth.

"¿Qué?" – se exaltó.

"Es la hora y tengo que llegar al hospital" – dijo Candy.

"¡Claro! Beth, asegúrate de avisar al señor o no nos lo perdonará."

Candy le dio una mirada a su mucama para recordarle cuando debería avisarle a su esposo.

La rubia estaba en pleno parto cuando Terrence apareció en el cuarto. El actor entró sin previo aviso y parpadeó varias veces antes de caer redondo al suelo. Si Candy no hubiera estado pujando como estaba, se habría reído a carcajadas al ver a su apuesto esposo desmayarse. Una enfermera corrió hacia Terrence mientras el nuevo heredero Grandchester hacía su aparición en el mundo dando gritos.

El llanto del bebé unido a las sales bajo su nariz hicieron a Terry recuperar la conciencia pero una nueva mirada hacia Candy, ensangrentada, lo hizo perder el sentido nuevamente. El doctor sacudió la cabeza mientras Candy se dejaba caer en la camilla para descansar. La enfermera posó al bebé sobre su pecho para que Candy lo mirara.

"Es un niño, señora…diez deditos en manos y pies."

"Gracias…gracias Dios mío" – dijo entre lágrimas.

"Ahora vamos a limpiarlo y arreglarlo para que su padre lo conozca."

"Si es que se despierta" – dijo Candy burlonamente.

"Esto no está hecho para hombres" – dijo el doctor.

"Ciertamente no lo está" – reconoció Candy.

"Vamos a ocuparnos de usted también, señora" – dijo otra enfermera.

"Sí…claro"- dijo ella cansadamente – "mi marido ¿estará bien?"

"Seguro" – dijo la enfermera que lo atendía – "lo llevaremos hasta su habitación."

Una hora después, un Terry avergonzado besaba las manos de su esposa.

"Lo siento…lo siento."

"Tranquilo, no me importa que te hayas desmayado."

"Es que cuando te vi…así…toda… ¡la sangre!"

"Deja de pensar en eso que te pones pálido."

"Es que…cuando te vi…y pensé en lo que estabas pasando y que yo te lo causé"- hizo un gesto de dolor.

"Vale la pena, mi amor. Lamento que te hayas perdido la fiesta de clausura."

"Eso es lo de menos. Mi fiesta es que nuestro bebé haya nacido, dime ¿cuándo lo traerán?"

"Pronto…y tenemos que ponerle un nombre."

"¿Ya se te ha ocurrido?"

"Quiero que tú lo elijas, después de todo, yo elegí el de Alex."

"He pensado en Adam, Adam Grandchester."

"¿Adam?"

"Por el nuevo comienzo, Candy."

"Sí, me gusta…Adam."- le sonrió.

"¿Están listos para conocer a su hijo?"

Los dos miraron a la enfermera que traía al pequeño envuelto en una manta azul y lo entregó a Candy. Terrence sonrió al ver el escudo de los Grandchester bordado en la manta.

"El señor que está afuera insistió que lo envolviéramos en esto."

"Mira, Terry ¿no es precioso?"

"Es igual a ti" – dijo acariciando la mejilla de su esposa.

"¿A mí?"

"Tiene tu nariz respingada."

"¿Tú crees?"

"Lo creo…y seguro que va a tener pecas."

"¡Terry!"

"Lo digo porque era tan inquieto, mi amor."

"¿Quieres sostenerlo?"

"Me da miedo."

"Hazlo con cuidado, eso es todo" –dijo entregándoselo.

El actor sintió su corazón encogerse al tomar a su hijo en brazos. Jamás había sostenido algo o alguien tan pequeñito. El bebé empezó a llorar y la cara de Terrence se tornó en angustia.

"¿Qué le pasa?"

"Debe tener hambre" – dijo Candy tomándolo de nuevo en brazos.

Terrence sonrió al ver a su mujer descubrirse para alimentar a su hijo.

"¿No es hermoso?"

"Sí, son hermosas."

"¡Terry!"

"Sí que te crecen cuando estás encinta" – dijo riéndose.

"Eres un descarado" – dijo ella intentando contener la risa.

"Y sí, Adam es hermoso ¿hacemos hijos lindos, no pecosita?"

"Tengo que decir que sí"- le sonrió.

"Quiero casarme contigo nuevamente, Candy. ¿Te casarás conmigo?"

"¿En serio quieres hacerlo?"

"Por supuesto ¿sí o no?"

"Claro que me casaré contigo, señor Grandchester pero deja que me recupere un poco ¿si?"

"Por supuesto, mi amor."

"¿Podemos pasar?" – preguntó una voz tras la puerta.

"Claro" – dijo Candy cubriéndose

El duque entró acompañado de Eleonor. Los abuelos felices sonrieron de oreja a oreja al ver a su nuevo nieto.

"Es hermoso" – dijo Eleonor.

"Felicidades Terrence" – dijo el duque mirando a su hijo.

Ambos se contemplaron por unos instantes y nunca supieron quién fue el primero en moverse, pero se dieron un abrazo. Eleonor sintió que sus ojos se humedecían mientras Candy sonreía.

"Buen trabajo, hijo…y Candy" – dijo el duque – "es muy hermoso."

"Gracias, padre. Lo hemos llamado Adam."

"¿Puedo sostenerlo?" – preguntó Richard.

"Claro" – dijo la nueva madre entregándoselo.

"Hola Adam, soy tu abuelo."

"Candy y yo nos casaremos" – anunció Terrence de sopetón.

"Pero si ya están casados" – dijo el duque mientras sostenía a Adam.

"Esas fueron otras circunstancias" – aclaró Terry – "esta vez lo haremos como Candy quiera."

"¡Maravilloso!" – dijo Eleonor.

"¿Te quedarás hasta entonces, padre?"

"Si así lo deseas…"

"Me gustaría que estuvieras presente, papá."

Eleonor y Candy cruzaron miradas alegres.

Miss Pony lloraba incontrolablemente mientras Sor María colocaba una corona de azahares sobre la cabeza rubia de su hija. Candy sonrió a su imagen reflejada en el espejo.

"¿Qué les parece?"

"Pareces…una…princesa" – sollozó Miss Pony.

"Estás muy linda, Candy."

Tres meses después de su parto, Candy había recuperado su figura y llevaba un vestido de corte emperatriz que acentuaba la redondez de sus senos. Las mangas eran cortas para evitar el calor del verano y la falda caía hasta sus pies calzados en sandalias de satín. El cabello lo llevaba recogido en un moño francés y unos cuantos mechones rebeldes enmarcaban su pecoso rostro. En las orejas llevaba unos solitarios de diamante, regalo de Albert, y en el cuello un delicado collar de plata con una rosa como pendiente.

"¿Estás lista?" – le preguntó la voz de Albert tras la puerta.

"Albert, entra" – le pidió.

El rubio ataviado en el tartán de la familia entró y sonrió ampliamente.

"Preciosa" – le dijo.

"Gracias."

"¿Lista?"

"Lista."

Sor María le entregó el ramillete de rosas blancas que Stear y Archi habían preparado para ella. Candy aspiró profundamente el aroma antes de acercarse a Albert y tomarlo del brazo. Miss Pony y Sor María se despidieron para dirigirse hacia la capilla.

"Candy…"

"Dime, Albert."

"Una vez lamenté no haber podido impedir tu boda…esa boda forzada por Tía Elroy pero ahora estoy muy contento."

¿Te imaginas? ¡No quiero ni pensarlo! Si la hubieras impedido yo no estaría aquí, ni Terry, ni Alex ni Adam."

"O tal vez sí…tengo la convicción que tú y Terrence estaban destinados."

"¿Realmente crees en el destino?"

"Lo creo…y por eso voy a partir después de la boda."

"¿Dónde irás?"

"Voy a regresar a África por un tiempo."

"¿Qué?"

"Dejaré a Archi y a Stear a cargo de las empresas por un tiempo."

"Tía Elroy se va a…"

"Tía Elroy no podrá detenerme. Necesito alejarme y buscar mi rumbo…otra vez."

"Haz lo que tengas que hacer, Albert. Lo importante es que seas feliz."

"Sabía que entenderías" –dijo besando su mejilla – "¿te he dicho cuan orgulloso estoy que seas mi hija?"

"¿Te he dicho cuan orgullosa estoy de ser tu hija?"

"Entonces, ambos estamos orgullosos."

"Mucho."

"¿Nos vamos ya? Seguro que el novio está impaciente."

"Vamos…me espera mi esposo y mis hijos."

Terrence se estaba ajustando la corbata por enésima vez cuando la marcha nupcial empezó a sonar gracias a las hábiles manos de Annie. Los ojos azules del actor se posaron con fijeza en los de Candy antes de sonreír de medio lado. El corazón de ella dio un salto al notar lo apuesto que estaba Terrence en su traje de lino azul oscuro y su cabello peinado hacia atrás, despejando su aristocrático rostro.

"¿Quién entrega a esta mujer?" – preguntó el párroco

"Yo, su padre" – dijo Albert.

El rubio besó la mejilla de su hija antes de estrechar la mano de Terrence. En medio del silencio se escuchó el sollozo de Miss Pony y Archi se encargó de brindarle un pañuelo. Alexander estaba de pie sobre su banca mientras Stear intentaba sujetarlo, y Amy estaba acurrucando a Adam.

La pareja se tomó de las manos mientras el párroco empezaba a leer de la Biblia. Por primera vez en su vida, Terrence prestó atención a lo que le decían y sentía su corazón hincharse de la emoción mientras Candy intentaba controlar sus lágrimas. En la audiencia, Alex trataba de hacer de las suyas pero Stear se encargó de apaciguarlo con la ayuda de unos dulces.

"El novio ha expresado su interés en decir una palabras a su prometida" – dijo el párroco antes de cederle la atención a Terrence.

El actor se aclaró la garganta y buscó la mirada verde de su esposa.

"Candy, te amo. Te he amado desde que te vi aquel día en el barco, sólo que no lo sabía. Hay tantas cosas que no sabía de la vida pero que aprendí gracias a ti. Me enseñaste a amar, a creer en otros y en mí mismo, me enseñaste a ser un hombre y me diste el regalo más preciado después de tu amor: a Alex y a Adam."

Los ojos cristalinos de Candy dejaron rodar lágrimas por las mejillas.

"Te amo con todo y pecas."

Las risas se escucharon por la iglesia.

"Doy gracias al cielo que tú me quieras a mí y que hace tres años, en este mismo día de Agosto, te pedí ser mi esposa de corazón y tú aceptaste…y hoy, vuelvo a preguntarte ¿me amarás hoy, mañana y siempre?"

"Sí…sí…"

Terrence miró hacia el religioso y él se acercó para darles la bendición.

"Lo que Dios ha unido…que no lo separe el hombre, hijos míos…los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia."

Los brazos de Terrence rodearon la cintura de Candy y la atrajo hacia él. La miró con una enorme sonrisa y rozó su nariz con la suya.

"¿Me amas?"

"¡Te amo!"

"Y yo te amo a ti, mi Candy…hoy, mañana y siempre."

FIN

Hola queridos lectores

llore con este capitulo, espero que ustedes tambien lo disfruten como yo lo hice de esta maravillosa historia de la gran autora msgrandchester quien la creo y que es una gran historia :D

espero que la hayan disfrutado :D

saludos